El Canterlot Express, tras haber atravesado la planicie central de Equestria, deteniéndose en cada pueblo en su ruta, inició el ascenso hacia la capital Equestriana. Pronto el traqueteo de la maquinaria se vio aderezado por los vaivenes que provocaban las curvas, a medida que el coloso ascendía por la ladera de la montaña.

Desde PonyVille, el trayecto a duras penas sobrepasaba los noventa minutos. Si se unían a los mismos una noche en vela, la ofensa poco oculta ante el estudio que la había mantenido despierta y y el hecho de que conociera personalmente a una de las personas implicadas, los nervios de cierta unicornio se hallaban a flor de piel. Por eso, el inicio de las curvas que la impidió seguir concentrándose en estudio que sostenía con su magia la hizo, finalmente, saltar.

—¡Es que esto no tiene sentido, Spike!

—¡Woah! ¿Qué? —se sobresaltó el dragoncito.

—¡Que esto no tiene sentido! —concluyó Twilight Sparkle—. ¿Cómo han podido aceptar esta tesis? ¡Esta teoría es simplemente absurda!

—No sé, Twilight, si la facultad de Manehattan ha aceptado...

—¡A una charlatana, Spike! Mira, déjame leerte algo: "Las armaduras, datadas en aproximadamente quinientos años de acuerdo al estrato geológico en el que se hallaron, están compuestas por una aleación de hierro, cobre y estaño. Siendo ya conocido en la época el acero, se sabe que esta aleación fue ideada exclusivamente para el uso de magos en combate, ya que esta no altera su capacidad para usar magia. Si unimos este hecho a la presencia de ciertos símbolos de la dinastía 'Glare', nos hallamos sin duda en un antiguo campo de batalla del ejército de Unicornia".

Twilight levantó la vista, esperando una respuesta de su hermanito dragón. Este la miró con expresión confundida antes de responder.

—¿Y qué tiene mal? A mi me parece lógico.

—Spike... ¿Cómo pudo haber una batalla, mucho menos una guerra, cuando la propia Princesa Celestia lo ha negado? ¡Es simplemente absurdo!

—Pero esas armaduras serían una prueba de que hubo una batalla, ¿no? ¿Y si simplemente Celestia no sabía de la misma?

—Es imposible que no lo supiera; de acuerdo a Aitana Pones, según el tamaño del campo de batalla y la concentración de armamento y armaduras perdidas, estima que hubo unos veinte mil ponis por bando. ¡Veinte mil!

—Esos son muchos ponis.

—¡Claro que son muchos! Mover ejércitos de tal tamaño requiere organizar rutas de suministros, economía para mantenerlos, tomar territorio... Si había un ejército semejante, no hay forma posible en que Celestia no supiera nada. Y eso por no mencionar que otro ejército, capaz de plantar batalla a Unicornia, tuvo que viajar nada menos que desde Cebrania. ¡Cebrania! ¿Sabes lo lejos que está Cebrania?

Hubo un incómodo silencio entre los dos. El maquinista anunció entonces que en breves llegarían a Canterlot.

—No te has leído ni un solo libro de los que te di, ¿verdad?

—¡Claro que sí! Los de Daring Do son geniales, y la enciclopedia de los dragones también, ¡de verdad! —respondió el dragón lila rápidamente—. Pero los de geografía...

—Ay, Spike —respondió Twilight con una sonrisa conciliadora. Era un bebé dragón, después de todo—. Cebrania está al sur de Cérvidas, al otro lado del Mar de la Eternidad. Habría hecho falta una inmensa flota marítima para traer a un ejército desde ahí.

—Alguien se habría enterado, ¿verdad?

—Exacto. La historia de Aitana Pones choca completamente con el testimonio de Celestia. ¡Y ella estuvo ahí!

El tren empezó a reducir su marcha al tiempo que se adentraba en la ciudad. Los edificios de la periferia fueron pasando frente a las ventanas, creciendo en número y altura. Los blancos muros de Canterlot aparecieron a la derecha del vehículo, luciendo una imponente fachada que parecía reflejar la luz del sol. Finalmente el tren se detuvo en el andén y se dio aviso a los viajeros para bajar.

Como de costumbre, Twilight apresuró a Spike para que esperaran los primeros frente a la puerta hasta que abrieran. El dragón púrpura tuvo que apretar el paso para mantenerse junto a Twilight a través del gentío.

—Pero Twilight, aún no me has dicho dónde vamos.

—¿Cómo? ¡Pero si te lo he dicho mil veces!

—No, no me lo has dicho —insistió el dragoncito, y a continuación habló imitando la voz de su hermana adoptiva—. Spike, vamos a investigar si esta tesis doctoral está en lo cierto. Pero no me has dicho dónde vamos.

—Oh... ¿De verdad? Je, je, lo siento, Spike, es que cuando me centro en algo... Vamos al museo de historia de Canterlot. Hoy mismo van a traer las pruebas descubiertas por Aitana Pones para su estudio.

—¿Qué? ¡Pero Twilight! Va a estar a reventar, ¡todos los historiadores de Equestria quieren ver esas pruebas! ¿Cómo pretendes entrar?

Twilight iba a responder, pero en la salida de la estación había tal muchedumbre que no les permitía pasar. Intentó buscar un resquicio hasta que optó por otra solución.

—No te preocupes por eso, Spike.

El dragón subió sobre la grupa de la yegua cuando esta se agachó un poco para que lo hiciera; en seguida la unicornio empezó a conjurar, y una sensación de opresión rodeó a ambos cuando el teletransporte se ejecutó. Al reaparecer, se hallaban frente al Museo de Historia.

—Has mejorado mucho.

—¡Gracias! —respondió la yegua con una orgullosa sonrisa—. He estado practicando desde que Sombra me atrapó en el Imperio. Creo que si hubiera podido teleportarme más lejos habría escapado mucho antes de su trampa.

—Bueno... sí, pero, ¿y esto cómo vas a superarlo?

La unicornio siguió la garra de su compañero para ver que había una larguísima cola de gente frente a la puerta del museo: Pegasos, grifos, unicornios, ponis de tierra, batponies... En varios puntos de la misma había grupos de gente hablando con fuerza, cansados de la larga espera; encargados de la seguridad del museo paseaban por la cola, deteniendo a algún periodista intentando colarse, y la presencia de la guardia solar era una prueba de que había sido necesario imponer orden en la zona.

Twilight decidió avanzar directamente hacia la entrada del museo, ignorando la larga fila, y buscó directamente a un guardia solar.

—Disculpe, caballero.

—Lo siento mucho, señorita, pero deberá usted esperar a... ¡Oh! ¡Señorita Twilight Sparkle! Y este dragón debe ser Spike, su ayudante personal. ¿En qué puedo ayudarla?

—Me preguntaba si sería posible ver los objetos del yacimiento hallado por la doctora Aitana Pones. Tengo un gran interés en su tesis.

—Desde luego, permítame acompañarla.

El guardia solar dio instrucciones para que les dejaran pasar y, al poco, habían entrado en el museo ante las protestas de los ponis que seguían aguardando. Spike miró a Twilight de forma inquisitiva.

—Vamos, Spike, soy la alumna predilecta de Celestia, portadora del elemento de la magia, he salvado Equestria un par de veces y los dos ayudamos a salvar el Imperio de Cristal. Déjame aprovecharme de la fama por una vez.

—Eso ha estado feo, Twilight.

—¿Si te invito a un helado luego me perdonas?

—¿Con virutas de rubí? —preguntó, y la unicornio asintió—. ¡Vale!

La entrada del museo daba paso a un inmenso vestíbulo que se alzaba varias alturas y medía varias decenas de metros. El propio edificio, en si, era un monumento a la historia Equestriana: Habiendo sido construido piso a piso a lo largo de casi cuatrocientos años, se podía apreciar la evolución de la arquitectura poni con toda facilidad. Empezando en su base, lucía unos frescos y cuadros que carecían de percepción de la profundidad, contrastando con las modernas obras de arte que cubrían el balcón de los últimos pisos, mezclando tanto hiperrealismo como algunos ejemplos de pintura moderna que Twilight no llegaba a apreciar.

La ruta recomendada para los visitantes se iniciaba en el piso superior, en el que se recogían eventos de la historia moderna, incluidos recientes hechos como el retorno y redención de Nightmare Moon o la captura de Discord. También había algunas representaciones, todavía inacabadas, sobre el retorno del Imperio de Cristal, pero todavía permanecían cerradas al público. A partir de ahí los visitantes irían descendiendo nivel a nivel, observando objetos de antigüedad creciente, hasta llegar al primer piso, donde se narraba el inicio del país, con la unión de las tres razas poni.

Todavía había un serio debate sobre dónde incluir a los Batponies en la historia.

Normalmente, el museo se hallaba repleto de turistas, visitantes y escolares. Sin embargo, con la llegada de la colección de la tesis doctoral de Aitana Pones, sus puertas se habían cerrado al público, quedando la entrada reservada únicamente a periodistas e historiadores certificados. Era un momento convulso en las organizaciones arqueológicas de Equestria, ya que esta tesis desmontaba por completo un periodo bastante extenso de la historia recogida en los libros de texto.

—Twilight, hay algo que no entiendo, ¿por qué está todo el mundo tan emocionado con esto? Es decir, si la doctora Pones tiene razón, hubo una guerra que no se conocía hace quinientos años. ¿De verdad hay para tanto?

—Sí, Spike, verás, no es solo que esto desmienta la propia versión de la princesa Celestia: Es que cambia la imagen que tenemos de cómo se anexionó la moderna Equestria.

—¿Y eso?

—Es un hecho probado que las tres razas ponis nos unimos hace casi dos mil años para fundar Equestria. Unicornia era un reino alejado de Canterlot que, con la expansión Equestriana, acabó haciendo frontera con Equestria. Se mantuvo independiente hasta hace quinientos años, cuando optó por anexionarse a Equestria pacíficamente, aceptando el principado de Celestia. Si lo que dice Aitana Pones es cierto, que no creo que lo sea —aclaró altivamente la unicornio lavanda—, Unicornia se anexionó tras una inmensa guerra que también incluyó a Cebrania. Cambia completamente la forma en que percibimos la formación de nuestro país, Spike.

El guardia les guió hacia unas escaleras descendientes, las cuales dieron lugar a los almacenes del museo. Una zona vetada al público, y reservada a los estudiosos y restauradores. El silencio que reinaba en el museo empezó a romperse con los murmullos que salían de una gran puerta al fondo de la estancia.

—Señorita Sparkle, es ahí. Debo volver a la entrada principal.

—Muchas gracias, caballero —se despidió la unicornio antes de seguir hablando con Spike—. De todas formas no estoy preocupada, Spike. La teoría de la doctora Pones es, sencillamente, imposible. Estoy convencida de que, con un poco de investigación, determinaremos que sus supuestas pruebas no son más que un...

Sin dejar de hablar, Twilight usó su magia para abrir la puerta.

—¿...disparate?

Docenas, quizá casi un centenar de armaduras antiguas se hallaban dispuestas a lo largo de un gran area en la inmensa sala subterránea. Todas ellas estaban ennegrecidas por el óxido, la tierra y el tiempo, y la mayoría habían sido montadas sobre maniquíes para facilitar la catalogación. Aquellas piezas que estaban demasiado dañadas o incompletas habían sido colocadas cuidadosamente en mesas acolchadas, donde un grupo de restauradores se esmeraba en clasificarlas y analizarlas.

En otra zona de la gran estancia otro trabajo se estaba realizando: El estudio de las armas encontradas en el terreno. A ojos inexpertos, la mayor parte parecían simplemente piezas curvas de metal oxidado, ni siquiera Twilight estaba demasiado segura de qué era cada cosa. Se acercó, boquiabierta, para leer los carteles de aquellas piezas que habían sido identificadas: "Espada de mago, aproximadamente 500 años", "Cuerno armado, aproximadamente 550 años", "Fragmento de Lóriga de Unicornia, aproximadamente 485 años", "Disparador de ballesta, 500 años", "Daga de combate, 500 años".

Twilight no podía creer lo que estaba viendo. Había esperado encontrar solo unas pocas piezas, y una explicación muy forzada a las teorías de la doctora Pones. Pero lo que se mostraba ante ella parecía... irrefutable.

—Twilight, mira allí.

La aludida se giró hacia donde le señaló su ayudante, viendo que al fondo de la estancia había otra colección diferente, pero igualmente enorme. A primera vista parecía también compuesta por decenas de armaduras montadas en sus respectivos soportes, pero una inspección más cercana bastó para ver que estas eran muy diferentes. Parecían hechas de otros materiales, una combinación de tela y algún tipo de madera. A un lado, colocadas cuidadosamente, había una gran cantidad de otros pequeños objetos.

"Punta de lanza, Cebrania, 500 años".

"Daga ritual, culto cebra de la renovación, 500 años".

"Amuleto cebra, culto de la guerra, 450 años".

De hecho, inspeccionando los objetos, había un pequeño grupo de cebras, machos y hembras, que comentaban sus hallazgos en su idioma natal.

—Esto... no puede ser. No es posible, Spike, tiene que haber una explicación.

—¿Celestia lo ocultó?

—¡Spike! ¿Por qué iba Celestia a ocultar una guerra? ¡Eso no tiene sentido!

—Pues es la única explicación que se me ocurre.

—Tiene que haber otra...

Los planes de Twilight de estudiar con esmero cada pieza, por pequeña que fuera, en busca de incongruencias se vieron truncados por un creciente escándalo. Un grupo de ponis, bastante mayores en su mayoría, estaban discutiendo, alzando la voz cada vez más. La unicornio se acercó, intentando averiguar qué ocurría.

—¡Es insultante! —gritó estridentemente un pegaso bastante entrado en años—. ¿Cómo es posible que todo esto pasara desapercibido?

—Doctor Trottinghoof, cálmese. No disponíamos de ninguna prueba que sostuviera la versión de la doctora Pones.

—¡No me venga con esas, rector! —respondió el ofendido semental—. Yo fui allí, yo mismo dirigí la excavación. ¡Estaba exactamente donde la doctora Pones señaló! ¡Ustedes dijeron que lo habían comprobado, que no había nada y les creí! ¡Me aseguraron que no había nada que investigar!

—No había nada que investigar, doctor Trottinghoof. El testimonio de Celestia en aquel momento fue suficiente para…

—¡Y me mandaron a mi a responder, a hacer frente a su tesis, a decirle que estaba equivocada, a poner mi nombre en entredicho! No es la doctora Pones quien ha puesto en entredicho mi carrera, ¡han sido ustedes!

—Doctor Trottinghoof, le recuerdo que su financiación proviene de la Universidad de Manehattan. Modere sus modales con el rectorado si no quiere que…

—¡Cállese! Quítenme la financiación si lo desean, no pienso volver a trabajar con ustedes. Pero antes mírenme a los ojos y díganme por qué no enviaron a nadie a investigar el hallazgo de la doctora Pones. Si tan seguros estaban, ¿por qué no lo comprobaron?

Los ponis que había frente al alterado pegaso, que Twilight dedujo se trataba de los rectores de las distintas facultades de Manehattan, miraron durante unos largos segundos al doctor Trottinghoof. Finalmente, sin decir palabra alguna, se alejaron de él. La unicornio lavanda y Spike se miraron mutuamente y, sin palabras, acordaron acercarse a él.

—Bueno días doctor…

—Trottinghoof, potra, y ahora mismo no tengo ganas de…

El pegaso, que Twilight dedujo debía rondar los cincuenta años, se cortó a media frase al darse cuenta de a quién se estaba dirigiendo.

—¡Usted es Twilight Sparkle! —exclamó—. Discípula de Celestia y portadora del Elemento de la Magia. ¿Qué hace aquí?

—Venía a ver estos hallazgos, a buscar una explicación a los mismos que…

—¿Que cuadre con la historia oficial de Equestria? Ahórrese el esfuerzo, no la va a encontrar.

—¿Por qué discutía con el rectorado?

—¡¿Acaso no es evidente?!

El pegaso aleteó rápidamente casi como un gorrión, elevándose nerviosamente unos centímetros del suelo antes de volver a posarse, incapaz de mantener los cascos quietos.

—¡Ellos bloquearon la investigación! No querían que nadie descubriera todo esto, así que tacharon a Aitana Pones de loca.

—Pero… ¿enviaron luego a alguien, no? —aventuró Spike—. Quizá se dieron cuenta de su error…

—¡La universidad de Manehattan no envió a nadie! ¡Fui yo en persona!

—¿Usted? Disculpe doctor, pero es… chocante —inició Twilight intentando no ser ofensiva—. He leído sobre cómo usted hace años refutó completamente la tesis doctoral de Aitana Pones, tachándola como un "sin sentido".

El aludido, ciertamente, pareció bastante molesto, pero no se lo reprochó a Twilight.

—Me equivoqué. Confié en los documentos que me envió el rectorado, no los comprobé como debí, ¡confiaba en ellos! —exclamó—. Pero cuando Aitana liberó a Manresht… Dioses, ¡claro que reconocí lo que era! Ese lobo era un hechicero infernal, un mortal que había absorbido poder del Tártaro hasta volverse casi inmortal, ¡pero solo eran leyendas! ¿Cómo iba a creer lo que veía?

—Pero…

—Mire, venga conmigo, Twilight Sparkle.

Los tres caminaron juntos hasta una mesa donde había desplegados una multitud de papeles y fotografías, así como una pequeña montaña de libros. El doctor sacó una de las fotografías que mostraba lo que parecía un círculo rúnico grabado a fuego en la hierba.

—Señorita, no sé si conoce usted el lenguaje rúnico, reconozco que he estado aprendiéndolo los últimos dos meses. Este es el círculo que la propia Aitana Pones hizo tallar en Manehattan para atrapar a Manresht.

—Puedo leer rúnico, doctor Trottinghoof —respondió Twilight con un ligerísimo deje de prepotencia—. Tra, mag, mau, tei… Es una invocación a la orden, la luz, el bien y la tierra.

—Vale, eso me ahorra tiempo —respondió el doctor apresuradamente, sin reconocer la brillantez de Twilight—. Esta invocación aparece en libros de mitología para enfrentarse a seres infernales, o para proteger el hogar. Pero es que los hechiceros infernales, ¡eran solo un mito! ¡Una leyenda! De acuerdo a todo lo que sé, Manresht no podía existir, pero estaba frente a mi. Así que investigué más.

Trottinghoof sacó montones de fotografías, diagramas y textos que fue lanzando uno a uno sobre la mesa, frente a Twilight y Spike a medida que explicaba.

—Pictogramas ciervo, runas lobas, los ritos cebra, la escritura cuneiforme de los extintos Camelii, los jeroglíficos de Egiptrot… Todas estas culturas hablaban de los seres del Tártaro en los mismos términos, todas ellas tenían exactamente el mismo tipo de ritual que utilizó Aitana en Manehattan, todas ellas hablaban de los hechiceros infernales. ¡Todas! Y entonces pensé lo inconcedible, que quizá, después de todo, ¡Aitana tenía razón!

—¿En lo de la guerra de Cebrania y Unicornia? —aventuró Spike.

—¡No! ¡En que quizá mi propio conocimiento me había cegado, que me negaba a ver la verdad! Pedí a la universidad financiación para investigar el supuesto hallazgo de Aitana, de iniciar las excavaciones, ¡pero me lo negaron!

Twilight Sparkle y Spike se sorprendieron a la vez ante esa revelación.

—Pero, ¿por qué iban a negarse?

—¡Porque no querían que se descubriera! —respondió el doctor de forma estridente—. Así que reuní a unos pocos de mis alumnos y fuimos al lugar del hallazgo. Hice público todo lo que encontramos, y fue entonces cuando la Universidad de Manehattan decidió financiar la excavación. ¡Cuando no tuvieron más remedio! ¡Querían ocultarlo!

—No… no lo entiendo —exclamó la unicornio, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué iban a querer ocultar la verdad? ¡La arqueología consiste en estudiar el pasado, aprender de él!

—¿Cómo quiere que lo sepa? ¡No tenía recursos! —exclamó Trottinghoof—. Esta es la primera vez que hay un equipo decente investigando los objetos, quizá hoy encontremos algo.

—Bueno, en ese caso… ¿cómo podemos ayudar? —preguntó Spike.

El doctor miró alrededor y, tras unos segundos, señaló a una mesa donde había varios ponis trabajando.

—Twilight Sparkle, usted puede ayudar ahí, están tratando de identificar símbolos arcanos en arma y armaduras. Y tú… no recuerdo tu nombre, me da igual, ve donde están esas cebras. Creo que tu fuego de dragón puede serles útil para… no sé, no entiendo bien lo que están haciendo, pero les puede ser útil. ¡Vamos!

Y, sin despedirse, el doctor Trottinghoof se dirigió a un grupo de jóvenes estudiantes de arqueología que se afanaban en limpiar varias irreconocibles antigüedades.

—¿Cómo que le da igual mi nombre? —preguntó Spike, ofendido.

—No es un poni muy simpático, es cierto.

—Ya veo… vale, iré a ayudar a las cebras —respondió el dragón, saltando del lomo de Twilight.


A media tarde, en una esquina de la gran estancia había una estampa, cuanto menos, curiosa: La de la joven unicornio lavanda tumbada en el suelo con gesto agotado, comiendo una magdalena mientras un bebé dragón se echaba una siesta sobre su grupa. El equipo de restauradores, sabiendo que la tarea de clasificar todas las piezas enviadas por la universidad de Manehattan iba a llevar días, se encargó de contratar un servicio de catering para todos los presentes.

Twilight sintió a su hermanito moverse.

—Buenas tardes, dormilón —bromeó ella.

—¿Eh? ¿Cuánto tiempo he dormido?

—Como una hora. Perdóname Spike, pedirte que me ayudaras a tomar nota después de que agotaras tu fuego con las cebras no estuvo bien.

—No te preocupes, pero oye, ¿no tendrás algo de...?

La pregunta quedó interrumpida por el rugir del estómago de Spike, tan fuerte que Twilight pudo sentirlo en el pelaje de su espalda. Riendo, usó su magia para acercarle un sandwich al azorado dragón.

—¿Has encontrado algo?

—Yo... no. No he visto nada que no encaje, Spike —reconoció la joven, apenada—. Me temo que el doctor Trottinghoof tiene razón, esto simplemente refuta la historia tal y como la conocemos. Ahora mismo están intentando identificar los símbolos de las armaduras.

—¿Qfe fímfolof?

—Spike, no hables con la boca llena.

El aludido tragó ruidosamente el gran bocado del sandwich.

—Perdón. ¿Qué símbolos?

—En cada armadura hay unos símbolos que está costando mucho ver, están tallados pero muy dañados por el tiempo. Un grupo de restauradores está intentando copiarlos. Anda, mira —exclamó, levantándose de golpe—. ¡Ya lo tienen!

Twilight se acercó al lugar donde una yegua y un semental, los representantes del equipo de restauradores, se preparaban para mostrar sus hallazgos.

—Amigos, lo hemos conseguido: Hemos podido dibujar los símbolos de las armaduras —explicó la yegua—. Ha costado, hemos tenido que usar muchas piezas para poder ver los patrones a seguir, pero hemos logrado reconstruirlos. Como podrán apreciar, hay algunos que son bien conocidos.

El semental, un unicornio, conjuró sobre una pared blanca para proyectar una imagen. En ella apareció un dibujo que representaba el cuerno de un unicornio rodeado por una corona dorada.

—Aunque se han perdido los colores, es obvio que el símbolo que todas las armaduras comparten es el de la familia Glare, regentes de Unicornia justo antes de su anexión a Equestria. Los otros símbolos, sin embargo, no hemos podido reconocerlos, y tampoco parecen seguir un patrón en cómo se reparten en los distintos tipos de armadura o armamento.

El semental conjuró, mostrando a continuación tres imágenes, una al lado de la otra, en blanco y negro. La primera aparentaba ser una nube en forma de espiral; la segunda, una cabeza de serpiente sostenida por unas garras; la tercera, un tridente rodeado de fuego.

Todos los presentes empezaron a murmurar entre sí, sin poder dar respuesta a la pregunta que rondaba la mente de Twilight.

—¿Qué son esos símbolos, Twilight?

—No lo sé, no los he visto en la vida. Spike, ¿podrías...?

—Ya los estoy copiando, Twilight.

—Helado doble. Eso es lo que te has ganado hoy, no sé qué haría sin ti.

—Dibujar los símbolos tú misma —respondió el dragón con una risa divertida.

Riendo los dos por la broma, Twilight se encaminó hacia la salida, decidiendo que ya habían trabajado bastante y cambiando a temas más casuales, como el regalo que Spike quería comprarle a Rarity. Twilight, al poco tiempo, guardó silencio mientras cavilaba en qué secciones de la biblioteca real de Canterlot debería buscar para hallar referencias a esos misteriosos símbolos. Todavía era una estudiante de Celestia, a fin de cuentas, y seguía teniendo acceso a los mejores tratados históricos que Equestria podía ofrecer.

Al recorrer unas pocas calles de camino a casa de sus padres reparó en el titular de un periódico que colgaba de un puesto cercano.

"¡Ataque no muerto a Lutnia! La doctora Aitana Pones podría estar presente en el lugar."


NOTA DEL AUTOR:

Iba siendo hora de enfocar la vista en Twilight y Spike, que por si no había quedado claro en el anterior capítulo, tendrán mucho peso en la historia. Oh, ¿alguien creyó que el doctor Trottinghoof iba a ser solo un desahogo cómico? No suelo hacer esas cosas cuando escribo.

Este capítulo es menos de la mitad que el anterior. Es que en el 24, "Lecciones del pasado" había mucho que contar, no podía hacerlo más corto.

Espero que hayáis disfrutado de la lectura. Gracias por leerme, ¡un saludo!