Declaración de responsabilidad: Ranma ½ es de propiedad de la gran Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión, no me demanden :[.


Símbolos:

-Palabras habladas.-

Pensamientos.

"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".

GRITOS.

= 0 =: Cambio de escena.


¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.

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YUANFEN

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Capítulo anterior:

-¡QUÉ NO EXAGERE! TUVE QUE REVIVIRLA DE NUEVO.- Y golpeó con un abanico la parte trasera de la cabeza del otro dios.- Ahí tienes para que aprendas a seguir las indicaciones.

Que no pueda tener un momento de tranquilidad, pensó la diosa desinflándose como un globo y volviendo a la normalidad.


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Capítulo 6

"¡Hechizo!"

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Palacio de Jade

Suaves destellos del ocaso se filtraban en la habitación adornada con las más ricas decoraciones en oro y magnificas pinturas de artesanos imperiales pintadas a mano en cada uno de sus paneles. En el centro se encontraba Nodoka Saotome, Reina Madre del palacio Saotome, ex heredera de la casa Miyamoto famosa por el uso de la katana. Gozaba de grandes virtudes, entre ellas era una maestra avanzada en el arte y uso de la espada, como también, tenía la habilidad de bordar los más delicados brocados del Reino y pasaba gran parte del día dedicándoles horas de trabajo para finalizarlos.

Mientras bordaba algo llamó su atención y afinó sus sentidos para determinar de qué se trataba. El sonido de la madera crujiendo por los pasos apresurados, probablemente de Hanako, que se acercaban cada vez más rápido para irrumpir con un grito que rompió la tranquilidad de su estancia.

-¡Joo Heika*! ¡Joo Heika! ¡Su majestad, Su majestad!- Chilló su más fiel y cercana criada, vestida completamente de azul.

-¿Qué pasa Hanako? ¿Por qué gritas de esa manera y estás tan alterada?- Dijo la Reina Nodoka quitando la vista de una hermosa tela atisbada en un arco para bordar.

-¡Mi Majestad perdóneme!—Le dijo la mujer angustiada. —Se trata…es el Koutaishi Ranma, Su Majestad…Perdóname, perdóneme por traerle malas noticias.- Se arrodilló agachando la cabeza.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa con mi hijo Hanako? ¡Habla ya!- Suplicó la Reina, soltando la tela y arrodillándose para tomar a la mujer de los hombros y sacudirla fuertemente.

-El príncipe heredero, su majestad reina madre…- Hanako desvió la mirada de la Reina y tomó parte de su yucata para tomar valor y continuar, estrujándola entre sus manos.- Hace tres mañanas escapó con sus guardias a dar una ronda por los límites de nuestro Reino y tuvo un accidente…Él …Él…

-¿Él qué Haruko? ¿Qué le pasó?

-¡Esta inconsciente su Majestad!- Susurró apresurada, le dolía tener que dar esta información a su ama. Sabia de sobra todo lo que sufría por no poder ver a su hijo aun teniéndolo tan cerca y ahora traerle noticias de esta desgracia le rompía el corazón.

-¿Cómo pudo suceder esto? ¿Cómo es posible? ¡Mi bebé! ¡Tengo que verlo de inmediato! ¿Por qué nadie me avisó antes?-Lloró la Reina.

-¡NO! ¡No su majestad, usted no puede! ¡Usted sabe que no debe! Si abandona el Palacio, usted…Son las órdenes del Rey. Kokuo Heika Saotome le prohibió ver a su hijo hasta que este se convirtiera en un hombre entre los hombres…Si…Si…-No estaba segura de continuar.- Si lo desobedece es probable que nunca podrá volver a verlo otra vez.- La ansiedad estaba haciendo entrar en pánico, la Reina podía morir por su comportamiento.

-¡No importa Hanako, mi bebé me necesita! ¡Mi niño esta grave! Prepara mi abrigo, es hora de visitar a su Majestad el Rey.

-Pero su Majestad….-Le dijo la mujer angustiada con las manos en suplica.

-No te preocupes Hanako, haz lo que te pido.-

-Sí mi señora.- La criada abandonó a la Reina para dirigirse a su armario y encontrar una capa de color dorado que cubriera a su Soberana.

La Reina espero que la mujer saliera de la habitación y se levantó rápidamente para quitar la espada que orgullosa se blandía frente a sus ojos. La recorrió lentamente mientras tocaba su hoja filosa pasando a llevar y cortando uno de sus delicados dedos. Todos sus antepasados habían utilizado esa espada, que llegó a sus manos solo por el hecho que se había dedicado toda su vida a perfeccionar su arte antes de conocer al Rey. Esta le había sido heredada en batalla, pero jamás podría utilizar su apellido. Los Miyamoto habían perdido a una gran guerrera y solo su hermano podía honrar a su familia. Ella los había honrado con su matrimonio y entrega. Pertenecer a la Casa Real y engendrar al único heredero al trono era la más ferviente de las entregas que una mujer como ella se había permitido, pero ya no más. Había cumplido devotamente el papel de Reina sumisa esperando ver a su hijo convertido en el Rey, sin embargo, ya no era posible, su niño la necesitaba.

Era el turno de conversar con el huidizo Rey, en especial de sus promesas de convertir a su pequeño en el más varonil de los hombres, en el Emperador intachable que necesitaba su pueblo y el mejor artista marcial de todos los tiempos, heredero del Musabetsu Kakutō Ryū Saotome. Solo el afán de ver a su único hijo, ahora inconsciente, la mantenía saludable en las largas jornadas desoladas de su encierro en un palacio que le estaba carcomiendo las ganas de vivir.

Sí, era necesario volver a ver a su pequeño.

Bueno, a su marido también. Se le agrió el rostro.

Un movimiento en la morada la sacó de su trance.

-Listo su Majestad.-Hanako vistió a la mujer delicadamente con una túnica. La Reina acomodó muy bien la espada bajo su ropaje, siendo prácticamente imperceptible a la distancia.

-¡Vamos Hanako!- Y se dirigió rauda al Palacio Real donde se encontraba el Rey Genma Saotome.

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Palacio Real Saotome

Castillo Dragón Azul

-¡Te dije Daisuke! ¡¿Por qué tuvimos que seguirlo?!- Le susurraba enojado el pelicorto a su amigo.

-¿Fue mi culpa Hiroshi?- Le dijo conmovido el muchacho.

-Aaaaah…- Se revolvió el pelo molesto.

Habían pasado más de tres días desde que llegaron de su pequeño escape con el Príncipe inconsciente y aun no despertaba. Los médicos imperiales no decían nada y solo se miraban negando con la cabeza. Al parecer el golpe que había recibido era mucho más fuerte de lo que esperaban en un primer momento. Lo extraño es que el muchacho había estado delirando por días. Gritaba y buscaba a ciegas a una mujer vehementemente entre sus sueños.

-Akane, Akane, Akane, AKANEEEEEEEEEE.- Volvía a gritar el Príncipe desconsolado y los sirvientes se tapaban los oídos ante la angustia de su voz.

Los médicos volvían a controlar su pulso y cambiaban sus vendas. Le quitaban el sudor y las lágrimas que empapaban su hermoso rostro. Según sus conocimientos el Príncipe estaba bien, su energía vital y su ritmo cardiaco era constante, pero aun así no despertaba. Sabían que estaba teniendo pesadillas o al menos eso suponían.

-¡Debemos hacer algo Ippan I [Médico de cabecera] Makoto! El Príncipe no puede continuar en este sufrimiento. Mire su rostro sigue peleando en sus alucinaciones, resistiendo y llorando. Parece atrapado en una gran pesadilla.

-Tienes razón Yuu, quizás sea necesario que traigamos ayuda desde afuera del Reino…-Respondió pensativo mirando al Príncipe.

-LO SALUDAMOS SU MAJESTAD EL REY SAOTOME.- Rápidamente todos se arrodillaron al ver aparecer al Rey frente a su hijo.

-¿Qué diablos le pasó al muchacho? ¡Lo crie más fuerte que esto!- Le dijo mirándolo superficialmente en busca de cualquier cosa.

-Su Majestad, no estamos seguros de que es lo que está mal, sus signos vitales son normales. Solo no quiere despertar.-Habló el médico Yuu lo más claro que pudo.

-¿Cómo que no quiere despertar? ¿Qué clase de ineficientes son ustedes? ¡Despiértenlo inmediatamente! ¡Muchacho ingrato! Qué más da, lo hare yo mismo.

-¡No su Majestad, no se atreva a golpearlo!- Le dijo con autoridad el Médico Makoto dirigiéndole la palabra por primera vez. Genma se detuvo en seco en su acción.- No sabemos que está mal y si se trata de alguna lesión que no podemos encontrar correríamos el riesgo de que jamás vuelva a despertar.

-Busquen las mejores medicinas de todas las provincias y tráiganlo de vuelta, si es necesario busquen más allá del bosque prohibido.

-¡Su Majestad!- Le dijo el médico imperial Yuu horrorizado.

-Así lo haremos si es necesario su Majestad.-Le respondió Solemnemente el Médico Imperial Makoto.

Y tan pronto como llego se fue, dedicándole una última mirada a su primogénito y único heredero.

-¿Qué haremos doctor?

-Busca estas hierbas.- Le entregó un documento.- Y prepara una infusión. Yo traeré un incienso especial de canela para lograr conectarme con su espíritu y entender por qué no despierta. Si tenemos suerte podremos lograr sacarlo de ese estado catatónico.

Ambos se pusieron manos a la obra y comenzaron un pequeño ritual para conectarse con el espíritu de Ranma que estaba sufriendo en sus sueños, pero sin lograr despertar.

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Palacio Real Tendo

Castillo Tigre Blanco

La tarde caía perezosamente en el horizonte, inundando de oscuridad los parajes que se lograban vislumbrar a lo lejos, pero la muchacha no lo veía. Aun cuando estaba mirando algún punto del bello paisaje que se presentaba ante sus ojos, estaba perdida en sus pensamientos siendo anormal para su alma siempre inquieta.

-¿Qué pasa contigo pequeña Akane?-Le dijo Kasumi, su hermana mayor.

-¿De qué hablas hermana?- Le respondió asustada e incómoda al no sentir su presencia, dando un pequeño brinco del susto.

-¿Qué buscas en el infinito que no tengas acá?- Y era cierto, la muchacha tenía todo. Hija de un gran Rey, un pueblo prospero. Buena salud. ¿Qué más podría desear?

La Princesa Akane estaba vestida con bellos colores azules y turquesas que envolvían su cuerpo y trataban de disimular su desgano, pero no lograban cubrir las grandes ojeras que le hacían competencia a los ojos de los osos panda que guardaba celosamente el Rey Tendo.

-¿Estás enferma? ¿Quieres que llame al Medico Imperial Tofú?- Le volvió a preguntar preocupada.

-No hermana, no es necesario.- Le dijo sonrojada. Si bien estaría encantada en cualquier otro momento, hoy no quería verlo. No ahora que sentía tan extraña e intranquila por el pensamiento sobre el hombre de hermosos ojos azules que le había salvado la vida.

-¿Cómo no va a ser necesario? Te ves extraña, ausente, apenas comiste...- Volvía a insistir la joven.

-No Kasumi, de verdad. No es necesario. Solo estoy descompuesta por ya sabes…-Se sonrojo furiosamente por mentirle. La joven mayor se iluminó en conocimiento creyendo que se trataba de su ciclo menstrual.

-Ohhh, perdona mi indiscreción hermana, te enviaré algunos suplementos e infusiones más tarde para los dolores.-Le dijo avergonzada y sonriéndole a modo de infidencia. Susurrándole todo ello muy bajito.

-Claro que sí.- Le sonrió a medias la peli azul incómoda.

-¡Princesa Akane, Princesa Akane!- Le llamaron Sayuri y Yuka a la distancia. Ambas muchachas se dieron vuelta rápidamente para encontrarlas sudorosas y sedientas.

-Princesa Kasumi, Princesa Akane.- Las saludaron haciendo una inclinación en noventa grados.

-¿Qué les pasa muchachas? Se ven muy acaloradas, parece que hubieran corrido siglos.- Les dijo la castaña llevando su mano al rostro para ocultar su risa ante la broma.

-No Princesa, nosotras…-Le dijeron rápidamente dando un vistazo a su ama Akane para que las ayudara.

-Ellas estaban buscando esas… ya sabes…-Le dijo mirándola a los ojos y tratando de darse entender con el movimiento de los mismos.

-Owww, ya veo.- Y nuevamente se sonrojó.- Siento haberlas molestado, ahora tengo que irme pequeña Akane. Nos veremos después.- Se despidió con una pequeña reverencia, su pequeño sequito también y la siguieron rápidamente.

¡Qué vergüenza preguntarle estas cosas delante de tanta gente! Se dijo Kasumi totalmente abochornada, llevándose ambas manos al rostro cubriendo las mejillas coloradas.

Akane y las dos muchachas la vieron partir demasiado tensas para poder respirar, cuando se dieron cuenta que ya estaba cruzando las puerta del pequeño lugar pudieron botar el aire y nuevamente se acordaron de respirar.

-¿Por qué se demoraron tanto?- Les preguntó la muchacha velozmente.

-Tuvimos que ir hasta el Reino Saotome, Princesa.- Le contestaron suavemente las muchachas ruborizadas y mirando avergonzadas el suelo.

-¿QUÉ? ¿Qué fueron a hacer allá?- Les gritó sobresaltada.

-Princesa no grite…- Le dijeron haciendo el ademan de callarla por la fuerza si era necesario. Sabían que aunque no estuvieran frente a ellas estaban rodeadas de guardias por todos lados, tanto para su protección como vigilancia, en vista del carácter volátil de la más pequeña de las princesa del palacio.

-Pero no entiendo…Yo solo quería saber de ese pervertido.- Frunciendo las cejas.

-Lo que sucede Princesa es que ese sujeto, el pervertido es…-Amabas muchachas se miraron para tomar valor y confesarle a su Princesa.- Le secretearon al oído, mirando de soslayo a su alrededor.- Es el Príncipe Saotome. El Príncipe Heredero Saotome.-

-¡QUUUUUUÉ!

-No se alarme Princesa, ¡le dio un gran golpe! Aun esta inconsciente.-Contestaron felices y satisfechas las muchachas, mostrándoles sus bíceps elevados.

-¿Que yo qué?

-Eso Princesa. El Príncipe no ha recuperado la conciencia desde ese día, es probable que muera pronto.

-¡No! ¡No puede ser posible!- La Princesa se derrumbó en el suelo.

-¡PRINCESA!

-¡Es mi culpa! Yo…yo…

-No Princesa, no es su culpa.- Trataron de consolarla las mujeres.

-Sí. Lo es, el solo trato de…de salvarme y yo, yo… Lo golpeé muy fuerte.- Y las lágrimas comenzaron a acumularse desbocadas en sus bellos ojos cafés.

-No Princesa, ¡no se culpe! Los médicos dicen que no es eso, el Príncipe solo no quiere despertar. El golpe no le causó nada. - Le dijo Sayuri atropelladamente lo más rápido que sus palabras salieran de su boca para que la Princesa dejara de lamentarse.

-¿Cómo puede ser eso posible?

-Sí Princesa, escuchamos que los médicos se conectaron con su espíritu y este les mostró que se encuentra bajo un hechizo del velo de la noche.

-¿Hechizo?- La Princesa levantó el rostro de sus manos.-Él…él…él quedó inconsciente cuando lo golpee y yo, yo no pude agradecerle…-La princesa dijo inmóvil amenazando con ponerse a llorar en cualquier momento tratando de contener el puchero de sus labios.

-No Princesa, el golpe no le hizo nada, el Príncipe había tomado con anterioridad un fruto del valle prohibido mientras salía de su Reino. Los médicos imperiales lograron diagnosticarlo recién, están tratando de encontrar una cura al hechizo, se llama el velo de la noche.

-¿Velo de la noche?- Las miró con esperanza.-Tengo que… - Se levantó rápidamente y comenzó a caminar a toda velocidad.

-¿Qué hará Princesa? – Las chiquillas la siguieron rápidamente mientras ella corría a la entrada del Palacio y se perdía en las calles de su Reino.

Corrió todo lo que pudo con ese pesado vestido que llevaba, hasta que logro distinguir a la lejos en una de las esquinas del pueblo al médico que ingresaba lentamente sosteniendo algo en sus manos.

-Doctor…Doctor Tofú…-Le dijo la muchacha sin aire, secundada por las dos doncellas que no la dejaban ni a sol ni a sombra, aunque llegaban en peores condiciones.

-¡Buenas tardes Princesa Akane! ¿Qué hace por aquí? ¿Está herida nuevamente?-La miró tratando encontrar alguna lesión evidente ante sus ojos.

La muchacha se sonrojó escarlata y pronunció recuperando la compostura.

-No doctor, nada de eso, quisiera hacerle una pregunta. – Desvió la mirada juntando los dedos de sus dos manos, encontrándolos muy interesantes, repentinamente llena de pudor.

Tan guapo.

-Ohh sí, si es así. Por supuesto.- Le sonrió.- Pero pase, pase y ustedes también han de estar cansadas.

Las hizo acomodarse en el cuarto que solía utilizar para recibir a sus pacientes y le sirvió té a cada una de las muchachas. Al siempre apacible doctor, le llamó la atención que la Princesa estuviera aquí y que no presentara ningún rasguño, solo para hacerle una pregunta.

-Dígame Princesa, en qué puedo servirle.

-Doctor.- La muchacha se volvió a sonrojar.- Quisiera saber, si usted…- Tragó saliva…- Conoce el antídoto para el hechizo el velo de la noche.

La pregunta descoló al doctor, más porque no la esperaba que por otra cosa, y dada la premura con que le pregunto la muchacha le hizo responder rápidamente acentuando el brillo en sus anteojos iluminándolas con la respuesta. Las tres mujeres lo miraron anhelantes.

-Por supuesto que sí Princesa Akane. Es extraño hace mucho que nadie sufre de ese mal por nuestro Reino.- El doctor se cruzó de brazos y pensativamente se llevó una mano al mentón.

-¿En serio?- Le dijo nerviosa.- Yo lo leí en alguna parte… En algún manuscrito, pero nada dice respecto de su antídoto y tuve curiosidad.

-Ohhhh ya veo, no tienes que preocuparte por eso. Sé que nunca tomarías un fruto de afuera del Reino sin el consentimiento del Rey. No te preocupes. - Le dijo el doctor entendiendo la situación. La pequeña Princesa quería ser precavida.

-¡No! O sea, por supuesto que no, doctor. Solo tengo curiosidad.

-En ese caso no debes preocuparte para eso me tienes a mí.- Regalándole una sonrisa de aliento y Akane por primera vez desde que lo conocía quería golpear algo frente a él del enojo.

-Sí doctor…-Sonrojo.- ¿Puedo saber cuál es el antídoto?- Le volvió a preguntar.

-Ohhh claro que sí, es muy fácil. - El doctor se acomodó las gafas que tenía sobre el tabique de la nariz.

-Deben comer las bayas Ai, que se encuentra solo en nuestro Reino, pero debes asegurarte que tome todo lo que la fruta brinde. Tienen que ser al menos dos miligramos de su jugo para asegurarse que la persona que está bajo el efecto del velo de la noche recupere el conocimiento.

-¿Mmmmmm, solo eso?- Comentó la Princesa.

-No te emociones tanto Princesa, ajaja. El problema de este hechizo es que te lleva a un sueño eterno después de cuatro días, durante mucho tiempo fue utilizado por los guerreros que querían abandonar sus luchas sometiéndose a sí mismos a ese sufrimiento. Las alucinaciones son cada día más vividas hasta llevarte a un desapego total de la vida esperando solo morir, pero sabemos que nunca te pasara esto.- Se carcajeó el médico.

¡CUATRO DÍAS! ¡POR LOS DIOSES!

¡RANMAAAA!

-Por supuesto que no.- Le dijo más que avergonzada. Y se disculpó rápidamente del doctor dándole las gracias por su ayuda.

-No hay de qué Princesa Akane, cuando quiera y cuida de no lastimarte seriamente.

Ahhhh mujeres, son tan divertidas, pensó el doctor mientras las miraba salir apresuradamente de su pequeño cuartel médico. Tocando la pequeña pintura de Kasumi que guardaba con celo cerca de su corazón.

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-¡No es posible! ¡Todo esto es mi culpa! ESTAMOS EN EL TERCER DÍA…- La Princesa se tomó el rostro con ambas manos, lo que acentuaba su sonrojo a punto de comenzar a comerse las uñas de los nervios. -No hay manera de que alguien pueda darle eso al Príncipe sin que se den cuenta. ¡No pueden hacerlo ustedes y no puedo enviar alguien más porque es posiblemente que nos descubran! ¡¿Qué se supone que debo hacer?!-Hablando tan apresurada que las chiquillas no podan seguir su línea de pensamiento.

-¿Y si lo hace usted Princesa?

-¿Qué?

-Eso, después de todo él ya lo hizo por usted.-Le dijo la chiquilla con el propósito de molestarla, pues poco le preocupaba a Yuka la vida del Príncipe pervertido de otro reino que había puesto en peligro la vida de su Princesa al tocarla sin su consentimiento, aun cuando le había salvado la vida.

-Tienes razón.-Apretó su puño- Le debo la vida, es lo mínimo que puedo hacer por él.

-¿QUÉ?- Le gritaron ambas criadas.- ¡Está loca princesa! Si descubren que volvió a fugarse seremos seriamente castigadas "otra vez".

-No importa, una Tendo siempre paga sus deudas de honor.

Y las atrajo así para agacharlas cerca de un arbusto que las cubría por completo y les contó el plan que había trazado desde que salió donde el doctor.

Era momento de entrar en acción, les sonrió con suficiencia a las preocupadas doncellas mientras se levantaba lentamente entre los arbustos y se limpiaba algún polvo imaginario de sus vestimentas, sus ojos se sentían arder por el fuego salvaje que los dominó. No dejaré que mueras baka-hentai, se dijo con determinación apretando el puño.

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[Continuará]


N/A.

¿Qué hará Nodoka? Y ¿Akane? ¿Ranma morirá? Siempre me han gustado los dramas históricos y escribir esta ficción con mis dos personajes favoritos como protagonistas es un sueño. Espero les vaya gustando .

Millones de gracias por siempre dejarme lindos mensajes en mi historia, mi corazón se siente tan feliz que les guste.

*Palacio de Jade: Es el lugar que habita la Xiwangmu o Reina madre de Occidente, un personaje de la mitología china que durante la dinastía Han paso a ser una divinidad taoísta. Se supone que esta sobre Kunlun celeste, lugar mágico donde crecen las hierbas de la inmortalidad y los peces de larga vida

*Joo Heika: Su Majestad la Reina.

*Kokuo Heika: Su majestad el rey.

*Koutaishi: Príncipe Heredero.

*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.