Las altas y frondosas copas de los árboles entorpecían el camino a la luz del sol, creando halos verdes y dorados que iluminaban el suelo con una sensación de paz y serenidad. Cientos, miles de aves revoloteaban entre hojas y ramas, llenando el aire con sus melodías. Aunque había poca distancia entre tronco y tronco, la vegetación a ras de suelo era de poca altura y frondosidad, permitiendo pasear sobre la misma sin dificultad. Lo cierto es que un viajero despistado habría pensado que se hallaba de un bosque, sin embargo varias construcciones de madera viva -de hecho, cultivada directamente con propósitos concretos- unían los troncos de los árboles, creando calles. Estos últimos, a poca distancia del suelo, se abrían en formas redondeadas y huecas; se podían apreciar ventanas y algún balcón, como si el árbol hubiera crecido con el objetivo de dar cobijo a sus moradores.

Había mucho movimiento en las verdes calles, pues cientos de ciervos paseaban por las mismas: artesanos, escolares, trabajadores, estudiosos... Habitantes de la gran capital de Cérvidas, realizando su día a día. Un unicornio salió de la casa árbol donde le habían acogido y se detuvo mirando a su alrededor con la boca ligeramente abierta. Tras él surgió un ciervo de pelaje castaño y gran cornamenta, que se detuvo a su lado.

—Pareces desorientado, Maestro de la Magia. ¿Estás bien? —inquirió en Equestriano.

El poni cerró la boca. Se trataba de un unicornio de pelaje verde menta, ojos violeta y crin marrón, cuya Cutie Mark era un libro rodeado por un aura mágica.

—No es nada, Asunrix, perdona. Es que todavía me cuesta asimilar que esto es una ciudad y no un bosque. Y por favor, llámame Hope Spell.

—Los ciervos no nos dirigimos a alguien por su nombre a no ser nos una una gran amistad.

—Oh... cierto, perdóname —Hope Spell sacudió la cabeza—. Es la primera vez que salgo de Equestria y me cuesta adaptarme. ¿Debería llamarte Maestro de la Guerra, entonces?

—No —Asunrix sonrió, comprensivo—, ya que no compartes mi cultura. Puedes llamarme por mi nombre si lo deseas, Maestro de la Magia. Vamos al bosque de la sabiduría, allí podrás encontrar a quien necesitas ver.

Hope Spell dedujo que su acompañante se refería a la biblioteca, o quizá la universidad de Lutnia. La ciudad se hallaba en plena actividad, aunque era una actividad diferente a la de las ciudades poni: en Cérvidas no existía el comercio intraurbano como tal, ya que los ciervos no requerían de dinero para obtener lo más básico para vivir, como comida y un techo. Si bien era posible encontrar comerciantes, estos dedicaban sus negocios a atender a viajeros extranjeros y a conseguir mercaderías internacionales.

El unicornio, a pesar de que había estudiado la cultura de Cérvidas durante su viaje, tenía serias dificultades para entender que el trabajo fuera algo opcional para un ciervo. Los que trabajaban lo hacían por amor a la profesión en si y, a diferencia de los ponis, era una decisión que tomaban tras toda una vida de estudio y búsqueda interior. Los ciervos no obtenían Cutie Marks como los ponis, sino que se tatuaban una serie de símbolos druídicos a lo largo de sus flancos y lomo, los cuales les identificaban como un maestro de su profesión: Maestros cultivadores, artesanos, druidas, estudiosos, guerreros... Y, aunque Hope no podía leer sus símbolos o comprender su significado, Asunrix le había explicado que él era un guerrero druida: un mago de la naturaleza que dedicaba sus artes a proteger a los suyos.

A decir verdad, el unicornio se sorprendía por lo poco concurridas que estaban las calles. A pesar de la gran extensión de terreno que cubría, la población de Cérvidas era mucho menor que la de sus naciones vecinas. Aún así, eran una nación extremadamente próspera y rica, cuyas rutas comerciales eran especialmente fructíferas con Cebrania, ya que las cebras apreciaban los productos naturales y druídicos que los ciervos producían.

Probablemente, el principal secreto por el que Cérvidas prosperaba con tanto éxito residía en su propia cultura: Al no ser necesario trabajar para vivir, los ciervos que sí lo hacían realizaban su labor con una pasión admirable. Sus artesanos eran excepcionales, creando fantásticas obras de arte y útiles utensilios para todo tipo de profesiones. Los que dedicaban su vida a la protección de sus semejantes se contaban entre los mejores guerreros del mundo que, unidos a la conexión natural de los ciervos con la naturaleza, hacía que las naciones vecinas se lo pensaran dos veces antes de iniciar hostilidades con Cérvidas. Los estudiantes de las ciencias, tanto mundanas como arcanas, realizaban grandes descubrimientos que, en pocos años, eran impartidos en las universidades de Equestria... Los ejemplos podrían contarse por cientos.

—Asunrix, si me permites la pregunta, ¿cómo funciona la magia de los druidas? —preguntó Hope Spell—. Sé que sois reservados con vuestros secretos, si no quieres responderme no importa.

El ciervo rió en voz baja.

—Tu excesivo temor a decir algo inapropiado es gracioso —bromeó—. Que no desee compartir los secretos de los druidas no significa que no pueda hablarte sobre nuestra magia. Quizá tú podrías, a cambio, hablarme de la magia de los ponis.

—Ah, vale —rió Hope un poco avergonzado—. Genial, entonces.

Asunrix guió al unicornio hasta una esquina en la cual había un árbol vivienda que, si bien aún no podía albergar ni siquiera a un ciervo en su interior, tenía ya un tamaño considerable.

—Dime, Maestro de la magia, ¿qué es lo que ves?

—Veo... un árbol. Parece joven.

—¿Y qué más puedes ver?

Hope Spell analizó la zona, ¿a qué se refería Asunrix? Solo veía tierra, algo de hierba y otras plantitas. Tras unos segundos de silencio, el ciervo se agachó y golpeó el tronco. A través de varios agujeros surgieron decenas de insectos que corrieron sobre la corteza. Con la pezuña siguió a un escarabajo hasta que este se escondió entre las raíces, momento en el que Asunrix metió la pata en el mismo sitio y, al poco, la sacó sosteniendo delicadamente una especie de ratón que había encontrado un delicioso aperitivo en el escarabajo.

—Un poni, normalmente, te dirá que ve "un árbol", "un animal" o "una tormenta". Los ciervos, Maestro de la magia, vemos ramificaciones del gran espíritu que nos envuelve a todos. Lo aceptamos, lo escuchamos y le hablamos. Tú lo llamas magia, pero nosotros lo llamamos "Undeb â Nartur". En tu idioma el concepto más similar es "gaia".

—Escuché que los druidas son capaces de curar y controlar las fuerzas de los elementos, ¿es cierto?

—Lo es. Cuando curamos a un ser herido solo guiamos su naturaleza para que lo haga por si misma. Y, a fin de cuentas, una tormenta no es más que una manifestación de Gaia. ¿Qué me dices de vosotros, Maestro de la Magia?

Hope Spell sonrió, ya que se le hacía raro que se dirigiera a él como "maestro" cuando no era más que un estudiante de historia y magia blanca antigua. Aunque algo de magia sí que sabía.

—Todos los ponis tenemos magia de forma natural. Los ponis de tierra son afines a las cosas de la tierra y las cosas que crecen, como las plantas. Los pegasos pueden mover las nubes con su cuerpo y provocar lluvia y vientos. Y los unicornios... bueno.

El cuerno del unicornio se cubrió por un aura verdosa, la cual rodeó también una pequeña piedra que levitó hasta situarse frente a Asunrix.

—Los unicornios podemos alterar la magia a voluntad. Este conjuro lo puede realizar cualquier unicornio. Pero, a base de estudio y años de práctica, un mago puede realizar poderosos hechizos, prácticamente cualquier cosa que puedas imaginar. Limitado, claro está, a la capacidad mágica del mago que lo realice.

—¿Existen distintos tipos de magia poni? —preguntó Asunrix.

—Sí, así es. Nosotros dividimos la magia por escuelas según los efectos que provoque. Por ejemplo, la Transfiguración se especializa en alterar la forma de las cosas; el Elementalismo en el control del fuego, el aire, el agua y la tierra; la Magia Arcana se basa en complejos rituales mágicos... y hay un largo etcétera.

—¿De qué tipo de magia eres tú un maestro?

—¡Estoy muy lejos de ser un maestro! —rió—. Hace un par de años empecé a estudiar la magia blanca: el arte de repeler espíritus malvados, sanar a los heridos, eliminar maldiciones... Vamos, un tipo de magia que, hace siglos, se usaba para combatir la magia negra y la nigromancia.

El ciervo se quedó pensativo durante unos segundos.

—Tenía entendido que Equestria era un reino pacífico, ¿por qué estudias magia blanca, entonces? ¿Es común que luchéis contra seres de la oscuridad?

—Lo cierto es que no es común, y por eso mi pobre padre también se pregunta por qué estudio la magia blanca —respondió Hope con un ligero toque de humor—. Sinceramente, la encuentro apasionante. Para aprender magia blanca debes estudiar acerca de espíritus, artes arcanas prohibidas, cómo la magia negra afectaba a la mente... Digamos que es una materia que estudio por amor al arte, ya que es difícil que jamás a ponerla en práctica. Y si te digo la verdad, no me gustaría tener que hacerlo.

—¿Y por qué no querrías usar una magia que te apasiona?

—Porque eso significaría que la magia negra y la nigromancia han resurgido en el mundo. Y, sinceramente, no es algo que quiera que ocurra.

—Hace poco los ponis os encontrasteis frente a un hechicero demoníaco.

—Sí, y créeme que rezo porque haya sido algo excepcional y que no vuelva a ocurrir.

Hubo un instante de silencio en el que Asunrix lanzó una mirada al unicornio que este no supo descifrar; al poco sonrió y le indicó que le siguiera. Recorrieron el camino hacia el bosque de la sabiduría charlando sobre distintos aspectos de la magia de cada raza y deteniéndose solo para tomar algún tentempié. Se adentraron en una zona de la ciudad poco concurrida y muy silenciosa; los árboles tenían un diámetro enorme y crecían muy separados entre sí. Entre los mismos había pequeñas construcciones que Hope identificó como bibliotecas y centros de estudio, por lo poco que sabía de los pictograma ciervo. El sol le golpeó directamente, cegándolo durante un instante; al mirar hacia arriba vio que las copas de los árboles eran mucho menos frondosas que antes, dejando grandes claros por los que el sol iluminaba con toda su intensidad.

—Debes venir aquí por la noche. Estos árboles albergan una inmensa población de luciérnagas, sus luces son realmente hermosas. Si deseas observar las estrellas, aquel árbol tiene un observatorio en su copa abierto a todo el mundo.

—Tendré que hacerlo cuando acabe con lo que he venido a hacer. Por cierto, Asunrix, aún no sé a quién vamos a ver, el profesor Pones me dijo que alguien me llevaría a ver a una druida erudita...

—Es una investigadora de la antigüedad que recibió una carta del profesor Pones pocos días antes de tu llegada. Me pidió que te encontrara y acogiera, ya que es una buena amiga mía y no iba a estar disponible hasta esta mañana.

Mientras recorrían el Bosque de la Sabiduría, Hope observó las marcas tatuadas que recorrían el lomo y los flancos de Asunrix; por lo que había leído, cada ciervo escogía estas marcas, como una representación de su don y pasión en la vida. Y, por lo poco que sabía de los pictogramas ciervo, pudo entender algunas palabras.

—Asunrix, ¿me permites una pregunta? —el ciervo respondió con una cortés sonrisa, invitándole a preguntar—. Si he leído bien las marcas de tu flanco, ¿eres un Maestro de la Guerra?

—Así es.

—¿Puedes hablarme de ello? ¿Eres un guerrero druida?

—Más que eso, Maestro de la magia. Cualquier ciervo puede formar parte del ejército de Cérvidas y convertirse en un guerrero druida; aquellos que perseveran en el camino de la protección consiguen el honor de ser un Maestro de la Guerra. Renunciamos a formar una familia o tomar una pareja, y entregamos nuestra vida en la perfección de las artes de la guerra.

—Cérvidas no ha estado en guerra por siglos.

—Y nosotros nos encargamos de que siga siendo así —respondió el gran ciervo castaño—. Ya hemos llegado, Maestro de la Magia.

El gran árbol que había frente a ellos tenía unos pictogramas que lo identificaban como el "árbol del conocimiento". La planta baja del mismo era una gran librería, alrededor de la cual ascendía una escalera de caracol pegada a la pared exterior del edificio. Subieron por la misma hasta el segundo piso, donde se detuvieron ante una puerta... o lo que Hope dedujo que era una puerta, pues solo veía un trozo de corteza de textura diferente al resto del árbol. Asunrix golpeó la misma y, tras unos instantes, la madera crujió ligeramente. Como si de una cortina se tratara, la puerta se retiró y se fusionó con la corteza que formaba las paredes.

Se adentraron en una gran estancia de planta irregular. Las paredes eran muy lisas y redondeadas, y a lo largo de las mismas sobresalían estantes que se hallaban repletos de libros, tomos y pergaminos. Había varias mesas y sillas, con diversos objetos de aspecto mágico y druídico repartidos en su superficie.

—Sed bienvenidos, Asunrix, Maestro de la Guerra; y Hope Spell, Maestro de la magia.

Una cierva se acercó a los recién llegados con una cálida sonrisa. Era una joven de mediana edad cuyo pelaje era del color de la tierra mojada por la lluvia, de pequeños cuernos y ojos turquesa. Sus costados estaban repletos de una serie de símbolos que, como pronto descubriría Hope Spell, la identificaban como una estudiosa de la magia druídica. Hope, aunque no se sentía atraído por los ciervos, reconoció que era una hembra muy hermosa.

—Sinveria, siempre es un placer ser recibido en tu hogar —respondió Asunrix.

—Encantado de conocerla, señorita... Espera, ¿Sinveria?

—¿Oh? Parece que reconoces mi nombre, Maestro de la magia.

—¡Claro! —respondió Hope entusiasmado—. ¡Usted es la investigadora mágica Sinveria! Leí su tratado "Interrelación espiritual con la magia poni". ¡Apasionante! Sus estudios sobre el uso de la magia para guiar la sanación espiritual de un ser traumatizado es sencillamente brillante. Es un honor conocerla, maestra... ¿Investigadora?

Sinveria rió cálidamente, mientras invitaba a Hope y Asunrix a seguirla al interior.

—Maestra Investigadora es correcto, pero puedes dirigirte por mi nombre, Maestro de la magia. No es necesario que adoptes unas costumbres que no te son propias. ¿Puedo serviros una infusión?

Poco después, los tres se sentaron en torno a una mesa. Sinveria sirvió infusiones para todo el mundo y una bandeja de dulces hechos con distintas hierbas sin cocinar. A Hope Spell, acostumbrado a los dulcísimos postres de Equestria, le supieron algo sosos.

—¿Cómo se encuentra Roy? —pregunto la cierva—. Hace muchos años que no lo veo, aunque mantenemos el contacto.

Hope Spell no cayó inmediatamente en la cuenta de que el nombre completo de su profesor era Roy Pones.

—Sinceramente, no tengo relación con él más allá de maestro-alumno. Pero creo que está bien, últimamente sale mucho en los periódicos debido a su hija, Aitana.

—Ah, sí, la cazadora de demonios —comentó Asunrix—. Hasta aquí llegaron las noticias de la liberación y destrucción de Manresht. ¿De verdad se enfrentó cara a cara contra él, sin magia?

—Lo hizo —afirmó Hope—. Lo vi desde un edificio cercano: avanzó frente a él y lo provocó para que los guardias hicieran un círculo de aislamiento. Sabía exactamente cómo combatirlo.

—Después de liberar a ese Maestro del Tártaro en una ciudad... Creo que esa yegua causará problemas allá donde vaya.

Hope ahogó el incómodo silencio con un trago de té: sabía bien que Aitana llegaría en una semana a la ciudad. Esperaba, de verdad, que todo esto se solventara con una simple investigación arqueológica y nada más. Sinveria se adelantó, viendo la reacción del unicornio, y cambió de tema.

—Entonces, ¿qué te ha traído aquí, Maestro de la magia? El profesor Pones solo dijo que necesitaba ayuda para traducir algo, pero no me dio más detalles.

—Oh claro, un segundo.

El unicornio vació una de sus alforjas con su magia, sacando varios libros y pergaminos. Cuando estuvo vacía, le dio la vuelta y descubrió un segundo bolsillo escondido. Lo abrió y del mismo sacó un nuevo pergamino, extremadamente antiguo, protegido por un bloque de cristal. Hope conjuró una vez más y el bloque se iluminó, abriéndose y liberando su contenido.

—Encontramos este pergamino en el Imperio de Cristal. Son pictogramas ciervo, pero no hemos logrado traducir más que alguna palabra suelta.

Sinveria tomó el documento y lo desplegó sobre la mesa. La sorpresa y la incredulidad pugnaron por tomar su rostro al instante, y levantó la cabeza mirando fijamente a Hope.

—No es posible. Este escrito tiene más de mil años de antigüedad, pero el pergamino está demasiado bien conservado.

—Fue encontrado en el Imperio de Cristal; esa ciudad ha saltado más de mil años en el tiempo. Para los habitantes de la misma, hace un mes el rey Sombra todavía les oprimía; para el resto del mundo, eso ocurrió hace un milenio.

La cierva leyó poco a poco el escrito, recorriendo el mismo con la pezuña.

—Entiendo. No me sorprende que no pudierais traducirlo: está protegido por un conjuro druídico que convierte el escrito en algo ininteligible. Si habéis traducido algunas palabras es porque el tiempo ha destruido parte del hechizo original. Y hay algo más... hay magia poni bajo las protecciones druídicas.

—¿Puedes traducirlo? ¿O anular el hechizo?

—Tendré que pedir ayuda a los maestros druidas. Solo ellos contienen la clave para deshacerlo.

—Sinveria, ¿de verdad vas a hacer eso?

Hope y la cierva miraron a Asunrix, que parecía molesto.

—Si los antiguos druidas protegieron ese documento debió ser por un motivo. ¿Piensas traducirlo y entregar sus secretos a los ponis?

—Normalmente no lo haría, pero...

¿Pero qué?

Asunrix y Sinveria siguieron hablando durante un rato en ciervo. Hope no puedo entender nada de lo que decían, pero era fácil deducir que estaban discutiendo.

Es el Maestro Cazador Roy Pones, Asunrix. Esto va más allá de lo que puedes ver.

Sigue siendo un poni, un arqueólogo que no duda en expoliar a los muertos para ganar reconocimiento.

Te equivocas —respondió Sinveria—, Pones no es así.

No lo entiendo, Sinveria. ¿Qué piensas de ese poni? Varias veces has mencionado su nombre, y es evidente que lo respetas. ¿Por qué?

Hace años hizo algo muy bueno por mi, algo que no quiero contar.

¿Y qué puede ser que tengas que guardar el secreto incluso de mi? A veces parece que sintieras atracción por...

—Basta.

La ciervo dijo eso último en poni, con clara intención de que Hope Spell también la entendiera.

—Soy una Maestra Investigadora reconocida por el Círculo, y no voy a consentir que me ofendas en mi casa, Asunrix, aún con la amistad que nos une. Tengo en cuenta tu opinión, y por respeto a tu lealtad con nuestra nación, estudiaré bien las implicaciones del documento antes de decidir entregarlo a los ponis. Por favor, vuelve más tarde.

Tras unos instantes, Asunrix se levantó y se dirigió a la puerta. Hope Spell, sin saber cómo actuar, se dispuso a seguirle, pero un gesto de Sinveria le hizo quedarse en su sitio.

—Quédate, Maestro de la magia, pues necesitaré tu conocimiento —la investigadora ciervo esperó a que Asunrix abandonara la sala antes de continuar—. Por favor, cuéntame todo lo que sepas sobre este documento.

—Este... claro —respondió el unicornio—. Se encontró entre varios pergaminos que se relacionaban con la leyenda Germarena del Weischtmann. ¿Oíste acerca del ataque al Imperio por parte de un demonologista? Se rumorea que al mismo tiempo hubo un robo en la biblioteca, pero los periódicos no han mencionado nada.

—¿Puedes darme más detalles del robo, Maestro de la magia?

Hope se sorprendió por aquella pregunta, ¿Qué interés podía tener una investigadora de la magia en un robo que ocurrió a miles de kilómetros de Lutnia?

—Me temo que no tengo mucha más información Sinveria. Hay que decir que últimamente el Imperio de Cristal está teniendo bastantes problemas de criminalidad.

—¿Criminales? —interrumpió Sinveria—. Me resulta extraño. Los ponis son seres pacíficos y amistosos, ¿por qué iban a actuar así?

—Bueno... no lo sé muy bien —respondió Hope Spell—. Se dice que hay grupos de grifos y ponis de todas las razas asaltando y robando a los más desfavorecidos. Además, el Imperio de Cristal ha salido de una gran dictadura, supongo que hay ponis que todavía deben estar confundidos por lo ocurrido. Oh, y luego están las revueltas causadas por las casas nobles.

Sinveria no dijo nada, pero sirvió en silencio otra taza de té, invitando a Hope a explicar eso último. El unicornio la tomó gustosamente y siguió relatando.

—Verá usted...

—Por favor, no seas tan formal, Maestro de la Magia.

—Oh claro, perdona. Verás, había más o menos una docena de casas nobles antiguas en el Imperio de Cristal. Durante la dictadura de Sombra muchas fueron diezmadas, y otras sobrevivieron. Ahora mismo hay un cruce de acusaciones entre cuáles apoyaron al Rey Sombra y cuáles no, además de muchos ponis que han surgido de la nada asegurando que son miembros de casas de las que nadie ha oído jamás hablar. Esto ha causado disturbios y choques de lealtades. Por suerte, la mayor parte de la guardia apoya la corona de Mi Amore de Cadenza y Shining Armor.

La ciervo se levantó y se dirigió a una estantería cercana, donde empezó a buscar algún libro mientras hablaba.

—Entiendo que el profesor acuda a mi. Parece evidente que hay más en juego que una simple investigación arqueológica.

—¿Qué quieres decir, Sinveria?

La ciervo sacó finalmente un gran tomo, abrió una página aparentemente al azar y la leyó en su idioma natal. Hope sintió el especial cosquilleo de la magia druídica en la base de su cuerno y, de pronto, se escuchó un ruido. Era como si toda la estructura del árbol estuviera cambiando, pero en realidad seguía inmóvil. Si una Sequoia pudiera hablar, ese ruido sería su voz. Finalmente, el silencio volvió a reinar en la habitación.

—Hope, ¿te ha seguido alguien? —preguntó Sinveria cerrando el libro.

—No, nadie me ha seguido —respondió él, sorprendido al entender que lo que había oído era un hechizo de defensa del hogar—. El profesor Pones no me dio ni media hora para embarcar, a duras penas pude coger las cosas y avisar a mi familia.

—El profesor Pones es precavido. Sin embargo, hay muy pocos ponis en Lutnia, seguirle la pista a uno es muy fácil.

—Sinveria, espero que no te ofendas por lo que voy a decir, pero... ¿No estás siendo un poquito paranoica?

La ciervo miró a Hope con la misma expresión que usaría para reprochar a un cervatillo incapaz de comprender que pisar un árbol joven hacía mucho daño a Gaia.

—No. Eres demasiado joven para entenderlo, Hope Spell, pero aprende esto: Los auténticos arqueólogos, aquellos que investigan cara a cara la antigüedad, jamás son demasiado precavidos.

Hope se quedó pasmado mientras observaba a Sinveria trabajar. Alguien le había explicado bastante mal lo que era un arqueólogo, por lo visto.


Asunrix, varias horas después de que Sinveria le invitara a dejarla sola con Hope Spell, caminaba por las calles de Lutnia de regreso a su casa. Había pasado parte de la mañana entrenando con otros guerreros druida y estaba algo cansado. En los campos de entrenamiento el follaje era poco espeso, y el calor del sol primaveral no daba tregua. Por contra, el centro de la ciudad siempre mantenía una temperatura agradable, incluso algo fría para su gusto, lo cual agradecía.

Pero su mente estaba en otro lugar, pues no dejaba de darle vueltas a la decisión de su amiga de entregar conocimiento druídico a los ponis; la respetaba, y sabía que debía haber una razón para hacer eso. Pero no podía entender los motivos, y menos aún por qué se negaba a contarle nada concreto sobre el profesor Pones, y eso hacía que su espíritu protector le gritara que algo iba mal. ¿Había traído ese unicornio algo que pudiera ser un peligro para Cérvidas? ¿O para la propia Sinveria?

Subió a su casa y, con una simple orden mental, la parte de corteza que servía como puerta se abrió ante él. El árbol, reconociendo a su morador habitual, apartó parte de su follaje para dejar pasar la luz del sol. El interior estaba perfectamente organizado por secciones: al fondo se encontraba la pared donde guardaba su armadura en caso de necesitarla, así como una lanza que se asía a un arnés similar al utilizado por los soldados poni. En un escritorio tenía desplegados varios mapas de cérvidas en los que marcaba, de una forma que solo él entendía, los últimos informes fronterizos.

Se escuchó una lechuza ulular. Asunrix observó a la misma entrar a través de una ventana y depositar un pergamino en la mesa antes de salir. El ciervo sabía bien que el animal había esperado a su llegada para entregarle directamente los informes del día. Desenrolló el pergamino y lo leyó rápidamente, anotando cosas en el mapa a medida que leía en voz baja.

—Una familia de dragones cerca de Bathelda... Una manada de chacales al este de Lutnia... Sin cambios en las patrullas grifo...

Pasó varios minutos así cuando sintió un estremecimiento en el espíritu del árbol que le daba cobijo. Alzó la vista y miró alrededor; aparentemente todo seguía igual, pero los pájaros que habitaban el árbol guardaban silencio, y el aire se había enrarecido. Se levantó y caminó hacia el soporte de armas para recoger su lanza; el sonido de sus pasos era muy intenso por el contraste con el denso silencio. El espíritu de Gaia que habitaba el árbol se agitaba inquieto, pues algo se acercaba. Asiendo su lanza, Asunrix se tornó, escudriñando cada rincón de la casa, sintiendo una presencia, un peligro inminente. Abrió la boca y gritó, pero de su garganta solo surgió silencio. Su corazón empezó a latir con fuerza y golpeó la lanza contra el suelo, pero no produjo ningún sonido.

Magia poni.

Iba a invocar su alianza con la naturaleza cuando sintió un resplandor a su espalda. Se giró rápidamente, alzando su lanza para atravesar a quien le estaba atacando, pero antes de llegar a ejecutar su plan escuchó una voz que resonó en su mente.

—Quieto.

Y Asunrix, sin entender por qué, obedeció. La voz era oscura, penetrante e inevitable, y tocaba una fibra de su voluntad que no comprendía. Frente a él había un unicornio que se hallaba en las puertas de la ancianidad, de pelaje rojo oscuro y crines del color de la ceniza, y su Cutie Mark era una marioneta de un poni. Su cuerno brillaba con un aura purpúrea, y a medida que lo hacía la vista de Asunrix se fue desvaneciendo.

El unicornio observó como una estela violeta surgía y crecía cada vez con más fuerza de los ojos del guerrero druida, y el blanco de los mismos se tornó completamente verde. Asunrix se quedó inerte, quieto en la misma posición como un pelele. El semental sonrió y deshizo el área de silencio.

—Baja el arma —el ciervo obedeció—. Anoche recibiste un poni, lo acogiste en tu hogar. ¿Quién era y qué ha venido a hacer?

—Se llama Hope Spell —respondió Asunrix con una voz carente de toda emoción—, vino a traducir un pergamino antiguo.

—Explícame todo lo que sepas.

Asunrix empezó a narrar desde el momento en que Sinveria le pidió que recibiera a Hope en el puerto. Y, a medida que hablaba, la sonrisa de Sharp Mind se acrecentaba más: Hope Spell poseía el pergamino del Imperio de Cristal e iba a traducirlo. Y, además, confirmó que el Profesor Pones era otra pieza a tener en cuenta en los planes de la Hermandad de la Sombra. Pieza de la que tendrían que recabar más información... en el futuro.

Ahora había encontrado el sedal, y solo tenía que esperar al momento adecuado para tirar del mismo.


NOTA DEL AUTOR:

En primer lugar: En el anterior capítulo me quejaba de la falta de reviews. Aunque sigo pensándolo, también ha sido injusto que no mencionara a los reviews de tanta calidad que me dejan lectores como FHix y UnIngenieroMas. Chicos, muchísimas gracias, y también a todos los que me han dejado un comentairo por corto que fuera.

Bienvenidos a Cérvidas, hogar de los ciervos. Es curioso cómo este tipo de ambientaciones con razas tan dispares pega tan bien en un mundo como My Little Pony, ¿no creéis? Se agradecen comentarios, ruegos y preguntas. ¡Hasta la próxima!

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