Tras evaporarse la nube de humo, Giselle salió de la casa apresurada a buscar a Sarah, sin saber a dónde más ir se adentró en el bosque. Caminó por varios minutos sin dirección, la oscuridad hacía que ella chocara con árboles y ramas, de pronto alcanzó a ver unas sombras a lo lejos, era Sarah con alguien más a quien no alcanzó a distinguir. Lo que vio en ese momento la paralizó, observó cómo a lo lejos su hermana caía al suelo de rodillas con las manos sobre el pecho mientras la otra sombra sostenía algo brillante en su mano, el brillo se apagaba lentamente hasta que ese objeto se convirtió en polvo, al mismo tiempo Sarah cayó por completo al suelo provocando un estruendo que la congeló y retumbó en todo el bosque.

- ¡SARAH! - gritó Giselle sin poder moverse ni un centímetro - ¡SARAAAH!

La sombra que acompañaba a su hermana volteó a verla, no sabía quién era sólo veía sus ojos que brillaban fuerte en la oscuridad. Sintió el golpe de la mirada y la sombra en un segundo se abalanzó sobre ella...

Giselle despertó en un sobresalto, desconcertada y con el corazón latiendo de manera frenética en su pecho. Se encontraba en la sala, específicamente en el sillón, donde se quedó dormida la noche anterior esperando a que Sarah regresara. No tenía idea de a dónde pudo haber ido ni cómo buscarla y no estaba segura de cómo funcionaba la teletransportación... o la magia en general. Sintiéndose más cansada que nunca, se levantó del sillón.

- ¿Sarah? -le llamó, esperando alguna clase de respuesta.

Al no obtener nada procedió a revisar la habitación de la joven, esperando que se encontrara ahí, que hubiese regresado durante la noche y no se hubiese dado cuenta. Pero para su pesar, la habitación estaba vacía y tal como la había dejado su hermana el día anterior.

Mentalmente se debatió qué debería hacer a continuación. Tenía que ir a trabajar, por lo que no podía pasar el día buscándola, además, no quería preocupar a los demás aún, ya que no había pasado siquiera un día entero desde que su hermana salió, tal vez solo necesitaba espacio, regresaría tarde o temprano y enmendarían las cosas entre ellas... o por lo menos eso esperaba, aquella pesadilla la había dejado demasiado agitada.

Derrotada suspiró y decidió ir a trabajar.

...

El día pasó en su mayoría como cualquier otro, limpiando y acomodando los objetos en la tienda, el pequeño descanso ocasional y algún que otro cliente que entraba solo a ver o a consultar algo con Gold, quien se percató que algo andaba fuera de lo normal desde el momento en que su empleada cruzó la puerta, algo que por esta ocasión decidió ignorar pues tenía otros asuntos que atender, ya había planeado con anticipación dejar la ciudad ese día junto con Belle y Gideon bajo el pretexto de pasar unas vacaciones con su familia lejos de Storybrooke, idea que a su esposa le pareció maravillosa cuando se la planteó, y aunque era cierto que quería pasar más tiempo con su familia, la verdadera razón era que no quería verse involucrado de ninguna forma en lo que fuese que estuviese planeando Facilier. Fuese lo que fuese, los "héroes" podrían arreglárselas sin él.

Cuando Giselle se encontraba de salida recibió un mensaje de Snow diciéndole que acababan de llegar los vestidos que utilizarían las damas de honor a casa de Regina, cortesía de Zelena, por lo que tenía que pasar por el suyo lo más pronto posible. Viendo tristemente que no tenía ningún otro mensaje o llamada en su registro, decidió ir en ese momento

...

Al llegar a la mansión, Regina la recibió con un abrazo, tan amable y cálida como siempre, gesto que la joven intentó reciprocar con el mismo nivel de energía a pesar de su ánimo actual.

Acto seguido, Regina la hizo pasar y la llevó a la sala, donde se encontraban las cajas con los vestidos de las damas y le entregó el suyo para que se lo midiera. Se trataba de un vestido de tirantes con una falda corte medio color crema, buscó el baño más cercano a la sala para cambiarse, y una vez puesto regresó a la sala para mostrárselo a la alcaldesa, quien se quedó boquiabierta al verla -Te queda perfecto -susurró- ¡Y se te ve precioso! -dijo con tono alegre, una ligera sensación de orgullo maternal formándose en su pecho.

La joven le agradeció el cumplido apenada, aunque lo que le llamó más la atención a Regina fue el ligero aire de tristeza que cargaba en su voz, siendo honesta había notado que la joven se encontraba algo distraída y cabizbaja desde que llegó, pero no quería entrometerse en sus asuntos personales, sin embargo, no podía evitar preocuparse - ¿Giselle?

- ¿Mmm...? - contestó meditabunda

- ¿Está tod-? -justo en ese momento fue interrumpida por la voz de Henry, quien no se percató inmediatamente de la presencia de la joven.

-Mamá no me puedo decidir, ¿cuál crees que se vería mejor? -preguntó sosteniendo ambos trajes en sus manos -El clásico negro o este azu... -se detuvo a media pregunta puesto que en ese momento se dio cuenta que su madre no era la única persona en la habitación. -Hola- le dijo con timidez.

Giselle solo le devolvió el gesto con la mano y una pequeña sonrisa. De pronto, una idea cruzó su mente

-Henry, ¿de casualidad has visto a Sarah el día de hoy? ¿O te has comunicado con ella? - preguntó, dando un par de pasos en su dirección.

-N-No -respondió nervioso -No la he visto desde ayer, ¿por qué?

Esta respuesta sorprendió tanto a Giselle como a la alcaldesa - ¿Ayer? ¿Se vieron ayer? ¿A qué hora? ¿Te dijo algo? - le cuestionó de forma insistente, lo que provocó que Henry se sintiera cada vez más y más abrumado, por lo que Regina, ahora más confundida y preocupada, decidió interrumpirla, posicionándose entre los dos y posando una mano sobre el hombro de Giselle -Woah, tranquila. ¿Por qué la insistencia? ¿Pasó algo?

Giselle se limitó a observar a la alcaldesa unos segundos, debatiéndose qué decir. Finalmente, derrotada, cedió y procedió a explicarles a ambos todo lo sucedido con Sarah el día anterior. Al terminar, se dirigió a Henry, con una sonrisa apologética -Por eso estaba tan desesperada por saber sí sabías algo, disculpa que te abrumara de esa manera, el asunto me ha tenido muy estresada y preocupada todo el día- A lo que Henry solo le contestó que no había problema y la entendía completamente.

Después de esto la habitación se llenó de un silencio tenso, ambos Mills perdidos en sus pensamientos al igual que la joven. Henry por un lado contemplaba cómo decirles sobre la discusión que tuvo él mismo con Sarah ese mismo día, mientras que, por el otro, Regina se preguntaba quién podría ser la misteriosa persona con la que Sarah se juntó, cuál sería su plan y sí la joven se encontraba bien. Giselle no podía hacer nada más que esperar que su hermana se encontrara bien y que la llamara o regresara a casa lo más pronto posible.

-De hecho... -comenzó Henry, sacándolas a ambas de su trance -hay algo que tengo que decirles... -en ese momento le contó sobre su ida al bosque el día anterior, cómo la descubrió hablando con Facilier y la discusión que tuvieron. Ante la mención del hombre la alcaldesa se tensó de manera visible - ¿Facilier? -preguntó Giselle - ¿el hombre que llegó repentinamente hace unos meses? - a lo que Henry asintió.

-Y... ¿no les dijo específicamente si tenía algún plan o algo? -le preguntó a ambos jóvenes. Henry se limitó a menear con la cabeza y Giselle contestó -No.… bueno, solo mencionó que la estaba ayudando, pero no dijo a qué ni por qué...-se detuvo de pronto al recordar algo -Ahora que lo pienso, mencionó algo mientras discutimos, algo... sobre que ya no estamos solas.

- ¿Cómo? -preguntó Regina confundida.

Suspiró -Mientras discutíamos... le recordé que prometimos no guardar secretos entre nosotras, porque somos todo lo que tenemos, pero me contestó diciendo que eso no era cierto, que ya no estábamos solas... pero no sé exactamente a qué se refería con eso... -terminó con tono triste y meditabundo.

Regina se tensó una vez más. ¿A qué se podría haber referido? ¿Podría ser que habían encontrado una familia en el pueblo de Storybrooke? ¿En ellos? O... ¿podría haberle mostrado algo Facilier? - ¿Le habría hablado del atrapasueños? -se preguntó recordando el que le había dado el hombre. No tenía mucho sentido para ella, puesto que no debería haber nada de importancia o valor para Sarah dentro de él, pero... ¿qué otra cosa le pudo haber dicho que la hiciera decir algo como eso y además ocultarlo con tanta vehemencia de la persona en la que más confía en el mundo? Fuese lo que fuese, algo le decía que no se podía tratar de una simple coincidencia, después de todo, desde su plática con Facilier había notado una extraña familiaridad en los ojos de ambas hermanas.

Abrumada ante la cantidad de información y la confusión, decidió que lo mejor sería llamar a Robin, hablarlo para decidir qué hacer a continuación...

...

Robin y Roland se encontraban en la sastrería, recogiendo sus trajes para el gran día, Roland se encontraba midiéndose el suyo, el sastre asegurándose que todo le quedara bien, cuando de pronto el celular de Robin comenzó a sonar.

- ¿Regina? ¿Qué sucede? -dijo al contestar y notar el tono de su voz. Su prometida lo puso rápidamente al tanto de la situación mientras Roland se cambiaba una vez más y, al ver que no había ningún otro arreglo o ajuste que realizar, comenzaron a empacar sus trajes.

-De acuerdo, trata de mantener la calma, voy para allá. Te amo. -Acto seguido tomó las cajas con los trajes, que ya estaban pagados, así como a Roland de su pequeña mano y se dirigió a toda prisa hacia la mansión.

...

Al entrar a la mansión se sentía el estrés en el aire, justo al abrir la puerta Robin se topó con la mirada preocupada de Giselle y Henry de espaldas a él. Como siempre Roland entró corriendo a la casa ignorando los problemas de los adultos. De un salto Henry lo tomó en sus brazos y así saludó a Giselle.

-¿Pueden esperar un momento aquí?- dijo Regina a los jóvenes mientras le daba un beso a Roland en la frente.

-Sí, descuida- respondió Henry bajando al pequeño.

-Gina ¿Me traes un jugo de manzana, por favor? - dijo Roland mirándola con ojos dulces.

-Claro que sí, mientras ve con Henry y Giselle.

Regina le hizo una señal a Robin para que la acompañara a la cocina. El resto caminó a la sala jugando y brincando.

-Mi mamá cree que disimula bien, pero todos sabemos que si hablan en la cocina es que todo está fuera de control- bromeó un poco Henry para aligerar el ambiente, lo cual Giselle agradeció con una sonrisa.

-Al parecer sí lo está, Sarah no se comporta así jamás. Estoy muy preocupada por lo que pueda hacer- se sinceró Giselle.

-No te preocupes, si hay algo que sabemos hacer es derrotar villanos. Sarah estará bien- contestó Henry para tranquilizarla.

-Lo sé, pero nunca había visto a mi hermana así.

-Cuidamos a todos en el pueblo y ustedes ya son parte de Storybrooke, es como si fueran familia- dijo Henry antes de que Roland los interrumpiera para recordarles sobre su jugo.

Mientras en la cocina, Regina tomó varios vasos y el jugo para llevar bebidas a todos. No dejaba de dar vueltas por la cocina algo desesperada.

- ¿Ya pensaste en algo? - dijo Robin tratando de calmarla.

-Tengo la solución, pero se siente demasiado fácil- respondió Regina abrazando el envase de jugo.

Robin acomodó los vasos y tomó el envase, lo puso un momento en la mesa para poder tomar las manos de Regina.

-Estamos juntos en esto, lo sabes. A veces lo mejor es no complicarse con planes muy elaborados- Robin besó suavemente la frente de Regina lo cual hizo que ella respirara profundo y se sintiera más tranquila.

Creo que lo mejor es activar ese atrapasueños- soltó por fin Regina apretando sus manos- Me inquieta que Facilier pudo haberle dicho algo a Sarah y manipularla con eso. Necesitamos saber la verdad...

Después de unos minutos de hablarlo, la pareja salió de la cocina y se acercaron con seguridad a Henry y Giselle. Los llamaron al comedor y se sentaron junto a ellos. Dejaron a Roland jugando en la sala sin importarle nada más que su bebida y sus juguetes.

-Tenemos que contarles algo- soltó Regina antes de ponerlos al tanto de su interacción con Facilier, el atrapasueños y la relación que eso podría tener con la desaparición de Sarah.

-No entiendo muy bien cómo funciona el atrapasueños pero es la única pista que tenemos- respondió Giselle preocupada después de un incómodo silencio.

Robin puso una mano en el hombro de Giselle e hizo un gesto para indicarle que aprobaba la idea, todo estaría bien.

Regina tomó el atrapasueños y lo colocó frente a todos, una serie de imágenes empezaron a aparecer en el centro lo cual impresionó a Giselle, ya que nunca había visto ese tipo de magia. Eran escenas que se reproducían con velocidad, todos excepto Henry empezaron a reconocer lugares y recordar cosas. De repente, una onda de luz salió del atrapasueños envolviendo a Storybrooke devolviendo por completo los recuerdos a todos.

Robin y Regina se miraron en shock mientras lágrimas comenzaban a formarse en los ojos de Giselle, Henry no entendía qué pasaba. Roland llegó corriendo asustado por la luz extraña que acababa de inundar el pueblo, Henry lo sentó en sus piernas.

-Todo tiene sentido- Regina finalmente rompió el silencio en la habitación -esa sensación extraña, porque me parecían tan familiares y porque me siento bien con ustedes aquí.

-Creo que en el fondo lo sabíamos- comentó Robin sonriendo a Giselle.

- ¿Alguien nos puede explicar qué fue eso? - dijo Henry volteando a ver a todos confundido.

- ¿Me disculpan un momento? - Giselle se levantó de la mesa dirigiéndose a la sala. Se sentó y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Regina se acercó sentándose junto a ella, el resto las observaba desde el umbral de la puerta. Giselle se cubrió la cara con ambas manos respirando para poder calmarse. Regina la rodeó con su brazo y acarició su cabeza.

-Ya no estamos solas... Sarah lo sabe...- soltó Giselle entre sollozos- lo sabe y no me lo dijo...

-Facilier sabe manipular a la gente y no sabemos su plan. Por eso debemos encontrarla antes de que algo más suceda- contestó Regina.

-Alguien nos va a explicar o…- interrumpió Henry desde lejos.

-Somos familia- respondió simplemente Robin.

Todos se acercaron y se sentaron en la sala. Regina y Robin comenzaron a contarles toda la historia, Giselle contó su parte y así todos entendieron que había sucedido.

-Comprendo que te sientas extraña, Giselle, nosotros también. Pero esto es algo bueno, al fin nos encontramos- concluyó Regina.

-Ahora sabes de dónde viene esa increíble habilidad con el arco- bromeó Robin antes de darle un abrazo a Giselle. Ella simplemente respondió con una sonrisa aceptando el abrazo, Roland se lanzó sobre ellos para unirse y sin pensar Henry y Regina lo imitaron.

Giselle respiró profundo, muchas emociones la abrumaban, pero su prioridad seguía siendo encontrar a su hermana.

-Tendremos tiempo para lidiar con esto, primero hay que buscar a Sarah, averiguar qué sabe- comentó Giselle limpiando su cara.

Todos acordaron y empezaron a plantearse cómo localizar a Sarah cuando de pronto el celular de Regina comenzó a sonar.

- ¿Snow?

-Regina- dijo agitada - ¿qué acaba de pasar?

...

Después de todo el alboroto, Giselle se dio cuenta que aún traía el vestido de dama así que fue a cambiarse. Al verlo en la caja se dio cuenta que ahora ese vestido tenía otro significado; ya no sólo sería dama de honor, ahora participaría en la boda de sus padres. Se quedó contemplando la pared un rato, pensando en su hermana, en lo mucho que sus vidas habían cambiado y como su llegada a Storybrooke no había sido coincidencia. Cuando regresó a la sala, los Charming y Hook ya se encontraban ahí reunidos con los Mills.

Snow momentos antes puso al tanto a Belle de la situación, por lo que la bibliotecaria decidió quedarse a tranquilizar e informar al pueblo de la situación.

Regina les explicó lo sucedido, desde la situación con Facilier hasta lo que habían descubierto con el atrapasueños. Todos se quedaron sin comentarios con un gesto irreconocible en sus rostros, Regina los calmó y empezó la lluvia de ideas sobre cómo proceder, comenzaron a elaborar un plan para localizar a Sarah y posiblemente confrontar a Facilier.

La solución más adecuada fue usar un hechizo localizador que utilizarían en uno de los libros de Sarah. Decidieron dividirse en equipos para prepararse y se encontrarían en la casa de Sarah y Giselle para iniciar desde ahí la búsqueda.

Mientras Robin llamaba a los hombres alegres, Giselle y Regina estaban debatiendo la forma más rápida de llegar a la cripta para buscar el hechizo cuando Henry se acercó a ellas.

- ¿Y yo qué hago? - preguntó entusiasmado.

-Tú te quedas aquí con Roland, puede ser peligroso.

-Pero mamá...

Regina lanzó una mirada amenazadora hacia Henry que fue interrumpida por Giselle.

-Yo creo que sería bueno que nos acompañara. Vio a Sarah con Facilier y podría reconocer el lugar, ahí puede haber pistas ¿verdad? - soltó Giselle mirando con complicidad a Henry.

-Tiene razón, Regina- comentó Emma -puede ayudar y hemos estado entrenando con David, el chico se puede defender.

Emma sonrió y le guiñó un ojo a Henry, Regina volteó a ver a todos no muy convencida, pero sabía que estaban en lo cierto. Finalmente accedió con la condición de que primero llevara a Roland con Granny.

-No llevan ni una hora como hermanos y ya se están revelando contra mí- bromeó Regina.

-Entonces...- interrumpió Snow -técnicamente Giselle y yo somos hermanastras.

Lo absurdo de la situación hizo reír a todos.

-Sí, supongo que sí- contestó Giselle aun sonriendo.

Los Charming salieron a preparar provisiones y armas en caso necesario, ya que seguramente entrarían al bosque y no sabían a qué se enfrentarían, con Facilier cualquier cosa era posible.

...

*La noche anterior, en alguna parte del bosque...*

Después de un rato, y diversos intentos fallidos de teletransportarse, Sarah se puso en pie y decidió caminar sin rumbo, se encontraba en una sección del bosque que no identificaba. No se sentía con la energía en ese momento de buscar un camino de regreso a casa, ni de confrontar a su hermana nuevamente, necesitaba estar un rato sola.

Después de lo que pareció ser una hora o tal vez más, no estaba muy segura, terminó topándose con una casa de campo, dentro de la cual las luces se encontraban encendidas. No solo eso, de ella provenía también una presencia mágica ligera, pero muy familiar.

- ¿Será posible que...? -se preguntó la joven en voz alta. Actuando por puro impulso, se acercó a la entrada de la casa y tocó la puerta. Resultó que sus sospechas fueron ciertas, pues quien la recibe al abrir la puerta es ni más ni menos que el mismísimo Facilier aún vestido en su típico traje y todo - ¿acaso este hombre nunca se cambia eso? - pensó y no pudo evitar soltar una pequeña risa -Vaya, quién diría que el hombre más temido en Storybrooke ha estado viviendo todo este tiempo en una casita de campo -soltó en tono sarcástico.

Facilier rió sin humor ante el comentario -Ya empiezas a sonar como tu madre -notó como la joven se tensó ante la observación -En fin, ¿qué haces por aquí a estas horas? ¿No deberías estar en casa descansando en preparación para nuestro gran día mañana? -le cuestionó, aunque extrañamente, no se veía muy sorprendido de verla ahí.

-Bueno... pasó algo - contestó la joven. Facilier solo se limitó a alzar una ceja, curioso, pero la joven no elaboró más, nerviosa.

-Vamos pasa - le contestó, haciéndose a un lado y señalando una de las sillas frente a la chimenea para que se sentara.

...

-... Entonces me teletransporté por accidente y terminé en el bosque. No estoy segura de cuánto tiempo caminé, pero terminé aquí,y el resto pues, ya lo sabes -terminó de explicar la joven. Facilier no dijo nada por un rato, simplemente observaba el fuego, meditabundo.

- ¿Ahora qué hacemos? - terminó por preguntarle Sarah al no tener ningún tipo de respuesta. El hechicero se puso de pie y se dirigió a la cocina a servir dos tazas de té -Lo único que nos queda por hacer -dijo una vez que regresó y le dio su taza a la muchacha - es esperar.

- ¿Esperar? - contestó confundida y preocupada ante la tranquilidad con la que hablaba el hombre.

-Así es. No podemos nada respecto a lo de tu hermana ni mucho menos Henry(si lo que te preocupa es que intenten encontrarte, nadie sabe dónde me estoy quedando, por lo que no sabrían exactamente dónde buscar -explicó -además, independientemente del hecho de que lo intenten o no, eso no interferirá con nuestros planes pues ya tenemos todos los ingredientes en nuestro poder y yo me encargaré prácticamente de todo el procedimiento, por lo que no tienes absolutamente nada de qué preocuparte -le aseguró, lo cual hizo que la joven se relajara visiblemente - Supongo que tienes razón - suspiró, cansada.

- ¿Por qué no pasas la noche aquí? - le propuso.

- ¿Aquí?

-Sí, aquí. Por lo que veo, no tienes muchas ganas de regresar a casa y no tienes a dónde más ir sin levantar sospechas, y yo tengo una habitación extra donde te puedes quedar.

-Buen punto - le contestó sin humor - Está bien, pasaré la noche aquí.

Facilier rio, poniéndose de pie -Vamos, necesitarás tu energía para mañana.

...

*Presente*

Había comenzado a caer la tarde cuando ambos se adentraron en el bosque, dirigiéndose hacia el pozo, ingredientes en mano.

Una vez ahí, Facilier comenzó con los preparativos, y tal y como le había prometido, se encargó de prácticamente todo. Mientras el revisaba y combinaba ingredientes, Sarah sólo observaba y le hacía preguntas de vez en cuando durante el proceso, las cuales Facilier responde con calma, pero de manera un poco ambigua, cosa que Srah notó, pero decidió no hacer ningún comentario al respecto, preocupándole que quizá lo distraería demasiado.

Una vez terminado, y repasando el pequeño pergamino que llevaba con él por última vez, una especie de humo morado comenzó a brotar del pozo.

-Woah - la joven sorprendida retrocedió algunos pasos - ¿Eso quiere decir que ya está listo?

-Casi - le contestó acercándose a ella- solo falta un último ingrediente.

Sarah lo miró, confundida - ¿Qué cosa? ¿No habías dicho que...?

-Esto- contestó girándose repentinamente y, con un movimiento rápido, sacando su corazón, lo que hizo que Sarah se doblara del dolor.

Ya que lo tuvo en sus manos y la joven se recuperó un poco preguntó entre dientes - ¿C-Cómo...? ¿Qué... qué haces?

-Verás, olvidé mencionar un pequeño detalle -contestó sonriendo - para lanzar este hechizo se necesita de un ingrediente muy específico e importante, y ese ingrediente es el corazón de la persona que más amas.

Sarah alzó su vista y lo miró, confundida -No entiendo, dijiste que sólo necesitabas mi magia. ¿Por qué un simple hechizo de memoria requeriría de un ingrediente así?

-Porque este no es un simple hechizo de memoria, niña ingenua -respondió con desdén -honestamente me impresiona que mi plan haya podido llegar hasta este punto sin que cuestionaras nada, eres impresionablemente fácil de manipular - rio - Pero, en fin, esto -dijo señalando el pozo, así como el humo morado que brotaba de él -se trata de la maldición oscura.

- ¿La qué?

-La maldición oscura. Es un hechizo capaz de alterar la realidad misma, de acuerdo a los deseos o necesidades de la persona que la lance -explicó - una vez esté completada, borraré los recuerdos de todos y recrearé la historia a mi manera.

-Pero... ¿por qué? - cuestionó - ¿No dijiste que querías ayudar a Regina?

-Verás... antes de Storybrooke, antes de todo... esto - dijo señalando a su alrededor con desdén -Regina y yo tuvimos una relación... - el hombre procede a contarle su trágica historia con la reina, la promesa que se hizo a sí mismo de encontrarla y su anhelo de rehacer su vida con ella.

Sarah se encontraba perpleja, incapaz de moverse. Con un huracán de emociones dentro de su ser, variando entre el enojo, confusión, culpa y la decepción. Quiso confiar en alguien por una vez y sin proponérselo terminó ayudando y defendiendo al enemigo, a pesar de que todos le advirtieron y ahora no podía hacer nada para evitarlo. Aunque, ahora que lo pensaba, había algo dentro de los planes de Facilier que todavía no cuadraba - ¿Y dónde entro yo en todo esto? Dijiste que necesitabas mi magia, pero claramente eso no es verdad y tampoco creo que me quieras utilizar como cebo para atraer a Regina si ella no sabe nada. ¿Qué es exactamente lo que necesitas de mí?

-Es cierto que no necesito de tu magia para lanzar este hechizo - contestó paseándose alrededor del pozo -Pero no te mentí cuando dije que mi magia ya no es lo que una vez fue. Pero fuera de eso - continuó, parándose frente a ella -esta maldición requiere de un ingrediente muy importante, el corazón de la persona que más amas. Un gran inconveniente puesto que la persona que más amo es Regina, y aunque la maldición es capaz de hacer muchas cosas, revivir a los muertos en la nueva realidad no es una de ellas. Así que necesito de alguien más que haga ese pequeño trabajo por mí, es la única razón por la que vine a Storybrooke- rió.

-No... Giselle...-murmuró, entendiendo inmediatamente lo que eso implicaba.

-Precisamente -sonrió -Aunque he de decir que, honestamente, es una completa coincidencia que ustedes fueran las hijas de Regina, dos forasteros a las que nadie recordaría si un día desaparecen, el sacrificio perfecto. Pero es una gran oportunidad para terminar con lo que Cora empezó.

- ¿¡Y qué te hace pensar que cooperaré contigo después de esto!? -exclamó ahora agitada.

-Bueno no es como que tengas mucha opción -dijo, apretando su agarre en el corazón de Sarah, provocando que se retorciera de dolor una vez más - con esto en mi poder, harás lo que yo te diga.

...

El plan de búsqueda estaba en marcha. Los enanos y los hombres alegres formaron grupos para patrullar por todo el pueblo y parte del bosque. Los Charming y Mills caminaban por el bosque siguiendo el libro que los llevaba hacia Sarah.

Callada caminando atrás de todos, iba Giselle sumergida en sus pensamientos. Emma la vio de reojo y decidió acercarse, sabía que era la única que podía comprenderla. Giselle apenas notó cuando Emma frenó su paso lentamente para caminar junto a ella.

- ¿Cómo va todo? - preguntó Emma en voz baja.

-Ya no sé, todo me parece irreal, incluso...

-Absurdo- dijeron las dos al mismo tiempo lo que hizo que sonrieran y se aligerara el ambiente.

-Sé que te puedes sentir abrumada, como si toda tu vida fuera una mentira, pero aprendes a lidiar con eso- dijo Emma sonriendo.

-Primero quiero encontrar a mi hermana, la necesito para poder sobrellevar esto- soltó Giselle conteniendo las lágrimas.

-Henry me ayudó mucho, pero es algo que tienes que trabajar tú sola, con tus emociones. Sé que es algo complicado, es decir, tu madre es mi abuelastra y la mamá adoptiva de mi hijo- comentó Emma.

Giselle notó lo ilógico que sonaba eso y le dio un poco de paz. Los Charming no parecían para nada los papás de Emma y siempre se había preguntado la razón, al parecer había mucho más que entender y conocer.

Todos escucharon la conversación de Emma y Giselle, pero no hicieron comentarios, Regina y Robin que caminaban al frente del grupo sólo se limitaron a sonreír ya que también seguían procesando todo. De repente una idea cruzó por la mente de la alcaldesa.

-Espera, entonces... si ya estamos casados no podemos hacer otra boda. Pero todo ya está listo- comentó Regina con preocupación.

Todos expresaron su sorpresa y sonrieron ya que nadie se había acordado de eso.

-Podría ser como una ceremonia para renovar sus votos- soltó Snow -eso sería aún más especial.

A la pareja le gustó la idea, se voltearon a ver, tomaron sus manos y por un momento volvieron los recuerdos de su vida pasada en el bosque. Se sentían culpables por olvidar a sus hijas, pero harían lo posible por recuperar el tiempo perdido, todos, como familia.

Pasaron varios minutos, y conforme iban avanzando, comenzó a visualizarse a lo lejos una cabaña, la cual varios de ellos identificaron casi de manera inmediata.

- ¿Es esa...? -preguntó Robin

-Sí -contestó Regina.

Todos se detuvieron brevemente, observando exactamente a dónde se dirigía el libro de Sarah, en cuanto lo vieron detenerse en la puerta principal, tanto Regina como Robin comenzaron a correr hacia la cabaña, todos los demás siguiéndolos inmediatamente, a excepción de Giselle quien al haberse quedado atrás, no sabía lo que estaba pasando y no reaccionó al instante.

Justo cuando se disponía a alcanzarlos, se detuvo en seco al escuchar un sonido muy familiar, un silbido. El mismo que utilizaban ella y Sarah en el bosque Encantado cuando salían a cazar, uno que solo ellas conocían.

Respondió el singular llamado y esperó, en silencio.

De pronto, volvió a escuchar el silbido y, antes de darse cuenta, comenzó a correr por el bosque, respondiendo el llamado, siguiendo su sonido. Sabiendo que a donde la llevara estaría su hermana.

Después de unos minutos buscando, llegó a un punto donde logró ver una figura a lo lejos, al acercarse un poco notó que se trataba de su hermana - ¡Sarah! -exclamó, corriendo hacia donde estaba.

Una vez se acercó lo suficiente, pudo darse cuenta que algo andaba mal. No podía ver su rostro completamente, pues se encontraba parcialmente cubierta por sombra, pero su postura se notaba tensa, y había un ligero temblor en sus manos.

-Sarah -murmuró, acercándose cautelosamente ahora - ¿estás bien?

-Giselle... -le contestó con voz entrecortada y dudosa, como si le costara sacar las palabras - A-Ayu-dam- no pudo terminar la frase, pues algo provocó que cayera al suelo, soltando un grito de dolor, mientras sostenía su pecho entre sus manos.

- ¡SARAH! -exclamó la mayor, corriendo inmediatamente a ayudarla. En el momento que la alcanzó, una figura familiar salió de entre las sombras, con un objeto brillante en mano.

Giselle retrocedió instintivamente, sin dejar de sostener a su hermana. Pánico fluyendo por sus venas. Todo estaba sucediendo como en aquella pesadilla...

...

Una vez dentro de la casa, el libro los guío hasta una de las habitaciones, donde no encontraron más que una sudadera sobre una silla. Misma sobre la que se posó el libro antes de dejar de moverse.

Confundida, Regina se acercó a examinarla, mientras Robin frenéticamente comenzó a buscar dentro de la habitación por algún rastro o pista de la joven, y el resto se dividieron para investigar el resto de la casa, así como el granero y los alrededores.

-Nos engañó -concluyó la alcaldesa en voz alta, claramente tensa y decepcionada.

- ¿Cómo? -cuestionó consternado - ¿No se supone que sí el hechizo nos guío hasta aquí es porque debe estar en este sitio?

-Hay formas de manipular hechizos como este, por ejemplo, con sangre -Regina señaló a la sudadera que tenía en sus manos -Es prácticamente nada, pero esto tiene su sangre -terminó, lanzando la prenda al suelo.

Frustrada se acercó a su prometido, quien inmediatamente la envolvió en sus brazos.

- ¿Crees que...? -preguntó el arquero con voz temblorosa.

-No -contestó inmediatamente, firme -No sé cómo describirlo, pero... puedo sentirlo -Está bien, sólo hay que encontrarla... y pronto -suspiró, sintiéndose un poco derrotada - Tengo un mal presentimiento sobre todo esto... Y a estas alturas ya no sé de lo que ese hombre puede ser capaz. Pero si llega a hacerle algo, ¡juro que-!

-Regina calma -la interrumpió, gentil -Sabes que estoy tan preocupado como tú, pero es como dices, está bien y la encontraremos bien. Todo saldrá bien -le aseguró, depositando un beso sobre su templo -En cuanto a Facilier... -continuó -también tengo ganas de estrangularlo -Regina soltó una pequeña risa ante el comentario -Pero ya que llegue el momento, veremos qué hacemos con él, de momento enfoquémonos en encontrar a Sarah.

Regina suspiró una vez más -Tienes razón. Lo siento.

-Oye -Robin rompió el abrazo para acercarse una vez más y darle un pequeño beso en los labios -no tienes nada de qué disculparte -se abrazaron una vez más, brindando confort y seguridad el uno al otro. Pasados un par de minutos, Robin rompió el abrazo una vez más -Anda, sigamos buscando.

Tomados de la mano, salieron a reunirse con los demás. Desafortunadamente, no habían encontrado rastro alguno de la joven en su búsqueda. Mientras decidían qué acción tomar a continuación, Regina se percató de algo alarmante.

- ¿Dónde está Giselle? -preguntó de pronto.

Todos se miraron entre sí, dándose cuenta que nadie la había visto desde que llegaron a la casa. Frenéticamente se dispusieron a re-trazar sus pasos y buscarla por el mismo camino por el que habían llegado, donde Snow y Robin encontraron rastros de la dirección en la que fue, y comenzaron a seguirlos. Regina solo esperaba que sus hijas se encontraran a salvo y que cuando las encontraran no fuera demasiado tarde.

...

El hombre comenzó a acercarse a las hermanas, la mayor se puso de pie abruptamente, poniendo a su hermana detrás de ella, y apuntando a Facilier con su arco.

- ¿¡Qué demonios crees que haces!? ¡Aléjate de ella!

El hombre no dijo nada por un momento, simplemente observándola. De pronto, una sonrisa maliciosa se extendió por su rostro, provocando que un escalofrío le recorriera el cuerpo.

Lentamente, alzó la mano en la que sostenía el objeto brillante, cuya forma Giselle no lograba distinguir del todo, pero la luz intermitente que surgía de él le resultaba familiar, la forma en que brillaba era muy similar al latido de un... - su tren de pensamiento se detuvo en seco ante la idea.

Observó cómo el hechicero murmuró algo casi inaudible al objeto, de pronto, notó movimiento detrás de ella. Era Sarah, levantándose y comenzando a dirigirse hacia Facilier.

- ¿Sarah? ¿Sarah qué haces? - cuestionó observándola de reojo, aun sin soltar el arco - ¡Quédate detrás de mí! - Pero no obtuvo respuesta alguna, la joven simplemente siguió caminando, con aire resignado. Inmediatamente Giselle bajó su arma y la tomó del brazo, tratando de detenerla. El cuerpo de Sarah se resistía, intentando avanzar a toda costa, era como sí... algo se hubiese apoderado de ella, (como sí estuviese poseída). La realización invadió su mente.

- ¿Qué fue lo que hiciste? ¿¡Qué es eso que tienes ahí!?

Oh, ¿esto? - contestó Facilier burlonamente, alzando el objeto -Nada especial, solo su corazón.

- ¿¡Qué?!

-Oh, pensé que al ser hija de la Reina Malvada estarías familiarizada con el concepto -sonrió.

Giselle no podía hacer más que fulminarlo con la mirada. Tenía que pensar pronto en una forma de arrebatárselo, o por lo menos de conseguirles algo de tiempo para que alguien llegara a buscarlas. Seguramente alguien en el grupo se daría cuenta de su ausencia.

- ¿Y para qué lo necesitas? ¿¡Qué planeas hacer con él?

-Es muy simple, lo necesito para lanzar una maldición. Verás... tengo unas deudas que saldar pronto, y tu hermana aquí fue lo suficientemente ingenua para caer en mi trampa -rio -Pero estoy dispuesto a negociar, de forma pacífica, sí estás dispuesta a hacer un trato.

- ¡Giselle, no! lo que sea que te ofrezca no lo escú-! -El hombre la silenció aplicando fuerza a su corazón una vez más.

- ¡Está bien! ¡Está bien! -se apresuró a contestar al ver el sufrimiento de su hermana - ¿Cuál es el trato?

-Necesito un corazón. Puede ser el tuyo o el de tu hermana, no me interesa -mintió -Sí me das el tuyo, le regresaré el suyo a Sarah, sino, aplasto el de ella y ya. Es tú decisión.

La mayor lo consideró por un momento. Cualquiera de las dos opciones era mala, pero sí se trataba de poner su vida en riesgo para salvar la de su hermana... siempre escogería a su hermana por encima de todo.

-Está bien. Puedes tomar el mío -contestó acercándose a él, extendiendo su mano -Pero primero debes darme el de ella.

-Hecho -sonrió el hombre. Pero en el momento en que Giselle se acercó lo suficiente para tomarlo, Facilier lo quitó de su alcalde y, rápidamente introdujo su mano en el pecho de la joven, arrancándole el objeto en un movimiento rápido, provocando que esta cayera al suelo.

- ¡GISELLE! -gritó como pudo la menor.

Desorientada y adolorida, se apoyó en ambas manos y torpemente intentó alzar la vista, observando el rostro desesperado de su hermana, incapaz de ayudarla. Lentamente comenzó a ponerse de pie, momentos después, sintió como sí una fuerza sobrenatural se apoderara de ella, paralizandola por completo. Sin importar cuánto lo intentara, no podía mover ni un solo músculo.

Facilier puso el corazón en manos de Sarah, y murmurando sobre el de ella la obligó a acercarse al pozo y extender la mano sobre e él, listo para que, en el momento en que lo aplastara, las cenizas cayeran sobre la preparación, activando el hechizo. Sarah intentó (intentaba) con todas sus fuerzas resistirlo. Era como si mil voces dentro de su cabeza se hubiesen apoderado de ella, forzándola a aumentar la fuerza con la que sostenía el corazón de su hermana, mientras la veía caer al suelo en agonía ante el más mínimo movimiento. Lágrimas rodando por las mejillas de ambas.

A punto de sucumbir ante el impulso que la controlaba, escuchó una voz a lo lejos, llamándola desesperadamente. Era la voz de Robin. Su padre.

En ese momento, tanto ella como Facilier se dieron media vuelta, y vieron llegar a Regina, Robin y compañía acercarse corriendo.

Sarah aprovechó la distracción de Facilier en ese momento, quien palideció ante la posibilidad de ver su plan frustrado, después de todo, él sabía que no tenía oportunidad alguna en una batalla; y corrió rápidamente hacia su hermana. Regresando su corazón a donde pertenecía.

Al ver la escena todos quedaron impactados. No quisieron acercarse demasiado por temor a que Facilier se viera acorralado y le hiciera algo al corazón que sostenía en su mano.

- ¿Qué estás haciendo con mis niñas? - gritó Regina- Te di la oportunidad, confié en ti... ¿Por qué estás haciendo esto?

-No lo entiendes, lo hago por nosotros- respondió Facilier comenzando a entrar en pánico- sólo así podremos tener nuestro final feliz, juntos.

Después de unos segundos de evaluar la situación, Regina se dio cuenta que era mejor resolver esto sola, él la escucharía.

-Es mejor que nos dejen solos, yo hablaré con él- dijo Regina volteando a ver al resto con una mirada decidida. El único que no parecía convencido era Robin.

- ¡No! - respondió con seriedad - no me puedes pedir que te deje sola en esto.

Regina se acercó a él dándole la espalda a Facilier y apretó su mano.

-Tengo un plan, llévate a Giselle- dijo Regina sólo moviendo los labios, casi susurrando.

Robin la miró con preocupación devolviendo el apretón y acariciando su mejilla.

-Es lo mejor, todo va a estar bien. Confía en mí- finalizó la alcaldesa.

Aún no muy convencido, Robin decidió hacerle caso y comenzó a retirarse con los demás, manteniéndose lo suficientemente cerca por si era necesario, acercándose lentamente a las chicas para poder llevarse a Giselle en cuanto Regina le diera la señal.

Facilier aprovechó para alejarse poco a poco caminando hacia atrás, pero Regina se percató de eso y caminó hacia él.

-Por favor, detente, no tienes que hacer esto- comenzó Regina con tono suave.

-No hay otra manera, sólo así estaremos juntos- contestó Facilier acercándose a ella.

-Siempre hay opciones, ¿qué intentabas hacer? - dijo ella tratando de distraerlo.

Regina pensó en paralizarlo, pero no era una opción, sostenía con fuerza el corazón de Sarah y cualquier movimiento la podría poner en riesgo.

-No entiendes, ya no tengo tiempo- Facilier comenzaba a perder la elegancia y porte que lo caracterizaba -Tengo que hacer esto...

-Dame eso y juntos encontraremos la solución, todos te podemos ayudar.

Regina se acercó más lo que provocó que Facilier se alejara torpemente y casi tirara al suelo el corazón. Sarah se dobló de dolor por lo que Regina se acercó corriendo a ella.

-Ellas no tienen nada que ver con esto, déjalas ir- Regina acarició la cabeza de Sarah y junto a Giselle la ayudaron a ponerse de pie.

-Sólo estorban en mi vida contigo, por eso son perfectas para esto, el plan funcionaba a la perfección- las emociones invadieron a Facilier quien se acercó alterado a ellas- Llevo años planeando esto, desde que decidiste alejarme de ti, tú me lanzaste fuera de tu vida. Sabía que tenía que buscarte y arreglar todo.

-Hablemos, esta no es la forma de arreglar las cosas- respondió ella acercándose a él para desviar su atención de las niñas

Con su mano detrás de la espalda, Regina realizó un movimiento discreto para Robin; él se acercó con agilidad en sus pasos, envolvió su brazo por los hombros de Giselle y la atrajo hacia él. Facilier volteó en esa dirección debido al movimiento y apretó de nuevo el corazón haciendo que Sarah cayera de rodillas. Robin obedeció a Regina y llevó a Giselle a donde estaban los demás, ambos con lágrimas en los ojos.

- ¡Basta! - soltó la alcaldesa.

-Definitivamente has cambiado, mi reina- se burló Facilier -antes destruías corazones sin remordimientos y ahora te preocupan las vidas de dos jóvenes que hasta hace unos días eran prácticamente desconocidas.

-No importa el pasado, son mis hijas y las voy a cuidar. Y si cambié, al fin entendí que el amor no es una debilidad ni pérdida de tiempo- dijo Regina abrazando a Sarah.

Facilier tuvo una idea desesperada y comenzó a alejarse, ya no tenía la fuerza para simplemente desvanecerse. Regina lo miró y reunió fuerzas para llevar a cabo su plan.

- ¡Yo te amaba! - gritó Regina dejando a todos impresionados, en especial a Facilier quien se detuvo abruptamente.

-Mientes...

-La única razón por la que te alejé fue porque el amor era una debilidad que no me podía permitir. Estuve a punto de abandonar todo por ti, pero mi venganza era más fuerte. Tuve una segunda oportunidad y eso quiero para ti también- se sinceró Regina caminando hacia Facilier y se detuvo frente a él.

-Eso quiero también, nuestra segunda oportunidad- dijo Facilier bajando la guardia.

Regina acercó lentamente su mano a la mejilla de Facilier, él puso su mano sobre la de ella inclinando su cabeza ligeramente, cerrando los ojos. Aprovechando el momento, Regina tomó suavemente el brazo de Facilier y fue bajando hacia la mano que sostenía el corazón. La derrota era inminente, así que Facilier relajó su mano, devolviendo el corazón a ella.

-Gracias- susurró Regina -aunque no lo creas, lo que dije es verdad. Merecías otra oportunidad, pero te metiste con mi familia... -terminó, con tono serio. Y con un ligero movimiento de su muñeca lo envolvió en su característica nube de humo púrpura, transportándolo a la prisión de Storybrooke, donde Gold ya lo esperaba, junto con Belle, quien se encontraba ahí para asegurar que Gold no intentara hacerle nada al hombre, con un brazalete encantado en mano -Solo como una pequeña precaución, en caso de que pienses intentar algo -le dijo con tono burlón mientras se lo colocaba. Pero el hechicero ya no reaccionaba, como si no lo escuchara, ni siquiera se dio cuenta en qué momento lo metieron y encerraron en la celda. Internamente se encontraba devastado, todo su plan había fracasado, y sabía lo que eso significaba.

Su historia había llegado a su fin.

...

En cuanto Facilier se desapareció Regina respiró profundo volteando hacia Sarah, observó el corazón y extendió su mano sobre este para colocar un hechizo protector, así nadie más podría quitárselo. Con un movimiento delicado devolvió el corazón a su lugar y procedió a darle un abrazo a su hija.

- ¿Estás bien? - preguntó Regina.

-Sí, creo- respondió Sarah limpiando sus lágrimas, Regina le ayudó pasando sus dedos por su mejilla y aprovechó para darle un beso en la frente.

- ¡Sarah! - gritó Giselle mientras corría hacia su hermana quien imitó el gesto y corrió hacia ella también.

Las hermanas se fundieron en un abrazo. Todos se acercaron mientras Emma y David daban aviso a todas las patrullas sobre la situación.

-Giselle, yo...- comenzó Sarah mirando a su hermana.

-Shhh, todo está bien ahora- respondió Giselle volteando hacia sus papás quienes se acercaron a ellas.

Los cuatro se abrazaron mientras Sarah no podía creer aún todo lo que había sucedido y pensó en lo mucho que sus vidas cambiarían después de eso, no estaba segura de nada, pero sabía que ahora las cosas estarían mejor. El resto se unió al abrazo grupal unos segundos, celebrando que todo salió bien y dando la bienvenida a las nuevas integrantes de la familia.

-Entonces... ¿Quieren ir a Granny's? - comentó de repente Snow.

Todos rieron y comenzaron a caminar de regreso mientras comentaban lo sucedido. Giselle y Sarah tomadas de las manos con Robin y Regina rodeándolas con sus brazos.

Durante el camino, una duda surgió en la mente de Giselle.

- ¿Qué pasará con Facilier? -preguntó.

Regina y Robin se miraron entre sí. -Por esta noche se quedará encerrado en la prisión de la ciudad -contestó Robin -No tiene poder ahora, su magia está sellada, por lo que no podrá hacer nada. Mañana averiguaremos entre todos qué haremos con él. Por ahora -dijo abrazándola -enfoquémonos en disfrutar de nuestra familia y celebrar que estamos unidos de nuevo.