Declaración de responsabilidad: Ranma ½ es de propiedad de la gran Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión.


Símbolos:

-Palabras habladas.-

Pensamientos.

"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".

GRITOS.

= 0 =: Cambio de escena.


¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.

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YUANFEN

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Capítulo anterior:

Era momento de entrar en acción, les sonrió con suficiencia a las preocupadas doncellas mientras se levantaba lentamente entre los arbustos y se limpiaba algún polvo imaginario de sus vestimentas, sus ojos se sentían arder por el fuego salvaje que los dominó. No dejaré que mueras baka-hentai, se dijo con determinación apretando el puño.


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Capítulo 7

"Encuentro".

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Palacio Real Saotome

-¡SU MAJESTAD!

-¡Esta loca! ¿Quiere verme hacer el ridículo? ¿Es eso?- Como gato enjaulado se movía el Rey dentro de la habitación.

-Majestad, tal vez debería concederle una conferencia, han pasado diez años desde la última vez que…

-¡CÁLLATE! Sácala de aquí, no quiero verla. No puedo enfrentarla y lo sabes.

-Pero su Majestad…

-Solo… Llévatela de acá.- Pronunció volviendo a sentarse y calmándose para leer unos pergaminos.

-Su Majestad ella solo quiere ver al Príncipe…

-Dije que te la llevaras, si no quieres que…

-No Majestad, lo haré, con su permiso.- -El hombre que posaba una rodilla en el suelo, apretó fuertemente su puño. Se inclinó lastimosamente y salió lentamente de la habitación mientras movía la cabeza lamentándose. Takeshi había permanecido por largo tiempo al lado del Rey con la esperanza de algún día terminar con su sufrimiento, protegiendo a sus seres queridos.

A ella.

Si hubiese tenido cabello, se lo arrancaría ya mismo, pero el Rey Genma con un decreto real había prohibido que mantuviera su bella melena, porque podría hacer que…

¡Ahhhhhh!

Esperaba que en su otra vida la calvicie lo acosara y no lo dejara vivir teniendo que ocultarla, era su pequeño deseo en esta vida. Casi perdió el hilo de su actual preocupación, pero un casi no era suficiente. El Rey había sido implacable con la Reina. No le permitía visitar a su hijo, ya habían pasado más de diez años. Ni siquiera ahora, que luchaba entre la vida y la muerte.

¡Ahhhhh que desdichada era la Reina!

¡Maldito Genma! Apretó [otra vez], fuertemente su puño.

=0=

-¡MAJESTAAAAAAAAD, POR FAVOR! ¡MAJESTAAAAAAAAD!- La otrora guerrera, hoy yacía arrodillada suplicando por ver a su hijo moribundo, las capas superiores de su vestimenta fueron retiradas tan pronto se encontró en el Palacio Real Saotome para demostrar cuán importante era su solicitud, que abandonada cualquier indicio de dignidad sin importarle exponer su virtud a la vista de todos los guardias presentes. Su fiel espada reposaba aun escondida entre las capas blancas de su vestimenta interior. Lista para aparecer en cualquier instante.

-¡Mi reina por favor, retirémonos! ¡Su majestad el rey no vendrá y se enfermará!- Hanako estaba desesperada. La reina llevaba todo el día arrodillada, sin comer y las nubes en el cielo amenazaban con un intensa lluvia en cualquier momento.- ¡Mi Reina por favor!- Le rogaba la mujer también arrodillada a su lado.- ¡Puede enfermarse de gravedad!- Lágrimas amenazantes se perfilaban en sus rasgados ojos.

La reina no hablaba, su huelga silenciosa vestida en blancos ropajes interiores no cesaría, su vista estaba fija en dirección de las puertas del palacio real, frente a ellas unas largas escaleras plateadas que daban de inmediato con el centro de todos sus pesares. El honor la había unido a ese hombre deshonesto, que había matado al único hombre que amó. Si no fuera porque había sido obligada a cometer el *Yubitsume, cargaría con todo los guardias que resguardaban a su captor. Bajó su vista a sus manos tocándolas con suavidad, delineó delicadamente el dedo pequeño faltante.

Sumida en sus pensamientos no notó quien se posó frente a sus rodillas, solo vio unos pies que no estaban antes y levantó rápidamente la vista.

-Mi Reina…Nodoka-san.- La miró intensamente, notando el bello rubor que adornó su rostro.

Aquí, frente a él estaba la mujer que había amado toda la vida, a la que había jurado amor eterno y que nunca abandonaría. Su amor era tan grande que había preferido quedarse al lado del Rey que los había separado y hacerle creer que había muerto en batalla, y no solo eso, durante todos estos años se mantuvo como su mano derecha.

Y esta mujer, ni siquiera lo recordaba.

¡Los puntos de presión habían sido tan eficaces!

Pero a veces, cuando tenía estas extrañas y poco probables posibilidades de acercarse a ella, podía notar el reconocimiento en lo más profundo de sus ojos.

- Vuelva a su palacio mi Reina, su hijo estará bien. Tiene la palabra de su Majestad, nada le pasará.- Solemnemente proclamó, levantándola del suelo haciendo uso de una pequeña fuerza sin hacerle daño.

-Yo... ¡Suélteme!- Se desenredó de sus brazos y rápidamente, como antaño, desenvainó su espada llevándola a su garganta.- Es suficiente, dígale a su Rey que hable conmigo o esta será la última vez que escuche de mí.

- Joo Heika…- Susurró perpleja y conmocionada Hanako no sabiendo que hacer, la Reina podría lastimarse a este punto.

-Mi reina no haga esto…-Takeshi intentó disuadirla, no esperaba este comportamiento.

-Nodoka.- Dijo alguien detrás de todos los presentes sorprendiéndolos. Los guardias y soldados se inclinaron.

-¡LO SALUDAMOS A SU MAJESTAD REY GENMA!

- Kokuo Heika Saotome.- Se inclinó Nodoka saludándolo.

-No son necesarias las formalidades, regresa a tu palacio. Pronto te visitaremos Ranma y yo, pienso honrar mi promesa, Nodoka. Acompáñala Takeshi.- Les dio la espalda y subió las largas escaleras.

-Genma…Mi niño...- La reina sollozó.

-Vámonos Reina Nodoka.- Y la cubrió quitándose la capa que revestía su espalda, tapándole la visual del Rey Saotome, dirigiéndose lentamente con la mujer al Palacio de Jade.

El cielo lloraba como aquella vez hace 19 años, mientras los empapaba una vez más, mezclando sus lágrimas con la suave llovizna.

[*Yubitsume: Acortamiento de dedo, es un ritual japonés para compensar las ofensas hechas a alguien, una forma de ser castigo o disculparse sinceramente ante alguien, mediante la auto amputación de secciones del dedo meñique de uno. Se dice que es un ritual practicado en la actualidad con exclusividad por la Yakuza, pero que tiene sus orígenes en el bakuto, probablemente los samuráis para que no pudieran empuñar correctamente la espada siendo una desventaja en batalla.]

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Palacio Real Saotome

Castillo Dragón Azul

-Yuu, ¿ha bajado la fiebre?-Preguntó el médico imperial Makoto. Decir que su procedimiento falló sería una mentira. El problema es que no lograba determinar que clase de realidad estaba sumergido el príncipe, era casi como si estuviera en otra dimensión, pero eso era ¡imposible!

Miró detenidamente una botellita que subió a la altura de sus cansados ojos, ¿será que los alucinógenos le estaban provocando efectos secundarios?

NO.

El muchacho estaba perdido en este mundo paralelo que no lo dejaba regresar a la realidad, su espíritu no lograba ni la primera fase de contacto. Podría jurar que su espíritu estaba siendo reemplazado.

Sufriendo alucinaciones cada segundo aun cuando se mantiene dormido, está viviéndolas como realidad.

Sueños.

Torció el entrecejo.

Alucinaciones.

El pavor llenó su rostro.

Pesadillas.

¿CÓMO NO LO VI ANTES?

-¡GUARDIAS!

Al menos cinco guardias ingresaron preparándose para atacar en cualquier momento, mirando en todas las direcciones y dispersándose por la habitación del Príncipe encontrando solo a los dos médicos y el príncipe moviéndose inquieto entre sueños. Los miraron confundidos.

-Traigan de inmediato a sus señores, es urgente.-Salieron raudos en su búsqueda.

-¿Qué sucede Médico Imperial Makoto?- Le dijo extrañado Yuu con todo el alboroto de los guardias.

-Fui tan ciego, no lo vi de inmediato, este viejo necio está envejeciendo.

-Me temo que no lo entiendo mi señor.

-Todo este tiempo estuvimos buscando en los lugares equivocados y no logramos ver los síntomas con claridad, el Príncipe está bajo el hechizo del velo de la noche.

-¿Qué? Si eso es así, el Príncipe todavía puede salvarse.- Le dijo esperanzado mirando al muchacho que se removía incómodo en sus aposentos susurrando palabras ininteligibles y sudando cada vez más.

-El problema es encontrar el antídoto…-Se lamentó sabiendo que este descansaba en territorio enemigo, pero tenían ilusión y se agarrarían a ella con todo lo posible, el muchacho viviría aunque perdiera la cabeza en ello.- Vivirás Príncipe y espero que seas el más honesto de los Emperadores este Reino.

Irrumpieron en la habitación presurosos los dos amigos del Príncipe. Vistiendo túnicas moradas y plateadas armaduras cubriendo sus pechos, terminado con pantalones y capas negras, a juego con sus botines que dejaron olvidados al entrar.

-¿Nos buscaba Médico Imperial?– Le lanzó Daisuke rápidamente secándose el sudor de la frente por la carrera.

-Díganos que desea Médico Imperial Makoto, sus deseos son nuestras órdenes.- Se sometieron a su voluntad los muchachos.

-Necesito que hagan algo por mí.- Los miraba ansioso.

-¿Qué comieron en su corta expedición en los límites del Reino?

-¿Qué?- Ambos muchachos se sorprendieron por la pregunta.

-Necesito saber si el Príncipe comió, bebió o lo que sea que pudo haber ingerido ese día. Hagan memoria.- Les ordenó firme.

-Nosotros no…-

-Sí…- Susurró Hiroshi.

-El Príncipe comió bayas silvestres en el bosque prohibido.-Completó Daisuke.

-¡Perfecto! ¡Lo sabía! ¡Ahora podemos ayudar al Príncipe! Muy bien, necesito que crucen los límites del Reino por el bosque prohibido y traigan esto lo antes posible.- Les lanzó un pergamino con el dibujo de una pequeña baya en forma de luna que recibieron ambos, echándoles una mirada, levantaron sus cabezas nuevamente al médico.- También se encuentra en el bosque prohibido. Lo necesito YA.

Ambos chiquillos se miraron y llegando a un acuerdo tácito y con la determinación en sus ojos salieron de la habitación mientras gritaban órdenes de preparar a sus caballos.

-¡Cuanta vitalidad! No se preocupe Príncipe, pronto estará jugando con ellos.- Le sonrió de mejor humor el anciano médico, mientras supervisaba como Yuu cambiaba el pedazo de tela blanco de la cabeza del joven Príncipe.

=0=

Existen ocasiones que te quedas mirando un punto fijo sin pensar en nada, solo ese hermoso momento en que la mente queda en blanco. Lástima que esos momentos en la gran mayoría de los casos te pillan en momentos menos adecuados, en que los segundos marcan la diferencia entre la vida y muerte.

Llevaba más de una hora mirando por la ventana redonda que tenía su habitación sin mirar exactamente, perdida en la preocupación que todo saliera según sus planes. La lluvia caía estrepitosamente y ya había atardecido hace mucho.

Si fallaba… No quería pensarlo. La puerta desplazándose la sacó de su trance y se giró rápidamente a la chica que entraba.

-Señorita…señorita Akane.- Susurraba temerosa Sayuri.

-¿Lo hiciste?

-Sí…No estoy muy segura si funcionará.-Tenía miedo, Ryu Kumon era un ser malvado y extremadamente fuerte que le infundía un terror profundo, si llegaba a enterarse que ella había agregado un sedante en la comida de esta noche ni siquiera podía pensar en el castigo de ese horrible ser. Mentalmente repasó todo lo que hizo:

Entró sigilosamente a la cocina donde la Señora Yoko preparaba las meriendas de todos los sirvientes, asustándola mientras soltaba una de sus fuentes de porcelana favorita.

-¡Ohh querida, me asustaste!- Le dijo la anciana llevando una mano a su corazón.

-Perdóneme señora Yoko, no fue mi intención, déjeme ayudarla.- Corrió a recoger los trozos desperdigados por el lugar.

-No te preocupes pequeña que lo hago yo. La comida la de la Princesa esta lista, puedes llevártela.- Se agachó dándole la espalda recogiendo los pequeños pedacitos de la más fina de las porcelanas, ¡qué lástima! Era su favorita.

Sayuri aprovechó ese instante para mezclar rápidamente el polvo en la sopa Dashi del joven, sabía que la preparaba para él sagradamente noche tras noche. Tan pronto como lo hizo salió del lugar.

-Sayuriiiii.- Gritó la anciana.

La muchacha que llevaba varios metros huyendo, se detuvo en seco, con el corazón latiendo fuertemente, sintió la sangre abandonar las mejillas. ¡Había sido descubierta!

-Sayuri querida, olvidaste la bandeja.- Carcajeándose, la anciana la alcanzó y le entregó la bandeja abandonada.

-No sé en qué estaba pensando señora Yoko.- Perpleja recibió la bandeja.

-El amor, el amor joven, cariño.- Le cerró un ojo y lentamente se devolvió a la cocina, tarareando unos versos antiguos de una canción olvidada de amor.

-Ojalá…-Tragó con dolor el nudo que tenía atorado en la garganta.

-No te preocupes por eso, lo hará. Esa es una de las mejores fórmulas del Doctor Tofú para dormir, Ryu dormirá como un bebé.- Le sonrió dándole las gracias.

Apresurados pasos se sintieron en el pasillo que conducía a los aposentos de la menor de la Casa Tendo, corriendo la puerta corrediza, esmerándose en esconder algo entre su ropaje, miró diligentemente sobre sus pasos, esperando cualquier atisbo de la presencia de cualquier persona siguiéndola.

No había nadie.

¡Gracias a los dioses por eso!

Ambas chiquillas miraron en su dirección.

-Señorita Akane…- La miró cual gato salvaje a un filete.- Esta todo listo. Ryu Kumon duerme como un niño de cuna y la yegua está lista.

Soltó rápidamente la capa superior de su túnica y cayeron una serie de prendas negras.

-Las tomé prestadas de Yuki. – Sonrió levemente.-No creo que lo note.

La Princesa agradecida las abrazó emocionada, ¡les debía tanto! Tomó las manos de ambas muchachas.

-Prometo compensarlas por esto.

-¡No Princesa, no es necesario! –Dijeron a coro.- ¡Por favor, solo vuelva sana y salva!

-¡Así lo haré!

Se desprendió rápidamente con la ayuda de las muchachas de sus pesadas vestiduras y se envolvió en ropas negras de los pies a la cabeza.

Mientras la Princesa se desprendía de sus blancos vestidos de dormir, Sayuri rápidamente se ataviaba con ellos. Recostándose en la cama por si alguien venía a revisar. Esperaban que no, ya que habían dado a conocer que la muchacha tenía un fuerte dolor de cabeza y era mejor no molestarla ante que se sintiera mejor.

La princesa se amarró acuciosamente un bolsito dentro de su ropaje con el antídoto y completó su vestimenta con una pequeña daga. No sabía que podía encontrarse de camino a sus enemigos, era mejor estar preparada para todo. Las miró con la adrenalina corriendo por sus venas, totalmente agitada con su escape.

-¡Volveré! ¡No se preocupen!- Se despidió levantándole la mano y subió a la ventana, mirando hacia ambos lados en busca de algún guardia. No había nadie y saltó.

-¡Cuídese señorita!- Le susurraron a la ventana abierta, viendo como la joven muchacha se perdía en la oscuridad del patio cercano a la habitación.

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La caballeriza estaba en un patio exterior a las habitaciones en el Castillo Blanco Tendo, Yuka había dejado abierto el portón y su yegua lista. Blanca como la nieve, Escarlata, la reconoció incluso antes que se mostrara por completo, con un relinche feliz. La muchacha acarició amablemente su cabeza, depositando un suave beso en la parte externa de su nariz, apoyó su frente contra la de ella, queriendo transmitirle sus pensamientos y darse tranquilidad, quitándose el pavor que le causaba la fuga.

-Perdóname por sacarte de esta forma Escarlata, pero no tengo otra opción, ¿me ayudarías?

La yegua relinchó en comprensión y movió sus patas delanteras al trote, demostrándole que entendía.

-¡Gracias pequeña!

Tomó las cuerdas de la yegua y avanzó lenta y silenciosamente con ella. Llegó al portón y escudriñó por guardias, pero con esta fuerte lluvia era casi imposible que hicieran las rondas diarias, quedándose guarecidos cerca de los espacios cálidos.

Salió rápidamente, Escarlata se agachó para que la Princesa la montara y comenzó un rápido galope adentrándose en los oscuros parajes.

-¡Te salvaré!- Dijo a la lluvia con la valentía patente en sus ojos y tomando a cada trote más velocidad, prometiéndole a la yegua un gran trozo de azúcar por ensuciar sus límpidos pelajes.

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Un rayo iluminó imprevistamente el rostro pálido de la mujer a medio camino de introducirse a los dominios de palacio de los Saotome, paralizándola y obligándola a ocultarse detrás de un gran pilar ante el paso apresurado de unos hombres que corrían rápidamente por el lugar que estaba lleno de guardias.

Según los planos que habían podido dibujar sus doncellas, solo faltaba un pequeño patio interior más y podría introducirse, al fin, al lugar donde descansaba el joven Saotome. Mirando a su alrededor y no encontrando ningún otro sujeto, caminó lentamente tocando una pared cercana, pegándose a ella.

Había dejado muy bien atada a Escarlata en un pequeño claro cercano al Palacio, no sin el disgusto de la yegua, que parecía asustada y nerviosa con los colores que se veían demasiado cercanos en el cielo.

Solo un poco más y estaré allí.

La pared que debía saltar no era de mucha altura, el problema es que la lluvia no amainaba y sin una buena sujeción podría lastimarse y todo su plan irse a la basura. Otro rayo iluminó el lugar, podría escalar sin problemas la misma, al parecer alguien había hecho ese camino otras veces, solo tenía que hacer lo mismo. Aunque sus piernas eran más cortas que la personas que había circulado con anterioridad por ahí.

Asomó la cabeza cautelosamente entre la pared y las ramas que la ocultaban, contando tres guardias a la vista. Era casi media noche y muy pronto quedaría uno solo, debía esperar unos minutos. Observó el lugar cada vez que se alumbraba por los rayos. Había algunos maniquís de entrenamiento, así que probablemente alguien del Palacio también practicaba el arte. ¿Sería el muchacho que la salvó?

¡Tssskk, no tiene por qué importarme! Se regañó frunciendo las cejas y arrugando la nariz.

Un movimiento por el rabillo de su ojo, le mostró que ya era el tiempo de actuar, agazapada como estaba el frío la estaba poniendo tensa y pronto llegaría el nuevo turno y quedando un solo guardia. Estaba a punto de descender cuando escuchó unos murmullos provenientes de la habitación que pensaba asaltar y salieron dos hombres mayores.

¡Diablos! ¡Olvidé que probablemente había más gente al interior!

Pero es ahora o nunca.

Descendió ligera entre los árboles, sin hacer ruido. Ocultándose entre los arbustos pequeños, sacó un tubo delgado llevándoselo a la boca y apuntó al guardia directamente en un costado de su cuello y sopló, clavándole una filosa espina con un sedante. El guardia cayó de inmediato, agarrándolo antes que su cabeza golpeara el suelo, emitiendo un pequeño ruido del choque de sus pies con el suelo húmedo que fue aplacado por un fuerte trueno.

La Princesa acomodó al guardia lo mejor que pudo quitándole la filosa espina, fingiendo que tenía una pequeña siesta. Se levantó y miró en busca de otros guardias, apegándose nuevamente a las paredes, pero de la morada del muchacho que buscaba.

No encontró a nadie e ingresó al roka [vestíbulo], el pasillo estaba vacío. Espero un momento, tratando de escuchar algo, voces o algún sonido de alguien dentro de la habitación, pero no sintió nada. Corrió lentamente el shoji y espero algún rayo para orientarse dentro. Y así ocurrió, los dioses estaban de su parte esta noche.

Caminó en cámara lenta hacia su objetivo, goteando el tatami, pero no se dio cuenta de nada. Ahí frente a ella, en una gran cama alta estaba el hombre que la había salvado hace solo unos días, moviéndose adolorido y quejumbroso en sueños, una suave vela iluminaba el lugar y el olor a incienso y hierbas embriagó sus sentidos. Lo miró con detenimiento, como no había tenido tiempo antes, sus facciones varoniles y su entrecejo fruncido por un sueño inquieto.

Hubiese querido ver sus ojos azules, se sonrojó.

¡TENGO QUE APRESURARME! Gritó en su mente.

Desató una pequeña bolsa que tenía amarrada a la cintura, buscó en la habitación algunos utensilios para machacar las bayas y darle de beber su jugo, encontrándolos rápidamente. Esa habitación estaba convertida en una verdadera sala de curaciones. Se había preocupado de pesar cada una de ellas, trayendo la dosis justa que necesitaba y algunas más ante cualquier inconveniente. Trató, dentro de lo posible no derramar nada, haciéndolo cuidadosamente.

Levantó su pequeña creación en un pocillo triunfal, mirando al muchacho y su rostro se horrorizó.

¡El MUCHACHO NO ESTABA!

¡NO ESTABA!

La había descubierto.

Barrió fugazmente la habitación en busca del hombre, y para su sorpresa, se encontraba de pie a pocos metros de ella, con los ojos abiertos y mirándola intensamente, quiso dar un paso, mientras ella retrocedía otro. Pero antes de darlo por completo se derrumbó con un fuerte sonido. La muchacha corrió a socorrerlo casi dejando caer el pocillo, pero lo alcanzó a ponerlo arriba de una mesita. El hombre se desmayó directo al piso, susurrando incoherencias nuevamente con los ojos cerrados y frunciendo las cejas.

-Bien, nadie dijo que sería fácil.- Con toda la fuerza que pudo acumular, intentó levantarlo, pero no pudo. El muchacho era claramente más pesado de lo que se veía y además inconsciente como estaba, era un peso muerto.

¡Que susto le había dado! ¡Prometo nunca más en mi vida hacer algo como esto!

Enroscó rápidamente una sábana blanca que encontró cerca, poniéndola de almohada para sujetar su cabeza y poder hacerle beber el antídoto, acomodándolo lo mejor que pudo en el suelo.

¡Gracias Dioses por no derramarlo! Creo que tendré que rezar por varios días en el templo.

Bajó la vela, apoyándola en la palmatoria de greda, descansado por el esfuerzo de tratar de levantarlo del suelo. El cabello enmarañado enmarcaba el perfil del joven Saotome maravillosamente, la Princesa sentada a su lado no pudo sino contemplar el ahora tranquilo hombre que estaba frente a ella, era hermoso.

Con las mejillas sonrojadas y las manos temblorosas acercó tímidamente el pocillo con el antídoto a los carnosos labios de Ranma, teniendo que aproximarse más al cuerpo del joven y levantar su cabeza para no desperdiciar ni una gota de las bayas. Le susurró algunas palabras de aliento cuando se dio cuenta que empezaba a farfullar nuevamente, abriendo con su dedo pulgar sutilmente su boca y haciéndolo tragar todo el jugo machacado.

Recostó nuevamente la cabeza del muchacho sobre la almohada improvisada, dándole la espalda, lista para alejarse y nunca más volver a ver a ese chiquillo, pero podría verlo una vez más. Solo unos minutos antes de partir, se dio la vuelta observándolo detenidamente.

Su respiración era más relajada como su cuerpo, su ceño se había suavizado y el color volvía a sus mejillas angulosas, a la luz de la vela podía notar el bronceado por el sol. Ya no se quejaba en sueños, solo dormía. Su boca se movió de repente.

-Akane…

-¿Qué?- Casi gritó, se acercó nuevamente al muchacho para mirarlo de cerca y comprobar que había escuchado bien, pero se quedó quieto y nada pasó, cuando se retiraba, pensando que solo había escuchado mal. Unas manos apresaron su rostro bajándolo cerca al joven quien abrió perezosamente los ojos mirándola directa y soñadoramente sonriéndole.

-Akane…- Dijo y la besó gentilmente juntando sus labios, pudiendo saborear las bayas en él.

¿Estoy soñando?

El hombre volvió a un sueño feliz con la sonrisa en los labios, soltándola. La joven no supo muy bien qué hacer, era demasiado para un solo día y se quedó quieta tal cual como la dejó el príncipe, totalmente sonrojada.

El trance se interrumpió con un sonido que la puso en alerta.

Debía escapar, ¡YA!

Recogió los utensilios que ocupó y encontró una ventana pequeña abierta en la habitación contigua, pudiendo escapar mientras sentía como despertaban al guardia dormido.

Corrió y corrió, alejándose del palacio Saotome, como pudo entre la lluvia y la humedad que le helaba los huesos, haciendo caso omiso a las mejillas sonrojadas y los labios palpitantes, tomándose ambos lados del rostro con las manos mojadas, traspasándoles calor.

¡Debo estar loca!

Escarlata, ya de pie y lista para volver a casa, la levantó apresuradamente y emprendió su rumbo a palacio con la princesa a cuestas.

..

.

[Continuará]


N/A.

¡Gracias por leer! ¡Sugerencias, descargos DM! ;*

*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.