-Okay, oficialmente ya terminé de aprender y dominar todas las runas que hay ahí -dijo Sarah orgullosamente, señalando el libro que Regina sostenía en sus manos. -¿Ahora qué sigue?
Ya habían transcurrido dos semanas desde el incidente en el bosque, desde aquel día Sarah y Regina se habían dedicado a practicar y entrenar su magia cuando la chica salía de la escuela, que coincidía con la hora en la que Regina normalmente salía de la oficina. Todo con el propósito de evaluar qué tan estable era su poder y comenzar a estudiar las bases para que pudiese comenzar a cultivarlo. Regina decidió comenzar con aquellos ejercicios que alguna vez intentó enseñarle a Emma, cuando necesitaban que su magia despertara para poder vencer a Zelena, que en su mayoría consistían en aprender hechizos básicos para conjurar elementos como luz, fuego, agua, etc.
Una vez comenzado el entrenamiento y ya estando seguros sobre el control de Sarah y, a su vez, descartando que Giselle poseyese las mismas habilidades que su hermana, al igual que la última vez, le contó todo lo sucedido a Emma, Snow y Belle en una de las reuniones que tuvieron en su casa para seguir ayudándole con cosas de la boda.
-Entonces fue por eso que lograron entrar a Storybrooke… - concluyó Emma.
-Es la única explicación lógica - dijo Regina.
-¿Y estás segura de que no se saldrá de control? - preguntó la rubia - Ya sabes, como yo al principio.
Snow se tensó un poco ante el comentario. Aún se sentía un poco culpable por el incidente con Emma cuando Elsa estuvo en la ciudad.
Regina notó esto pero no dijo nada -Sí, estoy segura. Sarah parece ser algo insegura, pero no al grado de estar emocionalmente inestable y, hasta ahora, ha mostrado un control bastante bueno para ser la primera vez que experimenta con ellos.
-Así que, ¿sólo le estás enseñando para que pueda canalizarlo mejor y conozca las diferentes formas en que los puede utilizar? - preguntó Belle.
-Exacto.
Al igual que la última vez, se encargaron de informarle al resto del grupo cómo había progresado la situación y, de alguna forma y para sorpresa de nadie, todo Storybrooke terminó enterándose. Aunque, el más intrigado de todos era cierto cocodrilo…
-Ahora que lo pienso, ¿cómo es que no lograste sentir magia en ninguna de ellas el día que llegaron? -le preguntó Regina un día a Rumple.
-Tal vez se deba a que no se había manifestado anteriormente su poder -le respondió. - "O tal vez fuese porque su aura es tan similar a la tuya que ni siquiera me percaté que era de alguien diferente" -pensó - lo cual me recuerda…
-¿Reconoces esto de casualidad? -le preguntó sacando de uno de los estantes detrás de él el collar que la más grande de las hermanas había visto cuando recién llegaron a la ciudad.
Regina observó el objeto un momento -No, nunca antes lo había visto. ¿Por qué?
-La más grande, Giselle, lo reconoció la primera vez que nos conocimos. Dijo que le había pertenecido a su madre, pero, dado que la mayoría de las cosas de la tienda vienen del Bosque Encantado pensé que no tenía sentido, que tal vez se habría confundido… hasta ahora, claro. Pero no recuerdo cómo llegó aquí, y me dio la sensación de que tal vez tú sabrías, pero ya veo que no. -terminó, guardándolo una vez más.
-Ya veo… - respondió con tono sospechoso -Pareces algo interesado en ellas, no pretenderás…?
-No - la interrumpió de manera tajante- no tengo intención o interés alguno en "robarme" a tu estudiante, puedes estar tranquila.
-¿Qué hay de Giselle? Dudo que le hayas dado el trabajo desinteresadamente, contigo todo siempre tiene un precio. ¿Seguro que no tramas nada?
-No negaré que, en efecto, me intriga su… situación. Pero la única razón por la que le di el trabajo fue porque ya tenía una deuda conmigo y yo necesitaba un poco de ayuda con la tienda, me gustaría pasar un poco más de tiempo con Belle y Guideon de vez en cuando-
Lo cual no era del todo mentira, pero era obvio que no le iba a revelar todas sus intenciones a Regina, sin mencionar que la única razón por la que quería indagar más en los orígenes de Giselle era nada más ni menos que pura curiosidad, al menos por ahora.
-Te creeré, por ahora -decidió - Pero, recuerda que tengo ojos en todos lados; te estaré vigilando, en caso de que intentes algo.
Rumple sonrió, divertido. Las amenazas de Regina no eran nada nuevo, pero el hecho de que se pusiera tan a la defensiva por unas chicas que apenas conocía le resultaba impresionante y solo le provocaba más curiosidad, las hermanas sólo llevaban 1 mes en la ciudad y ya habían logrado ganarse la confianza la alcaldesa, ¿qué más podría pasar?
Poco sabían ambos que era de alguien más de quien tendrían que preocuparse en un futuro no tan lejano.
*Presente*
-Hoy vamos a hacer algo más… práctico - le dijo a la joven, acto seguido extendió su mano hacia ella - ¿Lista?
Sarah sin responder tomó la mano de Regina y ésta las transportó a la orilla de un río que se encontraba en una de las zonas más adentradas del bosque.
-Wow… - susurró Sarah- ¿Cómo hiciste eso?
-Al paso que vas puede que no tarde mucho en enseñarte eso, pero por ahora… - Regina giró hacia su izquierda y se dirigió hacia un pequeño montón de rocas - vamos a probar algo nuevo. Ya aprendiste algunos hechizos básicos, ahora vamos a probar qué tan bien puedes manipular objetos más grandes y, a voluntad propia, por decirlo de alguna forma.
Sarah la miró confundida - ¿A qué te refieres? ¿Algo así como telekinesis?
Regina soltó una pequeña risa - Se podría decir que sí, algo así. Parecido a aquella vez que salvaste a Roland y a tu hermana, en esa ocasión actuaste por instinto, no de manera consciente. Eso es lo que vamos a probar hoy.
Todo lo que tienes que hacer es intentar levantar una de estas - señaló las rocas - ¿Lista?
Sarah asintió con determinación, después de todo, ya había hecho algo similar antes. ¿Qué tan difícil podía ser?
Resultó más difícil de lo que pensaba.
-¡Me rindo! - exclamó frustrada. Después de una hora de diferentes métodos y técnicas sin resultado aparente, ambas mujeres comenzaron a desesperarse un "poco".
Lo que necesitas es práctica, ya lo haz hecho antes, lo puedes volver a hacer - dijo Regina pensativa, necesitaban cambiar de método, si nada de lo convencional estaba funcionando, tal vez necesitaba optar por algo más… radical.
-Es inútil. ¡Son enormes! - dijo recargando la frente sobre una de las rocas -Llevamos una hora intentando y solo he logrado levantarlas unos cuantos centímetros, he seguido todo lo que me dices y nada!
-Tal vez sólo necesitas la motivación correcta- susurró Regina.
-¿Dijiste algo? - preguntó Sarah, volviendo su vista una vez más hacia Regina.
Lo que vio en ese momento la dejó desconcertada. -Regina… -dijo con cautela - ¿qué haces?
...
El atardecer caía en Storybrooke, Giselle se dirigía al bosque después de terminar su trabajo con Gold, siempre iba a recoger a su hermana, pasaban por algo de cenar y se dirigían a su casa.
A lo lejos vio una sombra llegar a las orillas del bosque. Era Robin que iba por Regina, irían a cenar fuera aprovechando que Henry y Roland pasarían unos días con Emma. Giselle estaba sorprendida de verlo ahí, ya que nunca lo había visto por ese lugar. Ella siempre recogía a Sarah y Regina se iba sola.
-Hola- saludó Giselle algo tímida.
-Hola- respondió Robin de la misma manera.
-No te había visto por aquí- comentó Giselle.
-No suelo venir por Gina, pero hoy la llevaré a cenar- respondió Robin.
Giselle sonrió y ambos se limitaron a esperar. Después de varios minutos Giselle comenzó a observar su reloj.
-Que raro…- pensó Giselle en voz alta.
-¿Pasa algo?- contestó Robin.
-Nada, es sólo que siempre vuelven a esta hora, nunca llegan tarde- respondió un poco ansiosa -¿habrá pasado algo?
-No lo creo- dijo Robin tranquilo -tal vez sólo se adentraron más en el bosque-.
Giselle lo observó no muy convencida, cada vez mirando su reloj más seguido. Robin, al notar su ansiedad, le propuso ir a buscarlas. Mientras caminaban, Robin notó como Giselle seguía rastros como toda una experta.
-Eres buena siguiendo rastros- comentó Robin.
-Pasé muchos años en el bosque- respondió Giselle.
-Si, recuerdo que te gusta la arquería…- dijo Robin intentando iniciar la conversación.
Ambos empezaron a hablar sobre arquería y sus habilidades de sobrevivencia en el bosque mientras seguían caminando, haciendo algunas pausas para ubicar los rastros. Giselle le contó un poco de su infancia con Áurea y cómo aprendió a cazar con su hermana. A Sarah no le gustaba mucho cazar pero prefería ir con su hermana y desde entonces hacían de todo juntas, por eso Giselle se preocupaba un poco de más por lo que le pasara a su hermanita. A su vez, Robin le contó cómo era su vida en el bosque, todas las leyendas que se contaban sobre él y sus hombres, sobre Roland, Marian y cómo conoció a Regina.
Ambos venían riendo y compartiendo anécdotas cuando Giselle se detuvo de pronto, sorprendida.
-El rastro se detiene aquí, como si se hubieran evaporado- dijo Giselle sorprendida.
Robin sonrió ligeramente, porque tal vez eso había pasado. Sin avisar, una nube de humo morado los rodeó dejando a Giselle impactada con lo que acababa de ver.
*Momentos antes*
-Regina… ¿Qué haces? - le preguntó la joven al ver que mantenía suspendidas, con magia, algunas de las rocas sobre sí misma.
-Piensas demasiado - le dijo sin contestar a su pregunta - eso es lo que te bloquea, lo que necesitas es dejar la magia fluir, como cuando salvaste a Giselle y a Roland. La magia está conectada a tus instintos. No necesitas otra técnica, como dije antes, lo que necesitas… - dijo alzando un poco más las rocas y mirándola a los ojos -... es la motivación correcta.
En ese momento, Sarah vio las rocas suspendidas caer, el pánico la invadió por un momento aunque no pensó que Regina se dejaría golpear. Esperó unos segundos la reacción de Regina quien solo se limitó a cubrirse del posible impacto.
-Regina, ¡no!- Sarah reaccionó y a pocos centímetros detuvo las rocas, levitando sobre Regina. No supo cómo, sólo reaccionó.
Regina y Sarah se miraron por unos segundos, aún impactadas. En ese momento, Sarah lanzó las piedras hacia el río y se inclinó con las manos en las rodillas para recuperar fuerzas. Regina miró lo que hizo con asombro y sonrió con orgullo. Sarah levantó la cabeza mirándola claramente molesta.
-¿¡Qué rayos te pasa!?- gritó Sarah con la cara roja aún.
-Entiendo tu enojo, pero ve lo que lograste- respondió Regina tranquila -te dije que la magia era escuchar a tus instintos. Lamento asustarte así.
Sarah exhaló, tratando de calmarse -Está bien, pero no lo vuelvas a hacer -contestó.
-¿Quieres intentarlo de nuevo?- dijo sonriendo Regina
Sarah lo intentó de nuevo y esta vez las movió sin problema. Ambas se miraron sonriendo satisfechas por el logro de ese día.
Una nube de humo morado envolvió a Giselle y Robin y, al disiparse, aparecieron ante ellos Sarah y Regina. Giselle quedó sorprendida ante lo que acababa de presenciar, boquiabierta, intentó decir algo pero lo único que pudo hacer fue musitar -¿Cómo…? -Robin rió ligeramente ante su reacción.
Al darse cuenta de su presencia, Sarah volteó a verlo y lo saludó antes de dirigirse a su hermana.
-Disculpen la tardanza -dijo Regina, dirigiéndose a ambos -¿Los hicimos esperar mucho?
-No, realmente no -respondió Robin acercándose a Regina -¿Cómo les fue?
-Bien.
-De locos -contestaron Regina y Sarah al mismo tiempo.
Regina miró intencionadamente a Sarah, quien simplemente sonrió, lo que terminó haciendo sonreír a Regina también y ambas terminaron riéndose.
Giselle y Robin no pudieron hacer nada más que mirarse el uno al otro confundidos, y encogerse de hombros.
Después tuvieron una pequeña charla entre todos, sobre el día y el avance obtenido durante la práctica (claro que sin mencionar cierto "incidente"). Luego se despidieron y cada par se dirigió a sus respectivos destinos.
...
Robin y Regina iban caminando hacia el pueblo, habían decidido cenar fuera y volver a casa tarde aprovechando que Emma estaba con los niños. Había pocos lugares elegantes en Storybrooke así que decidieron ir a un restaurante italiano que Emma les recomendó.
Después de caminar un rato llegaron, al entrar las luces tenues daban un toque romántico al lugar. Ordenaron una botella de vino en lo que llegaba la comida y comenzaron a platicar.
-¿Cómo van los preparativos para la boda? ¿Snow y Emma te están ayudando?- comentó Robin.
-Sí, Snow está demasiado emocionada, cumple muy bien su papel de dama de honor- contestó Regina sarcástica- No me quejo, hace un buen trabajo, pero lo está planeando como si fuera una boda de ensueño en el castillo.
-Sabías que eso pasaría- respondió Robin sonriéndole a su prometida. Tomó su mano y la llevó hacia su mejilla. Regina observó el tatuaje en el brazo de Robin.
-Hace mucho no le ponía atención a ese tatuaje- dijo Regina sonriendo.
Ambos se miraron con ternura y continuaron la cena. Estuvieron un rato más con vino, mientras disfrutaban su postre, hablaban sobre la boda y los planes para el matrimonio. Henry había sido de mucha ayuda, enviando mensajes entre Snow y Regina para evitar conflictos. Todo marchaba a la perfección pues la boda cada vez estaba más cerca.
Al salir del restaurante decidieron ir por el camino más largo para disfrutar de la noche. Robin pasó su brazo alrededor de los hombros de Regina mientras caminaban cerca del cementerio.
-¿Recuerdas aquella noche?- dijo Robin mirando hacia la cripta familiar de Regina.
-Jamás podría olvidarla… tiene mucho que no voy a ese lugar- respondió Regina observando de lejos.
-Podemos dar una vuelta, a ver si está todo en orden- sugirió Robin con una sonrisa.
Regina aceptó y en menos de dos segundos aparecieron en la cripta en medio de una nube de humo que se disipó rápidamente.
-No es tan romántico caminar en medio de un cementerio, ¿no crees?- bromeó Regina.
Robin comenzó a observar todo, nada había cambiado desde la noche que estuvieron juntos en ese mismo lugar algunos años atrás. Los recuerdos comenzaron a invadir su mente y sin pensarlo dos veces se acercó a Regina, la tomó por la cintura y la besó…
A la mañana siguiente, Robin se acercó a Regina despertándola con un beso en la frente.
-Buenos días, Gina- dijo Robin suavemente
-Buenos días…- murmuró Regina acomodando su cabello.
-Asumí que necesitarías esto, no dormiste mucho- respondió Robin extendiéndole una taza de café de Granny's
-Me conoces tan bien- sonrió Regina
Amanecía en Storybrooke, el pueblo apenas comenzaba a despertar. Robin y Regina caminaban hacia la mansión Mills riendo. Después de pasar la noche en la cripta, llegaron a casa a dormir un poco y pasaron todo el día viendo películas y planeando detalles de su futura vida de casados. Fue un día sólo para ellos
* Algunos días después *
Un fin de semana Sarah decidió ir a visitar a Belle a la biblioteca, lo que resultó muy conveniente para ella ya que la niñera no pudo cuidar a Gideon ese día y tuvo que llevárselo con ella al trabajo, por lo que necesitaba algo de ayuda.
Mientras Belle cuidaba de Gideon, Sarah se encontraba acomodando algunos de los libros en los estantes y contándole emocionada sobre todo el progreso y las cosas que ha aprendido con Regina a lo largo de sus lecciones. Belle no podía evitar sonreír ante la emoción con la que hablaba la joven, le gustaba verla así de motivada. Después de unos minutos, su conversación fue interrumpida por el sonido de la puerta de la entrada abriéndose, ambas voltearon a ver quién era, se trataba de Rumple quien llegó con un ramo de rosas para Belle.
Belle, sorprendida, se acercó a él -¿A qué se deben las flores? -preguntó con una sonrisa.
-¿Acaso no puede un hombre traerle flores a su esposa sólo porque sí? -le contestó con dulzura, y la besó. Fueron interrumpidos unos segundos después por el carraspeo de Sarah quien, incomoda, observaba la escena.
Belle se disculpó y le pidió a Gold que sostuviera a Guideon mientras ella buscaba en el mostrador un florero para poner las flores. Gold tomó a Gideon en sus brazos y, momentos después alzó la vista y su mirada y la de Sarah se cruzaron, se quedaron así hasta que Belle regresó de acomodar las flores. En todo ese tiempo no intercambiaron palabra alguna, aunque realmente nunca habían interactuado, no era la primera vez que se veían, después de todo era el "jefe" de su hermana, pero había algo en él que no le agradaba, así que procuraba evitar conversación alguna con él. Por su parte, Gold se encontraba perplejo y, algo asombrado, por algo que acababa de notar en la un momento a otro, Sarah rompió el contacto visual, tomó los libros que le faltaban por acomodar y se dirigió al fondo de la librería, sin dirigir palabra alguna al hombre.
-No te lo vayas a tomar personal -le dijo su esposa poniendo una mano sobre su hombro, sacándolo de su trance - solo es un poco tímida, necesita un poco más de tiempo. Además -añadió susurrando -creo que la intimidas un poco.
Ante eso último Gold dejó escapar una sonrisa burlona -Descuida Belle, mi ego es demasiado grande para sentirme mal por eso. -bromeó - Está bien, no me molesta, es solo que… acabo de notar algo.
-¿Qué cosa?
-Su magia. Tiene muy buen potencial, pero lo que me llamó la atención es que tiene un aura similar a la de… -en eso sonó su celular, interrumpiéndolo una vez más . Puso a Gideon en los brazos de Belle de nuevo y contestó.
...
Giselle se encontraba trabajando ese día, sus labores en la tienda eran sencillos, por lo general limpiar, hacer algún inventario y no preguntar demasiado, lo cual le funcionaba muy bien a ella, el señor Gold podía ser algo extraño. En ocasiones se encontraba con objetos muy curiosos y era inevitable preguntar sobre ellos, aunque Gold nunca daba demasiados detalles, parecía conocer absolutamente todo sobre el origen de la mercancía en su tienda. Casi de todo…
Ese día le tocaba limpiar el aparador que daba hacia las ventanas de afuera, quitar el polvo y cambiar de lugar las cosas. Giselle aún no entendía cómo sobrevivía la tienda si casi nunca entraba nadie. Mientras limpiaba la ventana, notó que alguien la miraba profundamente desde el otro lado de la calle. Había visto antes al sujeto con Emma, pero nunca le había hablado antes, era alguien aún más extraño que Gold, con pinta de pirata, ojos delineados y actitud de conquistador.
Giselle pretendió que no lo había visto y siguió con sus actividades aunque la mirada de aquel extraño la incomodaba. Después de unos minutos ignorándolo, notó que el sujeto caminaba hacia la tienda mientras hablaba por teléfono.
-No sé qué sucede, voy a entrar, Emma- dijo el hombre mientras se acercaba a la puerta.
Mientras el sujeto entraba a la tienda, Giselle reunió todo el valor que tenía, algo no le gustaba de esta situación. El extraño entró con una expresión seria y saludó sin mostrar emociones.
-Bienvenido, ¿en qué le puedo ayudar?- preguntó Giselle siguiendo el protocolo que tenía con los pocos clientes que entraban.
-Estoy buscando al cocodrilo... - respondió serio.
-Disculpe, no… no sé de qué habla- contestó Giselle un poco asustada.
-¿No sabes? Aquel que tu llamas señor Gold…-dijo el extraño con brusquedad.
Giselle lo vio confundida y el sujeto pudo ver eso en sus ojos, suavizó un poco su mirada y comenzó a caminar alrededor de la tienda, como si buscara algo.
-¡Qué descortés! No me presenté, soy el capitán Hook, a tus ordenes cariño- dijo extendiendo su mano hacia Giselle, cambiando por completo su actitud.
-Mucho gusto- respondió Giselle, ahora más confundida.
No entendía que tramaba el sujeto, pero Gold le había advertido de clientes poco satisfechos que tal vez volverían a buscarlo. Sólo que Hook no se veía como alguien que tuviera problemas con una persona como Gold, al final de cuentas, la imagen de pirata tenía sentido ahora. Giselle lo siguió con la mirada mientras él observaba las cosas a su alrededor.
-Tienes poco trabajando aquí, ¿no?- comentó Hook con curiosidad
-Si, sólo unas semanas…
-Interesante- dijo con seriedad Hook- es extraño que el cocodri… el señor GOLD, confíe en alguien lo suficiente para encargarle su tienda, con tantos secretos guardados aquí-.
-¿Secretos?- murmuró Giselle volteando a ver el collar que posiblemente perteneció a su madre.
-Él no confía en nadie, no hace nada si no es por beneficio propio. Todo tiene un precio, créeme, nosotros tenemos asuntos pendientes desde hace mucho tiempo- por un momento el tono de voz de Hook se tornó más oscuro- Por eso es curioso que tú, siendo una extraña, entraras tan rápido como su ayudante-.
Giselle no sabía qué responder, francamente era una duda que también tuvo al principio pero decidió no darle importancia ahora que tenía un trabajo estable. No sabía qué responder y la presencia de Hook la ponía incómoda.
-Si no sabes nada, pregúntate porque entraste tan rápido aquí. Tienes algo que quiere o eres una pieza más de sus juegos- expresó Hook con rencor. Era verdad que aún le guardaba mucho resentimiento a Gold y temía que todo fuera parte de un nuevo plan relacionado con la magia.
Hook dio un vistazo rápido de nuevo por toda la tienda buscando algún indicio pero no había nada sospechoso, los mismos objetos perdidos de siempre. La reacción de Giselle era genuina, no sabía nada y por un breve instante se preocupó por la seguridad de la chica. Después de salir llamó a Emma para contarle y ambos acordaron discutirlo en casa ya que no parecía una emergencia.
La tienda quedó vacía con Giselle parada junto a la puerta viendo a Hook perderse al doblar la esquina. Las dudas surgieron y comenzaron a crecer. Decidió que lo mejor era no preocuparse de lo que un sujeto extraño le dijera y preguntarle al señor Gold directamente, así que decidió llamarlo por teléfono.
Minutos más tarde un Gold confundido llegó a la tienda, la llamada de Giselle lo desconcertó y mucho más el hecho de que Hook fuera a investigar. Respondió a todas las dudas de Giselle con el mismo argumento que usaba siempre, pasar más tiempo con su familia, pero él sabía que gracias a los cuestionamientos de Hook ahora Giselle buscaría más respuestas, por lo que decidió usar una carta que aún guardaba bajo la manga.
-Y dígame señorita Giselle, ¿ha logrado recordar algo sobre el… misterioso collar?- dijo Gold intrigado por la respuesta.
...
Regina se encontraba en su cripta, buscando entre sus cosas un libro para enseñarle algunos ejercicios nuevos a Sarah. -Aprende muy rápido -pensó, sonriendo, mientras seguía buscando, a la vez, se preguntaba por qué la invadía la misma sensación de orgullo y calidez que sentía con Henry y Roland, sin mencionar que esa sensación de familiaridad que sintió al conocerlas a ambas la primera vez no había hecho más que crecer. Al encontrar el libro, decidió que dejaría esos pensamientos para después, tenía asuntos más importantes que atender, como preparar lo que iban a utilizar ella y Sarah en su próxima lección y revisar lo que sea que le hubiese mandado Snow con Henry de los preparativos de la boda. Tomó el libro en sus manos y cerró el baúl en el que había estado buscando, al darse media vuelta para dirigirse de regreso a la mansión, se paró en seco, sus ojos abriéndose como platos ante el shock de lo que estaba observando, de el hombre que se encontraba parado frente a ella.
Él se quitó el sombrero, y con una pequeña reverencia la saludó -Su majestad, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
El shock de Regina se transformó lentamente en enojo, mantuvo contacto visual con el hombre y preguntó -¿Qué haces aquí… Facilier?
