El rítmico goteo sobre un charco de agua oculto en la oscuridad de las catacumbas fue eclipsado por el desgarrador grito de clemencia de un lobo, al cual le siguió el tintineo metálico de unas cadenas cuando la hembra asida a estas intentó liberarse con todas sus fuerzas.

La joven loba, cuyo cuerpo mostraba múltiples heridas y hematomas causados por las torturas y abusos a los que había sido sometida, miró alrededor con el rostro truncado por el terror. Jadeaba agudos gemidos con cada respiración, dos surcos de lágrimas se habían formado en la suciedad de su pelaje; sus patas traseras eran libres pero, con el cuello amarrado a una cadena que colgaba de la pared, no le servían de nada. De hecho, tan corta era la atadura que no la permitía siquiera tumbarse en el suelo.

Un nuevo grito cruzó la estancia a través de la puerta que la cerraba. Mujâhid, así se llamaba el macho, amigo suyo de toda la vida, y era el último que sería asesinado antes de que vinieran a por ella. Así había sido con los otros cuatro. Trató de mover las garras delanteras, pero estas estaban firmemente encadenadas entre si, y el collar de metal en torno a su cuello no mostró cambio alguno que la permitiera aflojarlo; sus patas estaban doloridas y, en torno a los grilletes, grandes ampollas se abrían. Durante días se había desesperado por el dolor de las mismas pero, en esos momentos, el mismo se había acallado por su instinto de supervivencia.

Los gritos de Mujâhid se fueron apagando poco a poco, a lo largo de un lento minuto. Las súplicas se convirtieron en llantos de dolor, estos en quedos gruñidos y, finalmente, llegó el silencio. La loba supo lo que eso significaba, había ocurrido con todos sus compañeros antes. Volvió a luchar con todas sus fuerzas, haciendo que sus heridas se abrieran una vez más y formaran un camino de sangre sobre su pelaje marrón; escuchó voces y movimiento al otro lado de la puerta, un golpe sordo y amortiguado, como si hubieran arrojado un saco al pavimento. Alguien se acercó a la puerta y metió una llave en la cerradura.

¡No! ¡No por favor, no lo hagáis!

De nada sirvieron sus súplicas: un unicornio y un poni de tierra se acercaron a la prisionera; la loba primero se alejó pero, cuando el poni terrestre desató el amarre de su cuello, se lanzó contra él, garras por delante, luchando por su vida. El unicornio respondió al segundo, rodeándola con un aura oscura e inmovilizándola en el aire. Su compañero se revolvió y coceó violentamente a la prisionera en el vientre; esta tosió sangre y, cuando la magia la liberó, cayó al suelo luchando por seguir respirando por encima del incapacitante dolor.

La malherida joven sintió cómo la levantaban, ignorando sus débiles esfuerzos por impedirlo. Entró en una nueva estancia, que a duras penas recordaba de cuando la trajeron al calabozo, del cual no había salido en ningún momento desde su secuestro. Había símbolos tallados en el suelo y el techo, y algo que parecía un altar en el centro de un pentagrama. Había un olor que hizo que se activaran por igual sus instintos de cazadora y los de supervivencia; un olor que, aunque había sentido anteriormente, en esta ocasión venía acompañado por una sensación mágica de terror. La misma sensación que había sentido por primera vez cuando los zombies ígneos trajeron la maldición de la Fiebre Infernal por todos los Reinos lobo.

Olía a sangre.

Apreció que, en una esquina, había varios bultos apilados; cuando reconoció una mandíbula desencajada en uno de los mismos, gritó e intentó saltar de la espalda de poni que la llevaba. Sin embargo, una garra se cerró en torno a su cuello, levantándola con facilidad como si fuera una muñeca. Frente a ella apareció un grifo de ojos rojos y plumas negras, el mismo que había dirigido las torturas de aquel culto de psicópatas. Sin esfuerzo alguno la llevó hasta el altar del centro de la estancia y la colocó sobre el mismo, sujetándola hasta que alguien afianzó las cadenas de sus grilletes en esquinas opuestas del mismo. Pudo sentir el pelaje de su espalda empaparse con la sangre todavía tibia de Mujâhid.

¡No, por favor! ¡Por favor, haré lo que queráis!

Alrededor de diez figuras formaron un círculo a su alrededor: ponis, grifos y lobos por igual. Todas ellas iban cubiertas por túnicas marrones y empezaron a cantar una oración en un idioma desconocido para ella. Pero, a pesar de ello, cada sílaba, cada cántico, la horrorizaba, como si estos fueran un insulto contra la divinidad en si misma. La hembra se combó hacia adelante, tirando con sus cuatro extremidades con todas sus fuerzas, tratando en vano de romper las ataduras. Una vez más suplicó por su vida, a medida que los cánticos crecían en intensidad. Hubo un movimiento demasiado cerca de su cara y, por puro instinto, lanzó una dentellada hacia el mismo. Erró en su ataque, y la garra del grifo se cerró en torno a su garganta, obligándola a mirar a sus ojos antinaturalmente rojos.

¿Quieres vivir, loba? —le preguntó el grifo en lobo.

¡Sí, por favor, sí! ¡Haré lo que quieras, lo que quieras!

¿Jurarías servir al Señor de las Sombras?

¡Lo juro, juro lealtad! —gritó ella, con un deje de esperanza en su voz—. Haré lo que haga falta, por favor...

El grifo sonrió y retrocedió un par de pasos. La loba sintió su sangre helarse cuando lo vio sacar de entre los pliegues de su túnica una elaborada daga ritual.

Entonces lo servirás con tu muerte.

¡No, por favor!

La hembra no dejó de gritar en ningún momento, pidiendo clemencia y socorro, mientras el culto diabolista ejecutaba el ritual. La magia del Tártaro se hizo presente, distorsionando la realidad en torno a la elegida para el sacrificio. Como el calor distorsiona la luz, la sala y los cultistas se difuminaron ante sus ojos; voces que no procedían de ninguno de los presentes sonaron débilmente en sus oídos, saboreando su próximo festín. Las runas del círculo se iluminaron con llamas al principio pero, tras unos segundos, como si de agua se tratara, un río de sombras las cubrieron, dejando la sala en la penumbra.

El líder cultista levantó la daga ante la aterrorizada loba, mientras las sombras tomaban la misma.

—¡Señor de las Sombras, acepta el alma de esta mortal, que su vida te proporcione el poder para regresar a este mundo!

¡No lo hagas, por favor!

El grito de la loba siguió a la primera puñalada, la cual fue seguida de muchas otras; todas ellas pensadas para no matar de inmediato, si no dejando que el sacrificio se desangrara rápidamente. La sangre de la hembra cayó en torno al altar, recorriendo una serie de canales tallados en la piedra que la dirigieron, como un río rojizo, hasta las runas que formaban el círculo en sí. A medida que el líquido vital hacía contacto con las mismas, estas brillaron una luz blanquecina, y las voces provenientes del Tártaro aumentaron sus frenéticos susurros, satisfechas con la ofrenda.

El último aliento de vida fue exhalado por la loba. La magia todavía duró unos segundos más, antes de apagarse poco a poco. Los cultistas guardaron silencio, esperando las instrucciones de su líder.

—El señor de las Sombras nos recompensará por estos sacrificios, hermanos —exclamó el grifo ceremoniosamente—. Dos machos y cuatro hembras, torturados hasta que aceptaron cualquier cosa que les ordenáramos, voluntades quebradas que alimentarán el poder de nuestro señor. ¡El día de su retorno se acerca, y nosotros seremos sus generales, tanto en este mundo como en el Tártaro!

—¡Salve! —corearon los cultistas.

—Recogedlo todo, debemos irnos.

Todos los presentes cumplieron la orden, dirigiéndose a varias salas contiguas a recoger los enseres del culto. El gran grifo iba a hacer lo propio cuando sus agudos sentidos lo alertaron de un sonido metálico. Se giró hacia la entrada de las catacumbas, donde podía ver a los dos vigías poni en pie, inmóviles en sus posiciones.

—¡Eh, vosotros! ¿Habéis visto algo?

El líder cultista sintió que algo le rozaba una garra; en el suelo vio una pequeña bola de madera y metal que humeaba ligeramente. Cuando volvió a mirar a la entrada, los dos ponis cayeron al suelo y, tras ellos, aparecieron dos grandes y afilados ojos rosas brillando en la oscuridad. Por un instante creyó que se trataba de los ojos de un dragón, pero no tardó en apreciar que se trataba de una yegua de pelaje gris azulado, aunque era difícil verlo en la oscuridad.

—¡ALARMA! ¡NOS ATACAN!

Fue entonces cuando varias bombas de humo detonaron en toda la estancia. Los cultistas empezaron a gritar órdenes a ciegas, buscando de la misma forma al ser que les atacaba. No pasaron más que unos segundos antes de que se escuchara el inconfundible sonido del metal clavándose en carne, seguido de un quejido sanguinolento. El grifo negro se dirigió a la fuente del mismo, pero solo logró tropezar con el cadáver de uno de los diabolistas.

Hubo entonces un nuevo grito de dolor... en la esquina opuesta de la sala. Sabiendo que no tenía posibilidades si seguía jugando en el terreno de ese cazador, voló rápidamente hasta un pequeño círculo de runas tallado en un extremo del pentagrama principal.

—¡Invocadlo, invocadlo ahora!

Otros dos cultistas se unieron a su líder para hacer una rápida invocación, a medida que sus compañeros morían a su alrededor. Un pentagrama de fuego se formó entre los tres invocadores, superponiéndose al círculo ritual, y la magia demoníaca manó a través del mismo, saturando las mentes de los presentes con el poder antinatural del Tártaro. El fuego creció en tamaño e intensidad y se condensó en una bola que empezó a adquirir una forma vagamente cuadrúpeda. El grifo, jadeando por el esfuerzo, retrocedió y gritó:

—¡Vamos, tenemos que reagruparnos!

Hubo una apresurada huida a través de las catacumbas, sin preocuparse en tratar de ayudar a sus hermanos caídos. Cuando el último cultista que no pudo huir abandonó el mundo de los vivos, un tremendo rugido se escuchó. Las llamas surgieron de la boca del demonio recién invocado, cubriendo la mayor parte de la sala del ritual, tratando de alcanzar al enemigo de la Hermandad de las Sombras a ciegas.

El intenso calor provocó que el humo artificial de las bombas se consumiera, revelando la sala de nuevo. El gran demonio, un caótico cruce entre un tigre y un dragón, se interponía ante la salida que habían escogido los diabolistas para huir. La sala estaba iluminada por las llamas que habían prendido en varios puntos de la misma, revelando al atacante. Su pelaje azul grisáceo tenía unas pocas manchas de sangre ajenas; en sus patas delanteras, dos cuchillas estaban plegadas mediante ingeniosos resortes, cubiertas por el mismo espeso líquido. La Cazadora Batpony Rise Love miró al demonio de la destrucción que se alzaba ante ella; sus afiladas pupilas brillaron, estudiando a la criatura que se interponía entre ella y sus presas. El cuadrúpedo diablo volvió a rugir; Rise voló a pocos centímetros del suelo, desplegó sus armas y bufó como un gato furioso, mostrando sus afilados colmillos.

La cacería no había hecho más que empezar.


A cientos de millas de ese lugar, una batponi de pelaje gris oscuro y crin azul violácea aguardaba pacientemente a que el sonido que surgía del baño de su diosa guardara silencio. Portaba una armadura ligera de la guardia Lunar: un petral oscuro con una única gema en su centro que la identificaba como oficial; sus patas estaban cubiertas con fundas de metal, y dos cuchillas surgían de cada uno de los cascos delanteros, aunque en ese momento estaban retraídas hacia atrás. Cuando dejó de oír el correr el agua en el dormitorio real, esperó unos segundos antes de llamar a la puerta.

—¡ADELANTE!

La voz real de la princesa Luna hizo que la guardia tuviera que taparse sus sensibles oídos, a pesar de que la puerta amortiguó parte del sonido. Justo después, en un tono más natural, escuchó a la princesa Luna decir "Oh, disculpadnos. Adelante". La batponi hizo lo propio, todavía tambaleándose ligeramente. La princesa Luna, recién aseada tras despertar, se estaba colocando la corona. La oficial hizo un saludo militar seguido de una respetuosa reverencia.

—Mi diosa, os traigo los informes de sus agentes.

—Se lo agradezco, cabo Midnight Blossom*. Denos un momento.

La alicornio conjuró, haciendo que su cuerno brillara ligeramente. Las paredes se cubrieron con una capa de energía violácea que parecía evitar que el sonido reverberara en la estancia.

—Ya no pueden escucharnos.

Midnight siguió a Luna hasta un escritorio, sentándose cada una en sillas opuestas, para después sacar varios pergaminos que llevaba encima.

—Hay tres informes principales, mi Diosa: El primero, respecto al número inusualmente elevado de desapariciones, y los otros dos provenientes de nuestros agentes en Germarenia y los Reinos Lobo.

—¿Desapariciones?

—Sí. Un analista ha notado una... anomalía, un incremento en el número de desapariciones sin resolver.

Durante el siguiente cuarto de hora, Midnight Blossom mostró recortes de prensa, informes policiales, estadísticas y mapas destacando este hecho: en toda Equestria habían aumentado el número de desapariciones. Aunque era poco común, en un país con varios millones de habitantes no era de extrañar que varios ponis se declararan desaparecidos día a día. La mayor parte de veces estas desapariciones se acababan resolviendo.

Sin embargo, en los últimos tres meses los casos sin resolver se habían multiplicado. Era un porcentaje ínfimo, y todos los casos se repartían a lo largo y ancho de la geografía del país, sin ningún enlace aparente. Solamente un investigador cuya vista abarcara toda Equestria habría notado este incremento.

—Según los analistas de la Guardia Lunar es cuestión de tiempo que este hecho sea notado por el público, si sigue esta tendencia.

—Nós queremos asignar a la Guardia Lunar a investigar estos casos.

—Ya está hecho, mi Diosa.

La cabo guardó varios documentos y sacó un par de pergaminos tras decir eso. Sabía bien que a Luna le gustaba ir al grano y no perder el tiempo, era el momento de pasar al siguiente tema.

—Hace unas horas, los agentes asignados a Germarenia mandaron un mensaje informando de que se han producido desapariciones. Un análisis preliminar indica que estas han seguido un patrón muy similar al equestriano, sin embargo ha ocurrido en un espacio de tiempo menor que en nuestro reino, y las autoridades han dado la voz de alarma. Nuestros agentes encontraron una pista e informaron antes de seguirla.

—¿Han informado de sus progresos?

—No hemos tenido más noticias de ellos, mi Diosa. Todo indica que han caído.

Luna observó a la soldado durante unos segundos.

—¿Quienes eran los agentes?

—Un espía unicornio, y un cazador Batpony, mi diosa.

—¿Alguna pisa de a qué se enfrentaron?

—Diabolistas; según su último mensaje, mencionaron a un "Señor de las Sombra", pero no dieron más detalles.

La oscura alicornio se sentó en su escritorio, apoyando la cabeza en un casco delantero. Un Cazador Batpony había sido asesinado... ¿cómo era posible? Los Cazadores eran mortales, cierto, pero también se contaban entre lo mejores espías, guerreros y asesinos de Equestria. Seres que habían sucumbido a la oscuridad, pero habían logrado regresar para caminar en un delicado equilibrio entre la cordura y la psicopatía. Si alguien había logrado asesinar a uno de estos agentes de élite, tenía que saber muy bien a qué se enfrentaba.

—¿Qué hay de los Reinos Lobo? ¿Noticias de Rise Love?

—Rise Love ha enviado un mensaje hace apenas una hora, aunque solo ha dado un nombre, mi diosa. Aquí tiene.

Diciendo esto, la batpony le tendió un pergamino a Luna, el cual esta recogió con su magia. Las esquinas del mismo estaban ligeramente quemadas, indicando que había sido enviado mediante un hechizo alquímico, una imitación del fuego mágico de algunos dragones como Spike.

"Cuartel Central:

El objetivo no parece hallarse en mi actual situación, abandonó el país antes de mi llegada. He seguido su pista y he dado con sus seguidores, un culto diabolista. Ha habido desapariciones de lobos jóvenes, puedo afirmar que están organizando un gran sacrificio para un demonio al que llaman 'El señor de las sombras'.

Me comunicaré cuando tenga más información.

La Luna guía mi vuelo."

"La Luna guía mi vuelo", una sencilla frase en clave, cuyo significado era "voy a cazarlos". La sangre iba a correr esa noche en los Reinos Lobo.

—Rise Love debe estar enfrentándose al culto mientras nós conversamos.

—Así es, mi diosa.

—¿Hay algo más que nós debamos saber, Midnigh Blossom?

—Solo una noticia más: Al parecer, hace unas horas, se produjo un ataque en Lutnia, un ejército No-Muerto.

—¿No es allí donde se encuentra la arqueóloga Aitana Pones?

—Sí, pero de momento no disponemos de más información. Temo que por la mañana la prensa sepa más que nosotros mismos.

—Bien —respondió Luna, destruyendo el pergamino de Rise Love con su magia—. Nós agradecemos su trabajo, cabo. Retírese.

La cabo batpony se cuadró frente a la princesa de la noche y se retiró. Luna se quedó unos instantes tumbada en un diván, pensativa, sin saber bien cómo actuar a continuación. Salió al balcón de sus aposentos y miró el paisaje nocturno que se alzaba frente a ella. Quiso el azar (o quizá el equipo meteorológico de Canterlot) que las nubes se apartaran en aquel momento, revelando la luna que iluminó el terreno. Frente a ella, la oscuridad fue muriendo a medida que la reina de la noche tomaba el firmamento, bañando los alrededores en su luz hasta donde alcanzaba la vista. Su sola visión relajó a Luna, ayudándola a pensar con un poco más de claridad. Las sombras en su mente se despejaron y el denso manto de incertidumbre se levantó de sus pensamientos. No podía callarse, tenía que soltarlo, y Celestia esta vez tendría que escucharla.

Habiendo tomado la decisión, desplegó sus alas y alzó el vuelo, rodeando el imponente castillo blanco para dirigirse a la torre oriental del mismo, en la que los aposentos de Celestia se encontraban, con la luz todavía encendida.


—Sinceramente, Luna, no sé a dónde quieres llegar.

Celestia concluyó esa frase bebiendo un sorbo de infusión, ya que un té podría impedirle dormir bien durante la noche. Dejó la taza delicadamente con su magia en la mesa. Luna, que a duras penas había tocado su propio té, observó incrédula a su hermana.

—Celestia, no pueden ser casualidades. Algo se está moviendo, más allá de donde nosotras podemos ver.

—Explícate, por favor.

—Empecemos con el alzamiento de Manresht en los Reinos Lobo y cómo un nigromante intentó secuestrarlo.

—Según el testimonio de la misma poni que lo liberó en Manehattan, poniendo decenas de miles de vidas en peligro.

—Sin embargo los agentes que sirven a nós… —Luna se corrigió rápidamente al notar sus dejes milenarios—. Perdón, nós queremos decir: mis agentes han podido confirmar la existencia del nigromante Dark Art, y que la Fiebre Infernal fue erradicada la misma noche en que Manresht fue capturado.

—De acuerdo —suspiró Celestia en tono condescendiente—, asumamos que eso es cierto, y que un mago loco intentó hacerse con un diabolista milenario en la otra punta del mundo. ¿Cómo nos afecta eso?

—Manresht habló, en Manhattan, del regreso de "El señor de las sombras". Y ese es un nombre que nuestros agentes han escuchado mucho últimamente: en Germarenia o los Reinos Lobo, por ejemplo, se han encontrado grupos diabolistas ofreciendo sacrificios al mismo demonio.

Celestia suspiró, tratando de moderar sus palabras.

—Luna, sabemos bien que los diabolistas existen. Sin embargo, no están actuando dentro de Equestria, y cuando lo hacen son grupos minoritarios. No entiendo por qué estás tan... vigilante, con ellos.

—¡Por que se han dado también desapariciones en Equestria, Celestia! ¿Es que no nos habéis escuchado?

Celestia le dedicó una mirada a su hermana exactamente igual que cuando la regañaba sin palabras cuando eran potrillas. Apuró su taza de té y, mientras hacía levitar la tiara desde su cabeza hasta la mesita de noche, expuso:

—Desde mi punto de vista, no veo motivos para pensar que un culto de diabolistas pueda estar poniendo en peligro nuestra nación. Sin embargo, encargaré que se organicen patrullas por los pueblos más aislados, y que estas sean entrenadas en la detección y el combate contra las criaturas del Tártaro.

—Hermana, quizá tus agentes deberían...

—Mis agentes se hallan vigilando los reinos vecinos, Luna —interrumpió Celestia—. Teniendo en cuenta que varios de ellos se encuentran en Germarenia y los Reinos Lobo, me sorprende que no me hayan informado de la presencia de cultos diabolistas.

—¡Porque tú los instruyes para mirar solo lo evidente! ¿Qué esperáis, Celestia, que los villanos aparezcan frente a Canterlot informando de sus planes? Eso no ocurre siempre así.

—Luna, no puedo iniciar una caza de brujas. Si tienes pruebas concretas, házmelo saber y haremos algo al respecto. Pero de momento solo me has mostrado hechos aislados que supones están relacionados entre sí.

—¿Y qué hay del "Señor de la Sombras"? ¿No te parece una relación?

—Luna, ¡por todo lo que es sagrado! ¿Cuántos señores de las sombras crees que hay en el Tártaro? Si supiéramos el nombre real del demonio al que sirven, quizá podríamos hallar una relación y actuar.

Luna observó unos segundos a su hermana, antes de levantarse en silencio para ir a sus aposentos.

—No te preocupes, hermanita, no va a pasar nada.

Esas palabras hicieron que la princesa de la noche se detuviera y, mirando al suelo, respondiera:

—Celestia, ¿recuerdas cuando... nós perdimos la razón?

La blanca alicornio se quedó inmóvil ante esa pregunta, y tardó unos segundos en responder.

—Eso ocurrió hace mil años, Luna, ya no eres esa yegua. Tú no eres Nightmare Moon.

—Lo sé... pero hay algo que no entiendes. Sé lo que tú crees, y lo que dicen los libros de historia, pero esa no es la verdad.

—¿Qué quieres decir?

Luna se giró y clavó sus ojos en Celestia.

—No perdimos la razón en una sola noche, hermana: cuando nós nos tornamos en un... monstruo, había preparado mi golpe con mucha paciencia.

—¿Qué? Luna, eso no es posible, todo ocurrió en una sola noche, creo que debes haberlo...

—¿Soñado? —dijo Luna, con una amarga risita— Hermana, somos nós la que vigila los sueños del mundo, no tratéis de aleccionarme con los mismos. No fue una pesadilla, Celestia: el momento en el que la oscuridad tomó mi alma no fue cuando me mostré ante ti como Nightmare Moon, fue mucho antes.

Celestia se levantó, con la mandíbula temblando ligeramente ante lo que oía.

—¿Desde cuándo, Luna? ¿Cuándo ocurrió?

—En el combate contra el Rey Sombra. Me hechizó como a ti, pero me afectó de forma diferente.**

—¡Eso fue casi cincuenta años antes de... Nightmare Moon! ¿Por qué me cuentas esto ahora?

—¡Porque nós preparamos el golpe de estado durante todo ese tiempo!

La alicornio blanca retrocedió unos pasos, sin creerse lo que Luna le estaba confesando.

—¿Por qué me dices esto? ¡No lo entiendo, Luna, ¿por qué?!

—Para que entiendas, Celestia. Nós hemos estado... al otro lado. Nós ya no somos Nightmare Moon, pero lo fuimos, y olvidarlo no nos ayudará. Aprendí que el juego de poderes es como el ajedrez: se deben colocar los peones en los lugares adecuados y, llegado el momento, atacar.

—¡Lo que dices son locuras, Luna! Solo estuviste tú, y un grupo de locos que decidieron organizar disturbios, ¡no hubo ningún peón ayudando a Nightmare Moon! ¡Déjate de locuras y ve a dormir!

Celestia se giró, furibunda, negándose a escuchar más locuras por parte de su hermana pequeña. Sin embargo, dos simples palabra la alarmaron al instante.

—Black Wind.

Ese nombre activó un recuerdo en la mente de Celestia, un recuerdo que llevaba dormido casi un milenio.

—¿Qué?

—El general Black Wind, ¿recuerdas que murió en uno de esos "disturbios"?

—¡Fue un disturbio en Cloudsdale, no hay nada más que decir sobre ello!

—¿Sí? ¿Y qué hay del capitán de la guardia Iron Shield? ¿De la gran maga Moon Singer? ¿De la templaria Loud Mass, de los sargentos Copper Lance y Night Hunter, del sargento de tu guardia personal Gold Helmet, de...?

—¡Luna, para, ya basta! ¡Los recuerdo, pero no puedo creer que tú tuvieras algo que ver con sus...!

—¡Nós lo hicimos, Celestia!

Luna avanzó unos pasos, clavando su mirada con fuerza en los ojos de su hermana. Tenía que hacerla entender, a cualquier precio.

—Los auténticos villanos, aquellos que nos pueden poner a todos en peligro, no son tan poderosos como Discord: prepararán sus planes poco a poco y, cuando se dejen ver, será cuando estos ya estén actuando. Nós lo hicimos así, Celestia, pero gracias a los Titanes, actué antes de tiempo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que la última parte del plan, la que nós ignoramos en nuestra locura, era... robar los Elementos de la Armonía. Y si hubiera salido como nós... como Nightmare Moon quería, ¡hoy no tendríamos esta conversación, pues una de nosotras habría perecido en el combate que libramos!

Luna se volvió hacia el balcón y desplegó sus alas para marcharse de vuelta a su torreón. Sin embargo giró la cabeza, manteniendo contacto visual con su hermana mientras sentenciaba aquella conversación.

—Nós no esperaremos a que nuestros enemigos se muestren, Celestia. Por eso estos ligeros signos son tan importantes: Debemos adelantarnos a ellos, si queremos proteger a nuestros súbditos. Manda a tus agentes investigar los bajos fondos y las desapariciones, hermana, antes de que sea demasiado tarde.

Con esas palabras, Luna salió al balcón y echó a volar hacia sus propios aposentos. Celestia la observó durante todo el trayecto. Finalmente, la princesa solar se dirigió hacia las cocinas con un suspiro, negando para si misma, sabiendo que no iba a poder conciliar el sueño facilmente.

La princesa Luna, una vez en sus aposentos, abrió las cortinas y ventanas para dejar entrar la luz de la luna, quedando la estancia en una penumbra plateada. Se tumbó en una alfombra circular, manteniendo la cabeza alta y cerró los ojos, sumiéndose rápidamente en un profundo estado de trance. Un hecho excepcional para la mayoría de ponis, pero que formaba parte de la rutina de la princesa de la noche.

Después de todo, era su obligación velar por los sueños de sus pequeños poni. Además, esa corta meditación le serviría para calmarse tras la tensa conversación con su hermana.

Pasados pocos minutos, Luna abrió los ojos al Muro de los Sueños, el plano en el que convivían los espíritus con los sueños de los seres sentientes y que separaba el mundo físico del caos primordial. Podía ver los sueños de los pequeños ponis que dormían como esferas luminosas de distintos colores recortadas contra una versión difuminada y dispersa del mundo real. Algunas sombras se dejaban entrever, sin afectar salvo contadas ocasiones a los sueños: espíritus y elementales.

Su rutina no tuvo ningún sobresalto fuera de lo habitual. En alguna ocasión vio un sueño siendo asaltado por espíritus del terror, en cuyos casos actuaba directamente. En su experiencia, Luna había aprendido que había dos cosas que provocaban las pesadillas: los miedos y traumas de un ser sentiente, y los espíritus del terror y las pesadillas. Estos últimos eran los más fáciles de solucionar, solo debía entrar en dichos sueños para ayudar a la desafortunada víctima de estos infames espíritus. Cuando se trataba de una pesadilla provocada por miedos o traumas su trabajo podía extenderse durante bastante tiempo, varias noches incluso. Luna solía reír para si misma pensando que de no ser la princesa alicornio sería una excelente psicóloga.

Fue al salir de la mente de un soñador, de vuelta al plano onírico, que Luna observó una figura translúcida frente a ella. Tenía una forma que recordaba vagamente a algún tipo de criatura bípeda, pero sus contornos cambiaban continuamente como si estuviera danzando con un viento inexistente.

—Cuán extraño, parece que nos estés mirando. ¿Sois un elemental del aire?

El ser no respondió ni hizo gesto alguno. En lugar de ello voló rápidamente en torno a la forma espiritual de Luna para, finalmente, volver a situarse frente a ella, extendiendo una de sus extremidades superiores.

—¡Esto es sorprendente! Jamás vimos a un elemental interactuar con las formas oníricas ¿por qué tú si lo haces?

Luna esperó en vano una respuesta, pero el elemental voló de nuevo en torno a la yegua para, finalmente, detenerse y extender una de sus extremidades hacia ella. Algo dubitativa, Luna acercó su casco hacia la criatura y, al tocarla, se sintió arrastrada por una gran fuerza, sin entender bien qué ocurría, y el mundo estalló en una amalgama de blancos y negros.

Tan solo pasaron unos momentos cuando Luna, súbitamente, sintió que sus pezuñas se hundían en algo húmedo y frío, siendo consciente de tener nuevamente un cuerpo físico. El aliento frente a su hocico se condensó en una densa nube de vaho, y la temperatura del aire cayó drásticamente. Su corazón se disparó cuando sintió una amenaza que no podía percibir; el frío se clavaba en su alma, y esta le gritaba que huyera. Se encontraba en la ladera de una montaña, cerca de una senda cubierta por la nieve. Y, desde un pueblo en la cima, una nube oscura descendía a toda velocidad.

Había una potrilla, de pelaje gris y crines celestes galopando montaña abajo, dejando un sendero de huellas en la nieve. Y tras ella se aproximaba... la oscuridad. Una oscuridad sólida, reptante y hambrienta que daba caza a esa pequeña. Luna no sabía lo que era ni cómo había llegado ahí, pero no importaba. Rápidamente llamó a la magia para hacer frente a lo que quisiera ser esa sombra. Estaba a punto de alzar el vuelo cuando escuchó un gruñido a su espalda. Un gruñido que, curiosamente, pudo entender como si estuviera usando palabras poni.

—No debes temer por la cría poni, vidente. Estás en un sueño.

Luna siguió la voz. Tumbada sobre la nieve había una inmensa loba de pelaje blanco, ligeramente plateado a causa de las canas. Sus ojos heterocrómicos, ámbar el izquierdo y azul el derecho, observaban la escena con la calma y la sabiduría que solo concede la experiencia de la edad.

—¿Nós estamos en un sueño?

—Sí. Estás en mi propio sueño, vidente de las estrellas.

La alicornio miró alrededor, ignorando a la potrilla que seguía corriendo y no tardó en notar el plano onírico alzándose más allá de donde alcanzaba su vista. Jamás le había ocurrido el adentrarse en un sueño sin ser consciente de ello.

—¿Cómo he llegado aquí?

—Requería hablar contigo, vidente. Los espíritus del aire ayudaron a localizar tu espíritu, y han permitido que nos conozcamos en el mundo de los sueños.

—¿Qué eres? ¿Esa es tu… forma física?

La loba observó a Luna con gesto mohíno, antes de volver a fijarse en la potrilla. Su carrera se había convertido en un cansado trote a medida que las fuerzas y la voluntad por sobrevivir la abandonaban.

—Soy tu equivalente para mi raza y mis manadas: Soy la líder y vidente de los lobos invernales, los señores de la noche y el invierno. La noche es nuestro reino, la nieve nuestra hermana. Nuestros aullidos llaman a la tormenta*** —recitó la loba como un mantra—. Y tú eres la vidente de las estrellas, aquella que vela por los sueños de sus manadas y que trae la luz en la oscuridad. Princesa Luna es tu nombre.

La alicornio se tumbó frente a la gran loba blanca. "Vidente de las estrellas" era un título que no había esperado recibir, pero era no era sorprendente que algunas expresiones de la loba no encajaran con las palabras poni. ¿Lobos inteligentes como un poni? No sabía de su existencia, aunque había leyendas...

—No habría esperado que una loba pudiera hablar nuestro idioma.

—Estamos en mi propio sueño, yo decido lo que ocurre en el mismo. Solo cuando recibo una premonición soy incapaz de hacerlo.

Luna se fijó en la potrilla que ya había caído, viendo con horror cómo sus ojos perdían el brillo de la vida y empezaban a tornarse completamente negros. Un escalofrío la recorrió.

—¿Esto es una visión?

—Lo fue, hoy día solo es un recuerdo de la misma, pues solo se cumplió en parte. De hecho conoces a esta poni, princesa Luna.

Esta última volvió a observar a la potrilla, sorprendida por la revelación. Pelaje gris y crines celestes con algunos mechones blancos, y sus ojos eran dorados antes de que la sombra los tomara. Recordó entonces que, hacía algo más de un año, una extraña poni apareció en Flowerville, ayudando a salvar el pueblo de un libro maldito. "Grauj es mi nombre". Pero los ojos de aquella loba sin garras eran ambarinos, y no dorados, y sus crines eran mayoritariamente blancas con mechones celeste.

—¿Sweetie Grauj****?

—Sí. La hija de mi hermana poni, mi propia hija. La guiaste en su búsqueda hacia el pueblo poni de la montaña. Te doy las gracias.

—Fue... un placer. Había oído la historia de un pueblo maldito llamado Mountain Peak, en las tierras salvajes, supuse que quizá pudiera encontrar sus orígenes en las cercanías del mismo. ¿Qué le ocurrió?

—Fatas negras —explicó escuetamente la loba.

Súbitamente, el mundo cambió en torno a Luna. La montaña se difuminó en un borrón marrón que, poco a poco, fue definiéndose. A su alrededor se formó una acogedora cabaña de montaña, en cuya chimenea crepitaba el fuego. La princesa de la noche estaba muy sorprendida; había visto ponis capaces de modificar sus sueños a su antojo, al menos en parte. Sin embargo esta loba doblegaba sus sueños a su voluntad, como quien pasa la página de un libro.

Pero había algo extraño: dos criaturas estaban presentes, riendo, aunque una usaba extraños ladridos divertidos. Una joven yegua de pelaje gris y crines blancas y rubias se hallaba en el suelo, aguantándose la barriga y riendo a carcajadas, con lágrimas en los ojos. A su lado una loba de pelaje blanco hacía lo mismo, pero sus gruñidos eran palabras que Luna podía entender. La alicornio no tardó en darse cuenta que era la misma loba que la había traído ahí, pero mucho más joven.

—¡No sé por qué me río! —dijo la joven yegua—. ¡Tuvo que ser horrible!

—Pero es que se chocó contra mi… ¡y rebotó! ¡Tendrías que haberlo…!

Ambas figuras, súbitamente, se deshicieron en volutas de humo que desaparecieron rápidamente.

—No debí mostrarte esto; los sueños van ligados a nuestros recuerdos, y este lugar tiene muchos para mi, pasé mucho tiempo aquí durante mi juventud. Supongo que te sentirás más cómoda en una madriguera poni. ¿Temes algo, vidente de las estrellas? Veo la inquietud en tu alma.

—Nós todavía desconocemos qué hacemos aquí —explicó Luna tras unos segundos de duda—. Tú nos llamas "vidente", mas es incorrecto ya que no puedo vaticinar el futuro.

—Hay algo más, vidente de las estrellas. Un temor que portas conmigo desde hace unas lunas. Yo sí soy una vidente en el sentido que dices, y he visto algunos hechos en tu territorio, pero necesito saber si mis visiones son acertadas antes de alertarte de las mismas.

La loba observó a Luna en silencio, escuchando sus palabras respetuosamente. Esta dudó durante unos instantes, pero por alguna razón esa loba le inspiraba confianza. Luna siempre había sabido leer las intenciones de otros seres como un libro abierto, y no podía sentir ninguna intención oscura en su extraña anfitriona.

—En mi territorio hay movimiento en la sombras. Mis mejores cazadores intentan seguir el rastro, pero este es escurridizo. Han desaparecido muchos ponis, pero en distintos lugares de forma que nadie sospeche. Nós creemos que un gran mal proveniente del Tártaro se aproxima a Equestria, pero no hemos logrado encontrar ninguna pista que me ayude a proteger a los míos.

La gran cazadora blanca se giró hacia el fuego cuando Luna terminó de hablar y se quedó con la mirada fija en el mismo durante varios segundos.

—No encontrarás rastro alguno en mis visiones, vidente de las estrellas. Hace algunas lunas que tengo visiones recurrentes sobre el territorio de los ponis del sur. Mis sueños muestran aquello que podría ocurrir, y he visto muchos futuros diferentes para tus manadas.

—¿Futuros diferentes?

—El destino no está escrito, pero existen posibilidades, posibles caminos que el futuro puede tomar. Mis visiones me los muestran, pero no sé cuál va a ser el que recorramos.

—Entiendo. Por favor, muéstranos qué has visto.

La vidente de los lobos invernales asintió y el mundo volvió a cambiar alrededor de Luna. Al poco dejó de sentir su propio cuerpo, incapaz de controlar lo que estaba ocurriendo. Era algo impensable, jamás se había visto envuelta en un sueño que no pudiera controlar, pero no sentía miedo. Al poco estaba al aire libre, en un día cubierto por densas nubes como jamás las había visto. Pudo distinguir la inconfundible silueta de Canterlot y, frente a ella, había ponis. Habitantes de Equestria con expresiones de dolor y derrota en sus rostros, cuyas pezuñas se hallaban encadenadas con gruesos grilletes.

"He visto a tus manadas ser privadas de la libertad..."

Luna podía escuchar la voz de la loba en su propia mente. La escena volvió a cambiar para mostrar a un ejército formado tanto por la Guardia Solar como la Lunar. Escuchó una orden militar gritada a todo pulmón y, al localizar su origen, distinguió a Shining Armor en primera linea, organizando los soldados. Frente a los ponis se alzaba un ejército de criaturas demoníacas, infinitamente más numeroso que ellos.

"...y también las he visto luchar hasta la muerte."

Los demonios cargaron contra la formación Equestriana y, justo antes de que ambos ejércitos chocaran, el mundo se desvaneció para reformarse en lo que parecía el interior del castillo de Canterlot. Al instante, el suelo estalló y sus restos empezaron a volar a toda velocidad en círculos. Se formaron agua y fuego de la nada que se unieron al giro, al tiempo que miles de relámpagos surgían de todos los lugares. Y en el centro de esa vorágine de destrucción había la silueta de un poni, un unicornio.

"He visto el agua, la tierra, el fuego y la tormenta danzar con la muerte, dominados por un ser de inmenso poder. Lo he visto traicionar a los suyos, lo he visto dominar a los señores del Fuego y la Destrucción."

Tan rápido como había aparecido, la estancia se desvaneció y fue reemplazada por lo que parecían unas cuevas, quizá unas catacumbas. Había ponis aglomerados en las mismas, gritando aterrorizados, hasta que una voz gritó "¡Silencio! ¡Tranquilizaos!"; un semental unicornio de color verde menta y crines marrones se subió a una roca y empezó a repartir instrucciones a los presentes, sustituyendo el terror por objetivos claros y concisos. Pudo distinguir su marca de belleza: un libro abierto rodeado por un aura blanca.

"He visto a un macho alfa dirigir a su manada en los momentos de mayor oscuridad."

Un violento relámpago deslumbró a la princesa de la noche, dando lugar a una nueva ubicación: una planicie cubierta por nieve. Los lobos invernales, cada uno grande como el más corpulento de los ponis, alzaban sus rostros al cielo como si trataran de besar a las nubes, y la tormenta danzaba al son de sus aullidos. Los rayos saltaron de nube en nube antes de clavarse, como garras, en el centro de un ejército de seres cubiertos por la sombra. Las criaturas corrieron hacia los lobos, y estos, dirigidos por una gran loba blanca, la vidente, se dispersaron para iniciar la batalla contra los enemigos más débiles.

"He visto a la sombra invadir nuestro territorio, he visto a los míos luchar por sus vidas. He visto mi propia muerte."

Con el impacto de un rayo Luna experimentó una sucesión de escenas, tan rápidas que tardó unos segundos en entenderlas.

Vio a Twilight Sparkle, levitando en el aire con los ojos en blanco, mientras entonaba un antiguo hechizo frente a un círculo de runas.

A Applejack, subida sobre varias cajas, arengando a un gran grupo de ponis.

Fluttershy, caminando lentamente con una expresión de infinita tristeza, liderando a una gran variedad de animales del bosque Everfree.

Vio a Rarity, desarrapada, sucia y malherida, gritando algo a unos ponis escasamente en mejores condiciones que ella.

Pinkie Pie, saltando alegremente entre varios demonios y no muertos, mientras los ponis esclavizados reían ante la escena.

Y a Rainbow Dash, volando sobre las nubes mientras miraba un agujero que cientos de pegasos estaban abriendo en las mismas, escoltada por cinco miembros de los Wonderbolts. A través del claro pudo distinguir las torres del castillo de Canterlot.

"He visto a seis hembras poni únicas dirigir a sus manadas en la mayor de las cacerías."

Antes de que la princesa Luna pudiera preguntar al respecto, se encontró mirando hacia el mar; un gran barco poni, un antiguo carguero modificado para el combate, se mecía suavemente con las olas; uno de sus palos estaba roto, algunas de sus velas rasgadas, la tripulación malherida. Pero en el centro del caos se alzaba una yegua: una pegaso de pelaje morado y crines celestes que esperaba, controlando su propio miedo y el de sus sementales. Cuando una inmensa sombra cayó sobre la nave, la capitana de la misma dio una orden y todos los cañones abrieron fuego a la vez.

"He visto una poni que cabalga las nubes y las olas venir de más allá de las grandes aguas del este para proteger a los suyos."

Súbitamente Luna se encontró en las blancas calles de Canterlot, pero el fuego las iluminaba en tonos anaranjados. Un poni de tierra frente a ella llamó a la magia del Tártaro, cubriendo su cuerpo y ojos con fuego infernal. La gran llamarada que lanzó cubrió toda la calle, pero un escudo de color celeste apareció en su trayectoria, deteniendo el ataque. Su conjuradora era una poni de color rosa claro y crines púrpura con algunos mechones celestes, y su marca de belleza recordaba a la de Twilight Sparkle. Escuchó un grito tras ella y, al girarse, Luna se encontró con La gran y poderosa Trixie en persona, guiando a un grupo de ciudadanos hacia un edificio cercano.

"He visto a dos hembras repudiadas probar su lealtad a la manada."

Una brillante luz cegó a Luna durante lo que parecieron varios minutos hasta que se percató de que estaba mirando directamente al sol. Pero su cegadora luminosidad se vio pronto eclipsada por un la luna. La reina de la noche sintió una desquiciada carcajada salir de su garganta a causa del inconmensurable poder que la embriagaba, sabiendo que pronto Equestria sería suya. Que esta vez nada podría detenerla, y que la noche sería, finalmente, eterna...

—¡NO!

Con ese grito, Luna se encontró de vuelta en la placentera cabaña. La loba seguía tumbada en el mismo lugar, observando a la alterada alicornio.

—¡No puede ser! ¡Me curaron, me libraron del mal! ¡No voy a volver a caer en la locura, no volveré a ser Nightmare Moon! ¡Esta visión no puede ser cierta!

—Ninguna visión es completamente cierta, vidente de las estrellas —explicó la gran depredadora con sabiduría—. Mis visiones muestran las posibles sendas del destino, cuál tomar solo depende de ti.

—Pero esto no puede ser una posibilidad, ¡no puede serla! Los Elementos de la Armonía expulsaron el mal de mi alma, ¡no puede regresar!

La vidente invernal observó a la princesa de la noche durante unos segundos, estudiando su propia esencia, viendo algo que solo su ojo de vidente podía mostrarle.

—Tú y yo somos muy similares, vidente Luna: Amas a tu manada como amarías a tus propias crías, y harás lo que sea necesario por protegerla. Serás bondadosa, leal y justa, pero usarás la crueldad y la muerte cuando sea sea necesario. Usarás a tus guerreros para proteger cuando sea necesario, pero no dudarás en ordenar una cacería. Caminas en un delicado equilibrio y posees el poder de mil tormentas. Solo tú podrás decidir qué senda escoger.

La aludida tragó saliva, ahogando sus palabras con ella. En su subconsciente, Luna sabía que eso era cierto: ella había estado 'al otro lado', había experimentado en su propia carne la crueldad y la determinación que la oscuridad y el odio otorgaban. Aunque lo recordaba como un sueño, sabía que cuando fue Nightmare Moon cometió actos de extrema maldad, actos que no quería recordar. Y sabía bien que, si estaba en sus pezuñas evitar que un nuevo mal se alzara en Equestria, haría lo que fuese necesario para detenerlo.

¿Cuál era el precio a pagar por proteger a los que amaba? ¿Su propia alma? ¿Su propia bondad? Hacía mucho que había decidido que haría lo imposible por protegerlos, ¿pero podía suponer eso perderse a si misma,volver a caer presa de la oscuridad? Oscuridad que, en ocasiones, sentía en su interior: el oscuro y reprimido deseo de aplicar condenas más duras a los criminales, o el ansia de combate que sintió cuando supo que Sombra había regresado.

—Hay algo más que debes saber, Luna.

La loba clavó sus ojos en las llamas de la chimenea, hablando sin mirar a la alicornio.

—Tuve otra visión que... no puedo mostrarte como tal. Es un conocimiento, una advertencia de los espíritus. Entre tus mandas hay un gran cazador poni, un cazador que, dentro de poco, será derrotado. Suplicará por alcanzar la muerte.

—¿Un cazador? ¿Sabes quién, o cómo es?

—No lo sé. Este cazador fracasará en una de sus cacerías. Cuando lo haga, puede que se convierta en uno de tus mayores aliados, vidente de las estrellas... o en tu peor enemigo.

—¿Pero no puedes decirme nada más? ¡Esto no nos ayuda! ¡Nós no tenemos más pistas para

proteger mi reino!

—Te advertí que no encontrarías rastro alguno que seguir en mis visiones, vidente. Solo advertencias.

—Pero...

—Si las sendas del destino nos llevan a cazar o ser cazados por los señores del Tártaro, los lobos invernales cazaremos a tu lado. Adiós, Princesa Luna.

Luna abrió los ojos al mundo real, en sus aposentos. Al principio pensó que estaba desorientada, pero no tardó en confirmar que habían pasado varias horas. ¿Tanto tiempo llevaba en trance?

Abrió la puerta que daba al balcón y salió al exterior; Equestria se alzaba, pacífica y gloriosa, ante ella, ajena a lo que acababa de ver o a las premoniciones de muerte y esclavitud que se cernían sobre ella. El miedo embargó a la princesa de la noche, un temor por el bienestar de sus súbditos. Si la loba invernal decía la verdad, si alguna de sus premoniciones mostraba la realidad, entonces no había duda: el mal se estaba echando sobre Equestria. Pero seguía sin pistas, sin saber bien qué estaba ocurriendo exactamente. ¿Eran solo diabolistas? ¿Nigromantes o magos negros? ¿O quizá algo más inabarcable, un antiguo poder que todavía no se había manifestado?

Luna había desplegado todos los recursos que disponía: Sus agentes vigilaban el mercado negro, en busca de cualquier movimiento extraño; los cazadores batpony seguían cualquier pista de magia prohibida en Equestria y más allá de sus fronteras, y sus analistas seguían buscando relaciones extrañas en las estadísticas Equestrianas. Sus mejores agentes, los cazadores Batpony, se hallaban cazando a los seguidores de "El señor de la sombra", e incluso ella misma vigilaba los sueños durante las noches, por si notaba algún patrón inusual en los mismos que pudiera indicar la presencia de demonios, elementales de la oscuridad o magia corrupta. Hasta el momento, nada de estos había arrojado luz sobre el misterio, solo algunas pistas aisladas. Como bien le había dicho Celestia, en ese momento no sabían a qué se enfrentaban.

Pero la oscura alicornio estaba convencida de que no se equivocaba, eran, sencillamente, demasiadas casualidades. El hecho, comprobado, de que Aitana Pones se enfrentó a un nigromante en los Reinos Lobo, el cual intentó hacerse con un antiguo diabolista; la amenaza de Manresht -el señor de las sombras regresará-, las visiones de la vidente lobo... No podían ser meras coincidencias, algo estaba ocurriendo. Y Luna haría cualquier cosa por evitarlo.

Alzó la mirada hacia la pacífica noche que crecía ante ella, transmitiendo una sensación de paz y amor a través de sus astros. Recordaba la vez que se dejó dominar por el odio y la envidia, convirtiendo la noche en un concepto terrorífico e inevitable. ¿Por qué la loba la había mostrado convirtiéndose, nuevamente, en Nightmare Moon? No volvería a caer ahí, no lo permitiría.

Luna concentró su magia, estableciendo contacto con el astro que llevaba su nombre, y lo invitó a iluminar la oscuridad. La reina de la noche avanzó, abriéndose paso a través de su séquito de estrellas como un faro de esperanza. Un faro que no debía morir.

—Mi diosa.

Un suave aleteo precedió la llegada al balcón de la cabo Midnight Blossom. Esta se posó en el el suelo e hizo una rápida reverencia antes de entregarle un pergamino con los bordes quemados. Luna lo desplegó rápidamente y leyó el escueto mensaje de Rise Love:

"Misión cumplida. Tengo nuevas pistas, me dirijo a Bloster Ville. En la próxima luna volaré acompañada."

—Cabo, envíe un pergamino al cuartel de la Guardia Lunar de Fillydelphia. Que estén preparados para actuar.


NOTA DEL AUTOR:

*Midnight Blossom es una conocida batpony, probablemente la primera batpony OC creada tras la aparición de esta raza en "Luna Eclipsed". Fue creada por Equestria-Prevails y ha sido usada en muchas historias. Si buscáis "batpony midnight blossom" en vuestro buscador favorito encontraréis referencias en seguida.

**Referencia a la animación "The fall of the empire", de Silly Filly Studios.

***Referencia a "Hermanas de la Tormenta", escrito por mi.

****Referencia a "Los peligros de la civilización", de Unade.

No es realmente necesario leer o ver estas referencias para entender La Guerra en las Sombras. Pero si lo hacéis y queréis dejarnos algún comentario, os lo agradeceré mucho :). Aparte, "The Fall of the Empire" es una de las mejores animaciones hechas por este fandom, os la recomiendo mucho. Oh, y Midnight Blossom aparece en la historia de SG91 "Amor de madre", un fic que os recomiendo.

En la antigua versión de este fic metí dos escenas de Luna: En una recibía la novela "Hermanas de la tormenta", donde aprendía acerca de los Lobos Invernales. Pero al releerlo me di cuenta que era algo forzado, que parecía que había querido hacer publicidad innecesaria de mis otros fics. Así que al final cambié la forma de hacerlo, haciendo que fuera la loba, y no Luna, quien hiciera posible la reunión. A fin de cuentas, ella tiene que proteger a su propia manada, si Equestria cae también lo harán los Lobos invernales, tarde o temprano.

Espero que hayáis disfrutado este capítulo. ¡Un saludo!