Ha pasado mucho tiempo, ¡demasiado! Incluso para mis estándares.

Me disculpo con todos ustedes, y espero que lo disfruten.

CBD

Hacía mucho frio, y todo estaba tan oscuro… ¿Qué clase de lugar es este? A todas estas… ¿Cómo llegue aquí? Se siente como si estuviese en el fondo de alguna especie de lago, podía decirlo porque reconocía la sensación, de hecho le recordaba a esas noches en las que salía a nadar a las afueras del Bosque Prohibido, o cuando tomaba un baño luego de jugar Quidditch.

Por alguna razón su mente estaba difusa, no podía decir si estaba durmiendo o no, estaba tan débil… se preguntaba entonces como es que la consciencia le regresaba por momentos. Recordaba vagamente una cueva, unos ojos verdes que por alguna razón no estaban del todo bien "No son los que quiero ver"- pensó, muy a su pesar, sin saber a ciencia cierta porque.

Los ojos que llamaba con el pensamiento eran de un verde más intenso, estos eran una burda imitación de esos ojos que brillaban con el verde de la Avada Kedavra, tan letal como intrigantes, esos ojos pertenecían a una persona que no podía recordar claramente. Esa persona, era importante y solo contemplar sus ojos, aunque fuese un recuerdo, le lastimaba profundamente.

Scorpius no sabía cuando tiempo llevaba sentado en el alfeizar de la ventana, le gustaba la vista que tenia hacia el jardín trasero desde su habitación, la que solía ser de su padre.

Emma estaba aquí y era genial que pudiesen pasar las vacaciones juntos, pero… el vacio en el medio de su pecho pese a aligerarse en compañía de sus amigos no dejaba de ser terriblemente doloroso, solo pensar en su padre, en todo lo que estaba pasando. Eso era suficiente para que cualquiera colapsara ¿verdad?

Por más que pensaba en ello, no podía entender a su padre… es decir… ¿Cómo puedo no odiarlos?- pensaba el heredero Malfoy.

La gente no dejaba de hablar mal de su familia, desear la muerte de su padre y su abuelo, insultar a su madre y su abuela, dirigirles miradas de desprecio si se atrevían siquiera a asomar la cabeza al callejón Diagon, demonios, ya no se molestaban en ello. Los elfos domésticos hacían las compras y todo lo que ellos no pudiesen proveer era encargado por correo. Querían evitarse el mal rato.

De hecho, se convirtieron en alguna especie de ermitaños, los Malfoy más que cualquier otra familia, era irónico lo corta que era la memoria de toda esa gente, lo diminuto que eran sus cerebros- pensó el rubio en venganza.

Su abuela, Narcisa Malfoy Black salvo la vida de Harry Potter cuando este estuvo en su momento más débil ante Voldemort, su padre se negó a delatar a Potter y sus amigos cuando fueron capturados durante la guerra, y no hay que olvidar ese momento en que Albus Dumbledore estuvo desarmado ante él y no le hizo daño alguno. ¡Pero claro! ¡Solo se enfocaban en lo malo!

Y después de la guerra… todo el dinero y el tiempo que su padre invirtió… si esa gente supiera que cada vez que ponían un pie en los locales del callejón Diagon estaban disfrutando de una parte considerable de su fortuna familiar, su padre y muchas familias sangre pura pagaron la reconstrucción por los daños en la guerra. Si esos malditos supieran que cada vez que iban a San Mungo y los atendían, se debía a la inversión de su padre en los equipos y el personal, que cada ley nueva que promovía la igualdad entre los magos fuese cual fuese su descendencia, conto con el voto de su padre. Que aquellos que quedaron sin nada en la guerra, comían y tenían un techo sobre su cabeza gracias al infame Draco Malfoy al que todos querían ver muerto. Ese que mantenía en secreto todo el trabajo que hacía por una comunidad que lo despreciaba y lo maldecía todos los días. Era tan injusto…

Y lo peor de todo, su padre lo sabía y aun así seguía haciendo su mejor esfuerzo, sin odiarlos, y pidiendo a su familia que hiciera lo mismo.

Scorpius Malfoy quería mucho a su padre, lo respetaba y admiraba. Pero… lo único que no podía hacer era obedecer esa petición, si fuese por él, la comunidad mágica de Gran Bretaña podía ir y quemarse en el infierno por todo lo que daba.

Pero… aun en medio de este infierno hay cosas buenas… no podría irme y dejar atrás a Albus y Emma.

Por eso, cuando lo invadía el odio, recordaba a sus amigos. Y pese a que todo seguía bajo la superficie y solo esperando el momento en que pudiese emerger, recordar a sus amigos lo mantenía en su centro… por ahora.

Scorpius Malfoy se juro a sí mismo, que si esto no cambiaba, si seguían odiando a los Malfoy por el simple gusto de hacerlo… los haría pagar.

_ ¡Scorpius Malfoy! ¡Sal de ahí en este mismo instante!- Emma sonaba furiosa del otro lado de la puerta, y no queriendo enfrentar a su amiga cuando estaba furiosa, el rubio se apresuro a obedecer.

Del otro lado, Emma tenía una bata de seda color crema que hacia juego con su camisón y sus zapatillas.

_ Tú y ese hábito de ver al espacio por horas ¡Es tarde y sigues con las túnicas de Hogwarts! Qué remedio, iba a escribirle a Albus y quería que me acompañaras, sin ofensa cariño pero me tardaría semanas en encontrar la lechuceria en este sitio.- muy a su pesar Scorpius se encontró conteniendo la risa, Emma siempre se las arreglaba para hacer reír a la gente sin proponérselo.

_ Vale, entra. Puedes escribir la carta en mi escritorio y luego te acompaño a enviarla.- repuso Scorpius, haciéndose a un lado para dejarla pasar. Dando miradas a los lados en el pasillo, sería una catástrofe si su abuela llegase a ver aquello.

_ Tranquilo, mi madre tiene completamente distraída a la Sra. Cyssa- repuso Emma con una sonrisa, sentándose en su escritorio como si ella fuese la dueña y comenzando su carta, Scorpius se sentó en el alfeizar de la ventana, enfrentándola directamente.

_ ¿Hay algo que le quieras decir a Al?- inquirió ella, al cabo de un rato.

_ De hecho, si- repuso Scorpius- Dile que si Weasley y el idiota de su hermano le dan problemas, que siempre hay refuerzos.

_ Puedes apostarlo- dijo Emma, con un brillo hostil en sus ojos al pensar en los dos Gryffindors.

No era para menos, el nuevo Weasel y su "Niño Dorado" eran una compañía desagradable para cualquier Slytherin, si en algo estaban de acuerdo todos los miembros de la casa era en eso. Con todo y sus diferencias, eran unidos cuando se trataba de poner en su sitio a los de la casa de los leones.

_ Es raro, que no tengamos noticias de Al en todo este tiempo, y después de lo de hoy apuesto que hay problemas. ¡Demonios, esto va a salir en El Profeta mañana!

_ Debe ser que su padre está ocupado, su madre jamás lo dejara pisar esta casa sino hay una intervención activa de su padre.

Emma bufo, cruzándose de brazos, la carta quedo momentáneamente olvidada.

_ ¡Francamente, esa…!- al parecer Emma no encontraba una palabra adecuada para dirigirla a la mama de Albus, la misma que pese a todos los años de amistad que tenían, solo habían visto de pasada en la estación, siempre a distancia.- Mama dice que cambiaba de novio como cambiar de atuendo, ¡no entiendo como El Salvador se caso con ella!

_ Hay cosas que nunca sabremos con certeza Emma.- intentaba aplacar Scorpius- Piénsalo de esta manera, de no haberlo hecho, Albus no estaría con nosotros.

_ Al menos sirvió para algo, no puedo decir nada malo de Lily, menos de Albus y su papa, pero todos los demás en esa… familia, son repugnantes- aquello lo dijo como si fuese una verdad universal, con su cara alzada al aire en su gesto de costumbre, cuando algo le molestaba.

_ ¿Terminaste de escribir? A mi abuelo no le gusta que vaguen por los pasillos después de la medianoche, algo sobre el fantasma de algún tío loco que gritara hasta despertar a media mansión si es que se cruza con alguien.- repuso Scorpius, revisando su reloj.

Emma soltó una risita y se apresuro a continuar.

_ Cualquiera diría que esa clase de cosas no suceden en la noble casa de los Malfoy- repuso, con una sonrisa burlona.

_ ¡Oh vamos! ¡El pobre hombre estaba asustado hasta de su sombra cuando estaba con vida! Nadie tiene el corazón de echarlo de aquí, esta fue su casa.- trato de defender Scorpius, manteniendo la risa fuera de su voz. ¡Los Malfoy no se ríen de sus ancestros!

_ ¿Estás seguro que es un Malfoy? Ya sabes, con esa fama que tienen de ser fríos como el hielo, me cuesta imaginar a uno que este asustado de algo… ¿Era adoptado?

_ ¡Emma!- dijo Scorpius con falso reproche, la única forma de saber lo mucho que le divertía aquello era viendo la sonrisa burlona en sus labios.

_ Deja, ya voy terminando- dijo ella, haciéndose la desentendida. Estando de espaldas a Scorpius, el rubio no podía ver su expresión satisfecha. Al menos conseguía hacer reír a su amigo en medio de estas circunstancias.

Más vale que llegues rápido, Albus Potter-pensó la rubia, con claras intenciones de matar a cierto moreno si no se aparecía pronto.

No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba peinando los bosques que rodeaban la aldea en busca de firmas mágicas, alguna barrera o cualquier indicio de algo sospechoso, pero fuera del desastre que se encontraron al llegar, todo parecía normal y quien quiera que cause todo el caos parecía haberse desvanecido de la faz de la tierra. Si había algo que podía describir a Harry Potter ahora mismo, eso era la frustración.

Desde que le asignaron este caso, todo se hizo aun más confuso. Una montaña rusa. Si algo odiaba, era no tener el control y ahora estaba perdido.

No sabía prácticamente nada de su objetivo. Había dos versiones de Draco Malfoy, ambas completamente distintas. La primera, la que toda la gente creía. Y la que hasta hace poco el también sostenía ciegamente; y la otra que era la que todos los que son cercanos al rubio, defendían. Y la evidencia estaba allí para respaldar la segunda versión, el pelinegro tenía un severo conflicto mental con todo el asunto. Todo lo que le decían sus máximas de experiencia de Draco Malfoy eran cosas negativas.

En medio de todo este caos, no tenía el tiempo de hacer una apreciación objetiva. Sin embargo no negaba la imperiosa necesidad de encontrar al rubio. En estos tiempos post-guerra, si al menos la mitad de las personas tuviesen la actitud de Draco Malfoy, muchas cosas estarían mejor. ¡Oh vamos! El mundo mágico estaría de maravillas si ese fuera el caso, mucho más avance hubiese sido hecho en curar los males de la guerra.

Fue Malfoy quien organizo el SMA, no como una reunión de elitistas, sino de inversionistas, gente que utilizaba su dinero para reconstruir lo que Voldemort y los incompetentes en el Ministerio destruyeron.

Que una persona tan clave fuese tan despreciada por la opinión pública era lamentable y una vez más demostraba un viejo dicho: no hay peor ciego que aquel que no desea ver. La gente no admitiría que Draco Malfoy era una buena persona, ni aun con todas las pruebas de sus años de trabajo a su disposición.

Obviamente alguien estaba obstruyendo su investigación, y Harry empezaba a pensar que esa persona contaba con una colaboración activa por los empleados del Ministerio en zonas claves.

Ron quedo en la aldea controlando lo que obviamente alcanzaría al ejemplar del Profeta del día siguiente, si es que los reporteros de ahora se tomaban en serio su trabajo de mantener informada a la gente. Solo esperaba que quien redactase el artículo no fuese alguien que siguiera los pasos de Rita Skeeter, lo último que necesitaba era un ataque de pánico sobre una "redada de mortifagos".

En realidad Harry no envidiaba la posición de su amigo como el agente "oficial" asignado al caso, estando en las sombras era mucho más sencillo trabajar, sin tener que cumplir con burocracia y trabas absurdas. Podía dedicarse a lo que contaba sin que nadie interviniera pero eso a su vez traía la consecuencia que de ser atrapado haciendo lo que hacía, enfrentaría consecuencias.

Para alguien en la posición en que Harry se encontraba ahora, no había nada que perder. Ginny lo había dejado y con eso su vida personal se fue a pique, su carrera en el Ministerio de Magia no fue más que un montón de mentiras y una ilusión de "ser útil" cuando en realidad era una figura mero decorativa que servía para afianzar a un gobierno débil que no hacia lo que debería. Su único logro eran sus hijos e incluso eso estaba siendo afectado. La relación de James y Albus era un asco, si es que a aquello se lo podía llamar de esa forma, Lily estaba en el medio de todo y seguramente debía sentirse sola, dividida.

Y lo peor de todo, Harry no tenía idea como arreglarlo. ¿Sobrevivir a la única maldición "infalible"? Perfecto, ¿Derrotar a un ególatra asesino? Sin problemas. ¿Realizar misiones que nadie más quería? Hecho.

Ahora, ¿Hacer feliz a su esposa? Bueno, cuando le firmo el divorcio, Ginny parecía feliz.

¿Mantener a su familia unida? Un fracaso.

Y ahora, divagar en medio de lo que se suponía era una misión importante que el mismo se impuso a los fines de hacer algo verdaderamente útil para la sociedad.

¡Bien hecho, Harry! ¡Vaya número que estaba haciendo!

Seguramente Skeeter ya estaría trabajando en un libro que sería tan "bueno"
como el que hizo sobre Dumbledore.

Dejando de lado los pensamientos inútiles, Harry se concentro en sus alrededores. Encontraría a Draco Malfoy si estaba en esta zona, y de ser posible, ese mismo día.

Ginny contemplaba la luna desde la que era su habitación en la Madriguera desde que pudo recordar, jamás se imagino estar de regreso allí luego de haberse casado con Harry, pero si una cosa había aprendido es que las cosas no siempre salen de acuerdo al plan.

Ella se pinto un castillo en la cabeza, un mundo de sueños en el que Harry cumpliría todos y cada uno de sus deseos, solo para aterrizar rudamente cuando se dio cuenta que en realidad sus intereses eran muy distintos. Y que la naturaleza indomable de Harry no encajaba para nada con la visión hogareña de Ginny.

¿Qué mujer querría que su marido arriesgase la vida todos los días? ¡Ninguna!

Y menos en los términos en que Harry lo hacía, las misiones que nadie quería hacer. Que otros aurores dejaban de lado porque valoraban sus vidas. ¡Harry las tomaba!

En muchas de ellas, Ron no lo acompaño. Claro que no, no le haría eso a Hermione.

Entonces, ¿Por qué Ginny era distinta?

¡¿Por qué Harry no le tenía la misma consideración?!

Con los años, ese sentimiento dio paso a uno que ella no quería nombrar, convenciéndose de que desaparecería si no lo tomaba en cuenta y lo empujaba al fondo de su mente, como cuando en una obra se cierra el telón entre actos. Pensó que ocultando sus resentimientos en el fondo de su mente, todo se resolvería como por arte de magia. Pero Harry nunca cambio.

Harry era una fuerza indomable de la naturaleza que nadie podía contener. O bien ibas con la corriente o te resignabas a que ella haría lo que se le antojase al final.

En el mundo fantástico que Ginny quería vivir, eso no encajaba. Y ahora que todo se termino, que las cosas no parecían mejorar con su decisión final. No sabía que mas hacer.

Sus hijos se odiaban entre ellos, Lily comenzaba a distanciarse de ella, a cuestionarla. Albus se había alejado desde que quedo en Slytherin y James…

Sobra decir que no tenía la menor idea de cómo manejar la situación, confiando en las tácticas de su madre para de alguna manera mantenerlo todo a flote, ahora los chicos estaban en la habitación arriba de la suya, y en la habitación de Fred y George se quedaba Lily.

El silencio de la noche, con suerte le permitiría escuchar si es que una discusión se desarrollaba en el piso de arriba. Harry no podía ser localizado (como siempre) y Albus no quería quedarse allí a pasar las vacaciones, ¿A dónde quería ir? ¡A Malfoy Manor, por supuesto!

Quizá, que Harry no apareciese era algo bueno, porque sin duda alguna el ex – auror se pondría del lado de su hijo rebelde, accediendo a que se fuese con los Malfoy y eso no lo toleraría.

Ese era otro asunto que la tenía muy malhumorada, años detrás de Harry para que renunciase al Ministerio y le dedicase más tiempo a la familia, para que el moreno lo hiciese por Draco Malfoy, ¡Por Merlín!

Si no supiera mejor diría que hay algo entre ellos… pero, era imposible ¿verdad? Una relación entre esos dos solo sería posible si el infierno fuese a congelarse. Sería el día que Merlín y Morgana volviesen a caminar la tierra que esos dos se enredarían.

¡Se odiaban en la escuela!

Ginny tenía muchas cosas en la agenda: Mantener a sus hijos unidos, averiguar cuál era el interés de Harry en Draco Malfoy, pero sobre todo, poner fin a la amistad de su hijo con Scorpius Malfoy.

Albus dio una mirada a la puerta, no hacía falta ser un genio para saber que estaba cerrada con llave, y de no ser ese el caso, bajar las escaleras de la Madriguera y abandonar la residencia sin ser detectado seria cercano a imposible, las escaleras eran viejas y estaban en mal estado. Cada vez que alguien las utilizaba, alertaba a toda la casa.

La única otra opción era salir por el tejado, con su baúl encogido, volar con su escoba hasta los límites de las barreras mágicas de la casa y luego desaparecer. Ese sería su pasaje directo a Malfoy Manor, o al menos a la aldea cercana, podría llegar a casa de Emma y luego hacer camino a la casa Malfoy. La seguridad en la casa de Scorpius estaba redoblada luego del secuestro de sus padres y no cualquiera podía acceder.

Era más que probable que pusiese en práctica el segundo plan, una vez que James saliera del techo y estuviese dormido, así no podría ser una molestia. Allí donde estaba, Albus rebosaba de rabia. Que su madre y su abuela hubiesen ganado por lo menos esa noche, lo llenaba de frustración. Era como haber perdido sin tener la oportunidad de pelear, su único consuelo era que a la larga, se saldría con la suya.

Su varita estaba escondida en la manga de su camisa, hacía tiempo leyendo un libro, o al menos fingiendo leerlo. En realidad estaba atento a todo, desde cualquier sonido proveniente del pasillo, hasta cualquier movimiento que hiciera su hermano en el techo. De todas las noches en que James podía "apreciar" las estrellas, esta era la peor.

_ ¿Terminaste?- apremio Scorpius desde su posición en la cama, ya faltaban treinta minutos para la media noche y si no se daban prisa no podrían enviar la carta hoy.

_ ¡Ya!- repuso la rubia, dándole una mirada irritada a su compañero hizo un hechizo secante en el pergamino, para enrollar la carta sin ningún remordimiento.

Scorpius guiaba el camino por los corredores de la mansión y Emma a duras penas le mantenía el paso. Conociendo a su amigo, la chica estaba segura que el también quería enviar una carta, pero por supuesto alguien como Scorpius jamás admitiría nada a menos que fuese atrapado infraganti.

_ ¡Eh, Scorp! Enviemos a la lechuza más rápida que tengas, quiero que le llegue hoy si es posible- repuso Emma, jadeante. ¡Vaya que el Malfoy era rápido cuando quería!

_ Esa sería la de mi abuelo, no creo que le importe. Y si lo enviamos seguramente este de regreso antes de que amanezca. ¿Algo importante?

_ Es un secreto de estado- repuso Emma, con su "tono de negocios" una cosa era clara, algo se traían ella y Albus.

_ ¿Tengo que preocuparme?- inquirió el rubio, con una sonrisa de medio lado.

_ Nah, no creo- repuso Emma, palmeándole el hombro apenas alcanzaron la lechuceria.

_ ¡Hermes!- llamo el rubio, y un hermoso búho real bajo y se poso en su brazo, estudiando a su acompañante con la cabeza ladeada.

_ Creo que le agrado- repuso Emma, estudiando al búho casi con la misma intensidad con que el animal la contemplaba.

_ Eso es raro, generalmente es malo con todo el que no sea un Malfoy. Algo brusco, excepto con Albus- repuso Scorpius.

_ ¡Quizá cree que soy una Malfoy!- repuso la chica con una sonrisa socarrona.

Scorpius fingió estudiarla de manera crítica para luego chasquear la lengua y negar con la cabeza.

_ Ser un Malfoy es más que ser rubio, ¿sabes?- bromeo el chico.

Emma se cruzo se brazos y le dio la espalda, siguiéndole el juego.

_ Bah, estoy segura que nadie notaria la diferencia- repuso ella.

Scorpius no le contesto, ocupado como estaba atando su propia carta a una de las patas de Hermes.

_ Dame la carta- pidió el rubio, extendiendo la mano libre a su amiga. Una vez recibido el pergamino, lo ato firmemente junto al suyo.- Buen viaje Hermes.

Y lanzo a la lechuza al cielo nocturno, al mismo tiempo que las campanadas del reloj anunciaban la media noche.

_ Diablos, estamos atrapados aquí- se quejo el rubio, apartándose el cabello del rostro.

Emma se limito a suspirar, sentándose cuidadosamente en el alfeizar de la ventana.

_ Qué remedio.- repuso ella, en voz baja, ponderando que hacer en esta situación.- ¿No podríamos pedirle a un elfo que nos lleve a nuestras habitaciones? Ellos pueden aparecerse dentro de las barreras de la mansión.

_ Si, ellos pueden hacerlo, pero cuando están solos. No pueden entrar o salir de aquí con una persona, y tampoco transportarlas de un ala a la otra- repuso Scorpius con un suspiro.

_ ¿No creen que exageran un poco con la seguridad?- bufo Emma, acomodándose en la porción de suelo menos sucia que pudo encontrar.

_ No, esta mansión es impenetrable en todas las formas, y ahora que tenemos tantos "fans" no podemos arriesgarnos a relajarla. Recibimos toda clase de porquerías en el correo. Aunque algunas cosas son peligrosas. Esas no pasan por la barrera. Tenemos que pensar en cada acción y en su posible resultado. La mansión tiene que ser una fortaleza. Y la realidad es que estamos atrapados en ella.- explico Scorpius, el resentimiento era evidente en su voz.

_ Pues, eso es bastante triste. ¡Amo este lugar! Es una de las mansiones más hermosas. Sería un sueño vivir aquí, pero no así.- dijo Emma, acercándose a su amigo.

_ Bueno, por lo menos el jardín es amplio.- repuso Scorpius, con un suspiro.

_ Si, tienen todo lo que pueden desear aquí adentro.- dijo Emma.

_ Si, amo mi casa- confirmo Scorpius- Seria simplemente genial si pudiéramos llevárnosla a Paris, hasta la última roca. No quiero seguir viviendo en este tiradero de país.

_ Oh cariño- repuso Emma, abrazándolo.- No tienes que hacerle caso a esa gente con pésima actitud. Pero si, yo estando en el lugar de ustedes me largaría de aquí y diría, que se joda Gran Bretaña. Por eso es que respeto a tu padre, pero a la vez me gustaría gritarle que despierte.

_ No le veo el sentido a invertir nuestro dinero en gente que nos odia. Vamos, lo que sea que hayan hecho mi bisabuelo, abuelo y padre, lo han pagado con creces. Ya no tenemos que seguir aguantando esta porquería.

_ Creo que con todo esto, cuando tu padre regrese, quizá esté dispuesto a escucharlos a ti y a tu madre.- animo Emma- Pero hay un pequeño problema.

_ ¿Cuál?- inquirió Scorpius ausentemente, mientras veía el jardín por la ventana.

_ Lo mucho que Al y yo te vamos a extrañar- dijo Emma, sonriéndole.

_ Siempre he dicho que son parte de lo poco que amo en este lugar- repuso Scorpius, devolviéndole la sonrisa.

_ Lamento que las cosas hayan llegado a este punto- dijo la rubia, con tristeza- Pero no es como si pudiera pedirte que te quedes, eso es egoísta. En cierta medida se lo que sientes, en menos escala. También recibimos porquería en el correo, más que todo mama. Con todo eso de que quería entregar al Sr Potter a los mortifagos el día de la batalla final. Pero no me gusta verte así, eres una persona tan gentil, no vale la pena que te conviertas en ellos Al, ellos son porquería que no te llega ni a las platas de los pies, no deberías desperdiciar tu tiempo odiándolos. Les das importancia.

_ No puedo evitarlo- repuso el Malfoy, con un brillo feroz en sus ojos como la plata derretida.

_ Y por eso creo que la opción saludable es que te vayas, por más que nos duela a mí y a Al. Queremos lo mejor para ti- dijo Emma, sin encontrarle la mirada.

_ Créanme, quiero llevármelos conmigo- repuso Scorpius, su voz cargada de tristeza.

_ Lo sé cariño, yo podría irme contigo. Pero no quiero dejar solo a Al.- dijo Emma.

_ No será lo mismo. Pero tengo que irme de aquí. Ya no puedo soportarlo.- repuso Scorpius, su voz algo temblorosa por las lagrimas que invadían sus ojos, esas que en algún punto de la conversación comenzaron a formarse y ahora querían escapar.

_ Ven aquí- dijo Emma, abriendo sus brazos.- Déjalo salir.

Sin hacerse rogar, el rubio abrazo a su amiga, ocultando el rostro en su hombro. Emma no se quejo ni una vez por la humedad en su bata, susurrando alguna que otra cosa para calmar al chico cuando sus sollozos se hacían más violentos, jugando con su cabello rubio platinado a la vez que acariciaba su espalda. ¡Como los odiaba! A todos esos malditos, toda la comunidad mágica de Gran Bretaña, esos que parecían tan felices siendo idiotas.

¿Dónde estás, Al?- pensaba la chica, haciendo su mejor esfuerzo para consolar a su mejor amigo.