-¡Roland! ¡Henry! ¡El desayuno está listo, bajen! - les habló Regina desde el pie de las escaleras.
-¡Ya vamos! - contestaron ambos.
Además de Henry, Roland y Robin también decidieron pasar la noche en la mansión. Mayormente por insistencia del pequeño quien quería pasar más tiempo con su futuro hermano mayor. Robin no puso resistencia alguna tampoco ante la idea de pasar más tiempo con su familia y, sobre todo, más tiempo con Regina.
Dicho ladrón se encontraba terminando de poner los platos en la mesa, acto seguido, se acercó a Regina y la abrazó por detrás.
Esta, se sobresaltó ligeramente, pues no se lo esperaba, pero no tardó en fundirse en su abrazo, recargándose en su pecho y sus brazos.
-Estás muy elegante hoy - le dijo sonriendo -¿A dónde va mi lady tan arreglada?
Ella se rió. Vestía una falda corte lápiz, una camisa blanca y sus característicos tacones y saco negros.
-Tengo que ir a arreglar unos papeles a la oficina - respondió - Y...
-¿Y…?
-... También pienso hacerle una visita a nuestras nuevas visitantes.
Robin arqueó una ceja ante esto último - ¿Por qué?
Regina se debatió un momento si decirle lo que Emma le comentó el día anterior o no.
Al final, optó por no hacerlo, probablemente sonaría muy ridículo y ni ella misma sabía qué era lo que esperaba descubrir con ir a verlas… Pero tampoco iba a mentirle. Decidió contarle la verdad… a medias.
-Mera curiosidad -le respondió. -Me intrigan un poco y… no sé, me gustaría darles la bienvenida en persona.
Robin no parecía del todo convencido, pero no la cuestionó, no sintió que hubiese razones para dudar de ella.
-¿Quieres que vaya contigo? - le sugirió.
-No, está bien. Tu quedate con los muchachos -le aseguró -No tardaré mucho.
-Bueno. Por cierto, pensaba llevarlos al bosque conmigo, mientras hacemos patrullaje, está bien?
-Por su puesto, no hay problema.
Se quedaron ahí, al pie de la escalera, mirándose el uno al otro.
Poco a poco, sus rostros comenzaron a acercarse, hasta que sus labios se fundieron en un dulce beso. El cual terminó siendo muy breve pues, segundos después, fueron interrumpidos por la voz de un pequeño e clamando - ¡Ewww!
Ambos voltearon y se encontraron, a mitad de las escaleras, a un Roland haciendo muecas mientras se tapaba los ojos y a Henry riéndose ligeramente ante la reacción del pequeño. Regina no pudo evitar reír también.
-Entonces… - decidió preguntar el adolescente - ¿Vamos a desayunar o qué?
-¡Claro! - recordó Regina - Vamos.
Roland inmediatamente se echó a correr hasta la mesa, mientras Regina y Henry iban detrás de él. Robin simplemente se quedó contemplando la escena unos instantes antes unirseles y, sonrió para sus adentros.
Dentro de poco tiempo vivirán muchos momentos más como este.
Como una familia.
…
Giselle y Sarah se encontraban desayunando en Granny's. Desde su llegada a Storybrooke la gente a su alrededor no paraba de observarlas y susurrar cosas, pero ellas los ignoraban y actuaban como si nada. Después de todo, no era la primera vez que les pasaba.
-Entonces... - dijo Sarah - ¿Cuál es el plan para hoy?
-Pues, habló hace rato el mecánico - empezó a explicar Giselle con un tono algo preocupado - Y dijo que tenía que conseguir a más tardar la pieza que necesita hoy. Sino, va a tardar más tiempo y, si te soy sincera, con lo que nos vamos a gastar en la reparación y lo que pagamos por una semana, más comidas, no creo que nos alcance para quedarnos más tiempo… -Giselle dejó de hablar en cuanto vio la mirada preocupada de su hermana. No quiso preocuparla más así que decidió desviar un poco la conversación -bueno, no importa. Ya me las arreglaré yo, no debe ser difícil de encontrar -sonrió - Por otro lado, cuáles son tus planes de hoy?
Sarah simplemente la observó por un momento antes de contestar -Pues planeaba ir contigo, pero si dices que irás tú sola, supongo que me quedaré en la habitaci-
-No, no lo harás -interrumpió la mayor y, a continuación, sacó el mapa que David les había dado -Podrías ir a explorar un poco mientras yo me desocupo, no puedes quedarte encerrada todo el día, es más - exclamó, señalando un lugar en el mapa -hay una biblioteca no muy lejos de aquí, podrías ir y distraerte un rato ahí - su hermana estaba a punto de protestar pero Giselle la interrumpió una vez más -Y no, no me digas que tú tienes libros porque aparte de que no son muchos sé que ya los leíste todos.
Sarah suspiró exasperadamente, estaba a punto de contestarle a su hermana cuando una sensación extraña invadió sus sentidos.
...
Mientras Giselle y Sarah conversaban Regina entró al lugar, se acercó al mostrador y pidió un café para llevar. Mientras esperaba observó a las hermanas.
Odiaba admitirlo, pero Emma tenía razón, en cuanto posó su vista sobre ellas tuvo una sensación… extraña, una especie de familiaridad. Aunque no podía identificar exactamente por qué, lo único que sabía era que de algún modo le aterraba, su plan de acercarse a ellas y hablar ya no parecía una idea tan grata. Decidió que lo mejor sería irse y no interactuar con ellas, después de todo, dentro de una semana ya no estarían ahí, pero los planes de Regina casi nunca salen como ella quiere, inmediatamente después Emma entró al lugar.
No era una sorpresa ya que la Sheriff pasaba todas las mañanas por su almuerzo favorito: un sándwich de queso y un café, el cual salió al mismo tiempo que el pedido de Regina.
—Señora Alcaldesa— saludó amable Emma.
Regina tardó unos segundos con la mirada perdida en el café, volteando en ocasiones a mirar a las recién llegadas.
—Señorita Swan— respondió tras ver que Emma no le quitaba la mirada de encima.
—¿Te pasa algo?— preguntó Emma. Nunca la había visto tan distraída y creía saber la razón —Se ve que son buenas personas. No creo que tengan malas intenciones, aunque siento que esconden algo— comentó mirando a las hermanas tomar su almuerzo.
—¿De qué hablas, Swan?— respondió Regina, un poco a la defensiva.
La presencia de las chicas había alterado a Regina y Emma podía notarlo. La forma en que encontraron el pueblo aún era desconocida y nadie había conversado con ellas más de lo necesario. Pensó que lo mejor que podía hacer era presentarlas para que Regina pudiera sacar sus propias conclusiones.
—Las recién llegadas, Giselle y Sarah, al parecer son hermanas. Puedo presentártelas si quieres— comentó Emma. —No soy su amiga, pero al menos ya hemos conversado un poco antes y creo que me puedo acercar a ellas sin problema.
—No es necesario, además tengo cosas que hacer en la oficina— respondió la alcaldesa tomando su café de la barra.
—Regina… creo que deberías conocerlas. Además me ayudaría que hables con ellas para descubrir que las trajo aquí. Me consta que tienes tus formas para hacer hablar a la gente— dijo Emma sonriendo.
Sin importar las negativas de Regina, la insistencia de Emma logró convencerla. Seguía aterrada pero al menos de esa forma tendría un pretexto para acercarse. Después de todo, era la alcaldesa y debía conocer a la gente que vivía en el pueblo y sobre todo a los extraños que llegaban sin razón.
A pesar de las circunstancias, no podía evitar sentir un poco de vergüenza, aunque sabía disimular perfectamente con la imagen de mujer autoritaria que la caracterizaba.
Emma tomó su almuerzo y se aproximó a las hermanas. Vio de lejos que tenían el mapa del pueblo en la mesa y una de ellas señalaba la biblioteca. No quería pensar mal de ellas, pero ¿para qué necesitaban la biblioteca?
Regina también se dio cuenta de ese detalle y las observó intrigada hasta que Emma rompió el silencio.
-Hey chicas, ¿cómo van las cosas?
-Un poco complicadas, pero nada que preocuparse- respondió Giselle aparentando seguridad.
Todo sucedió en pocos minutos que a Regina le parecieron horas. Mientras Giselle le explicaba la situación del auto a Emma, Regina las observaba. No sabía sus intenciones, de dónde venían ni quienes eran, pero mientras las tuvo cerca sintió una mezcla de angustia, curiosidad y algo más que no sabía identificar.
-Ella es Regina Mills- dijo Emma, sacando a la alcaldesa de sus pensamientos.
-Encantadas. Hemos escuchado mucho sobre usted. Soy Giselle y ella es mi hermana Sarah -respondió Giselle mirando a Regina, quien se limitó a menear un poco la cabeza en señal de aprobación.
La presencia de esta mujer provocó una nueva sensación en Sarah, un presentimiento extraño. No sabía porque le parecía familiar, como si la conociera de antes. Eso era imposible, sin embargo, no pudo evitar observarla fijamente mientras la tuvo enfrente, analizando cada detalle de su vestimenta formal. Su estilo no era raro para ella, conoció a muchas mujeres así en el orfanato, aunque ninguna le provocó la misma impresión.
-Tengo que volver, dejé la estación sola- soltó Emma tras un breve silencio incómodo- Suerte con la pieza.
Emma salió de Granny's dejando a Regina paralizada frente a las desconocidas. Aunque ahora ya no eran unas extrañas, conocía sus nombres y tenía la oportunidad de conocerlas un poco más y averiguar porque su presencia la desconcertaba tanto.
-¿Qué las trae a Storybrooke? No es muy común tener visitantes, aunque es un pueblo hermoso- comenzó Regina en su intento por ocultar lo que sentía, con todo el porte y elegancia característicos de ella.
-Estamos de paso solamente- respondió Giselle mirando de reojo a Sarah. Se dio cuenta que su hermana tenía la mirada perdida en la alcaldesa.
Sarah se limitó a presenciar la conversación sin expresión alguna. Escuchó a Giselle contarle una parte de su historia, omitiendo las partes incriminatorias. Sus intenciones de establecerse en un lugar lejano a su ciudad, buscando un nuevo comienzo.
-No tenemos idea de donde, ni que buscamos- confesó Giselle, algo en Regina le daba confianza para contarle eso que no se había atrevido a decir en voz alta.
-Es curioso que llegaran aquí, aunque sea de paso- comentó Regina sin ocultar sus intenciones esta vez -No sé cuáles sean sus planes pero no quiero problemas en mi pueblo-.
-Descuide señora, eso es lo último que queremos causar- respondió Giselle confundida por el cambio repentino de tono.
La atención de Regina volvió al mapa sobre la mesa y el interés por la biblioteca.
-¿Planean algún tour o sólo quieren ver la torre del reloj? Es una de las maravillas de Storybrooke.
-A mi hermana le gusta mucho leer, le sugerí que me esperara allá en lo que encuentro la pieza que le falta al auto- Giselle sonrió a Sarah esperando alguna reacción.
-Seguro Belle, la bibliotecaria, puede orientarte para que encuentres lo que buscas- comentó Regina a la tímida joven.
-Eso la ayudará, gracias- respondió Giselle al ver que Sarah no respondió a nada durante toda la conversación- Es muy amable.
La alcaldesa se despidió de las chicas y salió de la cafetería rumbo a la alcaldía. Se sentía liberada por hablar con ellas pero más intrigada que nunca. Giselle observó a Regina hasta que se alejó, después volteó a ver a su hermana. La encontró aún con la vista en el lugar donde la mujer estaba parada unos segundos antes, perdida en sus pensamientos.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?- preguntó Giselle preocupada por su actitud.
-Sí, no pasa nada, es sólo que… tuve una sensación extraña con ella. No me hagas mucho caso- contestó Sarah, simulando no darle importancia a lo ocurrido.
El par continuó planeando su día y en cuanto terminaron de almorzar, Sarah se dirigió a la biblioteca. Mientras, Giselle emprendió la caminata para encontrar aquello que tanto buscaba, la pieza a una nueva vida.
…
Regina dio un sorbo a su café mientras salía de la cafetería. Emma se encontraba esperándola afuera.
-Viste, no estuvo tan mal ¿o sí?- comentó Emma sonriendo a la alcaldesa.
Regina no contestó, estaba mirando a la nada perdida en sus pensamientos. No podía quitarse esa extraña sensación de encima. No reaccionó hasta que Emma la llamó por segunda vez.
-¿Regina?
-Eh… disculpa, ¿qué?
-¿Te encuentras bien?- contestó Emma delicadamente
-Claro, yo sólo…- respondió aún un poco meditativa- tengo que irme.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a la alcaldía, dejando atrás a una preocupada y confundida Emma.
…
En su camino a la biblioteca, Sarah decidió que sería buena idea vagar un poco por las calles antes de llegar a su destino, después de todo no tenía prisa y, aunque su hermana fue la que la obligó a salir, mentiría si dijera que la ciudad no le daba algo de curiosidad. Storybrooke emanaba una sensación de que en ese lugar nada ni nadie eran lo que parece y, desde que llegaron no lograba sacudirse una extraña sensación de… familiaridad, mucho menos después de su pequeño encuentro con la alcaldesa, imaginó que probablemente su hermana también tenía, aunque fuera un poco, la misma sensación que ella aunque lo externara.
No tardó mucho en toparse con el edificio que estaba buscando, la biblioteca.
Si había algo que Sarah disfrutaba casi más que cualquier otra cosa, era leer. Lucy, aún con sus dificultades, trataba de regalarle un libro cada año en su cumpleaños y en ocasiones extremadamente raras, en Navidad también. Para la chica esos libros eran su tesoro más preciado.
Al entrar, casi de manera inmediata, un leve aroma a libros viejos invadió sus sentidos, un comienzo excelente. Lo primero que vio fueron los diversos estantes que se encontraban llenos de libros, y a una mujer de cabellos cafés que se encontraba acomodando algunos libros en uno de los estantes.
Al escuchar que alguien había entrado al edificio, la mujer se detuvo y dio media vuelta para saludar a quien fuese que acababa de llegar - Oh, hola - sonrió.
-H-Hola… - respondió la joven tímidamente.
La mujer se acercó y la observó, - Tú debes ser una de las chicas que llegaron ayer - comentó - Bienvenida a Storybrooke.
-Gracias… - Al parecer los rumores se esparcen rápido porque ahora todos sabían quiénes eran ella y su hermana, aunque, tiene sentido puesto que Storybrooke es, aparentemente, una ciudad pequeña – meditó Sarah.
-¿Cómo te llamas - preguntó la mujer, acercándose un poco más.
-Sarah… - realmente no tenía un apellido y de nada serviría inventarse uno en ese momento - sólo Sarah.
Eso extrañó un poco a la mujer, pero no hizo ningún comentario al respecto, sólo sonrió - ¿Sarah? Bonito nombre, algo peculiar por aquí - Extendió su mano hacia la chica - Yo soy Belle, mucho gusto.
Se estrecharon la mano, y Sarah no pudo evitar pensar el hecho de que Belle parecía ser una mujer muy amable y además de todo, agradable. Hasta ese momento Belle había sido la única persona que no la hacía sentirse como una extraña o intrusa, a diferencia del resto de la ciudad que no hacía más que observarlas, David y Emma habían sido muy amables con ellas pero, daban la impresión de que buscaban o percibían algo extraño en ellas, por alguna razón.
-Bueno - habló Belle, interrumpiendo sus pensamientos una vez más - Imagino que viniste aquí porque estás buscando algo qué leer ¿no?
Sarah sólo asintió.
¡Perfecto! - exclamó felizmente - Entonces dime ¿qué tipo de libros te gustan?
…
Regina llegó a la oficina y dejó sus cosas en el escritorio, acomodó todo para comenzar a trabajar pero no logró concentrarse, trató con todas sus fuerzas pero era inútil. No podía dejar de analizar lo que acababa de pasar.
Luego de la conversación, logró reprimir todas sus emociones y pudo por fin ver todo de manera objetiva. Las hermanas no presentaban ninguna amenaza, lo que quedaba averiguar era la forma en que habían encontrado el pueblo. ¿Era posible que ellas fueran parte del Bosque Encantado y por eso pudieron encontrar el camino? No sabía qué esperar.
El día anterior le encargó a Emma y David que revisaran los límites en el bosque. David recorrió todo junto a los enanos en busca de algo sospechoso, alguna anomalía que indicara si había algún peligro en la línea de entrada a Storybrooke.
Nada.
Con ésto, Regina se planteó miles de preguntas más que no sabía cómo responder.
Decidió mejor ocupar su mente en el trabajo, tenía algo de papeleo pendiente y era perfecto para ella en ese momento.
No se dio cuenta del paso del tiempo. Después de lo que sintió como 10 minutos, Regina escuchó pasos acercándose a la puerta, un golpe suave y una voz tranquila.
-Hola mamá- saludó Henry con una sonrisa.
-¡Henry! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Robin?
Llevaba una bolsa de papel y un vaso de café. Robin y él la habían visto algo distraída y estaban seguros que no tendría cabeza para comer ese día, por eso decidió dejarle algo para almorzar.
-Te traje algo de comer y por lo que veo no me equivoqué- comentó dejando la comida sobre el escritorio.
Regina se levantó y le dio un abrazo que el joven no rechazó. Estaba preocupado por la conducta de su mamá desde que las extrañas habían llegado.
-Sabes que puedo ayudarte en lo que necesites, no debes estar preocupada. Hemos enfrentado cosas peores- dijo Henry intentando animar a su mamá.
-Lo sé, estoy bien- contestó Regina mirando a su niño con dulzura.
Después de asegurarse que comería pronto, Henry se despidió y se dirigió al bosque para encontrarse con Robin y Roland de nuevo.
Regina volvió al trabajo ahora con la mente un poco más tranquila, estaba segura que sin importar lo que pasara, siempre tendría a su familia con ella.
