Declaración de responsabilidad: En mis sueños soy dueña de Ranma y les doy un final feliz como lo merecen, pero en la realidad Ranma ½ es de propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión, no me demanden que soy pobre.


Símbolos:

-Palabras habladas.-

Pensamientos.

"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".

GRITOS.

= 0 =: Cambio de escena.


¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.

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YUANFEN

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Capítulo anterior:

Corrió y corrió, alejándose del palacio Saotome, como pudo entre la lluvia y la humedad que le helaba los huesos, haciendo caso omiso a las mejillas sonrojadas y los labios palpitantes, tomándose ambos lados del rostro con las manos mojadas, traspasándoles calor.

¡Debo estar loca!

Escarlata, ya de pie y lista para volver a casa, la levantó apresuradamente y emprendió su rumbo a palacio con la princesa a cuestas.


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Capítulo 8

"Ryu".

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Palacio Tendo

La lluvia se ensañó con la princesa mientras hacia su camino de regreso al Palacio Tendo, su yegua de blancos pelajes bien podría pasar por un caballo negro con todo el barro acumulado sobre su fibroso cuerpo.

La muchacha sabía que después de casi dos horas de cabalgar sin descanso, mojadas y hambrientas solo necesitaban descansar. Así que guardó con mimo a la yegua en su establo regalándole cariñosamente un pedacito de pan de azúcar en recompensa por todo su esfuerzo que realizó al trasladarla de un lugar a otro de ida y vuelta, prometiéndole un baño minucioso por la mañana. La yegua solo relinchó y sacudió su cabeza en entendimiento, disfrutando el azúcar en su hocico, viéndola tan feliz la princesa acarició una vez más su cabeza y se despidió de ella, saliendo silenciosamente tratando de calmar su todavía agitado corazón.

Ese hombre la había besado dos veces, ¿cómo podría ser tan descuidada? Se regañó mentalmente, arrugando las cejas. Si alguien llegaba a saber que salvó la vida del príncipe Saotome y que además este la había besado estaría más que en serios problemas.

¡SU PRIMER BESO!

Se tocó delicadamente los labios, queriendo revivir la sensación otra vez, pero no era ni remotamente cercano, al menos el príncipe estaba bien ahora.

¡LO SALVÉ! Se dijo con entusiasmo.

El príncipe podría vivir de nuevo, estaría bien, se recuperaría y nunca más volvería a verlo en su vida y…

Besaría a otra…

Se casaría con otra…

Tendría hijos con otra…

Amaría a otra…

Quitó sus dedos y agitó con rabia su brazo, ¿Qué diablos estás pensando Akane? ¿Terminé de volverme loca?

AHHHHH.

Perdida en esos pensamientos llegó a la ventana de su habitación, la lluvia amainaba a esas altas horas de la noche. Solo esperaba que Yuka y Sayuri estuvieran bien. Entró lo más sigilosamente que pudo a la habitación, volviéndose sin mirar adentro para observar algún movimiento por donde entró, en busca de guardias o alguien más.

¡Gracias a los dioses no había nadie!

¡PERFECTO!

=0=

Ryu Kumon no fanfarroneaba, su gran resistencia debido al entrenamiento no solo en artes marciales de todo tipo, sino también en la más variada gama de venenos que podrían utilizarse en las personas que formaban parte de la realeza, lo habían protegido de una simple fórmula para dormir, aunque muy eficaz, su cuerpo la consumió, digiriéndola rápidamente.

Su cuello aun adolorido por dormirse acurrucado en la mesa donde le sirvieron, se dio cuenta inmediatamente que algo no estaba bien. Corrió a la habitación de la conflictiva princesa y solo encontró a sus criadas, una de ellas vestida completamente con la ropa de dormir de la princesa y la otra custodiando sus aposentos.

¡Me las pagarás pequeñas sabandija!

Apretó fuertemente los puños y sacó de la muñeca a la chiquilla de la cama, Sayuri gritó por el dolor causado, pero no lo suficientemente para que la escucharan. El hombre la miró con tanta rabia que la muchacha no supo que hacer sino callarse ante su furibunda mirada.

-¿Dónde está tu ama?

-No lo sé, salió de paseo. – Le dijo la muchacha desviando la mirada a la otra chica en busca de ayuda.

-Ahhh, ¡no lo sabes! Pues, la princesa es de salir en medio de la noche muy seguido ¿no? ¿Puede que te acuerdes si hago esto?-Agarró a la pequeña Sayuri de su pelo castaño claro desde la raíz fuertemente y le preguntó nuevamente:

-¿Dónde está la Princesa?

-Realmente no lo sabemos mi Señor.-Le dijo firme Yuka, tenía que hacer algo para que ese hombre le quitara las manos de encima a Sayuri, en este estado de furia podría llegar a matarla, ellas sabían que harían cualquier cosa por la otra o por la princesa, así que decidió.- Solo que debíamos esperarla aquí.

Las escuchó con la rabia carcomiéndole las entrañas, esa chiquilla había jugado bien sus cartas y lo peor era que no pudo predecirlo, su maestro estaría demasiado decepcionado en este instante.

MIERDA.

¡MALDITA PRINCESA TESTARUDA!

Su rabia pasó de a poco a convertirse en curiosidad mientras miraba los pequeños mechones de pelo en su mano y los soltaba con asco, después de haber soltado a la criada y tirándola lejos de donde estaba él. ¿Dónde diablos iría la princesa a estas horas de la noche y peor aún, con una lluvia torrencial como esta? Se asomó por la ventana, por la que probablemente escapó todavía abierta.

Interesante. Tendremos una larga noche.

-¡Vístanse! - Les ordenó a las muchachas. Y se sentó en una silla con la mirada fija en la ventana en el centro del dormitorio oscuro, con las dos mujeres mirándolo mientras se susurraban entre sí tratando de encontrar alguna solución.

=0=

Un plan digno del mejor estratega, sin vacíos y ejecutado a la perfección, se merecía un premio, la sonrisa le iluminó el rostro haciendo sus ojos brillar de alegría. Se dio media vuelta rápidamente para despertar a las muchachas y trató de guiarse en la oscuridad a la mesilla de noche donde ponían las velas, encendió una triunfal y quedó paralizada ante lo que vio.

-¿Sorprendida Princesa?

Ryu Kumon, su escolta personal la miraba cruzado de brazos y con una ceja alzada, la princesa incomoda y atrapada en el acto desvió su mirada del hombre y se dio cuenta que sus amigas, las chicas que la han acompañado toda la vida estaban amarradas cerca de donde se sentaba el hombre y se agarró de una de las emociones que mejor manejaba para tratar con él, la ira.

-¡Suéltalas inmediatamente animal!- Ambas chicas estaban atadas de pies y manos, con sus bocas amordazadas y los ojos llenos de lágrimas.

-Tsk, tsk. Esa no es la forma correcta de hablar de una señorita, quizás si lo pide correctamente esta vez podría dejarlas respirar.

-Ryu… Solo desátalas y déjame dormir, tengo frío y estoy cansada.- Lo mejor era calmarse y pensar lo que diría cuidadosamente, esta era su mejor carta, llegaría hasta las últimas consecuencias.

-No creo que eso sea posible, princesa. ¿Dónde estuvo? Esta empapada y ya amanece, en vista de todas las molestias que se tomó puedo presumir que su paseo fue muuuuy largo.

-No sabía que aun podías utilizar tu cerebro tan bien Ryu, quizás hable con mi padre sobre tu ascenso, podrías formar parte del salón de los grandes sabios o quizás convertirte en uno de los más grandes estrategas del reino.

-¡JA!, tampoco sabía que se le daba tan bien el sarcasmo, princesa.

-Oh, que aburrida es esta conversación.-Fingió bostezar.- Solo salí a pasear un momento, quería sentir la suave lluvia en mi piel y ¿qué mejor que hacerlo de noche?, cuando nadie ve a un princesa dar vueltas como una niña sobre la tierra húmeda, ya sabes de los muchos rumores que podrías comenzar si lo hago durante el día, supongo que no quieres que mi padre se entere de esta pequeña travesura.

-Ohh no, por supuesto que no mi querida princesa. Créame, si hubiese estimado que eso pasara, yo mismo la hubiese traído de vuelta apenas me di cuenta de su desaparición.

-Si es así y no quieres salir de mi recamara ayúdame a quitarme estos mojados vestidos.-La princesa se dio la vuelta y mostró su espalda, tomando su largo cabello azul noche, llevándolo al lado derecho de su cuerpo, dejando al descubierto su cuello con el fin que este ayudara a desamarrar su vestido.

Las dos muchachas aún amarradas palidecieron y sus mandíbulas no llegaron al suelo solo por estar amordazadas.

El hombre no reaccionó mucho mejor, se quedó quieto y comenzó a sonrojarse, no sabiendo muy bien que hacer, desamarró a las mujeres y salió rápidamente de la habitación, azotando la puerta.

¡MALDITA PRINCESA! Ella sabía que si algún hombre osará en tocarla perecería a manos del rey.

¡Chiquilla estúpida y yo sonrojándome como un idiota!

=0=

-Oh Dioses, oohh dioses, ¿están bien? Creo que mi corazón va a explotar.- Les dijo a las muchachas, ayudándolas a levantarse mientras se sobaban las muñecas de sus amarras. Se tomó el pecho para tratar de calmar su agitado corazón, y estornudó.

-Ohh Princesa tiene que quitarse esa ropa húmeda inmediatamente o se enfermará.-La princesa escuchándola inmediatamente intentó darse calor haciendo fricción en sus brazos, las chicas comenzaron a quitarle las prendas, haciéndoles varias preguntas a la vez.

-Princesa, él…

-Shhh Yuka, no pronuncies su nombre, Ryu Kumon podría estar merodeando por aquí.

-Ohh dioses, es cierto… Perdóneme Princesa.

-Ajajaj, está bien. Creo que valió la pena todo mi esfuerzo.

-De solo pensar en Ryu mi cuerpo aún siente escalofríos, princesa pensé que moriría cuando le pidió que le ayudara con el vestido.

-Es cierto princesa, pensé que sucumbiría inmediatamente si llegaba a tocarla, pero fue una jugada muy audaz de su parte.- La felicitó Sayuri.

-Creo que lo pillé desprevenido, no creo que pueda utilizarla una vez más, aunque valió la pena. Al menos ustedes están bien.

Y de repente la abrazó como si su vida dependiera de ello y las muchachas le devolvieron el abrazo, sonriendo y comentando algunas cosas sobre el infame escolta de la princesa y su nulo sentido de la moda, con ese cintillo puesto en el cabello sujetando un mechón obscuro de cabello y mostrando sus musculosos brazos en esa ropa de colores verdes y cafés.

Solo espero que él esté bien, se dijo la Princesa evocando en sus pensamientos a un joven de lindos ojos azules.

=0=

Palacio Saotome.

-¿Cómo es posible que te durmieras en tu guardia? Imagina si al príncipe llega a pasarle algo en su estado, y ¿has perdido la cabeza?

El encargado de la guardia esta noche, Shichisei, estaba molesto. A su mediana edad y con más batallas en el cuerpo que horas durmiendo, esto era inaceptable. Su cara llena de finas marcas en sus ojos que demostraban que la sonrisa solía acudir frecuentemente, pero también demostraban lo diestro que era con la espada al llevar una gran cicatriz cerca de su mandíbula (que probablemente fue con la intención de matarlo). Su cabello tomado en un moño alto, pero corto. Vestido de gris con armadura a juego y su espada en uno de sus costados, pensaba furioso:

¡¿Cómo diablos los jóvenes no tenían sentido de la responsabilidad?!

Solo tenía que esperar veinte minutos más para su preciado descanso. Sin los médicos imperiales a su alrededor ni otros vigías nocturnos se había equivocado al elegir al mejor espadachín de esa camada de nuevos guardianes para esperar solo diez minutos mientras llegaban los otros guardianes.

-¡Señor! ¡Señor! ¡El príncipe!- Gritaba otro de los guardias dirigiéndose a él desde los aposentos de su alteza.

-¿Qué sucede?- El corazón comenzó a golpearle fuerte en el pecho.

-Acompáñeme…-

-¡¿Qué diablos pasó ahora?!

El guardia en jefe y otros guardias entraron rápidamente, notando de inmediato que el príncipe estaba en el suelo, tirado cual trapo sucio y creyó lo peor.

-Ayúdenme a subirlo a su cama con cuidado.- Lo subieron entre cuatro hombres y todos se pusieron nerviosos, hasta que uno de ellos se atrevió a tomarle el pulso.

-¡Esta vivo!

Todos soltaron un suspiro ruidoso que no sabían que estaban conteniendo. Al menos el príncipe estaba con vida y tenía mucho mejor semblante que otros días. Hasta sus mejillas sonrojadas delataban la mejoría.

¿Es que acaso es la mejoría de la muerte?

-Manden a buscar al médico imperial Makoto, por mientras busquemos alguna herida. Quiero todo este lugar iluminado ya.- Lo revisó cuidadosamente y no encontraron nada, solo restos rojizos en la boca del príncipe y unas gotas en su ropa.

¿Era sangre? ¿El muchacho estaba muriendo por heridas internas?

Con la mano temblorosa quitó un poco de lo que aún quedaba del líquido rojo, examinándolo son sus dedos por su textura y finalmente oliéndolo.

¿Es olor de bayas? ¿Pero cómo es posible? ¿Lo médicos vinieron aquí en este rato?

¡Por los dioses! ¿A quién podría preguntarle si el único testigo estaba dormido? Y si llegaba a enterarse el Rey…Tragó saliva.

Eso sí que no, jamás acusaría a esos muchachos o toda la división moriría incluyéndolo a él. Tendría que investigar por sí mismo.

Inspeccionó que todo estuviera en su lugar, cerca del príncipe no había mucho más que cuencos vacíos, inciensos y algunas pócimas puestas por el medico imperial, todo se mantenía en el mismo lugar, estuvo a punto de desistir de sus sospechas cuando divisó algo en el suelo.

El piso estaba mojado, había un rastro que se extendía desde la cama del príncipe hasta una ventana exterior que estaba en la habitación contigua al dormitorio principal.

¡Estaba en lo cierto! ¡Alguien estuvo aquí!

-¡Busquen en los alrededores por intrusos!- Gritó el comandante.

-¿Por qué gritas así Shichisei? ¡Hay gente que quiere dormir aquí!

-¡PRÍNCIPE! – El hombre casi se cayó al suelo del susto.- ¡Príncipe está vivo! - Le gritó con todas sus fuerzas acercándose a su cama y tocándole la frente. - ¡Está vivo su alteza!

-¿Por qué no lo estaría?- Le dijo perezosamente dejando arrastrar una sonrisa divertida en su rostro, recostándose de nuevo y tapándose los ojos con el antebrazo. -Solo déjame dormir un poco más, aun no amanece.

-Príncipe… No puedo creerlo, yo… Usted…Lleva dormido cuatro días…

-¿QUÉ?- El muchacho se levantó de golpe y su largo cabello desatado se desparramó a su alrededor.- ¿Pero cómo?

-Algo pasó mientras estuvo afuera, por lo que escuché comió algo y se envenenó, Hiroshi y Daisuke fueron por el antídoto y estábamos esperándolos.

-Pero yo no…- El príncipe estaba confundido, tocó su cabeza tratando de recordar algo, pero no había nada ahí, solo unas tremendas ganas de descansar y su cuerpo resentido probablemente por la falta de actividad.

-¡SU ALTEZA!- Gritó emocionado el médico imperial encontrándolo sentado mientras ingresaba.- ¡Los dioses han escuchado nuestras plegarias y lo han traído de vuelta! - Comenzó a bailar y saltar frente a los guardias levantando los brazos.

-¿Quién diría que este viejo tiene más de cien años?- Comentó el príncipe a Sichisei.

-Ajajajaja, viejo loco.

El joven príncipe se quedó en el medio de su cama mirándolos. Ajeno al mismo tiempo de todo lo que pasaba a su alrededor, con su largo cabello suelto, vestido con sus ropas de dormir blancas.

¿Qué diablos me pasó? ¿Cómo es que me envenené?

No recordaba mucho… Solo pedazos de sueños confusos, en todos ellos estaba esa chica que había salvado, en el último él…

La había…

Be…

Beee…

¡BESADO!

El joven se sonrojó a más no poder, faltaba que saliera humo de sus orejas, ¿cómo era posible? Ella sabía a bayas, como aquellas que probó afuera en los bosques prohibidos, aun podía saborearlas en su boca.

¿Saborearlas en su boca…?

¿Qué diab…?

Se limpió la comisura de sus labios y notó que efectivamente eran restos de bayas lo que tenía en su boca, pero ¿cómo? ¿Acaso ella…?

¿Fue real?

¿Cómo pudo llegar aquí?

-Sichisei, ¿cómo conseguiste esas bayas? ¡Eres nuestro héroe!

-¡¿CÓMO?!- Tanto el príncipe como el comandante se volvieron a mirar conmocionados al médico imperial.

-Eso, la única forma de salvarlo del hechizo del velo de la noche es brindándole el antídoto, ¡este hombre es un héroe!

-No, yo… No…-Se excusaba el hombre.

-No seas tan humilde Sichisei, eres nuestro héroe. ¡El príncipe está vivo gracias a ti!

-Señor yo no…- Todos los guardias presenten en la habitación lo miraron extrañados, pero nadie dijo nada. Sabían de la integridad del comandante, probablemente no quería llevarse la gloria de despertar al príncipe solo él.

-No te preocupes Sichisei, agradezco tu ayuda, serás debidamente recompensado junto a tu división.

-Pero señor yo no…- El príncipe lo volvió a mirar y le hizo un gesto, apretándole el antebrazo para que se callara. –Yo, gracias mi Señor. Estaremos agradecidos. - Dobló una pierna y se hincó frente al príncipe, lo mismo hicieron los demás guardias. El comandante tocó su puño con la palma de la otra mano y la mantuvo levantada hasta escuchar la orden del príncipe.

-Ahora vuelvan todos a su trabajo, necesito dormir y ya está amaneciendo, solo quédese usted Señor Sichisei, por favor.

-Está bien, su alteza.

Los guardias se fueron comentando felices acerca de los regalos y premios que recibirían al ayudar a recobrar la vida del príncipe. El médico imperial, también se excuso, sonriéndole y prometiendo regresar en breve con algunos tónicos para que el príncipe recuperara su vitalidad.

-¿Qué pasó Sichisei? Pareces sorprendido tal como yo con lo que dijo el médico imperial.

-Su alteza yo… Aun cuando quisiera adjudicarme la mejoría de su enfermedad y haberle brindado el antídoto… No fui yo. – El príncipe lo miró contrariado frunciendo las cejas.

-Entonces, ¿qué crees que pasó?

-Yo… Sospecho que alguien entró aquí, ahora puedo verlo con claridad. En algún momento de la noche solo quedó un guardia resguardando su dormitorio y probablemente fue drogado pudiendo ingresar con facilidad y hacerle beber el antídoto, noté que había algo rojo en su boca y en su ropa, pudiendo notar las bayas, sumado a que el piso esta mojado en algunos lugares y dirigiéndose a la ventana de escape.

¿Puede ser qué…? ¿Será eso posible...? ¿Ella me conoce?

-¿Cómo?

-Ehh, ahhh, no me tomes atención Sichisei. Agradezco tu ayuda, creo que ese intruso me salvó la vida y lo encontraré. Puedes retirarte y tómalo con calma, yo lo investigaré, ahora disfruta de tu premio.

El hombre se retiró, pero lo miro con sospecha. El príncipe sabía quien le suministró el antídoto, pero no quería decirlo.

¡Muchacho testarudo!

Al menos estaba de regreso entre los vivos. Salió observando todo a su alrededor.

El joven príncipe volvió a recostarse pensando en esa chica salvaje que había aparecido en sus sueños, que no eran sueños.

Estaba seguro.

Se sonrojó escarlata, la había besado.

HABÍA BESADO A ESA CHICA.

¡SU PRIMER BESO REAL!

Sus labios comenzaron a arder recordando el contacto.

ELLA ME SALVÓ LA VIDA.

Y ni siquiera sabía su nombre.

¡Diablos!

-¡PRÍNCIPE RANMA!- Gritaron Daisuke e Hiroshi haciendo una entrada ruidosa a la habitación.-Pensábamos que habíamos llegado tarde y está vivo y durmiendo.- Sollozaban ambos, mojados y embarrados con unas bolsas de bayas frescas en cada brazo y ocultaban sus lágrimas en las mangas que destilaban agua sucia por el suelo.

-OWWW muchachos, no lloren. ¡Ya estoy aquí! –Les sonreía el príncipe levantándose y tocándoles los hombros con suaves palmaditas para no mojarse.

-No sean bebés, vayan a cambiarse, que estoy bien.

-Claro que sí su Alteza.- Salieron raudos a limpiarse.

El príncipe se dirigió a la ventana por la que indicó Sichisei que el intruso salió, y miró el suave amanecer levantándose sobre el horizonte. Seguía lloviendo y estaba frio, iba a volver a la cama cuando…

Salió de la habitación por la ventana, mojándose levemente por la llovizna que ahora caía, recogiendo del suelo un collar de jade. Podría jurar que había brillado para llamar su atención. Lo levantó, subiéndolo más arriba de su cabeza y observándolo, eran suaves piedras redondas de color verde agua, unidas a otra más grande y llena de detalles, con un exquisito tallado de un dragón sobre un crisantemo, la flor imperial. En su parte posterior tenía grabado en el centro los caracteres de un nombre: Akane.

¿AKANE?

¡AKANE!

¿Por qué le sonaba familiar?

¿Ese era su nombre?

Es cierto. Era ella. Le salvó la vida.

Y ahora ella debía recuperar su lindo amuleto.

El muchacho sonrió triunfal y apretó el collar en su mano, escondiéndolo cuidadosamente entre su ropa. Tenía un pequeño tesoro que devolver.

=0=

-Príncipe, Príncipe, Príncipe, no creo que debería salir a cabalgar, solo ha pasado un día desde que despertó… Si su padre se entera nos matará.

-No seas melodramático Hiroshi, hemos hecho esto un millón de veces.

-Es cierto Hiro, solo daremos una vuelta alrededor, no queremos que el príncipe se oxide sin su entrenamiento.

-¿Estás loco Daisuke? La última vez que fuimos a dar "una vuelta" "alrededor" el príncipe casi murió, mi madre aun no me perdona por casi matar al futuro emperador.

El muchacho de cortos cabellos negros los miró con pena, pero de todas formas los siguió, avanzando con su caballo. No podía abandonar a sus amigos, después de todo siempre estaban unidos en el crimen. Su madre podría perdonarlo algún día lejano, cuando tuviera hijos que presentarle.

-Ohh dios, mi madre jamás querrá conocer a mis hijos.- Suspiró sonoramente el muchacho.

-No digas eso Hiro, prometo que haré que tu madre los conozca, siempre que exista alguna mujer quiera casarte contigo.

-Jajajajajaj, ¡que malvado príncipe! No creo que eso sea necesario Hiro, probablemente que ni te cases, no tienes por qué preocuparte.

-¡JA! Si yo no tengo con quién casarme ustedes menos, ridículos. – Había una chica que lo amaba, ¿cierto? Desvió su mirada al lado ignorando sus burlas, ¿cómo se llamaba? ¿Yuki? ¿Yuri? ¡Ahhhh, que desesperación!

Se quedó atrás dándole rienda suelta a sus pensamientos infantiles acerca de algún recuerdo lejano de una chica que lo amaba en silencio y no podía confesarlos porque su familia no lo permitía. Notó que alguien los seguía. Disimuladamente se acercó al príncipe Ranma y Daisuke, se carraspeó tres veces. Los otros muchachos entendieron inmediatamente, era la señal.

-Es momento de terminar con esa soltería Hiro.- Le dijo fuertemente el Príncipe Ranma.

-¿Qué sugiere su Alteza?- Correspondía Daisuke.

-Pues yo no estoy de acuerdo, no quiero que mi mujer sea una chica del Reino.

-Interesante acotación Hiroshi, pero ¿a quién tienes en mente?

-Yo…-El muchacho se sonrojó. Solo podía pensar en una chica. La de hace unos días, quien tomó suavemente su capa y sus sonrojadas mejillas. ¡Ohh Dios, se había enamorado de inmediato!

Los otros dos hombres lo miraron extrañados, ¿en quién pensaba?

Daisuke tosió para llamar su atención nuevamente.

-Les propongo una carrera, ya saben la meta.

-Ohhh sí.- Dijeron los muchachos, mirándose con un brillo travieso en los ojos y cabalgaron los tres en direcciones totalmente opuestas entre sí, tomando rumbos diferentes.

El espía un poco más atrás lo miró extrañado, ¡malditos jóvenes que no puedan quedarse quietos, Shichisei va a matarme!

Los tres muchachos se encontraron unos quince minutos después, levantando una leve polvareda donde habían frenado los caballos. Entre risas, Hiroshi se dio por vencedor.

-¡Lo perdimos su alteza!

-Sí, ¿ahora qué?

-Mmmmm…-El príncipe se sonrojó y desvió la mirada silbando.

-¿Qué sucede príncipe?

-¿Qué pasa?

-Yo, cof cof… Quiero que me acompañen a un lugar.- Les dijo con convicción.

-¿Dónde?

-Quiero ir afuera de los límites del reino y el bosque prohibido, más allá.

-Más allá, dónde específicamente príncipe.- Daisuke lo miraba con sospecha.

-Quiero ir al reino Tendo.

-¡¿QUÉ?! ¿Te golpeaste la cabeza en algún momento? ¿Estás loco Ranma?

-No podemos, simplemente no podemos…

-Sí, si podemos. Tenemos los caballos y tiempo de sobra para ir y venir.

-No se trata de eso, se trata que podrían matarnos, si ellos saben que somos del reino Saotome… Ellos…Simplemente nos cazaran.

-Ohhhh vamos, no sean gallinas, esto no será una visita de estado. Solo seremos tres viajeros conociendo el lugar.

-Claro, seguramente podremos hacer eso, mira a Azabache ¡por los Dioses! Es el más conocido del imperio y sus alrededores, el caballo relinchó feliz.

-Por supuesto que iremos a pie, no somos tan estúpidos como para no hacerlo.

-Príncipe, de todas las veces que lo hemos acompañado en ideas estúpidas esta por lejos es la peor.

-¡OHHH Vamos! Entonces, ustedes se quedan aquí y me esperan, yo quiero… No. Necesito ir.

-Pero Príncipe, cual es la necesidad de ir, jamás lo mencionó antes. - Le dijo confundido Daisuke.

-Yo...Solo necesito ir, ¿me acompañan o no?- Estaba perdiendo la paciencia, pero sobretodo tiempo, que es oro.

-Pues…- Los muchachos se miraron entre sí y suspiraron sabiendo que estaba mal lo que hacían.- Iremos.

-¡Muy bien!- Les dijo el príncipe feliz.- ¡Vámonos!

Los tres comenzaron su galope rápidamente con el destino fijo en el reino Tendo.

Te encontraré… Akane.

=0=

Era un cálido amanecer después de varios días de estar estresada por lo que le pasaba a ese hombre de otro reino, por fin la había dejado descansar en paz. Sabía que el muchacho estaba vivo, Yuka y Sayuri se las ingeniaron para encontrar noticias sobre él. Al parecer era conocido por las mujeres de todo el reino y solía ser la comidilla de las reuniones sociales.

La chica arrugó el entrecejo.

Mujeriego.

Enamorando a mujeres sin conocerlas siquiera.

¡AHHHH que rabia!

No quería levantarse esta mañana, pero era necesario. Su padre quería que sus hijas estuvieran presente en la ceremonia de hoy. Había escuchado el rumor de las muchachas del palacio, su padre tenía preparado algo importante para hoy en la noche. Una carta había llegado de improviso dejándolo exaltado ayer por la noche, tanto así que Ryu se había despegado de su lado para acudir a su llamado.

¡Seguro eran más problemas!

-¿Akane querida estas lista?- Le dijo Nabiki ingresando rápidamente a su cuarto y mirando a su alrededor.

-¿Qué haces Nabiki? Esa no es forma de presentarte en mi habitación.

-Ahhh hermanita no seas anticuada, podrías prestarme este vestido. Creo que me favorecería.- La chica pasó directamente al cuarto posterior unido a la habitación de la princesa Akane lleno de vestidos, yukatas y zapatos de todos los colores, puestos en distintos anaqueles para ser apreciados a la hora de utilizarlos. Miró con avaricia la tela de seda bordada de flores de cerezo, de color rosada.

-¡No lo soy! Tú tienes tus vestidos, ¿por qué no los utilizas y siempre lo haces con los míos?- Le dijo cansada la muchacha y solo en el afán de querer pelear.

-Porque no tengo nada tan rico como esta tela.

-Pero Nabiki sabes que ese vestido me lo regalo nuestro padre, es lógico que lo utilice hoy.

-Ohhh lo había olvidado, y que piensas de este, ¿me lo prestas?

-Ahhhh Nabiki dime la verdad, ¿qué quieres?

-Por cincuenta monedas de oro.

-¡Nabiki!

-Está bien, está bien… Escuchaste anoche el revuelo que provocó nuestro padre con esa carta que llegó.

-Sí.

-Sé la razón.

-¿La sabes?

-Sí.

-Dímela.

-Por 20 monedas de plata.

-¡NABIKI!

Ambas muchachas se volvieron a la voz de la mujer que ingresaba en la habitación.

-¿Qué haces aquí Kasumi?

-Perdona mi intromisión sin llamar primero hermanita, pero quería verlas.

-No te preocupes por eso, siempre eres bienvenida.

-Gracias Akane, y sobre eso Nabiki, ¿de qué se trata?

-¿También quieres saber Kasumi?

Akane la golpeó suavemente en su costado para que hablara.

-Bien, bien…- Dijo levantando las manos en señal de paz.- La información que pude reunir es que seremos comprometidas.

-¡¿QUÉ?!

-¿Comprometidas?

-¡Sí!

-¿Es mayor que yo?

-¿Es lindo?

-¿Están locas? ¿Cómo es posible? ¡Padre se ha vuelto loco!

-Es por el bien del Reino, Akane.

-Todo es por el bien del reino, ¡reaccionen por los dioses! ¡Tendremos que casarnos! ¡Me niego!

-Akane, no digas tonterías, sabes que es nuestro deber y debemos hacer lo que dicta nuestro honor.

-Pero Kasumi… Yo… -La compungida princesa no supo qué decir ante esto.

-Lo entiendo Akane, pero si es eso cierto, deberemos asumir nuestro destino.

-Es verdad hermanita, no tenemos opción.

-Nunca tenemos opción…- Susurró la princesa Akane más para sí misma que para sus hermanas.

=0=

Palacio Saotome.

-¿Está todo listo Tanaka?

-Sí su Alteza Imperial.

-Trae a Ranma aquí, es tiempo de visitar a los viejos amigos.

..

.

[Continuará]


N/A.

¡Gracias por leerme! ¡Aprecio sus mensajes para seguir con la historia! ¡Sugerencias, descargos DM! ;*

*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.