Capítulo 3: El Palacio.

Ichigo camina por los pasillos del palacio imperial; ser capitán de la orden del dragón negro, el principal cuerpo de combate, le obliga ir directamente con el emperador a dar sus informes y tratar asuntos concernientes en cuanto a estrategia y seguridad. Se quedó quieto frente a una enorme puerta custodiada por cuatro soldados.

—Tengo audiencia con el emperador.

—¿Capitán Kurosaki? En un momento lo anunciarán, por favor espere. — Ichigo resopla y espero fuera de la puerta como se le había dicho.

Fue cuando escuchó su nombre que pudo ingresar en la sala.

La sala real es enorme y lujosa, con varios pilares de mármol que sostenían el techo, éste estaba lleno de pinturas y hermoso domo de cristal; telas hermosas adornando el lugar y al acercarse a una ancha escalinata podía verse una preciosa silla dorada llena de piedras preciosas que resplandecían como el sol; el hombre de cabello naranja se inclina frente a la figura sentada en el trono.

—Saludó al sol del vasto imperio.

—Levante la cabeza, Lord Kurosaki. — Ichigo obedece y pudo ver al emperador.

Kaien Shiba es un hombre de unos treinta y cinco años; con una actitud madura y sería ante su pueblo, éste lo veía con una tenue sonrisa; cabello oscuro y ojos verde azulados eran sus principales características pero fuera de eso… el emperador e Ichigo eran exactamente iguales, lo que solía confundir en muchas ocasiones a los enviados de otros países.

La sangre daba miedo a veces.

—Es bueno verlo de vez en cuando capitán.

—Mis responsabilidades limitan las veces que puedo venir al palacio su majestad.

—Bien, bien… ¿Tienes algo para mí?

—Vengo a entregar mi reporte sobre la caza de los bandidos del Escorpión Carmesí.

—Ah, ese grupo. — Murmuro.

—Tenemos informes que llevaban cerca de un año entre la frontera de Aquarium y Karakura; comenzaban a expandir su grupo, pero hemos dado con su líder y atrapamos a sus miembros exitosamente.

—¿Se les ejecutó?

—Se encuentran bajo arrestó su majestad, a espera de un juicio contra sus crímenes.

—¿Ha habido bajas?

—Ninguno señor, solo algunos heridos.

—Hace más de dos años que estaban dando problemas en las zonas del este y empezaron a aumentar sus delitos, agradezco su intervención Lord Kurosaki.

—Es un honor majestad.

Kaien hizo una seña y todos los sirvientes excepto Ichigo abandonaron la sala.

—Uff, que pesado es actuar tan seriamente. — Se relajo el hombre dejándose caer en la silla.

—Eres el emperador así que debes dar una imagen digna de ti.–Ichigo comenzó a tutearlo sin vergüenza.

—¿Sabes lo agotador que es gobernar? Sonrisa aquí, sonrisa acá, dale la mano a este enviado, cenas diplomáticas… — Suelta un gruñido de agotamiento. — Moriré de exceso de trabajo un día de estos.

—No exageres.

—Ichigo ¿No quieres ser el emperador? — Ofreció Kaien con una sonrisa.

—Para nada. — Respuesta inmediata.

—Oh vamos, no es tan malo como parece.

—Entonces puedes seguir siendo el emperador sin problema alguno.

—¿Al menos puedes venir de vez en cuando para ayudarme con el papeleo?

—No quiero invocar la furia de la emperatriz.

—Mi esposa no tiene que saberlo.

—De alguna forma lo sabrá, lo sé y tú también lo sabes, así que mejor déjalo y haz tu trabajo.

—Maldición, si el tío Isshin no hubiese abdicado tú serías el que estaría aquí ¿Sabes?

—Y agradezco a los cielos por eso.

—Cualquier noble mataría por está silla ¿Entiendes eso?

—Si tan cansado estás, entonces dale la corona a algún otro noble y listo. — Dijo exasperado.

—¿Y tirar quinientas generaciones de la familia Shiba a la basura? No lo creo. — Se dejó caer en la silla perezosamente. — Además que él me mataría y luego me arrastraría del infierno nuevamente para continuar con la familia en el poder.

—Lo creo capaz, si.

—Por cierto, me llegó un pequeño rumor. — Kaien sonrío burlón, desapareciendo todo rastro de malestar. — ¿El tío te está buscando esposa?

—Algo así, me está obligando a buscar una dama para contraer nupcias.

—¿Por qué motivo?

—Hacerme la vida miserable, supongo.

—Oh vamos debe haber un buen motivo.

—No quiero responder.

—¿Tiene que ver con la herencia del título? — Se mofo, logrando que Ichigo gruñese.

—Si ya lo sabes ¿Para qué me preguntas?

—No lo sabía, solo mencioné mi sospecha en voz alta.

—Mi viejo desea hacerme la vida imposible.

—Ve el lado bueno, no se los detalles pero ya se acerca el debut de verano.

—¿Y?

—¿Quién sabe? — Se encogió de hombros. — Tal vez podrías encontrar a tu media naranja.

—¿Quién demonios encuentra el amor de su vida en un baile? — Kaien tosió levemente incomodo. — De acuerdo, tú eres la excepción, pero es ilógico decir que en un mes encontraré el amor de mi vida ¿Me entiendes?

—Pero no es descabellado. ¿Cuánto tiempo te dio de plazo tío Isshin?

—Dos años máximos.

—Creo que es tiempo suficiente para que encuentres a alguien para compartir tu vida. — Lo ánimo el gobernante. — De hecho...

—Si lo que quieres es presumir como conociste a tu esposa y la cagaste muchísimo tiempo antes de casarte olvídalo, todos sabemos la historia de pies a cabeza. — Lo interrumpió para molestia del otro.

Era de conocimiento público que el emperador Kaien había conocido a su esposa el día de su debut, cuando ella tenía quince y él diecisiete; se enamoraron a primera vista y se comprometieron rápidamente para deleite de los condes Matsuda; sin embargo no contaban que al poco tiempo los chicos cedieran a la pasión y la joven saliera embarazada lo que los obligó a adelantar drásticamente la ceremonia de bodas y esto la hizo pasar de ser Lady Miyako Matsuda a obtener legítimamente el título de princesa heredera y próxima emperatriz, puesto que en la actualidad ejercía a la perfección.

—En realidad te iba a decir que el antiguo emperador pidió que te reunieras con él. — Le dijo enfadado ¿Tanto hablaba de su esposa? Trataría de modificar eso en un futuro.

—¡¿Qué?! ¿Cómo diablos se enteró?

—Ya sabes que tiene oídos en todas partes.

—No iré, olvídalo.

—Vamos ¿Que tan malo puede ser?

—¿Irías en mi lugar?

—Por supuesto que NO.

—Prefiero entrenar todo el día a las fuerzas básicas del ejército que oír sus sermones y regaños.

—Además de sus quejas por la nuera que él deseaba.

—Le aceptaré toda la mierda que diga sobre mí, pero jamás que hable mal de mi madre.

—¿Entonces no vas a ir?

—Iré después, salgo al territorio del ducado por unos documentos de mi padre y atender un asunto en su nombre. — Se masajeó el cuello.

—El solo ir al ducado te tomara cuatro días enteros.

—Lo sé, pero volveré a tiempo para el debut de verano.

Un sirviente tocó y esto obligó a ambos a recuperar la compostura.

—Debo retirarme su majestad.

—Tenga un buen viaje Capitán Kurosaki, tenga cuidado con los bandidos en el camino.

—Tomare en cuenta sus sinceros deseos. — Ichigo se inclina levemente y se retiro de la gran sala


Gardeniun Village parece notar la partida de la familia Tenjirou ya que el día había iniciado nublado. Hisagi y Ron equipaban las maletas en dos carruaje estilo victoria que ha diseñado Kirinji para la comodidad de una familia de cinco más dos criadas y un mayordomo. El Barón ha construido esos carruajes Victoria con dos niveles, abajo iba el equipaje y arriba los pasajeros al aire libre, sin un techo al menos que desplieguen la capota. Pintadas de color rojo escarlatas con algunos detalles en oro, cuatro ruedas enormes del mismo color rojo y llevados cada uno por cinco caballos.

Sora Tenjiro era quien supervisaba el embarque. El joven de cabello negro y ojos castaños y heredero de la Casa Inoue es descubierto por sus hermanas conversando animadamente con el personal.

—¿No luce demasiado contento?— Cuestiona Rena alzando sus cejas

—A lo mejor la capitana de las tierras oeste va para allá. — Aventura Orihime con una sonrisa.

Las hermanas se echan a reír. A nadie se le hace ciego el amor que despertó en Sora hace tres años por Tierr Harribel, en ese entonces una ex heredera de conde y teniente que había ido a Gardenium por un tratamiento médico; se había lesionado en una guerra y el doctor que la había atendido recomendó que fuese en búsqueda del barón Kirinji, que con él posiblemente tuviese mayor oportunidad de recuperarse. Kirinji le había diagnosticado una mejora asegurada pero debía quedarse un año y fue una invitada de honor en la mansión Tenjirou.

Y nació el amor.

Sin embargo Sora ha tomado la decisión de dejarla ir, que hiciera la vida que ella desea antes de sugerirle una vida matrimonial.

—¿Todo está listo?— Cuestiona Shutara apareciendo con un sencillo vestido de viaje color salmón. Ideal para ir cómoda en un carruaje.

—Sora se ha encargado que fuese en tiempo record. — Bromea Rena cruzándose de brazos.

—Espléndido. — Junta sus manos. — Le avisaré a su padre... pero primero: ¿Traen sus armas? — Sus hijas se alzan las faldas y la mujer ve espadas cortas colgadas en las enaguas. — Perfecto.

Una hora después la familia Tenjiro sale de Gardenium rumbo a la Capital.

En el carruaje de adelante iban Sora, Rena, la criada de la joven y el mayordomo, quien dirige a loa caballos. En el segundo iba dirigido por Kirinji y en los asientos de arriba iban Shutara, Orihime y Kyoko.

—Aun estoy a tiempo de escaparme. — Murmura la joven.

—Ya hablamos Orihime, no me obligues amarrarte. — La susodicha pone mala cara ante la amenaza de su madre. — Saliste demasiado a tu padre.

A Kirinji le corre una descarga eléctrica ante la mirada amenazante de su esposa. Murmura una disculpa sin dejar de poner atención a los caballos.

—También tienes algo de culpa, mamá. — Cuestiona Orihime ante la mirada nerviosa de Kyoko. — Para empezar, nadie te mando a casarte con un hombre de campo.

La baronesa se echa a reír tras un prolongado silencio que hasta Kirinji se puso tenso.

Su esposa enojada nunca es bueno.

—Supongo que tienes razón, querida. ¿En qué estaba pensando al casarme con tu padre? Aparte de ser repudiada por mi familia por no aceptar al hombre que querían para mí... y tú no habrías nacido.

—Si no hubiese nacido, no estaría pasando por este infierno. — Shutara se vuelve a reír. —¿Por eso no vas mucho a la ciudad? A pesar que te gusta más que el campo.

—Oh, me gusta mi casa y no la cambiaría por nada del mundo. — Sonríe enigmática. — Pero sí, no quiero incomodar a algunos con mi presencia.

En el carruaje de adelante Rena hace una exclamación de emoción. De seguro hablando con Sora sobre los lugares que quiere ir.

—¡Y me niego a irme sin haber conquistado al menos cincuenta pretendientes!

—¡Eso no!— Responde Kirinji sobre su carruaje. —¡Quiero un comportamiento ejemplar jovencita o te envió a un convento!

—¡Mamá, dile a papá que no está siendo justo!

—Hablare con tu padre en la posada querida. — Promete Shutara.

Orihime gruñe y se pone a estudiar sus anotaciones. ¿Acaso es la única bicho raro que no quiere esas tonterías? ¿O será porque su hermana tiene razón y no le interesa por tener a Jugram en su corazón?


Tras dos días viajando, estaban a doce horas de llegar. Habrían sido unas tres horas menos de viaje pero han habido problemas en el camino como ladrones o troncos obstruyendo el paso.

Y hablando de obstáculos, encontraron otro.

Un carruaje sencillo y con una rueda rota, rodeado por gente que trataban de robarse a una joven que luchaba con uñas y dientes a pesar de las amenazas.

—¡Rena, mantén el carruaje!— Sora le da el mando y salta del carruaje con espada en mano.

—¡Espera, tú no eres bueno peleando!

Es cierto. Sabe pelear lo necesario pero de seguro un oficial es más adiestrado que el heredero Tenjiro. Lo necesario para encargarse de unos ladrones, no un pequeño ejército.

Por suerte no anda solo.

El mayordomo, Kirinji y Orihime se bajaron también a ayudar.

Sora corre hacia la joven en peligro, guiado por su honor de caballero, y la salva matando a su oponente.

—Quédese cerca de mí, señorita.

Orihime, usando un cuerpo de soporte, da un salto para esquivar un arma y ataca a dos ladrones. Se queda como apoyo de Sora y otro guardián de la joven con rasgos exóticos que mira a la joven con asombro.

Kirinji y el mayordomo estaban en primera fila, masacrando sin parar mientras Rena y Shutara estaban a la retaguardia en los carruajes, con espadas en mano listas por si deben intervenir.

Por suerte no fue necesario, los cuatro se encargaron bien de los ladrones, dejando a los poquísimos sobrevivientes amarrados. Sora envió a Barimaru con una carta a Harribel para que mandase un pelotón por ellos porque le causaban un comportamiento sospechoso. Kirinji, Rena y Orihime atendían a los heridos acompañantes de la joven agredida, quien aceptó un brebaje para calmar sus nervios, entregada por Shutara.

La joven de piel morena y cabello oscuro estuvo lloriqueando, liberando todo su mal rato ahora que se lo permitía. Y ahora se fue calmando gracias a la ayuda. Incluso las manos dejaron de temblarla.

—Muchas gracias, no sé que habría sido de mí si no hubiese aparecido.

—Es mejor no pensar en ello cuando la suerte te sonríe. — Dice Shutara acariciándole la espalda.

—Sí... — Entonces se da cuenta de algo. — Lo siento, no les he dicho mi nombre...

—No tienes que preocuparte por eso, sabemos que no fue por descortesía. — Murmura Sora viendo los daños del carruaje. — Gerald. — Viendo al mayordomo. — Podemos encargarnos de reemplazar la rueda.

—Aun así... — Toma un borde de su vestido y se inclina. — Mi nombre es Cristal DieAdelle y les estoy totalmente agradecida.

—¡Ah, la hija del barón Robert!— Masculla Kirinji. —¿Sigue teniendo ese feo bigote?

—Papá, no seas grosero. — Reprocha Orihime.

—No tienes derecho de juzgar con ese peinado raro que tienes. — Sigue Rena.

—Mi padre se encuentra bien, pero se ha retirado... ahora el conde es mi hermano Zefir. — Explica Cristal con una sonrisa melancólica. — Madre falleció y padre no lo pudo soportar.

—He escuchado algo de lo acontecido. — Dice el barón mientras se frota la barbilla. La baronesa Die Adele causó un escándalo por haberse tirado de un acantilado pero es mejor no seguir hablando de ello. — Y bueno, lady Cristal, usted se encuentra ante Kirinji Tenjirou, barón de la casa Inoue. Ella es mi hermosa esposa Shutara... y mis hijos Sora, Orihime y Rena.

—Es un placer. — Dijeron todos.

Gerald y Sora habían cambiado la rueda. Cristal había venido con su dama de compañía y el par de cocheros. Como los dos estaban heridos e incapaces de manejar a los caballos, decidieron que Sora iría con ellos a la casa de Cristal y se reunirían con la familia en el palacio. Con cuidado metieron al par en el carruaje y después la dama de compañía. Como ellos ocupan mucho espacio por tener sus heridas seguras, Cristal fue adelante con Sora. Al principio se había negado en no querer darles más problemas pero la familia Tenjirou habían ganado por mayoría y usando la lógica.

Ella les dio las gracias nuevamente y Sora prometió dejarla segura en su casa en la Capital.


El carruaje de Ichigo se detiene frente a la casa de su amiga Cristal Die Adelle. Se baja tanto él como sus amigos Sado y Renji. El heredero del ducado quería hablar tanto con ella como con su hermano para ayudarla con el asunto de Cang Du. No iba a permitir que ese canalla la ande acosando, aprovechándose de su estatus.

La puerta se abre y sale Zefir. Se veía histérico y mas apenas se da cuenta que eran ellos y no por quien esperaba.

—¿Qué pasa Zefir?— Pregunta Renji.— Tienes cara de ver a un muerto.

—Mi hermana... Cristal debió haber regresado hace tres horas.

La alarma se enciende en los caballeros, más en Sado. Ichigo cuestiona al barón por el itinerario de la joven: visita a una tía en la ciudad vecina y que regresaría a las doce en punto. Al principio no le prestó detalle ya que hay varios obstáculos y posiblemente se durmió unos minutos de más en la casa de la tía. Pero ya eran las tres y ni una señal de su parte.

Renji había enviado una carta al ejercito y no tarda en llegar una respuesta que los preocupa y alivia por igual: habían ya recibido una notificación, que un carruaje con las características de los Die Adele había sido emboscado por ladrones pero con fortuna fueron salvados por Sora Tenjirou y su padre. Un pelotón pequeño iba al lugar de los hechos ahora mismo a buscar a los criminales sobrevivientes. Lo único que decían de la hermana del nuevo barón es que estaba sana y salva.

Ya eran las cinco en cuando escuchan un carruaje detenerse frente a la casa. Zefir es el primero en salir y ve a su hermana bajar con ayuda de un hombre joven.

—Gracias a los Dioses. — Dice corriendo a ella.

—¡Zefir!— Cristal se deja abrazar y besar por él. — Si era consciente que te ibas a poner así, habría planeado un auto secuestro

—No se te ocurra bromear. — Ve a Sora, quien en vez de esperar, abría la puerta del carruaje y ayuda a la criada bajar con cuidado.

Renji y Sado ayudan a bajar a los otros dos heridos, que se habían quedado dormidos. Ichigo mira fijamente a Sora en lo que le explicaba a Zefir lo que había pasado.

—Aun no nos dice su nombre. — Dice el pelinaranja con un poco de brusquedad

—Ichigo. — Reprende Cristal. — Que tu padre ande de celestina no significa que debes ser ruin con todos.

—¿Cómo...?

—Su Excelencia. — Sora se inclina en respeto. — Soy Sora Tenjirou, heredero del barón de la Casa Inoue… entiendo también sus motivos, si un hombre desconocido llegará con alguna de mis hermanas también actuaría igual.

—Él y su familia me salvaron hermano, no sean groseros con él. — Declara Cristal firmemente.

—Se lo agradezco lord, yo… estaba nervioso porque no llegabas Cristal. — Admite Zefir mientras la abrazaba nuevamente.

—Confieso que en ese momento estaba muy asustada, pero por suerte el barón Tenjirou y su familia pasaban por ahí y me salvaron, quién sabe qué habría pasado si no estuvieran ahí.

—¿Tenjiro? No había oído hablar de esa casa familia. — Murmura Renji mientras un par de sirvientes terminaban de llevar a los heridos al interior.

—Somos nobles rurales, no somos tan conocidos, por eso no somos famosos en la capital con usted Lord Renji o su Excelencia aquí presente.

—Yo he escuchado de lord Tenjirou Kirinji, creo que era una eminencia de medicina. — Agrega Sado.

—Es correcto, no hay mejor médico que mi padre. — Dijo orgulloso el primogénito.

—Ya veo, lamento haber sido tan duro. — Lamenta Ichigo. — Cuando supimos que Cristal no llegaba, todos nos pusimos nerviosos.

—¿Cómo podría agradecer el que ayudarán a mi hermana?

—No hay problema, cualquier otra persona lo habría hecho. — Sora saco un par de frascos de su chaqueta. — Mi padre me pidió dárselos, es medicina para los heridos; que tomen una píldora por la mañana y una por la noche, también que pongan compresas frías para la inflamación por la tarde.

—Así lo haremos, muchas gracias. — Agradeció Zefir nuevamente.

—Me retiro, su excelencia, caballeros. — Sora de inclino levemente y mira alrededor. — ¿Por qué camino se va al palacio?

—¿Vas al palacio imperial? — Cuestiona el heredero a duque. — ¿Para presentar sus respetos al emperador?

—Algo así, estamos aquí para complacer un deseo de mi madre.

—Espere ¿Se irá a pie? — Pregunta Renji perplejo.

—Solo será un momento, debe haber algún distrito comercial y carruajes que pueda alquilar por aquí ¿No?

—Pero podría tardar un rato en llegar a la plaza principal para poder alquilar un carruaje que lo lleve. — Explica Ichigo señalando el camino. — Las distancias aquí son considerables y podría tardar en llegar al palacio.

—Nosotros podríamos llevarlo. — Agrega Sado.

—Aunque aún no hemos arreglado lo que vinimos a hacer aquí. — Renji pensativo.

—No se preocupen, no deseo retrasarlos, podré ir por mi cuenta. — Asegura Sora mientras mueve sus manos en negación. — No es la primera vez que camino largas distancias… mayormente por culpa de mi padre y su deseo de torturarnos entrenando.

—Zefir ¿Puedes prestarle el carruaje y un cochero al joven? — Pide su hermana. — Es lo mínimo que podemos hacer por él hijo de la familia que me salvó.

—Por supuesto. — Acepto el joven en seguida y Sora pudo notar el enorme parecido entre ambos aunque la piel de Zefir era más clara que la de Cristal.

—Insisto, no es necesario.

—Lord Sora, por favor acéptelo como forma de agradecimiento.

—Ahh… — Sora fue débil contra la mirada de Cristal que le recordaba a sus hermanas pequeñas. — De acuerdo, tomaré su oferta mi lady.

No paso mucho tiempo para que otro carruaje y un nuevo cochero aparecieran en la puerta de la mansión, Sora subió a éste para agradecer al barón DieAdelle y se retiro.

—¿Porque un barón rural iría al palacio imperial? — Pregunta Sado extrañado, mirando a Ichigo.

—No conozco todos los detalles de los invitados del emperador. — Refuto Ichigo mientras encaraba a Zefir. — Por cierto hemos venido por un pequeño asunto.

—Adelante. — Zefir entro a la mansión seguida de su hermana y los demás.

Nada más llegar al vestíbulo Cristal se disculpo e informo que se retiraría a su habitación para descansar. Los hombres asintieron, era comprensible su agotamiento después de lo vivido ese día y se la quedaron viendo desaparecer en la escalera escoltada por el mayordomo.

Cómo la mansión no era tan grande rápidamente habían llegado al estudio del joven de cabello oscuro; no era grande pero tampoco tan pequeño, era un espacio cómodo para relajarse y trabajar; había un par de sillas de piel y un pequeño sofá para algunas visitas junto con un pequeño librero con varios libros de contabilidad y documentos importantes.

—Tomen asiento. — Ofrece Zefir mientras ordenaba a su doncella llevar bebidas para los invitados. — Me sorprendió antes que vinieran aquí sin avisar ¿En qué puedo ayudarlos?

—Se trata de Cristal. — Comenzó el joven pelinaranja. — Me preocupa la solicitud de cortejo que recibió.

—Ah, eso. — Zefir resopla, su cara es clara definición de desagrado. — A mí tampoco me agrada esa obsesión que tiene por acercarse a mi hermana.

—Aunque sea un conde no hay buenos rumores a su alrededor. — Comenta un preocupado Ichigo.

—La última joven con la que se le vio no ha vuelto a mostrar su rostro en sociedad desde la fiesta del conde Urahara.

—Realmente no presto mucha atención a los chismes de los círculos sociales. — Admitió el barón.

—Bien ya todos sabemos que Cang Du es un mujeriego, la pobre chica quedó destrozada.

—¿Lo dices por experiencia? –Se burló Renji.

—No empieces. — Gruño.

—Sin ofender Zefir, él es conde y tú familia son de barones ¿En qué le beneficia cortejar a la hija menor de tu familia? –Resoplo Renji.

—Si lo supiera no estaría aquí rompiéndome la cabeza. — Respondió sarcástico. — Cuando vino estaba ansioso de pedirle una cita a Cristal. Por suerte ella recién llegaba a casa en ese momento, había ido a representarme en un pequeño banquete por el cumpleaños del Barón Cornualles y le pidió solamente esperar.

—¿Hay algún negocio en el que hayas invertido recientemente? — Pregunta Sado observando los libros de contabilidad.

—Solo uno pero no es algo a gran escala, solo importación de algodón y lino ¿Porque preguntas?

—Pensé que podría haber interés económico de por medio.

—Ese hombre es conocido por su olfato para los negocios y el poder.

—También por su gusto en las mujeres. — Comento Ichigo preocupado. — Como ya te imaginarás por lo que te hemos dicho, después de salir con varias jóvenes algunas se alejaron de la sociedad e incluso una prefirió apartarse un tiempo en el campo por los comentarios que se hacían de ella.

—No tenía conocimiento de eso. — Admitió Zefir.

—No te lo decimos para difamar al conde pero me preocupa que lastime a Cristal, después de todo ustedes son como hermanos para mí.

—Se los agradezco a los tres, sin embargo la decisión dependerá de Cristal; quisiera rechazarlo rotundamente por mi cuenta pero no puedo interferir en las decisiones de mi hermana.

—Haz lo que creas necesario, pero toma en cuenta las palabras de Ichigo, después de todo es el galán número uno de la capital. — Se río levemente Renji a lo que el heredero gruño molesto.

—¿Ya vas a empezar?

—Bueno ¿Quien conoce más a un mujeriego que otro mujeriego? — Sado y Zefir no pudieron evitar el contener la risa por tan acertadas palabras.

—En mi defensa no ando con varias al mismo tiempo como Cang Du, siempre las he respetado.

—Eso no quita que seas un mujeriego.

—No puedo rechazar la compañía de una bella dama.

—Más bien es tu pene el que no soporta estar más de dos días sin una compañera para follar.

—No sé para qué tener enemigos, ustedes son más que suficientes para joderme.

—¿Duele aceptar la verdad? — Comento Yasutora.

—Dejemos eso, no es a lo que hemos venido en primer lugar.

—Me encargaré de vigilar a Cang Du. — Hablo Renji nuevamente, dejando el lado bromista. — Tengo unos buenos amigos que son investigadores.

—¿Irás al gremio de información? — Pregunto Chad.

—Sí, es alguien en quien confío ¿Cómo tomo Cristal la solicitud del conde?

—Bueno no se veía especialmente emocionada, gano algo de tiempo pidiéndole esperar hasta su debut social en dos semanas. — El barón DieAdelle se recostó en su silla. — Y ya que acordamos que estaremos atentos al conde y hablamos del debut necesito pedirles un favor… ¿Alguno de ustedes podría escoltar a mi hermana ese día?

—¿No puedes hacerlo tú? –Pregunto Renji.

Generalmente era tradición que un familiar o en dado caso el prometido de la señorita la escoltara en su presentación social y fuera su compañero en el primer baile.

—Tengo un pequeño inconveniente que atender y puede que termine muy tarde, es un día especial para ella y no quiero arruinarlo haciendo que llegue al final, ya bastante ha sufrido con lo que pasó con nuestra madre, así que ¿Algún voluntario?

—Yo escoltare a Yuzu, lo siento.

—Yo iré con mi prometida.

—De seguro Rukia te obligó. — Ichigo se burló de su amigo.

—¡Ella no me obligo a nada! — Reprocha un enojado Renji.

—Sí, claro. — Dijeron todos al mismo tiempo.

—¿Entonces qué hare? — Murmuro Zefir. — Me niego a que entre sola en el salón de Zaye ese día

—Yo puedo escoltarla en su debut. — Se ofreció el marqués.

—¡¿De verdad?! — El joven de cabello oscuro lo veía esperanzado.

—Estoy libre ese día, no tengo nada más importante que hacer. — En realidad éste había planeado volver al marquesado Sado y arreglar algunas pequeñas disputas entre los pequeños nobles a su cargo, sin embargo esto era más importante y podría arreglar esos detalles un par de días más tarde. — Le preguntaré a Cristal si acepta.

Ichigo y Renji se vieron el uno al otro, escépticos y suspiraron cansados.

—¡Te lo agradezco Chad! No sabes cuánto me alegra que seamos amigos. — Zefir se acercó al marqués y le dio unas palmaditas en el hombro.

¡¿Es en serio?! Gritaron mentalmente Renji e Ichigo, se lo esperaban de Chad (el apodo que le decían desee niños) pero Zefir o era muy inocente o estaba en una negación interna.

—Te conoce desde que tiene memoria, no creo que haya problemas. — Dijo vigorosamente el joven mientras el marqués asentía a lo que decía el barón en ese momento.

Una vez zanjado el asunto principal decidieron tomarse un par de tragos juntos y conversar, debido a sus ocupaciones no habían tenido realmente tiempo para conversar como lo hacían en antaño, así que aprovecharían la ocasión.


Dos horas antes de aquello, el par de carruajes ingresaron por las grandes puertas e ingresaron a la capital de Karakura, Zeon era el lugar donde se movía la economía y decisiones más importantes de todo el imperio, se podía notar a la distancia el poder que transmitía con solo pararse frente al portón principal del palacio, Rena miraba fascinada todo a su alrededor, mientras que Orihime a su lado leía un libro totalmente desinteresada.

—¡Hermana mira! ¡Es la capital, la capital!

—¿Ah sí? Qué bien Rena. — Murmuro sin interés la joven de cabellos naranja rojizos, sinceramente ella necesitaba estudiar muy duro para su examen de ingreso, no tenía tiempo para perderlo en fiestas inútiles y conversaciones sin sentido.

—Mamá ¿Qué es eso? — Rena señalo un edificio.

—Posiblemente sea un gran almacén, varios nobles suelen ir a comprar su ropa y accesorios ahí.

—¡¿Esa es la plaza?! — La adolescente vio todo a su alrededor con ojos brillantes.

—Calma hija, tendrás tiempo de sobra para visitarlo todo.

—Hay tantos lugares lindos ¿Cuál debería visitar primero? — Pregunto emocionada.

—No me escucha. — Suspira el médico resignado, cuando Rena estaba tan emocionada cerraba sus oídos a cualquier cosa que no le interesará en ese momento. — Orihime, no tardaremos en llegar al palacio, deberías guardar eso.

—Avísame cuando entremos al palacio. — Murmuró, sin embargo el libro que leía le fue cruelmente arrebatado. — ¡Madre! — Exclamó molesta.

—Quiero que te comportes, harás tú debut y te comportas como una señorita mientras estemos aquí ¿Me he entendido bien?

—¡Mamá devuélvemelo! — Dijo ansiosa la joven mientras intentaba recuperar su lectura.

Shutara desvía el libro una vez más y la mira tan fijo que un escalofrió recorre la espalda de su hija mayor. Incluso la menor, siendo totalmente inocente en aquello, no puede evitar el miedo recorrerle las entrañas.

—Harás lo que digo, ¿Entendido?

—¡Estoy aquí fuera de mi voluntad!— Extiende su mano nuevamente. — Y me prometiste que esta porquería del debut no afectaría mis estudios y rutina.

—Y así será. — Asegura con voz tajante. — Pero no olvides que haz prometido tu comportamiento. — Enseña el libro. — Y que te vean al palacio más interesada leyendo que en el palacio mismo no es aceptable.

—¿Qué culpa tengo yo que la gente no le guste una doncella noble con cerebro?— Cuestiona, sin embargo guarda el libro en su bolso. Con mala cara.

Se asegura de tenerla a propósito en todo el camino... pero no le dura apenas notaron las rejas.

Las rejas del palacio es como si estuviese dividiendo un país por la mitad ya que el terreno del palacio es tan opuesto a la ciudad. Primero se encuentran con otro bosque en que no les dificulta a ningún miembro de la familia percibir a los guardias ocultos por ahí. Si sus padres no le habían informado de las tropas secretas del clan Shihouin, Orihime y Rena habría sacado sus armas con lo tensa que se sienten a causa de ellos y luego estarían en problemas.

Qué manera de empezar en el debut.

Luego de pasar el bosque personal de los Shiba, se encontraron con los jardines y a lo lejos un establecimiento que Shutara les explico que era en donde los soldados entrenaban o simplemente se juntaban los hombres a beber y comentar cosas que oídos femeninos no deben escuchar.

—Eso solo me motiva a ir disfrazada. — Comenta Orihime. No es la primera vez que se disfraza de hombre con el fin de ir a algún club o bar exclusivo.

—Qué horror. — Ironiza su hermana debido a que hace lo mismo.

Luego del jardín externo, viene el interno, donde se ve más flores, quioscos para descansar y personas, ya sean nobles o sirvientes. Algunos miraban el logo del carruaje, queriendo saber quiénes eran ellos, y la mayoría no tenia conociendo alguno al ser bastantes rurales y apartados desde lo de sus padres.

El hombre que arrebato a la nación la mujer que debió ser Emperatriz.

—Miyako ha hecho un trabajo esplendido con el jardín, se ve más alegre. — Comenta Shutara una vez percibe unas orquídeas formando un arcoíris. — Ah, mira Kirinji, todavía sigue la estatua en donde tuvimos nuestro primer beso.

—Antes que me viera rodeado de los soldados Shihouin. — Dice frotándose el cuello, como si aun sintiera el roce de la espada corta de la líder Yoruichi.

Rena y Orihime comparten una mirada, tratando de no reírse por la anécdota, imaginándose aquel evento.

—Que quede claro que a la menor provocación, yo no respondo. — Asegura Kirinji. — En especial a ese idiota de Isshin Shiba.

—Es el duque Kurosaki. — Corrige su esposa.

—Tendrá diferente nombre pero sigue siendo el mismo rufián, eso no se quita. — Ve a sus hijas. — Cuidado con su hijo, no es ni un secreto que es igual a su padre.

—Si papá. — Dijeron ellas despreocupadas de su advertencia.

¿Por qué preocuparse de cosas que jamás pasaran? Como por ejemplo, el heredero del ducado interesado en simples hijas de barones. No tiene sentido.

Los dos carruajes se detienen frente a la puerta que se les fue asignada por su rango. Y había ya tres soldados esperando... más bien escoltando a un noble de corta cabellera rubia que mueve despreocupado un abanico.

—Bienvenidos barones y bellas damas.

—¿Urahara?— Gruñe el rubio bajando del carruaje sin molestarse en usar la escalerilla a pesar de estar en el segundo piso. —¿Por qué un conde de tu categoría se molesta en recibirnos?

—¿Acaso no somos amigos?— Dice mientras el mayordomo musculoso de Gerard ayuda a las damas bajar. — Y la Emperatriz misma, junto la duquesa Kurosaki, me han pedido que los reciba y escolte a sus habitaciones.

—Para luego ir con el chisme a ellas, ¿No?

—Están ansiosas por ver a la baronesa Tenjirou. — Sonríe amablemente a la mujer. — Los años no pasan a su rostro, baronesa. Está tan bella como en nuestros años de juventud.

—Gracias conde Urahara, sigue siendo todo un caballero revoltoso. — Sus hijas no entienden el por qué de revoltoso y por qué los tres adultos se ríen por eso. — Le presento a mis hijas: la mayor es Orihime y la menor es Rena.

—¡Que bellezas! — Mueve su abanico con fuerza mientras una sonrisa burlona adorna su cara. — De seguro le reza a Dios todos los días porque no hayan heredado la cara de Kirinji. Sería un desastre para las pobres criaturas.

—¿Huh?— El barón ve a Urahara con ojos asesinos y bastante dispuesto a matarlo si Shutara no lo detenía.

—Yo si le doy las gracias. — Admite Rena en un susurro bajo que solo su hermana oye... o al menos eso cree por la mirada astuta del conde que la pone nerviosa.

—Tuve la oportunidad de conocer a su hijo mayor... Sora, ¿No?— Habla despreocupado de las intenciones del barón. —¿No ha venido?

—Ha ocurrido un ataque en el camino que lo ha obligado a desviarse. — Comenta Shutara. — Estoy bastante segura que ya sabes todo lo que paso y los detalles.

—Ah sí... fueron ustedes entonces los que salvaron a la hermana del barón DieAdelle. Eso significa que su hijo la ha escoltado.

—Sí, llegara al palacio una vez se asegure que Lady Cristal este a salvo en su casa. — Promete Shutara. —¿Puede avisarle a un guardia para que entre sin contratiempos?

—Déjelo en mis manos. — Promete haciendo una reverencia a pesar que no debería al tener una posición superior a la mujer. — Pero bueno, ya listo todas las presentaciones y sus criados ya bajaron las maletas, permítanme escoltarlos a las habitaciones que la Emperatriz eligió para ustedes.

La Emperatriz Miyako debe estimar demasiado a Shutara a pesar del escándalo de hace treinta años ya que les dieron una de las zonas privilegiadas a duques y marqueses. Son dos cuartos unidos por una puerta. En uno lo ocuparían las hermanas y sus criadas; en la otra los barones, el heredero y el mayordomo. Todo, absolutamente todo, desprendía lujo. Hasta el mantel de la mesa en donde habían dejado comida para que se dieran una merienda.

—¡La cama es tres veces más grande que la mía!— Grita Rena emocionada.

—No te vayas a perder ahí con tantas sabanas. — Bromea Orihime.

—Gracias conde Urahara. — Dice Shutara con una sonrisa. — Aun cuando se lo hayan ordenado, no debió venir.

—Al contrario, siempre es bueno reencontrarse con viejos amigos. — A pesar de sus buenas palabras, el conde se veía preocupado. — Pensé que debía saber algo.

—Si es que debemos aguantar la cara de Isshin, no te preocupes que ya lo sabemos. — Dice Kirinji en otro gruñido.

—No es eso. — El rubio cierra el abanico con un golpe poco bruto. — El Antiguo Emperador vendrá también.

Las hermanas notan como la noticia afecta a sus padres al abrir sus ojos en asombro. Ellas se preocupan, saben lo que esa noticia puede afectarles considerando que ese hombre había comprometido a su madre con Isshin y había pegado el grito al cielo en cuando su hijo dejó a Shutara días antes de la boda por Masaki, arruinando su reputación, y luego salió ella con su compromiso con Kirinji.

Todo un espectáculo digno de una novela.

Los barones dan las gracias una vez más y Urahara se retira no sin antes de dar otra reverencia.

—No quiero verlo, definitivamente no quiero verlo para nada. — Exclamo el barón con una gran vena en su cabeza. — ¿No estaba retirado en las montañas del este desde hace 15 años?

—Algo así había oído, sin embargo él está en su derecho de ir y venir como le plazca en el palacio imperial.

—Si pudiera le daría una patada para enviarlo al otro lado del planeta. — Murmuro enojado.

—¿Y que después te ejecuten por atacar a la realeza dejando a tu mujer e hijos indefensos? — Shutara arqueó una ceja divertida.

—Precisamente por eso no lo hago. — Resopla Kirinji, a pesar de todo era un hombre analítico que pensaba y meditaba lo que hacía y las consecuencias que traerían sus acciones.

—¿Y cómo es el antiguo emperador? — Pregunta Rena curiosa mientras abrazaba una esponjosa almohada.

—Un viejo sin escrúpulos y manipulador. — Gruñe su padre.

—Es el abuelo del actual emperador, el que impulso el gobierno y extendió el país hacia el sur tomando tres grandes países para anexarlos a Karakura.

—¿El país de mamá no estaba al sur?¿También lo conquistaron?

—Okken es un país aliado a Karakura y con buenas relaciones entre las familias reales, no está anexado al imperio.

—Mmm. — Rena perdió rápidamente el interés y fue al enorme balcón que tenía una vista hermosa a los jardines reales. — ¡Mira Orihime, es hermoso!

—¿Estarán bien? — Pregunto a sus padres.

—Por supuesto, tu madre y yo ya estamos casados. El idiota de Isshin y la duquesa Kurosaki también, no hay absolutamente nada que el antiguo emperador pueda hacer al respecto. — Dijo con confianza.

Orihime sonrío suavemente y salió a hacerle compañía a su hermana, si sus padres decían que todo estaba bien entonces ella debía hacerles caso.