Capítulo 2: Propuestas del futuro.

Al obtener el balcón abierto es ideal en las noches de verano pero molesto a la hora en que las aves madrugan ya que dan su canto cerca de la ventana, despertando a Orihime.

Igualmente no se ve molesta, le gusta aprovechar las mañanas para sus rutinas. Se estira y retuerce en el colchón como si una culebra se tratase; se levanta por fin, bostezando con los ojos aun cerrados y rascándose la espalda por la consecuencia de llevar unos senos demasiados grandes para su cuerpo.

Ha bastado agua fría en la cara para despertar completamente, frente al espejo elabora su corto ritual de belleza facial totalmente casero hecho por ella misma con algunos consejos de su madre. Busca entonces la ropa ideal para el trabajo: una falda celeste hasta los tobillos y holgada; botas de cuero café oscuro, planas y poco sueltas con el fin de no sentir sus pies apretados mientras trabaja; y una blusa negra. Recoge su pelo despreocupada en una trenza, ya Kyoko lo haría mejor una vez regresase de su corto paseo.

Baja las escaleras de dos en dos, dando saltos mientras tararea contenta la melodía favorita de sus padres. Saluda al jardinero apenas entra en la cocina, el hombre cumple también la función de las cosas pesadas en la casa y de repartir la leña en las habitaciones. Agarra una galleta enorme de avena y sale por la puerta tras agarrar una cesta enorme de mimbre, tijeras de podar y un par de guantes.

Ya afuera se quita la daga que ha dejado oculta entre la falda y las enaguas y la deja reposar en el canasto. Da los buenos días a los diez gatos y seis perros que esperan a que la cocinera les de su comida y se adentra al área de Apolo. Así llama al sector del jardín trasero en que su padre planta las plantas y flores que le sirven para la medicina.

La regla es sencilla entre sus padres: el jardín de adelante es de Shutara y el de atrás es de Kirinji.

Se pone de rodillas y cubre sus manos con los guantes. Su madre ha insistido en que las llevase desde sus catorce años para cuidarlas y se vean perfectamente ideales para una dama. Ridículo con toda la crema que se pone en las manos pero está claro que hay peleas que no le puede ganar a la baronesa.

Se deshace de las malas hierbas que asechan la "cosecha importante" y llena su canasta con las que ya encuentra lista para usar o al menos preparar. Ha estado en su labor hasta que escucho la campana y el grito de Kyoko como una prevención a que no se distraiga nuevamente.

Hora del desayuno.

Libera sus manos de los guantes y los deja en el bolsillo de la falda. Agarra su cesta ahora llena de hierbas, la tijera y su daga. Acercándose a casa nota a las mascotas que protegen el hogar de ratones, visones y ladrones comer felizmente de la comida preparada por Ogawa, bajo las instrucciones del Barón.

—El desayuno se ha servido en el balcón. — Anuncia Kyoko apenas la ve dejar sus cosas sobre la mesa. — ¿Quiere que deje eso en la Oficina?

—Por favor y gracias Kyoko. — Le regala una sonrisa y corre sin preocuparle el manchón de tierra en la mejilla, el cuello y en la frente.

El dicho balcón en donde comen en los días soleados (mayormente en los desayunos) se encuentra en el salón del primer piso que se usa para recibir visitas o hacer reuniones. No presta atención a los muebles y la decoración hecha por su madre, camina directa hacía las dobles puertas abiertas que conectan el salón con el enorme balcón (aprovechando que se encuentra en el primer piso) con las rejas negras en los bordes decoradas con ramas y rosas, arbustos y un enorme árbol cuyas hojas y ramas se imponen con el fin de protegerlas de la potencia solar, la Baronesa se ha encargado personalmente de darle un aspecto de estar en medio de un bosque.

En la mesa circular hay un mantel que parece hecho con hilos dorados que parece haber sido sacado del cuento infantil "La hija del hilandero", también fabricado por su madre y quizás eso le da el aspecto de ser tan hermoso y carísimo. Sobre el mantel están los panes, pasteles, platos y tazas para el desayuno. Shutara y Rena alzan la vista al darse cuenta de su presencia. Su hermana hace un gesto mientras su madre se ríe con discreción.

—Querida, tienes mugre en la cara. — Explica a lo que vierte un poco de agua de una jarra en una de las servilletas de tela. — Ten.

—Gracias. — Se frota la tela sobre la piel sucia y luego toma asiento.

—Vas a dejar en vergüenza a mamá si actúas así en el palacio. — Regaña su hermana menor luego de haberse comido un pedazo de torta.

—No quiero que me digas eso cuando tienes la boca lleno de migajas. — Contraataca y sonríe divertida de que Rena se haya limpiado, horrorizada. — No sé por qué andas insoportable con eso... no es como si necesitases un hombre para ser feliz o algo.

—¿Qué no es obvio? Dime cuando fue la última vez que fuimos a la Capital, al corazón de Karakura.

—Diez años.

—¡Exacto! ¿Quién puede disfrutar sin límites la Capital con cinco o siete años? A ti te mandaban a dormir a las siete y yo ni recuerdo una piedra de lo niñas que éramos.

—¿Tu punto es que quieres salir a divertirte sin límites?

—¡Sí! ¡¿Tú no?! — Junta sus manos, se le ve brillos en los ojos de la emoción. — ¡Tengo quince años, la edad ideal de divertirme sin nadie que me pare! ¡Bailes hasta el amanecer, conseguir cosas exóticas de otros países, comida de toda clase y que te coqueteen chicos sin que tengan miedo de la cara de papá porque allá no es conocido ni tiene poder! ¡Mi sueño ideal se hará por fin realidad!

Orihime ve a su madre, preocupada de que este hablando en serio. Al verla asentir hace una mueca de desagrado. Las dos son bastante independientes gracias a la educación "modernizada" de sus padres y son felices en el campo, pero está claro que Rena ha salido más de ciudad que ella misma.

—No le veo lo emocionante.

—Eso se debe a que no te has parado a pensarlo porque te concentras en las plantas, coser personas, ayudar en el hospital y echarle ojitos a Jugram cuando viene. — Ahora es su turno de gozar haber ganado una partida por el bochorno de Orihime. — Como ya tienes todo eso y yo no, es normal que me importe más que a ti... ¡Pero ya verás que me darás la razón cuando disfrutemos los placeres de la Capital!

—No hables de esa manera, Jugram y yo no tenemos esa clase de relación... solo somos amigos.

—Oh, no te hagas conmigo, todos sabemos que incluso te ha pedido matrimonio.

—¡Eso no…! — Más roja todavía.

—Niñas. — Shutara ha decidido parar el rumbo de la conversación con su voz. — El té se va a enfriar. Coman rápido antes que llegue su padre y las agobie entrenando espadas.

Con un mal gesto, bien sincronizado por las hermanas, deciden obedecerla.


El día anterior, en otro lugar bastante lejano, más precisamente en Green Valley (la cuál era una zona boscosa a un par de horas de la costa), el barón Tenjirou Kirinji terminaba de hacer una prescripción al ex tercer príncipe de Xing que residía en Karakura.

Cualquiera pensaría ¿Qué estaba haciendo un miembro de la realeza de ese país en ese pueblo remoto?, pero para el barón esto no era de su incumbencia, para él era solo un paciente y un viejo amigo, un paciente que pagaba generosamente por la efectividad de sus servicios y tratamiento.

—¿Has estado excediéndote en las carnes rojas Huang Ji? — Pregunta sin dejar de mirar su pequeña libreta.

—No, por supuesto que no. — Responde el ex príncipe; Huang Ji Gyao Xing era un hombre de entre cuarenta a cincuenta años de complexión un tanto robusta, de pelo largo con unas cuantas entradas blancas en su cabeza y un pequeño bigote; era conocido por ser tranquilo y amable pero también por excederse un poco en sus banquetes y celebraciones, las cuales eran muy reconocidas en la región.

—No te atrevas a mentirme, se que te has estado excediendo nuevamente desde la última vez.

—¡Claro que no! ¿Cómo podría yo...?

—Tu presión subió diez puntos más de lo habitual, tus manos y parte de tu cuello están ligeramente más rojos; has subido tres kilos más, además que he visto que te cuesta un poco más hacer fuerza debido a tu alta presión y el agotamiento crónico que has presentado.

El hombre trago en seco y suspiro profundamente.

—No puedo escapar de tu vista de águila. — Se río mientras se llevaba su mano a su prominente estómago, solo cubierto por las finas sedas de Xing.

—Los síntomas que diagnosticó mi hija indican que hay una alta probabilidad de tener un segundo ataque al corazón si no tienes cuidado, por eso fue que se te prohibió comer carnes rojas más que una vez a la semana y en cierta cantidad, además de ejercicio ligero ¿Lo recuerdas?

—Lo recuerdo bien… bueno, puede que me haya excedido un poco. — Dijo nervioso mientras acariciaba su barba.

—Te voy a dar una dieta más estricta y tendré que aumentar las dosis de tu medicina.

—¡Por favor doctor no seas cruel! — Casi lloro el hombre.

—Tú me obligas a llegar a estos extremos. — Lo vio burlón, su mano juega con el lápiz que hacia anotaciones momentos antes. — Deberás hacer al menos una hora de actividad física… ¡Y nada!... de carnes rojas en al menos tres meses.

—¿Pero se recuperará, doctor? — Una hermosa mujer ya también en sus cincuenta con un elegante vestido oriental estaba al lado del ex príncipe y lo veía preocupada.

—No se preocupe princesa Mei Wa, su esposo se recuperará de esta pequeña recaída, sin embargo deberá ser muy estricta con sus alimentos y actividad física.

—Lo vigilare de cerca barón… ¿Cierto querido? — La mujer le envío una mirada afilada a su marido, quien se encogió de miedo al sentir la mirada hostil de su mujer.

—P-por supuesto mi amada mariposa. — El pobre sudaba a mares.

—Seguiremos el tratamiento que Orihime había prescrito. — Entrega la receta a uno de los sirvientes que esperaba tranquilo en la habitación en silencio todo ese tiempo. — Dos tazas de té kranta, una por la mañana al levantarse y otra antes de dormir; una pasta de trigo entero con flores de seiram para su presión a medio día y la caminata que se te ordenó, pero deberá ser gradual: primero diez minutos, a las dos semanas serán quince y seguirá así gradualmente un mes y medio hasta que completes una hora… ¿He sido claro?

—Por supuesto doctor. — Responde el hombre a quien su mujer jalaba de la mejilla con una pequeña vena marcada en su frente.

—No podré venir en un mes y medio, tal vez un poco más; la cantidad que te he prescrito debería durar aproximadamente ese tiempo pero dejare instrucciones para confirmar que sigas mis indicaciones en tres semanas y pobre de ti si no las sigues.

—Descuida viejo amigo, seguiré tus instrucciones. — Acepto el pobre hombre totalmente resignado y frotándose la zona dañada. Medita en lo último que dijo Kirinji y lo mira en sospecha. — Es raro que no puedas venir a darme seguimiento a menos que sea algo muy importante. ¿Será tu hija la que vendrá nuevamente?

—Ah no, justamente es por mis hijas que me será difícil venir en persona.

—¿Acaso les pasó algo malo? — Pregunto la señora Gyao.

—No diría precisamente que es malo. — Gruño por lo bajo, enojándose un segundo por recordarlo. — Van a debutar en sociedad.

—Oh cierto, ya se acerca esa época del año. — La mujer oculto su boca tras su manga de forma elegante. — Deben estar emocionadas por ello.

—Al menos se que la menor sí que lo está.

—¿Y su otra hija? — Pregunta la dama extrañada.

—Creo que hoy se lo iban a decir y lo más probable es que Orihime se niegue y sinceramente la creo capaz de atarse a un árbol con tal de no ir. — Se frota las sienes, para él también era molesto ir a la capital pero era en parte un deseo de su esposa ir y saludar a algunos conocidos… las cosas que hacía un hombre por amor. — Pero mi esposa seguro que logra convencerla.

—Ah tu hija mayor. — Huang Ji hizo memoria y recordó a la linda joven. — Se que la acabo de ver hace poco pero aún me golpea compararla con mis recuerdos, debe ser molesto para ti, más aún sabiendo lo que se viene después del debut.

—Ni me lo recuerdes. — El solo pensar en el montón de cartas de cortejo que llegarían después del debut de sus niñas lo comenzaba a molestar ¡Eran sus princesas! No dejaría que cualquier tipejo indigno se acercara a ellas.

—Ahora recuerdo que el cumpleaños de tu pequeño petirrojo se acerca.

—Sí, justo por eso mi mujer desea que vayamos a la capital, antes de que cumpla dieciocho.

—Tengo algo perfecto para ellas, son unas jovencitas tan listas y talentosas que quiero darles un regalo. — La dama ordenó a uno de sus sirvientes traerle algo de su habitación y suspira resignada llevando su mano a su mejilla. — Ojala alguna de mis hijas fuera así. — Pensó en sus cuatro hijas las cuales eran un tanto mimadas, algunas casadas pero sin ninguna otra aspiración más que ser perfectas esposas y apoyo para sus maridos. — ¡Eso es tu culpa! — Le dio un golpe en la cabeza a su esposo al cuál le había salido un pequeño chichón. — Es porque las mimaste demasiado.

—¡Pero querida! — Intento replicar.

—¡Pero nada! — Gruñe la mujer, Kirinji conocía bien la relación de esos dos así que no se metía, además se tenían tanta confianza desde hacía más de veinte años que no les molestaba al matrimonio mostrarse tal cual son frente a él.

—Ya que hablamos de talento… — El antiguo príncipe esquiva a su esposa y busca cambiar de tema. — ¿Cómo les está yendo en sus estudios a tus hijos?

—Sora es muy listo, heredará el título de barón sin problemas, lo suyo son los números; es bueno en la espada al menos para defenderse, sin embargo le da un poco de miedo la sangre. — Comienza a explicar mientras otros sirvientes llevaban té genuino de Xing y bocadillos, Kirinji tomo uno y lo comió de un bocado. — Orihime y Rena, ambas son buenas cualquiera de ellas podrá tomar mi lugar en la clínica del pueblo, pero la mas talentosa en el campo medico es Orihime, acaba de crear un nuevo fármaco aunque aún está en etapa de pruebas. Y Rena es de los tres la más talentosa de la espada, aunque le falta entrenamiento y por eso su hermana le gana de vez en cuando.

—Recuerdo cuando vi a Orihime la primera vez. — El hombre recordó a una pequeña pelinaranja de seis años, era tan adorable que deseaba pellizcarle las mejillas. — Parecía un bebé pollito siguiéndote a todos lados… jajajajaja. — Se río ruidosamente. — Era muy pequeña pero ya es ahora toda una señorita, tiene un futuro brillante.

—Eso espero.

—Ahora que lo pienso, me dio una medicina para mis dolores musculares y sirvió bastante bien, como una digna hija tuya.

—¿Dolores musculares? No me dijiste nada de eso.

No podía ser… ¿Verdad?

—Era un ungüento muy bueno, olía a sándalo y el simple olor también me ayudó a relajarme un poco; creo que la llamo blemox.

—¿Blemox…? Ah sí, ya tiene un tiempo que la hicimos; se receta cuando hay mucho dolor o no se tolera. —La ceja de Kirinji tembló un poco, mejor no decirle que su hija lo había usado de conejillo de indias para su medicina… porque él también lo había hecho con un medicamento para los dolores del pecho.

—Doctor ¿Ha considerado enviar a su hija a una escuela especializada?

—He pensado en enviarla a la academia Piat. — Calló un momento mientras veía su reflejo en el té verde. — Pero no estoy seguro aún, solo es una posibilidad.

—¿No era la academia Piat bastante reconocida en el imperio de Karakura? —Pregunto el Huang Ji interesado. — ¿Porque dudas?

—La academia es buena en lo que se refiere a economía y política como tal, pero no estoy seguro si podrá sacar a la luz todo el potencial de Orihime. — Responde con seriedad. — Principalmente la usan los nobles y aristócratas del imperio para hacer conexiones, pero mi hija no está interesada en eso.

—¿Y entonces que hará?

—Me costará un poco más de trabajo pero he pensado mandarla a Londo, puede estudiar ahí con libertad en la academia Frederick y obtendrá más conocimientos; hay grandes médicos y avances en ese país en cuanto a tratamientos, aunque a ella le gusta más le medicina tradicional como la que manejan en Xing.

—Mmm. — Huang Ji cerró los ojos un momento y tras meditarlo reaccionó repentinamente, sorprendiendo al barón y su esposa. — ¿Y qué te parece la real academia estelar de Xing?

Un pesado silencio inundó la habitación hasta que el barón se decidió a hablar.

—Debes estar bromeando ¿Cierto?

—Lo digo muy en serio.

—¿No era extremadamente difícil tan solo pasar el examen de ingreso?

—Puedo darle una excelente recomendación a la pequeña Orihime, con el tiempo que la conozco y las habilidades que le has enseñado debería ser fácil ¿Acaso dudas de su capacidad?

—Por supuesto que no.

—Entonces acéptala, aunque ya no esté en Xing aún tengo bastantes influencias y puedo mover algunos hilos para que apruebe.

—Mi Orihime no aceptaría pasar con influencias, lo más probable es que desee tomar el examen de ingreso.

—¿Entonces lo aceptaras?

—¿Hay algún motivo por el que me ofrezcas esto?

—Ninguno. — Respondió con sinceridad. — Me salvaste la vida en varias ocasiones, lo mínimo que puedo hacer es darte eso.

—Si recuerdas que me pagas por tu tratamiento ¿verdad?

—Jajajajaja, por supuesto. Pero sabes que me refiero a la primera vez que nos conocimos.

Kirinji recordó cuando era joven, apenas había terminado sus estudios y viajaba a Port Tildan cuando había visto a un joven Huang flotando en el río con varias flechas tras su espalda y una herida fatal que cruzaba desde su hombro hasta su abdomen. Había sido un milagro que no hubiese muerto, lo había rescatado del río y curado sus heridas durante dos días y dos noches enteras; cuando recobro la consciencia y se recuperó un par de días más tarde ambos se encaminaron al puerto juntos y habían terminado entablando una gran amistad, al punto que cuando el tercer príncipe se mudó a Green Valley logro contactarlo nuevamente para solicitar sus servicios como médico de cabecera.

—No estoy seguro, debo hablarlo con ella.

—¡Bien! El examen tomara lugar en invierno, tienen tiempo para pensarlo ¿De acuerdo?

—Está bien. –Sonrió tenuemente.

La sirvienta que la señora Mei había enviado a su habitación regresaba cargando dos cajas de fina porcelana, la mujer tomo las cajas y se las ofreció al barón Inoue.

—Espero que puedas aceptar esto, son para tus hijas que pronto debutarán. Pensaba dárselos en otro momento, pero creo que esta es la ocasión perfecta.

—Se los haré llegar con gusto. — Agradece respetuoso.

Éste abrió las cajas dejando ver dos hermosos accesorios para el cabello, una de las mencionadas era una horquilla que tenía la forma de una flor de cerezo blanco y pequeñas flores de cuarzo rosa ambos con bordes de oro, tenía pedazos de jade y esmeraldas en forma de hojas y pequeñas cuentas de cristal y cuarzos blancos con dorado; mientras que la otra caja contenía un par de prendedores con forma de hojas hechas de oro y pequeñas piezas de jade y esmeraldas tallados de tal forma que simulaban ser los brotes de una flor.

—Las importe directamente de nuestra tierra, estoy segura de que les quedarán hermosas.

—Estoy infinitamente agradecido con su benevolencia.– Responde poniéndose de pie. — Se hace tarde, debo irme. — Recoge sus insumos de trabajo en un pequeño maletín pero fue detenido por la señora de la casa.

—¿A esta hora? Es tarde, pase la noche aquí doctor.

—Tengo una posada alquilada, solo debo ir al pueblo.

—Seria una deshonra dejar que se vaya así nada más, le reembolsaremos los gastos de la posada, pase la noche aquí. –Insistió su anfitrión.

—Pero es que…

—Insistimos, por favor quédese aquí hoy y mañana puede salir sin ninguna preocupación a su hogar.

—De acuerdo, agradezco su hospitalidad.

Una vez que volviera a casa, Kirinji tendría que buscar la oportunidad de hablar con Orihime y saber su opinión sobre la recomendación ofrecida a ella.


A las seis de la mañana Kirinji ya iba despertando y se ha encontrado un desayuno listo esperando. Huang Ji también se encontraba en la mesa, de seguro ha hecho un esfuerzo sobrehumano en levantarse temprano con lo mucho que odia madrugar. A él le va bien trabajar en la noche como los búhos.

Una hora después se despidieron con un abrazo de camarería, el doctor reprende una vez más al ex príncipe que respete la dieta o lo iba a encadernar, colocando a su amigo blanco de miedo porque sabe que habla en serio. Kirinji monta su caballo con el color del chocolate y emprende el camino de vuelta a Gardenium Village.

Llega a su destino con el único contratiempo de unos bandidos que se ha encargado sin dificultad, matando a uno y al resto los dejó amarrados e inconsciente frente a la comisaria del siguiente pueblo a su paso. A causa de ello, no ha llegado a la hora estimada, apareció en su casa ya a la hora del almuerzo. Por suerte había enviado una carta por medio de su halcón luego de haber dejado a los criminales.

Detiene a Willow, el caballo, frente a la casa y escucha como se abre la puerta principal en lo que se baja del semental. Ve a su hija menor corriendo hacia él sin preocuparle los tacones y levantando las faldas al llevar uno de sus vestidos bonitos que no quería manchar.

—¡Papá!— Contenta lo abraza y se deja rodear por el hombre como un oso protegiendo a su cría. — ¿Cómo ha ido tu viaje?

—Si quieres saber cómo ha sido mi hazaña contra los malhechores, solo diré que ha estado lleno de peligros y de sangre.

—Eso me huele a que estas exagerando. — Asegura su hija mayor de brazos cruzados, divertida. A diferencia de Rena, va con sus sencillos vestidos, los que no les preocupa ensuciar y de seguro se encontraba trabajando en el jardín trasero. Agarra el bolso de viaje del barón sin querer escuchar reclamos. — Bienvenido a casa papá.

—Lamento no haber llegado ayer como prometí. — Ahora sus brazos tienen rodeando a las dos por igual.

—Bienvenido a casa, señor. — Dice el joven mozo tras correr hacia allá. — ¿Me encargo de Willow?

—Sí, por favor Ron.

Padre e hijas entran a la casa, Kyoko y un par de criadas le dan la bienvenida al doctor y les aseguran que la comida se encuentra servida.

En ese momento Shutara baja por las escaleras con un vestido verde claro que le ayuda a resaltar más la belleza de sus peculiares ojos rojos; con bordados de flores pequeñas en la falda y con las mangas hasta los codos.

Las hermanas ven como, por millonésima vez desde que tienen consciencia (quizás más), el mundo desaparece en los ojos de su padre a excepción de su esposa mientras la ayuda a bajar el resto de los peldaños y la besa en la mejilla. Rena suspira, soñadora, quizás pensando que añora encontrar buena suerte en su primer debut como sus padres. Sin embargo, Orihime suspira por un motivo diferente… porque lo que tiene frente a sus ojos ya lo vive.

—Lamento haberme atrasado.

—Más te vale querido. — Ahora es su turno de besarlo. — Te perdono solo porque has recordado avisar.

Shutara abraza el brazo de su marido y caminan al comedor a almorzar con sus hijas atrás. Ellas se miraron, cómplices de lo que pasa con sus padres.


Claro que lo meloso no le ha quitado la rudeza a su padre de hacerlas trabajar hasta su límite con la espada.

Desnuda Orihime entra a la tina, quejándose al comienzo del contacto de sus heridas y músculos adoloridos con el agua caliente. Mientras se va relajando y fregando el cuerpo y el cabello, nota como el agua se va tiñendo de la mugre y una pisca de sangre.

Ya que no entrenaran más por concentrarse en los vestidos, el viaje a la capital y tener el hospital listo, Kirinji se ha asegurado de que sus princesas sufrieran en el entrenamiento de la espada. Algo nada aceptado que una dama noble manejase algo violento pero tras un intento de secuestro a Rena y ella cuando eran pequeñas, Kirinji ha decidido que las reglas de género se vayan a la mierda y las entrenó para ese mundo que creen que tienen derecho de tocar y dañar a una mujer solo porque sí.

Ya limpia y vestida con pantalones holgados y una camisa, sale de su cuarto con rumbo al estudio de su padre. Al parecer quiere decirle algo que pasó en Green Valley antes de la cena.

—¿Padre?— Dice luego de tocar y abrir la puerta.

—Pasa preciosa. — Hace unos gestos con la mano, sus ojos están más concentrados en otra cosa. — Odio los números.

—Sora llega mañana, déjaselos a él y no te agobies.

—Hmm… no, sé que puedo hacer estos. — Aun así los deja a un lado, ahora mismo debe hablar con su hija o no la habría llamado. — Quería hablarte de algo... primero lo hable con tu madre y ella parece dispuesta en acatar cualquiera que sea tu decisión.

—¿Mi decisión? ¿Me dejaran quedarme en casa?— Esperanzada.

—Para nada, si yo debo sufrir allá, tú también. — Disfruta el gesto malhumorado que hace su hija. — Mas bien es sobre tu educación.

—Iré a Londo, ¿No?

—Lo estuve pensando, aunque de verdad seria un fastidio con lo cerrados de mente que son. — Los dos hacen una mueca. — Por suerte para ti, hay otra opción.

—¿La tengo?

—En Xing. — Orihime lo ve con la boca abierta de emoción. — Huang Ji puede conseguir que te dejen hacer el examen de ingreso a la Academia Estelar.

—Q-q-... ¿De verdad? ¿La Estelar de verdad? ¿No es una broma?

—Para nada... claro, solo si aceptas. Si estás de acuerdo, ahora mismo le envió al gordinflón porfiado una carta.

—Imagino que se ha portado mal nuevamente con la dieta si lo llamas con ese apodo. — Risueña y molesta también como doctora.

—Supones bien.

—Tengo una buena forma de castigarlo por desobedecer.

—Déjalo, ya es suficiente con la pasta y el tiempo de ejercicio que le obligue a hacer. — Le resta importancia para después verla fijo, causándole un leve temblor. — No me habías dicho que probaste tu nueva medicina en Huang.

—¿…Ups? — Dice fingiendo inocencia y su padre la ve escéptico. — Muy bien, lo acepto, si lo hice… pero en mi defensa ya había pasado todas las pruebas y la probé en mi misma antes de recetarla.

—¿Por eso recientemente me habías pedido subir el nivel de tus entrenamientos?

—No hay mejor forma de hacer que me duela todo el cuerpo como una práctica contigo padre. — Lo mira llena de genuina admiración. — Y si obtenía una buena inflamación podría probar mi medicina.

—¿Hubo efectos adversos?

—Ninguno. — Dijo orgullosa.

—Bien, no estuve de acuerdo cuando me enteré, pero debo admitir que yo hice lo mismo en su momento.

—¿Lastimarte a ti mismo para probar medicinas?

—No, usar a Huang como conejillo de indias. — Admite con una sonrisa.


En Green Valley Mei servía un delicioso té verde de forma perfecta, ordenada y grácilmente cuando su esposo comienza a darse pequeños golpecitos en la oreja.

—¿Que sucede? — Lo mira sorprendida.

—Me zumban los oídos.

—¿También te has enfermando de los oídos?

—Claro que no, estaba todo perfectamente bien hasta hace un momento.

—¿No lo estás inventando para no hacer tu ejercicio más tarde? — Su mujer lo vio con sospecha.

—Claro que no. —Replica abochornado, además si se lo saltaba estaba seguro que Kirinji lo sabría y no lo dejaría en paz la próxima vez. — Creo que alguien habla mal de mí.

—¿Quién podría ser?

—¿Mis hermanos? — Murmura encogiéndose de hombros mientras sorbía el té.


—¿De verdad? Nunca habría esperado eso de ti. — Se sonrieron cómplices.

—Eso él no tiene que saberlo. — Zanja el asunto y hace un movimiento con su mano. — En fin, mandaré la respuesta para informarle que tomarás el examen de ingreso. — Alzo un pequeño sobre sellado. — Estaba seguro que dirías que si, por eso ya tenía la carta hecha.

—¡Muchas gracias padre! — Orihime no pudo evitar acercarse al barón y aferrarse a su cuello como un oso, lo que le recordó al hombre cuando está era pequeña y se sentaba con él a estudiar. — Entrar a la academia estelar de Xing es mi mayor sueño en la vida, no puedo creer que podrá cumplirse.

—Lo sé, lo sé. — Le dio unas palmadas en la cabeza como cuando tenía cuatro años. — Deberás estudiar muy duro si quieres aprobar el examen con una buena puntuación.

—Lo haré. — Lo encara con una sonrisa y Kirinji sonrío también, orgulloso de su progenie. — Juro que sacaré una nota tan alta que presumirás por años con tus amigos y pacientes.

—No lo dudo pequeño petirrojo, después de todo eres mi hija.

—¿Ya sabes a quien dejar como tú reemplazo temporal en el hospital?

—Lo he estado pensando este tiempo, creo que Ryo es el más apto para mantener la clínica funcionando.

—Yo también lo creo, dentro de tus alumnos es el más responsable y el mejor estudiante que has tenido… después de mi obviamente. — Dijo con el ego en alto.

—Mantén los pies en la tierra petirrojo. — Su padre le dio un pequeño golpe en la cabeza para llamarle la atención y Orihime saco la lengua divertida.

—Lo sé padre, aún me queda muchísimo por aprender, era solo una bromita. — Admite sacando la lengua, luego abraza otra vez el cuello de Kirinji y éste acepto la muestra de afecto. — Iré a recoger Baigon, se acaba la medicina para los dolores de cabeza y hay que dejar el stock al cien por ciento lleno.

—Te lo encargo, yo iré a dejar esta carta con Berimaru para que la entregué. — Kirinji se levanta para ir al cobertizo donde estaban sus aves mensajeras, Berimaru era el halcón más veloz que tenían y el que estaba seguro tardaría menos de un día en llegar a su destino. — ¿Tu hermana?

—Esta cubriéndome seleccionando hierbas y cortando malezas.

—Bien, iré después para enseñarles a ambas como proceder en ciertos casos de emergencia.

—Ughh. — La cara de Orihime se coloreo un poco de azul, ese día su padre iba a ser muy duro en su práctica, incluso con todo el entrenamiento de la tarde y ya acercarse la hora de la cena; suspira y se puso de pie. — Entiendo, si es todo me retiro padre. — Se inclina levemente.

—Muy bien, ten cuidado.

Orihime salió del estudio de su padre con paso elegante y se dirigió donde su hermana, quedaban doce días para irse así que todo debía estar arreglado antes de la partida; Sora había avisado que regresaría en dos días más después de lo planeado ya que al parecer les habían intentando boicotear un negocio y debía resolverlo con su tío, por lo que se debía preparar mentalmente con su hermana que estarían muy agotadas en esos días.