-¡Espero que Regina se encargue de ti!- Gritó el hada, enfurecida.
-Creo que es hora de que te calles, polilla. Ya me tienes harta con tu alboroto.
Tinkerbell no paraba de llorar y aún trataba de desencadenarse con intentos débiles. De vez en cuando volteaba a ver a Cora; estaba frente a ella pero le daba la espalda, parecía estar preparando algo, una poción, eso parecía. Sus manos se movían rápido de un lugar a otro mezclando ingredientes.
De pronto Cora terminó lo que estaba haciendo y se giró hacia el hada con un recipiente en sus manos; este contenía una sustancia entre azul y morada que se balanceaba de un lado a otro, mientras Cora daba pasos ligeros hacia donde Tinker se encontraba.
-Bebe esto polilla -Espetó Cora acercándole la pócima.
-No, no lo haré. ¡No lo conseguirás así de fácil, bruja!
-Oh no querida... No me confundas con una bruja, ellas son bastante desagradables. Yo soy una hechicera... Y una Reina.
Tinkerbell la miró con desdén -¡Usted no es más que un mounstro que se preocupó más por su bienestar, que por el de su propia hija!
-Eso es mentira, chiquilla tonta- Respondió Cora sin preocupación -Todo lo que he hecho ha sido por el bien de Regina y su forma de agradecerme fue enviarme a Wonderland...
-¿Wonderland?- Tink la miró incrédula -¿Y cómo es que regreso?
-Bueno digamos que al llegar allá me convertí en Reina... Y bueno, una verdadera Reina tiene aliados por todas partes, así que me tomé la libertad de pedirle ayuda a un conejo blanco. Él me guío para encontrar un portal que me regresó aquí.
-Debiste de haberte quedado...- Apenas terminó de decir la frase, cuando la palma de Cora se estampó rotundamente en su mejilla izquierda, dejando una notable herida.
-Tomate esto ahora, antes de que me hagas enfurecer y termine matándote a sangre fría- Advirtió Cora, acercando nuevamente el frasco.
-¿Y qué es esto? Igual me matará.
-Lo hará querida, eso no lo dudes. Pero morirás con menos dolor.
-Eso no me hace sentir mejor- Dijo Tink, tratando de tomarlo con humor. Tomó el recipiente entre sus manos y comenzó a beberlo, ante la mirada orgullosa de la hechicera.
Al terminar de tomarlo, el hada sintió una punzada en el estómago que comenzó a expandirse rápidamente por todo su cuerpo, su piel se puso pálida y su corazón se aceleró notablemente, podía sentir la sangre caliente por todo su cuerpo, hasta que se convirtió en hemorragia. El líquido rojo salía por su nariz y boca; podía ver a Cora mirándola con una gran sonrisa en el rostro, mientras ella se retorcía del dolor más fuerte que jamás había sentido.
De pronto la presión de las esposas en sus muñecas se esfumó y el hada cayó al piso, inmediatamente intentó levantarse, pero para su desgracia, la pérdida de sangre la estaba dejando sin fuerza. Su mirada se tornó borrosa y entre su débil llanto pidió a la hechicera que le diera una oportunidad a Regina de ser feliz, cosa que Cora negó. Pero antes de poder decir otra cosa, Tinkerbell perdió el pulso y sus ojos perdieron el brillo, de un momento a otro su cuerpo quedó inmóvil, plasmado en el rocoso suelo de la cueva, segundos después se convirtió en polvo de hadas verde, que se esparció por el lugar hasta desaparecer.
...
Después de haberse deshecho del hada, tenía que seguir buscando a su hija. Con un simple movimiento de manos se transportó al bosque, cerca de una humilde cabaña.
...
Pov Regina
Vivíamos feliz y tranquilamente en una cabaña en medio del bosque. Las niñas continuaban creciendo, cada día más hermosas. Giselle ya casi cumplía tres años, Sarah se acercaba apenas al primero. Nuestra vida era bastante buena, sin preocupaciones.
Era de noche, me encontraba cambiando a Giselle de ropa, mientras Robin le cantaba a Sarah, meciéndola de un lado a otro, tratando de dormirla. De pronto escuchamos toquidos apresurados en la puerta, cosa que nos desconcertó debido a la hora, intercambié una mirada con Robin y él se acercó a la puerta con lentitud.
-¿Quién es?- Dijo sin abrir.
No obtuvimos respuesta alguna, así que lo dejamos pasar y seguimos con lo que estábamos haciendo. Unos minutos después, se escuchó un gran trueno y una nube de humo morada apareció en medio del cuarto, justo frente a nosotros.
Era mi madre.
En cuanto la vi, por instinto apreté a mi hija contra mí -¿Qué haces tú aquí?
Ella miró a Robin y se dirigió a mí -¿De verdad, Regina? ¿Por este sucio ladrón dejaste al REY? El REY, Regina.
-Amo a Robin, madre. No al rey- Respondí cortante.
Robin fijó la mirada en ella -Y yo amo a su hija señora, tanto como amo a mis hijas. Ya no soy un ladrón, ahora tengo un trabajo digno.
-Eso no me importa. Siempre seguirás siendo un despreciable ladrón.
Robin se quedó en silencio, con la mirada fija en mi madre, ella finalmente posó su mirada en mí y suspiró -Tendré que reparar todo este desastre.
-¿A qué te refieres?- Apenas terminé de hacer la pregunta cuando mi madre movió ambas manos y mis dos pequeñas aparecieron en sus brazos, Robin y yo estábamos a punto de hacer algo cuando ella nos paralizó.
Entre en pánico, desde pequeña aprendí varios hechizos pero mi madre siempre me superaba en magia y esta vez no era la excepción, logré permanecer feliz durante cuatro años de mi vida y ahora veía a mi madre desaparecer con mis hijas, mientras yo no podía hacer nada.
