Declaración de responsabilidad: En mis sueños soy dueña de Ranma y les doy un final feliz como lo merecen, pero en la realidad Ranma ½ es de propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión, no me demanden que soy pobre.
*Ningún caballo ha sido lastimado en este capítulo. =P
Símbolos:
-Palabras habladas.-
Pensamientos.
"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".
GRITOS.
= 0 =: Cambio de escena.
¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.
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YUANFEN
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Capítulo anterior:
Palacio Saotome.
-¿Está todo listo Tanaka?
-Sí su Alteza Imperial.
-Trae a Ranma aquí, es tiempo de visitar a los viejos amigos.
…
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Capítulo 9
"Visita."
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…
El Reino de Tendo y su clan estaba de fiesta, los sirvientes se habían afanado varios días haciendo los preparativos para que esta noche fuera una ceremonia y una cena de excelencia. Adornaron en colores rojos y dorados todos los símbolos de la dinastía Tendo con el emblema familiar: un hermoso dragón blanco sobre una cama de crisantemos que se elevaba hasta el cielo.
El festejo era tan grande que se abrían las grandes puertas del Palacio Real Tendo a las diez en punto de la mañana, pudiendo ingresar cualquier persona: pobladores, campesinos, mujeres y niños que hacían largas filas para saludar al Rey Soun.
Asistían ansiosos, con sus mejores atuendos. No todos los días se les daba tamaña posibilidad de ver al Rey, permitiéndose a la multitud admirar a la familia real de cerca, los cortesanos y sirvientes que conformaban su Corte, saludarlos y conocer sus rostros y vestimentas, muchos de ellos soñando con que algún día, en esta u otra de sus vidas pertenecer a la realeza.
Algunos osados solicitaban de su ayuda o interdicción ante problemas que no podían solucionar de otra forma. El Rey, siempre paciente les prometía su ayuda y apoyo ante las dificultades, aun cuando estas peticiones eran miradas con reproche por alguna parte de la Corte presente, que aun mantenían las antiguas creencias y pensaban que el Rey era demasiado blando con estas personas de clase baja.
Pero esta noche, solo era de festividad y celebración para la familia real.
Sin embargo, lo más importantes de este día es que conocían los vaticinios de los dioses dados a través de las videntes, las reconocidas Itako. Llevaban varias semanas viajando desde "el Monte de los Miedos", donde vivían desde la niñez, concentradas solo en la pesquisa de los mensajes de los dioses, utilizando uno que otro brebaje mágico para interpretar de forma correcta sus señales.
Todos estaban ansiosos en la Corte Real, los límites en las fronteras eran asediados a diario por los mongoles esperando en cualquier momento encontrar un flanco e invadir los territorios que por el momento se encontraban fuertemente custodiados, pero esto mismo estaba provocando problemas al Emperador, recibiendo noticias cada día de cómo sus soldados disminuían, dejándolo como un blanco fácil para sus propios enemigos internos, los Shogun de distintos reinos aledaños a sus dominios y que se hacían más fuertes con el paso del tiempo y también se convertían en una nueva amenaza, siendo una gran proeza el mantenerlos a raya y reconociendo su autoridad.
Por eso la importancia de los designios de las Itako, en un viaje de semanas que probablemente los ayudaría a contrarrestar los venideros problemas y tomar las medidas con la debida anticipación. Las constates peleas entre los clanes de los distintos reinos esperando el momento oportuno para rebelarse en contra del Emperador y los Reyes distribuidos a lo largo de las tierras, no dejaban tranquilos a ninguno de los señores de la Corte y últimamente era el más grande peligro que los acechaba, "el miedo de volver a la guerra nuevamente".
=0=
El clima festivo se respiraba por todo el reino y el pueblo también se había contagiado de esa bella festividad, las calles estaban adornadas de lámparas de colores con el signo real en rojos y dorados, pero también con otras tantas de colores y formas diferentes. Los niños corrían felices con sus recién adquiridas bolitas de colores fuertes y audaces diseños. El pueblo estaba contento y tranquilo, las guerras eran cosas de antaño para ellos y vivían de los réditos que el sabio Rey les brindaba en estas fechas celebrando la alegría de vivir en paz. La música sonaba aquí y allá lejos, y los diferentes puestos de víveres y cachivaches se veían por doquier, había distintas ferias distribuidas por las delgadas calles de tierra con coloridas vestimentas. El reino era próspero y se notaba en la felicidad de sus habitantes.
-¡Príncipe esto es increíble!- Gritó emocionado Daisuke mirando a todos lados y babeando ante las delicias que veían sus ojos, la comida se veía exquisita.
-¡No grites Daisuke o nos descubrirán!- Hiroshi lo tomó del cuello con uno de sus brazos, casi ahorcándolo para que se callara haciendo movimientos escudriñadores a su alrededor que lo ponían en mayor evidencia y que hacían que la gente de su alrededor los mirara curiosos. El príncipe solo atinaba a poner una mano ocultando su rostro y apareciéndole una vena en la cien.
-¡Serán idiotas! ¡Actúen normal!
-Pero Príncipe…
-¡CUÍDADOOOOOOOOO!
-¡AUXILIOOOOOOOOOOOOO!
Los tres jóvenes se giraron ante los gritos de la gente que se alejaban de la ruta de escape de un caballo café que se dirigía directamente a ellos, cabalgado por una mujer que apenas podía tomar las riendas del equino molesto. Con la velocidad que avanzaba destruiría todas las pequeñas tiendas acumuladas en el camino, provocando los gritos de la gente.
El príncipe sopesó la situación, tenía que hacer algo antes que provocara un accidente y arruinara la felicidad de la gente. Miró a los muchachos y les hizo un gesto con la cabeza para enfrentar la situación antes que llegara a mayores, poniéndose en marcha con los otros dos chiquillos, no muy convencidos de intervenir para no atraer más atención de la necesaria.
Saltó diestramente al caballo, aterrizando suavemente sobre este. Agarró fuertemente las riendas, tirando de ellas y apaciguando su malhumorada carrera feroz. Es caballo se detuvo rápidamente levantando una gran nube de humo, y quedando dócilmente agarrado por el hocico con la riendas y la firme sujeción del príncipe, sobre sus dos piernas traseras, prácticamente sentado en la tierra y mirando extrañado a todos los presentes, que comenzaron a aplaudir entusiasmos ante semejante hazaña, el príncipe les sonrió devolviendo su larga trenza a la espalda, en un gesto mecánico de su parte, se retiró el flequillo de la vista con un soplido rápido.
La chica miró con asombro, todo lo que acababa de pasar era insólito.
¡Este estúpido caballo se negó a llevarme a mi destino, malditas bestias! Se decía mentalmente. Por eso no le gustaban.
-¿Señorita se encuentra bien?
-¿Qué?- La chica no se había dado cuenta cuando el hombre había descendido del caballo y le ofrecía una mano para ayudarla a bajar. Ella lo miró ceñuda en un primer momento, mirándolo directamente a la cara. Frente a ella estaba el hombre más hermoso que había visto en su vida.
¡Tan varonil, ayudándome de esta forma, sacrificando su vida! Pensaba dramáticamente, quería llorar de la emoción.
-¿Señorita?- Hiroshi le tocó el hombro ante la falta de palabras de la joven. Tenía una mirada extraña en el rostro con ojos grises opacos y cabello castaño oscuro, vestida totalmente de negro, lo miró con cara de pocos amigos.
El muchacho sintió un escalofrío de solo observarla. No debí tocarla, gente rara hay en todos lados. Se tomó la muñeca con la otra mano y la sacudió como intentando sanarla de algo que se había contagiado.
-Ohh sí…sí. Muchas gracias por salvarme la vida.- Le dijo avergonzada, haciendo una pequeña inclinación de su cuerpo en agradecimiento.
Los muchachos la miraron curiosamente y solo asintieron, despidiéndose apresuradamente de ella y siguiendo su camino.
Me he enamorado, pensó la muchacha llevando ambas manos al rostro sonrojado.
-¡Señorita Leiko! ¡Señorita Leiko! ¿Está bien?- Le gritaba un muchacho flacuchento que apenas corría y llegado a su lado sin aire después de persiguiendo al caballo.
-¡Claro que lo estoy idiota! ¿Cómo pudiste golpear al caballo? ¡Casi morí por culpa de este feo animal!
-Pero señorita, el caballo no quería moverse y usted tenía prisa.-Respondió rápidamente confundido.
-Ahh, pues ya no importa, encontraré otra forma de traer lo que necesito.
-Claro que sí señorita, si quiere puedo hacerlo por usted.
-No seas tonto Ren, no podrías hacer algo tan importante como esto. Ya conseguiré al hombre indicado.
-Como diga señorita.- El chiquillo tocó la frente del caballo despeinándolo, tomandola las riendas y llevándolo de regreso a la casa real, si sabían que había sacado uno de los caballos para que la señorita huyera a quién sabe dónde estaría en problemas. Sintió el sabor de la bilis en su boca, ya estaba muerto.
La mujer buscó con la mirada dirigida al cúmulo de gente al que se habían encaminado los hombres, pero no pudo ver nada más que gente vulgar. Se sentía enferma ante tanta muchedumbre de baja calaña y pateó el suelo con rabia.
-¡Vámonos Ren!
Se dio media vuelta, arrastrando el vestido negro por el suelo de tierra, seguida por el muchacho con el caballo marrón brillante.
=0=
-¡Princesa debe estar loca!
-¿Cómo pudimos seguirla?- Se decían quejumbrosas mientras corrían por pequeños pasadizos y se mezclaban con el resto del pueblo, vestidas de azul oscuro como los sirvientes hombres, muy sencillo para no ser descubiertas. Era una verdadera lástima que la princesa fuera de las mujeres más conocidas del reino y no pudiera hacer sus escapes libremente sin ser reconocida de inmediato.
-No sean alharacas, solo quería una de estas pequeñas lámparas de papel que fabrica el Señor Hikari.- Les sonrió encantadoramente, atesorándola delicadamente cerca de su cuerpo, tratando de contener su emoción.
-Pero, ¿no era más fácil pedirle que la llevara al Palacio, mi princesa?
-Claro que sí, pero ¿qué diversión hay en eso?
-Ay princesa, ¡creo que no llegaré al año siguiente!
-¡No digas eso Sayuri!
-¡Entonces no cometa tantas travesuras!
-No tome atención de su palabras Princesa, solo lo hace para aparentar, mírela está llena de artilugios que ha comprado en el camino.- Y era cierto, la muchacha tenía al menos 5 palitos vacíos en sus manos de alimentos que había consumido, más unas bolitas de colores tomadas por hilos entre sus dedos y un par de abanicos.
La princesa las miró con diversión, las chiquillas se divertían tanto como ellas, pero no eran capaz de decirlo en voz alta pues tenían que fingir que todo esto estaba mal. Cuando su madre estaba viva solían escurrirse de la guardia real y comprar estas pequeñas lámparas con formas de flor de loto, luego las escondían en su dormitorio y las prendían susurrándoles sus deseos a los dioses, orando por ser escuchadas.
Si hubiese sabido que pasaría con mi madre, yo… Hubiese rogado a los dioses por ella…Se dijo tristemente aguantando el puchero que luchaba por formarse en su rostro.
-¿Princesa qué pasa?- Las muchachas se detuvieron mirándola preocupadas ante el cambio de su semblante.
-No, no… No pasa nada.
-¡CÓRTENLE LA MANO!
-¡ES UNA LADRONA!
La chiquilla se vio inmediatamente atraída por lo que pasaba en ese remolino de gente y corrió allí.
-¡Señorita! ¡No lo haga! ¡Nos descubrirán!- Intentaron disuadirla las muchachas, corriendo tras ella y fallando totalmente.
-¿Qué sucede?- Les preguntó la mujer con un tierno bigote enroscando con sus manos las puntas hacia arriba y un gorro en forma de punta pareciendo todo un señorito.
-Esta chiquilla es una ladrona, robó una de mis manzanas.-Dijo un hombre apuntando a una niña sucia, que los miraba apunto de llorar.
-¡Merece morir!-Alguien gritó.
-¿Pero que dicen? ¡Pobrecita! ¡Solo tiene hambre! ¿Estás bien pequeña?- Le preguntó conmovida la chica, mirándola con preocupación.
La pequeña niña muy sucia solo asintió y le devolvió la roja manzana que había tomado antes a la "señorito". Encogiéndole el corazón, ¿cómo es posible que esta niña tenga que robar para comer? ¿Dónde están sus padres? Pensaba la princesa.
-¿Cuánto vale esa manzana? ¡Toma!- Le entregó al hombre un gran moneda de oro.- Espero que la próxima vez que suceda algo como esto, la ayudes.- Le dijo fríamente el "señorito".
-¡Claro que sí mi señor! ¡Muchas gracias muchas gracias!- Le decía el regordete hombre, [dueño de las manzanas] lleno de emoción, besando la moneda. ¿CUÁNTOS AÑOS SIN TOCAR UNA DE ESTAS? ¡BENDITOS SEAN LOS DIOSES! Cacareaba, mostrando la moneda de oro a la multitud que se había formado a su alrededor.
-¿Quieres que seamos amigos?- Le sonrió, ofreciéndole agradablemente su mano. La niñita la miró con desconfianza, pero la sonrisa que le ofrecían era tan hermosa, que se le iluminó el rostro y se atrevió a tomarle la mano, devolviéndole la sonrisa llevándose su otra manito a la boca.- ¿Dónde está tu casa pequeña? ¿Dónde está tu familia?- La niña solo apuntó a algún lugar lejano dentro del bosque.
La princesa la miró y miró nuevamente adonde apuntaba, luego con el rabillo del ojo miró a su doncellas que la observaban con reproche.
-¡Vamos, ayudemos a la niña!
-¡Pero señori…TOO!
-¡Ya me escucharon! ¡Vamos!- Dirigiéndose rápidamente donde había apuntado la niña.
Llegaron luego de unos minutos caminado apresuradamente.
-¿Es esta tu casa?- Se notaba que el lugar había tenido buenos tiempos en algún momento, pero hoy solo eran rastros. Había otros pequeños jugando descalzos, mientras otros miraban cerca de una olla al fuego en el medio del patio. La niña se soltó del agarre de la princesa y corrió de su lado para unirse a los demás niñitos que correteaban por el lugar.
-¿Qué es esto? –Preguntó a nadie la princesa, no tenía conocimiento de la existencia de un lugar así, menos en las tierras del reino.
-¿QUÉ HACEN AQUÍ?- Gritó una mujer de mediana edad, apareciendo en el lugar, saliendo detrás de una cortina de paja que hacía de puerta de entrada a la maltrecha vivienda.
-Perdone nuestra intromisión, nosotros…
-¡Váyanse, no necesitamos hombres aquí!
-No… Nosotros…- Trató de explicarse la princesa.
-¡No volveré a repetirlo! ¡Váyanse de aquí, no queremos problemas!
-Espere, solo queremos ayudarla.
-Mire a su alrededor, solo hay niños enfermos e indefensos aquí, no hay forma de ayudarnos.- E hizo el además de golpearlos con la escoba si no salían.
-¿Cómo te atreves a golpear a la princesa?- Saltó Yuca.
-¿QUÉ DICES?
- Estás frente a la mismísima princesa Akane.- La chiquilla se sonrojó, quitándose el falso bigote y el sombrero puntiagudo, sonriéndole en simpatía y avergonzada, levantó la mano en señal de saludo. La mujer, vestida con una yukata gris se lanzó rauda al suelo y la reverenció.
-¡Perdóneme, perdóneme la vida su alteza! ¡No sabía, yo no tenía como saberlo!- Las lágrimas se mezclaban con sus súplicas. La princesa se acercó a ella y tocó suavemente su hombro, ofreciéndole una mano, ayudándola a levantarse.
-No te preocupes por ello, ¿Cómo te llamas? Dime, ¿qué está pasando aquí?
-Mi nombre es Misuki, su alteza. Ellos, todos ellos son huérfanos de guerra. Abandonados en los campos, sin familia ni quién se haga cargo de ellos, han vagado por tantos lugares, y llegaron aquí en busca de alimentos. Al principio eran solo algunos, pero con el tiempo siguen llegando más y más, mis cultivos no dan abasto, tampoco puedo solicitar la ayuda del terrateniente o los clanes, muchos menos el rey, es probable que ellos…-No quiso expresar sus verdaderos pensamientos frente a la princesa, pero sabía que si las autoridades llegaran a conocer que los hijos de los soldados de los enemigos estaban aquí, harían que los fusilaran a todos, agachó la mirada, agarrando con ambas manos un paño que colgaba de uno de los costados de su yukata para desprenderse de su miedos.
-¡Ohhh mis Dioses, esto es horrible!
-Lo sé, son demasiados. No puedo, yo no quiero que…- Le dijo la mujer avergonzada mirando de soslayo la olla con un poco de maíz que se cocinaba.- Pero no me atrevo a solicitar la ayuda del rey.
-Lo entiendo, no te preocupes. ¡Te ayudaré! - Sacó una bolsita y se la entregó. La mujer la recibió con la duda expresada en todo su rostro y cuerpo, temerosa abrió la bolsita y se dio cuenta que estaba llena de monedas de oro.
-Su alteza, no puedo aceptarlas ¡son demasiadas! Le agradezco tanto por su amabilidad, pero yo no puedo, los niños no pertenecen a estas tierras, ya es suficiente con que se me permita vivir con ellos aquí.- Y se arrodilló nuevamente tocando su frente en el suelo.
-No te preocupes por eso, compra todo lo necesario y vístelos adecuadamente, pronto hará frío. ¡No pueden enfermarse!- Dijo la princesa acariciando el rostro de la niñita que había salvado antes.- Y tienen que crecer fuertes y sanos para que busquen su destino.
-No sé cómo agradecérselo, su alteza. Yo…
-No es necesario, gracias a ti por todo esto. Ellos no tienen la culpa de todo lo que han vivido hasta el momento, han sido arrebatados de los brazos de sus padres por defender el Imperio que nos pertenece a todos, merecen mucho más que esta pequeña bolsita. Prometo visitarte de nuevo y traer mucho más.- Y le sonrió.
-¡Oh, hemos sido bendecidos por los dioses su majestad! En el alto del cielo deben estar felices ante la muestra de su caridad para los más necesitados.
-No digas eso, solo hago lo que me corresponde, cuídalos y cuídate bien.- Dijo la Princesa, haciendo una pequeña inclinación, despidiéndose de la mujer.
-¡Eso haré princesa, muchas gracias!- Rápidamente la mujer volvió a arrodillarse, despidiéndose de la princesa.
-No puedes decirle a nadie que te visitó la princesa, ¿entiendes?- Le dijo Sayuri acercándose a la mujer amenazantemente, levantó el dedo índice señalándola. La mujer asintió en comprensión y siguió agradeciéndoles y agradeciendo al cielo por tamaña bendición, mientras las muchachas se despedían y los niños corrían felices, ¡por fin tendrían algo que comer!
-¡Apurémonos princesa, está por anochecer y llegaremos tarde!- Yuka les dijo apresuradamente.
-¡Por los dioses! ¡Es tardísimo! Si Ryu se llega a enterar que salimos…- Sayuri no quería ni pensarlo, se le apretó el estómago. Al menos hoy las había dejado sin vigilancia producto de los preparativos, pero el día anterior pensó que moriría instantáneamente con las miradas que les daba.
-¡Llegaremos sin que nadie se dé cuenta! ¡Se los aseguro!-La princesa las animó, echándose a correr, introduciéndose por las pequeñas callejuelas llenas de personas lo más rápido que les dieron sus pies.
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-¡Estoy tan cansado! ¡Llevamos horas caminado y ni siquiera sabemos que buscamos!- Daisuke se quitaba el sudor de la frente, lanzando su brillante cabello claro a un costado.
-Es cierto Príncipe, ¿qué hacemos aquí?
-¿Disfrutar de lo bello del pueblo?
-¿QUÉ?- Exclamaron los dos muchachos molestos.
-Sabíamos que estaba loco, pero venir a una de las fiestas más famosas del reino Tendo es francamente ¡descabellado!
-¿Será que los efectos del envenenamiento le dejaron secuelas?- Daisuke acercó ágilmente su mano a la frente del príncipe levantando su negro cabello, palpando también su frente en búsqueda de controlar los indicios de fiebre. El príncipe disgustado quitó la mano fastidiado, cruzando los brazos sobre su pecho y girando el rostro, balbuceando groserías que solo entendía él.
-¿Cómo diablos saben tanto de las festividades de este reino?-Los increpó mirándolos desconfiadamente.
-¿Por qué…?-Dijeron ambos, mirándose consternados.
-Yo…
-¡Vamos hablen!
Los muchachos se miraron entre sí, subiendo y bajando la cabeza. Emprendiendo la huida del príncipe.
-¡Vengan aquí idiotas! ¿Qué diablos les pasa?- Y salió raudo detrás de ellos, no pudiendo alcanzarlos porque se mezclaron entre la gente de las calles angostas llenas de negocios y niños.
-¡Maldición! ¿Qué haré? ¡Tampoco pude encontrarla!- Y siguió recorriendo y mirando alrededor, buscándolos por todos los rincones de esas desconocidas callejuelas tratando de encontrar a su escolta personal.
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La princesa Akane llevaba corriendo al menos diez minutos, sin darse cuenta si Sayuri y Yuka la seguían, sin detenerse, volvió el rostro tratando de encontrarlas.
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-¿Dónde diablos se metieron estos bobos?- El príncipe Ranma llevaba un buen tiempo buscando a su escolta, estaba cansado, hambriento y desconsolado. No pudo concretar ninguna de las metas del día. Metió sus manos en el cinto que cubría sus caderas, caminando cabizbajo por el pueblo, ya no tan desconocido. Había pasado al menos tres veces por el mismo lugar.
¡Diablos!
Ahora estaba perdido, ¿Por qué tenía que salirle todo mal? Vio una piedrecita que se interpuso en su camino e intentó patearla. Sin darse cuenta que un en ese mismo instante un hombre pequeño venía rápidamente corriendo hacia él.
Lo chocó dramáticamente con el impulso de su carrera, haciéndolo caer dentro de una poza con barro de lluvias pasadas.
¿Qué más podría salirme mal hoy? Pensó el príncipe mirándose irritado.
Ahora no solo estaba cansado, hambriento, desolado, sino que también malhumorado y muy mojado.
-¡Fíjate por donde caminas!- Gritó una furiosa pelirroja, escupiendo y quitándose el barro de los ojos, dejando al descubierto solo sus hermosos ojos azules.
El hombre pequeño y huesudo se volvió apresuradamente a mirarlo con sorpresa, pensé que había golpeado un pecho ancho y musculoso. La princesa miró a la niña en el barro y su atención se fue rápidamente a la lámpara que recelosamente volvió a poner cerca de ella. No le pasó nada, gracias a los dioses por eso, y suspiró ruidosamente.
Se enderezó y se paralizó mirando los ojos azules que le devolvían la mirada. No cualquiera ojos azules.
ESOS OJOS AZULES que había conocido hace poco. La miró con arrepentimiento y luego desesperada, gritó:
-¡RANMA!
-¡¿Akane?!- Respondió en el tono más alto de soprano una pelirroja alterada.
La princesa se quedó quieta sin decir nada más, mirándola perdida. Casi dejando caer la lámpara que resguardaba tan cuidadosamente. Mientras la pelirroja se levantaba lentamente sonrojada ante su atenta mirada, enfrentándola con su baja estatura.
La pelirroja casi saltó de puro gusto, por fin algo bueno este día.
¡ERA ELLA!
¡ERA ELLA!
La buscó todo el día y los dioses lo premiaron.
¡La había encontrado al fin!
Intentó acercársele para tocarla, sin llegar a hacerlo pensando que era un espejismo y arrepintiéndose inmediatamente, bajo su mano observándola con rabia.
Sus ahora, PEQUEÑAS MANOS.
¡MALDICIÓN!
Era una ella ahora.
¿En qué diablos estaba pensando?
Y ¡Era más bajo que ella!
La princesa, ajena a sus miedos y pensamientos, terminó de salir de su trance, moviendo la cabeza para refrescar sus ideas.
-Perdóneme señorita, yo no quise… ¿Me…? ¿Conoce?
-Yo…Usted… - Le dijo la pelirroja apuntándola con un dedo embarrado y estilando agua sucia. Abrió y cerró la boca, balbuceando palabras ininteligibles, sonrojándose todavía más con la mirada de la princesa, tan intensa e incómodamente hermosa.
La princesa se sintió acorralada y descubierta, tomando las palabras en el sentido que sabía que era la princesa del reino y podría desenmascararla allí. En medio de toda la gente. Se acercó y le tapó la boca con su mano, acercándola a ella y de paso despegándosele el bigote falso y cayendo sobre la frente de la pelirroja, mirándola directamente a los ojos.
-No digas nada.-Le ordenó. Esos ojos, son iguales a… No, es imposible. Se sonrojó furiosamente, mientras la pelirroja asentía con su rostro haciendo juego con su cabello. Una vez que la princesa se dio cuenta que no hablaría la soltó, alejándose unos pasos, dejando de invadir su espacio personal.
-No, yo…- El príncipe con mucha vergüenza por la cercanía como por su cambio de sexo, se despegó apresuradamente el bigote que tenía aún pegado en su frente. Se lo entregó con una mano temblorosa. No sabiendo muy bien que decirle, expresando lo primero que se vino a su mente.
- Pensé que era mi prima.- Excelente Saotome, todo el día buscándola para esto, eres un genio, se reprochó a sí mismo.
-Ahhh, yo… Perdón por haberla empujado así, yo… Lo siento mucho, no debí… Es que… Yo…- ¿Por qué me siento tan nerviosa? Es solo una chica…que se parece a él.
-No se preocupe, yo... Seguiré mi camino.- Dijo la pelirroja intentando cortar la conversación, pero no moviéndose en absoluto.
-Señorit…OOO. Señorito, ¿está bien?- Le decían unas muy extenuadas muchachas que se detuvieron afirmando sus manos en las rodillas buscando que el oxígeno entrara en sus pulmones, luego de perseguir a la princesa.
-Sí, yo… Podemos ayudarla, no podemos dejarla así.- Les dijo a las recién llegadas apuntando a la pequeña pelirroja extremadamente sucia, que apenas se veían sus ojos entre el barro.
Sus ojos…
-¡No es necesario! Yo…-La pelirroja negaba con la cabeza y las manos.
-¡Por supuesto que lo es! ¡Yo hice esto, no puedes caminar así!…Tus ojos… Me recuerdan a alguien…-Esta vez sus pensamientos fueron expresados en voz alta, mientras la volvía a mirar de cerca, muy de cerca para el gusto del príncipe.
-Oh, ¿mis ojos? ¡JA JA JA JA son solo míos, muy comunes en todos los reinos!- Jocosamente con una mano en la cabeza se reía la pelirroja. Con su corazón latiendo a mil por hora, ¿ella me reconoció?
-Oh, no lo sabía. –Respondió la princesa un tanto decepcionada.- Pero te pareces tanto a él…Perdone mi torpeza, soy una tonta. Casi no conozco los demás reinos, pero estoy segura que dices la verdad.
-¿En serio? JA JA JA JA- Puede ser que ¿ella me recuerde?
-Pero qué hacemos en medio de la calle, vamos, vamos. Sígueme. ¿Cómo te llamas?
-¿Cómo me llamo?- Repitió en voz alta mirando a las criadas vestidas de hombre. Estas la miraron interrogantes y se dirigieron al lado de su princesa, caminando lentamente.
-Señorito…Ahhh…Señorita. No podemos ayudar a todo el mundo y menos llevarla al palacio así como así.- La regañaba Yuka.
-Es cierto su alteza, no sabemos quién es ella, podría ser una bandida.- Secundó Sayuri mirándola con miedo y una mano tapándose la boca, acercándose más al lado del brazo de la princesa, mirándola de reojo muy mal disimulado.
- Eh… ¿Mmmm…? ¿Cuál es tu nombre?- Preguntó suavemente la princesa, una vez más a la chica, deteniendo su camino, con ambas doncellas a su lado y sin mirarla. Tratando de concentrarse en el camino que tenía delante de ella.
-Yo…Ran- La pelirroja se sonrojó furiosamente.
-¿Es Ran?- La princesa Akane, Yuka y Sayuri repitieron.
-Je je Ran…Ko.- Genial, ¡ahora tengo doble personalidad!
-Oh, qué lindo nombre, mucho gusto. –Dijo emocionada la princesa, dándose vuelta.- ¡Yo soy Akane! Aunque ya lo sabías. Ellas son Yuka y Sayuri.
-¡PRINCESA!
-¿Princesa? ¡Es una extraña!
-Yo… No se preocupen por eso chicas, podemos confiar en Ranko, ¿cierto?
-¡Pero princesa!-Protestaron las dos doncellas.
-¿Quieres ser mi amiga?- Y le sonrió con la marca registrada de Akane Tendo.
-Sí…-Tu esclavo si quieres.
-¿Dijiste algo Ranko?
La pelirroja muy sonrojada solo negó con la cabeza, esperaba que no pudiera leer sus pensamientos, porque lo dijo en sus pensamientos ¿cierto?
Yuka y Sayuri decidieron en ese mismo instante que esta pelirroja no les caía nada de bien, comenzando a seguir a la princesa y a la embarrada muchacha que ya caminaban adelante apresuradas.
Entraron por un pasadizo secreto creado exclusivamente para escapar. Esto es, un hoyo no muy profundo cercano a los establos en una de las paredes del palacio Tendo, entró primero Sayuri para inspeccionar que no hubiese nadie alrededor y las descubriera, dándoles el visto bueno para avanzar, luego la princesa Akane y Ranma que las miraba divertido, finalmente Yuka. Se introdujeron rápidamente en las caballerizas y se quitaron sus atuendos, volviendo a sus ropas habituales. Ranma se dio la vuelta para no mirar a ninguna de las chicas, totalmente avergonzado.
-¡Ranko!
-¡Ranko!
-¡RANKO!- Yuka le pegó un codazo para que reaccionara.
-Sí princesa, lo siento.
-No te preocupes por eso, ven acompáñame. Te llevaré a los baños termales y podrás cambiarte, las chicas te conseguirán el vestido más bonito de mi colección, ya verás.
-No es necesario princesa, yo…
-Claro que lo es, las chicas te llevaran la muda de ropa, ¿me perdonas?- Le tomó suavemente la mano en busca de su redención, mirándola directamente a los ojos nuevamente. Tan cerca y tan lejos, pensaba Ranma.
-Princesa, yo… - Sacudió la cabeza para serenarse.- No es necesario sus disculpas, la culpa fue mía por no mirar…
-No digas tonterías, te golpee bastante fuerte, estoy segura que lastimé algunos de tus huesos.- Intentó tocarla por encima de la ropa en búsqueda de alguna fractura.
-Oh…-El muchacho se sonrojó. –Claro que no, estoy bien ¿ve? -Y comenzó a mover ambos brazos y a saltar para demostrarle que era cierto.
-Está bien, espero volver a verte luego, ahora tengo que irme.-La chica hizo el ademán de seguir con su camino, aun con la lámpara en la mano, pero se devolvió al escuchar a la pelirroja.
-¿Irte…? Digo… ¿Irse? ¿Dónde?
-¿Cómo dijiste?- Sayuri le palmeó la parte de atrás de la cabeza.
-¡Sayuri!
-Princesa, ¡usted merece respeto!
-Yo… ¡Lo siento, lo siento, no me di cuenta! -Decía la pelirroja avergonzada y sobándose la nuca, la chica tenía la mano pesada.
-¡Plebeyas!- Dijo entre dientes Yuka.
-Oh Ranko, tengo que acompañar a mi padre esta noche, es la cena de Tsukimi.*
-Oh.
-¿No lo sabías Ranko?
-¿Es que acaso no eres de aquí?
-Yo…JE JE…Estoy muy distraída últimamente, creo que me magullé la cabeza.
-Oh dioses, ¿en serio? ¿Quieres que te revise?- Volvía decir la princesa preocupada.
-Sí… Digo no… Estoy bien, creo que necesito bañarme. – No te vayas aún.
-Claro que sí, gracias por no revelar mi secreto Ranko, ¿nos veremos otra vez?
-¡Claro que sí princesa!
-Muy bien, ¡buenas noches Ranko!- Y le hizo una pequeña inclinación de cabeza.
-¡Buenas noches Princesa!
Las dos doncellas siguieron a la princesa Akane una vez que dejaron a Ranko en las puertas de las piscinas de aguas termales. Ranko revisó si había alguien más en el lugar y maldijo por lo bajo al darse cuenta que le habían dejado el famoso vestido, al menos era de un color oscuro y muy simple. Doncellas odiosas, eligieron lo más barato, ¿por qué me odian tanto? Se introdujo a la piscina con agua caliente, sintiendo el cambio veloz en sus extremidades.
¡MALDICIÓN!
Ahora, ¡¿cómo saldré de aquí?! Golpeó con sus palmas abiertas sobre el agua caliente.
…
..
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[Continuará]
*. *. *. *. *. *. *. *
N/A.
¡Gracias a todos los que leen! Me gustaría saber si les va gustando la historia. ¡Aprecio sus mensajes para seguir! ¡Sugerencias, descargos DM! ;*
Infinitas gracias a Saritanimelove, por tus porras y siempre comentar los capítulos. Lo agradezco con el alma. Y a Alvalome espero que haberte hecho sufrir mucho, prometo compensarlo en el futuro.
*Tsukimi: Festividad de la luna.
*Las Itako: Realmente existen y todo lo que se dice en la historia más arriba también, dicen que todas las niñas ciegas son entrenadas desde pequeñas para conocer la voluntad de los dioses, muchas de ellas se suicidaban si su maestra determinaba que no eran continentes de la palabra de los dioses al no tener familia. Según leí, muchos turistas van al monte y solicitan alguna intermediación con las almas y son muy acertadas al traer sus mensajes.
Claramente, fueron utilizadas en esta historia para los fines de la misma, pero no me extrañaría que algún emperador, rey o shogun preguntara por la voluntad de los dioses.
*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.
