Después de lo que parece toda una suerte de eternidad, puedo retomar cierta regularidad con mis historias.
Si a estas alturas siguen esperando una actualización de esta historia u otra que tengo en el sitio ¡Muchas gracias!
Hermione Granger-Weasley era una fuerza a ser reconocida cuando se encontraba acometiendo una nueva empresa o causa justa. Lo sabían todos los que tuvieron la fortuna de coincidir con ella en Hogwarts, aquellos que compartían oficina con ella… por supuesto, también su familia política. Y si algo estaba claro para la familia Weasley, es que Hermione no dejaría pasar el artículo que Lila Turpin público.
De hecho, las apuestas estaban dadas para los posibles escenarios. Pero nadie, ni siquiera los Weasley y sus allegados pudieron prever la colosal tormenta que estallo a partir de todo esto.
Y lo cierto es que Lila Turpin llego a lamentar con lágrimas de sangre la que pensó que sería su pieza magistral.
Ese día, subiendo las escaleras de la nueva sede del Wizengamot, Hermione Granger y Michael Corner hicieron historia, no solo por ser los abogados de las partes enfrentadas en el divorcio más sonado del siglo, sino, porque aun estando enfrentados en un caso se semejantes proporciones. Ambas partes acordaron por unanimidad emprender una demanda como nunca se vio antes, que bien podría significar el final del único periódico en circulación.
Bueno, seguramente ¡Eran malas noticias para El Profeta, pero para El Quisquilloso no podían ser mejores!
En la entrevista en conjunto que concedieron Corner y Granger, solo aceptaron la presencia de reporteros independientes, no se permitió la entrada a ninguno de los que conformaban la nómina de El Profeta. Como un equipo perfectamente conformado, coincidieron en que la encargada de entregar toda la declaración seria Hermione. Y esa fue, directa y contundente.
"Si bien es cierto que actualmente Ginebra Weasley y Harry Potter están atravesando un procedimiento polémico, ambos se encuentran de acuerdo en que el acoso voraz de los medios y los artículos amarillistas no pueden proseguir. Es y ha sido, suficiente. Desde hace mucho tiempo. Pretendemos alcanzar la última instancia".
Por ese lado, las cosas salieron bien. En el castillo, la situación era bastante lúgubre, por no mencionar que tensa.
Harry tenía una cosa bien clara, no podía irse a ningún lado, al menos no sin Malfoy, no quería cargar con la muerte de alguien a sus espaldas.
A medida que se acercaba la hora de la cita en el Caldero Chorreante los ánimos se caldeaban aún más. Todo en su entrenamiento le indicaba que aquello solo podía tratarse de una emboscada, ahora… ¿Cuál era la peor posibilidad? ¿Que fuese la gente de Gaunt o la gente de Riddle?
Si existía la posibilidad que James fuese entregado ileso, Harry sabía que haría cualquier cosa, lo mismo pensaba Ginny y se lo hizo saber a través de Corner. El dilema era… ¿Lo pondrían en una situación en la que tendría que decidir entre Malfoy y James?
Todo estaba prácticamente derrumbado a su alrededor. Y a estas alturas ya no podía decir que aquello fuese solamente una misión más en su carrera, no cuando se involucró tan personalmente en ella.
Cuando el éxito de la misma era algo que le importaba.
Y no estaba en condiciones de ponerse a diseccionar y analizar sus sentimientos, lo cierto, era que tampoco quería hacerlo.
Porque quizá eso significara reconocer cosas que no quería aceptar, aceptar que el mundo como lo conocía quedo atrás. Y en las ruinas que quedaron de lo que una vez fue… no tenia en claro como comenzar.
…
La recuperación en esta ocasión era algo que estaba tomando mucho tiempo, todas las señales estaban para ser reconocidas, ya no podían ser ignoradas. La negación como compañía en años silenciosos de sufrimiento por aquellos que le rodeaban no era una experiencia nueva para Draco, pero era una cruz que quería cargar a solas.
Que esto saliera a la luz y que aquellos a quienes quería proteger se enterasen de ello, después de todos sus esfuerzos… era algo patético. Y triste.
Isabela no necesitaba decirle nada porque sus sentimientos estaban tan claramente escritos en su rostro…
Todo lo que estaba ocurriendo, si bien le gustaría culparlo completamente en Gaunt, también debía asumir su responsabilidad por el abismo en que se encontraba sumido.
Y ahora… cuando finalmente se encontraba en la encrucijada final. En un callejón que bien podría ser el definitivo sin salida… Draco ya conocía la respuesta, porque jamás sería capaz de pedirle a nadie, mucho menos a Potter, a Harry, que decidiera entre su vida y la de su hijo.
Porque si se tratase de Scorpius, Draco ya tenía clara cuál sería su elección.
Ni siquiera debía cuestionársela. Es por ello que no pensaba poner a Harry en la posición en que debiera decidir entre su vida y la de James.
Quedaban unas confesiones de última hora que debía realizar si es que debía esperar lo peor. Y teniendo en cuenta a quien se enfrentaban, eso era lo único que recibirían.
…
El tiempo en sí mismo se convirtió en una tortura para Ginny, cada hora, minuto, segundo que transcurría sin que tuviesen información de James era a su vez, excelentes y nefastas noticias. Si algo le enseño estar casada con un auror por tanto tiempo, era que la posibilidad de encontrar a alguien con vida disminuía conforme pasaran más las horas desde su desaparición.
La que antes fuera su fe ciega en Harry; quedo eclipsada por toda la serie de sentimientos amargos que ahora componían su imagen de quien alguna vez fuera su esposo.
Incapaz de comer, dormir, o siquiera funcionar por si misma… Ginny se encontraba en la Madriguera al cuidado de sus padres. Michael la visitaba bajo la mirada de águila de su madre, o la serena contemplación de su padre. Y ella a duras penas podía salir de su estupor lo suficiente para regalarle un par de palabras.
Su mente era consumida por escenarios, cada cual peor que el anterior en el que se pudiera encontrar su hijo.
Y que Albus no quisiese saber nada de ella, solo ayudaba a que se sintiese peor.
Si bien, sintió cierto grado de satisfacción por cómo estaban marchando las cosas con la demanda contra El Profeta y Lila Turpin… era una satisfacción que no alcanzaba para distraerla más de un par de minutos.
De cierta manera, aquello podía compararse a cuando Harry, Ron y Hermione estaban buscando los horrocruxes, que, en ese caso, no tener noticias. Eran buenas noticias.
Y era ese paralelismo el que prevenía que se volviera completamente loca por la incertidumbre.
El truco era mantener la mente ocupada antes que terminara de deslizarse por el agujero sin retorno.
…
La casa parecía estarse cayendo, James no estaba para ponerse a buscarle sentido, solo quería ponerse a cubierto. Pero en una casa en ruinas, ¿Qué lugar era seguro? La ausencia de su varita le pesaba por primera vez desde que llegara a ese lugar…
Delphini lo dejo sin dar mayores explicaciones cuando la casa empezó a sacudirse… al poco tiempo empezaron los gritos, y un rumor sordo que solo podía indicar que muchas personas estaban corriendo al mismo tiempo. Estaban bajo ataque. La decisión era… ¿quedarse allí o salir corriendo?
Sin una varita no tendría como defenderse de nada. Estaba a merced de la multitud que estaba huyendo, de los atacantes… y de cualquier cosa que pudiera ocurrirle. Pero quedarse donde estaba no era sinónimo de seguridad… las paredes temblaban de tal forma que en cualquier momento alguna colapsaría sobre parte de la habitación, o incluso sobre él.
Podía incluso llegar el momento en que necesitase salir de la habitación y se viese inhabilitado…
Con el corazón a punto de salírsele del pecho, James tomo la decisión cuando la puerta de la habitación se abrió de un bandazo, salió corriendo. Y fue afortunado de haberlo hecho, porque a sus espaldas se escuchó un estrepito tremendo, uno que solo podía hacer algo muy pesado al estrellarse contra el suelo. El pandemónium estaba concentrado en el piso de abajo… el pasillo estaba repleto de humo, alguna parte de la casa debía estarse incendiando. Sus reflejos por jugar Quidditch le sirvieron para esquivar toda suerte de obstáculos en el suelo. E incluso paredes y puertas que colapsaban a su paso.
Estaba claro que había personas combatiendo dentro y fuera de la casa… entre el montón de escombros fue incapaz de divisar una varita extraviada.
Fue cuando finalmente consiguió una escalera en condiciones, que se encontró de frente con lo que estaba ocurriendo… las maldiciones volaban en todas direcciones sin discriminación… Aurores.
Esta gente estaba siendo atacada por aurores. ¡Había niños allí!
Esto parecía más bien una campaña de exterminio.
Y era sin duda alguna el peor lugar para acabar encontrándose sin una varita.
…
Poco a poco, las cosas se iban acomodando, el clima actual era el perfecto para deshacerse del eslabón más débil en la cadena. ¿Qué mejor manera de atacar que en las sombras? Con todo el mundo distraído en busca del hijo de Potter, consumiendo artículos de prensa sobre el divorcio de Potter y Weasley, la más reciente demanda de Weasley y Potter.
Con la atención tan dividida, era el momento perfecto para que aquellos que quieran pasar desapercibidos pudiesen hacer lo que quisieran sin preocuparse por las consecuencias. El clima perfecto.
El enemigo de mi enemigo es mi amigo- pensó sádicamente el hombre que contemplaba el caos desde una distancia segura.
La que antes fuese la mansión de la familia Rowle, era una ruina. Una que estaba ardiendo y derrumbándose sobre sí misma.
Los bandos que combatían en su interior estarían demasiado ocupados exterminándose entre ellos para darse cuenta de los que rodeaban la mansión… y quien sea que saliera de allí, pues… se encontraría con una sorpresa, la última en su vida.
Era un plan muy simple, pero efectivo.
Y lo mejor de todo era que nadie estaba allí para detenerlo. Al final, las cosas finalmente estaban encaminándose. Sus planes estaban cerca a ser materializados.
…
Ponerse de acuerdo sobre quien iría a la cita en el Caldero Chorreante fue algo que pareció tomar una eternidad. Estaba claro que Harry no podía abandonar el castillo sin Draco, y este último se encontraba en malas condiciones. Los únicos que podían acudir eran Ron y Hermione.
Finalmente, se decidió que la varita de James permanecería en el castillo, que Ron sería el encargado de dialogar con quien sea que los haya citado al lugar, y que Hermione lo contemplaría desde la distancia. Harry le facilito la capa a su mejor amiga, les agradeció a ambos (a ella y a Ron) por sus esfuerzos, aunque era patente que se moría por ir con ellos, no hizo comentario alguno.
Por supuesto, no pudieron mantener aquello en secreto de los chicos. Y eso desencadenaría en una situación que lamentarían profundamente unas horas más tarde.
…
Harry a duras penas consiguió ahogar las preguntas de Hermione y Ron, ella se imaginaba al menos parte de lo que estaba ocurriendo, pero Harry no quería compartir más detalles, no era su historia para contar. Sus años de sufrimiento, eso era algo que Malfoy… Draco, debía decidir. Y ya cargaba con suficiente en su plato como para lidiar con un interrogatorio implacable. Ron no era particularmente entrometido, pero si era el tipo de persona que prefería tomar acción. Y eso hacía que su reacción a este tipo de problema fuese todo menos estelar.
La renuencia de Malfoy a ser completamente sincero con sus necesidades era una costumbre que el rubio adopto y practico durante toda su vida, hasta ahora, obviamente no podía esperar que lo cambiase de la noche a la mañana, porque muy posiblemente no sabía cómo vivir de otra manera. Y… era una práctica en la que Harry se vio tristemente reflejado.
Solo quedaba afrontar las consecuencias de sus acciones.
Pero… ¿Cómo?
Esa, era la pregunta del millón de dólares, porque no sabía cómo comenzar.
El susto que le causo a Lily y Albus no hacía sino añadir a la culpa que ya sentía por como sus acciones resultaron en daño para Malfoy, y si las miradas mataran, seguramente Isabela Malfoy lo hubiese asesinado hace un buen rato. (Eso si no fuese necesario para mantener a Draco en buena salud)
Todo en la presente situación estaba diseñado para doblegar a cualquiera, lo único que alivio la tensión en cierto grado fue el momento magistralmente histórico en el que Lily acertó con un Mocomurcielagus a Lucius Malfoy.
Había que conceder que el mayor de los Malfoy lo tomo deportivamente, (y eso era algo que Harry no esperaba) incluso cuando Ron estallaba en ataques espontáneos de risitas luego del incidente, y que declarara ruidosamente lo orgulloso que se encontraba de su sobrina.
…
El silencio en la habitación era pesado, cargado de sensaciones desagradables que Draco no se sentía con energía suficiente para dilucidar… desde que recuperara la conciencia estaba siendo atormentado por un mal presentimiento que no le abandonaba, y lejos de poder concentrarse en eso, estaba siendo acosado por todos los que estaban en busca de respuestas.
Y si era sincero… ni siquiera conseguía las respuestas a sus propias preguntas ¿Cómo contestar las de los demás? Y encima, de una forma que ellos encontrasen satisfactoria. Aquella era ciertamente una imposibilidad. A estas alturas era todo un milagro, un testamento a su voluntad, seguir con vida.
En esa habitación, con su mente inquieta como única compañía constante, ser acosado por ese mal presentimiento no era como Draco quería pasar su día.
Añadir a las preocupaciones de Potter, Harry, no era algo que quisiese hacer, no tenía las mismas reservas con Granger y Weasley, pero el par ya debían estar haciendo preparativos para salir a encontrarse con quien sea que los haya citado en el Caldero Chorreante… y… ¿Qué iba a decirles? Tengo un mal presentimiento, por favor investiguen. Granger querría que le diera algo, lo que fuese, y Weasley… dejando de lado eso.
Las posibilidades eran infinitas. Ese mal presentimiento que no le abandonaba podía ser por cualquier cosa, por Gaunt, por Riddle, por quien sea que los estuviese protegiendo dentro del Ministerio. Pero con el pasar de las horas, la leve inquietud dio paso a una que lo estaba enloqueciendo.
…
Scorpius Malfoy nunca fue alguien enfermizo, jamás. Por ello, su reciente convalecencia no dejaba de presentarse como un enigma molesto, ¿Qué estaba mal con él? Su madre era particularmente esquiva y… su padre estaba aún en peor forma. Su desvanecimiento reciente le granjeo estar prisionero en sus habitaciones. Fuese una situación inaguantable de no ser por la compañía constante de Albus y Emma, incluso la de Lily.
La pelirroja era alguien digno de admirar, porque no todos los días alguien reunía las agallas para lanzarle una maldición a su abuelo. Menos aún, una que diera en el blanco. Toda la situación fue maravillosa y hasta absurda.
Todos ellos estaban inquietos porque era obvio que los mayores estaban ocultando algo. Scorpius no podía participar en los esfuerzos por averiguar de qué se trataba.
_ Nuestros tíos van a alguna parte- confió Lily a Albus- Sin papa. Y todavía no nos dicen que fue lo que paso exactamente. Papa siempre ha tenido muy buena salud. Y… que se enferme al mismo tiempo que el señor Malfoy y Scorpius…
_ Hay muchas cosas que no nos dicen. - compartió Emma- Me conformo con no tener que salir en medio de la noche porque alguien nos esté atacando. Mama nunca volvió a ser la misma desde que empezó todo esto. No va a ninguna parte sin su varita, y antes… bien, nunca recordaba donde la dejaba exactamente.
_ Yo quisiera saber porque tu madre luce como si quiera maldecir a nuestro padre hasta la próxima semana y más allá. - comento Lily.
Scorpius solo acertó a encogerse de hombros. Eso, antes que algo extraño ocurriera.
La habitación a su alrededor, Emma, Lily y Albus, desaparecieron, y se encontró en lo que sin duda eran las ruinas de una mansión. En medio de una pelea en la que flotaban maldiciones de un lado a otro… su primer reflejo fue lanzarse al suelo y cubrirse… pero la gente a su alrededor era incapaz de verlo. Con el corazón latiéndole acelerado, Scorpius no acertaba a entender que hacía en ese sitio. Eso, hasta que sus ojos encontraron a James Potter.
El hermano mayor de Albus estaba herido, cubierto de escombros, mugre y sangre. Pero era una fuerza a ser reconocida en medio del combate, no se guardaba en sus maldiciones. Su oponente no tardo en salir despedido contra una pared.
Pero era obvio que el grupo en el que se encontraba James estaba en desventaja, eran superados en número por los otros… que, a toda vista, eran Aurores. ¿Cómo es que el padre y el tío de Albus no sabían de esto? Y… ¿Por qué los Aurores atacarían a James? No era precisamente un secreto de quien era hijo.
La mansión en ruinas dio paso a lo que parecía un simple terreno. A la distancia, sin embargo. Estaba una mansión en ruinas. Esa debía ser en la que se encontraba James.
La mansión Rowle… mejor dicho, las ruinas de la mansión Rowle.
Entre los árboles, se escondía otro grupo, y Scorpius sabía, que todo aquello que estaba viendo era real. Y… que las intenciones de esta gente no eran buenas.
Antes de detallar quienes eran, Scorpius se encontró despertando de nueva cuenta en su habitación, donde Albus, Lily y Emma le contemplaban con preocupación.
_ ¿Tus tíos ya salieron? - inquirió Scorpius, antes que alguno pudiera interrumpirlo.
_ Creo que si- le respondió Lily- Dijeron que querían llegar antes de la hora fijada en la nota.
_ Bien, no quiero que me interrumpan ¿de acuerdo? Tengo algo que contarles y no tenemos tiempo que perder…
_ Calla- le atajo Emma, saltando de la silla y asegurando la puerta, primero pasando el cerrojo y luego colocando una silla contra el picaporte; ante la mirada incrédula de los otros- ¿Qué? Es seguridad extra. Lo que sea que vayas a decir creo que no es algo que deban escuchar nuestros padres. Al menos, no antes que tengamos toda la información, últimamente nunca nos dicen nada. - añadió, encogiéndose de hombros.
_ Bien, dispara- le incito Lily.
_ Acabo de tener una visión… fue tan extraño como todo lo que paso en Hogwarts con… James. - Scorpius odiaba hablar de ese asunto, por lo que ahora todos les estaban prestando el doble de atención. - Primero vi una mansión en ruinas, hay una batalla. Los aurores del Ministerio, y… James está allí. - los ojos de Lily se ampliaron por la sorpresa y parecía lista para saltar de la silla e irse corriendo quien sabia a donde, Albus frunció el ceño… y Emma.
_ ¿Es una visión del futuro? - interrumpió.
_ No, es algo que está pasando ahora. - dijo Scorpius- Y, si no fuese suficiente con los aurores atacando a la gente en la casa, fuera, en los jardines y escondidos entre los árboles, hay otro grupo.
_ Básicamente, nadie va a salir vivo de allí. - concluyo Albus, al fin, sus ojos verdes se encontraron de lleno con los de Scorpius. Leyendo la respuesta sin necesidad que el rubio la diese en voz alta.
_ ¡Tenemos que decirle a alguien! - exclamo Lily.
_ ¿Si? ¿Nos van a creer? - atajo Emma, emanando sarcasmo.
_ Todos saben que Scorpius no es precisamente… común- defendió Albus- Pero entiendo por dónde vienes- atajo, antes que Emma pudiese interrumpirle.
_ Mientras deciden si creerme o no, o que es lo que deberían hacer… James va a morir. Esos aurores no fueron allí a detener a nadie. Es un exterminio. Las maldiciones están volando en todas direcciones. Y… si por algún milagro de Merlín, sale de la casa ileso; afuera hay otro grupo esperando y esos están tan dispuestos a matar como los aurores.- dijo Scorpius- Y en este momento los únicos que estamos en una posición de apoyar inmediatamente… somos nosotros.
_ Eh… ¿Cómo se supone que le hagamos frente a los aurores y a quienes sea que estén en el patio? Nos van a matar- Emma no se reservaba su escepticismo
Lily le lanzo una mirada mordaz. Hace rato estaba de pie y dando pasos por la habitación, estaba a nada de mesarse el cabello. Albus, pese a que no estaba tan agitado como ella, tenía la varita lista.
_ James… sin importar la historia previa. Es el hermano de Albus. Tenemos que hacer algo, Emma.- repuso Scorpius.
La rubia, cruzada de brazos y con una mirada que podría transformar en piedra, acabo emitiendo un hondo suspiro.
_ Bien, la única forma que tenemos de acelerar un poco las cosas. Es hacer que los adultos tengan una condenada razón para ir hasta allá. Eso, asumiendo que sepan donde es…- empezó Emma.
_ Lo sabrán- interrumpió Scorpius- Padre lo sabrá inmediatamente. Apenas estemos allí.
_ Irán a buscarnos sin detenerse a pensarlo. - concluyo Emma.
_ ¿No se supone que los impulsivos son los Gryffindor? - inquirió Lily, sarcásticamente.
_ Oh, créeme. Si me preguntas a mí, creo que Scorp tiene un muy buen corazón por estar dispuesto a hacer esto. - respondió Emma, ácidamente. - Pero, ya sabes, lo que, si tenemos las serpientes, es lealtad. Así que… manos a la obra, el tiempo apremia.
_ ¿Estarás bien? - le pregunto Albus a Scorpius, ignorando a las chicas. - No tienes que hacer esto. No sería capaz de reprochártelo, ni por un segundo.
_ Vamos- fue la respuesta del rubio- Se nos acaba el tiempo.
…
Sin mucho en que ocupar la mente, Isabela se ocupaba personalmente de preparar los bocadillos y el té de la tarde para los habitantes del castillo (pese a la indignación del decrepito elfo domestico de Potter). Lo que no se esperaba era encontrarse a los chicos, incluido su hijo; saliendo del castillo quien sabia a donde.
Antes de poder siquiera abrir la boca, se encontró atada y silenciada. La bandeja que llevaba quedo levitando y fue posada en una mesa baja del pasillo con un ligero tintineo de la cerámica. Todo fue ejecutado de forma rápida e impecable. Jamás lo vio venir.
Lily la levito hasta la cama, porque Scorpius era incapaz de encontrarle la mirada.
_ Realmente lo lamento, Sra. Malfoy- repuso Lily. - Regresaremos pronto.
Y sin más, la dejaron tendida en la cama de Scorpius, la puerta se cerró suavemente tras la pelirroja.
Paralizada, silenciada y completamente desesperada. Isabela solo podía rogar con todas sus fuerzas que alguien entrara rápido en la habitación. Y que a los chicos no les pasara nada.
Por esto, bien podríamos castigarlos hasta que terminaran Hogwarts.
…
Se sentía como si hubiese transcurrido una vida entera desde la última vez en que se sintió tan estúpido, pero… Harry comprendió, con cierto grado de auto desprecio, que siempre se podía mejorar, incluso en las malas características.
El caos que su desvanecimiento ocasiono no ayudaba a calmar los ánimos ya caldeados del diverso grupo de refugiados en el castillo. Todos estaban con los nervios alterados y su falta de criterio solo sirvió para marcar aún más sus diferencias. Básicamente, estaban divididos entre aquellos que apoyaban que Harry hubiese abandonado el castillo y los que no.
Si las miradas matasen, Isabela Malfoy ya lo hubiese enterrado. Ni hablar de Lucius Malfoy, especialmente después del fiasco con Lily.
Después que Ron y Hermione partieron, pensó que bien podría dedicar el tiempo a avanzar con su investigación paralela, pero no podía concentrarse. El castillo estaba… silencioso.
Era una residencia grande, sí, pero estaba llena de personas. Entre ellas, cuatro adolescentes. Por ello, que estuviese todo tan silencioso no era una buena señal.
Lucius, Narcisa e Isabela no eran grandes conversadores, menos aun con él. Pero… Lily y Albus ya deberían haber pasado al menos una vez.
Fue por ello, que Harry se encontró en la habitación de Albus y Scorpius, porque ese era el lugar donde por lo general, los chicos pasaban la tarde.
La única persona presente en el cuarto era una Isabela Malfoy completamente paralizada, tendida en la cama que horas antes ocupase Scorpius, lo que era la bandeja con la merienda de la tarde estaba en la mesa de noche.
De los chicos, no había rastro.
Maldición.
