Tras una larga corte abierta a los ciudadanos, los guardias solares cerraron, definitivamente por ese día, las puertas del gran salón del trono de Canterlot. Celestia anduvo casi ceremoniosamente hacia la salida lateral, escoltada por un grupo de guardias solares. No fue hasta que se encontró a solas en la estancia contigua, alejada de las cámaras de periodistas y de algún curioso, que se permitió estirarse sin disimulo.
—Keen Service —dijo dirigiéndose a una de sus damas de compañía—, que me traigan un té y algunas pastas a mi habitación, por favor.
—En seguida, alteza.
La princesa del sol despidió a los guardias y se dirigió hacia sus aposentos, donde le sirvieron la merienda solicitada en poco tiempo. Se sentó en la mesa a comer, esperando relajada. Era poco pasado de las siete cuando se escuchó el inconfundible sonido de alguien teletransportándose dentro de la estancia. Frente a Celestia apareció una unicornio de pelaje índigo y melena negra. La yegua miró sorprendida a la, valga la redundancia, sorprendida princesa alicornio.
—¡Oh, vaya! Disculpe majestad, sin duda nós hemos arribado aquí por accidente. Esperamos no haberla interrumpido en un instante de íntimo relajo.
Celestia, que se había quedado quieta con la taza aún en los labios, escupió el té y soltó una sonora carcajada.
—¡Oh, madre, Luna! Déjalo ya, hermanita, por favor.
La unicornio sonrió y conjuró. Su cuerpo, iluminado por un aura color índigo, se agrandó hasta casi alcanzar el tamaño de Celestia, y su cuerno aumentó en longitud. El pelaje que la cubría se volvió más oscuro y azulado; la melena, poco a poco, perdió consistencia hasta convertirse en una fluctuante corriente de magia. Luna, recuperada su forma natural, abrió los ojos y estiró las alas.
—Nós hemos perfeccionado mucho el arte del disfraz a lo largo de los siglos, mas seguimos sin poder engañaros, hermana.
—Tus dejes milenarios al hablar te delatan, Luna. ¿Té?
—Por favor.
La princesa de la noche se sentó con su hermana mientras esta le servía una taza.
—¿La has conocido? ¿Qué piensas, Luna?
—No, he enviado una de mis agentes a visitarla, llegará en poco tiempo. ¿Hay galletas de canela?
—Siempre, sírvete tú misma, hermana.
Ambas princesas estuvieron charlando durante un rato hasta que un guardia llamó a la puerta, anunciando la llegada de alguien. Tras él apareció una unicornio de pelaje negro azabache y crines azules. Celestia no supo reconocer la cutie mark de la recién llegada, parecía una mancha de tinta. Quizá se trataba uno de esos tests que utilizaban los psicólogos con sus pacientes...
—Princesas —saludó la recién llegada con una gran reverencia—, mi nombre es Long Talk, agente de la Guardia Lunar. He evaluado a Aitana Pones como se me ordenó.
—Luna, no es habitual recibir este tipo de visitas en mis aposentos privados —observó Celestia con cierta molestia.
—Sí, actuar con discreción nunca ha sido vuestra especialidad, hermana —respondió Luna con cierta malicia y una sonrisa, y se dirigió después a Long Talk—. Por favor, tomad asiento, Long Talk, y contadnos qué habéis averiguado.
Para sorpresa de la princesa del Sol, la unicornio no mostró sentirse intimidada u honrada de sentarse a tomar el té con las dos princesas. Con una exquisita educación se sirvió una taza de té usando su magia y bebió un sorbo antes de empezar a relatar.
—Aitana Pones y su padre han cambiado de identidad múltiples veces desde que esta era una potrilla. Los motivos los desconozco, pero sospecho que están muy ligados a que ella misma se declare una "cazadora de demonios".
—Explicáos, por favor —le pidió Luna.
—Durante la infancia de cualquier ser sentiente se establecen unas pautas afectivas y sentimentales básicas. Los potrillos conocen en ese periodo conceptos como familia, amistad, cariño, seguridad, peligro o diversión. En otras palabras, los pilares básicos que formarán su personalidad en el futuro. Aitana Pones ha experimentado serias fracturas en este aprendizaje: vivió toda su infancia huyendo y, cuando empezaba a establecer vínculos afectivos en algún lugar, se veía forzada de nuevo a huir.
La psicóloga se tomó una pausa para asegurarse que las princesas seguían su explicación pero, sutilmente, disimuló este hecho comiéndose una galleta.
—Este tipo de infancias suelen crear adultos incapaces de socializar adecuadamente: vagabundos, criminales y, en ocasiones, con conductas psicopáticas o una gran agresividad. La doctora Pones, por contra, a logrado formar su personalidad en torno a ciertos valores emocionales que rigen su vida. En su caso, se trata probablemente del respeto hacia su padre, un poderoso odio hacia los demonios, nigromantes y otros magos oscuros, y un convencimiento absoluto de que está haciendo lo correcto.
Long Talk acabó su análisis, tomando un largo trago de té mientras esperaba a que las princesas se pronunciaran. Celestia fue la primera en hacerlo.
—¿Eso es todo? Agradezco que vinieras en persona, Long Talk, pero sospecho que podrías habernos enviado una carta con esta información tan escueta.
—Long Talk, decidnos —empezó Luna, dejando claro por qué Long Talk había venido en persona—, ¿qué podría ocurrir si estos... pilares de su personalidad se rompieran? ¿Si su padre falleciera, por ejemplo?
La aludida meditó durante unos segundos.
—Es difícil dar una respuesta correcta, mi Diosa —Celestia se sorprendió al ver a una unicornio usar ese apelativo para dirigirse a Luna, normalmente usado solo por los batponies—, depende del poni. Cuando alguien sufre un gran revés emocional acude a otros elementos de apoyo para recuperarse; un adolescente sufriendo por un amor no correspondido puede acudir a sus amigos para sentirse querido, por ejemplo. Sin embargo también podría enfrentarse a esta situación engañándose a si mismo; por ejemplo, podría auto convencerse que el objeto de su amor también lo ama, pero que por ciertas circunstancias es mejor que jamás estén juntos. Por desgracia no puedo darles una respuesta a cómo respondería Aitana Pones ante una situación que ponga a prueba sus convicciones más profundas.
—¿Y qué hay de los cambios de identidad? —preguntó Luna—. ¿Se sabe quién son en realidad ella y el profesor Pones?
—Me temo que no, mi Diosa. Ocultaron muy bien su rastro, solo encontramos algunas pistas en las descripciones de potrillas desaparecidas los últimos veinticinco años. Varias de las mismas eran, de hecho, Aitana Pones bajo un nombre diferente.
Tras unos momentos de silencio, Long Talk se levantó e hizo una reverencia.
—Princesas, si no tienen ninguna pregunta más procederé a retirarme.
—Os haremos llamar si requerimos vuestros servicios nuevamente —respondió Luna—. Partid en paz.
—Antes de que te vayas, Long Talk, ¿hay algo más que debamos saber sobre Aitana Pones?
La yegua negra miró alternativamente a las dos hermanas y, con una cordial sonrisa, respondió.
—No, princesa, eso es todo lo que he averiguado. Buenas tardes.
Cuando la puerta se cerró y ambas alicornios se hallaron a solas, Celestia fue la primera en hablar, notando cómo su hermana se había quedado observando la puerta por la que había partido la unicornio durante unos segundos.
—¿Qué piensas, Luna?
—Nós creemos que debemos dejarla libre.
Celestia miró a la alicornio de pelaje oscuro esperando más explicaciones.
—"Tia", sabes que no podemos eliminar el conocimiento sobre las artes oscuras, al menos no completamente. La presencia de ponis como Aitana Pones es necesaria para combatirlas desde las sombras.
—Liberó a un diabolista en Manehattan. Puso miles de vidas en peligro.
—Pero también evitó miles de muertes en los Reinos Lobo al capturarlo. Y la Guardia Solar ha recordado, al fin, que existen los demonios. Nós tenemos entendido que esta ha iniciado un programa de entrenamiento contra seres infernales.
Celestia miró por la ventana, pensativa.
—Deberíamos insistir a Aitana Pones para que nos cuente lo que sabe, Luna. La guardia podría intervenir a tiempo, o nosotras mismas.
—No, Celestia, no debemos hacer eso. Si un ser de nuestro poder, o toda una guardia se mueve contra los magos oscuros, estos se ocultarán y esperarán otra ocasión. Se necesita gente como la doctora Pones para investigar estos hechos sin llamar la atención.
—Doctora... —Celestia suspiró—. Esa tesis doctoral me va a obligar a rectificar una mentira que he mantenido durante quinientos años.
—Nós no habríamos ocultado lo ocurrido en primer lugar, hermana. No podemos aconsejaros en ese respecto.
Celestia se sumió en sus recuerdos durante unos instantes: recordó cómo un emisario Cebra la puso sobre aviso de la existencia de magia oscura en Unicornia, y cómo una investigación a fondo descubrió lo que podría convertirse en el alzamiento de un nuevo rey Sombra. En esa ocasión actuó a tiempo, y la guerra fue tan rápida que prcticamente pasó inadvertida... salvo por la desaparición de Unicornia. Aquella había sido la última ocasión en la que la Princesa del Sol había acudido personalmente a una batalla.
—De acuerdo, lo haremos —asintió la blanca alicornio—. Buscaré cualquier excusa legal para reducir la condena de Aitana Pones. Espero que tengas razón.
Poco después, las dos hermanas alicornio se levantaron y fueron al balcón. Celestia concentró su magia, y el astro rey empezó a descender sobre el horizonte. Cuando los últimos rayos de sol murieron, poniendo fin al día, Luna hizo ascender a la reina de la noche, seguida por un brillante séquito de estrellas.
Celestia se retiró a dormir, dejando a su hermana Luna al cargo durante la noche; esta voló hasta su torre, y de ahí observó el reino que la rodeaba. Las luces de la calles de Canterlot eran lo único que se alzaba en contra de las calmadas y difuminadas sombras que proyectaba la luna creciente. Tras unos minutos de meditación pudo escucharse un aleteo acercarse a la torre. Luna no se alteró, pues conocía a la criatura que se acercaba y, si esta hubiese deseado atacarla, jamás la habría escuchado llegar. La criatura se posó en el gran balcón, a la espalda de la princesa de la noche, la cual se giró para recibirla.
—Nós agradecemos su presencia, agente Rise Love.
—Es un honor, mi Diosa.
Se trataba de una batponi cuyo pelaje era azul grisáceo y sus crines marrones. Las pupilas de la yegua, rosas y afiladas, brillaban en la oscuridad, y una franja de pelo del mismo color le atravesaba la crin sobre la cabeza. La yegua se postró ante Luna, hasta que esta le hizo un gesto para que se levantara. A decir verdad, la alicornio había intentado que los batponis dejaran de dirigirse a ella como "Mi diosa". Sin embargo, con el tiempo, acabó aceptándolo como una peculiaridad cultural más de esa misteriosa raza poni.
—Rise Love, nós deseamos encargarte una misión. Viajarás a los Reinos Lobo y seguirás la pista del unicornio llamado Dark Art. Averigua quién es y sus objetivos.
—¿Debo acabar con su vida, mi Diosa?
—No —respondió Luna—, de momento no. Investiga e infórmanos de tus hallazgos. Después decidiremos al respecto.
—¿Alguna pista?
—Sí. Dark Art contrató un barco mercenario llamado "El relámpago negro", capitaneado por el pirata lobo Argul.
La batpony asintió ante esa información y, desplegando sus alas de murciélago, dijo:
—Así se hará, mi Diosa. Contactaré con usted en pocas semanas.
—Espera.
La batpony, que estaba a punto de alzar el vuelo, se quedó quieta y miró a la princesa Luna.
—La agente Long Talk nos ha ocultado algo —la agente no respondió—. Viajo por los sueños de los seres vivos, Rise Love, y nós somos muy buena reconociendo una mentira. ¿Qué nos ha ocultado?
—Es... una sospecha, mi Diosa, algo relacionado con los Cazadores Batpony.
—Explícate.
—Le pido que no me obligue a hablar, pero puedo asegurarle que no está relacionado con sus investigaciones. Es algo privado de los Cazadores. Protegemos a los nuestros.
Luna calibró las palabras de Rise Love: "protegemos a los nuestros". Ni ella misma estaba segura de a qué límites podían llegar siguiendo ese dicho, pero de algo estaba segura: los Cazadores Batpony eran leales hasta la muerte a Equestria. Además, Rise Love no estaba mintiendo, de eso estaba convencida.
—Bien. Puedes partir, Rise Love, infórmanos cuanto antes de tus progresos.
La batpony hizo una pronunciada reverencia y, de un imposiblemente silencioso aleteo, alzó el vuelo menos de un metro antes de lanzarse por el borde del balcón y perderse entre las sombras de la noche. Luna la siguió con la mirada mientras pudo y después regresó a su habitación. Los batponies eran una raza... peculiar. Emocionales y capaces de hacer el bien, como cualquier otro poni, pero al mismo tiempo perseguidos por su propia maldición; una maldición que, en el pasado, los había llevado al exilio y al olvido. Y ahora que habían regresado existían los Cazadores: batponis cuyo crímenes solo podía encontrar redención en el fiel servicio a Equestria y la princesa de la noche. Serían leales hasta la muerte, de eso no le cabía duda.
Celestia jamás comprendería por qué los había aceptado nuevamente en la guardia. "Monstruos", los llamaría, "asesinos, criminales, psicópatas, locos", y otras muchas cosas más. Luna no podía compartir según qué con su hermana mayor: ella seguía actuando como si aquellos que ansían el poder por encima de todo fuesen a presentarse ante Equestria gritando sus intenciones. La guardia Solar era experta en enfrentarse a ese tipo de cosas: ser un bastión radiante en el que las gentes de Equestria podían confiar, que se alzarían frente al mal y lo harían frente en épicas batallas dignas de leyenda
Pero ella sabía bien que no era así: cuando perdió la razón y se convirtió en Nightmare Moon, Luna pasó años reclutando seguidores y consiguiendo poder antes de salir de las sombras y atacar abiertamente. Y de no haber sido por los Elementos de la Armonía, sin duda habría triunfado. Por eso, precisamente, eran necesarios cuerpos como la Guardia Lunar y los Cazadores Batpony. La primera, preparada para hacer frente a los peligros de la noche; los segundos, aquellos capaces de realizar actos que horrorizarían a los pequeños ponis.
—La luz no puede existir sin la oscuridad...
No era el momento de aguardar a que los practicantes de las artes prohibidas atacaran. Si, por un casual, Aitana Pones había dado con algo que pudiera poner en peligro a sus pequeños ponis, Luna no iba a quedarse quieta esperando que este se mostrara: lo encontraría y podría fin a sus planes antes de que estos llegaran a ver la luz, a cualquier precio.
Apenas dos semanas después de la evaluación de Long Talk, varios periodistas se levantaron a la vez, tras largas horas de espera, y galoparon hacia la salida de la prisión estatal de Manehattan. Todos ellos portaban lápices, cuadernos, grabadoras y mil preguntas.
—¡Doctora Pones! ¿Qué opina de la negativa de la princesa Celestia a dar explicaciones respecto a su tesis doctoral?
—¡Doctora, una entrevista para el Daily Colt! ¿Cree usted que esta negativa puede ser la prueba de un intento institucional de ocultar la verdad al público?
—¿A qué cree que se debe esta extraña reducción en su condena?
—¿Acudirá usted al museo arqueológico de Canterlot para ayudar a la clasificación del yacimiento que halló usted?
—¿Es cierto que atacó usted a un miembro del personal penitenciario?
—¡¿QUERÉIS QUITAROS DE EN MEDIO?!
Casi a empujones, Aitana Pones se abrió camino a través de la marabunta de periodistas. Tras ella iba su padre, revisando varios papeles que portaba con su magia. Cuando se hubieron alejado unos metros, la yegua bufó irritada.
—¿Será posible? ¡Me he convertido en una estrellita mediática!
—Después del espectáculo que organizaste, no sé de qué te sorprendes, hija.
—Vamos al tema papá, ¿está todo en orden?
—Sí. Tu barco te espera en el puerto, te llevará directamente a Lutnia. Hope Spell debe estar por llegar, te encontrarás con él allí.
—De acuerdo. ¿Qué sabemos del mausoleo de Weischtmann?
—Poca cosa, salvo que se halla en el norte y que debe albergar algo de gran poder si la organización de Dark Art anda tras su pista.
Los dos subieron a un carro que les esperaba, listo para llevarlos al puerto.
—Papá... estoy preocupada por esa psicóloga.
—Hija mía, es normal. Organizaste un desastre muy grande en Manehattan, te han investigado a fondo y lo único que han encontrado es que varias potras desaparecidas se parecían a ti. Legalmente no pueden tocarnos.
—Aún así, es preocupante que alguien pueda enlazarnos con el pasado.
—Los mataste a todos, ¿verdad? —Aitana tardó unos segundos en asentir con la cabeza, sin mirar a su padre—. Pues ya está. Y aunque no lo hubieras hecho, hoy día ya no eres una potra indefensa.
El carruaje recorrió rápido el camino; estando la cárcel en las afueras de Manehattan, atravesaron el centro de la metrópolis antes de dirigirse directamente al puerto. En el mismo les esperaba un barco Equestriano: un bergantín ligero de exploración, una de las naves más rápidas que existían. Alquilarlo debió costar una pequeña fortuna.
—Es evidente que vamos a contrarreloj, no podíamos perder más tiempo.
Ambos salieron del carruaje; Aitana abrió el baúl donde encontró sus grandes alforjas, listas para partir. Se las colocó rápidamente, al tiempo que el capitán del barco, al verlos, daba órdenes para preparar la maniobra de desatraque.
—Es posible que las pistas lleven a Dark Art y a los suyos a Cérvidas —comentó Aitana.
—Es posible, pero me he encargado de que nadie sepa a dónde vas a ir, la sorpresa debería jugar de tu parte. He rellenado tus alforjas con gemas encantadas por si las necesitas. Y por cierto: quizá puedas investigar en Cérvidas cómo acabar con nuestro amigo.
El profesor se descolgó la brújula en la que se hallaba encerrado Kolnarg y se la lanzó a su hija. Esta la atrapó al vuelo, sintiendo al instante la incómoda presencia del Lich invadirla. Sonrió, ya que casi la había echado en falta, y se colgó el objeto del cuello.
—Espero que tu alumno sea tan diestro con la magia como dices, papá. No quiero cargar con un lastre.
—Es muy bueno, y si no lo es déjalo atrás. Ya se las apañará.
—Para detener a Dark Art tendré que adelantarme a sus movimientos, y no tenemos ni idea de qué pretende.
—Céntrate en lo importante —respondió el profesor—: rompe el hechizo que protege el pergamino ciervo, traduce el mensaje y luego ya veremos. Y no pienses únicamente en Dark Art: No mires el arma de tu enemigo...
—...mira a tu enemigo en si. Ten cuidado, papá.
Padre e hija se abrazaron brevemente.
—Ten mucho cuidado, hija.
Menos de un minuto después de que Aitana Pones subiera al bergantín, las órdenes del capitán ultimaron la maniobra de desatraque y la nave se dirigió hacia el este, hacia las tierras de los ciervos. El profesor Pones observó la embarcación hasta que esta desapareció tras el horizonte. La inquietud le invadía, y deseaba poder acompañar a su hija, pero sabía que en su estado no era posible. Intuía que Aitana había topado con un mal mucho mayor del que habían visto hasta ahora, y temía. Temía por la vida de ella, y también por lo que podría ocurrir si fracasaba en su misión.
El anciano volvió al carruaje y pidió que lo llevaran de vuelta a la facultad, pues él también tenía muchas cosas que atar antes de partir. Mientras el carruaje se adentraba en las concurridas calles de Manehattan, el profesor Pones sacó de su alforja una carta que había recibido hacía dos días. La cerraba un sello, ya roto, del Imperio de Cristal.
"Profesor Roy Pones,
Facultad de Historia y Arqueología de la Universidad de Maneattan:
En virtud de la posición que se me ha confiado, solicito su presencia tan pronto como sea posible. Las razones para esta pronta reunión serán expuestas en persona en el Palacio de Cristal. Presente el ticket adjunto en la estación y un salón de primera le será concedido en el próximo tren al Imperio de Cristal. Pregunte por mi tan pronto como llegue a palacio, le estaremos esperando.
Atentamente:
Zaphire Assistant,
consejero real de Sus Majestades Mi Amore de Cadenza y Shining Armor."
NOTA DEL AUTOR:
A decir verdad he estado algo chafado para publicar esto. Tengo capítulos ya escritos, y más por publicar, pero la falta de interés de los lectores a veces es demoledora. Al menos la gente se interesa en la otra historia que escribí con Unade, "Las desventuras...".
Aquí se va revelando más del pasado de Aitana e introducimos a un personaje que puede que conozcáis de mis otros fics "El rescate de Preciosilla" y "La maldición del batpony" (en este segundo, cuando todavía era una cándida recluta para la guardia nocturna).
Gracias por leerme, un saludo.
