Al día siguiente, despertó feliz, por un momento pensó que todo había sido un sueño, pero al ver el brilloso polvo verde que llegaba hasta su ventana, supo que era verdad, la noche anterior había conocido a su "alma gemela". El día marchó normal, desayunó con Leopold y Snow, luego se encerró en su cuarto hasta que el rey entró en busca de ¿"amor"? ¿"cariño"? ¿"placer"?... Como siempre, después de hacerlo, él se marchó feliz, dejando a una Regina lastimada y asqueada.
La cena llegó finalmente, Regina comió lo más rápido posible y se fue a su habitación, el rey ya estaba acostumbrado a los berrinches de la reina, por lo tanto no dijo nada al verla irse. Por otro lado, ella, al llegar a su habitación comenzó a guardar algunas prendas en una pequeña mochila, no era mucho, solo lo esencial.
La hora al fin llegó y como pudo se las ingenió para salir del castillo sin ser vista. Llegó al bar y ahí estaba él, sentado frente a la barra, esperándola. Su mirada se cruzó con esos maravillosos ojos azules y sonrió -Estoy lista- Dijo al llegar hasta él.
Le dio un beso rápido -Bien, no hay tiempo que perder. Hay que irnos.
Robin cargó las cosas de Regina y salieron del lugar, comenzaron a caminar rápido, adentrándose en el bosque, pero sin ningún destino fijo, lo único que importaba en ese momento era alejarse del reino.
...
Pov Regina
Dos meses después...
Las herraduras de los caballos chocaban con fuerza contra el piso, una docena de hombres acompañaban a Leopold en su persecución... Una persecución hacia dos "fugitivos" que traicionaron al Rey: Robin y yo.
Habíamos estado tranquilos estos últimos días, siempre lográbamos ocultarnos de los guardias con bastante tiempo de anticipación; pero esta vez fue diferente, nos encontraron mientras dormíamos, pero afortunadamente nos dimos cuenta antes de que pudieran atraparnos, tomé mi mochila y subimos a nuestro caballo, comenzamos a avanzar lo más rápido que pudimos.
El caballo se estaba cansando, me agarré de Robin y miré hacia atrás. Estaban muy cerca de nosotros, pude notar la penetrante mirada de Leopold fijada en mí -¡Nos van a alcanzar!
-¡Agárrate fuerte! Tomaremos un desvío- Hice lo que él me dijo y recargue mi cabeza en su espalda, cerrando los ojos. De pronto el animal comenzó a correr con más fuerza y sentí un tirón al cambiar de dirección.
Las pisadas detrás de nosotros se desvanecieron, voltee nuevamente hacia atrás, ya no se veían -Creo que los perdimos. Robin asintió, pero aun así seguimos avanzando.
Después de una hora, por fin nos detuvimos. Robin me ayudó a bajar del caballo y me quitó la mochila, sacó una manta y la extendió en el suelo -Listo, duérmete aquí y yo me quedaré cuidando- Dijo, mirándome con aspecto serio.
Me acerque a él y acaricié su mejilla -¿Qué tienes?
Bajó la cabeza -Regina... Yo... No creo que merezcas esta vida. Fuí muy egoísta al proponerte huir. Antes tenías una vida tranquila, siempre estabas segura en el castillo. Pero yo no tengo nada que ofrecerte, desde que estamos juntos hemos estado escapando.
-Eso no importa. Yo quiero estar junto a ti. No necesito joyas, lujos, dinero... Sólo necesito estar contigo para poder ser feliz- Le tomé por el cuello y lo besé.
Tomó mi mano y me miró -Estás segura, Regina? Tal vez aún podemos hacer un acuerdo con el Rey.
-Estoy segura. No quiero volver con él.
-Está bien.
-
4 años después...
Robin estaba afuera con su hija de dos años. Regina se encontraba sentada en una de las sillas del comedor, los veía por la ventana al mismo tiempo que acariciaba su gran estómago de 9 meses.
...
Fue a las 8:15 p.m. cuando la histeria comenzó, su dolor era más fuerte de lo que recordaba, cayó tendida en la cama y Robin fue a ayudarla después de poner a Giselle en su cuna.
Llamó a la partera que vivía a unos cuantos metros de su casa e inmediatamente regresó con ella.
Regina era una mujer muy fuerte, pero el dolor la estaba consumiendo y no paraba de gritar, lo que ocasionó el llanto de la niña; así que Robin tuvo que tomar a la pequeña en brazos y salir del lugar.
Después de 30 largos minutos, la partera salió de la casa y se despidió de Robin, después de decirle que todo estaba bien. Él rápidamente tomó a Giselle y entró de nuevo a la casa. Lo primero que vio, fue a Regina recostada en la cama, rodeada de sábanas manchadas de sangre y con la nueva bebé en brazos.
-Sarah... -Dijo Regina en cuanto Robin estuvo lo suficientemente cerca para escucharla.
La miró confundido -¿Qué?
-Me gusta ese nombre... Tal vez podríamos llamarla así.
Sonrió -Me gusta.
...
Todo era diferente, hace años que no pisaba esas tierras, ya estaba acostumbrada a Wonderland, pero tenía que buscar a Regina, su hija. Quería verificar que era una reina, una buena persona y que supiera manejar su reino.
Comenzó a caminar sin rumbo y encontró un cartel en el que se podía notar claramente la cara de Regina... La estaban buscando por... ¿Traición al Rey?... No podía creerlo, se acercó a un grupo de campesinas que caminaban por ahí y les preguntó por los carteles; ellas le explicaron todo con pocas palabras: La reina escapó del castillo con ayuda de un hada para irse con un ladrón, mejor conocido como Robin Hood.
Después de escuchar aquella información Cora pudo sentir cómo la invadía la furia... Esa chiquilla era una tonta! Había desaprovechado una gran oportunidad sólo por irse con un estúpido ladrón... Pero ya tenía un plan, destruiría a esa polilla y después al ladrón. Pero primero tendría que conseguir información del hada, la haría arrepentirse, suplicar porque la dejara morir...
Comenzó a preguntar en todos los lugares posibles, pero nadie sabía el nombre, lo único que sabían era que el hada azul le había retirado sus alas... Tres noches después, Cora entró a una taberna en busca de información, se sentó en uno de los bancos de la barra y pidió un vaso de agua antes de comenzar a interrogar gente. A un lado de ella había una muchacha rubia, vestida de verde, pero su ropa se veía sucia y desgastada... Cora trató de mirarla a la cara y notó que estaba llorando.
Le puso una mano en el hombro -¿Estás bien querida?
La chica sólo asintió y se limpió las lágrimas.
-A mí no me parece, cuéntame que te pasa.
Finalmente volteó y dijo -Perdí mi trabajo, por hacer algo bueno... ¡Se supone que un hada debe ayudar a la gente y eso fue lo que hice, ayudar! Esto es injusto.
La cara de Cora endureció por completo -Eres... Un hada?
-No- Contestó con la voz frágil –Ya no... El hada azul me quitó mis alas.
-Oh, querida... Eso es una pena- La tenía, la había encontrado sin siquiera darse cuenta -Dime, ¿Tienes dónde dormir?
