Hola a todos, ha pasado mucho tiempo desde la última actualización, debido a una serie de factores. Lo importante es que pese a lo mucho que pueda tardar, sigo trabajando en terminar esta y otras historias.

Este es el inicio de la segunda parte de SMA.


Decir que Hermione Weasley-Granger estaba enojada era subestimar el potencial mortal de su furia, en su escritorio atestado de casos, notas voladoras y archivos de mil y un causas que llevaba en los tribunales, una lechuza muy familiar se abrió paso en el caos dejando caer una carta hace exactamente una hora.

Misma que había pasado contemplando la carta con absoluta incredulidad. ¿En que momento las cosas se habían ido al demonio de esta forma?

No podía dejar que Ron se enterase de esto… de todas las…

Tratando de recobrar la compostura, Hermione guardo la carta de la desgracia en su maletín y salió de la oficina sin dar explicaciones a su perpleja secretaria o a la gente que llenaba a rebosar la sala de espera. Al menos por el día de hoy tendrían que arreglárselas sin ella.

La familia y los amigos eran más importantes.

Era el lugar perfecto. A veces el mejor escondite era el primer lugar en que te buscarían. En Hongsmeade la población era escaza pero con todo el jaleo que armaban los estudiantes de Hogwarts era notado a duras penas. Ser un huésped permanente del Cabeza de Puerco no estaba entre sus planes a largo plazo, el lugar desconocía cualquier concepto de "higiene" Aberforth Dumbledore a duras penas podía encargarse del bar… nada de eso era importante, el plan estaba en marcha y no podían permitirse fallas de ningún tipo; el mundo mágico no sabría que lo golpearía al final de esto. Todo ese montón de basura prejuiciosa e indigna seria barrida del Ministerio y los de sangre pura ocuparían el lugar que les correspondía…

_ De nuevo en tus ensoñaciones me parece, si fuese un enemigo hubiese acabado contigo de mil formas distintas sin que nadie en este hueco se enterase- repuso una voz desdeñosa que le dio escalofríos.

_ Ah, querida, como siempre me recuerdas a tu madre en cada una de nuestras reuniones, ¿Cómo esta la mansión Malfoy? Tengo tiempo que no visito el lugar…

_ Llena de despreciables traidores como imagino que ya debes saber, entre ellos tu juguete. Al cual no vas a poder recuperar con esas barreras en su lugar. No hay nada que pueda deshacerlas.

Un mohín de contrariedad de hizo presente en las facciones del hombre.

_ No entiendo cual es la obsesión malsana que tienes con esa basura- siseo la otra figura con desdén- Es absurdo como hablas del anonimato y a la vez te obsesionas con alguien que podría traer abajo todos nuestros planes.

_ Deberías saber a estas alturas que no renuncio a lo que me pertenece por derecho. Sobra decir que tengo mis razones para querer recuperarle y no deberías cuestionarme…- una varita fue presionada con firmeza contra la garganta del hombre, silenciándolo efectivamente.

_ Mucho cuidado en como me hablas, no confundas por un minuto tu posición con la mía, porque los dos sabemos que si decido abandonarte muchos me seguirán.

_ En la primera guerra no eras sino una mocosa…

_ Nunca olvides quienes fueron mis padres, escoria- gruño la mujer, levantándose de la mesa- No cuentes con mis hombres para tu misión suicida. Si llegas a descubrirnos o arruinar nuestros planes más de lo que ya lo has hecho, yo misma te matare. Y me asegurare de enviarte a Potter en una caja de regalo.

Sin dedicarle otra palabra al hombre, la mujer abandono el lugar tan silenciosamente como había entrado.

Bien, hora de eliminar a Potter. Quizá también a Weasley. No podía permitirse otra falla.

La mansión Malfoy estaba en desarreglo. Un destacamento de aurores había llegado en la mañana, dividiéndose entre los que custodiaban el jardín y otros que custodiaban la casa. Para los Parkinson y los Malfoy era una situación incomoda que traía recuerdos desagradables. La tensión en el grupo era palpable. Por lo menos los funcionarios del Ministerio se limitaban a hacer su trabajo sin desperdiciar el tiempo en malos tratos a quienes ya pagaron con creces sus culpas.

La oficina de aurores no pudo rehusar el llamado de Ron Weasley, menos cuando este les dejo bien en claro que quien realmente necesitaba apoyo era Harry Potter. Incluso en la edición matutina del Profeta salió un artículo que lejos de informar los acontecimientos, especulaba sobre el posible regreso de Harry a la oficina de aurores.

Definitivamente, Ron Weasley no era un campista feliz.

Sin haber dormido nada la noche anterior, con mas casos pendientes de los que podía manejar, teniendo que dirigir una investigación mas en un lugar en el que habían torturado a su esposa… no, mejor cambiar la dirección de sus pensamientos.

Los exámenes de los expertos no arrojaban resultados, la casa estaba limpia. Pero el testimonio de los muy aterrados testigos indicaba todo lo contrario. ¡Testigos entre los que se encontraban sus sobrinos! ¡Tenia que encontrar algo!

Por si eso fuese poco, estaban teniendo dificultades para mantener a los reporteros fuera de la mansión. Entre ellos, Rita Skeeter.

La tentación de llamar a Hermione para que manejase a la mujer estaba haciéndose presente cada vez que Ron debía salir al jardín y escuchaba su estridente voz, chillando preguntas a la velocidad que una metralleta disparaba balas. Pero luego recordaba ese incidente en el que Bellatrix Lestrange la había torturado en el salón de esa misma mansión y se le pasaban las ganas.

Y la punta del iceberg, Harry estaba atrapado en una habitación sellada con una de las barreras mas poderosas que Ron se hubiese encontrado en todos sus años de carrera, sin importar cuantos expertos trataran de abrir esa puerta, el resultado seguía siendo el mismo. Herméticamente sellada.

A Ron podría importarle menos que Malfoy estuviese atrapado allí, solo le interesaba poder sacar a Harry. Lo único remotamente bueno de todo aquel desastre era que al menos los Malfoy y Parkinson se mantenían fuera de su camino, colaboraban en lo que se les pedía y pese a todo el tiempo que llevaban estacionados en la mansión, no se registró ni un incidente.

Ron debió imaginarse que aquello no iba a durar, los reporteros del otro lado de la barrera parecieron volverse locos, sus voces se elevaron una octava por encima de como estaban hasta ahora. Y no era para menos, Hermione se abrió paso entre ellos con su cabello volando en todas direcciones y estaba furiosa.

Preguntándose que es lo que pudo haber hecho para ponerla así, Ron comenzó a hacer un escaneo de los últimos días en casa, aunque no debió haberse preocupado pues Hermione apenas si le dedico un saludo antes de abrirse paso a la mansión… ¿Qué demonios…?

La Madriguera, (dos horas antes)

Hermione llego a la Madriguera aferrando la carta recibida esa mañana en su despacho, en busca de una explicación razonable, en su misiva Ginny le había dicho que Harry se negaba a decirle donde estaban Albus y Lily.

Bien, Ginny estaba paseando la sala como una fiera enjaulada, Molly estaba en la cocina preparándolo todo para el desayuno, Arthur estaba sentado a la mesa leyendo El Profeta.

James no estaba a la vista, pero si debía adivinar, seguramente el chico estaba fuera de la vista de su madre. Chico listo.

_ ¡Hermione! No esperaba que vinieras tan rápido…

_ Necesito una explicación a todo esto.- repuso la castaña cruzada de brazos- Y me gustaría ver la carta que te mando Harry.

Ginny le dio la carta y siguió paseando la sala, murmurando para si. Hermione acepto la tasa de te que le ofrecía Molly, y saludo a Arthur con una sonrisa antes de ponerse a leer la carta.

No le tomo mucho rato determinar que Ginny había reaccionado apresuradamente, mal aconsejada por ese mal genio que era típico de los Weasley

En su carta, a Ginny solo le falto acusar a Harry de secuestro, y estaba ansiosa por empezar acciones legales para revocar su custodia.

Y todo porque Harry le había dicho que estaba demasiado ocupado para llevar a Albus y Lily de regreso en la Madriguera y que los dos estaban con el en la mansión Malfoy.

¿En que momento las cosas llegaron a esto?

Hermione podía decir que Molly no estaba contenta por todo aquello, pero Ginny estaba… lista para sacar sangre al parecer.

_ Molly… ¿estas enfadada con Harry?- inquirió Hermione.

La mujer se seco las manos y ocupo el asiento opuesto al suyo dando un suspiro.

_ Entiendo que Harry es alguien muy ocupado, agradezco que al menos se haya tomado el tiempo de escribirnos para dejarnos saber donde estaban Albus y Lily ¡Pensé que iba a morir cuando supe que escaparon!- repuso Molly.

_ Harry es un buen padre, no creo que dejase a Lily y Albus en la mansión Malfoy si tuviese la mínima razón para pensar que estarían en peligro.- intervino Arthur.

_ ¡Es la mansión Malfoy!- siseo Ginny- ¡No quiero a mis hijos en ese lugar! Ya es suficientemente malo que Albus quiera estar allí… ¡Pero que se haya llevado a Lily! ¡No quiero a mis hijos cerca de esos mortifagos!

_ ¿No crees que exageras, Ginny?- repuso Hermione- Entiendo que no quieras a los chicos en ese lugar, eso no es suficiente para que quieras pelear la custodia con Harry.

La cocina quedo en silencio ante eso…

_ ¡Ginny!- exclamo Molly, llevándose la mano al pecho y dedicándole una mirada de sorpresa a su hija.

_ ¿Qué…?- alcanzo a decir Arthur, el periódico se le fue al piso de la impresión.

Hermione arqueo una ceja.

_ A diferencia de otros, recuerdo perfectamente todo lo que paso, no puedo creer que después de todo lo que han hecho, repentinamente se hayan reformado. Y por más que hayan escapado Azkaban, siempre serán unos mortifagos para mí.- cada palabra estaba cargada de veneno y Hermione la contemplaba sin decir palabra, incapaz de reconocer a Ginny en esa mujer resentida, cargada de prejuicio que se encontraba ante ella.

_ No pienso prestarme para algo así, Harry es mi mejor amigo. Pero dejando eso de lado, ha sido un excelente padre. No tienes base alguna para querer quitarle la custodia, esto solo traería desgracias a la familia. La atención que todo esto traería no le haría bien a los niños. En el mundo mágico las leyes son muy antiguas pese a todo el trabajo que se ha hecho para actualizarlas, y la legislación familiar no es la excepción. La única forma en la que puedes quitarle la custodia a Harry es diciendo que ha violado a uno de sus hijos…

_ ¡No hay que llegar a esos extremos!- interrumpió Molly, mirando de una a la otra.

_ No voy a ceder- repuso Ginny.

_ Bien, no seré yo quien te asista en esta locura. Y espero que esto no empeore las cosas para la familia. Nos vemos luego, Molly, Arthur.

Sin decir otra palabra, Hermione abandono la casa hecha una furia. Debía encontrar a Harry y ponerlo en sobre aviso. Ginny al parecer quería guerra y no iba a detenerse ante nada.

Harry no supo con exactitud cuanto tiempo paso en la habitación, cuando el sanador abandono la habitación pareció que la energía se estabilizaba, sin lugar a dudas aquello provenía de Malfoy, fuera lo que fuese.

Era magia, decidió Harry luego de estudiarla atentamente… solo que de una clase que nunca vio antes. Era una energía que recorría la habitación, parecía estarla escaneando como si fuese inteligente en cierta medida. Magia no dirigida por quien la invocaba, muy similar al tipo de magia de una criatura. Eso solo hacia todo más confuso, Malfoy era humano. ¿O no?

Por alguna razón la magia no lo consideraba como una amenaza, si acaso… parecía estarlo llamando. A cada paso que daba acercándose a Malfoy la energía se envolvía a su alrededor como un abrazo… ¿Qué demonios…?

Todo en sus instintos le decía que se alejase de Malfoy, su entrenamiento en la Academia le preparaba para toda clase de circunstancias, por algún motivo la energía no se sentía amenazadora o despertaba sus sospechas, de cierta forma era agradable. Como lo que sentía cuando estaba en Hogwarts o cuando iba a la Madriguera a pasar el verano.

Se sentía como hogar.

Eso solo aumentaba su confusión. Una voz en su cabeza muy parecida a la de Hermione le instaba a salir de la habitación y no entrar hasta tener claro a que se estaba enfrentando, le repetía que no confiase en las sensaciones que le transmitía.

Pero otra voz, parecida a la de Ron, le decía que tenía que averiguar lo que estaba pasando.

Sin querer arriesgarse a lanzar algún hechizo en la habitación, decidió que su mejor curso de acción era tratar con runas.

Cuando llego al pie de la cama, lo suficientemente cerca para tocar a Malfoy estaba casi sobrecogido con la intensidad de la magia que lo rodeaba, era como un abrazo cálido y a la vez desesperado, como que no quería dejarlo ir bajo ningún concepto.

Decidiendo que no tenía tiempo que perder, Harry trazo las runas necesarias en el dorso de la mano pálida de Malfoy. Ocurrieron dos cosas.

La energía que impregnaba la habitación se asentó en su interior y Malfoy empezó a brillar, un resplandor blanco, cegador que se trago todo a su alrededor.

No entendía que era lo que pasaba, al parecer tampoco lo necesitaba.

Era una sensación imposible de describir, como haber encontrado algo que le faltaba, que lo completaba a un nivel profundo… sentirse completo sin siquiera saber que algo le faltaba, ¿era eso posible?

Eventualmente el brillo cegador comenzó a retroceder, la energía que llenaba la habitación se retrajo, pero la sensación de estar justo en el lugar indicado no abandono a Harry, si acaso se hizo más fuerte. Y por supuesto ese fue el momento en que Draco Malfoy decidió abrir sus ojos.

Hermione hacia todo lo posible por no dejar que su mente se perdiese en recuerdos no placenteros, Ron la puso al día en como estaba la situación. Harry estaba encerrado en una habitación con Draco Malfoy, la noche anterior un intruso había entrado en el lugar…

Todos estaban reunidos en un salón del piso inferior. Los Malfoy y sus invitados. Hermione pronto se encontró escuchando detalles de como fue la noche en la mansión por parte de todos los presentes, aprovecho la ocasión para hacer un sondeo sutil de Albus y Lily.

Albus no iba a regresar a La Madriguera. No había negociación posible allí.

Lily no estaba molesta con nadie, solo huyo en medio de la noche porque no quería dejar solo a su hermano, solo era una adolescente común que quería solucionar los problemas de su familia.

_ Bien, tenemos que deshacernos de los reporteros… ¿El Ministerio enviara a alguien para que de una declaración?- repuso Hermione.

_ No lo creo, la mayoría del personal esta inactivo por la fecha. Nos enviaron de la oficina solo porque se trataba de Harry, no tengo idea de que hacer con los reporteros.- dijo Ron.

_ Yo me encargare de ellos, si eso esta bien para todos los involucrados- repuso Hermione dando una mirada de soslayo a sus anfitriones.

_ Eso seria lo más conveniente, señora Weasley- repuso Narcisa Malfoy desde su posición.

_ Bien- repuso Hermione- Voy a preparar una declaración que todos pueden revisar, si están de acuerdo con el contenido, saldré a entregarla a los reporteros. Ron, luego de eso tenemos que redactar el informe que le entregaras a la oficina de Aurores, Harry no puede aparecer en el.

Se quedaron viéndose el uno al otro. Verde contra gris, por lo que pareció una eternidad aunque fácilmente pudieron ser unos segundos.

_ Potter- saludo Malfoy, con voz ronca.

_ Malfoy- repuso Harry, estudiando al otro con lo que esperaba fuese un disimulado interés.

El rubio estudio sus alrededores con curiosidad.

_ ¿Qué ocurrió?- pregunto Malfoy.

_ Esperaba que pudieras decírmelo. ¿Qué es lo ultimo que recuerdas?- repuso Harry, sentándose cerca de la cama para mantener contacto visual con Malfoy.

_ Isabela y yo teníamos una reunión del SMA en la mansión Parkinson, en algún momento fuimos atacados. Cuando desperté, estábamos en alguna especie de cueva. Recordé que mi anillo familiar es un traslador de emergencia. Se lo di a Isabela y le dije que regresara, tomara a Scorpius y saliese del país. Cuando se dieron cuenta que Isabela ya no estaba, me cambiaron de celda, alternaban en interrogarme o golpearme. De ahí, todo lo demás se hace borroso.

_ Esperaba que pudieses darme mas información. Por ahora creo que lo mejor es que vaya a buscar al sanador.- dijo Harry.

Ni bien Harry toco la puerta, pareció que su mano fue rechazada por un campo de fuerza.

Y detrás se escucho un jadeo.

Malfoy estaba un poco más pálido si es que eso era posible, una de sus manos se presionaba a su pecho, como si sintiera dolor.

Una runa desconocida apareció en la puerta…

_ ¡Harry!- la voz de Hermione se escucho del otro lado de la puerta.

_ Todo bien aquí adentro- respondió Harry- No puedo abrir la puerta.

_ ¡Eres un inconsciente!- repuso Hermione- ¡Debiste haber salido de allí la noche anterior!

_ ¿Todo bien allá afuera?- inquirió Harry.

_ Todos están bien, pero no pueden encontrarse pistas del intruso que encontraste anoche. Y no importa quien trate de abrir esta puerta no hay avances. Llama a un elfo domestico, si ellos pueden entrar en la habitación es posible que encontremos una manera de abrir esa puerta.

Sin perder el tiempo, Harry hizo lo que le pidieron. Un elfo apareció en medio de la habitación.

_ ¡El Amo ha despertado!- chillo la criatura con deleite, haciendo reverencias hasta que su bulbosa nariz casi tocaba el piso.

Cuando la diminuta criatura se tranquilizo lo suficiente, Harry le pregunto si podía aparecerse con una persona dentro de la habitación.

_ ¡Oh no señor! ¡Lils lo siente, pero no puede! Nadie puede aparecer fuera de esta habitación o abrir la puerta. De intentarlo solo lo lastimaría.

Resignado a quedarse en esa habitación por quien sabe cuanto tiempo, Harry le pidió a la criatura que regresara con algo de comida y agua.


Es algo breve, pero estoy de vuelta.

Feliz año a todos (si ya se que es tarde)