Al finalizar la fiesta y una vez todos los demás invitados se retiraron a sus respectivos hogares, Giselle y Sarah ayudaron a los Mills a guardar y llevar a la mansión las decoraciones, los regalos y algunas otras cosas que sobraron.

Para sorpresa de todos, a pesar de toda la diversión y el dulce ingerido ese día, Roland cayó rendido, disfrutó tanto su fiesta que nadie pudo hacerlo despertar, ni siquiera las hermanas antes de irse. Una vez desempacadas y acomodadas las cosas, Sarah y Giselle agradecieron una vez más a los Mills por la invitación, se despidieron y se retiraron por la noche, Robin había ofrecido acompañarlas, dada la hora, pero Giselle insistió en que no era necesario.

Zelena se fue a la habitación en la que se estaba quedando y Henry, después de darle un abrazo de buenas noches a los dos, corrió a su cuarto. Roland se había quedado dormido así que lo fueron a acostar. Subieron juntos a la habitación del pequeño, Robin lo cargó mientras Regina acomodaba su cama y le quitaba los zapatos. Una vez acostado, Regina le dio un beso en la frente lo cual hizo que el corazón de Robin se derritiera de ternura, dejando ver una sonrisa que no pudo contener.

-Feliz cumpleaños, pequeño- susurró Robin apagando la luz del cuarto.

Al bajar, Regina tomó una botella de vino, dos copas y llevó a Robin a sentarse en la alfombra frente a la chimenea. Él tomó su mano para que se relajara y Regina se dispuso a cumplir la promesa de contarle todo.

...

Hace 34 años, en el Bosque Encantado...

No era ningún secreto que, generalmente, el gran maestro del vudú, Facilier, coleccionaba diferentes tipos de amuletos y objetos de todos los reinos por simple curiosidad, su necesidad de adquirir aún más conocimiento y poder siendo su principal motivador. Fue esto lo que lo llevó a emprender un viaje hacia el Bosque Encantado, ¿su plan? robar uno de los objetos más raros en existencia, uno que, hasta la fecha, no había sido capaz de replicar, la "poción de amor verdadero", creada y en posesión de ni más ni menos que el mismísimo Oscuro, con quien ya se había enemistado algunos años atrás.

Un buen día, en su camino al castillo de Rumpelstiltskin, fue detenido por un característico carruaje, de donde salió la reina Malvada, quien inmediatamente se dio cuenta de que el hombre frente a ella se trataba de un forastero. En el momento en el que sus miradas se cruzaron, ambos se dieron cuenta de la repentina chispa que surgió entre ellos, no se podría definir como amor, pero era algo, aunque ninguno de los dos realizó comentario alguno al respecto.

La reina cuestionó al forastero qué motivos lo traían a su reino, Facilier, presintiendo que podía ser honesto con ella, se introdujo y le explicó su plan y sus razones.

Al escucharlo Regina no pudo evitar soltar una risa incrédula ante la audacia del hombre y, decidió aconsejarle que era mejor no molestar al Oscuro en ese momento, ya que se encontraba agitado ante la desaparición de su amada y era casi cien por ciento probable que el maestro del vudú no saliera vivo de tal encuentro, sin importar cuánto poder presumiera poseer en ese momento. Lo que la reina no le contó a Facilier fue que más que por su propio bien, le había dado dicho consejo por su propio beneficio, ya que justamente en ese momento Rumple se encontraba fabricando lo que más adelante el mundo conocería como "La maldición oscura", y la poción de "amor verdadero" que él buscaba era uno de los ingredientes necesarios para lanzarla. - "Ya que hiciste un viaje tan largo para conseguirla, te propongo un trato." -le dijo al ver que el hombre seguía determinado a conseguir la poción sin importar las consecuencias - "Tú me ayudas a capturar a Snow y Charming y yo te ayudaré a crear una nueva poción de amor verdadero antes de vengarme y deshacerme de ellos. Así matamos dos pájaros de un tiro y ambos conseguimos lo que anhelamos. ¿Qué dices?". Facilier lo deliberó un poco y aceptó su propuesta, estaba en lo cierto y, tal vez, podría sacar algo más de la misteriosa y cautivadora reina en el proceso.

Nadie, ni siquiera ellos mismos, supieron exactamente cómo ni porqué, pero la química entre los dos fue instantánea e indudable, casi palpable y, en poco tiempo, inevitable. Lo que comenzó como una simple alianza se transformó rápidamente en una relación más carnal y apasionada, pero nunca evolucionó a más... o, por lo menos, eso parecía a simple vista. Pero ambos sabían, muy en el fondo, que había algo más que simple deseo, aunque la reina lo negara de forma vehemente.

Conforme pasaron los meses y el embarazo de Snow avanzaba, Regina se fue haciendo cada vez más consciente de la dolorosa realidad; el plan de secuestrar y deshacerse de Snow y el príncipe ya no era viable; la única forma de conseguir lo que quería era lanzando la maldición oscura, ya no había tiempo y el único obstáculo deteniéndola era Facilier. Recordó lo que su madre le enseñó alguna vez, "el amor es debilidad", y aunque lo que ambos tenían no se podría calificar exactamente como "amor", Regina estaría mintiendo si dijera que no se había encariñado algo con el gran maestro del vudú, pero la línea entre el cariño y el amor era una muy delgada; una que la reina, conociendo los ingredientes requeridos para la maldición, no podía darse el lujo de cruzar. Así que decidió hacer lo necesario con tal de evitar que eso pasara, tenía que ponerle fin a todo y alejarse de él.

Se encontraban dando uno de sus ya rutinarios paseos por el castillo, tomados de la mano, cuando de pronto Regina se detuvo en la habitación de los espejos, posicionando al hombre frente a ella. Lentamente, se le acercó, posando las manos sobre sus brazos y, acercando su fino rostro hacia su oído, susurró un - "Ya no te necesito"- y - "será mejor que regreses… por el bien de ambos".

Facilier no tuvo oportunidad alguna de reaccionar, pues antes de darse cuenta de lo que sucedía y, sin mayor explicación, Regina ya lo había empujado a través del espejo que, antes de ese momento, no se había dado cuenta que estaba detrás de él. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo había guiado hasta aquella habitación a propósito, y lo único que logró ver de la mujer antes de desaparecer a través del portal, fue la solitaria lágrima que caía de sus ojos mientras murmuraba un "lo siento".

...

-Eso fue hace mucho tiempo, yo no siento nada por él- comentó Regina para cerrar su historia.

Robin se limitaba a observar, atento a sus palabras. La miraba cariñosamente esperando que terminara de hablar.

-Me preocupa que intente arruinar nuestra relación, por eso me pongo tensa cuando lo veo- confesó Regina- nunca hablé de eso porque no tenía importancia, hasta que apareció… Todo está en el pasado y no hay nada entre nosotros…

-Oye, Gina, no hay nada que explicar- Robin la interrumpió para calmarla- Confío en nosotros, sólo tenía curiosidad; quería saber qué te ponía tan nerviosa. Jamás dudaría de tí.

Robin tomó su mejilla y le dio un tierno beso. Entrelazo sus manos con las de Regina y la abrazó recostándola en su pecho.

-Gracias- murmuró Regina.

Él beso su frente y ese tierno beso lentamente se convirtió en algo, que al calor de la chimenea y el vino, terminaría en la habitación.

...

Mientras tanto en una casa cerca del límite de la ciudad...

Facilier se encontraba sentado frente a la chimenea, con una copa de vino en mano, coincidentemente recordando la misma historia...

No la volvió a ver después de eso. Mucho tiempo después se llegó a enterar que, en algún lugar muy lejano una Reina Malvada había lanzado algo llamado "la maldición oscura", que desterró y envió a casi todo el bosque a un lugar remoto y desconocido; fue hasta entonces cuando entendió los motivos de su amada. Lo que, desde su punto de vista, para Regina no fue más que una, aunque agradable, breve aventura, indudablemente fue para él mucho más de lo que esperaba, ya que, en algún punto y casi sin darse cuenta, había decidido que aunque el trato siguiera en pie, la poción que tanto anhelaba ya no era de gran importancia, y que estaría inclusive dispuesto a dejarlo todo con tal de poder permanecer al lado de la mujer, por lo que, en ese momento juró que algún día se volverían a encontrar y, esta vez, no permitiría que nadie ni nada los volviera a separar.

Y esa promesa estaba cada vez más cerca de cumplirse…. muy cerca.

...

Las semanas pasaron volando y sin darse cuenta habían pasado dos meses desde la fiesta de Roland, lo cual significaba que la boda estaba cada vez más cerca. Faltaba sólo una semana para el gran día y se notaba. La mansión Mills se había convertido en el lugar más caótico de todo Storybrooke. Afortunadamente tenían ayuda extra, después de participar en la fiesta de Roland Regina invitó a Giselle a unirse a la organización de la boda y la puso en contacto con Snow, quien le asignó algunas tareas pendientes.

El resto del pueblo vivía en calma, incluso Facilier, durante su estancia en Storybrooke no había hecho nada sospechoso, mantenía perfil bajo pero no demasiado. Había entablado algunas amistades con gente del pueblo con los que platicaba en sus paseos por el lugar e incluso visitaba ocasionalmente a Regina en la alcaldía, actualizándola de los sucesos del pueblo. El resto comenzó a bajar un poco la guardia sin dejar de ponerle atención, excepto por Rumple que seguía teniendo un mal presentimiento e incluso comenzó a investigar más sobre sus intenciones procurando que él no se diera cuenta.

Ese día en su paseo matutino, Facilier pasó a saludar a Regina a su oficina. La alcaldesa estaba un poco ocupada organizando sus pendientes para dejar todo hecho antes de la boda por lo que no notó la presencia de Facilier hasta que él puso un vaso de café sobre el escritorio.

-¿Interrumpo, su majestad?- preguntó él mientras se sentaba frente a ella.

Regina sonrió ligeramente ante el detalle, tomó un sorbo y la devolvió a su lugar. Se enderezó en la silla y soltó un respiro.

-Para nada, necesito un descanso- respondió poniendo su atención en Facilier.

-Veo que se acerca el gran día -dijo señalando el desorden de diferentes papeles y documentos en su escritorio - ¿nerviosa? -preguntó con sincera curiosidad

Regina soltó una pequeña risa nerviosa -Te mentiría si te dijera que no, pero más que nerviosa, atareada. Tengo que terminar todo esto antes de que llegue el día, ya sabes, para poder prepararme y organizarme sin pendientes.

-¿Te puedo ayudar en algo? Tal vez así termines más rápido y mientras tanto te puedo contar sobre los sucesos de esta semana -contestó sonriendo.

Contempló la idea por unos momentos y, finalmente, accedió -puedes acomodar estos -señalo una pila de papeles - ya están terminados, solo hay que organizarlos.

-Como desee, su majestad. -sonrió una vez más y se puso a trabajar.

Aproximadamente dos horas después, con los pendientes ya terminados, se sentaron a platicar amenamente sobre los últimos meses, sus vidas y la boda hasta que, ante la mención de Giselle y Sarah, Facilier, repentinamente serio, decidió cambiar un poco el rumbo de la conversación.

-Hablando de ellas… hay algo que te he querido preguntar desde hace tiempo…

-¿Qué cosa? -contestó la alcaldesa, sintiéndose un poco incómoda por el notable cambio en la atmósfera.

-De casualidad, ¿no has notado algo… extraño con ellas?

-¿Raro? - se enderezó - ¿A qué te refieres?

-No lo sé -dijo algo inseguro - como una especie de… ¿familiaridad? -Ante esa última palabra Regina reaccionó, ligeramente sorprendida. Era verdad que llevaba meses sintiendo una especie de conexión cercana con las hermanas, y sabía que Robin también, pero nunca lo hablaron ni se lo mencionaron a nadie más, ¿por qué Facilier estaba preguntando eso repentinamente?

-¿A qué viene esa pregunta?-

-Solo responde. -contestó en un tono imposiblemente más grave. Fuera cual fuera la razón se podía ver que el tema era de suma importancia para él, lo que desconcertó enormemente a Regina.

Regina no contestó nada, no dispuesta a ceder, simplemente lo observó, pensando cuál podría ser el motivo detrás de su insistencia.

Facilier suspiró -Tomaré tu silencio como un "tal vez" -dijo resignado - En ese caso, ¿qué pensarías si te dijera… que es cierto? ¿Qué hay un motivo detrás de esa sensación? (ese presentimiento?)

Regina río, incrédula -Si está es tu forma de intentar acercarte más, déjame decirte que estás perdiendo el toque Facilier.

-Hablo enserio Regina -contestó, ignorando su sarcasmo.

-¿Y qué es lo que sabes que estás tan seguro? -le cuestionó - ¿Por qué debería creerte?

-Porque estuve ahí -murmuró, pero con suficiente volumen como para que Regina lo escuchara.

-¿Qué…?

-Hace treinta y siete años… - comenzó a explicar, y así le contó todo sobre Cora, el intercambio que tuvieron y su plan perfecto con el que borró los recuerdos de todo el Bosque Encantado, logrando que la historia volviera a la "normalidad".

Dejó que terminara de hablar, pero siguió sin contestar nada, era demasiada información que digerir y, aún con la visible determinación y sinceridad en los ojos de Facilier, simplemente no podía creerle, no tenía sentido… ¿o sí? Ella sabía mejor que nadie de lo que Cora era capaz, pero aun así, no podría…

De pronto Facilier se puso de pie, interrumpiendo sus pensamientos -Todo está aquí -dijo y de la nada apareció un atrapa-sueños en sus manos, similar a los que había utilizado Emma en Camelot, acto seguido lo dejó sobre su escritorio -No tienes que creerme a mí, puedes comprobarlo tú misma. La verdadera cuestión es… sí estás dispuesta a hacerlo.

-Aún si fuera verdad, ¿qué ganas tú con todo esto? -cuestionó de pronto, pero se encontraba tan absorta en sus pensamientos que no supo a ciencia cierta si solo lo pensó o lo dijo en voz alta.

Facilier solo sonrió amargamente -Nos vemos, majestad. -Y antes de que la alcaldesa pudiese protestar, el hombre se dio la media vuelta y desapareció en su característica nube de humo guinda.

Sintiéndose demasiado abrumada ante la situación y con un millón de preguntas e ideas recorriendo su mente, decidió que lo mejor sería no darle importancia, al menos no por el momento, tenía otras cosas que hacer y en qué ocupar su mente ese día. Así que, exasperando en frustración, tomó el atrapa-sueños y lo guardó bajo llave en uno de los cajones de su escritorio, ya tendría tiempo de pensar en las palabras de Facilier después.

...

Esa tarde, Regina acudió a su clase con Sarah como normalmente lo hacía, sería la última antes de la boda. Involuntariamente seguía dándole vueltas a la información que Facilier le había dado esa mañana pero no quería que interviniera en su proceso de enseñanza. Tan perdida estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando Sarah logró formar sin problemas una bola de fuego, el problema era apagarla.

Regina tardó algunos segundos en darse cuenta de la situación hasta que escuchó la voz de Sarah un poco alterada. De inmediato apagó el fuego y se disculpó con ella.

-¿Está todo bien? Has estado muy distraída hoy- comentó Sarah preocupada.

-Sí, sólo son muchas cosas pendientes con la boda. Lo hiciste muy bien, creo que ya estás lista para cosas más complejas- sonrió Regina viendo a su estudiante.

Regina quería enseñarle como teletransportarse y a dominar algunos trucos y hechizos más complejos. Sarah aprendía muy rápido, parecía que estudiaba muy bien en casa. Decidió que aprenderían juntas algunos de los hechizos que su madre había escrito en aquel libro que guardaba en su cripta. Confiaba en Sarah lo suficiente para llevarla con ella ahí.

-Es momento de aprender cosas más complejas- dijo Regina sonriendo- Esta vez, lo haremos juntas.

Sarah la miró con curiosidad, le agradaba la manera en la que Regina le ponía nuevos retos. Por eso no cuestionó nada cuando la alcaldesa la llevó a la entrada de una cripta.

-¿Lista para lo que verás?- preguntó Regina, simplemente quería añadir emoción a la experiencia.

Sarah asintió sin emitir ningún sonido, su expresión era invaluable. Entraron. Al ser la primera vez que Sarah sabía de la existencia de ese lugar y lo visitaba, se encontraba maravillada por la cantidad de objetos mágicos y libros que se escondían en ese rincón oculto del pueblo.

-No toques nada sin preguntar, hay algunas cosas peligrosas- advirtió Regina al observarla tan entusiasmada.

Sarah no dejaba de hacer preguntas sobre el lugar, las cuales Regina respondía con gusto. Al cuestionar el contenido de las cajas con corazones Regina se tensó un poco pero aún así le explicó todo, al final de cuentas, ella sabía sobre su pasado. La plática y anécdotas fluían mientras Regina buscaba el libro, no estaba en su lugar y recordó que en algún momento lo había sacado para ver ejercicios para Sarah.

-¿Qué buscamos?- preguntó Sarah, husmeando un poco más por el lugar.

-Es un libro café... tiene un corazón en el centro…-Regina describió el libro y las dos continuaron la búsqueda. En una pila de libros, Sarah lo encontró.

-¿Es éste?- Sarah tomó el libro y comenzó a hojearlo mientras preguntaba a Regina.

La alcaldesa se quedó helada al observar la escena, era en efecto, el libro de su madre. Aquel sellado con magia de sangre.

-¿Cómo…?

...