Dos meses después.

El Imperio de Cristal amanecía esplendoroso ese día; el escudo protector del Corazón de Cristal mantenía un clima agradable en la ciudad, el sol parecía ignorar las nubes y refulgía en las brillantes paredes de los edificios y, en especial, del palacio real. El juego de luces era, en una simple palabra, espectacular, bañando la ciudad en un mar de colores y juegos cromáticos, motivo por el cual la princesa Mi Amore de Cadenza había adquirido la costumbre de despertar poco antes del amanecer.

Cadence disfrutaba de los últimos momentos de paz que iba a tener ese día desde su balcón; a su espalda, Shining Armor se removió en la cama y bostezó ruidosamente.

—Buenos días cariño —saludó somnoliento—. ¿Tan pronto y ya despierta?

Sonriendo, Cadence caminó hasta su marido y le besó en los labios.

—No entiendo cómo puedes dormir tan profundamente, Shining. Tenemos todo un reino en nuestras pezuñas.

—Exagerada. Habré dormido media hora más que tú —el fuerte unicornio blanco miró a su esposa y frunció el ceño—. ¿Estás bien? Pareces nerviosa.

—No es nada, cariño —respondió esta negando con la cabeza—. Es... creo que es el Corazón de Cristal; según parece puede comunicarse conmigo, creo que eso me está afectando un poco. Todavía no sé interpretar sus señales.

—¿No vino con un manual de instrucciones?

Riendo divertida, Cadence salió de la habitación y se dirigió al vestíbulo anexo a la misma, mientras que Shining tardó un poco en seguirla. Los dos guardias, ponis de cristal, que custodiaban la puerta saludaron a sus regentes, y uno de ellos partió a avisar al servicio de que sus Majestades habían despertado.

No pasó más de un minuto antes de que un elegante unicornio, acompañado dos asistentes y por dos doncellas entraran. El unicornio tenía el pelaje púrpura muy claro y crines naranjas, con una marca compuesta por una pluma escribiendo sobre un libro. Llevaba también un montón de papeles en las alforjas que colgaban a ambos lados de su grupa. A Shining Armor siempre le sorprendía ver que su consejero jamás perdía su elegante y delicado caminar a pesar de cargar con semejante montón de papeles.

Por su parte, las doncellas ofrecieron una silla a la reina, la cual aceptó, dejando que las diligentes yeguas empezaran a trabajar laboriosamente en la crin de la alicornio. Mientras tanto, Shining empezó a sufrir las atenciones de sus asistentes, ya que éstos tenían la tarea de escoger el vestuario del príncipe. Si por él fuera, llevaría siempre su fiel atuendo militar, pero la propia Cadence le había convencido de lo inconveniente que sería hacerlo.

—Buenos días, Zaphire —saludó Cadence.

—Buenos días, sus majestades Cadence y Shining Armor , hoy tienen una agenda apretada. Primero se abrirá la corte a las peticiones de los ciudadanos. Si mis contactos no erran en sus informes, la familia Diamond intentará de nuevo convencerles para que se les otorgue a ellos el control de las minas.

—¿En qué se basan tus contactos? —inquirió Shining Armor.

—Oh, es sencillo, los sirvientes de la casa Diamond llevan aguardando en la cola desde antes del amanecer.

Cadence emitió una risa suspirada, entre divertida y resignada.

—Ah, los Diamond —Cadence habló mientras echaba la cabeza hacia atrás y dejaba que sus doncellas le acicalaran la crin—. No sé para qué lo intentan. Ya decreté que los recursos del imperio serían gestionados por y para los ciudadanos.

—Basan su petición en unos derechos de propiedad milenarios. Estos fueron concedidos por... un momento —Zaphire rebuscó entre sus papeles— … por el gran capitán Crystal Feather, al cual se lo concedió el comandante Urgus, al cual...

—¡¿Qué?! —exclamó Shining Armor al reconocer los dos nombres— ¿De verdad están reclamando unos derechos que les concedió un subalterno del Rey Sombra? ¿Es una broma?

—Me temo que no, su majestad —aclaró Zaphire—. El Rey Sombra no llegó al poder en solitario, al contrario de lo que dice la leyenda. Su reino se basó en el terror, cierto, pero también concedió muchos privilegios a las casas nobles que le apoyaron, destruyó a las que no lo hicieron y colocó en posiciones de poder a aquellos que le sirvieron bien.

—¿Y en qué grupo están los Diamond?

—En el primero. Se sospecha, aunque no se ha podido demostrar, que fueron los mismos Diamond los que explotaron las minas durante el reinado del Rey Sombra, su Majestad.

—Deberíamos enviar a la guardia a registrar sus bienes.

—Sabes que sin pruebas es una terrible idea, mi amor —respondió Cadence con calma.

Aún enfadado, Shining Armor dejó que sus sastres siguieran con la tarea. El rey sombra, durante su reinado, instauró una sociedad esclavista en la cual sólo los nobles veían su libertad garantizada hasta cierto punto. El resto de ponis eran esclavizados sin piedad; los más afortunados eran condenados a trabajar construyendo edificios, armas, máquinas de guerra y demás, pero la mayoría eran destinados a las minas de cristal y hierro de las afueras de la ciudad. Cristal mágico que era muy preciado por su capacidad de potenciar hechizos y encantar objetos, y que el Rey Sombra se había encargado de extraer a cualquier precio.

Ese precio, normalmente, eran las vidas de sus ciudadanos. Las historias que Cadence y Shining habían escuchado de boca de algunos supervivientes a las minas eran estremecedoras: Trabajaban casi sin luz, y no recibían prácticamente agua ni comida. Derrumbamientos, emisiones de gas tóxico, partículas de cristal en el aire... Los que sobrevivieron se llevaron consigo graves secuelas tanto físicas como psicológicas. Solo habían pasado dos meses desde la expulsión del Rey Sombra, y todavía quedaba demasiado por hacer.

—Me encargaré de ello en la corte, Zaphire —sentenció Cadence—. ¿Qué más se presenta hoy?

—Hay nuevos informes de actividad criminal en varios distritos, sus majestades. Se sabe que anoche fueron saqueados varios comercios, así como al menos dos orfanatos.

—¿Qué? —exclamó Cadence, alzándose ligeramente—. ¿Por qué iban a asaltar un orfanato? ¡No tienen casi dinero!

—Tienen poco dinero y mucho que perder —explicó Shining Armor con enfado—. Ningún trabajador entregado de un orfanato arriesgaría la vida de los potros por no entregar unas pocas monedas. Son objetivos fáciles y con poco riesgo.

—Hay que poner freno a esto, Shining.

—Me encargaré.

Zaphire Assistant observó a los regentes unos segundos por si tenían alguna otra pregunta; finalmente hizo una pronunciada reverencia y se retiró.

—Ordenaré que se les prepare el desayuno, sus majestades. La corte se abrirá dentro de una hora.

Con la usual puntualidad que mostraban los horarios preparados por el consejero real, la corte fue abierta exactamente sesenta minutos después. La cola, que había empezado a formarse antes del amanecer, abarcaba cientos de metros, lo cual auguraba unas buenas tres o cuatro horas para atender a todo el mundo. Tradicionalmente, antes de que el Rey Sombra cerrara la corte pública, esta se había reservado solamente a familias nobles y a grandes burgueses. Sin embargo, Cadence dejó claro que ella recibiría todos los ciudadanos del imperio, sin importar su clase social. Así, la reina esperaba no sólo ganarse la confianza de sus súbditos, sino además conocer de primera mano las necesidades que éstos tuvieran y poder atajarlas directamente. Consideraba que debía evitar intermediarios en ciertos quehaceres, aunque ello ocupara una buena parte de su tiempo.

El imperio de Cristal tuvo, antaño, muchas casas nobles. La gran mayoría de ellas fueron erradicadas durante el reinado de Sombra, pero unas pocas sobrevivieron, y ahora ansiaban mantener o acrecentar el poder que una vez ostentaron. Desgraciadamente, Candence y Shining Armor tenían pocas posibilidades de discernir qué casas apoyaron directamente a Sombra o cuáles fingieron su sumisión para sobrevivir.

Las horas transcurrieron en la corte, mientras Cadence y Shining atendían con paciencia todo tipo de peticiones. La gran mayoría eran representantes de distintos barrios de la ciudad, pidiendo ayuda con varias cuestiones sociales y económicas. Una de las principales, actualmente, era el grandísimo número de potrillos huérfanos; aunque nadie había sabido dar con una teoría convincente sobre el objetivo que perseguía con ello, era sabido que el Rey Sombra asesinó en complejos rituales a todo potrillo que cayó en sus garras. Las familias, desesperadas, escondieron a los potros supervivientes con la esperanza de que un milagro los salvara. Hoy, habiendo sobrevivido los pequeños, quedaba el problema de proveerles un hogar. Cadence había destinado una buena parte de los recursos de la corona a acondicionar nuevos orfanatos y a crear campañas de adopción a lo largo del Imperio y de la propia Equestria. Aunque había dado buenos frutos, la corona dedicaba buena parte de los recursos en solventar esta situación.

Otro gran problema era la cantidad de ponis demasiado enfermos para trabajar. La mayor parte habían sido trabajadores en las minas, y habían adquirido una enfermedad llamada "Pulmón de Cristal". Tras unos meses aspirando polvo de las minas, los pulmones de los afectados quedaban muy dañados, impidiéndoles con el tiempo ejercer cualquier tipo de esfuerzo físico, lo cual requirió una gran inversión en tratamientos médicos y centros de acogida. Una inversión que Shining Armor no dudó en conseguir por la vía rápida: Instaurando una tasa especial a las mayores fortunas del imperio.

Evidentemente, esta imposición no sentó nada bien a las casas nobles. Aún menos cuando Shining envió a los cobradores de impuestos acompañados por la guardia real a "visitar" a aquellos que no habían pagado su parte. Shining no era, precisamente, un regente que se ganara a sus súbditos con buenas palabras y grandes muestras de afecto y preocupación, pero sí que era el encargado de hacer cumplir la ley. Esto, unido a que él mismo había dirigido a los guardias en persecución de criminales a lo largo del imperio en varias ocasiones, estaba haciendo que ganara una buena reputación rápidamente entre las clases más necesitadas de la sociedad. Pero, por desgracia, el resurgimiento del debilitado Imperio de Cristal había sido aprovechado por una gran cantidad de criminales. Como estaba demostrando la yegua que hablaba en ese momento en el centro de la corte.

—Amenazaron con dañar a los potrillos, sus majestades —explicó, afligida, la yegua de cristal. Su marca era de un biberón y una cuna—. Nos amenazaron con que si no les dábamos todo lo que tuviéramos, harían daño a los pequeños. Y yo… les di los pocos bits que teníamos, pero no les pareció suficiente.

—¿Qué ocurrió entonces? —preguntó Shining.

La yegua, cuyo rostro quedaba parcialmente cubierto por la melena, levantó la vista y descubrió el ojo. Tenía un tremendo golpe en el mismo, que lo había dejado morado y terriblemente hinchado. Por su forma de mirar y andar, los más observadores supieron que ese ojo era solo la punta del iceberg. Cadence inspiró ruidosamente, alarmada. Shining, aunque se mostró firme, apretó los dientes con fuerza, se levantó y preguntó:

—¿Quiénes fueron?¿Quiénes atacaron el orfanato?

—Eran… ponis de cristal y de tierra, y había un unicornio. No pude ver su rostro. Y… todos ocultaban sus marcas.

—¿Dijeron algo, algún nombre?¿Cualquier cosa?

—No, su majestad Shining Armor, no dijeron nada más.

Shining miró a su esposa durante un momento. A pesar de que antes se sobresaltó, ahora volvía a mostrarse con su porte de reina bondadosa. Pero Shining la conocía: estaba temblando por dentro. Ella no podía concebir que alguien fuera tan cruel de atacar a una yegua cuyo único delito fue cuidar de treinta potrillos en un orfanato. Por desgracia, en todos sus años en la guardia, Shining había aprendido cuán bajo podían caer algunos ponis en ocasiones.

—Clarisse —ordenó Cadence dirigiéndose a una de sus doncellas—, por favor acompaña a esta joven al médico de palacio. Que se envíe también la ayuda que sea necesaria al orfanato.

—¡Capitán! —exclamó Shining Armor. Un poni de cristal embutido en una armadura, aparentemente hecha de algún tipo de diamante, se cuadró frente al rey—. Envíe un escuadrón al Barrio de Cuarzo inmediatamente y refuerce la seguridad. Tome las medidas necesarias para que este hecho no se repita. Quiero patrullas cerca de todos los orfanatos instauradas a partir de esta misma noche.

—Así se hará, mi rey.

El sargento se retiró, mientras la joven yegua era acompañada a la enfermería del palacio de cristal. Shining miró a su esposa, la cual cerró los ojos, tratando de calmar los nervios que le había provocado la historia de la joven cuidadora. Al poco los abrió e hizo un gesto a los guardias para que dejaran pasar al siguiente solicitante.

Las enormes puertas se abrieron, y tras ellas apareció un poni de cristal ataviado en un sofisticado traje, seguido de media docena de ayudantes. Su pelaje, brillante por el influjo del Corazón de Cristal, era de color turquesa. Su crin, amarilla, iba recortada con estilo y recogida elegantemente a lo largo del cuello del semental. Shining Armor contuvo el suspiro que amenazaba con escapar de su boca: tras la tragedia expuesta por la cuidadora del orfanato, ahora les tocaba lidiar con nada menos que el líder de la casa Diamond: Noble Path.

El noble, andando con la prepotencia que da haber nacido en la familia más poderosa del Imperio de Cristal, avanzó hasta el inicio de la alfombra roja que ascendía los pocos escalones sobre los que se alzaba el trono en el que se sentaban Cadence y Shining Armor. Doblando ligeramente su pata delantera derecha hizo una reverencia: lo suficientemente pronunciada para no faltar al respeto a los regentes, pero ligeramente altiva, denotando así de forma sutil que la familia Diamond no reconocía a la corona.

—Sus majestades Mi Amore de Cadenza y Shining Armor —inició su diálogo Noble Path, con un grave y bien modulado tono de voz—, es un honor hallarme ante ustedes. Las largas horas de espera junto a los pueblerinos se han visto, sin duda, recompensadas.

—Habrá sido una espera incómoda, señor Noble Path de la familia Diamond, debo reconocerlo. En especial para sus sirvientes, los cuales llegaron antes del amanecer. Me extrañó, sin embargo, no verle con ellos, aunque supongo que un noble de su posición tendría otros asuntos entre cascos.

El noble alzó la vista, aún sonriente, sin dejar que la velada puñalada de Shining Armor le afectara. El rey despreciaba a los nobles que proferían quejas insulsas cuando sus sirvientes les procuraban una vida sencilla, especialmente si esas quejas iban destinadas a atacar las resoluciones de Cadence. Fue ésta la que, con una cordial sonrisa, puso fin a la situación.

—Las esperas son largas, sir Noble Path. Sin embargo es necesario que la corona conozca de primera mano las necesidades del pueblo, especialmente tras haber pasado un periodo tan terrible como el reinado del Rey Sombra —la reina guardó unos segundos de silencio, antes de lanzar la pregunta que hacía a todo aquel que se personaba en la corte, sin alterar ni una sola palabra en la misma—. Dígame, ¿en qué podemos ayudarle?

El noble miró a la reina y, en un ensayadísimo gesto, hizo una reverencia a la vez que empezaba su larga petición.

—Agradezco a su majestad la atención. Comparezco ante ustedes en virtud del beneficio y la prosperidad del Imperio de Cristal. Libre ya de la, ah, tiranía, del Rey Sombra, ustedes han emprendido el camino para retornar este Imperio a su auténtico esplendor.

Cadence no mostró cambio alguno en su afable expresión mientras hablaba Noble Path. Pero sí que notó la sutil ironía con la que éste se refirió a la tiranía de Sombra.

—Pero no puedo evitar observar ciertos aspectos erróneos en su gestión, su excelencia. Seamos sensatos: no sólo de buenas intenciones se puede reflotar la economía de toda una nación. Desde siempre, el mayor motor económico del imperio ha sido la exportación de cristal de las minas. Y, aunque la corona, con sabiduría, ha dedicado recursos a reabastecer y renovar el material de minería, a la par que mejorar las condiciones de trabajo de los mineros, obviar ciertos deslices en la gestión de pérdidas y beneficios podría llevar al fracaso vuestra empresa, majestad.

—Espero, señor Noble Path, que dicha afirmación venga sustentada por un estudio fehaciente. Hay muchos ponis esperando y no es propio de una persona de su linaje hacer perder tiempo a la corona.

Cadence dedicó una disimulada mirada de reproche a su marido. Una vez más éste no sabía ocultar el desagrado que sentía por la casa Diamond. Por supuesto, el líder de la misma no se dejó amilanar. Sus ayudantes sacaron un sinfín de carteles de papel de cristal llenos de datos, gráficos, y demás parafernalia económica; y procedió a hacer un perfecto estudio económico de la gestión del gremio de mineros y comerciantes.

Ambos regentes no pudieron evitar apreciar que Noble Path parecía tener razón. Sus datos eran fehacientes y su análisis económico, en el peor de los casos, parecía correcto. Por suerte para Cadence, su consejero, Zaphire Assistant, no tardó en darse cuenta de la trampa.

—Es por ello, su majestad, que propongo que la gestión de la mina sea transferida a un comerciante con grandes dotes de organización. Sugiero, pues, que dicha gestión sea transferida a la dama Emerald Wright.

Zaphire sonrió ligeramente, mirando al suelo y negando con la cabeza.

Concluyendo su exposición, el noble plegó el ornamentado palo que había usado para ir señalando los distintos esquemas. Shining se sorprendió, ¿de verdad Noble Path no había señalado a un miembro de su propia familia para el puesto? Cadence, por contra, esbozó una ligera sonrisa de soslayo. La dama Emerald Wright, si bien no era parte de la familia Diamond, debía su actual posición a la misma. Concederle los derechos sobre la mina a ella era concederlos, indirectamente, a la familia Diamond en sí.

Antes de que sus majestades se pronunciaran al respecto, Zaphire Assistant dio un paso al frente desde un costado del trono, con una ligera sonrisa en sus labios, e hizo una reverencia.

—Sus majestades, si ustedes lo permiten, me gustaría decir que sir Noble Path es acertado en su análisis.

Cadence un tanto sorprendida, dio permiso a Zaphire para que expusiera su argumento. Éste alzó la cabeza y, desde el lado del trono, miró alternativamente a la reina y a Noble Path mientras hablaba.

—Es imposible negar que su planteamiento inicial es perfecto, sir Noble Path. Algunos de los puntos que usted ha señalado, como las deficiencias en el proceso de refinado y almacenamiento de los nuevos cristales, ya eran conocidos por la corona. Sin embargo, aspectos como la errónea equivalencia entre los precios de venta del material, los defectos en el producto final, y la incompleta cadena de transferencia desde la mina a los comercios, sin duda, son aspectos a solucionar ipso-facto.

Shining miró incrédulo a su consejero. ¿Realmente estaba dando la razón a ese noble? ¿Cómo era posible? Estaba planteándose detener aquel sinsentido, pero una simple mirada de su esposa bastó para que el semental abandonara la idea.

—Mas debo decir que su solución me parece errónea, Noble path —continuó Zaphire—. Propone usted transferir la gestión de la mina a Emerald Wright: Una dama conocida por su elegancia, su lealtad absoluta a aquellos que la han favorecido en el pasado… y por haber llevado a la ruina a su familia, antes del alzamiento del Rey Sombra, por unas gestiones que cualquier estudiante de ciencias económicas habría detectado como… catastróficas.

—Señor Zaphire, debería usted saber que dicho evento ocurrió hace más de mil años. Si pretende usted aplicar su conocimiento a una época que usted es incapaz de comprender, le deseo buena suerte, joven.

En la sala de la corte se guardó un tenso silencio. Shining miró duramente a Noble Path, pero Cadence se mantuvo tranquila.

—Sin duda lleva usted razón, señor Path. Un joven como yo, formado en las ciencias económicas modernas no puede entender completamente el funcionamiento social y económico de hace mil años. Pero permítame hacerle una pregunta: ¿Una noble que fue incapaz de gestionar correctamente sus propios negocios hace un milenio está ahora preparada para gestionar correctamente el principal motor económico de todo un imperio?

—Majestades, debo solicitar que la información que reciba su consejero sea actualizada de inmediato. Es sabido que la ruina de la dama Emerald Wright fue causada por la desleal competencia de la casa Ruby.

Zaphire Assistant sonrió ligeramente, respondiendo con palabras lentas y bien comedidas.

—Oh, esa información debe haberse perdido. Desgraciadamente, la casa Ruby fue destruida por el Rey Sombra, en la noche de "la gran purga", como por algunos ha sido tildada. Afortunadamente, algunas casas nobles sobrevivieron a tan nefasto y terrible acontecimiento.

Por primera vez, Noble Path mostró una notable alteración en su expresión.

—¡Señor Zaphire! Le recuerdo que fueron, precísamente, los actos y sacrificios de notables miembros de mi familia los que permitieron que cientos de ciudadanos escaparan de la barbarie de Sombra. Como sir Flying Diamond, que dirigió activamente la resistencia, luchando contra las demoníacas fuerzas del rey. O Silent Whispers, cuya red de contactos permitió mantener informadas a las princesas Luna y Celestia de lo que ocurría tras los muros del Imperio de Cristal.

Hubo algunos quietos murmullos entre los asistentes a la corte, y no era para menos. La heroicidad de esos miembros de la familia Diamond era bien conocida, al haber ido estos algunos de los miembros más notables de la resistencia del imperio. Una discussión susurrada se formó entre los presentes, divididos en dos posturas opuestas respecto a la casa Diamond.

Mi Amore de Cadenza se levantó del trono y avanzó unos pasos. Los presentes guardaron silencio, y Zaphire Assistant, al ver a la Princesa de Cristal en pie, hizo una pronunciada reverencia y retrocedió a su posición inicial. La alicornio del amor inició su discurso con una voz suave y afable.

—Sir Noble Path, no dude usted que la corona respeta la memoria de aquellos que fallecieron luchando heroicamente contra las fuerzas de Sombra. Un miembro de la resistencia nos explicó, en esta misma sala, cómo Flying Diamond permaneció en retaguardia, frenando el ejército del Rey Sombra para que pudieran evacuar un grupo de refugiados. Y mi propia tía, la princesa Celestia, me contó que Silent Whispers escapó del Imperio, terriblemente malherido cuando su red de contactos cayó, para poder informarle de los planes de Sombra.

Las palabras de la princesa de Cristal tuvieron un efecto inmediato, haciendo que todos los presentes guardaran silencio.

—Son gracias a éstos y otros actos por los que las dos Princesas Alicornio pudieron poner freno a la tiranía del Rey Sombra hace mil años, a pesar de que nadie pudo anticipar la maldición que éste había conjurado sobre el Imperio de Cristal. Sir Path, sepa usted que la memoria de sus familiares será recordada, y sus actos narrados en todas las ferias de Cristal.

—Su majestad Mi amore de Cadenza, agradezco enormemente su generosidad —dijo Noble Path haciendo una reverencia.

—Volviendo al tema que le ha traído a esta corte, quiero agradecer su detallado análisis de la gestión de las minas. Son fallos que requieren de inmediata solución, sin duda, y la corona tomará las medidas necesarias para ello. Sin embargo, me veo obligada a coincidir con mi consejero: No creo que la dama Emerald Wright esté preparada para un puesto de una importancia tal como gestionar la producción y comercialización de las minas de cristal.

—Su majestad, si usted me permite…

—No obstante —le interrumpió Cadence—, ordenaré de inmediato un detallado estudio de los puntos señalados por usted. La corona agradece su servicio al imperio, sir Noble Path. Si en el futuro requiere usted de nuestra asistencia, tenga por seguro que recordaré sus actos en el día de hoy.

Noble Path permaneció quieto, sosteniendo la mirada a Cadence. Durante un breve instante, la sombra de una expresión truncada por la ira atravesó su rostro pero, finalmente, sonrió y le dedicó una ligeramente altiva reverencia a la alicornio de amor.

—Es un placer ayudar al Imperio, su majestad.

Tras ciertas formalidades, Noble Path procedió a abandonar la sala del trono. Shining y Cadence lo observaron alejarse entre su marabunta de ayudantes. Nadie estaba engañado en cuanto a lo ocurrido ahí: Los príncipes sabían perfectamente que la familia Diamond despreciaba a la corona y había apoyado activamente la dictadura del Rey Sombra. Sin embargo, no era el momento de iniciar actos contra los Diamond. Todavía no.

Con un gesto del príncipe Shining Armor, los guardias abrieron las puertas permitiendo que entrara el siguiente solicitante. Cuando éste hizo la pertinente reverencia, Shining dio permiso para que expusiera su petición con la pregunta de costumbre:

—Bienvenido a palacio. Dígame, ¿en qué podemos ayudarle?

Menos de una hora después, Noble Path llegó a la mansión de la familia Diamond. Era una inmensa construcción de cristal muy cerca del corazón de la ciudad. Sus paredes habían sido talladas por los mejores artesanos del imperio, cubriéndolas de símbolos, runas y otros ornamentos. Finas estatuas talladas en grandes bloques de esmeralda se situaban a intervalos regulares sobre el muro: la gran mayoría de ellas representaban los ancestros de la familia, todos ellos armados con lanzas y armaduras, en actitud vigilante. Un símbolo del poder de la familia Diamond: siempre alerta, siempre preparada. Un poder que se estaba viendo amenazado.

En cuanto el carruaje llegó al patio interior, Noble Path descendió y, sin dirigirse a sus súbditos, se encaminó hacia sus aposentos. La mansión era extremadamente luminosa: Aunque desde el exterior no dejaba ver el interior, lo cierto es que los muros dejaban pasar los rayos del sol con la misma facilidad que el aire. Pero aún más, accionando un simple mecanismo cualquiera era capaz de tornarlos opacos, manteniendo la casa fresca en verano. Era un arte que sólo los ponis de cristal habían logrado dominar, y no era barato: el material y la mano de obra para construir sólo una pared así podía costar cientos, sino miles de bits.

Un mayordomo salió al paso del noble e hizo una pronunciada reverencia. Sin detenerse, Noble Path se deshizo de su traje y se lo entregó.

—Informe a lady Sparkling Destiny que me hallaré en el salón de mis aposentos.

—Por supuesto, sir Noble Path.

Éste subió las escaleras y, tras recorrer un ornamentado pasillo, atravesó unas puertas dobles. Tras ellas, su salón privado le recibió: una inmaculada estancia donde dos mullidos sofás se erguían junto a la chimenea. Unos pocos muebles y cuadros decoraban el lugar: estanterías con libros por los que la propia biblioteca del imperio pagaría una millonada, una mesa de madera de importación, y dos muebles bar.

A uno de estos últimos se dirigió el noble. Escogió un "licor de cereza cristalina" y se sirvió una copa, bebiéndola lentamente tras sentarse en un diván. Poco tardó en escuchar unos pasos en el pasillo que fueron seguidos por el sonido de las puertas al abrirse. Lady Sparkling Destiny hizo acto de presencia.

La sofisticada esposa de Noble Path portaba, como siempre, un vestido que se ajustaba perfectamente a su figura. A pesar de ser una yegua ya entrada en años, mantenía un aspecto físico intachable. Su crin, de color azul oscuro, estaba recogida delicadamente sobre su frente formando un curioso y, en cierta medida, estrafalario moño. Su pelaje, brillante y ligeramente anaranjado, estaba cepillado de forma exquisita. Y su voz, cuando habló, era firme, delicada y autoritaria.

—¿Han aceptado?

—No.

Sparkling Destiny caminó con gracia a través de la estancia y se sentó en el sofá frente a su esposo. Éste bebió otro trago antes de seguir hablando.

—Zaphire Assistant se encargó de desmontar nuestro argumento. Maldito el momento en que fue designado como consejero real.

—La propia princesa Celestia recomendó al mejor para el puesto. Y no se equivocó, de eso no hay duda.

—¿No te sirves una copa, esposa? Está mal visto beber a solas.

Sin una sonrisa o gesto de conciliación alguno, la yegua miró hacia el mueble bar. Un aura turquesa lo rodeó. Pronto una botella levitó y se inclinó, llenando un vaso con su licor. Éste voló por la habitación hasta situarse frente a Sparkling Destiny, cuyo cuerno, oculto bajo el laborioso peinado, brillaba. Noble Path sonrió levemente.

—A veces olvido que eres una unicornio, Sparkling Destiny.

—No quedan muchos unicornios de cristal desde que Sombra purgó todo el imperio.

Noble Path aún recordaba el día en que recibió la orden del Rey Sombra: "Localizad a todos los unicornios y entregadlos a la guardia". Supieron en seguida que Sombra se estaba asegurando su posición en base a eliminar a cualquiera con potencial mágico en su reino. Sparkling Destiny no perdió la calma: simplemente ocultó su cuerno, hizo desaparecer a todo aquel que pudiera delatarla, y pasó desapercibida bajo el la constante vigilancia del Rey Sombra. Cuando este descubrió el engaño, la familia Diamond ya había demostrado ser fiel aliada de la oscura corona.

—Elijah pretende entregarnos —dijo la yegua con calma.

—¿A qué se debe eso?

—Según mis informadores, cree que es cuestión de tiempo el que se descubra nuestro papel durante el reinado de Sombra. Pretende protegerse entregando al resto de la familia.

—¿Elijah, precísamente? No me sorprende, siempre ha sido un bastardo capaz de cualquier cosa por protegerse —Noble Path bebió un trago entre frase y frase—. Yo mismo le vi degollar a un potrillo unicornio para probar su lealtad a Sombra.

Sparkling Destiny observó la interrogante mirada de su marido, intuyendo lo que iba a preguntar.

—Sabes que no puedo modificar su memoria. Antes del reinado de Sombra fui duelista, no mentalista.

—Eso solo nos deja una opción, entonces.

—El asesinato sólo dejaría una huella directa apuntando en nuestra dirección, esposo. Sería la excusa ideal para que Shining Armor nos investigue.

—Si no hacemos nada, nuestra familia está condenada. Si lo hacemos, también.

Ambos nobles quedaron en silencio. Sparkling Destiny removió la copa frente a ella con su magia antes de mojar delicadamente sus labios con el licor.

—Elijah no atenderá a razones —señaló la yegua—. Traicionará a la familia creyendo que así asegura su bienestar.

—Imbécil iluso. Piensa que ayudando a la corona podrá redimirse por sus crímenes, no es consciente de quién es Shinning Armor: Un guardia real por vocación. El que sea regente no cambiará jamás ese hecho.

—Estamos a tiempo huir. Podemos llegar a Cebrania, podríamos mantener parte del...

La yegua se quedó en silencio, sin escuchar a su marido preguntar llamarla. Los pelillos de su nuca y alrededor de su cuerno se erizaron; alzó la vista, confundida, pues no había visto ni oído nada. Lentamente recorrió la estancia con la mirada, y la extraña sensación se acrecentó. Pero no eran sólo los vellos de su nuca: era una vibración que empezaba en la base misma de su columna vertebral. El vaso perdió su mágico agarre y Sparkling Destiny se levantó rápidamente.

—¿Qué ocurre? —preguntó Noble Path.

—Hay magia en esta habitación.

Noble Path se levantó y se acercó a su esposa. Al ver la alarma en la cara de ésta, no dudó un instante:

—¡GUARDIAS!

Pero el grito sonó… apagado. Como si las paredes hubieran absorbido el sonido en sí.

—Guarda el aliento. Estamos dentro de un círculo de silencio.

Noble se situó tras su esposa. Aún recordaba cuando ella, siendo joven, luchaba en las justas que se celebraban en cada feria de cristal antes de la llegada del rey Sombra. O cuando ganó el torneo real de esgrima mágico. Quizá habían pasado muchos años, pero sabía que ella había mantenido su habilidad siempre a punto.

La unicornio recorrió la estancia con la mirada poco a poco. El peinado sobre su cabeza se desmoronó, mostrando su cuerno que brillaba ligeramente con un aura turquesa. La luz en la estancia se atenuó, ofuscada por un manto invisible. Y pronto incluso el propio Noble Path empezó a sentir la magia erizándole el pelaje del lomo.

Sin previo aviso, la yegua saltó y encaró una esquina de la habitación. La oscuridad se concentró en ese lugar. Sparkling Destiny se alzó sobre dos patas y, mientras golpeaba el suelo con las pezuñas delanteras, su cuerno brilló con furia. Los cristales del suelo se combaron, alzándose afiladas garras de cristal orientadas hacia adelante. Las últimas de éstas, punzantes como la mejor de las espadas, se detuvieron frente a la nube de oscuridad, apuntando a donde debería estar el cuello del poni que se ocultaba tras ella.

Una tenebrosa risa resonó en la estancia.

—Nuestros informes acerca de sus capacidades son correctos, lady Sparkling Destiny.

La oscura nube bajó, como si una invisible brisa la aplastara contra el suelo. De ella surgió el intruso: era un unicornio, negro como la noche. Sus ojos, inyectados en sangre, destilaban la furia de la locura. Su cuerno estaba retorcido, y acababa en una punta anaranjada que recordaba a una llama, y en su flanco un símbolo inconfundible destacaba: una nube retorcida en forma de espiral. El símbolo de los demonios de la oscuridad y el dolor.

Las dos afiladas puntas conjuradas por Sparkling se sostenían a pocos milímetros de la yugular del unicornio. Pero este no retrocedió un ápice, ni mostró inquietud alguna ante la amenaza de muerte que se cernía sobre él. Su sonrisa, propia de un demente, mostraba unos dientes afilados y despiadados. Aunque quizá, lo más inquietante de ese unicornio era el aura de su cuerno: negra como una noche sin luna ni estrellas.

—¿Quién eres? —pregunto Sparkling Destiny.

—Soy la respuesta a los problemas de la familia Diamond.

La voz del intruso era siniestra, violenta y raspada.

—No te atrevas a intentar engañarme —espetó Sparkling sin alzar la voz. Las dos estalagmitas de cristal crecieron unos milímetros, pegándose al cuello del intruso—. Te has infiltrado en la casa Diamond, ¿qué me impide matarte y hacerte desaparecer? Nadie sabrá que estuviste aquí.

Por toda respuesta, el oscuro unicornio rió. Una risa despreocupada, regodeándose en el miedo que inspiraba a los dos nobles, por más palabras que dijera la duelista.

—Lady Spakling Diamond, si quisiera mataros ya estaríais muertos. No he venido a acabar con vuestra vida, he venido a proponeros una… colaboración.

—¿Qué colaboración?

—La que permitirá que la familia Diamond recupere la posición que le corresponde. La que derrocará la falsa corona de la "Princesa de Cristal" y el príncipe consorte.

Noble Path se atrevió a avanzar un paso. Entendía lo que quería decir ese poni pero… no era posible.

—El Rey Sombra fue destruído. Fue asesinado por el Corazón de Cristal.

—Hay muchas cosas que desconoces, Noble Path —susurró el unicornio con una tenebrosa expresión—. Hay fuerzas más poderosas de lo que tú puedes imaginar. La corona de cristal caerá, así como todo aquel que intente apoyarla, y por eso os doy la oportunidad de escoger vuestro puesto en el nuevo orden del mundo.

Ambos nobles intercambiaron miradas durante un instante.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Sparkling Destiny.

—Tengo muchos nombres, "milady" —el unicornio acentuó la palabra con sorna—. Soy el portador de la plaga. La muerte reptante. La oscuridad de la locura. La pesadilla del mundo…

Sin previo aviso, el unicornio dio un paso al frente. Sparkling no tuvo tiempo a retirar los cristales y observó con horror cómo éstos se clavaban en el cuello del intruso... sin dañarlo. Como si fuera un espejismo hecho con sombras, las afiladas puntas lo atravesaron como si no hubiese nada ahí. Siguió avanzando hasta situarse frente a los dos nobles, los cuales no se convencieron de que era un poni de carne y hueso hasta que pudieron apreciar su antinaturalmente fría respiración en el pelaje.

—Vosotros, podéis llamarme "Hellfire". Y os recomiendo que os déis prisa en escuchar mi oferta y tomar una decisión.

—No creo que... haya necesidad de amenazar —balbuceó Noble Path.
—No es una amenaza: El Corazón de Cristal ha notado mi presencia. La guardia viene hacia aquí.

Como si hubiera sido una premonición, un crepitar mágico sonó por todo el Imperio, y la cúpula que lo protegía adquirió un tono rojizo.


NOTA DEL AUTOR:

Mal Volgrand, mal. Publiqué esto en Spaniard Hooves y me dejé de lado. MAAAAAAAAL.

Intentaré actualizar más seguido pronto. Una crítica bien fundamentada me ha dado ganas de seguir escribiendo esto. Así que ya sabéis, si os gusta, ¡dejadme comentarios, que no os cuesta nada!

Un saludo.