Stranger things no me pertenece. Todo este mundo es creado por los hermanos Duffer, yo solo hago este one shot por diversión y sin fines de lucro.
Aprete un poco más a mi cuerpo mis piernas mientras me acomodaba en el pequeño lugar que había adoptado como mío en la cabaña de papá que, ahora se consideraba mi hogar una vez más. O bueno, mío y de los Byers tras todos que hemos vivido juntos, creo que podemos considerarnos ahora una familia.
Papá se encontraba haciendo la cena junto a Joyce mientras que Jonathan y Will no se despegaban del televisor por ver una película mala de terror que no espantaba, pero no dejaban de criticar los efectos diciendo que el terror comenzaba a verse más falso con el tiempo.
Yo estaba con ellos y los chicos -Nancy y Dustin se encontraban aquí tambien, ninguno se encontraba realmente listo para estar solos, y no los culpo. Tampoco yo me encontraba lista-, eso fue hasta que recibí la misma llamada de todas las tardes que no dudaba en responder, y yo la esperaba con ansias en busca de algo que cambiara.
—Aún no ven mejoría...— la respuesta de Lucas siempre me desanimaba por lo que implicaba, él sin falta iba todos los días al hospital para estar un rato con Max quien aun se encontraba en coma después de su regreso a la muerte que sorprendió a todo el pueblo; yo era contadas las veces en que podía verla pues, aun el gobierno me seguia buscando y era demasiado peligroso irme asomando por las calles.— Los doctores dicen que sus brazos comienzan a tener mejoria, lo de su vista no podemos estar seguros pero, no se pierden las esperanzas El.
"No se pierden las esperanzas". A estas alturas, me sorprendía siquiera tener esperanzas.
El clima estaba comenzando a enfriar, pero yo aun no quería entrar a la cabaña; normalmente me deleitaba viendo el paisaje que, poco a poco comenzaba a verse oscuro gracias a esa grieta que había provocado Uno en nuestro mundo.
Yo no podía sentirme más culpable, esto estaba sucediendo porque no estaba lista como lo había dicho pa... El doctor Brenner desde un inicio, sentía que le había fallado a todos: Max, Lucas, Dustin, Steve, Robin, Nancy; me había creído demasiado cuando no lo era.
Si hubiera estado lista, tal vez Max no estaría en coma en un hospital con la probabilidad de nunca despertar; tal vez el amigo de Dustin, Eddie hubiera seguido con vida y se hubiera graduado como él quería; tal vez Hawkins no se hubiera desmantelado y hubiera seguido su vida, una vida normal que yo quería vivir.
Mi divagación de los escenarios posibles que pudieron haber sucedido en mi cabeza fue interrumpida cuando una enorme manta se poso en mis hombros y el peso de otra persona que hacia presente en las tablas algo desgastadas de las escaleras de afuera. No fue difícil reconocer de quien se trataba, no por nada mi corazón latía como loco cada que él se acercaba o estaba cerca de mí.
—No entiendo como te gusta este tipo de climas cuando hace un frio de infierno, El.— la risa se atasco en mi garganta, si había algo que Mike Wheeler detestaba era el frio que comenzaba a hacerse presente en todo Hawkins, y las noches no eran la excepción.
Pero yo las disfrutaba, amaba el aire en mi cara junto a la oscuridad porque quizá había pasado gran parte de mi vida en lugares como este. No lo se, lo que si sabia era que Mike era capaz de soportar esto y más solo para estar conmigo, y eso se me hacia de lo más tierno posible.
—Ya estoy acostumbrada, Mike.— me voltee a verlo sentado de indio sin nada que lo cubriera además de una sudadera. Sabiendo que la manta era suficiente para los dos, me acerque más a él y lo cubrí con la mitad quedando ambos más juntos, así como nos gustaba.— Gracias.
Él no dijo nada pero tampoco era necesario, solo se dedico a abrazarme con un brazo por los hombros mientras yo recargaba mi cabeza en su hombro. La ventaja de que Mike fuera demasiado alto era que nos acoplabamos a la perfección, y podía casi recargarme en él. Tampoco era que Mike se quejara en lo más mínimo.
—¿Estas bien, El?- no me sorprendió para nada su pregunta. En estos últimos meses era lo habitual entre nosotros darnos estos cuestionamientos, y yo trataba en mayor medida no mentirle, sin embargo no siempre era fácil.
—No.— hoy no pude decir "mañana será mejor" o "lo estaré dentro de un rato". No, hoy de verdad me había superado y había rebasado mi nivel de positivismo y esperanza, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para no cuestionarme.
Durante unos minutos el pelinegro no dijo nada, pero su abrazo se había vuelto más fuerte y un beso en mi frente por su parte me hizo entender que solo estaba buscando las palabras correctas para decirme.
A veces me sorprendía de lo mucho que llegamos a leer a una persona después de tanto tiempo estando juntas. Con Mike, estoy segura que él me leía y me entendía de la misma manera en que yo lo hacía; y si, muchas veces tenemos nuestras diferencias pero, ¿que pareja no las tenía?
—Tú eres suficiente, ¿lo sabes, El?
Y ahí estaba lo que yo tanto estaba temiendo, Mike lo había dicho a la primera sin siquiera yo decirlo con palabras. No me di cuenta cuando las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas hasta que la mano del pelinegro las comenzó a apartar con delicadeza y me acariciaba las mejillas en suaves roces.
—Eres y siempre serás suficiente. Esta derrota no es nada para tí, y tú no tuviste la culpa de nada de lo que ocurrió, se que Max hubiera actuado de todos modos aunque tu estuvieras aquí, y Eddie no pudo quedarse de brazos cruzados mientras veía todo el desastre venir.
»Siempre serás suficiente, Eleven.
—Te amo tanto.- después de esa maravillosa confesión que me había dado, y de la cual había sacado fuerzas para luchar, intentaba decírselo hasta que se cansara y se le quedará grabado en la cabeza.— ¿Lo sabes, Mike?
Él solo sonrió, tomando mi mentón para regalarme un beso largo a los que ya estaba acostumbrada. Sus besos siempre eran un calmante que me dejaba con una risa boba cuando terminaban, y yo no podía quedar más satisfecha.
—Lo sé, y yo también te amo El. Nunca lo pongas en duda.
Ya no lo hacía. Estaba completamente segura de que Mike me amaba de la misma forma en que yo a él, y eso nunca iba a cambiar.
