Gracias a todas esas personas maravillosas que me han dejado un review, si sigo la historia es por todo lo que me dicen. También le agradezco a los que siguen la historia y la han añadido a favoritos. Contra viento y marea voy a terminar todos los fics que tengo pendientes, no se preocupen si es que tardo. Tarde pero seguro.

La razón principal de no actualizar es que mi PC esta en sus últimos momentos, no prende, a veces se apaga sola mientras estoy trabajando. Cuando quiero prenderla la pantalla se queda negra y suena un pitido que me va a dejar sorda. ¿Pueden creerlo? Bueno, han sido cinco años de uso y abuso. Así es la vida.

Aparte de la computadora, he tenido unas vacaciones algo accidentadas, por no decir una vuelta en la montaña rusa pesadilla. Mi destino turístico programado han sido las clínicas y el doctor (¡Maravilloso!)

A estas alturas no creo que sea necesario decirlo, pero todos los maravillosos personajes (a excepción de algunos), pertenecen a J.K Rowling y por esto no gano nada sino dar rienda suelta a mi imaginación.

Después de separarse de sus amigos y verlos partir a la estación, Scorpius regreso en sus pasos por el castillo que sin todos los demás estudiantes se sentía algo escalofriante. Por no mencionar que por alguna razón sentía que las paredes podrían derrumbarse, caerle encima y nadie lo buscaría.

Alcanzando la mazmorra avanzo sin prestarle mucha atención a la sala común, tomo su baúl y llego al despacho de Snape en cuestión de minutos.

El profesor revisaba algún pergamino con gesto grave, era imposible decir si estaba de buen o mal humor, el hombre siempre fue amable con el pese a las circunstancias. Al menos más de lo que era con los demás estudiantes.

En un gesto tan repentino que lo sobresalto, Snape agito si varita y la pila de pergaminos de su escritorio, incluido el que estaba terminando de leer, se apilaron en la chimenea, que se los trago con una gran llamarada que lanzo cenizas y pedacitos de papel ennegrecido en el suelo opaco de la mazmorra.

La expresión en el rostro del hombre era clara como el cristal a los ojos de Scorpius. Y por primera vez se sintió algo intimidado en su presencia.

Los ojos oscuros de Severus Snape brillaban y sus labios estaban tensos, todo el conjunto dándole un aspecto feroz. Y la chimenea lanzando atroces llamaradas no hacia nada por tranquilizar al rubio.

Fue solo cuando el hombre se levanto de su silla, que se percato de su presencia.

Su expresión se suavizo notablemente, y esos ojos oscuros parecían sonreírle.

_ Señor Malfoy. Lo estaba esperando.

_ Lamento el retraso, profesor.

_ Tonterías. Tome asiento. Me disponía a tomar el te en unos momentos, el elfo no debe tardar con el servicio. Y después le acompañare a casa.

_ No es necesario, no quisiera causarle molestias…- empezó a decir Scorpius, sin levantar la mirada de su regazo.

_ Mientras este aquí y hasta que regrese a su casa, usted es mi responsabilidad. Y si no he sido mal informado por su padre, los viajes en Red Flu no le hacen bien a su salud. Por ello es mi deber exclusivo como jefe de esta casa, asegurarme que llegue a Malfoy Manor.- el tono del hombre no admitía replicas. Por lo que Scorpius asintió.

Toda la situación en general… debería molestarle pero… en cierta forma se sentía vacío. Como que nada podía herirle. Un enorme agujero negro en medio de su pecho no hacia sino contribuir con su desasosiego. El desprecio de la gente, pese a que no le agradaba, ya era cosa de todos los días y no le importaba. La desaparición de su padre era lo único que conseguía golpear una fibra sensible. Podían decir lo que quisieran sobre el, pero no de sus padres. Despreciarlo por ser el heredero Malfoy como siempre lo hicieron.

Pero no toleraría a nadie que hablase mal de su familia.

Se sobresalto cuando sintió una mano en su hombro. Snape lo observaba con la ceja arqueada y dispuesto en el escritorio del profesor, estaba el servicio de te para dos, con algunas pastas.

Al parecer, su costumbre de perderse en su mente se hacia presente una vez mas.

_ ¿Necesita ir a la enfermería?- quiso saber Snape.

Scorpius negó insistentemente con la cabeza. Madame Pomfrey lo ponía algo nervioso, en especial después de la última visita, en que la mujer lo reprendió por no cuidar bien de si mismo.

Pese a que la penetrante mirada del profesor no lo abandono mientras permanecieron en el despacho, lo dejo pasar.

El clima en Londres estaba particularmente insoportable ese día, las nubes grises como los empedrados y antiguos edificios de piedra, daban la impresión de que en cualquier momento podría estallar tormenta. La gente caminaba rápidamente de un lado a otro en las calles. Y en medio de un callejón en uno de los distritos más pobres, rodeado de basura y ratas, un cadáver yacía esperando ser encontrado por el desafortunado que transitara ese callejón dejado de la mano de Dios.

Una figura encapuchada lo abandono allí desde hacia horas. Perfectamente consciente que el macabro descubrimiento tendría lugar mucho tiempo después. El tiempo suficiente para poder escapar.

Y en dado caso, la policía muggle no podría atarle al hecho, los aurores no le preocupaban, todo el departamento estaba de cabeza por el conveniente ataque a la ex mujer de Potter.

Aquello solo era el comienzo. Ya las cosas no se centrarían en Potter. Por supuesto que no.

Ahora el blanco seria Weasley. Y esa molesta esposa suya.

Cualquiera que quisiera arrebatarle a Draco. Lo pagaría.

Emma y Albus estaban bastante silenciosos en medio de su partida de Snap Explosivo. No querían arriesgarse a mantener una conversación, ni siquiera en código. Un vagón lleno de Slytherins no era el mejor lugar para guardar un secreto, no cuando todos esperaban atentos a cualquier palabra que se deslizase de sus labios

Ese era el precio a ser los mejores amigos de Scorpius Malfoy.

Todos en el vagón los contemplaban insistentemente, pero no eran tan idiotas como para confrontarlos. Después de todo, Emma no ocultaba que estaba de muy malas pulgas. Y la mano no le temblaría al apuntar con la varita al primero que la molestara.

Y en el caso de Albus, tener el apellido Potter era un escudo perfecto. Nadie quería problemas con los Potter. Pese a que ninguno de sus compañeros le molestaba directamente, cualquier ofensa hacia sus amigos Albus la tomaba como propia.

Claro, eso era conocimiento exclusivo del trío. Y de nadie más.

El viaje para los dos fue muy largo, la atmosfera cargada y tensa. Sobretodo, extrañaban terriblemente a Scorpius.

_ Ya lo visitaremos.- murmuro Emma, aunque parecía que trataba de convencerse a si misma tanto como a Albus.

El campamento estallo en caos, el guardia que hacia la ronda en la parte mas profunda de las cuevas esparció las malas noticias por todos lados.

El prisionero de su líder no podía ser encontrado. De alguna manera que ninguno de ellos pudo averiguar… Draco Malfoy parecía haberse desvanecido de las cuevas en lo profundo de la montaña.

Rápidamente se formaron partidas de búsqueda. Tenían que encontrar al rubio, pero a lo de ya, parte de los equipos abandonaron las cuevas para buscar en la montaña. La otra mitad comenzó a esculcar en las cuevas y los pasadizos que las conformaban.

Gaunt no estaba en el campamento, lo cual era una bendición que no duraría mucho. Apenas llegase, iba a matarlos a todos si es que se enteraba de la escapada del mayor de los Malfoy.

Todos en el lugar estaban en la obligación de dejar lo que se estuviese haciendo y colaborar con la búsqueda, dividiéndose en partidas, peinando los bosques aledaños, los pasadizos de la cueva en lo profundo de la montaña, las partidas de cazadores que habitaba en la intemperie. Tan lejos fueron incluso que interrogaron a algunos pobladores de la aldea muggle en las cercanías.

¿Cómo una persona prácticamente moribunda podía desvanecerse de ese modo?

Pese que nadie tuvo acceso a la habitación particular de Gaunt, la ultima vez que pudieron ver al rubio, estaba prácticamente muriendo.

Narcisa contemplaba ausentemente la chimenea, Lucius la dejo allí al menos hacia media hora. Algo sobre algunos asuntos le comento… sobra decir que no le presto atención, contemplaba con ojos vidriosos y cierto desinterés las llamas de la chimenea, la elegante decoración, los retratos de sus ancestros… su mirada perezosa no le prestaba cuidado a cosas tan mundanas que antaño le parecieran de gusto exquisito, ahora no.

A lo largo de su vida conoció el terror, la magia oscura, la guerra, la muerte, el odio, la desesperación, la crueldad… a pesar de sobrevivir aquello. Ciertamente esta era la última gota.

Su hijo, su único y precioso niño le fue arrebatado.

Su hermoso niño de ojos tristes.

Puede que Draco estuviese casado, que el mismo tuviese un hijo, pero para ella siempre seria ese pequeñito que trajo un día a casa, envuelto en mantas verde esmeralda y profundamente dormido. Su orgullo y el de Lucius.

Podía vivir sin todo aquello, no necesitaba el lujo. Ciertamente era algo con lo que creció, inherente a su apellido. A ambos apellidos Malfoy/Black.

Si fuese por ella, hubiese vivido en una casa sencilla. Pero con su hijo.

Malditos fueran quienes se lo llevaron, quería matarlos.

Quería… Merlín… los mataría si alguna vez llegaba a ponerles las manos encima.

En muy pocos días seria la navidad, por supuesto en la mansión no se decoro ni una ventana. Tener a Harry Potter en persona buscando a su hijo si le daba cierto sentido de tranquilidad, pero para una madre nunca seria suficiente.

Hasta que no tuviese a Draco en frente no podría relajarse.

Sin importar lo que dijese Lucius… Potter tenía una deuda con ella, de eso estaba más que segura. Momentos como esa batalla no eran fácilmente olvidados por nadie.

Pero aun así, aunque Potter era sin duda poderoso, había cosas que un mago simplemente no era capaz de hacer. Y si los métodos convencionales se agotaban… ese seria el final.

El sonido de una aparición, la saco de sus elucubraciones. Su mirada posándose en el elfo domestico que se inclinaba respetuosamente ante ella.

_ Señora, el profesor Severus Snape se encuentra en el recibidor, con el amo Scorpius- informo la criatura.

_ ¿Se encuentran debidamente instalados?- inquirió, incorporándose.

_ Si señora.- respondió la criatura con presteza- El equipaje del amo Scorpius ya se encuentra en su habitación.

Con eso, el elfo desapareció y Narcisa empezó el largo descenso desde el estudio al recibidor. Las guardias en Malfoy Manor permitían a sus ocupantes aparecer y desaparecer en cualquier lugar de la casa, pero ella lo veía de mal gusto y prefería caminar sin importar que tan largas fuesen las distancias. En eso, ella y su difunta tía Walburga, eran iguales.

El departamento de Aurores, sino es que el Ministerio entero parecía un criadero de lechuzas ¡Por las Barba de Merlín!

Era navidad por lo que la mayoría del personal obrero, secretarias y asistentes personales, archivadores y los vigilantes en su mayoría estaban de vacaciones colectivas. Los mejores aurores también, dejando en el departamento a los novato y aquellos de alto rango que permanecían por voluntad, y el único dispuesto a hacer eso en tales fechas no era otro que Ronald Weasley.

El pelirrojo, tenía cara de muy malas pulgas mientras revisaba un archivo que le estaba vedado, el del ataque a su hermana.

Ninguno de los que se encontraba en el departamento a esas fechas se atrevía a decirle algo, más que todo porque eran aurores recién salidos de la academia que tomaban turnos patrullando, a los que generalmente les correspondía cubrir los horarios que nadie quería.

Casi se podía sentir pena por ellos, y generalmente Ron era amable con los nuevos, porque a diferencia de la mayoría de sus colegas. El recordaba lo que era estar en la posición de los novatos y no era nada bonito.

Pero… justo ahora Ron era un asesino en potencia.

Su caso no iba nada bien, (el de Malfoy) el auror asignado al caso de su hermana se había tomado las vacaciones (el muy maldito) y no cesaban de acosarlo para que hablara con Harry y lo "convenciera" de regresar al Ministerio.

La última parte era presión del Ministro a través del jefe del departamento de aurores y cuanto tonto se prestase voluntario para "pedirle el favor"

Ron perdió cuenta de cuantas veces se negó a interceder por el regreso de su mejor amigo. Algo por lo que todos estaban ansiosos, incluso el mismo aunque no lo admitiese, porque… todo se fue cuesta abajo en tan poco tiempo. Primero su hermana se divorcia de Harry. Luego le asignan ese caso de Malfoy en el que al parecer hay demasiada porquería oculta bajo la alfombra, alguien trata de atacar a Ginny sin mencionar que también desaparecen la evidencia del caso antes mencionado, la prensa estaba atacando duramente a los Malfoy. E incluso en las ediciones del Profeta había un cronometro que establecía cuanto tiempo pasaría hasta que encontraran el cadáver de Draco Malfoy.

Que sociedad tan retorcida y despreciable. Porque pese a que el rubio era un perfecto idiota cuando estuvieron en Hogwarts no se merecía todo ese circo.

Merlín, ni el ni su familia.

La gente llegaba tan lejos como para meterse también con el hijo de Malfoy.

Aquello era… despreciable, por decirlo amablemente. Que era un crío, se supone que en un mundo racional los hijos no pagan lo que hacen los padres, pero todos en Gran Bretaña enviaban sus "buenos deseos" al menor de los Malfoy.

Fue sacado bruscamente de sus elucubraciones cuando un grupo de aurores se acerco a su escritorio, todos ellos parecían estar exaltados por alguna cosa.

Comenzaban a darle dolor de cabeza.

_ ¿Por qué demonios hacen tanto ruido?- quiso saber. Dejando a un lado el expediente, ya mas tarde se ocuparía de su muy "responsable" colega.

_ Superior Weasley…- comenzó uno de ellos, una chica- Al parecer han encontrado un cadáver abandonado en un callejón muggle a las afueras de Londres.

_ ¿Por qué nadie ha ido al sitio?- si no estaba viendo mal, todos los aurores de turno estaban frente a su escritorio. El de mas alto rango entre los presentes era el.

_ No disponemos de algún forense y los desmemorizadores no han hecho acto de presencia- informo otro.

_ Bueno, eso quiere decir que estamos por nuestra cuenta. No es la primera vez, no me vean así. Tendremos que manejar esto nosotros solos. Uno de ustedes que se asegure de escribir un informe detallado de las circunstancias, de enumerar cada una de las carencias en este incidente.- instruyo, comenzaba a sentir un dolor de cabeza nada agradable.

_ Señor… también nos han llegado reportes. Al parecer alguien ha estado realizando desmemorizadoras en unos cuantos muggles en algún pueblo a las afueras de Wiltshire.- lo segundo hizo que Ron prestara toda su atención.

Wiltshire, allí estaban ubicadas algunas de las mansiones de familias sangre pura mas influyentes, y por supuesto la mansión Malfoy. Por no mencionar que la Parkinson.

Debía partir enseguida.

_ Señor…- otro de los aurores empezó, casi vacilante.- ¿Podría… dirigir el levantamiento?

Ron no estaba sorprendido por la petición, todos los que estaban allí eran aurores recién graduados que no tenían experiencia con aquello. En otra circunstancia les hubiese dicho que si, pero hoy… no podía darse ese lujo.

_ No, debo atender asuntos correspondientes a mi misión. Contactad con el departamento para Desastres.

No les dedico más energía, tenia que localizar a Harry ahora mismo.

En la estación el bullicio era tal como Hermione lo recordaba. No cambiaba nada en lo absoluto, en ese tiempo sin embargo, ella lo contemplaba con otros ojos. Desde otro lugar.

Y ahora, con el pasar de los años… comprendía mejor las cosas y a decir verdad se sentía indignada.

Y no era para menos, todo el rato que estuvieron en la estación antes que el expreso llegara, el tema de conversación favorito de algunos de los "respetables" padres era la familia Malfoy. Más de uno estaba orgulloso de haber escrito al colegio para exigir que Scorpius Malfoy no abordara el tren con los demás estudiantes. Por no decir que todos deseaban que en el Profeta pronto se anunciara la muerte de Draco Malfoy.

A su parecer, nadie se merecía algo como eso. Y si la mayoría de ese montón de hienas prejuiciosas supiera… la misma Hermione no era muy admiradora de los sangre puras y todo su asunto de racismo hacia los que eran como ella o los que aceptaban a los muggles, por supuesto que no.

Pero tampoco les deseaba ningún mal. No con ese fervor.

Si alguien tenia motivos para haber desarrollado un rencor hacia los sangre pura era ella, después de todos los insultos recibidos en el colegio por parte del mismo Malfoy, los desplantes que le hiciera Severus Snape en Pociones y la tortura a la que fue sometida por Bellatrix Lestrange en Malfoy Manor.

Pero… todo ese montón de gente… pese a que en algún momento si pudieron ser afectados por la guerra… toda esa gente no sabia ni la mas mínima parte de lo que hacia. El daño que provocaba todo ese festival de "Odio a los Sangre Pura".

Si ellos pensaban que esa actitud iba a acercarlos a Harry, al que parecían idolatrar como alguna especie de Dios… bueno estaban muy equivocados con eso.

Ginny que estaba de pie a su lado, tenía una expresión inescrutable en el rostro. Y posiblemente eso y que al menos dos aurores los estaban escoltando; impedía que la gente se acercara.

A un lado de Ginny, James estaba silencioso, muchos le dedicaban miradas de curiosidad y el cuchicheo a su alrededor indicaba que comentaban el porque de u presencia. Y si por indicación se tenía la forma en que Ginny apretaba la varita, la pelirroja estaba furiosa.

Montón de prejuiciosos hijos de puta- pensó Hermione, muy a su pesar.

Los estudiantes comenzaban a bajar del tren y correr hacia sus familias. Algunos de ellos se reunían en el poco espacio disponible para intercambiar las despedidas.

En medio de la avalancha venían Fred, Ted, Lily, Hugo y Rose, Albus iba rezagado, claramente con algo de distancia hacia los demás. Fred y Ted daban miradas de soslayo al pelinegro y este no se daba por enterado. Lily también ojeaba a su hermano. Ninguno de ellos hacia un intento por acercarse.

Algo estaba muy mal.

Y Ginny también pareció notarlo. Por lo que Hermione puso una mano en su hombro y negó suavemente con la cabeza.

Albus y James se estudiaban uno al otro atentamente, en el caso de Albus… su mirada dejaba a traslucir enfado, desconfianza. Además… sus orbes verdes, una copia fiel a los de Harry, parecían analizar profundamente a su hermano.

Lily corrió a los brazos de Ginny, su cabello siendo alborotado por Fred, mientras que George y Angelina reían.

Hermione abrazo a Rose cuando esta vino a saludarla, luego a Hugo. Sin embargo su atención seguía puesta en los hermanos Potter. Aquella seria una navidad algo tensa en la Madriguera.

El diario estaba abierto, en el mismo lugar en que lo dejara desde aquella cita apresurada con Hermione en el Caldero Chorreante. Casi parecía que aquel elegante cuaderno de piel de dragón estaba riéndose de el.

Abierto, tan inusualmente abierto… y aun así tan lejano.

Harry no sabía cual era su reticencia inconsciente a leerlo. ¡Solo era un maldito libro!

Y si lo que le dijeron era cierto, un cuaderno que Malfoy llenara desde los 11 años. Vamos… ¿Qué es lo peor que se podía encontrar? "Odio a San Potter" "Vivan los sangre pura" bueno, eso seguro que estaría en los primeros años.

Pero en los demás…

Tenia que acabar con ello. Necesitaba leer ese diario de una buena vez por todas. No tenia tiempo de andarse preocupando por lo que Malfoy pudiese pensar, que el diario estuviese abierto ya era prueba suficiente.

Si se tardaba más… probablemente encontrara a Malfoy.

Pero lo encontraría muerto.

Y entonces… ¿Con que cara enfrentaría a Narcisa Malfoy?

Se disponía a leer…

_ ¡Harry!- Ron apareció en el apartamento, el diario salió despedido de su mano debido a la impresión, contemplo a su mejor amigo enfundado en su capa de viaje con una mirada entre reproche e incredulidad.

_ ¿Qué pasa Ron? Casi me matas de un infarto.

_ Hay pistas, alguien esta siendo muy descuidado en Wiltshire con los desmemorizadores… Allí es donde se encuentra la mansión de los Malfoy y no creo que todo esto resulte en una coincidencia. Creí que querrías saberlo.

_ Deberíamos ir ahora mismo… ¿Qué garantía hay de que no intervendrán?- repuso Harry tomando su abrigo y dando una ultima mirada casi resignada al diario…

_ ¡Vamos! ¡Es Navidad!- repuso Ron, como si aquello fuese obvio.

_ El crimen no descansa, Ron- repuso Harry cansinamente, siempre le repetía eso a su mejor amigo.

_ Siempre vienes con tus frases de series muggles- mascullo el pelirrojo sin dirigirle la mirada.

Harry tuvo que contener la risa, ciertamente algunas cosas nunca cambian.

Scorpius estaba sentado contemplando la decoración con gesto ausente, ya conocía cada detalle de memoria, cuando era muy pequeño… su mama solía jugar con el en los pasillos de aquella inmensa mansión. Jugaban desde al escondite hasta cualquier cosa que pudieran pensar. Y en esos días, siempre había algo nuevo que descubrir. Ahora… esas paredes no tenían ningún secreto para el.

Desde que llegara a la mansión con el profesor Snape, el y su abuela se comprometieron en una charla a la que rato después se unió su abuelo. Los tres parecían pasarlo bien, y pese a que no le excluían a propósito… se sentía como tal porque le resultaba imposible participar en la conversación.

No encajaba allí. No sentía nada, era ridículo y no venia al caso, pero se sentía tan pequeño e insignificante. Desdibujado, invisible… como si se desvaneciera. Pero no… no era que se sintiera de esa forma… era que quería desaparecer.

¿Por qué?

Quizá así seria más fácil… ¿Quién podía odiarte sin motivo cuando ya no existías?

Esa parecía ser la solución a todos sus problemas.

Sin que los mayores se dieran cuenta, Scorpius dejo su taza de te en la bandeja y enfilo a su habitación en los cada vez mas deprimentes y grises pasillos de Malfoy Manor.

Albus no tenia muy claro como describir lo que sentía, no era inquietud, no era tristeza, no era desesperación… pero si que tenia semejanza con esas tres anteriores. Estaba inquieto. Desde que regresaran a casa y llegaran a la Madriguera. Fue lo más rápido posible en encerrarse en una habitación. Era consciente que si su padre no aparecía antes del anochecer tendría que pasar la noche allí. Y muy posiblemente tendría que compartir la habitación, cosa que no quería.

Y conociendo a su madre y abuela tan bien como lo hacia, sabia que lo pondrían a compartir cuarto con James.

Afuera nevaba… el jardín estaba cubierto de nieve. El cielo gris lo saludaba como de costumbre pero en esta ocasión con un aspecto aun mas impenetrable, denso. Y aquello aumentaba su intranquilidad. El vacío en medio de su pecho parecía crecer y adquirir un peso conforme el tiempo transcurría.

Ya había enviado una lechuza a su padre… rogaba con toda la fe que podía reunir, que recibiera su carta y lo resolviera como hizo la ultima vez.

No tenía deseos de sentarse a aquella mesa y fingir que celebraba con ellos. No cuando sus primos comentarían todas las bramas que hicieron a los Slytherin (en el caso de Fred y Hugo) aquello lo enfurecía. Y que sus tíos lo celebraran solo empeoraba su humor. Le hacia odiarlos.

Y no quería.

A la vez que no le gustaba sentirlo, no podía evitarlo.

Bien, aquello era simplemente maravilloso ¡Esplendido!

Wiltshire parecía un criadero de lechuzas y eso era ponerlo de forma amable. Quien quiera que fuese que realizo los encantamientos en los muggles hizo un pésimo trabajo. La firma mágica del perpetrador estaba por todos lados y pese a su impaciencia por emprender la investigación y encontrar a Malfoy de una vez por todas, su consciencia no lo dejaría tranquilo si no ayudaba a esta gente.

Que un muggle sufriese daño por esta clase de negligencia era muy probable. Y las posibilidades aumentaban si no era resuelto a la brevedad posible. Esta pobre gente no merecía acabar en la guardia psiquiatría de San Mungo con Gilderoy Lockhart como compañía.

Pese a su irritación, Ron ayudo a corregir los hechizos. Harry a la vez que corregía los errores aprovechaba sus habilidades en Legeremancia para echarle un vistazo a los recuerdos modificados. Fue muy difícil contener la sonrisa triunfante en su rostro. ¡Malfoy! Al parecer el rubio de alguna forma escapo de sus captores y estos lo estaban buscando. Claro eso tenia cosas buenas y malas. Debían encontrarlo antes que los secuestradores, si resultaba de otra forma era probable que todos los que esperaban la muerte de Malfoy adelantasen las celebraciones.

_ Es extraño ¿sabes?- repuso Ron, algo cansado por el esfuerzo mientras ambos abandonaban el pueblo- Este lugar esta lleno a rebosar de familias sangre pura. Cualquiera pensaría que tienen barreras en el pueblo, guardias para asegurarse de cosas como estas no ocurriesen. Se que no dan ni un pimiento por los muggles, pero aun así…

Harry considero las palabras de su amigo… ¡claro!

_ Es probable que hayan deshecho los escudos- teorizo, dando vueltas a todas las hipótesis que esto traía a colación.- Si ese es el caso entonces planean algo grande. Si el pueblo lleva tiempo sin protección entonces es posible que lo que sea que estén planeando hacer tome lugar dentro de muy poco… ¡Podría ser hoy mismo!- añadió Harry cuando un mal presentimiento lo invadió.

_ ¿De que hablas?- inquirió Ron, siempre tenia dificultades para seguirle el paso a Harry cuando se trataba de deducción y estrategias.

_ ¡Es Navidad, Ron! ¡Nadie vendrá por aquí! Los nuevos reclutas no se dan abasto para proteger todo. Si yo fuese su estratega mi ataque seria hoy mismo, de eso no tengo ninguna duda. Pero… ahora tenemos que averiguar que es lo que quieren hacer. Si es secuestrar o… asesinar- repuso Harry, sombríamente.

_ Y si te conozco bien quieres hacer eso, advertir a los sangre puras, contactar al Ministerio y encontrar a Malfoy, ¿verdad?- repuso Ron, en tono resignado.

_ Si ya lo sabes, entonces necesito que contactes a los aurores en el Ministerio. Haz que manden refuerzos. Yo peinare la zona buscando a los sospechosos y a Malfoy.

A medida que entraba la noche Albus perdía la esperanza de que su padre apareciese y se lo llevara, el ambiente en la casa era tenso, sabía que era por culpa suya pero a esas alturas no le importaba. Estaba cansado de ceder para favorecer o agradar a los demás. Si no les gustaba su actitud ¡Que les diesen!

Fred y James se lo buscaron por años, y sus tíos también, por aprobar esa actitud, pese a su determinación una pequeña voz en el fondo de su cabeza no dejaba de recordarle que aquello era todo cuanto su familia conoció siempre, que aquello venia desde la época de los Merodeadores e incluso cuando su papa y sus tíos fueron a Hogwarts.

Era un círculo vicioso que al parecer no tendría fin y en el que uno de los bandos se encontraba indefenso ante el otro. Pero lo que alimentaba su rabia es que sin importar lo mal que hiciesen las cosas en alguna que otra ocasión, los Gryffindor siempre escapaban de aquellos conflictos con una reputación intachable y casi vistos como la realeza de Hogwarts. En cambio, ser sorteado a Slytherin parecía ponerte un cartel de "Indeseable" en la frente desde que cumplías los 11 años y eso era simplemente vil.

¿Con que cara podían hacer eso? ¡Se hacían la vista gorda a las atrocidades que cometían los Gryffindor! Y en cambio, a los Slytherin les daban detenciones solo por defenderse a las agresiones.

Albus lo sentía como si se lo hiciesen a el. Puede que escapase a lo peor de la "Guerra entre las Casas" o como el lo llamaba "Todos contra Slytherin", por ser un Potter. Pero eso no quería decir que no le enfureciese lo que le cometían a Emma u Scorpius.

Y que en los últimos tiempos los ataques subiesen en intensidad desde bromas desagradables hasta incidentes que podrían ocasionar daño permanente, y que se hiciesen la vista gorda… que fuese su propio hermano el "Niño Dorado" de Gryffindor que atormentaba a sus compañeros de casa, y su primo su leal secuaz.

Las manos de Albus se cerraban en puños y se hacia sangre en las palmas, así de ansioso estaba por darles una pieza de su mente.

Y la tensión solo aumento cuando se hizo evidente que era hora de dormir y que los hermanos Potter compartirían habitación, si los brazos cruzados y la mirada severa de Molly Weasley era alguna indicación.

_ Bien jovencitos, es hora de que todos se vayan a dormir. ¡Mañana hay mucho que hacer! ¡Ni se crean que los dejare hacer el vago!

El gemido colectivo de descontento hizo que la matriarca Weasley sonriese satisfecha.

Albus simplemente arqueo una ceja, puede que esa noche tuviese que pasarla en la Madriguera, eso no quería decir que tenia que gustarle. Y como que lo sortearon en Slytherin que encontraría una manera de solucionar aquello. Con su padre o sin el.

Pronto se acordó que mejor era que Ron permaneciese en el pueblo arreglando el desastre con los muggles, y que fuese Harry quien lidiase con los aristócratas. Era el curso de acción lógica puesto que para el público, ya no era un auror y seria raro verlo junto a un contingente del Ministerio, eso podría traer repercusiones que no le harían bien al caso. Y si algo quería era resolverlo de una vez por todas. O al menos la parte que involucraba a Malfoy, porque si algo quedaba claro como el DIA para los dos amigos, es que aquello tenia mucha mas tela para cortar.

Los aurores no tardaron en llegar, muchos de ellos aliviados de ver a Ron allí. Eran los mismos reclutas que solicitaron su ayuda en los cuarteles generales.

Pronto Ron se encontró ocupado formando partidas de trabajo y asignando funciones a cada pareja o grupo que se conformaba. Absorto en su labor solo podía rogar que aquello no causase dificultades.

Pansy Parkinson caminaba frenéticamente en el salón de su mansión. Estaba a nada de mesarse los cabellos, una conducta que su madre le reprochaba desde el principio de los tiempos. Las barreras del pueblo se dispararon, y por ende también las de la mansión, su esposo Thierry aun no regresaba de su viaje de negocios, estaba sola con su hija Emma en casa. Y al parecer estaban encerradas.

La varita firmemente aferrada e hizo que Emma subiese al segundo piso. Algunos de los elfos estaban con ella. Si tenía que morir defendiendo la mansión Parkinson, que axial fuese. Pero… ¡Demonios que Daria pelea!

Cuando llamaron a la puerta, podía sentir los latidos acelerados de su corazón casi que en el cuello. Y era como si se le fuese a salir del pecho, aun así, con todo el porte que la caracterizaba como digna heredera de su casa. Abrió la puerta. Y se encontró de frente con Harry Potter.

_ Parkinson- saludo el, sin inmutarse a tener una varita apuntada a su rostro.

_ ¿Cómo se que eres Potter y no un impostor?- siseo Pansy, sin relajar la postura.

_ ¿Recuerdas el baile del cuarto curso al que fuiste con Malfoy?- repuso el- Yo fui con Parvati y desde ese día ella me odia. Ah y la tunica de gala de Malfoy parecía la del Fraile Gordo.- añadió el Gryffindor, en tono confidencial.

Pese a la tensión que la embargaba, Pansy se encontró a si misma riendo y bajando la varita.

_ Oh si Draco oye eso seguro te maldecirá.- repuso, una vez se recupero de la risa.

_ Puedes decirle una vez que lo encuentre, no es como si tuviese mucho miedo.- repuso Harry, cerrando la puerta.

_ ¡Mama!- antes de que pudiese decir algo, una chica rubia muy parecida a Pansy bajo las escaleras corriendo y con la varita en la mano, un elfo domestico venia tras ella.

_ ¡Señorita Emma debe quedarse en habitación!- chillaba la criatura.

_ ¡Mama hay intrusos en el jardín!- chillo la chica, abrazándose a su madre con fuerza, Pansy se quedo como paralizada. Harry entro en acción de inmediato.

_ ¡Salgan de aquí antes de que bloqueen las apariciones!- rugió, corriendo hacia la puerta principal con la clara intención de encontrarse con los invasores.- Vayan a la mansión Malfoy y díganles que refuercen las barreras.

Sin necesitar escucharlo dos veces, Pansy abrazo a su hija con fuerza y se desapareció.

Corriendo a toda velocidad hasta rodear el frente de la casa, Harry buscaba señal de los intrusos que mencionara la chica, y no tardo en ver al menos a dos figuras encapuchadas que intentaban abrirse paso escalando a una terraza que daba al jardín trasero. El primero que lo vio comenzó a lanzar maldiciones y el segundo corrió a toda velocidad en dirección a la salida. Invadido por la adrenalina y siendo consciente de la oportunidad única que se le presentaba para solucionar todo esto, Harry peleo con todo lo que tenia. Inmovilizo al primer intruso y derribo al segundo cuando este a penas y alcanzaba el muro trasero. Descartando lanzar cualquier hechizo, lo noqueo de un puñetazo.

Arrastrándolo hasta donde dejo al primer intruso, Harry removió la capucha. El hombre tenia un cabello castaño claro y ojos oscuros. Su piel era de una palidez antinatural y sus ojos eran muy sensibles a la luz, interesante.

Esta era una persona que vivía sin encontrarse expuesta a la luz natural. O se encerraba en una casa sin algún tipo de ventana, o vivía en algún lugar de naturaleza subterránea.

Sin tiempo para interrogatorios o reglas que lo limitasen, Harry estableció contacto visual con el hombre.

_ Legilemens- bramo.

Pese a la sorpresa el individuo dio una buena pelea para proteger su mente, y no ser alguien experimentado, Harry hubiese sido expulsado.

Imágenes de una cueva en algún lugar en medio de unas montañas lo invadieron, era una comunidad perfectamente organizada y numerosa, en la que reconoció muchos rostros. Algunos de ellos de los carteles de recompensa y otros de los archivos de la guerra en las oficinas de aurores. Todas esas personas tenían en común la miseria en la que se vieron sumidos luego de la derrota de Voldemort. Fue cuando vio lo que parecía una celda improvisada en una saliente de roca con el suelo lodoso. Dos siluetas acurrucadas en el fondo, a una de ellas la reconoció como Isabela Visconti ne. Malfoy, y la otra, era Draco Malfoy. Cubierto de lodo y con su cabello rubio suelto y cubriendo la mayor parte de su rostro. Lo tenia casi tan largo como el de Lucius.

El rubio pese a la situación en la que estaba mantenía el contacto visual con sus captores, su atención solo se desviaba para consolar a Isabela. No se le notaba siquiera turbado y estaba todo lo erguido que le permitía la pequeña celda.

La imagen se desvaneció para dar paso a lo que parecía una refriega en la que muchos estaban golpeando a un individuo tendido en el suelo que resulto ser Malfoy, quien tenia las manos atadas a la espalda.

_ ¡¿Dónde esta tu mujercita, maldito mortifago?!- le gritaba un individuo que le pateaba con fuerza en las costillas.

El suelo era una mezcla entre sangre y tierra.

Si tan solo pudiese ver la ubicación.-pensó Harry, apretando los dientes. Se decía a si mismo que por el esfuerzo de mantener el hechizo, pero no podía explicar lo que sentía al ver a Malfoy tendido en el suelo. Ni siquiera se esforzaba por regresar las agresiones.

La imagen se desvaneció para dar paso al bosque que rodeaba las montañas y… ¡Bingo! Eran las montañas que estaban a las afueras de Wiltshire.

Dejando de lado al intruso y dando una rápida instrucción a los elfos domésticos para que contactaran a los aurores, Harry salio a toda velocidad a su destino, no tenia tiempo que perder.

Ya Ron le disculparía por acapararse la diversión.

Al final siempre lo hacia.

Severus se estaba despidiendo y Narcisa se disponía a escoltarlo a las puertas de la mansión cuando Pansy y Emma Parkinson aparecieron en su salón, ambas aterrorizadas y apenas compuestas.

_ ¡Merlín!- repuso Narcisa, llevándose una mano al pecho por la impresión. Severus se limito a arquear una ceja. Como siempre se necesitaba mucho para alterar a ese hombre.

_ ¡Refuercen las barreras!- repuso Pansy, como saludo. Y Narcisa se apresuro a hacerlo, para escoltar a madre e hija al saloncito donde ella y Severus habían tomado el te. Aprovechando que aun estaba tibio y ciertamente sus invitadas necesitaban una tasa bien fuerte, y con la ayuda discreta de Severus podrían pasarles una dosis de calmante.

Una vez se encontró en sus sentidos otra vez (gracias al te y a la poción), Pansy resumió a Narcisa y Severus todo lo que ocurrió en su mansión. Y ni bien termino de hablar se escucho la alarma que indicaba una llamada de la red flu.

Apresurándose al vestíbulo, Narcisa activo la chimenea y el rostro demudado por la preocupación de Thierry Deveraux apareció en la chimenea, y al ver a Pansy y Emma parecía que el alma le volvió al cuerpo.

_ ¡Gracias a Circe!- repuso- Estaba en la estación cuando me avisaron que llamaron a los aurores desde la mansión por unos intrusos, ¿Están bien?

_ Si querido- repuso Pansy, rodeando con el brazo a Emma.- Por suerte el señor Potter estaba allí y se hizo cargo de la situación.

_ ¿Potter?- repuso Thierry, extrañado- Nadie lo menciono, cuando llegue a casa solo estaban algunos aurores llevándose a los intrusos.

_ Bien- interrumpió Narcisa- Lo importante es que no paso a mayores. Son bienvenidos a compartir nuestra mansión mientras se soluciona este penoso incidente, estoy segura que Lucius e Isabela no tendrán inconvenientes y Scorpius estaba muy feliz de tener a Emma en casa.

_ Lo agradezco, lady Malfoy- repuso Thierry- Llegare en media hora.

_ Arreglare las habitaciones entonces- repuso Narcisa, y la llamada finalizo.

Chasqueando sus dedos, convoco a una elfina y dio las instrucciones sobre como quería las recamaras aprovechando de mandar a arreglar la que ocuparía Albus Potter si es que le dejaban visitar la mansión nuevamente, le encomendó convocar a Scorpius al salón para atender a los huéspedes.

Esperaba que eso consiguiese levantarle el ánimo a su nieto. Porque ya no sabia que otra cosa hacer.

Cuando ya no tenía alguna excusa razonable para evitar lo inevitable, y siendo mandado a la cama al menos en dos ocasiones por su abuela y su madre, Albus Potter subió las escaleras con gesto grave. No se esperaba que su hermana Lily lo estuviese de brazos cruzados frente a la puerta de su habitación asignada.

_ Tardaste bastante en subir, incluso escuche a la abuela perder la paciencia contigo- repuso Lily- ¿Realmente es tan malo? Ustedes solían ser…

_ No tu también, Lils- repuso Albus, haciendo lo posible por no responderle mal a su hermanita.- No me digas que te convencieron para que intentases regresarme el "sentido común" no puedo creer el nervio que tienen. Cuando mi papa esta presente respetan sus decisiones, pero al minuto que sale por esa puerta el infierno se suelta.

Ante eso la pelirroja no tenia que decirle a su hermano, era verdad.

_ No quiero que esto nos separe- admitió ella, en tono tan bajo que fue casi inaudible.

_ Sin importar lo que ese idiota haga, siempre voy a estar aquí para ti Lils- repuso Albus, abrazándola- Pero no me pidas que deje todo atrás, son años de esta basura. No voy a seguir aguantándolo en silencio. Creo que nunca superaron que me sortearan en Slytherin, sin importar lo que digan.

_ Por lo menos, prométeme que no vas a huir antes de que papa regrese. Las vas a matar…

_ Buenas noches Lily- repuso Albus sin darle oportunidad a terminar la frase y subiendo las escaleras hasta su habitación sin dar una mirada atrás.

Abrió la puerta con precaución, lo que menos necesitaba eran molestias innecesarias. Pero se sorprendió al encontrar la habitación aparentemente vacía.

Eso hasta que dio una mirada a la ventana abierta por la que se colaba la brisa nocturna. James estaba en el techo.

Esa era una práctica que hacia que su abuela se subiese por las paredes.

La Madriguera era un edificio que se mantenía en pie por la magia misma, era una aberración de la arquitectura, si estar en el techo de cualquier casa podía ser peligroso, subirse al techo de la residencia Weasley era tener un deseo suicida.

Encogiéndose de hombros, Albus se metió a la cama sin molestarse en ponerse un pijama, solo despojándose de los zapatos y la camisa. Si James quería caerse de bruces y partirse la crisma chocando contra el jardín trasero a toda velocidad, no era su problema.

Quizá los gnomos se divertirían con todo el asunto.

Seria algo así como darles un parque de diversión con todo pago.

No era un secreto que los gnomos del jardín de los Weasley eran temibles.

No tuvo mucho tiempo para cuestionar lo que estaba pasando, los gritos de dolor que escapaban de sus labios y el dolor no le dejaban campo para mucho mas. Las palabras del anciano le sonaban como una señal mal sintonizada.

Pero entendió lo suficiente para saber que su bebe estaba en peligro. ¡No!

¡Merlín! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué quitarle lo único que tenia?!

¿No era suficiente?

Alguien tomo su mano, Isabela. En algún momento una camilla apareció junto a su cama, al mismo nivel.

El anciano daba órdenes a un par de asistentes que Draco no supo de donde salieron. Era demasiado y quería que parase, se comparaba en cierta manera a cuando su herencia mágica despertó. Era similar.

Solo que en esa ocasión pensó que moriría solo. Ahora, en una habitación con tres personas trabajando fervientemente para salvarlo y la mejor amiga que pudiese pedir a su lado, Draco Malfoy estaba listo para morir. ¿Algún arrepentimiento? Que su hijo no viviría para abrir sus ojos al mundo, pero a donde quiera que fuesen, Draco cuidaría muy bien de el.

Su tesoro. Scorpius.

Porque seria un niño, lo sentía, y su magia le decía eso y más.

Alguien tomo su cara, con firmeza pero sin lastimarle. Era el anciano.

_ Escúchame bien joven, nadie muere en mi consulta. Y necesito que uses toda esa terquedad de la que tanto presumen ustedes los Malfoy, para mantenerte con vida y cuidar a ese bebe. ¿Esta claro?

De poder asentir, lo hubiese hecho solo para librarse de la intensidad de esa mirada cargada de reproche. ¿Era tan fácil de leer?

Isabela apretó su mano fuertemente, como para reasegurar las palabras del hombre.

Sintiendo un pinchazo en su brazo, Draco sintió como el mundo se le hacia borroso en los bordes y la consciencia se deslizaba de su agarre.

En la chimenea de la mansión Malfoy, en medio de muchos retratos familiares, colgaba una foto que estaba casi al centro. Con un marco de madera tallada que estaba decorado en detalles de plata. Era austero en comparación a lo que le rodeaba pero Narcisa lo conservaba con especial cariño.

En la foto, Isabela y Draco estaban sentados en el jardín de una hermosa casa de campo. Ella sonreía a la cámara con una mano posada en su vientre que apenas y sobresalía entre la tunica, y Draco tomaba su mano con firmeza. Con la mano libre sujetaba un bastón. Isabela se veía radiante y Draco algo enfermizo.

Al verla a Narcisa se le formaba una sonrisa, la primera foto de su nieto.

El embarazo de Isabela fue sorpresivo, y que al parecer fuese Draco quien experimentase todos los síntomas fue algo inusual, y que causo entretenimiento en la mansión Malfoy.

A menudo, Narcisa solía bromear con su nuera, diciéndole que era una mujer afortunada y que hubiese deseado que su propio embarazo fuese de esa manera. ¡Seria tan divertido ver a Lucius con antojos y nauseas! Con lo estoico que era su esposo, Narcisa nunca le hubiese dejado vivir luego de eso.

Estaba en los Black el tener un sentido del humor retorcido.

Y ella era, Narcisa Malfoy Black.