Algunas semanas después...
Facilier continuó tutorando a Sarah de tanto en tanto, por lo regular antes de sus clases con Regina, y se hicieron un poco "cercanos" durante dichas sesiones. Aunque, a decir verdad, casi no platicaban, mayormente se limitaban a hablar sobre cosas relacionadas con los ejercicios que Sarah practicaba, muy esporádicamente llegaban a preguntar por el día del otro o algún tema por el estilo, pero nada demasiado personal. Aun así, disfrutaban de la compañía del otro.
A petición de Gold, su trato con Giselle fue pospuesto, para el oscuro la amenaza actual que podría presentar Facilier era de mayor prioridad que su interés por el pasado de la joven.
Al igual que Gold, los demás se mantenían alerta y vigilaban las acciones de Facilier, David y Emma mientras hacían sus patrullas rutinarias por la ciudad y Robin y Snow en el bosque y el resto en sus salidas por la ciudad. Ninguno de ellos en todo ese tiempo había logrado cruzar palabra con él, con la excepción de Regina, y tampoco lograban localizar el lugar en el que se estuviese alojando en Storybrooke, pero a pesar de eso, para frustración de cierto par pero alivio de todos, Facilier no parecía estar realizando nada fuera de lo común. Al menos, no aún.
A Regina aún la tenía preocupada ese tema, pero por el momento había otra cosa, además del trabajo, que la mantenía ocupada y distraída de todo el asunto.
Era el fin de semana, los cuatro integrantes de la pequeña familia Hood Mills se encontraban en la cocina haciendo toda clase de listas y planes. Se acercaba el cumpleaños de Roland y la fiesta se realizaría dentro de una semana en Granny's, a Roland le encantaba ir ahí.
Ya sé había realizado la decisión más importante de todas: escoger el sabor del pastel ahora sólo quedaba hacer las invitaciones.
Regina se encontraba en la cocina escribiendo la lista en una hoja, en eso, Roland se le acercó y le preguntó inocentemente - Oye Gina, ¿podemos invitar a Sarah y Giselle? Hace tiempo que no las veo, me gustaría platicar y jugar con ellas.
Regina sonrió - Claro que sí Roland, de hecho estaba a punto de anotarlas en la lista. Imaginé que querrías que vinieran.
Roland, emocionado, le dio las gracias y le regaló una de sus grandes sonrisas que le derretía el corazón a la alcaldesa, y acto seguido se fue a jugar en alguna otra parte de la mansión.
Henry, quien se encontraba también en la habitación ayudándole a su madre con otras cosas, pensó que sería la oportunidad perfecta para convivir con Sarah, no habían tenido oportunidad de juntarse tanto como solían hacerlo antes del "incidente", pues ahora Sarah siempre se encontraba ocupada con sus prácticas.
Momentos más tarde, con la lista ya hecha y las invitaciones listas para ser entregadas, Regina y Robin se disponían a hacer la comida juntos. Regina preparaba la lasaña, mientras Robin cortaba algunos vegetales para acompañar -¿Hablaste con Zelena la semana pasada? - le preguntó a su prometida.
-Sí, dijo que llegaría uno o dos días antes de la fiesta, para que también nos de tiempo de convivir y ponernos al día -contestó Regina alegre. Robin sonrió.
Tiempo después del incidente con Hades, tanto Regina como Robin lograron hacer las paces con Zelena. Las hermanas se habían hecho mucho daño la una a la otra a lo largo de los años, pero lograron resolver sus diferencias y perdonarse gracias a la reconciliación con Cora y la recuperación de sus recuerdos de la infancia, y a que Zelena había probado ser capaz de cambiar, con algo de tiempo y esfuerzo, claro.
Al poco tiempo de la derrota del Hada Negra, Zelena decidió que quería empezar de cero, y ampliar sus horizontes fuera de Storybrooke, el Bosque Encantado y la magia -Quiero ver qué hay "más allá del arcoíris" -le había dicho en broma a su hermana. Actualmente vivía en Nueva York, y hacía ya bastante tiempo que no se veían, por lo que Regina no podía esperar a que llegara a Storybrooke.
...
Tres días después, Regina se encontraba saliendo de Granny's después de haber comprado su café de siempre antes de dirigirse a la oficina, y se encontró con Giselle, quien se dirigía a la tienda de Rumple, para comenzar su día de trabajo. Se saludaron y tuvieron una breve plática.
-¡Ah! Antes de que lo olvide -dijo Regina, sacando una tarjeta de su bolso -Es el cumpleaños de Roland el fin de semana -continuó, entregándosela - lo celebraremos aquí en Granny's, y nos gustaría que tú y Sarah nos acompañaran.
Giselle sonrió -¡Claro! Muchas gracias, estaremos ahí.
-Y una cosa más -añadió la alcaldesa -¿crees que podrías ayudarnos a mí y a Robin a traer algunas cosas y decorar el lugar ese día? Nos vendría bien un par de manos extra.
-Por supuesto, con gusto -contestó la joven, tratando de contener la emoción ante la idea de pasar más tiempo con la alcaldesa. Algo la hacía querer estar cerca de ella y su familia la mayor parte del tiempo, aunque no sabía exactamente qué.
-Perfecto, gracias.
Con esto, ambas se despidieron y se dirigieron a sus respectivos trabajos. Giselle al entrar al trabajo echó un vistazo al misterioso collar y, por alguna razón, una imagen de la alcaldesa portándolo apareció en su mente, lo que la dejó confundida, ¿por qué Regina de todas las personas...? Pero inmediatamente decidió desechar el pensamiento, pensando que simplemente era su imaginación y sus fantasías inventando cosas que no eran. Y así, prosiguió con su día como si nada hubiese sucedido.
...
La tranquila mañana en Storybrooke se vio interrumpida por un misterioso Mercedes que cruzó el límite de la ciudad. Todos lo vieron pasar por el pueblo preguntándose quién era la pelirroja que venía conduciendo.
Regina se encontraba en la oficina cuando escuchó unos tacones acercándose a su puerta. Sonrió. El sonido inconfundible de unos pasos seguros le recordó la visita que esperaba. La puerta se abrió rápida y delicadamente, por ella entró Zelena sonriendo.
-Es bueno estar de vuelta- exclamó Zelena poniendo sus manos en la cintura.
-Tenías que hacer una entrada al estilo Mills- bromeó Regina.
Las hermanas se abrazaron durante unos segundos y cada una tomó un lugar en el escritorio de Regina. Zelena comenzó a platicar sobre su nueva vida.
Después de trabajar un tiempo en una famosa revista de modas logró convertirse en diseñadora y montar su propia empresa. Era una nueva pasión que había descubierto y le iba muy bien con sus colecciones. Incluso en una sesión de fotos conoció al que ahora era su prometido: un famoso fotógrafo que conoció en la revista y la ayudó a realizar su primera pasarela.
-Me alegra mucho verte feliz- dijo Regina sujetando una mano a Zelena.
-Lo merecemos- respondió Zelena sonriendo.
Continuaron platicando hasta ponerse al corriente con sus vidas, el tema de Facilier salió fácilmente y Regina le contó todo.
-Pero, ¿de verdad crees que planea algo?-comentó Zelena preocupada.
-No hemos visto nada sospechoso pero no sé qué pensar de él. Puede parecer inocente pero tengo un mal presentimiento- confesó Regina.
-¿Todavía sientes algo por él?- preguntó Zelena un poco confundida por la reacción de su hermana.
-No, para nada- respondió Gina segura -sólo tengo miedo que quiera arruinar mi relación con Robin.
-Robin te ama y confía en ti, creo que deberías hablarlo con él. Estoy segura que su compromiso es más fuerte que cualquier amenaza, es tu alma gemela después de todo- Zelena sonrió al decir la última frase.
Regina se quedó pensando por un momento antes de invitar a su hermana a comer y saludar al resto de la familia Mills. Después de todo, tenían una fiesta que organizar.
...
Más tarde ese día, Giselle llegó a su casa después del trabajo, donde Sarah ya la esperaba, como siempre, acostada en el sillón de la sala, con un libro en sus manos.
-¿Qué tal tu día? -le preguntó la joven sin quitar la vista de la página que estaba leyendo.
-Tranquilo -respondió de forma despreocupada la mayor mientras dejaba las llaves en la mesita cerca de la entrada -nada fuera de lo común... o bueno, de lo que se puede llamar "común" en esta ciudad -murmuró - Oh, ahora que lo pienso - continuó, mientras buscaba en su bolsa -ayer olvidé decirte, pero Regina nos invitó a la fiesta de cumpleaños de Roland este fin de semana - sacó la tarjeta que le había dado Regina y la puso sobre el descansa-brazo del sillón sobre el que se encontraba su hermana -¿Qué te parece?
-Perfecto - contestó tranquila, lo cual hizo que Giselle se detuviera en seco en su camino a la cocina y voltease a verla -Eso es nuevo... -pensó. A Sarah nunca le habían gustado mucho las fiestas, ni ningún tipo de reunión en realidad, siempre prefería quedarse sola. Observándola de pronto Giselle se dio cuenta de cuánto ha cambiado su hermana en tan poco tiempo, seguía siendo algo tímida, pero ahora era más abierta, más segura, más... feliz. Ante lo último Giselle no pudo evitar sonreír.
Sarah entonces se percató de que su hermana la estaba mirando -¿Qué? -le preguntó, sacando a la mayor de sus pensamientos.
-Nada -le dijo, una sonrisa aún plasmada en su rostro -Simplemente... estaba pensando que me gusta verte feliz.
Sarah simplemente soltó una pequeña risa confundida -¿Ok? - fue lo único que contestó antes de seguir con su lectura.
Giselle se dirigió por fin a la cocina a preparar la cena y no pudo borrar esa pequeña sonrisa de su rostro por el resto del día.
...
El día de la fiesta todos se levantaron muy temprano para acomodar todo en Granny's, la fiesta sería a la 1, así tendrían tiempo para decorar. Regina estaba preparando café en la cocina cuando sintió que Robin la abrazaba por detrás dejando un beso en su mejilla.
-Buenos días, Gina- dijo con ternura mientras se alejaba para tomar una taza.
-Buenos días- respondió Regina con una enorme sonrisa -¿listo para decorar Granny's? Jamás pensé que diría algo así.
Robin soltó una carcajada y asintió. Tomaron su café y llamaron a los niños a desayunar. En honor al festejado ese día harían hotcakes.
Un rato después Giselle llamó a la puerta, le emocionaba participar en una actividad con Regina y los Mills le agradaban, disfrutaba ayudándoles. Una mujer le abrió, nunca la había visto. Era imponente y tenía una actitud similar a Regina, tal vez era su familiar.
-Buenos días, vengo con la alcaldesa- exclamó Giselle con un poco de temor. Sentía que la mujer le cerraría la puerta por la expresión de su rostro.
-¿Quién eres?- preguntó sin emociones.
-Gi.. Giselle- respondió fingiendo seguridad.
La expresión de la mujer cambió drásticamente, le dedicó una ligera sonrisa y la dejó pasar.
-Me dijeron que vendrías. Disculpa, la costumbre de ser hostil aquí, no me quieren mucho en este pueblo. Soy Zelena, la hermana de Regina- extendió su mano a Giselle.
-Mucho gusto- Giselle respondió el gesto y le sonrió.
Ambas pasaron al comedor donde Regina y Robin tenían todo listo para guardar en los autos. Zelena llevaría a Henry y Roland a dar una vuelta en lo que el resto preparaba las cosas en Granny's.
Giselle saludó a Regina y se acercó a las cajas que debía llevar hacia el auto. Zelena acomodó un par de cajas en su auto antes de llamar a los niños. Llevarían esas cajas a la cafetería y después a buscar un regalo para Roland, el cual sólo era un pretexto para mantenerlo ocupado.
-Son muchas cosas- comentó sorprendida Giselle- no hay problema, sólo me sorprende.
-Roland no sabía qué tema elegir, así que llevamos un poco de todo- sonrió Regina mientras salía al auto. Giselle nunca la había visto así, con la guardia baja. Le agradaba saber que confiaba en ella.
Una revista de novias se encontraba sobre una de las cajas, Giselle la puso sobre la mesa sobre una pila de catálogos y más cosas de boda.
-¿Quién se casa?- preguntó Giselle cuando Regina volvió a entrar.
-Nosotros- su sonrisa era diferente, llena de esperanza.
-Pensé que ya estaban casados, al menos lo parecen- soltó Giselle sin pensar, al instante se arrepintió.
Regina ocultó una risa y agradeció el comentario, con o sin boda ya eran una familia.
-Aún no, pero Snow no para de mandarme cosas. Agradezco que sea mi dama de honor, sólo espero que no haya palomas, mariposas o algo parecido- dijo Gina torciendo un poco los ojos.
Subieron las últimas bolsas y se dirigieron a la cafetería donde Granny las esperaba entusiasmada y lista con la comida.
...
Mientras tanto en el bosque, Sarah se encontraba practicando cerca del pozo y en compañía de Facilier, una vez más, lo que había visto con Regina en la semana.
-Si no te importa que pregunte... ¿por qué siempre escoges este lugar? -le cuestionó el hombre de pronto, rompiendo el cómodo silencio en el que se encontraban.
-Pues... porque está cerca del pozo -le contestó la joven a secas.
-¿Y qué hay con el pozo? ¿Qué tiene de especial? -preguntó, presionando más.
-¿No lo sabes? -le contestó, incrédula. Facilier simplemente se limitó a encogerse de hombros. Sarah continuó -Es la fuente de magia de Storybrooke -Facilier se notó visiblemente aún más intrigado ante esta revelación -supongo que me gusta venir aquí porque... no sé, de alguna forma me hace sentirme más... conectada, por decirlo de alguna forma, me ayuda a concentrarme mejor -terminó la joven.
-Interesante... -murmuró.
-Ya que estamos haciendo preguntas... -dijo Sarah, captando la atención del hombre una vez más -¿Por qué no pareces caerle muy bien a Regina? Digo, por lo que he podido observar, se conocen de hace tiempo y, aunque tu cara si da algo de miedo a veces... hasta ahora no creo que seas una mala persona.
Facilier rio -¿Gracias? -dijo fingiendo sentirse ofendido -Simplemente digamos que... tenemos algo de historia y malentendidos entre nosotros. Pero espero poder arreglar eso pronto... -terminó con voz algo distante.
Esto solo le generó más dudas a la joven, se preguntó a qué se habría referido con eso, pero decidió no presionar más al hombre y simplemente volvió a su práctica.
Momentos después, sonó una alarma en su celular, señal de que era momento de irse y prepararse para la fiesta. Sarah recogió rápido sus cosas, y antes de irse se dirigió a Facilier con tono serio -Lo que dije antes... lo dije en serio. Sé lo que todos dicen, no sé a qué se debe, pero aún con lo poco que te he conocido... me agradas -sonrió. El hombre se quedó atónito ante tal confesión, no dijo nada.
Finalmente la joven se despidió y se dirigió corriendo a su casa, feliz. Ignorando completamente el hecho de que acababa de darle, sin querer, una pieza clave de información al maestro del vudú, quien, observándola alejarse, sonrió y después desapareció en su característica nube de humo, su plan finalmente comenzaba a ponerse en acción.
...
Una vez llegaron a Granny's, comenzaron a bajar las cosas de los autos, después de haber bajado gran parte de las cosas, Giselle se excusó por unos momentos para ir a recoger el regalo de Roland que había apartado en la tienda de Gold, dejando a Regina y Robin solos.
Ambos se encontraban charlando mientras sacaban las últimas cosas del Mercedes (y planeaban cómo distribuir las decoraciones), todo era muy tranquilo hasta que una voz interrumpió su amena plática.
-Buenos días Regina -saludó Facilier, sonriendo. Aparentemente saliendo de la nada, o por lo menos eso le había parecido a la alcaldesa, quien se tensó visiblemente al escuchar su voz, Robin se dio cuenta de esto, pero decidió no comentar nada. Por ahora.
-Facilier... -dijo Regina girándose a verlo - ¿Qué te trae por aquí? -preguntó de la forma más amable que pudo, tratando de ocultar su incomodidad.
-Nada, solo iba de paso -contestó tranquilamente -tengo asuntos en otro lugar, pero los vi aquí y pensé que sería buena idea saludar. Parece que aún no nos han presentado, ¿tú eres...? -dijo, dirigiéndose ahora a Robin, quien se encontraba unos paso atrás de Regina.
-Robin. Robin Locksley -dijo acercándose a Facilier y extendiendo su mano.
-Es mi prometido -intervino Regina, haciendo énfasis en la última palabra.
-Ah, el famoso ladrón, así que tú eres el hombre afortunado -dijo Facilier estrechándole la mano -Gusto en conocerte -Robin solo se limitó a asentir y sonreír. No le gustaba mucho el aura que desprendía el hombre, pero era la primera vez que lo veía e interactuaba con él, no tenía con qué juzgarlo.
-Bueno, fue agradable verlos, pero tengo algo de prisa así que será mejor que me vaya -dijo de pronto - nos vemos -y dicho eso se alejó.
Una vez que estuvo fuera de vista Regina, inconscientemente, soltó un suspiro de alivio. Finalmente Robin decidió hablar -¿Qué fue eso? -le preguntó.
-¿Mmm? ¿A qué te refieres? -contestó Regina, evadiendo el tema.
-Gina -comenzó, con tono preocupado -me he dado cuenta de que cada vez que hablas de él o alguien lo menciona te tensas demasiado, inclusive hace unos momentos cuando lo viste se notó que te sentías incómoda -se acercó a su prometida, posando sus manos sobre sus hombros - Sabes que no me gusta entrometerme en este tipo de asuntos, si no quieres hablar al respecto lo entenderé, pero sería deshonesto de mi parte si te dijera que no me preocupa, me gustaría saber el por qué.
Regina suspiró una vez más, esta vez como señal de derrota, aunque le incomodaba el tema, Robin merecía saber, no podía dejar que se preocupara por sus reacciones tontas ante un hombre que ya no formaba parte de su vida. Sobre todo si no se trataba de nada muy grave, simplemente no había querido decirle por miedo a lo que fuera a pensar, aunque a estas alturas ya debería saber que Robin la aceptaría y querría sin importar qué.
-Está bien -dijo finalmente - te prometo que te lo explicaré todo después de la fiesta, cuando volvamos a casa -terminó dándole un pequeño beso en los labios -De momento, ¿podemos enfocarnos en decorar?
Robin asintió, aceptando su respuesta y, con eso, continuaron con sus actividades.
...
Giselle se encontraba en la tienda de Gold recogiendo el regalo de Roland, encontró unos juguetes de madera que estaba segura le encantarían. Tomó papel para envolverlo después y agregó una tarjeta de parte de ella y Sarah.
Al mismo tiempo que abrió la puerta y salió apresurada para volver con Regina, Facilier se acercó a la entrada. No sabía por qué pero su mirada profunda le dio escalofríos. El extraño sujeto la saludó agachando ligeramente la cabeza, sujetando su sombrero con la punta de sus dedos y entró con seguridad.
Al escuchar de nuevo la campana de entrada, Gold salió de la parte de atrás de la tienda. Tal vez Giselle olvidó algo o era un cliente.
-El Oscuro en persona. ¿Cuánto tiene que no nos vemos? Sólo quería saludar, no quiero ser maleducado- dijo Facilier con el toque de sarcasmo que acompañaba su manera de hablar.
El rostro de Gold se transformó revelando la dura expresión de Rumplestiltskin, preparado para cualquier jugada que hiciera Facilier.
-¿Qué demonios quieres?- respondió Rumple sin emociones.
-Ahora eres todo un empresario, ¿no? Se escucha mucho del señor Gold por aquí. Y me enteré que recuperaste a tu Bella, me da gusto. Pasaré por la biblioteca a saludar- comentó Facilier provocando a Rumple.
-No te atrevas a acercarte a ella. No eres bienvenido aquí. Podrás engañar a Regina y el resto pero a mí no- el enojo de Rumple aumentaba.
-Pero ya cambié, creí que lo entenderías también. ¿O sigues siendo el mismo estafador?- respondió Facilier.
Rumple no olvidaba su último encuentro, Facilier intentó matarlo y robar la daga. No podía bajar la guardia con él. Después de un intenso momento en el que se miraron fijamente, Rumple finalmente contestó.
-Si buscas la daga está en un lugar seguro, ya no confío en ti. Lo que sea que estés planeando, olvídalo. Te derrotaré como lo hice en el pasado, ahora tengo aliados.
Facilier soltó una siniestra risa, mostrando su indiferencia.
-Lo que digas, Oscuro- exclamó mientras daba la vuelta y salía de la tienda con la misma seguridad con la que entró.
...
Unas horas después, habiendo terminado de ayudar a Regina y Robin a decorar y convivido un poco con ellos, lo cual extrañamente le trajo una inmensa felicidad, Giselle regresó rápidamente a su casa a cambiarse, envolver el regalo y a recoger a su hermana.
Giselle terminó de peinarse mientras Sarah aplicaba un poco de maquillaje en sus ojos. Seguía conmovida por el cambio de su hermana, lo bueno que el pueblo había dejado en ellas.
-Deja de mirarme como un bicho raro, ya sé que no hago esto desde hace mucho- comentó Sarah riendo sin mirar a su hermana.
-No es eso- respondió Giselle haciendo muecas.
Una vez listas, se dirigieron una vez más a Granny's, listas para celebrar al integrante más joven de la familia Hood Mills.
Cuando llegaron a Granny's el ruido de la fiesta se escuchaba hasta afuera del lugar. Un poco la música que Henry se encargaba de poner, la plática de los adultos y las risas de los niños.
-¿Podemos con esto?- preguntó Sarah un poco nerviosa.
-Claro que sí- respondió Giselle tomando su mano.
La canción que sonaba terminó en el momento exacto en el que se abrió la puerta y entraron las hermanas, haciendo que todos las voltearan a ver.
-Creo que sí- susurró Giselle apretando más la mano.
Roland rompió el momento incómodo cuando corrió entusiasmado a saludarlas, haciendo que la fiesta volviera a su curso. Tomó su regalo agradeciendo a cada una con un abrazo y volvió a jugar. Regina se acercó a saludar y ofrecerles algo de tomar.
-Todos han mencionado las decoraciones, les encantaron- comentó Regina sonriendo a Giselle.
-Sí, nos quedaron muy bien, veo que Roland está feliz- respondió Giselle.
-Demasiados dulces, no dormirá en una semana. Pásenla bien- exclamó Regina sonriendo antes de alejarse y perderse entre la gente.
Giselle le señaló a Sarah una mesa vacía y ambas se dirigieron ahí. En la mesa de al lado se encontraban los Charming comiendo los bocadillos que Granny había preparado.
Zelena y Henry llegaron a la mesa de las hermanas con un par de vasos y un plato enorme de comida para ambas. Zelena se presentó con Sarah y volvió a la barra, en cambio Henry se sentó a platicar un rato con ellas. Hablaron de libros y el trabajo de Giselle.
Snow observaba desde la otra mesa la escena.
-¿No les parece que Sarah es muy parecida a Regina?- comentó Snow en voz baja.
Killian y Emma la miraron confundidos, David analizó un poco y estuvo de acuerdo con ella.
-Tienen una personalidad muy parecida y físicamente un poco- respondió dando un sorbo a su bebida.
Después de observarlas con poco disimulo, Killian y Emma lo notaron también.
-Regina no tenía más familia, tal vez una coincidencia- concluyó Emma.
-Soy yo, o ahora veo a Giselle parecida a Robin- soltó Killian sonriendo.
Los Charming se quedaron callados por un momento temiendo la conclusión a la que llegarían. Will pasaba por ahí, escuchando el comentario de Killian, el cual fue a repetir con el resto de los amigos de Robin, llenando la conversación de comentarios raros, tal vez sólo eran las copas de más.
El llamado para cortar el pastel distrajo a todos de sus pensamientos y lo dejaron pasar.
Los invitados se acercaron a la mesa donde Regina colocó el pastel y procedieron a cantar. La paz y armonía estaban en el aire.
Hook interceptó a Giselle al momento que se acercaban a sus mesas, cada uno con un enorme pedazo de pastel. Se disculpó por haber sido tan brusco la última vez que se vieron, al parecer su honor lo obligaba a aceptar sus errores y ofrecerle una disculpa, la cual Giselle aceptó, entendía de dónde venía la desconfianza. Estrecharon sus manos y siguieron su camino.
-¿Qué fue eso?- cuestionó Sarah confundida.
Giselle le contó todo y ambas sonrieron ante la situación, al parecer ya no eran las extrañas viajeras, el pueblo confiaba en ellas.
Al terminar el pastel los Charming invitaron a Giselle y Sarah a unirse a su mesa; Regina, Robin y Zelena se sentaron ahí un poco después. Por primera vez las hermanas sentían que pertenecían, tenían un hogar.
Todos la pasaban bien juntos y felices. Los niños jugando, los adultos bailando o platicando. Había pasado mucho desde que una celebración logró unir al pueblo, Roland se lo merecía.
Mientras tanto, una sombra observaba la escena desde la oscuridad, esperando pacientemente, no faltaba mucho para el momento en el que la paz de la ciudad y sus habitantes llegaría a su fin.
