Hola a todos, realmente me disculpo por no haberles puesto el capitulo antes, pero debido a que mi computadora estaba dañada no pude escribir para ningun fanfic.

Queria subirles esto para diciembre, pero bueno...

Feliz 2014 a todos.

A los que quieran hablar conmigo pero no tengan cuenta, tengo un facebook en el que me consiguen como Luna Kaze no Kizu.

Ahora si, no los distraigo mas


Eran unas vacaciones particularmente aburridas- pensó Draco con algo de fastidio.

Después de todo cuando su madre le contaba historias sobre esa magnifica villa de ensueño que recorrió en su luna de miel, el chico se hizo unas enormes expectativas. Y estrellarse con esto era… desagradable.

Quizá influía que llego en la peor estación para transitar las calles, no disponían de carruajes (si, ese era el único medio de transporte) estaba pisando su tercer mes de embarazo y pronto las túnicas no podrían ocultar su vientre. Desde que llego a aquella villa el cielo seguía inalteradamente gris. Y eso le recordaba demasiado a Londres, y a el.

Después de todo cuando sus pensamientos se dirigían a Inglaterra siempre pensaba en el de alguna manera, por más que quisiera evitarlo.

¡Puta sangre elfica!

Y sobre todo… ¡Maldito San Potter!

-Draco- lo llamaba Isabela con voz dulce- Tenemos que irnos ya al hotel, no es conveniente que estés caminando por aquí tan tarde con el frio que hace.

El rubio dio una mirada a sus antaño inmaculadas botas, ahora embarradas y completamente arruinadas (¿Menciono cuanto odiaba esa endemoniada villa?)

-Trata de cambiar esa cara- parloteaba Isabela con una sonrisa imborrable en el rostro- Este lugar es realmente encantador pese a los pequeños inconvenientes.

¿Pequeños inconvenientes?-pensó el rubio con ironía… pero su tren de pensamiento fue cortado al seco cuando un penetrante dolor en su vientre lo invadió, haciéndolo jadear. Quedo completamente paralizado, incapaz de mover un musculo, sentía como sus rodillas temblaban y se rehusaban a mantener su peso por más tiempo.

-¡Draco!- Isabela sonaba alarmada y pronto fueron rodeados por un corro de aldeanos curiosos.

Eso fue todo lo que registro Draco antes de que su mundo se hiciera negro por completo.

Cuando llegaron a la Madriguera en medio de un completo silencio entre madre e hijo, ciertamente no esperaban ver a la matriarca Weasley sentada en la sala, con todo el aspecto de haber estado esperando.

A Ginny le recordó un poco su época de novia con Harry en la universidad mágica y de ser otras las circunstancias hubiese estallado en carcajadas.

Pero ciertamente reír era lo que menos quería hacer de momento.

Al ver a su nieto mayor, Molly arqueo una ceja.

Claramente ese gesto demandaba una explicación.

_ James fue expulsado de Hogwarts por dos meses- informo Ginny sin anestesia. Después de todo esa era una noticia imposible de suavizar.

Ambos contemplaron la expresión desencajada de Molly.

_ ¡¿Qué?!- chillo la anciana.

Se escucharon unos pasos torpes y Arthur Weasley hizo su aparición en la entrada de la sala.

_ ¿Sucede algo Molly querida?- interrogo, algo agitado. Y es que escuchar un chillido de su esposa pasadas las doce de la noche era sinónimo de que algo serio pasaba.

_ Tu nieto se las ha arreglado para que lo expulsen de Hogwarts dos meses- siseo ella, con las manos en la cadera y lanzándole una mirada fulminante al pelinegro. Estaba verdaderamente furiosa.

_ ¿Expulsado de Hogwarts por dos meses? Pero ni siquiera Fred y George… ¿Qué fue lo que pudo haber hecho?- el pobre hombre parecía algo aturdido.

Y es que Hogwarts no era un lugar en el que simplemente se expulsara a los estudiantes. De hecho no se escuchaba de un caso de expulsión desde hacía más de doscientos años.

_ Ataco al chico Malfoy.- repuso Ginny en voz baja.- James se quedara aquí hasta la semana que viene, Harry dijo que vendría por el.

_ ¿Viste a Harry?- la expresión de la matriarca de los Weasley se suavizo considerablemente.

_ Si, llego un poco tarde a la oficina de McGonagall y acordamos que se llevaría a James la semana que viene. No se por cuanto tiempo.

_ James Sirius Potter Weasley. Estoy profundamente decepcionada de ti jovencito. ¡Jamás en la historia he escuchado de alguien a quien expulsaran de Hogwarts! Tu padre y tu madre nunca tuvieron problemas de esa magnitud. ¡Tu hermano Albus…!

Ginny se dirigió a la cocina, simplemente necesitaba una tasa de te. Dejaría que su madre gritara todo lo que quisiera. Si esto se pudiera arreglar solo gritándole- pensó la pelirroja, conteniendo un suspiro.

Pero después de todo, si con eso su madre se entretenía no lo veía mal. Todos en la familia se aguantaron aunque sea una vez la ira desbordada de Molly Weasley.

Bastante cansado e intentando no hacer ruido, Ron Weasley cerro la puerta de su casa. Quería dormir y ciertamente no le apetecía escuchar alguna replica de su esposa por rehusarse a colaborar con ella en su propósito de "ayudar a Harry"

_ Buenas noches, Ronald- lo saludo una voz fría a sus espaldas.

Tuvo que contenerse d dar un salto sobresaltado, se dio la vuelta para enfrentar a su esposa, que lo miraba con los brazos cruzados y la bata sobre el camisón de dormir.

Claramente, disgustada.

_ Buenas noches cielo- la saludo con un beso en la mejilla. Tratando de hacerse el desentendido con la actitud irritada de la castaña.

_ Estabas con Harry ¿no es así? ¡¿Por qué no puedes decirme donde esta?!- finalmente su esposa no pudo contenerlo mas.

Exhalando el aire en un suspiro.

_ Harry no quiere que nadie sepa donde vive Herms. Me lo pidió expresamente y no hay nada que pueda hacer para ayudarte. Solo Harry puede dar la ubicación de su apartamento. Lanzo un Fidelio apenas lo compro. Te aseguro que se encuentra perfectamente bien.

_ Sabes que con eso que me dices no me es suficiente y no me voy a quedar tranquila hasta que hable con el.- se quejo ella.

Ron rogo a Merlín por paciencia. ¡Por todos los infiernos sangrientos! ¡De verdad que no necesitaba eso ahora!

¡Quería irse a dormir!

_ La próxima vez que lo vea le pediré que te escriba. Eso es todo lo que puedo garantizarte Herms.- repuso el exhausto pelirrojo- Ahora si no te importa realmente quiero dormir. Mañana me espera un día duro con los cabrones del Ministerio.

Ella sabía a lo que su esposo se refería y al pobre se le notaba que estaba exhausto por lo que decidió dejarlo, al menos por ahora.

Porque si algo tenía Hermione Granger, es que era la persona más insistente de toda Londres.

El cuaderno de piel de dragón verde y detalles en plata estaba sobre la superficie pulida de su escritorio sin que el moreno pudiera dignarse a tomarlo de una vez por todas.

Algo le decía que todo cambiaria apenas lo abriera.

Después de todo poder curiosear libremente en los pensamientos privados de las personas siempre cambiaba tu percepción de ellas. Esa fue la primera lección que aprendió después de dominar la Legeremancia.

Y aquello se le hacia mas difícil justamente por tratarse de la persona de quien se trataba. ¡Iba a leer el diario de Draco Malfoy!

Pero solo por cuestiones profesionales- se dijo a si mismo.

Aun no intentaba nada para abrirlo.

Estaba demasiado impactado todavía como para pensar en ello.

(No lo admitiría nunca en voz alta)

Pero lo que si tenia muy presente era que debía encontrar la manera de abrir ese cuaderno a como diera lugar.

Suspirando, saco papel, la pluma y el tintero. Debía escribirle a la única persona que encontraría la manera de ayudarlo con esta tarea.

Solo espero que no se ponga demasiado insistente- pensó.

Aunque teniendo en cuenta el carácter de Hermione, era demasiado pedir.

Abrió los ojos en medio de una habitación con la pintura descascarillada y grisácea, con el suelo tan curtido y mugriento que el color era imposible de definir. Lo mismo que el material. Bien podría estar tendido en un piso de madera, mármol o piedra. El mobiliario de la habitación se reducía a una pintura arruinada que colgaba de la pared, de la cual era imposible distinguir alguna forma. Y un espejo roto de cuerpo entero en la esquina contraria a donde el se encontraba. Y… no había puerta visible. Tampoco ventanas.

Entonces, ¿Cómo acabo en ese lugar?

Una voz tenue y casi inaudible se escuchaba desde algún punto en el lugar pero era imposible precisar desde donde. El rubio se concentro para encontrar la fuente del sonido, quizá eso le ayudaría a saber donde se encontraba y como salir de ese lugar.

Para su sorpresa, la voz estaba siendo acompañada del sonido desafinado de un piano.

He estado mirando en el espejo por tanto tiempo

La voz se cortaba por un momento. Y luego seguía.

Que he llegado a creer que mi alma esta del otro lado.

Todos los pequeños pedazos cayendo.

Una voz diferente a la que provenía del espejo, le hablo.

Su propia voz

-¿Te gusta el alojamiento? Este es el lugar donde me has encerrado todos estos años.-

Al darse la vuelta se encontró con su propio reflejo, esa era la manera de describir a la figura que se encontraba detrás de el. Era su reflejo y a la vez no lo era.

No dijo nada, porque no entendía que era lo que estaba pasando. Pero no podía negar el dolor sordo que lo invadía, justo en el pecho, ardía.

No lo dejaba respirar a fondo y no había manera de aplacarlo.

El tacto de esa figura era como el de la porcelana fría. De hecho ahora que se encontraban cara a cara, podía detallarlo mejor a través de sus ojos llenos de lágrimas.

Era como verse a si mismo convertido en una de esas estatuillas de porcelana que su madre coleccionaba y guardaba en las vitrinas de la mansión.

Pero esa figura que estaba frente a el, estaba astillada.

Algunas grietas eran más grandes, otras eran más pequeñas. Pero su piel de un blanco lechoso estaba cuarteada en todos lados.

_ ¿Por qué te cuesta tanto dejarme salir?

Negó con la cabeza, tratando de zafarse del agarre frio e ineludible.

¿De que estaba hablando?

_ Sabes que le necesitamos para seguir respirando. Para no rompernos en pedazos.

Repentinamente todo le encajo en la cabeza. Después de todo no era la primera vez que tenia un sueño de este estilo.

_ No- repuso Draco, firmemente. Y la mano de porcelana que sujetaba su rostro se convirtió en pedazos y cayo al suelo, ante la mirada vacía de su propio reflejo.

La habitación pareció desmoronarse irremediablemente a su alrededor. La voz de su reflejo se hizo abominable.

_ Entonces, te quedaras conmigo. Para que nunca más estemos solos

Eran alrededor de las tres de la mañana y Albus no entendía porque despertó tan repentinamente, fue cuando sintió la suave caricia en su pelaje negro. Levantando su cabecita se encontró con los orbes grises de Scorpius.

_ Es bueno saber que siempre cuento contigo- comento el muchacho con voz casi inaudible y bridándole una sonrisa imperceptible.

Satisfecho con el trato que estaba recibiendo, el minino se inclino más hacia adelante para seguir recibiendo sus caricias.

_ ¿Sabes? Me siento más seguro hablando contigo, muchos pueden decir que es absurdo pero… de alguna manera me da seguridad saber que no es como si vayas a estar comentando lo que te diga por ahí con alguien. También puedo estar tranquilo porque sé que no harás tonterías.

El pequeño animalito ladeo la cabeza y el joven rubio amplio un poco su sonrisa.

_ Algunos gestos tuyos te hacen parecer más humano- comento mientras acariciaba tras las orejas del gatito distraídamente- Bien, como te decía. Sé que no vas a estar haciendo tonterías. Amo a mis amigos, Merlín sabe que si. Pero esa idea de gastarle una broma a los Gryffindors fue mala. Ahora los Gryffindor siempre se fijan en mi cuando algo como eso pasa. Piensan que fue mi idea. Es absurdo, es como si fuera el único en Slytherin a quien culpar de todo.

El minino contemplaba al adolescente rubio atentamente, era una suerte que el chico estuviera distraído porque el gesto en el rostro del felino no era uno que tendría un gato común y corriente, seria demasiado obvio que no era simplemente un gato.

"Se suponía que lo de las bromas era para cobrar venganza por el, no para que los malditos Gryffindor lo molestaran mas"- pensó el animago con desesperación. Estando tan cercano al rubio era capaz de ver los moretones que cubrían su piel, todos en distinto estado.

La mano izquierda de Scorpius estaba más cercana a su vista y los moretones en ella tenían una pinta bastante dolorosa.

Estaba furioso, ¡oh si! Si por el fuera querría ir a prenderle fuego a la maldita torre de Gryffindor, pero eso si, antes sacaba a su hermana de allí.

"Emma y yo debimos pensar que los hijos de puta culparían a Scorpius, desde que entro en la escuela es como si todo el odio dirigido a los Slytherin fuera encaminado solo a el"- pensó con amargura.

Fue sacado de sus pensamientos cuando la mano que lo acariciaba detrás de las orejas se retiro repentinamente, la mirada cautelosa del rubio le indico que al parecer no estaba haciendo un buen trabajo controlando su temperamento.

El pelaje de su lomo estaba erizado y esa era la razón de que el rubio se hubiese detenido.

_ ¿No vas a arañarme si sigo verdad?- dijo el rubio en voz baja, manteniendo la mano alzada y dando una mirada hacia la cama que estaba junto a la suya, donde se podía ver a su madre profundamente dormida.

Suspirando mentalmente para calmarse a si mismo Albus consiguió tranquilizarse, roso la mano lastimada del rubio gentilmente con su cabeza, y salto de la cama.

No se sentía con la suficiente fuerza para disimular que estaba bien.

Mañana a primera hora debía hablar con Emma.

Dio una ultima mirada en dirección al rubio que seguía sentado en su cama, observándolo atentamente, y se sintió infinitamente culpable por dejarlo solo. Guardándose para si el maullido lastimero que pugnaba por salir, se interno en los oscuros pasillos del castillo.

Era primera hora y Hermione Granger estaba entrando a su oficina con un maletín en la mano y sosteniendo un café y un diario El Profeta en la otra.

Una lechuza estaba posada tranquilamente en su escritorio, blanca como la nieve y con mirada penetrante, reconoció inmediatamente la lechuza de Harry. Hedwig la miraba molesta, como si le recriminara la espera a la que fue sometida.

Se apresuro a dejar su maletín y todo lo que tenía en las manos sobre el escritorio sin importarle sobre que lo lanzaba. Y desato la carta de la pata de la lechuza.

Ansiosa por saber de su amigo.

La nota era breve, y tan al estilo de Harry que no pudo molestarse.

Te espero en el Caldero Chorreante. Lamento molestarte tan repentinamente pero necesito tu ayuda en algo que no puede esperar.

Harry.

P.D: Podrás gritarme todo lo que quieras.

El campamento se encontraba conmocionado una vez mas, el malhumor de Gaunt tan palpable que cualquiera que se acercara a el era bastante cuidadoso de no molestarlo. Por ende nadie quería ser portador de malas noticias.

Eran bastante conscientes de que el malhumor de su líder se debía al estado crítico en que se encontraba la actual cabeza de la familia Malfoy. Quien cayo en coma poco después de ser trasladado de la celda en que estuvo desde su secuestro.

La medimaga a cargo de cuidar del rubio no le daba demasiadas esperanzas de vida. Era como si de un momento la férrea voluntad de vivir del rubio se hubiese marchado a la mierda.

Si se mantenía con vida era gracias a los hechizos que se lanzaron sobre el, tanto por la medimaga como el mismo Gaunt.

El susodicho mago se encontraba caminando de un lado a otro por el cavernoso pasillo donde se encontraba la habitación del rubio.

Perdido en sus pensamientos, porque nunca admitiría en voz alta que no tenia ni idea de que hacer, aunque si a algo no estaba dispuesto era a perder al rubio. La medibruja a su cargo no le daba demasiadas esperanzas de vida, al menos no aplicando hechizos sanadores. Ella explico, impotente que aquello era cuestión de magia.

La propia magia del rubio estaba matándolo.

Aquel era un caso bastante extraño y le hacia pensar que Draco no era completamente un mago, aunque nada en su apariencia indicaba que tuviera sangre de criatura mágica y aun probando todos los hechizos reveladores en su repertorio, la apariencia de Draco siguió siendo la misma.

La única opción que tenia era recurrir a la magia negra, si en dos meses Draco no mejoraba se vería obligado a recurrir a ella como ultimo recurso. Sabia que el precio a pagar por utilizarla siempre era muy alto.

Como mínimo se requeriría a algún familiar del rubio, preferentemente uno joven.

Negó con la cabeza firmemente, no quería que Draco lo odiara mas de lo que ya lo hacia, por ello es que estaba dejando la magia negra como una ultima opción, primero agotaría todas las expectativas de la medimagia antes de siquiera considerar hacer un ritual de magia negra.

Era primera hora en la Madriguera y la única que se encontraba en la cocina era Molly Weasley. No hubo manera de que la matriarca renunciara a su ritual matutino, ni siquiera con toda la insistencia de su hija.

Hacer las comidas le agradaba, pero si le preguntaban cual era el objeto de levantarse tan temprano en su vejez, ella respondería que era cuestión de costumbre.

Después de tener tantos hijos y un esposo que literalmente debía partirse la espalda para mantenerlos ella se acostumbro a levantarse de Madrugada para tenerlo todo listo y que todo el mundo llegara a tiempo a sus compromisos.

Retiro la tetera del fuego apenas comenzó a silbar, aun no era tiempo de que alguien más despertara, por eso le sorprendió atisbar una silueta sentada cercana al granero.

Al principio pensó que era un intruso, pero forzando su deteriorada vista, reconoció a su nieto James.

La naciente luz del sol apenas iluminaba el patio y a lo lejos eran visibles algunas estrellas. Debía hacer un frio de los demonios allá afuera, pero a James no parecía importarle. Solo tenia puestos unos desgastados vaqueros y una camiseta.

Parecía pensativo por la expresión en su rostro. Y eso era bastante inusual teniendo en cuenta el carácter inquieto del muchacho.

Suspiro, alejándose de la ventana para darle más privacidad al muchacho.

Después de todo, la noche anterior le grito al menos por tres horas sin que el chico dijera ni una palabra. Y que estuviera pensativo en medio del jardín tan temprano, quería decir que sus palabras de algún modo le llegaron.

O al menos eso quería creer ella.

No podía creer que el pequeño niño a quien cargo tantas veces en sus brazos cuando apenas era un bebe, pudiera ser capaz de todas las barbaridades que Ginny le conto luego de que James subiera las escaleras.

¡Atacar a otro estudiante con tanto ensañamiento! A pesar de que el chico fuera el heredero de los Malfoy.

Ese tiempo que James pasaría en la casa, ella se aseguraría que el chico se enderezara. No podía con la idea de que uno de sus nietos actuara de esa manera. ¡Nadie de la familia había sido expulsado de Hogwarts de esa manera! ¡Ni siquiera Fred y George!

Escucho pasos apresurados detrás de ella, y se contuvo de sonreír levemente al darse cuenta de que era Ginny quien se veía bastante alterada.

_ Esta en el jardín- informo Molly suavemente antes de volver a sus quehaceres.

El suspiro de alivio de la pelirroja fue seguido del sonido de una silla siendo arrastrada.

_ Por un momento pensé que solo se fue de la casa y casi muero- admitió ella.

_ Se que James es un chico inteligente pese a que ahora esta haciendo estupideces, no podría ser de otra manera con los padres que tiene.- comento Molly tranquilamente, posando una taza de te frente a su hija.

Ginny sonrió levemente a su madre mientras tomaba su te rápidamente para ayudarla con el desayuno.

El piano seguía sonando inclementemente, al igual que las palabras de aquella canción seguían repitiéndose en su mente, desde su llegada a aquella habitación se habituó a sentirse roto en pedazos. Y su reflejo de porcelana en la otra esquina estaba tan destrozado que ya no tenía brazos, las piernas comenzaban a astillarse todavía más, estaba seguro de que no tardarían mucho en desquebrajarse completamente.

El profundo vacio en su pecho lejos de disminuir se agrandaba a cada segundo, tal como su propio reflejo, la habitación también se estaba cayendo a piezas, tendido en el suelo se habituó a la fría sensación de la mera pegajosa contra su mejilla y el dorso de su mano, a que las lagrimas se deslizaran de sus ojos grises y alcanzaran el suelo con un sonido sutil. Ya no estaba seguro de nada, siquiera de si estaba en su mente o si aquello en verdad estaba pasando. ¿Acaso era aquello lo que pasaba cuando se perdía la razón?

Rogaba clemencia silenciosamente en sus pensamientos, deseando respirar sin sentir ese dolor tan lacerante.

¿Por qué no podía acabar de una vez?

Le parecía que estuvo allí desde siempre. No supo en que momento perdió la voz, dejo de pedir ayuda a gritos lo que le parecían siglos atrás.

¿Se podía estar tan herido y no sangrar ni un poco?

¿Cómo se podía llorar tanto y aun así no quedarse sin lágrimas?

Todos los pequeños pedazos cayendo

Muy pequeños para importar

¿Verdad?

Aunque lo suficientemente grandes para cortarme

En pedazos.

Si tratase de tocarlos

Una gota comenzó a caer, justo en el medio de la habitación, y a medida que tocaba el suelo, la madera mugrienta y pegajosa quedaba cubierta por una ligera capa de hielo, la sensación de frialdad en sus mejillas se intensifico al punto de ser algo molesta, después de todo, nada podía dolerle mas que el profundo e invisible agujero en su pecho.

A medida que el hielo comenzaba a alcanzarlo, la sensación asfixiante en el medio de su pecho creció, como si el aire le fuese robado desde dentro… su vista se hizo borrosa, aunque podía jurar que el cuarto estaba cubierto de hielo, el estruendoso sonido del vidrio al destrozarse le hizo mirar hacia los fragmentos del que había sido un espejo de cuerpo completo.

El sonido del espejo al romperse no era nada con el estruendo que escuchaba ahora resonando por toda la habitación, como el de madera rompiéndose, las grietas en las paredes y en el techo se hacían tan grandes que fácilmente podría caer por ellas. A ese punto no le importaba a donde caería, solo quería que el dolor terminara.

Y como si sus pensamientos finalmente fueran escuchados, la habitación a su alrededor fue derrumbada por completo, sintiéndose suspendido, como si estuviera en el fondo de un lago…

A la vez que se sentía completamente suspendido sabia que se estaba hundiendo, los reflejos causados por la luz en el agua se estaban haciendo más lejanos. Aunque por lo menos, de esa manera…

Podía seguir respirando.

Y el dolor, de alguna forma disminuyo.

Sentado en el Caldero Chorreante con una taza de café en su mano y el diario frente a el en la mesa, Harry lo estudiaba atentamente con la mirada, como si de esa manera la tarea de abrirlo se hiciera mas fácil, por eso cuando el diario comenzó a brillar se altero y casi le echa el café encima.

Cogiéndolo lo envolvió con su chaqueta saliendo del lugar lo más rápidamente posible, no quería llamar la atención. Corrió al callejón más cercano, desenvolviendo ligeramente su improvisado paquete.

Y cual no seria su sorpresa al escuchar un ligero clic, y que el diario quedara abierto para el.

Casi con miedo a que se cerrara, Harry saco su varita del bolsillo y la metió en el libro para evitar que se cerrara de nuevo.

Observaba el libro con una expresión atónita… fue cuando recordó que le escribió a Hermione para reunirse con ella en el Caldero Chorreante.

Apresurándose de regreso al lugar, maldiciendo entre dientes regreso a su mesa, ganándose las miradas penetrantes de la gente que lo vio salir.

Cuando sintió una mano en su hombro le tomo todo su autocontrol girar lentamente y sin un ceño fruncido.

Hermione sostenía su maletín en una mano y le miraba con algo de preocupación.

_ Harry. ¿Hay alguna razón para que hayas salido corriendo de la manera en que lo hiciste hace un rato?- le pregunto.

Y el auror sintió verdaderas ganas de maldecir, pero en lugar de eso suspiro y se levanto de la silla. Cuidándose de que nadie viera lo que llevaba.

_ Este no es el lugar mas seguro para hablar. Lamento pedirte que vinieras con tan poca anticipación.- comento el hombre, encabezando el camino por la salida que guiaba al Callejón Diagon y lanzando un hechizo de silencio alrededor de ellos para que no fueran escuchados.

_ No importa, sabes que haría lo que sea.- repuso la castaña- Ahora, ¿Me dirás que es todo esto? Tu renuncia al Ministerio fue tan repentina y lo puso todo de cabeza… ¿Por qué no quieres darle tu dirección a nadie? ¿Qué es lo que sucede Harry?

El pelinegro suspiro, ciertas cosas nunca cambiaban.

_ Tengo serias razones para pensar que si sigo trabajando para el Ministerio entorpecerán mi investigación, Herm. De hecho lo estaban haciendo antes de mi renuncia, y te aseguro que ahora están sacando de quicio a Ron, en esto hay muchas personas implicadas y no creo que sea simplemente un ataque de un grupo de exonerados resentidos como todo el mundo quiere creerlo.

La chica considero las palabras de su amigo seriamente, levantando la mirada con los ojos amplios después de entender lo que aquello implicaba.

_ ¿Dices que es una especie de conspiración a gran escala?

_ Es la única explicación a todo lo que he encontrado- dijo Harry seriamente.

_ Aun así, ¿Renunciar al Ministerio, Harry? Eso esta poniéndolos a todos de cabeza, en especial al Ministro. Muchos parecen darse a la tarea de creer que renunciaste por su culpa. Y eso no le hará fácil que la gente lo vuelva a elegir para este año.

Conteniéndose una maldición, Potter opto por suspirar.

_ Siempre que decido hacer algo sobre mi vida los periódicos tienen que armar un circo al respecto y culpar a alguien. Tal como hacían cuando estaba en Hogwarts- mascullo el pelinegro resentidamente.

_ La única manera de que termines con esa idiotez es que emitas un comunicado de prensa.- comento la castaña, pensativa.

Harry le dio una mirada de plegaria y ella se guardo de reírse.

_ Yo lo redactare por ti, después de todo tengo una idea mas o menos cercana de que es lo que quieres decir.- ofreció ella.

_ No se que haría sin ti Herms- agradeció con una sonrisa.

_ Y aun así tu y Ronald me causan cada dolor de cabeza- dijo la bruja en un fingido gesto dramático llevándose la mano a la cabeza.

Harry bufo y se guardo de contestarle la broma, no queriendo hacerla enojar.

Cuando Hermione termino de embromarlo, recupero la seriedad y lo miro más atentamente, seguro esperando a que le dijera el motivo de la cita.

_ Veras, tenía pensado pedirte que averiguaras como abrir esto. Pero al parecer ya no será necesario.- explico, enseñándole el diario disimuladamente.

La bruja dejo salir un jadeo de sorpresa y se alejo del libro como si fuera un bicho venenoso.

Harry la miro extrañado. Arqueando una ceja en espera de una explicación.

_ Es un diario mágico de alta seguridad- comento ella con incredulidad.- ¿Cómo es que tienes uno así?

_ Es de Malfoy- explico Harry- me lo enviaron ayer.

_ Harry, se supone que esos diarios no pueden ser tocados por otra persona que no sea su dueño o alguien a quien este aprecie.

_ ¿Estas queriendo decir que Malfoy me aprecia?- fue la incrédula respuesta de Harry.

La castaña le dio una mirada perspicaz, sus persistentes ojos sin apartarse de su rostro a la vez que le contestaba. Lo que sea que estuviera pasando por su cabeza no lo compartiría en voz alta.

_ No. Debe ser la segunda opción. El diario es en cierta medida como un ser vivo dependiente de la magia de su dueño. Si este se encuentra en peligro de muerte o sus poderes mágicos sufren alguna alteración, el diario dejara de funcionar adecuadamente.

_ Eso quiere decir que me queda poco tiempo- comento el moreno con gesto grave, contemplando el diario.

Hermione solo asintió, no queriendo decir nada para estudiar más a fondo a Harry…

_ ¿Qué tan cerca estas?

_ Nada cerca- le respondió Harry volviendo a ocultar el diario de la vista.

_ Harry, durante los últimos dos años Ginny te estuvo rogando para que dejaras de aceptar tantas misiones del Departamento de Aurores, sin embargo no lo pensaste dos veces para renunciar al darte cuenta de la conspiración en torno al secuestro de Malfoy. Si no te conociera diría que te interesa demasiado.- comento la bruja como quien no quiere la cosa, dándole a su amigo una mirada de reojo.

La reacción fue inmediata, Harry se dio la vuelta para enfrentarla, sus ojos de ese verde esmeralda tan particular y penetrante, en ese momento resplandecían tanto como el verde de una Avada Kedavra.

De no estar completamente segura en que Harry no la lastimaría, hubiese salido corriendo en sentido contrario.

_ Esas son dos cosas completamente diferentes. Desde muy joven quise convertirme en auror para que este mundo fuera un lugar mejor y por eso es lo que he trabajado todos estos años. Sin embargo desde que me dieron el caso del secuestro, después de conocer cada detalle de lo hecho por Malfoy en todo este tiempo, me doy cuenta de que hay alguien que lo esta haciendo mejor que yo. No pienso dejar que el mundo mágico pierda a alguien así. Independientemente de quien sea. Y esto es inconmensurable en comparación a seguir manteniendo la imagen de un Ministerio mas corrupto de lo que fue en tiempos de Fudge. No importaría si la persona que fue secuestrada fuera Bellatrix Lestrange en lugar de Draco Malfoy. Si considero que esa persona es imprescindible para el mundo mágico pondré todo de mí en ayudarle. ¿Nos entendemos?

Tan admirada se encontraba por la declaración de su amigo que solo manejo dedicarle un asentimiento.

Por un momento quiso darse de cabezazos por ser tan idiota. Por supuesto que después de lo que Harry tuvo que investigar sobre Malfoy estaba consciente de todas las cosas que el hombre hizo en beneficio de los más desfavorecidos y de todas las personas a las que ayudo y aun continuaba ayudando. De todos los que dependieron de el en su momento y de los que aun lo hacían.

Era casi imposible pensar que ese hombre fuera el mismo chico altanero, malcriado y grosero de la escuela que se pavoneaba por las mazmorras como si fuera amo y señor del lugar.

Y Harry, siendo como era alguien completamente dedicado al "Bien Común" sentiría inmediata simpatía a lo que Malfoy estaba haciendo.

_ En fin. Te escribiré luego si necesito ayuda en alguna cosa. No puedo ser tan obvio y escribirle a Ron directamente. Si mis sospechas son ciertas lo tendrán vigilado atentamente. Tanto a el, como a ti. Tengan mucho cuidado, realmente lamento haberlos metido en esto.

Ella le sonrió ligeramente.

_ No podía ser de otra manera, aun fuera de Hogwarts somos el trió dorado. Siempre nos metemos en problemas los tres juntos. Y después de la relativa tranquilidad que tuvimos por un tiempo, me estaba preguntando cuando llegaría la hora de una nueva aventura.

Harry la miro sorprendido por un momento para luego reír con ganas ante sus palabras.

_ Después de todo somos Gryffindor- repuso el moreno con una sonrisa radiante, olvidando su molestia anterior y desapareciendo con un leve "crack"

Detrás de el, Hermione se quedo viendo el lugar donde su amigo desapareció hacia unos segundos. Agradecía a Merlín que Harry fuera una persona que tan rápido como se molestaba, perdonaba.

Decepcionada por no tener un poco de acción de inmediato, la castaña se dirigió al Caldero Chorreante para pedir prestada la chimenea. Debía regresar a su oficina y no se sentía con muchas ganas de aparecerse.

Cuando el sol estuvo en lo alto del cielo, James Potter supo que era el momento de entrar en la casa. Su abuela o su madre no tardarían en salir a alimentar a las gallinas. Y si salió fue porque quería estar solo. No se sentía con ganas de escuchar más gritos. O de sentir las miradas que le daba su madre cuando ella creía que el estaba distraído.

Aunque tampoco se sentía muy seguro de querer pasar unos días con su padre… pues desde lo de la marca en su mano, la relación con el no era lo mismo de antes.

La susodicha marca aun seguía tan clara como al primer día, odiaba tanto verla que siempre llevaba una venda en la mano, envolviendo la molesta figura del reptil. Ni siquiera podía pensar libremente la palabra con "s" porque la condenada marca le producía un dolor de los mil demonios.

_ James cielo, necesito que muevas unas cosas del sótano al viejo armario que esta en el Granero- llamo su abuela desde la puerta de la cocina.

Guardándose un suspiro, el pelinegro asintió y se encamino a la casa. Ya entendía a lo que se refería Lily con ser "explotada" por la abuela Molly.

En la sala común de Slytherin no se observaba movimiento alguno pese a que era temprano en la mañana.

Solo se encontraban dos personas en el lugar, y como todas serpientes precavidas, lanzaron un hechizo silenciador a su alrededor para guardarse de ser escuchados por oídos indiscretos.

Emma se sentó frente a Albus en silencio, el gesto severo en el rostro del pelinegro le dio a entender que aquello era algo serio.

Completamente solos como se encontraban en la sala común, aun no tenían la suficiente confianza como para hablar sin levantar barreras de silencio a su alrededor.

Como dignos Slytherin que eran, lanzaron las barreras más poderosas que se les cruzaron por la mente.

_ ¿Qué es lo que sucede Al? No es muy común que tengas ganas de liarte a hostias- comento la chica, estudiando a su amigo, buscando conocer el motivo de su tan notoria molesta.

_ Los malditos Gryffindor han estado culpando a Al de todas las trastadas que les hemos hecho y le han estado haciendo putadas por un buen tiempo.

Emma exhalo en un sonido similar al de una serpiente furiosa, sus ojos resplandeciendo con una furia helada que hubiese hecho retroceder al más valiente, tenía aspecto fiero justo ahora.

_ ¿Qué sugieres?- inquirió ella, cruzándose de brazos, pareció considerar alguna cosa por un tiempo, porque añadió- ¿Cómo te enteraste?

Ante la segunda pregunta, Al se puso rojo como la grana y desvió la mirada, haciendo que la rubia le dirigiera una sonrisa divertida que le asustaba mucho más que sus ataques de furia.

_ Scorp suele… hablarme cuando estoy en mi forma de gato.- admitió el pelinegro con reticencia, puesto que ese era uno de sus secretos mejor guardados.

Los ojos de Emma se ampliaron con sorpresa para que luego la chica le diera un coscorrón, su mirada con un brillo asesino.

_ ¡Idiota! ¿Sabes de cuantas cosas pude haberme enterado si hubieses compartido la información antes?

Albus prefirió no decir nada, después de todo no se arrepentía de haber mantenido aquello como su secreto, porque le daba una sensación cálida en el pecho saber que Scorpius le tenía esa confianza, aunque cuando se acordaba de que el rubio solo le hablaba cuando estaba en forma de gato, se sentía mal.

¿Por qué Scorpius no podía hablarle así en forma humana?

Lo que daría por ello.

_ Muy bien, teniendo en cuenta lo que me dices, vamos a tener que encontrar algo que hacer al respecto, no podemos permitir que esos cabrones sigan molestando a Scorp. Pese a que él sea lo suficientemente cabezota para no decirnos nada del asunto.- dijo Emma.

Albus tenía que darle la razón a la chica pero ciertamente no se le ocurría nada que hacer al respecto.

Cansado de los callejones sin salida, el pelirrojo opto por hacer sus investigaciones en el más profundo secretismo.

Comprendía que Harry hubiese renunciado. ¡Por todos los infiernos!

Lo seguían a todas partes y eran tipos tan torpes que se daba cuenta instantáneamente, todo ese asunto le estaba dando problemas con Hermione en casa porque no estaba allí para pasar un poco de tiempo solo los dos.

El no quiso decir nada a los alegatos de su esposa, después de todo no estaba mal que de vez en cuando Hermione probara lo amargo que era pasarte el tiempo solo.

Ahora que su propio horario era más agitado que el de su esposa, la chica tenía que pasar mucho tiempo a solas en casa. Ron no le decía que la verdad detrás de su ausentismo era el evitar llevar a esos imbéciles a su hogar.

Sabía que por ahora las cosas se limitarían solo a vigilarlo, pero llegaría el momento en que intentarían algo drástico y no quería que eso salpicara a su esposa o sus hijos.

Todo por ayudar a Harry en su locura- pensó el pelirrojo suspirando.

Dio una calada más a su cigarrillo y siguió caminando, con la intensión de despistar al par de idiotas de turno que lo seguían.

Cuando termino de mover lo que le pareció una infinita cantidad de cajas, James Potter se dejó caer pesadamente en uno de los escalones de la entrada. No fuera a ser que su abuela le mandara a hacer otra cosa, en realidad estaba muerto y quería descansar aunque sea una media hora.

Las cajas eran bastante pesadas. Teniendo en cuenta que eran de madera ya pesaban un tanto, y lo que sea que tuvieran adentro pesaba como una tonelada

Fue todo un desafío para el chico bajar las escaleras con una caja por viaje, y luego sacarlas al granero.

En más de una ocasión había tropezado, y en otra ocasión, evitando llevarse a una gallina por en medio, se cayó haciendo que el baúl se volcara encima de él cortándole la respiración.

Si le preguntaban, aquello calificaba como tortura.

Se hizo la nota mental de tener un muy buen comportamiento apenas regresara a Hogwarts, no quería regresar a pasar una temporada con la abuela Molly.

Al menos, no de esa manera.

El sonido de alguien apareciéndose en el jardín le sobresalto, cuando levanto la mirada, se encontró con la imponente figura de su padre, con una capa que parecía ser de viaje, de un negro oscuro.

_ Bien, James ve a reunir tus cosas.

Sin cuestionar nada, el chico entro en la casa y subió las escaleras a toda velocidad.

Harry entro en la cocina, siendo atrapado enseguida en un abrazo de oso que Molly le proporcionaba con una brillante sonrisa.

_ ¡Harry querido! ¡Qué bueno que hayas venido! Aunque me temo que Ginny no se encuentra, si quieres puedes esperarla.

_ Eso no será necesario, Molly- se apresuró a decir Harry, captando enseguida las intenciones de la mujer- Solo he venido a buscar a James, ella y yo quedamos en que él se quedaría conmigo lo que dure el castigo.

_ ¡Pero cielo,…! En estos momentos estas en medio de una misión que seguro te toma mucho tiempo… ¿No sería mejor que James se quedara aquí y que le visitases?

_ Me temo que no- contesto Harry, y el brillo en sus ojos verdes le dio a entender a Molly que no pensaba ceder.

_ ¿Podrías al menos esperar a Ginny? No me gustaría que se molestara al notar que James no está.

_ Le dejare una nota, pero en realidad tengo mucha prisa- se explicó el pelinegro, sacando de su bolsillo unas post-it y un boli, garabateando una nota para la pelirroja en la que le explicaba que paso recogiendo a James antes de tiempo debido a que le surgió un imprevisto.

_ En realidad… ¿No hay nada que hacer?- la repentina pregunta de Molly le tomó por sorpresa y a Harry le tomo dos segundos para saber a qué se refería, con una sonrisa triste, el moreno negó con la cabeza.

_ No, así lo quiso Ginny y yo solo quise complacerla.

Antes de que Molly pudiese decir algo, James llego con su baúl a la cocina.

Harry puso la nota en la nevera. Se despidió de Molly con un beso en la mejilla mientras James y el salieron al jardín y desaparecieron.

James miraba a su alrededor con curiosidad, así que ese era el nuevo apartamento de su padre. Estaba ordenado dentro de lo posible, la zona de desastre era un escritorio junto a la ventana, revuelto y lleno de cosas, y en la pared del lado contrario se encontraba un gran mapa lleno de alfileres rojos.

En un extremo se encontraban unos cuantos recortes de periódico, todos ellos con un tema en común, Draco Malfoy.

Eso le hizo apretar los dientes, acordándose una vez más de todo el problema.

_ Tu habitación es la que está al fondo del pasillo, a la derecha- indico Harry seriamente- Vas a encontrar la comida lista en la nevera y solo necesitas calentarla, ya dependerá de ti si lo haces en la sartén o el microondas. En el edificio solo tenemos agua temprano en la mañana y tarde en la noche. Creo que no necesito decir que mi escritorio y el mapa en la pared son intocables.

El moreno asintió y se retiró a su habitación en silencio para acomodar sus cosas, tratando de no pensar en lo seco que estaba siendo su padre con él.

Aunque una pequeña voz, muy parecida a la de su hermano Albus, le aseguraba que era culpa suya.

Una cosa le quedo bien clara mientras contemplaba la habitación, con un closet, un pequeño baño y la cama.

Tenía tiempo de sobra para pensar.

En el apartamento no había televisión, tampoco teléfono fijo.

Serían unos días largos y aburridos.

Saliendo apresuradamente de la tienda antes de que callera la primera gota del cielo, Ginny busco un callejón donde poder aparecerse, había estado comprando unas cuantas cosas en una tienda cercana, la idea de ir al supermercado por esas fechas la aterraba, por lo que pensó que mejor se iba a una tienda por departamentos. Aparte de comprar lo que necesitaban en la Madriguera, tomo unas cuantas cosas más, pensando en lo cercanas que estaban las navidades. Albus y Lily seguramente irían a casa para pasar esas fechas.

Por eso mejor estar preparada desde ya y comprar lo necesario para preparar los tan famosos banquetes de navidad.

Estaba segura de que su madre prepararía un montón de comida esperando que todos sus hermanos trajeran a sus familias.

Ginny respiro profundamente tratando de reprimir la furia al pensar en sus hermanos y en la poca comunicación que mantenían con sus padres.

Ahora que vivía con ellos le era mucho más obvio la falta de interés que todos ellos parecían tener.

Al único al que no quería cortarle los cojones era a Ron, después de todo el chico se aseguraba de enviar al menos una vez al mes alguna carta, si no es que él y Hermione hacían una visita sorpresa cuando el horario de ambos se lo permitía.

Vio un callejón cercano y enfilo hacia allá con decisión.

Fue cuando sintió un brazo enredarse alrededor de su cintura, y una mano poner un paño en su rostro, el olor estaba adormeciéndola. Dejando de respirar y revolviéndose como una fiera lucho para liberarse del agarre. Uno de sus golpes le dio en el rostro a su captor.

Con el corazón latiendo acelerado, Ginny desapareció.

Scorpius salió de la enfermería a la mañana siguiente, su madre se despidió de el con un abrazo afectuoso.

Ya faltaba menos de una semana para que los dejaran irse a casa por las vacaciones de navidad, por lo que no había mucho que hacer, ni en cuanto a los deberes de prefecto o los deberes de las clases.

Por eso Scorpius, Albus y Emma estaban en los jardines, en la orilla del lago.

El calamar gigante no se asomaba desde hace días gracias al frio que hacía, los chicos llevaban sus capas de invierno, sus bufandas y los guantes.

En el caso de los guantes de Emma, eran grises y de cuero. Bastante coquetos, como todo lo que la chica utilizaba.

Si había alguien que se quejaba de los uniformes poco estéticos del colegio, esa era Emma.

Tanto era así, que a más de un profesor lo estaba sacando de quicio.

_ Me alegro que ya estés bien, Scorp- dijo Emma, abrazando al rubio firmemente, colgándose de su cuello y casi haciéndolo caer por su ímpetu.

_ No es para que te le cuelgues así, lo vas a tumbar- amonesto Albus con cierto reproche.

A lo que Emma le saco la lengua.

_ Lo que pasa es que estas celoso.- le dijo.

Ante eso, el pelinegro se sonrojo furiosamente y le dirigió a su amiga una mirada asesina.

Mientras Scorpius miraba de uno a otro, conteniendo las ganas de reírse.

Emma adoraba hacer que Albus se avergonzara.

Y Scorpius no comprendía porque a la chica le divertía tanto todo eso.

_ Bueno, cambiando de tema y esperando que no me mates. ¿Dónde piensas pasar las navidades?- le pregunto Emma a Albus.

_ No lo sé, no tengo ganas de ir a la Madriguera, menos sabiendo que James estará allí. Pero tampoco creo que mi papa vaya a dejarme ir con él.

_ Mi casa está abierta para ti- ofreció Emma.

_ La mía también.- repuso Scorpius.

Albus les sonrió a sus amigos.

_ Debo ver que es lo que puedo solucionar, estoy seguro de que mama va a estar dándome la lata para que vaya a la Madriguera, si a la final se pone pesada no me quedara otra sino quedarme en Hogwarts.

Emma suspiro y Scorpius le puso la mano en el hombro sin saber que más decirle.

Después de todo ninguno de los dos sabía cómo actuar ante una situación así. Ninguno de ellos tenía esa clase de problemas familiares y lo único que podían hacer era ofrecerle a su amigo una casa donde quedarse.

En el silencio que reinaba en el apartamento repentinamente sonó el teléfono, Hermione atendió aprisa puesto que se encontraba leyendo en el sillón que estaba más cerca.

_ ¡Ron! ¡Debes venir a casa!- la voz agitada de la señora Weasley le llego del otro lado.

_ Molly, cálmate un poco. Ron no está en casa. Dime que paso.- pidió Hermione.

_ ¡Alguien ha intentado secuestrar a Ginny!

Hermione se quedó paralizada con el teléfono en la mano, esa oración le tomo tiempo procesarla.

_ ¡Llamare a Ron ahora mismo, espérenme voy para allá! ¿Y Harry?

_ No hay manera de localizarlo no tengo el número de su nuevo apartamento- repuso la mujer.

_ Bien, le pediré a Ron que lo encuentre cuanto antes.

Con eso, la castaña colgó el teléfono, se acercó a la puerta, tomando su abrigo del perchero, poniéndose a toda prisa unos guantes y desapareciendo hacia la Madriguera.

Algo le decía que aquel fallido secuestro tenía que ver con la investigación de Ron y Harry.

Y que aquel acontecimiento no sería lo último que vieran pasar.

Le agradeció a Merlín que los chicos aún se encontraban en Hogwarts, quizá ese era el lugar más seguro para todos ellos de momento.