- ¿Cómo...? - Regina no podía terminar la frase, respiró profundo- ¿Cómo lo abriste?

- ¿A qué te refieres? -le preguntó la joven, alzando su mirada hacia ella, con un rostro visiblemente confundido -Simplemente lo tomé y lo abrí, como cualquier otro libro... -meditó un segundo - ¿O te refieres a que no debí abrirlo? -terminó, con tono preocupado.

-No, no es eso, bueno, sí pero no exactamente... -respondió la alcaldesa -con tono y mirada distantes -se supone que estaba sellado con... con... -no se atrevía a terminar la frase –No… no importa, el punto es que estaba sellado con magia de sangre, por lo que no deberías haber sido capaz de abrirlo así nada más...

Sarah la observó sin comprender muy bien lo que acababa de pasar, le dio el libro y Regina procedió a buscar lo que necesitaba. Revisaron juntas el libro y le mostró un poco sobre la tele transportación que estudiarían después de la boda. Una vez fuera de la cripta se despidieron, un poco incómodas aún por el incidente con el libro y cada una tomó su camino.

Regina se apresuró a caminar de regreso a la mansión tratando de acomodar sus pensamientos, nada de eso tenía sentido y a la vez todo encajaba. En cuanto llegó, Robin ya estaba preparando la cena, Roland y Henry apenas llegarían de pasar la tarde con Emma, decidió platicarle todo: el encuentro con Facilier, el atrapa-sueños, Sarah abriendo el libro.

-No puede ser coincidencia- comentó Robin procesando todo- el mismo día que Facilier te cuenta esa historia, esto pasa. Debe haber alguna explicación que tenga sentido.

-El problema es, que si tiene sentido...- respondió Regina lanzando un suspiro.

El momento fue interrumpido por un pequeño torbellino que entró corriendo a la mansión.

-Llegamos, mamá- Henry anunció su llegada antes de que el pequeño Roland llegara a la cocina y de un salto abrazara a Regina.

- ¡Gina! Henry me llevó a un lugar increíble, era un castillo de verdad- gritó emocionado Roland.

Henry explicó que fueron a su vieja torre en la playa y comieron bocadillos ahí con Emma y Snow. Contaron cuentos para Roland y le gustó mucho el lugar. Regina sonrió y le dio un beso a Henry mientras cargaba a Roland. El pequeño corrió a darle un beso a su papá.

-Vayan a lavarse, la cena está lista- ordenó Robin.

Roland salió corriendo de nuevo con Henry tras él, en lo que volvían, Regina sacó los platos. Robin se acercó a ella y la rodeó con su brazo para darle un beso en la mejilla.

-Vamos a hablar con Giselle, estoy seguro que ella podrá darnos más información, no hay que alterarnos aún- susurró Robin justo antes de que los chicos volvieran y empezaran a acomodar la mesa.

Regina asintió y suspiró de nuevo, la escena de Sarah con el libro abierto se repetía una y otra vez en su cabeza. Trató de olvidarlo y concentrarse en cenar con su familia, pero era inevitable, los ojos de Sarah le resultaban ahora demasiado familiares.

...

Sarah, inmediatamente después de su sesión con Regina se dirigió al bosque, donde se encontró con Facilier para inmediatamente practicar lo poco que logró ver en su última sesión y tratar de entender mejor las bases de la tele transportación, aún se encontraba un poco consternada por toda la situación con el libro y Regina, claramente debía haber una razón por la que reaccionó de la manera que lo hizo, pero... ¿qué?

-Facilier... -dijo, dirigiendo su vista al hombre - ¿qué es la magia de sangre?

El hombre, que se encontraba dándole la espalda en ese momento, sonrió. ¿Ya tan rápido había evolucionado la situación? - ¿Por qué preguntas? -dijo, sin voltear a verla.

Sarah, dada la confianza que sentía con el hombre, decidió explicarle lo sucedido en la cripta con Regina.

-Ya veo... -comentó - Ciertamente no deberías haber sido capaz de abrirlo, no porque algo malo fuese a suceder o porque no debieras, sino porque la magia de sangre es, como su nombre lo dice, magia activada a través de la sangre de la persona que la utiliza, mayormente se usa para sellar o proteger objetos importantes, y la única forma de acceder a dichos objetos es que la persona que realizó el hechizo lo abra o alguien de su familia lo haga.

Sarah se quedó pensando, procesando la información unos momentos -Entonces... -dijo sintiéndose ligeramente nerviosa, de alguna forma temiendo la respuesta - ¿Qué quiere decir eso en este caso?

-Significa que sólo Regina o alguien perteneciente a su familia, que comparta la misma línea de sangre que ella.

Sarah sintió como si todo a su alrededor se hubiese detenido - ¿Entonces...eso significa que...? -murmuró, no atreviéndose a terminar la frase.

-Significa que debes estar relacionada con ella de alguna forma, y por ende tu hermana -terminó por ella.

- ¿Y… cómo? -preguntó, su tono claramente lleno de confusión, pero con algo de esperanza en él, no recordaba casi nada de su infancia antes de la señora Áurea, por lo que una parte de ella insistía que no tenía sentido, pero por otra parte, algo dentro de ella le decía que era posible y tenía más sentido de lo que parecía.

Facilier meditó la situación su plan antes de darle una respuesta, no esperaba que las cosas evolucionaran tan rápido, pero le resultaba conveniente, por lo que no encontró una razón para aplazar más el resto de sus planes, si todo salía bien, pagaría su deuda y obtendría lo que quería mucho más pronto de lo que pensaba. Se decidió y, unos segundos después, un nuevo atrapa-sueños apareció en su mano, desconcertando a Sarah, con pasos firmes se acercó a ella y le dijo, mientras pasaba su mano por encima del objeto -Déjame mostrarte algo. Es una historia que comenzó hace poco más de 37 años...

Y así, a través del atrapa-sueños, le mostró todo lo sucedido, bueno, casi todo... omitió cosas como el trato con Cora y su relación con Regina, ya que temía que cualquiera de esos dos sucesos la hiciera perder confianza en él, ya que claramente contribuyó a la separación de su familia y, el hecho de que alguna vez tuvo algo con Regina haría sus intenciones demasiado sospechosas, por lo que solo le mostró desde el momento en que Regina y Robin se conocieron hasta el momento en que Cora lanzó el hechizo que le quitó los recuerdos a todo el Bosque Encantado y el momento en que las abandonó en alguna parte del bosque, donde la señora Áurea las encontró.

Al finalizar, Sarah no pudo hacer nada más que simplemente mirar el atrapa-sueños, que en algún punto había terminado en sus manos, aun cuando ya no se encontraba reproduciendo ninguna imagen o... recuerdo, no entendía muy bien cómo se suponía que funcionaba el artefacto, pero en ese momento esa era la menor de sus preocupaciones. Regina y Robin son sus padres... son familia... Giselle y ella no están solas, nunca lo han estado, sus padres sí las querían, no las abandonaron, fueron arrebatadas de ellos, y nunca las buscaron porque... simplemente no lo recuerdan. Su cabeza estaba hecha un lío entre tratar de procesar tal revelación y su emoción, tratar de comprender lo que todo eso significaba, y averiguar cómo podía resolver la situación, ella misma posee magia así que debería ser capaz de hacer algo para arreglar todo y lograr que todos recuperen sus recuerdos, para que puedan ser una familia una vez más.

Facilier, notando el conflicto interno de la joven, posó su mano sobre su hombro, interrumpiendo sus pensamientos y trayéndola de vuelta al presente.

-Tengo un plan. Ve a tu casa, piénsalo y descansa. Sí mañana, ya con la cabeza más clara, estás interesada en ayudarme, entonces te estaré esperando aquí mismo a medio día. Entonces te explicaré los detalles-. y con eso, desapareció en su característica nube de humo guinda.

Sarah, aún anonadada y confundida, decidió tomar su consejo y se dirigió a su casa, lo consultaría con la almohada.

...

Al día siguiente, aun sintiéndose algo abrumada pero, como Facilier había dicho, con la mente más clara, decidió ir a la biblioteca antes de reunirse con el maestro del vudú, con la idea de relajarse y hacer un poco de investigación sobre la magia de sangre, no estaba segura de sí en la biblioteca tenían libros de magia, pero no perdía nada con intentar.

Casi inmediatamente después de entrar se encontró con Belle que, como de costumbre, se encontraba organizando y limpiando los estantes. Belle al darse cuenta de la presencia de la joven la saludó - ¡Sarah! Que sorpresa verte por aquí a estas horas, hace tiempo que no vienes. ¿Cómo has estado...? ¿Todo bien? -preguntó al percatarse de la postura tensa de la joven.

-Sí, solo... -contestó, nerviosa -solo venía a investigar un poco. ¿De casualidad tienes libros de magia aquí?

-Mmmm no, realmente no -contestó con tono distante, pensando -me parece que para ese tipo de material tendrías que preguntarle a Regina, o a Rumple... ¿Qué es exactamente sobre lo que quieres investigar? -cuestionó, mientras seguía acomodando los libros en el estante frente a ella.

-Magia de sangre -murmuró la joven.

Ante eso Belle se congeló, dejando lo que estaba haciendo e inmediatamente girándose hacia la joven - ¿Por qué? -fue lo único que dijo.

Sarah, decidiendo que puede confiar en Belle, le cuenta sobre lo sucedido con Regina el día anterior y, al estar tan distraída debido al predicamento en el que se encontraba, accidentalmente y casi sin darse cuenta, mencionó el hecho de que Facilier fue quien le explicó qué era la magia de sangre.

-Espera -la interrumpió Belle - ¿Dijiste... Facilier?

Dándose cuenta de su error, Sarah titubeó, dudando si era buena idea contarle al respecto o no, sin embargo, decide hacerlo puesto que ya mencionó su nombre y no hay forma de que pueda disimularlo más. Omite detalles, pero a gran escala menciona que ha estado tomando "clases extra" con él desde aquel día en que la encontró y se ofreció a ayudarle. Y que la hizo prometer que no se lo diría a nadie puesto que nadie en la ciudad confiaba en él.

Belle simplemente la escuchó y decidió no criticar las decisiones de la muchacha, puesto que ni ella conocía bien a Facilier, pero sabía que no era alguien de fiar, además de que su esposo se encontraba tras de él y no quería que Sarah se viera involucrada en los "asuntos" de Rumple, nunca se sabía que podía pasar. Y, aunque apenas se conocían hacía unos meses, tenía en gran estima a la joven.

-Entiendo... Sé que no te va a gustar lo que estoy a punto de decir, pero... - titubeó - tal vez sea mejor que te alejes un poco de él de ahora en adelante. Honestamente no lo conozco bien, pero sé que, si Regina y Rumple sospechan de él, debe ser por algo. No sabemos de lo que puede llegar a ser capaz.

-No entiendo por qué todo el mundo desconfía de él - respondió irritada -No ha sido nada más que amable conmigo. ¿Acaso no se supone que Storybrooke es un lugar donde todos pueden tener una segunda oportunidad?

-Tienes razón -contestó Belle, anonadada, ¿cómo discutir ese argumento? Después de todo, Regina, Rumple, Hook e inclusive Zelena habían sido capaces de cambiar, pero... algo no estaba bien, podía sentirlo -Solo... solo ten cuidado, ¿de acuerdo?

Sarah se limitó a asentir y salió de la biblioteca sin más que decir, y claramente aún molesta, sabía que Belle tenía buenas intenciones, y no podía culparla, pero a la vez no entendía por qué todos parecían desconfiar del hombre sin razón aparente. Durante toda su estancia, no ha hecho nada contra ellos y hasta ayuda a los ciudadanos del pueblo de vez en cuando.

Finalmente decidió no darle más vueltas al asunto y continuó su camino hacia el pozo, donde se vería con el maestro del vudú.

...

Se encontraron, una vez más, en su punto de reunión habitual.

-Viniste -dijo el hombre, sonriendo al verla - supongo que entonces estás interesada.

Sarah solo esbozó una pequeña sonrisa y suspiró, se sentía cansada -Le he estado dando vueltas toda la noche y no se me ocurre ninguna forma de arreglar esto, pero claramente tu tienes mayor conocimiento que yo, así que dime, ¿qué tienes en mente?

Pasaron unos segundos antes de que contestara -Un hechizo. Mi plan es lanzar un hechizo, similar al de Cora, solo que este tendrá el efecto opuesto, hará que todos recuerden todo.

-... ¿Todo?

-Así es. Todo lo que está aquí - dijo, invocando el atrapa sueños que le había mostrado el día anterior.

De pronto el consejo de Belle resonó en su mente y una duda surgió en ella - ¿Por qué quieres ayudarme? No es que desconfíe de ti - aclaró rápidamente -pero... tengo curiosidad.

-Supongo que se podría decir que me siento culpable -dijo, fingiendo tristeza.

- ¿Por qué?

-Pude haberla detenido. Pude haber evitado que todo esto sucediera, pero no lo hice. Regina y yo fuimos... amigos cercanos hace mucho tiempo, así que hice mi misión encontrarla de nuevo y arreglar todo, aun cuando ella no lo sepa y no quiera saber nada de mí - su tono se tornó melancólico. -Pasé muchos años consiguiendo todos los ingredientes necesarios, y al fin esa promesa está a punto de cumplirse... -terminó, ligeramente esperanzado.

-Si ya tienes todo lo necesario, entonces... ¿por qué necesitas mi ayuda?

Facilier suspiró - Aunque no me guste admitirlo, es cierto que ya no soy tan poderoso como antes - mintió - por lo que mi magia no es suficientemente para lanzar este tipo de hechizo.

Sarah no hacía más que observarlo mientras hablaba.

Además... - continuó - se trata de tú familia, pensé que lo mejor sería que también fueras parte de esto. Eres la única que puede hacerlo después de todo. Regina nunca me creería, y tu hermana y Robin no poseen habilidades mágicas.

-Tiene sentido - fue lo único que pudo musitar la joven. Su mirada parecía casi vacía, se encontraba contemplando toda la información que había recibido en las últimas 24 horas, más ya no incrédula y confundida, sino decidida a hacer lo que hiciera falta por reunir a su familia de nuevo.

-De acuerdo - concluyó con tono serio, fue hasta entonces que decidió fijar su mirada en el hombre una vez más - ¿Qué tengo que hacer?

Facilier sonrió de manera siniestra -Nos vemos en el pozo esta noche. Comenzaremos ahí con los preparativos y entonces... - susurró de forma casi inaudible -entonces mis deudas quedarán saldadas.

...

Esa mañana Henry había decidido buscar un lugar tranquilo en el bosque para escribir. Robin aprovechó para pedirle que pasara con Little John a dejarle provisiones para el campamento.

A pesar de que se desvió un poco de su ruta para ir con los simpáticos secuaces de Robin, Henry encontró un cómodo árbol en el cuál podía sentarse a practicar sus habilidades de escritor. Estaba concentrado hasta que escuchó voces a lo lejos.

- ¿Por qué quieres ayudarme...?

Henry reconoció rápidamente la voz de Sarah y trató de enfocar la mirada para identificar a su acompañante. Desde el punto donde se encontraba, ellos no lo veían, así que no le costó trabajo notar a Facilier a la distancia.

Trató de no moverse para ocultar su ubicación, algo que Snow y Robin le habían enseñado al andar en el bosque. Trató de agudizar su oído para escucharlos mejor sin éxito, sólo logró captar algunas frases, hablaban de usar la magia. No entendía nada, decidió esperar a que Sarah estuviera sola para poder interceptarla y hablar. La escritura tendría que esperar.

Después de varios minutos, Henry vio como Facilier se desvaneció en una nube de humo, dejó pasar unos segundos y acto seguido se levantó lentamente y caminó hacia Sarah, quien se encontraba recargada contra un árbol, meditabunda.

Trató de hacer ruido con sus pasos para no sorprender a Sarah, quebrando algunas ramas a propósito.

- ¿Estás bien?- dijo Henry en voz baja- ¿Qué haces aquí?

-Estoy bien, no pasa nada- respondió Sarah un poco alterada al notar su presencia.

- ¿Segura? - preguntó, queriendo estar cien por ciento seguro. Hizo una pausa, antes de continuar - Es que... te vi... con Facilier...

Sarah se tensó casi inmediatamente y dio un paso atrás de forma involuntaria. No quería explicar nada, Henry no la entendería.

-Sólo quiero saber si pasó algo- dijo Henry en voz más baja- Ya sabes lo que nos dijeron. No confío en él.

-Todo está bien- el tono de voz de Sarah decía lo contrario.

Henry notó un ligero brillo en la mano de Sarah y dio un par de pasos atrás para que no se sintiera atacada. Sarah notó esto y respiró profundo.

-De verdad, no tienes que preocuparte por Facilier- soltó Sarah mirándolo fijamente.

Henry estaba a punto de rendirse y dejarlo pasar, pero su intuición no fallaba, algo malo estaba pasando ahí.

-Por favor, sin importar lo que diga no confíes en él, recuerda que era un villano en el Bosque Encantado- contestó el joven.

- ¿Tú también? - susurró Sarah irritada- Gold también lo era, muchos en Storybrooke... -inclusive Regina... -pensó.

Se escuchaba la hostilidad en la voz de Sarah, Henry siguió insistiendo, en un intento desesperado por advertirle, pero era inútil. Después de discutir un par de minutos más Sarah decidió alejarse, dándose media vuelta y dejando a Henry prácticamente hablando solo, no entendía porque todos lo atacaban, no sabían nada de él y sus intenciones parecían ser buenas, nunca le dio motivo alguno para desconfiar. Se dirigió a casa para relajarse un poco antes de esa noche. Henry volvió a la mansión, molesto, pero sobre todo preocupado, algo claramente andaba mal y él descubriría de una forma u otra de qué se trataba.

...

Mientras tanto en la mansión Mills, Regina y Robin se encontraban organizando los lugares donde se sentarían los invitados en la fiesta. Era una de las cosas pendientes en la lista que le había dado Snow esa mañana, los últimos detalles antes del gran día.

Giselle tenía una lista similar de pequeños detalles y encargos con los cuáles ayudar. Ese día debía llevar mantelería para agregarla a las cosas que llevarían para preparar la recepción de la boda un par de días después.

Al caminar por el pasillo hacia la puerta de la mansión se encontró con Henry que llegaba también, lo notó un poco decaído. Lo saludó y él se limitó a sonreírle un poco y abrir la puerta.

- ¿Vas a pasar? - le preguntó Henry amablemente.

Antes de que ella pudiera responder, un efusivo pequeño le dio la bienvenida con un abrazo y Giselle le dio un par de telas para incluirlo un poco en la ayuda. Dirigiéndose a Henry una vez más, simplemente asintió y entraron al comedor donde se encontraban Regina y Robin sentados uno frente a otro.

Giselle los saludó alegremente pero inmediatamente notó algo extraño en sus miradas mientras la observaban, quizás... duda? No estaba segura, pero fuese lo que fuese, la incomodaba un poco. No sabía qué pasaba, todos estaban actuando raro. Henry se acercó a saludar dándole un abrazo a Regina y un choque de puños a Robin.

-Henry, ¿puedes llevarte a Roland a jugar arriba? - le dijo Regina al joven.

-Está bien... - contestó, tratando de sonar animado, cosa que no pasó desapercibida por la alcaldesa, ya hablaría con él más tarde - ¡El primero en llegar elige el juego! -dijo Henry dirigiéndose a Roland antes de que ambos salieran a toda velocidad hacía el cuarto.

- ¡Sin correr! - gritó Regina sonriendo un poco.

Giselle dejó las cosas en la mesa y justo cuando iba a preguntar si necesitaban ayuda con algo más Robin habló.

- ¿Tienes un momento? - dijo indicando la silla libre entre ambos en la cabecera de la mesa.

-Sí...-contestó, claramente nerviosa.

Giselle se acercó a la silla un poco incómoda, se sentó y los miró de forma expectante, esperando a que alguno de ellos hablara primero.

-Esperemos que no te incomode mucho, pero... - comenzó Robin, dudoso -Queremos que nos hables... sobre tu pasado, más específicamente sobre... tu familia, ¿está bien? -Giselle asintió lentamente, procesando lo que le estaban pidiendo -No tienes que hablar muy a detalle si no quieres - le aseguró Regina posando su mano sobre la de la joven de forma gentil -Solo queremos hacer algunas preguntas generales, es todo - sonrió.

-No recuerdo mucho, pero está bien... supongo- respondió Giselle.

-Está bien, solo cuéntanos lo que recuerdes- comentó la alcaldesa sirviéndose un poco de vino.

Giselle procedió a contarles todo, se sentía en confianza para hacerlo. Desde los pocos recuerdos espontáneos que tenía de sus padres, sus sueños, el extraño collar en la tienda de Gold, la señora Aurea, el orfanato y finalmente como habían salido de ahí.

Regina y Robin se limitaron a escuchar intercambiando miradas ocasionales cuando algo les sonaba familiar. Al finalizar la historia, Giselle cuestionó la curiosidad tan repentina, aunque no le molestaba contarles.

-Estamos resolviendo algo, en cuanto tengamos más información te contaremos todo, ¿de acuerdo? - respondió Regina pensativa, cerrando la conversación al respecto.

El silencio invadió la habitación, sólo se escuchaban las risas de Roland a la distancia.

-Y... ¿cómo estuvo la clase de hoy? - preguntó Giselle en un intento por romper la tensión.

- ¿Qué clase? - respondió Regina confundida.

-Con Sarah... me dijo que se verían hoy.

-No, nuestra última clase fue ayer- contestó Regina aún más confundida alternando su vista entre Robin y Giselle, como si esperara que alguno de los dos le explicara por qué Sarah había dicho tal cosa.

-Pero ella me dijo que estaba contigo... -murmuró, pensando, ¿por qué le habría mentido su hermana? -Supongo que tendré que hablar con ella más tarde al respecto- terminó Giselle sería, pero sobre todo preocupada.

Momentos después Giselle decidió retirarse, se despidió y prometió estar al pendiente de lo que fuera necesario para la boda. Mientras se dirigía a casa pensaba en su hermana, había actuado muy distante esa mañana y le preocupaba que algo malo estuviera pasando. No se imaginaba lo que estaba por venir.

...

Ese día Giselle llegó un poco más temprano que de costumbre, lo que sorprendió a Sarah, que se encontraba acostada sobre el sillón de la sala, intentando leer. Apenas iban a ser las 7.

¿Y ese milagro? -le preguntó a su hermana sin apartar la vista del libro.

-Gold me dejó salir antes, tenía que ir a dejarle unas cosas a Regina. - comentó sería, dejando las llaves sobre la mesita de la casa. Notó cómo Sarah se tensó ligeramente ante la mención de la alcaldesa.

-Ah ya -se limitó a contestar la menor, sin saber qué más decir.

-Entonces... -dijo Giselle acomodando su saco en el colgador de la entrada y finalmente poniendo toda su atención sobre su hermana - ¿Dónde estabas?

- ¿A qué te refieres? - contestó fingiendo indiferencia.

-Regina me dijo que la última clase fue ayer, no te vio hoy -dijo mientras se acercaba lentamente al sillón, su voz seria, pero no realmente molesta -lo que quiere decir que mentiste y fuiste a otro lado. ¿Por qué?

Sarah no articuló palabra alguna, creando un silencio incómodo.

Giselle suspiró - Sarah, no estoy enojada, solo quiero saber.

-Fui a la biblioteca con Belle - murmuró.

- ¿Y…?

-Nada más, después me fui a dar una vuelta y ya. Fue todo.

- ¿Segura?

-Sí, Giselle - contestó exasperada, dirigiendo su vista a su libro una vez más.

- ¿Entonces por qué la necesidad de mentirme y decirme que ibas con Regina? ¿Por qué no simplemente me dijiste eso? - le cuestionó incrédula y confundida.

-...No sé -fue lo único que pudo contestar.

-Sarah... -musitó - Me preocupas, has estado actuando muy extraño desde ayer. ¿Segura que estás bien?

- ¿¡Por qué todos actúan tan extraño conmigo hoy!?- exclamó poniéndose de pie, finalmente perdiendo la calma -Primero Belle, luego Henry y ahora tú, ¿de qué se trata?

- Woah espera, -Giselle sorprendida dio dos pasos hacia atrás -Tranquilízate, ¿de qué...?

-Simplemente menciono su nombre y todos reaccionan así - siguió despotricando Sarah, haciendo caso omiso al cuestionamiento de su hermana -Solo estoy tratando de arreglar las cosas, y él está dispuesto a ayudarme, ¿qué tiene de malo? ¡No lo entiendo! ¿Por qué...?

- ¡SARAH! - la interrumpió -No entiendo ni una palabra de lo que dices, ¿de quién hablas? ¿Te está ayudando a qué?

Sarah al una vez más darse cuenta de su error suspiró, cansada. -Nada, olvídalo - contestó, tratando de retomar su lectura.

-Sarah...

-Dije que no es nada Giselle, ya no quiero hablar al respecto- dijo poniéndose de pie una vez más, el libro ahora abandonado en el suelo. No había forma de que se lo pudiera explicar a su hermana, si le revelaba todo sobre Facilier, conociendo lo protectora que es, no le creería y su reacción podría no ser tan amable como la de Belle, quien probablemente le informaría a los demás de una forma u otra, la estarían vigilando. -No tienes de qué preocuparte.

-Bueno es un poco tarde para eso - resopló cruzándose de brazos, esta vez ya algo molesta. -Esta claro que me estas ocultando algo, ¡solo quiero saber por qué! Tiene que ser algo peligroso o por el estilo, de otra forma no veo por qué reaccionarías así.

-Quiero estar sola -evadió Sarah tratando de ponerle fin a la conversación, se dio media vuelta, dispuesta a dirigirse a su habitación, pero no llegó muy lejos pues su hermana la tomó del brazo, deteniéndola.

-Giselle, suéltame -dijo en voz baja, sin mirarla.

-No.

-Giselle...

- ¡No hasta que me expliques qué está pasando! ¿No quieres preocuparme? Pues estás logrando todo lo contrario Sarah, ¡esto no es normal en ti! Nada de secretos, ¿recuerdas? Somos todo lo que tenemos...

-Eso no es cierto - susurró Sarah - No estamos solas... ya no - pensó, recordando todo lo que había visto en ese atrapa-sueños.

Pero Giselle no la escuchó, tomó su brazo con un poco más de fuerza -Sarah, háblame -le rogó-dime qué pasa, sea lo que sea lo podemos resolver juntas, como siempre lo hemos hecho.

-No, murmuró - recordando las palabras del hombre "Después de todo, eres la única que puede hacerlo" - Esto es algo que tengo que hacer sola.

Giselle la miró más confundida que nunca, y algo dolida - ¿Ya no confías en mí? - le preguntó.

Eso dolió, claro que confiaba en ella, quería decirle, pero no podía, su propia mente se lo impedía, no podía arruinar los planes de Facilier que tanto se había esforzado por ayudarla, por ayudarlos. No tenía forma de comprobarle todo lo que vio, el atrapa-sueños lo tenía él. Ante los ojos y la mente de Sarah, Giselle no lo entendería, no había forma. Todo en su cuerpo le gritaba que huyera, tenía que salir de ahí, quería estar sola, acabar con todo de una vez, evitar la confrontación a toda costa.

-Suéltame Giselle - dijo con voz más grave, tratando de zafarse del agarré de su hermana.

- ¡No Sarah! ¿Por qu-?

- ¡GISELLE SUÉLTAME! - gritó, tirando de su brazo y cerrando los ojos. Acto seguido escuchó un ruido, y segundos después se percató de que ya no sentía el agarré de su hermana sobre su brazo y al abrir los ojos se sorprendió al ver que la envolvía una nube de humo azul, que al desaparecer le mostró que ya no sé encontraba en su casa, sino en alguna parte del gran bosque de Storybrooke.

Sarah acababa de teletransportarse, sin haberlo intentado, sus instintos simplemente reaccionaron. Aún molesta y con ojos llorosos, suspiró y se sentó en la tierra, abrazando sus piernas.

Una sombra a lo lejos la observaba, sonriendo. Todo estaba marchando mejor de lo que esperaba.