Declaración de responsabilidad: Ranma ½ es de propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por diversión, no me demanden que soy pobre.
Símbolos:
-Palabras habladas.-
Pensamientos.
"Palabras con énfasis o énfasis en ella, como burlas o amenazas".
GRITOS.
= 0 =: Cambio de escena.
¿Puede su amor ser tan fuerte que traspase las barreras del tiempo y el espacio? Predestinados a estar juntos, a pesar de todo y de todos.
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YUANFEN
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…
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Capítulo 11: "Sanación".
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…
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Ryu Kumon estaba cansado.
Pero no ese cansancio del que tomas una siesta y te recuperas.
¡NO!
Tenía lo que hoy llamamos "cansancio psicológico".
Durante muchos años ni en sus entrenamientos más extenuantes, lleno de lesiones y golpes no lo habían preparado para tales acontecimientos.
¡El Palacio era un maldito infierno!
Cada día era un nuevo problema, siempre lleno de caos.
No que estuviera diciendo que fuese demasiado para él o que se le escapaba de las manos.
¡NO!
Era un maldito guerrero, preparado para todo tipo de torturas, pero…
No podía lidiar con algo que no lograba comprender del todo.
Estaba harto de fingir inclemencia cada día con la princesa y sus criadas, además de rodearse de un aura arisca, que atemorizaba a todos, nadie se acercaba en un radio de 5 metros, todos le rehuían.
Sabía que era por protección de la princesa y la propia, pero nadie entendía.
Lo confundían.
No tenía con quién hablar o a quién contarle sus sospechas o siquiera poder desahogarse de las intrigas que rodeaban a la familia real.
Odiaba tener que fingir que era un maldito caza recompensas con tal de mantener la seguridad de la princesa, pero ¡ni siquiera podía conversar con ella!
Vivía frustrando las múltiples fugas y travesuras, pero ni siquiera tenía derecho a preguntarle "¿cómo está princesa? ¿Tiene deseos de escapar por la mañana o la tarde?".
¿Y quién no querría huir?
La mayoría del tiempo, más que enemigos externos, estaba luchando por mantenerla con vida en el propio Palacio y ante los multitudinarios tetras de la concubina real, Sadachi. La que jamás había sido considerada como una Reina por nadie.
El solo mencionar su nombre le dejaba un mal sabor de boca.
El dolor de cabeza lo atosigaba.
Se miró las a sangre en las manos y la ropa.
Volviendo a su única preocupación real.
¿Sobreviviría luego de tan macabro castigo?
El olor de la sangre combinados con los quejidos de dolor de la princesa en ese pequeño cuarto oscuro en el que esperaba lo comenzaba a volver loco.
Las imágenes volvían una y otra vez.
¡Maldita sea!
No podía sacársela de la cabeza.
La princesa siendo azotada una y otra vez, sin poder hacer nada para ayudarla.
¡Que venganza del destino convertirla en su protector y no poder redimir ninguno de los azotes que le propinaban en su propia casa!
Dentro de todo ese desorden mental, volvió esa misma sensación a su cuerpo.
Su cuerpo comenzó a inquietarse lentamente.
¡Esa energía!
La misma que lo colapsó durante varios minutos cuando la muchacha estaba siendo castigada.
Miró concienzudamente a su alrededor, achicó sus ojos intentando concentrarse en ese poder y vislumbrar de dónde provenía.
Algo le decía que no estaban solos, todas las alarmas en su cuerpo forjado a esfuerzo, gritaban peligro, había algo en ese lugar…
Un luchador.
Fue la misma sensación que tuvo durante los azotes de la princesa, ella dejó de quejarse y sentir dolor. Lo pudo notar en el cambio de su aura, pero…
¿Cómo?
No tenía explicación alguna para ello.
Era imposible.
No había forma alguna de ingresar a ese lugar sin que él se hubiese percatado de alguna manera.
Salvo…
La utilización de las técnicas prohibidas, pero…
¿Era posible?
¿Había alguien más que protegía a la princesa sin que él tuviera conocimiento?
¡Bah!
Tampoco le extrañaría.
Este mundo del palacio estaba lleno de intrigas y malas personas y no cuestionaría la posibilidad, viniendo de su Alteza Real, pero…
¿Y si no era así y el Rey Tendo no tenía nada que ver? ¿Cómo podía preguntárselo sin lograr hacer de ello otro escándalo y provocarle más problemas a la princesa?
¿Cómo podría protegerla?
¡Quizás era otro loco tratando de hacerle daño!
¡Maldición!
Un ruido lo alertó, sacándolo de sus cavilaciones.
El médico real, salía de la habitación cabizbajo y silente.
–Ella está bien por el momento, déjenla descansar. – Bajó su maletín y con un trapo pequeño limpio los lentes con los que lograba ver de cerca. –Ryuu… ¿Sabes lo que pasó ahí? – Le preguntó lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
– ¿A qué se refiere, Señor?
–Baahh, tonterías de un anciano. ¡Déjalo estar, muchacho! La princesa estará bien, solo denle las medicinas adecuadamente y déjenle los vendajes por un par de horas, luego vuelvan a cambiárselos durante todo el día y la noche. –El doctor guardó sus lentes y tomó el maletín negro pesado que llevaba sus pócimas e infusiones, intentando pasar de largo del muchacho alto y preocupado que lo miraba interrogante y ante la actitud taciturna del médico, lo tomó del brazo imprudentemente.
– ¿A qué se refiere señor? ¿Usted también lo sintió? – Sí, el doctor lo había sentido, ya podía quitar el rastro de locura que pensaba que había tocado su mente.
–Solo sé que ninguna persona normal puede sobrevivir ante semejante castigo sin morir desangrada, pero las heridas de la princesa no pasaban de ser superficiales. Tampoco podemos negar el carácter divino de la pequeña ¿no? –Como pudo el médico se desenredó del muchacho y continuó su camino silbando desafinadamente.
–Era posible que… –Una de las criadas de la Princesa salió rauda, pasándolo a llevar y disculpándose con él, temerosa del castigo siguió corriendo rápidamente dejando la puerta de los aposentos de la princesa abierta.
El hombre ingresó lentamente a la habitación. Habían puesto pequeñas velas por todo el lugar dándole calor a la princesa e inciensos aromáticos, probablemente para calmar los dolores en varios lugares estratégicos. La muchacha yacía boca abajo en la gran cama, cubierta de vendajes por doquier. Sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración pausada a medida que respiraba.
Si el doctor decía que serían solo heridas superficiales, como diablos podía explicar la gran cantidad de sangre que aún mantenía en sus manos y ropajes, como testigo absoluto de su incapacidad de protegerla.
Era un nadie.
NO tenía derecho a mirarla ni hablarle.
Ni siquiera debería tener el derecho de estar contemplando su respiración suave, que era el único vestigio de que seguía viva.
¡NO!
Jamás debía enamorarse de ella.
Ni verla con ojos de amor.
Ni mucho menos preocuparse.
¡NO!
Ella solo era una niñata que debía cuidar con su vida.
La princesa se removió incómoda, soltando un gemido estrangulado de dolor.
El hombre de anchos hombros, flaqueó en su discurso aguantándose las ganas de tocar su mejilla para quitarle su dolor.
Estaba completamente perdido.
Se sentó arrodillado, mirando la bella curva de sus pestañas y sus labios fruncidos por el dolor que atacaba sus sueños. No pudiendo hacer nada para ayudarla ni ayudarse a sí mismo ante tamaña revelación.
=0=
Si el príncipe Saotome hubiese tenido conocimiento del día que tendría es probable que no se hubiese ufanado en cabalgar desde la madrugada hasta otro Reino, mucho menos el Reino vecino que era su enemigo mortal, donde probablemente por su propia imprudencia había sido lastimada la única mujer que había vuelto hasta sus sueños más profundos en pequeños trazos de acuarela sin sentido.
Ahora, lejos de todo peligro y luego de haber burlado toda la seguridad del Palacio Tendo, se daba cuenta de lo peligroso y tremendamente temerario de sus actos.
¡Lo había hecho todo mal!
Su deseo había sido tan grande que no dudo ni por un segundo en quedarse al lado de la princesa aunque fuese de mujer, pero ahora con su cuerpo en calma.
¡Lo había hecho todo completamente mal!
¡TODO MALDITAMENTE MAL!
¿Y quién diablos era ese hombre que custodiaba a la muchacha?
Fue un suplicio engañarlo para poder ingresar a la habitación de la princesa una vez que las mujeres habían limpiado sus heridas y esperaban por la llegada del médico real.
Había utilizado gran parte de su energía para verla una vez más y ayudarla tratando de sanar sus heridas.
Como agradecía ahora las terribles golpizas de su maestro en la utilización del chi como método de curación, era una verdadera lástima, que aun así no podía sanarla del todo, pero al menos consiguió restarle la gravedad de las mismas, para que solo quedaran como superficiales, después de todo, tampoco podían ver que no tenía ninguna herida.
Rememoró de inmediato el momento que había logrado vencer las defensas del guardián de la chiquilla.
=0=
Una vez que los guardias reales se habían conducido rápidamente a inspeccionar la otra ala de la entrada del Palacio, Ranma había logrado escapar con Hiroshi y Daisuke que no daban señales de volver a la conciencia por el momento. Se quitó su capa y con uno a cada lado de sus brazos, se envolvió en el manto y utilizó la umisen-ken una vez más, tratando de salir rápidamente de las inmediaciones del Palacio Tendo con los hombres.
Si era descubierto sería un gran problema, que provocaría la guerra y hasta el ataque de los reinos, podría ser tomado como una amenaza abierta a la soberanía, esa paz fría y llena de recodos malsanos.
– ¡Dios! ¿En qué estaba pensando? –Ranma dejó caer a ambos muchachos en el césped, modo bulto, aun dormidos y miró a lo lejos como se iluminaba el reino Tendo.
¿Cuándo volvería a saber de ella?
¿Es que sobreviraría?
El entrecejo se frunció rápidamente.
Sus pensamientos lo atormentaron.
NO PODÍA DEJARLA MORIR
NO PODÍA MORIR.
No sin antes…
Volvió a mirar a los hombres, inconscientes de sus pensamientos, inspeccionó su alrededor y se dio cuenta que había unos árboles muy altos con copas lo suficientemente grandes como para esconder bultos.
Una sonrisa ladina abarcó su hermoso rostro.
Era demasiado inteligente para ser un príncipe.
Amarró a ambos hombres sentados en una de las ramas del árbol más grande, alejados de cualquier peligro y de miradas indiscretas, mientras llevaba a cabo su verdadera misión.
Corrió lo más rápido que pudo, saltó el muro y entró de inmediato en el umisen-ken una vez más, estaba abusando de la técnica y quedaría sin energías muy pronto, pero tenía que cerciorarse que ella estaba bien.
Buscó el lugar por donde había visto que la llevaron antes y se encontró con el hombre que al parecer era su guardián, cubierto de la sangre de la princesa, mirándose las manos, perdido en sus pensamientos.
¡Bien!
Al menos había sido más fácil poder burlar las defensas del hombre en aquel estado de ensimismamiento.
Ingresó tan rápido, intentando no perder de vista al hombre, que casi chocó de frente con unas de las criadas que se movía por la habitación. Y entre todas esas mujeres que la desvestían presurosas, estaba la princesa.
Charcos de lágrimas corrían por sus mejillas, mientras alguien lograba sentarla despacio intentando aplacar su dolor, las vendas se empapaban una y otra vez, la pérdida de sangre dejaba ver las heridas abiertas y profundas en la piel inmaculada de la princesa. Aun cuando había absorbido gran cantidad de su castigo, no fue lo suficientemente rápido para evitar provocarle tanto daño.
Dejó que las mujeres hicieran su trabajo diligentemente, volteándose una vez que se dio cuenta que la desnudarían por completo para lavarle las heridas correctamente, intentando en vano parar el sangrado.
¡A este ritmo, la princesa moriría desangrada!
¡ESTÚPIDAS! ¡TERMINEN PRONTO!
Enrabiado consigo mismo por no poder hacer nada, mientras veía la energía vital de la princesa abandonar su cuerpo cada vez más rápido, estaba por tirándose la trenza y por poco no se la cortó de los nervios, mientras seguían poniéndole ropa interior a la muchacha, dándose cuenta de la situación se volteó confundido, con las mejillas incendiadas.
Abochornado a más no poder, pensando en que la chica estaba completamente desnuda una vez más y tan cerca de él, intentando quitarse esos pensamientos, no notó que las mujeres habían hecho su trabajo y salían esperando la llegada del médico real.
Reparando que por fin estaban solos en la habitación, se acercó suavemente a la cama de la princesa, donde estaba boca abajo con una de sus manos en forma de puño apretando las sabanas de seda, poniendo blancos sus nudillos.
¿Qué estaría pensando?
Vio sus ojos vidriosos, enfocándose en la nada, amenazando con derramar más lágrimas, pero no lo hizo. Como un globo todo rastro de ira se desinfló hasta la más perezosa de las quietudes. Cerró sus ojos del todo. Tuvo que agacharse para confirmar que seguía respirando, lentamente haciendo revolotear esas largas pestañas negras, en sus mejillas pálidas.
¿Tendrá frío? Pensó repentinamente.
Es tan…
Linda.
Estaba embelesado con ella.
Un movimiento afuera lo alertó.
Este no era el momento idóneo para perderse de su objetivo, tenía que ayudarla de la única forma que sabía.
Junto sus manos rápidamente, logrando crear una pequeña esfera de chi que pudo controlar a su antojo. La lucecita naranja con amarillo, de a poco se fue desparramando en la espalda descubierta de la princesa, logrando sanar las heridas más profundas y dejando solo las heridas superficiales de su existencia.
La cálida llama se expandió, llenando el cuerpo de la princesa tan amorosamente que la hizo sonrojarse y relajarse, cerrando sus ojos lentamente, inundada de una paz infrecuente en ella.
Fue tanta la concentración que ocupó el príncipe y mucha más de la energía que pensaba, que fue expulsado del umisen-ken, quedando al descubierto por completo frente a los ojos de la princesa, que los abrió desmesuradamente ante la falta de la calidez que la inundaba.
Ojos azul cielo enfrentados con los ojos miel, nariz con nariz y de frente.
– ¿Quién eres? – Hubiese gritado de no ser que el príncipe le había tapado la boca rápidamente recuperándose de su desliz.
– ¿Esta loca? ¿Quiere que nos descubran?
– ¿DisWksculjsjspee?
–Prométame que no gritará y la soltaré. – Se miraron otra vez a los ojos, estaba tan cerca de ella otra vez, si sacaba su mano podría besarla…
¿Qué diablos estoy pensando?
La princesa lo miró nuevamente.
Llegando el reconocimiento a sus ojos.
¡OJOS AZULES!
Lo únicos ojos azules que conocía eran de
Ranko y…
¡EL PRÍNCIPE SAOTOME!
¡EN SU HABITACIÓN!
¡DESPUÉS DE TODO LO QUE HABÍA PASADO!
¡ESTO ERA UNA LOCURA!
Ante el mutismo de la princesa y su falta de acción, el príncipe fue soltando lentamente la mano que tapaba su boca, se dio cuenta que no gritaría, pero la alejó tan perezosamente provocando que la princesa aprovechara la ocasión y lo mordiera a traición.
Quedaron enfrentados nuevamente, un príncipe con ganas de gritar del dolor con los dientes apretados y una princesa contenta de su hazaña, con ojos brillantes de furia.
Cuando lo soltó, ella le sonrió angelicalmente.
Él le devolvió la mirada con las cejas fruncidas y sobándose la mano, notando que los pequeños dientes de la princesa estaban totalmente marcados en ella.
– ¡Eso es por entrar a mi habitación sin permiso! –Y si hubiese estado de pie, probablemente el gesto altanero de su rostro habría tenido más impacto.
El príncipe la miró sonrojándose profundamente.
¿Entrar a su habitación?
–Oiga, usted también ingresó a la mía… –No terminó su frase. La princesa estaba llorando nuevamente. –Yo, yo…lo siento, sé que no debí, pero no era yo…No sé… ¿Qué me pasa?…No entiendo nada.
–Gracias…
–Ehh…
–Gracias por todo…Fue usted, ¿cierto? ¡No estaba soñando, verdaderamente fue usted! –El príncipe la miró sin entender a qué se refería, ¿de cuál de todas las veces estaba hablando? – Por ayudarme antes, ya sabe…Afuera…Por ayudarme ahora… Ya no duele… –Pronunció como pudo, dándole a entender que sabía que era él quién había intervenido antes, cuando la azotaban.
–Yo… –El príncipe no pudo continuar, habían anunciado la llegada del médico real y sabía que debía escapar o sería hombre muerto, la princesa hizo el ademán de levantarse, para dejarse caer nuevamente al darse cuenta que estaba desnuda. El muchacho había seguido su mirada y se giró rápidamente.
–Pervertido…
–Oigaa…No…
–Tiene que irse. ¿Si lo encuentran…?
–Sí, yo…
– ¡Muchas gracias!
–Princesa…Volveremos a vernos… –Le sonrió brillantemente, mientras se mezclaba con las sombras y seguía su camino.
La princesa simuló dormir cuando entró el médico real, mientras era examinada dio múltiples exclamaciones.
¿Cómo era posible?
Había visto la profundidad de las heridas y había corrido en búsqueda de sus ungüentos más efectivos y ahora…
Las heridas sanaron mágicamente.
Intentó preguntarle a la chiquilla, pero esta fingió dormir tan bien que terminó haciéndolo.
–Bueno, cosas de la realeza… –Cubrió las pocas heridas superficiales con un ungüento pastoso y las aisló con una venda limpia.
Saliendo lentamente de la habitación, pero no sin antes encender un incienso.
=0=
El príncipe Saotome, estaba por salir del Palacio cuando se encontró frente a frente al guardián que ya le caía mal.
¡Mierda!
–… ¡Hola!
– ¿Nos conocemos? –Le preguntó el hombre, confundido. Eran pocos los sirvientes que le dirigían la palabra y mucho menos, la gente de la realeza.
–Claro que sí, una vez…–Entrecerró los ojos, jamás había visto un hombre de ojos claros o lo recordaría.
–Bueno, adiós. –Hizo una reverencia graciosa y continuó caminando, perdiéndose rápidamente en los pasillos oscuros.
Un momento.
¿Ojos grises?
Corrió tan rápido como pudieron sus piernas detrás del desconocido, pero no estaba en ninguna parte.
¡MALDICIÓN!
¿QUÉ DIABLOS ESTÁ PASANDO AQUÍ?
=0=
Palacio Dragón azul.
– ¡Príncipe, príncipe! – El pequeño hombre se detuvo conmocionado, los escoltas del príncipe venían en sus respectivos caballos inconscientes y sin dar luces de volver a la vida.
¿Están muertos?
Tragó duro el nudo que se alojó en la garganta, el príncipe no podía haberlo hecho, era un buen muchacho, no se parecía en nada a su padre o ¿quizás habían sido emboscados?
– ¿Príncipe?
El muchacho bajó en silencio de su hermoso caballo negro, acariciando la nariz y haciéndole cosquillas al brillante animal que relinchó feliz ante la atención.
– ¿Qué pasa, Togure? – Le dijo como si nada, ajeno a los pensamientos del sirviente.
– Que bueno que está de regreso, su Alteza lo ha esperado todo el día. – Se le secó la boca, los muchachos seguían tal cual, sin moverse.
– ¡Diablos! – Se despeinó el flequillo frustrado.
Solo más problemas Ranma, ¿en qué rayos estás pensando?
Caminó lentamente entre el resto de los caballos que relinchaban a su alrededor, saliendo de la caballeriza y dejando a los muchachos al cuidado de Togure, que no sabía qué hacer. Tomó una pequeña vara de madera y comenzó a pincharlos, esperando alguna reacción, pero nada.
– ¡Togure! – El hombrecito no murió de la impresión porque aún no era su llamado ante los dioses, soltó la vara de madera que voló por los aires y se quedó completamente quieto, con una mano cerca del corazón.
–Ayuda los chicos, por favor, solo están inconscientes. –Y volvió a desaparecer, tan rápido como llegó.
–Casi me mata del susto, por estos estúpidos…–Comenzó desatándolos lentamente de los caballos. – Vaya siesta tuvieron…–Los hombres se fueron desparramando lentamente del caballo hacia sus costados para caer sobre la paja molida de la caballeriza. – ¡Feh! Al menos tienen suerte. –Y siguieron perdidos en mundos de los sueños imposibles, mientras el sirviente les golpeaba la cabeza y las mejillas esperando que recobraban el conocimiento.
=0=
- Señor, hubo una gran conmoción en la celebración de la casa Tendo.
– ¡Maldito muchacho tráiganlo aquí! ¡O les juro que no respondo de mí!
=0=
[Continuará…]
N/A: ¿Se acuerdan de mí? Si llegaste hasta aquí, estoy segura que sigues amando Ranma y Akane todavía. Han pasado años sin siquiera pensarlo, pero todo es tan complicado en todos lados ahora que casi ni tiene sentido explicarlo, solo espero de todo corazón que estén bien y mis más sinceros saludos por seguir leyendo, un abrazo grande a todos los que durante este tiempo siguieron comentando y mandándome mensajes para continuar las historias, en especial a las páginas de Facebook que las han publicitado, abrazos enormes, cuídense y protéjanse en este mundo cruel en el que vivimos. ¡He vuelto a las canchas! xD
*Yuanfen: Es un término chino relacionado con el budismo que es difícil de explicar, pero que en general se refiere a los amores que nacieron predestinados. Algunos creen que las fuerzas que manejan y causas detrás del Yuanfen son las acciones realizadas en las reencarnaciones previas, asemejándolo al karma del budismo, pero diferenciándose del mismo, por cuanto el Yuan se refiere a la conjunción de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos.
