Capítulo 6: No solo hay victorias en las batallas.

Ichigo llega a la mansión Kurosaki y le sorprende el escándalo que hay. Al parecer Karin estaba actuando como toda una rebelde a ojos de sus padres al incendiar sus vestidos que le habían comprado para el evento y la duquesa se encuentra histérica porque no tenían tiempo para conseguir un guardarropa en poco tiempo.

Aunque no quiera, Ichigo estaba orgulloso de su hermana y discretamente le levanta el pulgar en cuando Isshin le ha comentado el incidente.

—No veo cual es el problema si no voy a participar.

—Te he dicho millones de veces que si lo harás. — Se queja Masaki.

—Karin, esto es inaceptable. — Regaña Isshin de brazos cruzados. — Sabes lo mucho que tu madre quería enviar a sus hijas a debut.

—Ya tiene a Yuzu para eso. A diferencia de mí, ella está encantada con ser una yegua bien arreglada para el mejor postor.

—¡Karin! — Sus padres se enfurecen. — ¡No estamos haciendo eso!

—¿Entonces por qué me obligan en hacer cosas que no quiero? — Apunta a su madre. — Tú me obligas a presentarme a bailes. — Su dedo va hacia su padre. — Tú me obligas a heredar el ducado cuando no lo quiero. — Y, para asombro de Ichigo, él también está sufriendo el dedo acusatorio. — Y todo esto es tu culpa por no casarte y ser un mujeriego como papá.

—¡A mí no me eches la culpa, es de ellos dos!

—¡Pues cásate de una vez! ¡No quiero ser duquesa, quiero ser oficial en el ejército, jubilarme y criar caballos! — Ve a su padre. — ¡Y haces todo esto para hacernos sufrir! ¡Porque no me quieres en el ejército ni a Ichigo dejando hijos ilegítimos por ahí cuando no tienes derecho!

—¡Suficiente Karin Kurosaki! — Isshin mostraba una cara que claramente estaba en el límite. — ¡Te vas a comportar de acuerdo a lo que digamos o…!

—¿O qué? ¿Me van a desheredar como a Ichigo? Adelante, no me importa, al menos no tendré nada con ustedes y podré hacer lo que se me venga en gana. — Se pone en pie y corre a la puerta. — ¡Váyanse todos a la mierda y déjenme en paz, no seré su yegua para la venta!

Y se encierra en su cuarto con un portazo.

—¡Karin Kurosaki, abre esa puerta! — Ordena su padre.

—¡No quiero! ¡No voy a salir de aquí jamás!

—¿Que hacemos Isshin? — Murmura Masaki con pesar.

—Si es necesario tiraré está puerta. — Exclama el duque para luego ver a la sirvienta, una silenciosa testigo. — Trae a los hombres de la caballeriza.

—Sí, duque.

—Esperen, esperen… no es necesario llegar a esos extremos. — Ichigo trata de calmar los ánimos, ya se veía la función que se armaría echando abajo la puerta.

—Karin ha estado muy quisquillosa últimamente, debe hacer lo que su padre ordena. — Dice el hombre mayor con firmeza.

—Mira, hablemos un momento ¿quieres? — Suspira Ichigo cansino de aquel drama. — Podemos usar la lógica y hablar para tratar este problema.

—Pero Ichigo… — Murmura su madre no muy convencida.

—Entiendo cómo te sientes mamá pero debemos calmarnos que exaltados no resolveremos las cosas, solo las empeoraremos. ¿Podemos hablar en otro lugar que no sea el pasillo?

—Bien, vayamos a la sala de estar. — Acepta su padre dándole la razón a ese argumento. — No llames a los capataces aún.

—Como usted ordené. — Asiente la doncella.

Los miembros de la familia bajaron al primer piso de la elegante mansión para poder hablar. Una vez que estaban cada uno en su asiente, una doncella lleva tres tazas de té con bocadillos y deja la tetera lista para después retirarse, dejando a los miembros de la familia solos.

—Antes que nada ¿Que paso? — Ichigo decide tomar la palabra.

—Ya te lo hemos dicho. — Resopla cansado Isshin masajeándose la cabeza. — Karin quemó todos los vestidos que tu madre mandó hacer para su debut.

—¿Todos? ¿Cuántos mandaste a hacer madre? — No estaba muy seguro de la moda femenina pero si mal no recordaba generalmente solo se usaba un vestido en el evento.

—Esperaba que tu hermana hiciera algo, así que mande a hacer cuatro vestidos. — La duquesa empieza con su explicación y la ceja de Ichigo tembló, un solo vestido de debutante de buena calidad costaba cerca de ocho mil a doce mil monedas de oro, y ella había pedido cuatro; bien suponía que cuando se trataba de una familia tan antigua y adinerada como los Kurosaki todo era posible. — Le mostré dos a Karin y los otros dos los oculte para tenerlos de repuesto en caso de una emergencia.

—Adivino más o menos lo que pasó. — Ichigo bebió de su tasa mientras cerraba los ojos.

—No sé cómo lo hizo, pero encontró donde guarde los otros dos vestidos y está mañana se escabulló allí, tomo los que deje en su armario y los incinero en el jardín.

Eso explicaba por qué los sirvientes estaban tan apurados en limpiar la entrada del jardín cuando llegó a la mansión, apenas y le habían hecho caso.

—Tu madre se dio cuenta por el humo, después de que el diseñador trajo el vestido de Yuzu y ya era demasiado tarde. — Isshin suelta un suspiro que libera lo agotado que el asunto lo había dejado. — Cuatro vestidos de doce mil monedas de oro a la hoguera… — Murmura frotándose los parpados. — Menos mal que somos ricos, pero esto es abuso.

—Si Karin no quiere debutar creo que deberían de respetar su opinión. — El heredera trata de defender a su hermanita.

—¿No dejar que debute a los quince? Eso es impensable. — Rechaza Masaki haciendo un gesto con la mano.

—Yo no le veo el problema, aún puede hacerlo hasta los diecisiete ¿No es así?

—¡Pero todas las damas de la familia Kurosaki han debutado a los quince!

—Siempre hay una primera vez para todo. ¿Por qué no lo dejan pasar esta vez?

—Me niego. — Dijo ella obstinadamente. — He planeado por años que mis dos hijas debuten juntas… ¡Hasta sus vestidos eran a juego!

—Ichigo, este evento solo se da una vez en la vida, es necesario que Karin atienda a sus deberes con el ducado.

—Pero ella siempre los atiende ¿No es así? — Le recuerda manteniendo la tranquilidad.

—No de la forma que debiera.

—Pero ella siempre ha ido a los bailes y las cenas en representación nuestra cuando es necesario ¿No es así? — Miro a su padre quien refunfuño por el punto del heredero.

—Solo quiero que este evento sea maravilloso para ambas, quiero que encuentren un buen marido en el futuro y sean felices. — Murmura la mujer. — Y me refiero a ambas, Karin y Yuzu.

—¿Y le han preguntado a ella?

—¿Qué? — Dijeron ambos padres al mismo tiempo.

—¿Le han preguntado a Karin que es lo que desea?

—Bien… no. — Responde el duque secamente y un poco avergonzado.

—Como yo, Karin debe tener otros planes de vida, no le podemos imponer algo que no quiera.

—Pero ella debe entender que si no logras lo que te encomendé el ducado pasará a ella.

—No le impongas esa carga viejo. — Lo llama de esa forma para hacerlo enojar. — Mi hermana aún es joven e inexperta. — Dejo la tasa sobre la mesita de centro. — No la puedes comparar conmigo, a quien desde pequeño se me dijo que sería el sucesor de la familia, y decirle de un momento a otro "Prepárate, serás la futura duquesa Kurosaki". Simplemente no tiene sentido.

—Supongo que nos pasamos un poco. — Admitió finalmente Masaki igual de avergonzada. — ¿Y entonces?

—Por el momento déjenla, si no quiere debutar no la vamos a obligar.

—Eso la va malcriar. — Dijo Isshin implacablemente.

—No, solo le están dando oportunidad de prepararse mentalmente.

—Entiendo. — La duquesa finalmente cedió. — La dejare hacer las cosas a su manera.

—Déjenme hablar con ella. — Sugiere el comandante poniéndose de pie. — Tratare de convencerla de salir de su cueva. — Dijo en broma.

—¿Quieres que vaya contigo? — Pregunto Masaki.

—No, será mejor que vaya solo.

—Bien, esperaremos aquí. — Dijo su padre seriamente.

Ichigo se encoge de hombros y salió de la sala para volver a subir a la habitación de su hermana pequeña.

—Karin. — Toco la puerta un par de veces.

—¿Qué quieres? — Se escucha la voz molesta de la morocha.

—Quiero hablar contigo ¿Me dejas pasar?

—No quiero, me niego a hablar si es de esa cosa del debut, me quedaré aquí para siempre.

—Hey, debes comer en algún momento ¿Sabes?

—No comeré.

—No sé cuánto tiempo sobrevivirás sin comida hermanita.

—Nnng. — La escucho quejarse del otro lado de la madera.

—Te traigo buenas nuevas ¿No quieres saberlas?

—¿De verdad son buenas noticias?

—Claro, déjame pasar solamente para decirte.

—Bien. — Se escucho el sonido del seguro siendo quitado y la puerta se abrió.

La habitación era muy espaciosa, con una suave y cómoda cama, una pequeña sala para pasar el rato, varios libreros repletos de libros (en la mayoría sobre crianza de caballos o sobre la milicia), un pequeño escritorio y una mesita con una silla tanto en el interior como en el pequeño balcón que daba al jardín.

Ichigo contempla a su hermana, se había quitado el vestido y lo había cambiado por pantalones y camisa de montar, reconoce que es el conjunto que le regaló hace unas semanas. Y por su ventana abierta está seguro que Karin pensaba escabullirse con la cuerda que esconde bajo el colchón y pasarse el resto del día montando lejos de los terrenos del ducado.

—¿Y bien? — Pide saber ella directamente por verlo sonreír. Se sienta en la cama e Ichigo la imita, quedando a su derecha. — Si te mandaron para probarme más vestidos no lo haré.

—Nada de eso. — Negó con un movimiento de su mano. — Logre convencerlos para que no debutes este año.

—¿De verdad? — Dijo emocionada, no la había visto tan feliz desde que le regaló una yegua y ella misma comenzó a cuidarla. Karin era una mujer de carácter fuerte e independiente que no gustaba de los típicos pasatiempos de las mujeres nobles, ella tenía otras metas.

—Sí, es verdad. — Le dijo sinceramente.

—¡Genial! — Da un salto para abrazarlo del cuello por la diferencia de altura, incluso Ichigo tiene que inclinarse. — ¡Gracias hermano!

—Sin embargo si debes debutar en algún momento, tiene máximo hasta tus diecisiete años.

—¿Qué?

—Fue la condición de mamá, ya sabes cómo es ella.

—Demonios, la quiero pero odio que me imponga lo que ella quiere. Que debo bordar, pintar, ir a reuniones… quisiera ser chico. —Dice decaída. — Te tengo envidia hermano.

—Créeme que ser hombre también tiene su lado malo. — Admite refunfuñando.

—¿Cómo el compromiso?

—Exacto.

—No es justo que nos impongan sus reglas. — Karin abraza sus piernas contra su pecho.

—Yo también lo creo así, pero tú y yo no dejaremos que salgan con la suya. — Le ofreció el puño a su hermana y ésta respondió el saludo. — Te prometo que trataré de convencer a mamá y papá que deseas ser un caballero.

—¿Lo harás por mi? ¿De verdad?

—Claro, somos hermanos, en las buenas y en las malas.

—¿Y prometes que no me lanzaras la herencia de duquesa?

—¿Qué? ¿No deseas ser duquesa y reinar? — Bromea.

—No, para nada, jamás… no me importa ayudar al ducado, pero liderarlo es distinto. — Ichigo le rodea los hombros en un abrazo. — Promete que no lo heredare.

—No te preocupes, no pienso abandonar mi herencia. — Piensa en Orihime. — Me casare tal como piden nuestros padres y me quedare con el ducado.

—Bien.

—Y… como tu hermano mayor, te voy a pedir que no vayas a cabalgar a las afueras cuando te escapes por la ventana.

—No sé de qué hablas.

—Hablo en serio, ha aumentado la delincuencia con esos criminales matando nobles y no quiero que te pillen sola. ¿Entendido? — La escucha maldecir y sonríe.


En algún lugar desconocido una sombra encapuchada abre la puerta de la cabaña abandonada en el bosque y se dejó caer en la silla de madera; frente a él había un hombre de cabello largo y gran sonrisa.

—¿Terminaste el trabajo?

—Claro, sobrevivió uno pero no es importante.

—¡Imbécil! ¿No vio tu cara?

—¿Quién te crees que soy? No lo hizo. — La figura sonrío arrogante.

—Bien una parte del plan está lista. — El hombre sonrió sádicamente.

—Yo aún tengo mis dudas de porque haces todo esto.

—La curiosidad mato al gato querido amigo, hay planes que concretare dentro de poco y para eso necesitaba eliminar mucha basura.

—Bien, lo que digas. ¿Tienes mi pago?

El hombre de larga cabellera dejó caer un saco de las cuales se dejó ver varias monedas de oro.

—Cien monedas de oro, con eso concluye está parte del trabajo. — Murmura en lo que su socio recoge la ganancia. — Te llamaré más adelante, estaremos en contacto.

—Un placer hacer negocios con usted. — El hombre sonrió y salió de la habitación.

Aquel hombre de cabello largo sonríe macabramente mientras anotaba varios nombres: Kurosaki Ichigo, familia Die Adelle, familia Hyosube, familia imperial Shiba… varios otros ya estaban rayados de un árbol de nombres.

—Pronto voy a reclamar lo que es mío, solo esperen. — Se río sádico, las aves que descansan en los árboles se van asustados. — Los castigaré con sangre cuando logré mi objetivo, solo serán pequeños gusanos comparados conmigo.

El ruido de un cuchillo siendo enterrado furiosamente sobre la hoja y la madera inundó la apestosa cabaña mientras la figura miraba por la ventana en dirección a Zeon.

—Muy pronto tendré mi venganza.


—¡No puedo creer esta traición! — Yuzu le grita a Karin, camina detrás de ella con los brazos estirados y manos en puño mientras la pelinegra tiene la nariz pegada en un libro. — ¡Se supone que debutamos juntas!

—No, tú eres la que quiere eso… y también eres la única traidora al no decirme lo que planeaba nuestra madre. — Yuzu se pone tensa al ser descubierta. — Tú vas a disfrutar mejor el debut sin mí, yo solo echaré caras largas y espantaré a todos los perritos falderos que quieren salir contigo.

—¡Pero Karin…!

—No insistas más o quemare tus vestidos también. — Sonríe victoriosa al conseguir su objetivo.

Las hermanas entraron al comedor privado de la familia, donde se sentaban a hablar en un espacio más íntimo y sin criados alrededor. Como Karin sigue enojada con sus padres, los ignora olímpicamente y se sienta al lado de Ichigo antes que Yuzu lo haga, otro castigo también para su hermana, sabiendo lo mucho que adora estar con él. Vuelve a sonreír por la cara de puchero que pone al sentarse en el sillón.

—Como te encanta lanzar los puñales. — Comenta Ichigo.

—Un soldado debe saber cuándo y cómo atacar. — Dice orgullosa, encogiéndose de hombros. — Lo que no entiendo si es por qué estamos aquí.

—Bueno… — Masaki es quien toma la palabra. — Queríamos hablarles de esto antes que se enteren por los círculos sociales.

—La verdad es que prefiero seguir con la boca cerrada. — Admite Isshin con un suspiro. — Pero con los encuentros que ha tenido Ichigo con esa familia, es mejor prevenir. No queremos que otros le anden metiendo veneno en sus cabezas.

—¿Con respecto a qué? — Pregunta Yuzu sin entender todavía lo que ocurre.

—Con nuestro pasado. — Dice Masaki tras un suspiro.

—Pero ya lo sabemos. — Responde Karin de brazos cruzados. — Papá era como mi hermano ahora pero peor y sólo se puso los pantalones cuando te conoció.

—Karin. — Dice Isshin con voz autoritaria pero su hija ni se inmuta.

—Te quiero. — Susurra Ichigo y Karin se lo agradece con un codazo leve.

—Hay más que eso. — Masaki toma aire. — Su padre estaba comprometido con una mujer… eso ya lo saben, pero nunca le dijimos su nombre: Hyosube Shutara.

Un minuto de tensión hasta que los hijos explotaron.

—¡¿El viejo estaba prometido con una Hyosube?! — Grita Karin sin creérselo. ¡¿La primera familia más poderosa de Okken sin contar a la familia real?! — ¡¿Los marqueses Hyosube mismos?!

—Sí. — Gruñe Isshin fastidiado. — Como parte de la unión de paz entre ambos reinos, la hija mayor del Rey se casó con mi hermano, quien en paz descanse, y la única hija del marquesado Hyosube se comprometió conmigo.

—¿No debería ser al revés? — Pregunta Yuzu enarcando una ceja. — Es decir, eras el mayor y heredero en ese entonces, deberías haberte casado tú con la tía.

—No sé qué arreglos hicieron, pero si no me equivoco… la familia Hyosube estaba relacionada sanguíneamente con nosotros, los Shiba, por la hermana de su abuelo Yhwach. Habrán pensado que era buena idea que tuviéramos hijos puramente Shiba en el trono.

—Entonces su padre y yo nos conocimos… y la hija del marqués conoció al barón Tenjiro. — Continua Masaki con la explicación. — Como ya saben, su abuelo no se tomó bien que Isshin cancelara su matrimonio y pedirme públicamente ser su esposa.

—¿Y Lady Shutara? — Ichigo alza una ceja.

—Bueno, sus padres no se tomaron bien que no haya peleado por Isshin y que se casara a sus espaldas con el barón. La repudiaron y exiliaron del seno familiar. No fue hasta que su hermano, el actual marques Hyosube, tomó el mando que volvieron a establecer relación. — Sonríe con tristeza. — Siempre cuidando a su hermana, para furia de su padre, le dio el dote que le correspondía si no la hubieran exiliado, incluyendo unas tierras en Okken, y Shutara se los dio a sus hijos. Al mayor el dinero y a sus hijas las tierras. Totalmente de ellas, si se casan, el marido no tiene poder de sus propiedades.

—Creo que entiendo. — Dice su hijo mayor una vez analiza la historia y las palabras de Orihime. Ve a su padre con enojo. — Estabas comprometido pero no te impidió cortejar y acostarte con otras mujeres en sus narices y humillarla.

—Tsk… — Sonrojado desvía la mirada. — No es algo de lo que me enorgullezco, pero si.

—Cerdo. — Dijeron las mellizas, una puñalada directa al corazón de su padre.

—Imagino que los barones Tenjirou no nos tienen en buena estima. — Ichigo se pregunta si su Amazona lo repudiaría sólo por ser el hijo de Isshin.

—Oh no… bueno, algo así. — Masaki se muerde el labio. — La princesa de Okken, Shutara, su tía Diana y la madre de Miyako eran excelentes amigas, casi hermanas, y me recogieron en su círculo en cuando quede varada a mi llegada en la corte… se pueden imaginar lo fatal que me sentí al enamorarme del prometido de una amiga que me abrió los brazos sin dudar. — Se encoge de hombros y respira hondo. — A lo que quiero llegar… sí, Shutara me ha perdonado, aun nos escribimos y bromeamos en las pocas veces que nos vemos. Cerramos capítulo en buenos términos. Pero… aunque tolera a su padre, obviamente no le perdona las humillaciones.

—Comprensible, yo no lo haría. — Dice Karin viendo a su padre con malos ojos.

—Acepta que sea feliz, no le importa Isshin, pero no ve importante perdonarle. Eso no significa que está resentida o algo, sólo… no quiere.

—Ya se vengó demasiado. — Recordando el año de sufrimiento que tuvo y otras "venganzas" que ha obtenido antes. — El que me tiene la cruz es el barón y yo a él… lo que queremos que entiendan es que sí, hicimos un drama que de seguro revivirá la corte en cuando la familia se presente con sus hijas, pero nosotros no queremos que les afecte o que se aparten de ellos.

—Es cosa de los padres, no de los hijos. — Sonríe. — Me haría muy feliz que se lleven tan bien con ellos como yo con Shutara. Tienen una hija de su edad. — Ve a las mellizas. — Y un hijo más o menos de tu edad, Ichigo, que ya conociste.

—¿De verdad no tenemos que cargar con la cruz de sus acciones? — Cuestiona Ichigo cruzándose de brazos.

—Claro. — Dice Isshin. — Las estupideces que cometí son mías, no tuyas.

—Bien. — Se pone en pie. — Porque quiero sacar a bailar a Lady Orihime en el debut.

Casi se ríe por la cara que pone sus hermanas y padres.


Tal como se espero al despertar, Rena estaría loca por comenzar su ritual de belleza antes de la noche.

Y sí, al caminar Orihime por el pasillo para desayunar en camisón y la encuentra corriendo hacía ella, claramente anda efusiva… pero por otra cosa.

—¡Orihime! — Le enseña la tarjeta que lleva en sus manos. — Mira quien ha venido a verte.

—¿A mí? — Estúpidamente cree que es Jugram y se odia por eso. Ya acabo, se recuerda dándose un golpecito en la sien. Toma la tarjeta y lee la elegante letra. Pone los ojos en blanco y abre la boca en asombro. — ¡¿Lord Ichigo?!

—¡Sí! — La hace girar y meterla de regreso al cuarto. — Así que quítate ese camisón de abuela y ponte un vestido más adecuado. Y rápido que madre no podrá contener más a padre.

—Vale, vale… me apuro pero ayúdame a buscar las cosas que le quería enviar a su excelencia. — Indica su baúl de trabajo.

La emoción es tan grande en Rena que acepta todo lo que le pide sin rechistar. Orihime se pone un vestido azul apenas ya que Rena la ayuda a peinarse. Se abrocha los botines mientras su hermana le coloca un lazo del mismo tono del vestido en el pelo y luego corre a buscar el perfume y echarle en el cuello.

—¡Estas preciosa! Excelente con solo cinco minutos de preparación.

—Gracias a ti. — Admite besándole la mejilla y recoge los regalos que había preparado en una pequeña canasta de mimbre.

Sale otra vez de su cuarto, yendo al saloncito y casi se ríe a carcajadas con la escena.

Ichigo estaba en un sillón, tomando el té mientras habla con Shutara pero se le nota tenso por la mirada asesina de Kirinji. El único motivo por el cual el barón no se avalanza a la yugular del hijo de su enemigo es porque su esposa la tenía bien agarrada la mano.

Bien agarrada.

Al punto que se estaba poniendo algo azul.

Oh dios, podría ver esa escena durante todo el día y no se cansaría de ello, sin embargo toma aire y se acercó a sus padres e invitado.

Ichigo al verla acercarse se puso de pie mientras no dejaba de mirarla.

—Buenos días madre, padre. —Saludo con modales exquisitos a sus progenitores. — Es un honor verlo nuevamente Su excelencia. —Encaro al heredero extendiendo su mano.

—Lady Orihime. —Ichigo se acerco a ella y toma la mano con delicadeza para besar su dorso, tal cual como un caballero de cuento de hadas. — El placer es todo mío.

—Orihime querida, el príncipe Ichigo vino aquí exclusivamente para verte. —Hablo Shutara mientras aun contenía a su padre, quien a la mínima se lanzaría a cometer homicidio. — Hace un día hermoso ¿Por qué no van a pasear afuera?

—Entiendo madre, si nos disculpan… —Orihime se inclina con elegancia y acepto, su criada Kyoko se acerca en ese momento con una sombrilla de encajes que iba a juego con su vestido.

—Mi lady, hace mucho calor tenga cuidado de no quemarse.

—Gracias Kyoko, lo tendre, despreocúpate. —Acepto la sombrilla e Ichigo le ofrece su brazo, Orihime lo acepto con una sonrisa y los jóvenes salieron al jardín.

Kirinji le hizo señas silenciosas a Kyoko para que fuese como su chaperona y ésta entendió de inmediato yendo tras Ichigo y Orihime.

Finalmente Shutara libera a Kirinji, quien veía furioso por la ventana como ambos comenzaban una pequeña caminata.

—Ese chico no me gusta nada. —Dijo enfadado.

—Cariño, nosotros somos nosotros y los jóvenes son los jóvenes. —Dijo Shutara mientras se ponía cómoda en el sofá y una sirvienta del palacio le servía una taza de té de naranja. — No puedes interferir entre ellos dos.

—Estoy seguro que ese maldito mocoso es como su padre. —Gruño el médico. —Como le haga daño a mi hija te juro que lo castro con un cuchillo al rojo vivo.

—De acuerdo querido. —Le siguió la corriente mientras la criada ponía un terrón de azúcar en la taza y se la entregaba a la dama, quien toma un sorbo y abrió los ojos sorprendida. — Este té sabe delicioso Saya, ojala pudiera llevarte a mi hogar en Gardenium Village ¿No considerarías ir con nosotros?

—Es un halago baronesa de Inoue, sin embargo debo rechazar su oferta. —Respondió amablemente la mujer con una sonrisa.

—Es una lástima, al menos lo intente. —Se rio suavemente la mujer.

—Sin embargo. —Continúo la doncella. —Tengo una sobrina que busca trabajo y podría recomendarla para usted, yo misma le enseñe a preparar el té y como servir adecuadamente a un aristócrata.

—¡Eso es perfecto! Una de mis doncellas ya es mayor y deseo que se jubile y descanse adecuadamente ¿Podrías llamarla mañana para ponerla a prueba?

—Por supuesto mi lady.

—Queridaaaaa... —Lloriqueo Kirinji lastimeramente al ver a su mujer tan tranquila y dándole por su lado.

—Calma cielo, pasara lo que tenga que pasar ¿Por qué no te bebes una taza de este delicioso té conmigo? —La dama de ojos rubí dio un sorbo a su tasa mientras su marido se resignaba.


El jardín interior era aún más hermoso que el exterior, muchas flores raras eran cuidadas ahí. Flor de iris, rosas, crisantemos, peonias. Tantas clases que era imposible recordarlas todas, las hermosas fuentes talladas artesanalmente decoraban el lugar y había un laberinto de rosas rojas para los valientes que se aventuraran a entrar.

—Lamento haber venido repentinamente, se que se debe avisar al menos tres días antes pero me quede preocupado después de lo de ayer. —Se disculpó Ichigo.

—No se preocupe su excelencia. —Le sonrió y a Ichigo le pareció que el jardín entero sonreía con ella. — Agradezco su preocupación y el apoyo que me dio, pese a que Jugram era su huésped usted se puso de mi lado, estoy agradecida por eso.

—No soporto a ese tipo de hombres, es todo. —Se justifico el caballero. — Jugar con dos mujeres no es ético ni moral.

—Mmm. —Orihime desvió la mirada incomoda.

—Me entere de lo que hizo mi padre. —Comento él, provocando un respingo en Orihime. —Realmente lamento mucho lo que hizo con su madre.

—¿Ya lo sabe? —Pregunto sorprendida.

—Me lo acaban de contar mis padres ayer. —Le dijo con sinceridad.—Hasta yo acepto que es un acto despreciable lo que él hizo. —Dijo seriamente.

—¿A pesar que usted es igual? —¡Maldición! Se le había ido la lengua y de inmediato se mordió la mejilla por dentro.

—Lady Inoue… ¿puedo llamarla Orihime? —Pregunto amable.

—Oh, claro. —Acepto a joven mordiéndose la lengua para no soltar alguna otra grosería.

—Muchas gracias. —Le sonrió. — Seré sincero Lady Orihime, quizás yo he tenido alguna relaciones, pero jamás he salido con dos damas al mismo tiempo y a ninguna le he declarado mi amor incondicional o algo así.

—Ya veo, lamento mis palabras su excelencia. —Se disculpó un poco ruborizada. — Fui inmadura.

—No se preocupe. —Levanto una mano restándole importancia. —Con el enrollo que hicieron nuestros padres, es difícil que no piense algo similar sobre mí o el por qué el Baron Kirinji quiere mandarme veinte metros bajo tierra con solo verme. —Admitió sin sentirse ofendido, a Ichigo no le molestaba que ella supiera que había tenido relaciones con otras mujeres, pero quería dejar en claro con Orihime que a cada una de ellas las respeto y jamás se enredo con una a espaldas de la otra.

—Solo es precavido. —Justifico.

—Lo comprendo, si yo tuviera hijas también tendría cuidado con un hombre así. —Tuvo que darle la razón a Lord Tenjiro y agradecer a la baronesa el detenerlo, estaba seguro que si hubiera podido le hubiera enterrado su espada en el pecho. —Pero dejando a un lado ese tema ¿no la ha molestado lord Haschwalth?

—Oh no, no. —Negó rápidamente Orihime y su mirada se entristeció un poco. —Eso ya… ya es cosa del pasado. —Sonrió amargamente.

—¿Lo quería?

—Sí. —Admitió con pesar. — Digamos que fue mi primer amor. —Ichigo no hizo comentario alguno, pero él sabía que tardaría un tiempo en superarlo, un amor no se superaba de un día a otro, era un proceso que llevaba tiempo.

Maldito fuera el heredero al condado Jugram Haschwalth.

—Y diga Lady Orihime ¿tiene algún pasatiempo?

—¿Pasatiempo? —Repitió desconcertada y se quedo un momento pensando. — Me gusta cultivarme y estudiar medicina.

—¿Medicina?

—¡Sí! Deseo ser un gran medico como mi padre. —Ichigo abrió los ojos sorprendidos, en el mundo había muy pocas mujeres médicos. — Cree que no es algo que deba hacer una mujer ¿cierto? —Entrecerró la mirada al verlo.

—No pensé eso en ningún momento. —Le dijo con sinceridad. — Solo me tomo por sorpresa ya que son pocas las mujeres que logran ser doctoras.

—Lo sé, pero lograre mi sueño.

—No lo dudo. —Le dijo con sinceridad. — De hecho no sé si cuente pero puedo entenderla.

—¿Si?

—Sí, mi hermana pequeña desea ser un caballero y al parecer mi padre se opone. —Expuso su caso. —Pero intentare mediar por ella para que pueda lograr su sueño.

—Ya veo, es usted un gran hermano. —Le sonrió sincera e Ichigo se pregunto porque no podía quitarse esa imagen de su mente. — ¡Ah, cierto! —exclama mientras buscaba algo en su cesta de mimbre. —Tome, es para usted. —Tendió la cesta, ya vacía, hacia Kyoko quien se acerco para tomarla y se alejo nuevamente unos pasos a darles intimidad.

—¿Para mí? —Se extraño.

—Es mi agradecimiento por haberme ayudado tanto ayer, no estaba en su obligación pero aun así lo hizo. —Ichigo sostiene la pequeña botella de cristal y vio el contenido viscoso y suave color lila. — Es un poderoso medicamento contra el dolor muscular, lo llamo Blemox.

—Nunca oí hablar de esa medicina antes.

—Claro que no. —Dijo inflando el pecho con orgullo. — Porque yo la hice.

—Vaya, en ese caso la usare la próxima vez cuando me lastime. —Abrió el pequeño frasco y un ligero olor a sándalo inunda su nariz. —Huele bien.

—Por supuesto, aparte del dolor, el aroma ayuda a relajar los músculos ¿verdad que soy un genio?

—Entonces soy afortunado. —La miro con dulzura. — Soy de esas pocas personas que tienen su medicina antes de que se haga tremendamente famosa.

—Exagera. —Murmura nerviosa.

—No exagero, es la verdad. Además debo decir que vine con otro propósito.

—Soy toda oídos su excelencia.

—¿Usted debutara esta noche?

—Ah… si. —Responde desganada.

—No suena muy motivada.

—En realidad yo no quería venir, no me interesaba el debut. —Confeso finalmente.

—Vaya, ya son dos.

—¿Disculpe?

—Con usted son dos las damas que conozco que no quieren debutar. —Se rio.

—¿Ah sí? ¿Yo y quien más? —No puedo evitar la curiosidad.

—Usted y mi hermana pequeña.

—Lo cierto es que yo no quería venir y perder mi tiempo, debería estar preparándome para entrar a la academia estelar de Xing en este momento.

—¿La academia estelar? ¿No era muy complicado entrar ahí?

—Sí, pero el esfuerzo valdrá la pena, ya verá que entrare.

—La apoyare desde el fondo de mi corazón. —La animo. — Y por cierto Lady Orihime ¿me haría el honor de bai…?

—¡Tío Ichigo! —Una voz los interrumpió e Ichigo maldijo internamente por la interrupción. Ambos pelinaranjas voltearon y vieron a un joven de cabellos oscuros y ojos grisáceos oscuro acercarse a ellos.

—Su alteza Hoshio, ha pasado un tiempo. —Saludo Ichigo cuando el joven de dieciocho años se detuvo frente a ellos, inmediatamente Orihime se puso recta.

—Tío, llevo un rato buscándote, necesito tu consejo. —El príncipe encaro a la acompañante del líder de los dragones negros. — Lamento mi grosería err…

—Es un honor su alteza. Orihime Tenjiro, hija del barón Tenjiro de la casa Inoue, saluda al pequeño sol del imperio. —La joven pelinaranja se inclina tomando uno de los extremos de su vestido con su mano izquierda y su mano derecha fue a su pecho, mientras que su pie derecho se flexiona suavemente hacia atrás, Kyoko por su parte se inclinó en respeto.

—¿Tenjiro?... ¡Ah! Las amistades de mi madre y abuela. —Recordó.

—Es correcto su alteza. —Noto el aire de urgencia en el muchacho y Orihime se giro hacia Ichigo. —Parece que tiene algo que atender, si me disculpa entonces me retirare primero excelencia, un honor su alteza. —Orihime se inclinó con elegancia y dio media vuelta para retirarse, Ichigo pensó que los exquisitos modales y etiqueta habían sido enseñados por su madre ya que cuando la conoció también había mostrado una cortesía y etiqueta impecable.

Hoshi seguía moviéndose nervioso, esperando que tanto la lady como su criada se mantuvieran lejos de escuchar. Ichigo nota también que no deja de mirar por todas partes, ¿Acaso ha sufrido algún ataque? Imposible, Kaien ya habría tomado cartas en el asunto y él ya habría sido avisado e ideando el plan de defensa y ataque.

—Hoshio, ¿Cuál es el problema?

—¡Necesito tu ayuda!

—Eso ya me lo dijiste, pero no me has dicho el por qué.

—Es sobre el baile de esta noche: ¿Puedes decirme como lo haces para escapar de esas salvajes?

—¿Qué salvajes?

—Esas locas que andan detrás de uno para que las elija de esposa.

Ichigo tiene un tic en la ceja, bastante dispuesto en matar al heredero al trono, no importa que sea su sobrino. ¿Le ha arruinado su oportunidad de oro por evitar a las mujeres? Maldita sea.

Respira hondo, no debe ser cruel, lo entiende. En su momento ha pasado, y sigue pasando, por ese horror de las madres o padres presentándole a sus hijas o las mismas hijas buscando alguna oportunidad. Ni siquiera en un día de lluvia puede pasar al palacio sin oír alguna sugerencia de pretendiente, ya sea directa o indirectamente. Y Hoshio, al ser el príncipe heredero, ganándole a su hermano Yashio solo por treinta segundos, tiene ofertas diez o cien veces más que Ichigo.

Deja claro que debe estar agobiado con eso, sumándole que su propia madre le anda lanzando indirectas de candidatas ejemplares.

Tampoco es que sea un santo, sabe que sus sobrinos son unos pilluelos en el pueblo o cuando salen de la ciudad, solo bastan que se ahoguen en alcohol y se frustren para volverse locos. Simplemente son unos jóvenes que quieren disfrutar la vida antes de ser atados a sus responsabilidades, en especial el hijo mayor.

—Hoshio. — Respira hondo, queriendo sacar su rabia de sí mismo. — Con lo que te encanta ser el centro de atención.

—Una cosa es ser el centro de atención en un bar y otra serlo en un baile con mi madre encima vigilando cada uno de mis movimientos.

—Entiendo el sentimiento. — Refiriéndose a su propia madre.

—Están siendo insoportables con lo de buscar una esposa, incluso mi padre.

—Porque ya tienes dieciocho… y ya sabes que él tenía esa edad cuando se casó.

—Sí, porque fue un caliente.

—¿Y tú no?

—Yo me cuido, siempre tomo tónicos a pesar que la gente imbécil dice que eso es cosa de mujeres. ¡Si son dos personas quienes tienen sexo, no una! — Ichigo se siente orgulloso de aquel joven. — Solo dime cómo escapar.

—Mira, lo importante es que no te veas que quieres escapar. Eso pone en alerta a las madres. Asegúrate de verte contento siempre y, dando la excusa que necesitas tomar ponche que siempre lo dejan pegado a la pared, te escondes en un pilar y sales por cualquiera de las puertas fingiendo que te estás arreglando algo.

—Entiendo.

—En dado caso que no puedas escapar, quédate siempre con su círculo social, para que al menos crean que te diviertes. Y…

—¡Hoshio! — Los dos pegan un respingo. — ¡¿Cómo se te ocurre salir así como así?! ¡Te dije que debes estar presentable hace veinte minutos!

—¡Tenía que hablar de algo con el tío Ichigo, mamá!

Tío y sobrino ven aparecer a la Emperatriz en persona, acompañada de tres doncellas y cinco soldados, nada contenta con lo que está pasando frente a sus ojos. De larga cabellera negra y lacia que le recogieron la mitad superior en una trenza, y ojos igual de oscuros que normalmente muestran amabilidad excepto en ese momento que hay solo enfado hacía su primogénito. Viste un vestido rojo, sencillo pero elegante y carísimo, con discreto escote circular, un detalle de trenzas doradas en la cintura y bajo el busto, y la falda poco pomposa y larga hasta los tobillos, enseñando sus zapatos dorados.

—Su Majestad. — Ichigo se inclina siguiendo el protocolo. — Gloria eterna al Escudo del Imperio.

—Oh, Ichigo… que sorpresa. — El enfado cambia rápido a cariño al verlo. — ¿Cómo has estado?

—Bien, su majestad. Gracias por sus palabras.

—Oh, no tienes que ser tan formal conmigo, somos primos políticos después de todo.

—Y es mi Emperatriz.

—¿Qué haré contigo? — Risueña, le besa la mejilla y vuelve su atención en su hijo. — Hoshio, deja de buscar la manera de escaparte y ven conmigo.

—¿Por qué tengo que ir? Los Tenjiro son tus amigos, no míos.

—Quiero que los conozcas, son importantes para mí… y quién sabe, puede que te lleves bien con el hijo mayor.

—¿Segura que es solo el hijo y no una de las hijas?

—Anda, deja de cuestionar a tu madre y vámonos. — Esquivando de forma olímpica su comentario.

—Ah, Miyako… quiero decir, Su Majestad. — Ichigo da dos pasos mientras habla y consigue la atención de su prima. — Lamento la intromisión pero… ¿Has dicho Tenjiro?

—Ah sí, se supone que las familias deben presentar su respeto a los Emperadores. Kaien y yo usaremos eso de excusa en pasar un tiempo agradable con ellos.

—¿Sería grosero de mi parte preguntarte si puedo acompañarlos?

Quizás tendría otra oportunidad de ver a Orihime y pedirle el baile.

—Me honra y sorprende tus palabras primo, pero no creo que sea buena idea. Sería incómodo para ti ya que es solo viejos amigos… ¿Qué te parece después del debut? Tus padres también se unirán para entonces… y el Antiguo Emperador, se muere por ver a la que quería de nuera y a sus hijas. — Bromea.

—Emm… — No sabía si gritar de frustración por truncarle los planes o asustarse de la idea de un cuarto en que estén él, su padre, su abuelo y el barón. — Claro… mis saludos al Emperador y a la familia Tenjiro.

Una vez solo, suelta una maldición en lo que patea una piedra.

Toma la decisión de calmar su frustración entrenando, a ver si tiene la oportunidad de usar el regalo de Orihime tras horas de calentar los músculos haciendo puré a sus soldados.


Por otro lado Orihime, ya desayunada, había decidido regresar a su habitación seguida de Kyoko solo para encontrarse a su hermana buscando desesperadamente entre sus bonitos vestidos.

—¿Sucede algo Rena?

—No sé cuál ponerme. — Admite preocupada mientras la mayor casi muere de risa al verla con una toalla en la cabeza y una mascarilla de un extraño color violeta sobre la cara, seguro alguna mascarilla que su madre habrá pedido a su padre que desarrollase para su exclusividad.

—Tienes mucha ropa, solo ponte cualquiera. — Comenta desinteresada.

—¿Cualquiera? ¡Pero saludaremos a la realeza! — Exclamo exagerada casi como si le dijera que saliese desnuda.

—No creo que se fijen mucho en la ropa.

—¡Claro que lo harán! No puedo usar algo que les ofenda o colores exagerados. — La mira muy enojada. — ¡Si no me vas a ayudar mejor no digas nada!

—Ya, ya. tranquilízate. — Murmura Orihime con un pequeño tic en su ceja, realmente su hermana pequeña había añorado mucho el hecho de ir a la ciudad y no quería arruinarlo. — Me gusta ese, no creo que sea tan llamativo, es coqueto y elegante.

—¿Tú crees?

—Por supuesto. — El hecho de que a ella le diera igual no le daba derecho de arruinar la gran oportunidad de la menor de la familia.

—¡Gracias! — Le da un abrazo teniendo cuidado con la mascarilla. — Ah, tú también deberías de cambiarte.

—¿Me veo mal? — Dando vuelta.

—Bueno, ciertamente no. Pero conociendo a mamá te va a decir que te cambies por algo más formal.

—¡Mi ropa es formal!

—Sí, para un paseo, no para saludar al emperador.

—Nnng… — Se queja lastimeramente al darle la razón a la hermana más joven. — De verdad no quiero cambiarme de nuevo.

—Al final será tu decisión. — Se encoge de hombros. — Si quieres que mamá te obligue a volver y te cambies frente a ella hasta que esté satisfecha, adelante.

—¡No quiero eso! — La frente de Orihime se tiño de azul al pensar en su madre por más de una hora esperando a que usase algo que la satisfaga, rápidamente hecho un vistazo en el armario que la servidumbre había llenado cuidadosamente hace un par de días con sus prendas y eligió uno al azar en la sección de "demasiados incómodos para el bosque". — ¿Qué opinas?

—¿No era el diseño más reciente de mamá?

—Sí, el que no quiso sacar a la venta solo para nosotras.

—Es perfecto entonces. Michiru, Kyoko ¡Contamos con ustedes! –Llamo a las doncellas.

Michiru era una de las doncellas del palacio asignada para atenderla durante su estadía, ya que los barones habían llevado solamente dos criadas con ellos y necesitarían más ayuda para sus preparativos, tanto del debut como para andar libremente en la ciudad.


En las habitaciones de los barones Tenjiro, Kirinji no para de quejarse por la incomodidad del saco a causa de limitar sus movimientos. Su esposa siempre le confecciona la ropa con el fin que tenga mayor movimiento pero igualmente le fastidia por la falta de costumbre.

Comportamiento que le ha heredado su hija mayor.

—Odio llevar tanta ropa puesta.

—Pero te encanta quitar capas de ropa. — Bromea Shutara tras aparecer del ropero con Milli, la doncella de Rena, detrás de la mujer. — En especial si la llevo yo puesta.

—Dear One, no me tientes o nos perderemos el almuerzo. — Amenaza siguiéndole con la broma sexual que con gusto ella empezó.

Shutara se ríe de aquella manera suave que calienta el corazón del hombre, quien nuevamente da gracias de haberla conocido y ser correspondido.

—Luego querido, te lo prometo.

La bella mujer toma asiento frente al espejo y Milli empieza a trabajar con el peinado de su señora, quien le daba instrucciones del perfume y maquillaje quería llevar.

Sora había abierto las puertas de la habitación con notable molestia e irritación, sus padres extrañados se voltearon a ver mutuamente ya que el joven heredero era conocido por ser muy tranquilo y pocas veces su furia era notable a ese punto, algo grave debió haber pasado.

—Desde aquí veo el humo salir de tu cabeza hijo mío. — Comenta Kirinji.

—¿Paso algo malo? — Cuestiona la baronesa. — ¿Acaso algo salió mal con la capitana Tierr?

—¿Qué?... Ah, madre. — Habla distraído mientras respiraba profundamente y la saluda con un beso en la mejilla. — No, todo salió perfecto con Tierr.

—¿Entonces?

—Me encontré con algo desagradable cuando volvíamos juntos.

—Adelante Sora, cuéntanos. — Pide su mamá tranquilamente.

Sora caminaba por una pequeña vereda con la morena de su brazo, ella se veía preciosa con ese vestido sencillo color blanco con beige de tirantes, ligeramente abierto en la falda y la chalina en sus hombros; a sus ojos era la mujer más preciosa de la tierra junto con las mujeres de su familia.

Hace un tiempo que no tenía un momento tan agradable como hoy. — Hablo la mujer con una sonrisa.

¿No tenías días libres?

Por supuesto, pero la mayoría de esos días los pasaba entrenando o sola en casa… quizás atendiendo alguna que otra reunión social. — Lo miró fijamente. — Es bueno compartir con alguien a quien aprecio después de todo.

También me alegra poder pasar un tiempo de calidad junto a ti. — Sora desvió la mirada levemente sonrojado y la morena sonrío ¡Era tan adorable! Casi quería jalarle las mejillas. — ¿Ya dieron sus respetos a la familia imperial?

No, será el día de hoy en el almuerzo.

Imagino que tu madre está emocionada.

No lo demuestra en su expresión pero sé que sí.

Me gustaría saludar a tus hermanas, también hace un tiempo que no veo a Rena y Orihime ¿Han mejorado?

Claro, estoy segura que Orihime sobrepasara a papá como médico ya que es especialmente estricto con ella.

¿Y Rena?

Ya sabes que también es talentosa, pero con lo alocada que es parece que ella quiere vivir en la capital.

¿Gardenium Village le empieza a quedar pequeño?

Ya sabes cómo es ella. — Suspiro.

La morena sonrío tenuemente cuando recordó la vez que la hizo vestirse de hombre y entrar a un bar juntas solo por diversión, por suerte Orihime y ella habían cuidado que la peliverde no se llenara de alcohol para molestia de la susodicha.

Siguieron caminando juntos, habían tenido un agradable desayuno en un bonito y lujoso restaurante y al terminar Sora le ofreció a la dama un paseo corto antes de escoltarla a su hogar; continuaron hablando lo que habían hecho ese tiempo que no se habían visto, de las pocas cartas que habían intercambiado, sus avances en cuanto a trabajo entre otros temas cuando una voz masculina llamo la atención de la pareja.

Sora. — Escucho que lo llamaban.

El susodicho se giro y frunció el ceño molesto al ver a la persona que lo llamo. Harribel lo miro sorprendida ya que ni una sola vez había visto al heredero de los Tenjiro enojado, ni siquiera cuando sus hermanas le habían tirado un cubo de agua fría encima por accidente o se metieron a su habitación a escondidas a robarle cosas en venganza.

¿Tú? — Pregunta con visible irritabilidad.

Sí… — Responde apenas su interlocutor. Jugram, futuro conde de Haschwalth, se encontraba frente a la pareja; usaba un traje azul que lo hacía ver gallardo, sin embargo se veía cansado y agotado. — Ha pasado un tiempo Sora ¿Has estado bien?

Sí, supongo que sí. — Gruño en voz baja.

Me entere que estabas tomando más y más responsabilidades ¿No has tenido problemas?

Por suerte ninguno. — Respondió cortante. — ¿Nos retiramos? — Se giro hacia Harribel con una sonrisa amable, fingiendo que Jugram no estaba ahí.

Sora…

¿Qué desea joven maestro de los Haschwalth? — Murmuro desinteresado, Harribel veía todo en silencio.

Yo… ¿Cómo… como se encuentra Orihime? — Se atrevió a preguntar.

No tiene usted ningún derecho a preguntar sobre mi familia, Lord. — Le dijo con voz mortalmente seria.

Se que estas molesto, pero si me pudiera explicar con Orihime sobre los motivos que me llevaron a esto...

Mi lord. — Lo interrumpe bruscamente. — No pienso escuchar una palabra de lo que usted diga así que ahórrese la molestia. — El veneno en la mirada de Sora caló hondo en Jugram, habían sido buenos amigos en la infancia, mejores amigos, y el hecho que el Joven Tenjiro lo tratara tan fríamente fue como una puñalada. — Lo que usted hizo no tiene perdón, no solo jugó con mi hermana sino que traiciono la confianza que la casa del Barón Tenjiro tenía en usted, en un futuro simule que no nos conocemos, ni siquiera nos dirija la palabra ya sea a mí, a mi hermana o al resto de los miembros de mi familia. — Dicho esto se alejo con Harribel, dejando a un Jugram solo quien se mordía el labio y apretaba el puño con fuerza, al punto que la sangre comenzó a teñir los adoquines de la plaza.

Por otro lado, los jóvenes ya habían caminado bastante y perdido de vista a Jugram pero mientras más avanzaban Harribel noto la cara de Sora, respiraba profundamente y tenía el ceño fruncido. Por dentro el pelinegro forcejeaba contra sus ganas de volver ahí y golpear al rubio en la cara, solo no lo hacía porque su madre la noche anterior le había pedido no actuar impulsivamente como su padre en caso de que lo viera nuevamente y que antes de ir a Zeon prometió junto con sus hermanas comportarse adecuadamente para no avergonzar a la familia.

¿Qué ha pasado ahí antes? — Pregunto la morena confundida.

Nada, solo una nimiedad. — Sonrió para ella y esta lo vio burlón.

Díselo a alguien que no te conozca pequeño tonto. Te conozco muy bien y sé que nunca actuarias así a menos que haya sido algo muy, muy malo.

De verdad es algo sin importancia. — Trata de relajar el tema.

¿No puedes decirlo? — Frunce el ceño, mitad molesta y mitad dolida. — ¿Es acaso que no confías en mi?

¡No, no es eso! — Se detuvo frente a ella y la tomó de las manos. — Churippu, a ti te confiaría mi vida si fuera necesario.

Las mejillas de la mujer se colorearon un poco y luego sonrió, algo inesperado en una persona que siempre se muestra seria ante las personas.

Hace tiempo que no oía ese apodo. — En el año que había estado en Gardenium Village Sora empezó a llamarla de esa forma cariñosa en sus últimos días de estadia y en la correspondencia. — ¿Qué significaba? Nunca me lo dijiste

Amor eterno en el lenguaje de las flores. — Admite el joven bastante sonrojado, lo que fue un golpe para el corazón de la joven rubia el cual latía sin control, aunque por fuera aparentaba verse tranquila. En su momento no le dio importancia al apodo pero cuando le volvía a decir el significado de frente y sin vergüenza alguna un agradable cosquilleo salía de su estómago.

Muy bien entonces… ¿No puedes decirme que sucedió entre tú y Jugram? — Pregunto sin quitar el dedo del renglón. — Parecían tan buenos amigos la vez que estuve en tu pueblo que me parece impensable lo que acabo de ver.

Bien, te lo diré. — Acepto derrotado. — Pero no será agradable. — La invito a tomar asiento en una banca debajo de una frondosa arboleda

Rápidamente Sora le explico lo que había pasado, el tiempo que pasó Jugram con ellos cuando iba de vacaciones, el cómo cortejaba a su hermana, la traición y el show que habían provocado en el hotel Getsuga propiedad del duque Kurosaki.

¿Hizo todo eso? — Pregunto sorprendida.

Así es, imagina mi reacción ayer cuando te deje y fui a preguntar lo que pasó. — Expreso frustrado. — Quería ir a la casa de Jugram a partirle la cara y exigirle una buena explicación pero mi madre, y sorprendentemente mi padre, me detuvieron.

Nunca pensé eso de él, se veía tan serio y respetuoso

Ya ves, jugó con mi familia y humillo a mi hermana, nunca se lo perdonare.

Te entiendo, si tuviera hermanos pensaría igual que tu.

Gracias por escucharme.

Gracias a ti por decírmelo. — Se quedaron viendo un momento y Sora se puso de pie.

Te llevare a casa ¿Nos vamos mi lady? — Pregunto extendiendo su mano galantemente.

¡Ja! No soy una lady, soy una capitana del ejército imperial, pero estere encantada de volver a casa con tan buena escolta. —Tomo la mano del pelinegro y se encaminaron a la pequeña residencia de la joven

Kirinji apretaba los puños molesto.

—Ese mocoso ¿Que se cree? — Se pone de pie.

—No sé porque motivo querría hablar con Orihime pero me tuve que contener de golpearlo yo también. — Informo su primogénito.

—Querido, calma. — La voz imparcial de Shutara lo detiene en seco.

—No me pidas eso, aparte de que humilló a nuestra hija ¿Aún tiene la cara de preguntar por ella? — Los ojos del hombre y sus sentimientos como padre pedían sangre.

—Entiendo tu sentir, pero no puedes andar golpeando a todos por ahí. — Dijo con suavidad pero podía notarse el veneno en su voz. — Ya tendrá su merecido cielo, todo en esta vida se regresa, sean buenas o malas acciones, para toda acción hay una reacción.

Kirinji respira profundamente y toma asiento.

—Tienes razón querida.

—Yo jamás me equivoco. — Dijo con tono suave queriendo calmarlo. — Además cuando vea a mi niña tan bella en el debut querrá darse de golpes contra la pared. — Sonrió oscuramente mientras padre e hijo sonreían también imaginando la futura cara de Jugram.