Después de que Giselle perdiera el conocimiento, todo se volvió negro. Minutos después, abrió los ojos, la luz del sol la cegó por unos instantes. Una vez su vista se ajustó a la luz, miró a su alrededor y se dio cuenta de que se encontraba en medio de un bosque.

-¿D-Dónde estoy? y… ¿c-cómo terminé aquí? -murmuró confundida.

De pronto, todos los recuerdos del accidente inundaron su mente, exaltada, se puso de pie y comenzó a mirar frenéticamente hacia los lados. El carro no estaba, y tampoco su hermana. ¿Cuánto tiempo estuvo inconsciente?

-¡Sarah! -gritó - ¡Sarah! ¿Me oyes? ¿Dónde estás?

No hubo respuesta.

Giselle comenzó a correr sin rumbo, esperando poder encontrar a su hermana en alguna parte. ¿Dónde rayos se había metido? ¿Estaría bien? ¿Le habría pasado algo malo? ¿Se la habían llevado? ¿Le habrían hecho algo? Todas estas preguntas corrían por su mente mientras ella seguía corriendo por todos lados gritando desesperadamente el nombre de su hermana.

Buscó y buscó, pero no la encontró por ninguna parte. Entró en pánico. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo la iba a encontrar? A saber qué le pudo haber pasado.

Finalmente decidió que tenía que calmarse, el pánico no la iba a ayudar a encontrar a su hermana. Tenía que calmarse y buscar ayuda en alguna parte.

Cerró los ojos, respiró hondo, contó hasta diez y exhalo. Cuando los volvió a abrir, miró a sus alrededores y por alguna extraña razón tuvo la sensación de que ese bosque, le resultaba familiar.

De pronto, escuchó la risa de una niña detrás de ella, volteó, pero no había nada.

-Debió ser mi imaginación -dijo

Estaba a punto de dar media vuelta e irse cuando de pronto algo captó su atención. A su izquierda, divisó algo que no había visto antes, era una pequeña cabaña. Giselle podría jurar que hacía unos momentos esa cabaña no estaba ahí, pero decidió ignorar el sentimiento y procedió a acercarse, tal vez alguien vivía allí y sabía algo sobre el paradero de su hermana.

Justo cuando estaba a punto de encaminarse hacia la cabaña, volvió a escuchar la misma risa, nuevamente volteó hacia atrás y no había nadie -Que raro… -dijo.

Volvió su vista de nuevo a la cabaña y se sorprendió al ver que la cabaña ya no era lo único que se encontraba ahí. Frente a la cabaña había una niña de aproximadamente 3 años de edad jugando en la hierba, pero no esta no era cualquier niña, era ella misma pero cuando tenía esa edad.

Giselle al principio no entendía muy bien qué estaba pasando pero finalmente cayó en cuenta de que probablemente estaba soñando… más bien, recordando cosas de su infancia y por eso aquel bosque le parecía familiar. Segundos después una figura alta se acercó a su versión más joven, la cargó y la elevó por los aires. Acto seguido salió otra figura con una bebé en brazos, y esa bebé resultaba ser nadie más que su hermana, cuando tenía esa edad claro estaba…

Giselle no acababa de comprender qué era lo que estaba pasando, sí era un sueño y todo pero, ¿Quiénes eran esas dos figuras con ellas? No recordaba mucho de su pasado antes de la señora Áurea… así que la única explicación lógica era… que esas dos figuras eran sus padres, sin embargo sus rostros se mostraban borrosos, pues en efecto Giselle no los recordaba en absoluto, pero podía ver que todos se encontraban felices. No pudo evitar preguntarse, qué habría pasado con ellos, siempre asumió que ellos eran quienes las habían abandonado, pero… y si ese no era el caso? Tal vez nunca lo sabría.

De pronto, todo alrededor de ella comenzó a desvanecerse, el paisaje y el recuerdo desaparecen y Giselle se encuentra una vez más en oscuridad total. Lo único que Giselle podían distinguir eran los lejanos gritos desesperados de una mujer, los cuales no cesaron hasta que de pronto escuchó otra voz que la llamaba. -¡Giselle! ¡Giselle! -volteó a todos lados, pero no pudo encontrar el origen de la voz. ¿Quién le hablaba? -¡Giselle! ¡Despierta!- ahí estaba otra vez… era una voz femenina, se detuvo a escucharla con más atención. -¡Giselle!- era la voz de su hermana. -¿Sarah? -murmuró.

De pronto la oscuridad que la rodeaba comenzó a desvanecerse y poco a poco fue sustituida por una luz brillante. La voz de Sarah se hizo más fuerte cada vez, todo se tornó blanco y Giselle despertó.

...

Giselle abrió lentamente sus ojos y, al hacerlo, lo primero que vio fue el rostro preocupado de su hermana.

Sarah suspiró aliviada y exclamó -¡Gracias a Dios! ¡Estaba muy preocupada! Llevo poco más de 10 minutos intentando despertarte, pero no reaccionabas y no sabía qué hacer.

-Lo siento -murmuró Giselle un poco confusa y desorientada mientras intentaba recordar un poco de lo que hace unos momentos fue un sueño tan vívido y del que ahora solo quedaban simples fragmentos vagos -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

-No estoy muy segura -respondió su hermana -yo también estuve inconsciente un rato pero, por lo que veo no fue mucho tiempo, pues no han pasado más de 30 minutos desde la última vez que chequé la hora.

En ese momento Giselle se percató de que Sarah tenía un ligero corte en la mejilla, producto probablemente de alguno de los vidrios que se estrellaron -¿Estás bien? ¿Te duele algo? -preguntó preocupada.

-No, fuera de este corte estoy bien. ¿Y tú?

Giselle se examinó para ver si tenía alguna herida de gravedad, pero resultó no tener nada más que unos pequeños moretones en los brazos. Ciertamente no fue un accidente muy grave, pero aun así tuvieron suerte de tener heridas menores.

-Bueno… ¿Y ahora qué? -preguntó su hermana.

-Pues… necesitamos revisar el auto, ver si no está averiado y si lo podemos echar a andar -suspiró con pesadez -Pero estoy muy segura de que con ese impacto algo se tuvo que descomponer.

Dicho eso las dos hermanas bajaron del vehículo. Giselle inmediatamente se dispuso a abrir el cofre del auto y comenzar a revisar el motor y esas cosas. Sarah por otro lado comenzó a observar sus alrededores, buscando algo que le resultara familiar o alguna señal que les indicara dónde estaban o sí había alguna ciudad cerca.

Al principio no veía nada más que árboles, hasta que una señal captó su atención y se acercó un poco para alcanzar a leer lo que decía. -Bienvenidos a Storybrooke- murmuró. ¿Storybrooke? Jamás había escuchado de una ciudad que tuviese ese nombre, mucho menos lo había visto en los mapas.

-Oye, Giselle… ¿Alguna vez habías escuchado hablar de esta ciudad?

-¿Cuál ciudad? ¿Dónde estamos según el letrero?

-Storybrooke.

-¿Qué? -preguntó extremadamente confundida - ¿Storybrooke? -su hermana asintió -No… jamás había escuchado ese nombre.

-Qué extraño… -murmuró Sarah. Estaban varadas en una ciudad de la que nunca habían oído hablar ni habían visto en los mapas, no era algo muy alarmante pues hay ciudades tan pequeñas que no son registradas en los mapas pero debido a la situación en la que se encontraban no podía evitar el sentirse un poco inquieta al respecto.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su hermana -¡Demonios! -exclamó.

-¿Qué sucede?

-Sucedió lo que me temía -respondió quejándose -Se descompuso la suspensión.

-¿Y eso quiere decir qué…?

-Significa que no podemos mover el carro así y tampoco es algo que yo pueda arreglar, necesitamos a un mecánico para arreglar esto.

-¿Y cómo vamos a hacer eso si no podemos mover el carro, tampoco podemos dejarlo aquí y no tenemos idea de dónde estamos?

-Tú te vas a quedar aquí cuidando, mientras yo iré a buscar si hay alguien cerca que nos pueda ayudar.

Sarah estaba a punto de protestar cuando escuchó un carro acercándose. Ambas se dieron media vuelta y vieron que era una camioneta, la cual se detuvo a solo unos metros de didstancia de donde ellas se encontraban. Dos personas bajaron del vehículo, una mujer y un hombre, ambos rubios, y comenzaron a acercarse a ellas.

Él fue el primero en hablar -¡Hola! ¿Necesitan ayuda?