Declaración de responsabilidad: Ranma ½ es de propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión.
Símbolos:
-Palabras habladas.-
Pensamientos.
"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".
GRITOS.
= 0 =: Cambio de escena.
¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.
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YUANFEN
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…
Capítulo anterior:
SPLASHHHH
-¡PRÍNCIPE!
-¿Príncipe Ranma? ¿Está bien?
…
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Capítulo 5
"¡Escape!"
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Correr.
Sí, correr.
¿Quién diría que fuese tan difícil?
El maravilloso arte que fluía por nuestro cuerpo cada mañana, herederos de las más sofisticas técnicas que nuestro Sensei se había prometido inculcar día tras día con ahínco desde nuestra niñez. Dejándonos a su merced, sin más voluntad que estar preocupados de encontrar algún lugar tranquilo para descansar nuestros maltratados cuerpos después de sus clases. Nos llenaba de energía cada mañana con sus palabras de aliento para continuar con nuestra rutina diaria de ejercicios y que, según él, nos preparaba para relajar la mente y encontrar nuestro centro, permitiéndonos concentrarnos mejor. Comenzando con un pequeño trote diario.
Claro, era fácil. Levantarse cada mañana apenas despuntaba el alba y correr alrededor de un valle enmarañado de todas las hierbas silvestres existentes por más de una hora, y uno que otro obstáculo que nuestro querido Sensei se afanaba en ocultar durante nuestra carrera, todo ello sumado a la neblina que jamás nos abandonaba y que con suerte nos permitía ver más allá de nuestras narices. No puedo negar que más de alguna vez se me acalambraron las piernas y mi costado derecho amenazó con dejar de funcionar con las constantes punzadas de dolor que enviaba al resto de mi cuerpo.
Sí.
Era el entrenamiento matutino perfecto. Ideal para entrenar nuestros sentidos.
Pero si en ese entonces hubiese tomado más atención a lo que hacía o lo hubiese tomado en serio, mi actual tarea sería francamente sencilla. Suspiro cansinamente para consolar mi pulverizado corazón. Habíamos aceptado junto con Hiroshi, todos los honores correspondientes para ser los guardaespaldas del Príncipe heredero. Ni siquiera puedo pensar en otra cosa que no nos lleve hasta esta situación, los mejores amigos desde siempre, fieles y leales por toda la eternidad. Y siento que se me infla el pecho de orgullo.
Sí.
Ese chiquillo inquieto que llevaba una trenza en la espalda y que se metía en toda clase de problemas. Era ni más ni menos que el Príncipe Heredero de todo un Imperio. O al menos de este lado de nuestras tierras.
El problema es que el Príncipe sufría de aburrimiento.
Sí, con todas sus letra crónico.
Más de alguna vez lo había diagnosticado a escondidas mientras nos permitíamos esos momentos de paz y comodidad, siendo los mismos chiquillos que se conocían desde impúberes.
Esta mañana era como cualquier otra, con la diferencia que teníamos el día libre de la practica matinal. Sin embargo, el Príncipe decidió que era el momento ideal para investigar unas ruinas cercanas.
Nos despertó más temprano de lo habitual. Nos desperezamos rápido con Hiroshi mientras nos guiaba a las caballerizas y emprendíamos una fugaz fuga. Llegamos en pocos minutos a un pequeño claro con el corazón palpitando en los oídos por nuestro atrevimiento. Sabíamos que nos tenían prohibido ingresar a ese bosque. Desmontamos y amarramos a los caballos en unos altos arboles dejándolos descansar e hidratarse y decidimos introducimos en los matorrales.
Según el Príncipe había escuchado casualmente, y digo muy causalmente y no a escondidas como los esos trúhanes malhechores vestidos de negro hasta el alma arriba de uno de los techos.
¡No!
Jamás insultaría a nuestro preciado Príncipe con tamaña calumnia.
Según lo que pudo escuchar casualmente de nuestro Sensei en una de las tantas conversaciones con su padre, dentro del bosque prohibido se encontraba una piedra llamada Masuda No Iwafune la que contenía un gran secreto. El problema es que no pudo escuchar ¡qué secreto!
Según las suposiciones del Príncipe debía tratarse ni más ni menos que la existencia de alguna técnica secreta especial que el viejo loco, digo, nuestro Sensei escondió para que no pudiéramos encontrarla.
Animados con la creencia de volvernos un poco más fuertes y poseedores de algún secreto ancestral y por qué no decirlo, encontrar algo que hacer más allá de correr y meditar gran parte de la mañana y tarde, acompañamos presurosos al Príncipe.
Aún recuerdo cada momento de esta mañana.
=0=
-Ey Dai, ¿crees que eso se ve como la piedra?
-Pero príncipe, ¿cómo se supone que sepa cómo se ve la piedra si nunca escuchamos ni muchos menos la hemos visto?
-AJAJAJAJ… Tropa de inútiles- Dijo Hiroshi.- Estoy seguro que nuestro Sensei está jugando con nosotros y hemos caído en su trampa, ¿quién diablos está tan loco como para levantarse de madrugada y correr en búsqueda de algo que ni conoce?- Infirió sospechosamente mientras se sentaba perezosamente en la piedra que observaban los muchachos.
-Cof cof… - Se sonrojo nuestro Príncipe- ¡Hiroshi! ¡No deberías sentarte en ella, es probable que sea la piedra sagrada que contiene la técnica secreta!- Dijo alarmado y tirándolo de ella, cayendo graciosamente de lado.
-Mi querido Príncipe…- Se levantó Hiroshi crispando los dedos.- Si esta es la piedra sagrada yo debo ser uno de los herederos al trono, esta es una piedra común y corriente que cayó quién sabe de dónde y esta acá.- Farfulló mientras se limpiaba los restos de polvo de su túnica.
-No le tomes atención Dai, Hiro está de mal genio porque se levantó temprano un domingo, ven y ayúdame a cavar aquí.- Indicó un agujero cercano a la roca.
-Pero, ¿cómo lo haremos? No tenemos nada con qué hacerlo Príncipe. - Dijo Daisuke aún no muy convencido. Contrariado y frunciendo la cejas mientras miraba a su alrededor en busca de algo que les sirviera de ayuda y encontrando solo árboles y más arboles por todos lados.
-Lo haremos con las manos Dai, vamos Hiro que tu ayuda también nos vendría bien.- Se levantó rápidamente y lo indicó acusadoramente.- ¡Lo que pasa es que no quieres ayudarme a ser el hombre más fuerte y quieres ver a tu Príncipe ser un pelele menospreciado por cualquiera! ¡Eso es!- Y fingió llorar mientras llevaba su brazo doblado a su rostro ocultando los gruesos lagrimones que caían abundantemente.
-Claro que no Príncipe, ¡los ayudaré!- Dijo suspirando y se arrodilló frente los dos muchachos ayudándolos en la labor, mientras miraba ceñudo al muchachito que ya no lloraba.
Ese argumento siempre funciona, pensó triunfal el Príncipe y sonrió mentalmente. Muy pronto se convertiría en el artista marcial más fuerte del mundo. Y se avocó a quitar tierra de la parte que no estaba llena de agua como los otros dos chiquillos.
Cuando llevaban unos diez minutos cavando sintió que algo les observaba desde los árboles. Hiroshi que tenía las manos entumidas con la tierra húmeda chocó con una pequeña piedra y simplemente la lanzó con el fin de quitarla de su camino. Sonó un impacto y algo gritó dolorido, llamando finalmente la atención de los tres hombres.
Se levantaron velozmente y ante ellos aparecieron sorpresivamente ante sus ojos, sus otrora observadores que, no solo se mostraron sino que también estaban furiosos frente a ellos.
Y no era para menos, una manada de más de 10 lobos grises los miraban con cara de pocos amigos. Hiroshi había golpeado hábilmente uno de los ojos del líder de la manada y el resto los miraban iracundos. Si de algo estaban seguros en ese momento es que no les hacia ninguna gracia que estuvieran ahí, siendo de la realeza o no, pagarían por su insulto.
-Hiroshi, ¡esta es la última vez que te dejo que lances una piedra, si salimos con vida de esto prometo romperte ese maldito brazo!- Dijo el Príncipe mientras retrocedía lentamente con tal el afán de escapar.
-Y que me lo digas Príncipe, no creo haber apuntado jamás con el arco a blanco ninguno.- El pánico lo embargó.
-Escuchen idiotas, le lanzaremos la tierra que sacamos y con eso ganaremos al menos unos segundos antes que nos convirtamos en su cena- Daisuke les señalaba con sus ojos la tierra que estaba en un montículo que sobresalía cerca de los dos muchachos.
GUAUU GUAGUUUA GUUUUA
Chillaron amorosamente cuatro pequeños zorros detrás de los tres muchachos horrorizados. Pues ahora se complicaban un poco más las cosas, no solo estaban en su territorio, sino que también tenían como prisioneros a sus cachorros.
-Sí Príncipe, esta fue una maravillosa idea.- Dijo Daisuke irónicamente.
-Es hora de la acción, a la cuenta de tres vamos a correr por nuestras vidas.- El Príncipe les dijo rápidamente mientras le lanzaba la tierra a los lobos.
Uno.
Dos.
Tres.
Y corrieron por sus vidas.
-¡Maldita sea Príncipe! ¡Van a comernos!-Alarmado el muchacho rubio desenvainó su espada por si lo atacaban. La seguridad del Príncipe era lo primero, pero no podía permitirse morir aún, ¡era demasiado joven! Ni siquiera había besado por primera vez. Sería un verdadero desperdicio hacerlo a estas alturas.
-¡Vamos muchachos! Los perderemos en ese lugar.- El Príncipe les señaló un templo en lo alto de una pequeña cima que jamás notaron estaban subiendo apresuradamente. En un principio se veía lejos y ahora estaba a pocos metros, adentrándose definitivamente en lo más profundo del bosque prohibido.
-¡Más vale que no se cansen o te estaremos muertos!- Ninguno se aventuró a mirar atrás o de lo contrario hubieran notado que los lobos hace tiempo no los perseguían. Para ellos fue más importante determinar el estado de sus pequeños cachorros, además, ese lugar estaba fuera de sus dominios. El jefe lobo solo pensó malhumoradamente mientras los veía perderse en el bosque: estúpido gato.
-¡Menudo lio no ha metido su Alteza!- Dijo Hiroshi asfixiado por la carrera afirmándose las manos en las rodillas mientras giraba lentamente la cabeza mirando hacia sus espaldas y levantando la espada por si debía ocuparla.
-Ja ja ja, ¿acaso no cuenta como entrenamiento matinal?- Burlescamente el Príncipe les sacó la lengua a los dos chicos.
-No creo que pueda decir mucho más, creo que empapé mis pantalones- Les comentó alterado Daisuke.
-¡Qué asco Dai! - Le dijo el Príncipe.
-¡Al menos los perdimos! -Dijo más tranquilo el pelicorto Hiroshi por fin atreviéndose a enfundar su espada.
-¿Qué es esto de todos modos? ¿Por qué habría un templo en medio del bosque prohibido?-Se interrogaron inspeccionando superficialmente el lugar. Era hermoso, un pequeño templo situado en la más alta cúspide de un bosque frondoso que nadie conocía o al menos eso pensaban ellos. Rodeado de bambús y piedras por doquier, en colores rojos y dorados con el símbolo de un gran dragón enredado desde la parte baja del santuario hasta posarse por encima de su techo, haciendo parecer que vigilaba a cada uno de sus visitantes, mirándolos fijamente.
-Wowww, es hermoso.-Concordaron a la vez.
-¡Veamos que hay en este lugar!-Y se adentraron sin más.
-Creo que son… ¿Baños termales?- Dijo suspirando.
-¿En serio? Estamos de suerte al fin.- Aliviado Daisuke pensó en introducirse de inmediato.
-Jajajaj, al menos podrás lavarte antes de volver a casa.- Lo molestó el Príncipe. Riéndose fuertemente.
-Pero no se queden ahí… ¡Vamos a mirar!-Los apuró Hiroshi.
Los muchachos siguieran caminado por un estrecho pasillo de madera en tonos rojizos, que los conducía a una pequeña sala. En esta última la gran parte de la estancia estaba ocupada por una gran campana y su alrededor había todo tipo de amuletos de la suerte, amor, dinero, etc.
-Vaya, vaya, quien diría que existía un templo tan hermoso en este bosque.- Dijo Hiroshi asombrado, aquí podría conseguir algún amuleto para atraer dinero.
-Es cierto, ¿por qué no lo han mencionado?- Daisuke miraba embelesado una de los talismanes aferrados a la campana, decía en grandes letras negras NO TOCAR, PELIGRO.
-Debe ser porque estamos fuera de nuestras tierras.- Acotó el Príncipe, no muy seguro del por qué ni siquiera lo habían mencionado sus profesores de geografía.
AHHHHHHHH
Un grito cortó de lleno su conversación, los tres miraron en la dirección que se había escuchado el sonido desenvainando sus espadas. Era una mujer y estaba cerca de ellos. Corrieron rápidamente a su encuentro.
Ingresaron por una gran puerta al lugar, maravilloso era poco. Estaba lleno de grandes pozas donde se acumulaba el agua caliente y el vapor le daba ese encanto de ensueño, profundo- irreal.
El agua fluía cristalina por un conducto que la trasladaba a cada una de las pozas y las mantenía unidas a una de mayor tamaño que se encontraba en el centro. La cual era a su vez, alimentada por una pequeña cascada de agua caliente volcánica. Sus mejillas se sonrojaron ante el contraste del cambio de temperatura. Pero el lugar estaba vacío.
Luego de investigar por unos momentos se dieron cuenta que ahí no había nada, pero era imposible, ellos escucharon el grito de la mujer.
-¿Estará embrujada?- Daisuke dijo amedrentándose.
-¿Será por eso que nadie la menciona?- Lo segundó su amigo.
-No creo, es imposible que todos escucháramos lo mismo.- Razonó el Príncipe.
El sonido de unas burbujas lo distrajeron de la conversación y miró atentamente la poza más cercana, había algo ahí y se arrodilló a mirar de qué se trataba.
-Esperen, creo que hay algo ahí.
-¿Dónde?
-¡Es una chica!
-¿Qué?
-¡Se está ahogando!- El Príncipe se lanzó dentro del agua precipitadamente para sacar a la mujer.
La muchacha se estaba tragando el agua de la poza de forma inconsciente, mientras el Príncipe la tomaba de los hombros y la levantaba de las axilas, sacándola del agua caliente. Los otros hombres que solo observaban el actuar de su Príncipe pudieron admirar a la chica con sus ropajes empapados.
-¡Es hermosa!- Dijeron abochornados. La yucata empapada en cualquier momento se pegaría definitivamente al cuerpo de la mujer y daría a conocer todos sus atributos.
-¡Muévanse pervertidos! Busquen algo para arroparla.- Les ordenó tremendamente molesto el Príncipe dejando a la chica de lado y levantándose a golpear en la cabeza a los dos hombres, corriéndolos. Volviéndose avivadamente a la mujer a examinarla. La dio vuelta y se sentó a su lado.
Quitó el cabello húmedo de su cara. Era simplemente hermosa. Estaba sonroja a más no poder por el agua caliente, con sus largas pestañas húmedas reposadas sobre sus altas mejillas coloradas.
Bella.
El único problema es que no estaba respirando.
Claro.
Eso era porque estaba muerta, por eso no se movía, pensó distraídamente el Príncipe mientras observaba el resto del cuerpo de la mujer buscando alguna herida visible.
¡QUÉ!
-¡No está respirando! ¿Qué puedo hacer?- Entró en pánico, mordiéndose los labios.
Era algo osado, pero era una EMERGENCIA.
Miró detrás de él esperando ver a esos dos pervertidos, pero no los encontró. Al menos estamos solos, suspiró.
-Le entregaré mi primer beso a una desconocida, ja.- La miró nuevamente y se dio cuenta que la chica no tenía ni la más mínima intención de respirar.- Al menos deberíamos presentarnos. Debes saber mi nombre.- Le dijo casi sobre sus labios.- Soy Ranma Saotome y te salvaré la vida esta tarde.
Tan linda, pensó y el sonrojo se intensificó en sus mejillas y nariz. Alejándose de su rostro lleno de vergüenza.
Él podía hacerlo, DEBÍA hacerlo, no es que le molestara, en absoluto.
No.
Después de todo, la chica una vez que despierta estaría tan emocionada que lo llenaría de amorosos mimos.
Debía hacerse, se dijo.
Y la miro nuevamente a la cara sonrojándose hasta el estómago. Tomó delicadamente su mentón y abrió su boca, extrayendo todo el aire de sus pulmones entregándoselo a la muchacha.
Lo hizo una, dos, tres veces y no pasó nada. Su pecho se inflaba pero no respiraba. Empezaba a entrar en pavor nuevamente. La muchacha debió despertar de inmediato.
Era el beso de un príncipe después de todo, se dijo engreídamente.
-¡Vamos chica no seas tonta! ¡Despierta ya!- Le tocó las mejillas suavemente con su dedo índice.- Tienes que despertar y agradecerme por salvarte, ¡No te rindas!- Y poco a poco empezó a darse cuenta que los segundos seguían pasando y no respiraba.
Afligido.
La angustia amenazaba con desesperarlo.
Haría que esa chica respirase cueste lo que le cueste. Desató con todo el pudor del mundo la yucata, controlando el temblor de sus manos. Apareció el comienzo de sus pechos.
¡Maldición!
Al muchacho le vibraron las manos de solo tocarla y comenzó a realizar pequeñas palpaciones en el centro de su pecho.
¡SU CORAZÓN NO LATÍA!
Así que pensó que la única forma que tenía era realizar esa técnica que leyó en algún lugar de los papiros escondidos de su padre. Comenzando a realizar compresiones con mucho cuidado de no lastimar sus costillas, eran treinta compresiones y después…
Aún no respiraba.
¡MALDICIÓN!
A los pocos segundos se dio cuenta que necesitaba darle aire también, como todo un profesional se las arregló para hacer las dos cosas al mismo tiempo.
Uno.
Dos.
Tres…
Treinta.
Aire.
Aire.
-¡Vamos chiquilla! ¡Tienes que respirar!- El muchacho comenzó a cansarse después de varios intentos y con el genio descompuesto empezó a insultarla desesperado.
-¡Vamos fea, pechos planos, tienes que despertar!- Seguía con el procedimiento tratando de hacer circular la sangre por su cuerpo, su aura explotó en miles de partículas a su alrededor.
Un alarde de pura rabia contenida al verse disminuido al notar que la vida de la mujer se le escapaba de las manos y entonces…
La muchacha reaccionó escupiendo el agua que estaba llenando sus pulmones y tosiendo desgarradoramente, mientras se doblaba torpemente, percatándose que tenía su yucata deshecha y alcanzaba a verse el comienzo de su pecho.
Lo miró con sus ojos llenos de lágrimas ante el esfuerzo de su cuerpo por recuperar el aire perdido por algunos minutos tratando de enfocar su rostro. La voz estrangulada no le salía y solo atinó a arreglarse lo mejor que pudo su ropa de baño. El muchacho aprovechó de masajear sus manos cansadas ante el esfuerzo.
¡ESTABA VIVA!
-Casi te ahogas, menos mal encontraste al mejor artista marcial de esta tierra.- Dijo mirándola directamente a los ojos, sonriéndole socarronamente mientras se apuntaba con el dedo pulgar a sí mismo.- Tuve que darte respiración boca a boca.- Le susurró quedo, llenándose de timidez y rubor nuevamente, no muy seguro del por qué le había dicho esto último.
La muchacha no dijo nada, le devolvió la mirada mientras con una mano tapaba su boca. Se levantó lentamente y pasó cerca del Príncipe sin mirarlo. Este la observó atentamente mientras esperaba que la muchacha le agradeciera, siguiéndola con la mirada.
Debe estar conmocionada que alguien tan maravilloso como yo le salvara la vida, pensó orgullosamente.
La muchacha de larga cabellera oscura tomo algo del suelo cercano a los dos y cubrió su cuerpo semidesnudo lánguidamente. El muchacho la miró embelesado tragando saliva.
Como es posible que este tan nervioso, ¡soy el Príncipe! - Se dijo indignado. Y de repente ella ladeó su cabeza y lo miró con todo el odio del mundo mientras arrugaba el entrecejo y las lágrimas le corrían por las mejillas, tomo lo primero que encontró y lo mantuvo en alto mientras le decía:
-¡ERES UN PERVERTIDO!- Gritó salvajemente.
-Oyeeee, ¡yo no soy ningún pervertido! ¡Te salvé la vida!- Le respondió descompuesto.
La chica recién revivida no escuchó razones y elevó la piedra en todo su esplendor. Miró como esta surcaba el aire e impactaba diestramente en la cabeza de su joven salvador distraído con sus palabras mordaces, tirándolo al agua.
Viendo el desenlace y fuera de peligro trató de recordar que diablos la había golpeado para caer inconsciente en las aguas termales. Se sentó mansamente dejándose caer en el suelo.
-¡PRÍNCIPE!- Gritaron los dos hombres que llegaban en ese momento, asustando a la muchacha y viendo como una gran piedra daba directamente al muchacho.
-¿PRÍNCIPE?- Dijo el Príncipe levantando la cabeza después del impacto y se desmayó lánguidamente cayendo nuevamente dentro del agua de la poza.
-¿Príncipe Ranma? ¿Está bien?
-¿Ran…ma? El nombre de ese hombre de hermosos ojos azules era Ranma, repitió mentalmente para no olvidarlo.
Los hombres corrieron a sacarlo de inmediato, a la vez que se escucharon gritos de milicia a lo lejos. La muchacha los miró con horror.
Los hombres de su padre estaban ahí.
Estaban prontos a llegar hasta ese lugar, y si el Rey sabía que ella estaba con tres muchachos dándose un baño no solo estarían en problemas, sino que también estarían todos muertos.
Era la ley. Nadie podía verla antes de casarse. Y por muy pervertido que sea, ese muchacho le había salvado la vida. Se levantó todo lo rápido que le permitieron las piernas y les habló impacientemente a los hombres que sacaban al pervertido del agua.
-¡Tienen que huir!
-¿Qué?
-Deben esconderse lo antes posible, mis guardianes llegarán en cualquier momento y si los ven aquí conmigo estarán todos muertos, deben escapar ahora.
-Pero, ¿cómo? el Prín...
-No digan más, solo síganme, por favor.- Y así lo hicieron, tomaron como pudieron al Príncipe desmayado por el golpe y se introdujeron en una pequeña rendija que les mostró la dama. Les comentó que esta los conduciría a un pasadizo secreto. Solo tenían que llegar hasta el final y serían libres de nuevo.
Ambos muchachos asintieron y antes de continuar con su camino, la muchacha los detuvo de la ropa y frunció los labios incomoda, mirando directamente la cara del muchacho con el golpe en la cabeza.
-Yo… cof… cof…. Solo díganle que lo siento y gracias.- Se sonrojó furiosamente.
Los muchachos la miraron extasiados.
Kawaii, pensaron.
-Así lo haremos.- Pudieron decir y apresuradamente se perdieron en la oscuridad.
-¿Princesa? ¿Esta lista? Oímos un grito y pensamos que podría…-Se atrevió a decir una pequeña mujer mientras ingresaba lentamente mirando alrededor.
-Sí, tranquila ya voy.- Dijo la chiquilla de carrera mirando inconscientemente atrás y tomando a su guardiana de los hombros la dirigió a la puerta y salieron del lugar.
=0=
¡Diablos!
Se supone que ellos debían mantener a salvo al Príncipe y al final siempre resultaba al revés.
El Príncipe que en la actualidad no solo era peso muerto en su espalda, sino que también era un peso muerto mojado.
Y además tenían que correr.
Ohh sí.
Porque ya pasaba del medio día y más de alguien habría notado la ausencia del Príncipe heredero y sus guardianes. No que alguien los buscara precisamente a ellos, pero había que ser positivos.
Si seguían corriendo de esta forma es probable que no podría moverse en un par de semanas, pero que más daba, ya podía sentir como se soltaba la cuerda y les cortaba la cabeza.
¡Adiós a la linda chica que sería su mujer! ¡Adiós a los pequeños Daisukes dando vuelta a su alrededor mientras les mostraba sus adquiridas y nuevas habilidades de lucha!
¡Adiós a todo!
Deshonor para él y toda su familia.
No podía hacer ni la más fácil de las tareas: impedir que el Príncipe escapara de un palacio rodeado de guardias. Trago despacio mientras el nudo se le atragantaba en la garganta. ¡Debían llegar con el Príncipe a cualquier precio! Cambió la cabeza de su carga al otro hombro.
¡Como pesaba!
Jamás dejaría que ese chiquillo con el que había compartido desde pequeño le pasara algo y menos ahora que eran sus guardianes personales.
Un nuevo brillo apareció en sus ojos y gritó.
-¡Vamos Hiroshi! ¡Tenemos que llegar con el Príncipe antes que anochezca u olvídate de cenar esta y por el resto de las noches de tu vida!
-¿Lo crees Dai?- Le dijo lacónicamente el muchacho, tomándose el estómago. Probablemente ya tenía unos huesos rotos de cargar al Príncipe bajando la montaña. Levantó el rostro y sus ojos brillaron emocionados, ahí estaban sus salvadores.
Silbó para llamarlos, renovándose sus energías.
Sus caballos relincharon alegremente al reconocerlos.
Estaban salvados, al menos por el momento, pensó mirando preocupadamente al Príncipe que aún no despertaba.
-Vamos Dai, dame al príncipe y súbete al caballo.
-Bien.- Desanudó los tres caballos y ágilmente se subió al suyo.
El caballo de Ranma, Azabache, reconoció a su dueño herido e inmediatamente se hincó para reposar las cuatro patas y subieran al muchacho a su lomo. Hiroshi reconoció el gesto y llevo al Príncipe, recompensando al caballo mientras se levantaba con un pequeño cuadro de azúcar que sacó de unos de los bolsillos de la montura.
-¡Vámonos! KIAAAA.- Les gritó mientras subía a su caballo y corrieron velozmente al palacio. Rezando para salir con vida de esta pequeña aventura. Y maldiciéndose por no sacar uno de los amuletos de la buena suerte del templo.
=0=
En algún lugar del Universo
-¿Quién diablos te dijo que la golpearas tan fuerte?
-¿Y como se supone que se encontrarían de nuevo?
-¡De cualquier forma, menos esa!-La diosa le dijo colérica golpeando el suelo con un pie lleno de rabia.
-¡No exageres tampoco!-Le dijo el dios mirándose las uñas.
-¡QUÉ NO EXAGERE! TUVE QUE REVIVIRLA DE NUEVO.- Y golpeó con un abanico la parte trasera de la cabeza del otro dios.- Ahí tienes para que aprendas a seguir las indicaciones.
Que no pueda tener un momento de tranquilidad, pensó la diosa desinflándose como un globo y volviendo a la normalidad.
…
[Continuará]
N/A.
¡Muchas gracias por seguir leyendo! ¡Me hacen muy feliz sus mensajes!
*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.
