—¿El profesor Pones ya se ha marchado?
—Sí, princesa —respondió el siempre diligente Zaphyre Assistant—. Esta mañana me informó que necesitaba volver a Manehattan, y ha reiterado su disposición a responder cualquier duda que ustedes tengan.
—Me cuesta creer que se haya marchado sin despedirse de nosotros —objetó Shining Armor.
—Cariño, creo que es evidente que el profesor no se sentía demasiado intimidado por la corona.
La pareja se hallaba junto a su asistente en la misma habitación donde Shining organizaba las patrullas de la guardia y la defensa del Imperio de Cristal. Los tres estaban sentados en sendos divanes en torno a una gran mesa circular en cuyo centro se alzaba una representación mágica del Imperio de Cristal. Pequeñas luces se movían entre los edificios de la misma, representando los distintos soldados patrullando la ciudad. Unas pocas motas brillantes volaban en las afueras de la ciudad, patrullas de pegasos patrullando fuera del campo de protección del Corazón de Cristal; algunas luces de tonos pardos aparecían posadas sobre distintos edificios, saltando de uno a otro en de tanto en tanto. No era difícil deducir que se trataba de la Guardia Lunar.
—De todas formas, ya había concluido su entrenamiento —añadió el blanco unicornio—. Ha sido más… rápido e ilustrador de lo que imaginaba.
—Las notas que me ha enviado a diario también lo han sido. El concepto principal me ha transmitido es que los demonios y demonologistas buscarán dañar a la población para aumentar su poder.
—Exacto —afirmó Shining Armor, dando la razón a su esposa—. Nos ha proporcionado nuevos hechizos y objetos que ayudarán a detectar la magia del Tártaro con mayor facilidad; también he reorganizado las patrullas y los patrones de actuación en caso de que se repita un ataque como el anterior.
—Majestades, si lo permiten debo hacer una pregunta… comprometida.
La princesa Cadence y Shining miraron a su asistente, haciéndole un gesto para que lanzara la cuestión.
—¿Qué ocurre si la guardia fracasa en su cometido? ¿Si un portal al Tártaro logra abrirse dentro del Imperio?
El ex-capitán de la Guardia Solar respondió al instante con un hechizo; la representación mágica del Imperio se elevó y, bajo la misma, cientos de túneles de tonos azulados aparecieron.
—No habría llegado a ser capitán de la Guardia Solar si no me pusiera siempre en la peor situación posible —respondió con cierto orgullo—. En el pasado, las catacumbas y las minas abandonadas bajo la ciudad sirvieron como refugio de la resistencia durante la dictadura del Rey Sombra.
—Pensamos acondicionar ciertos lugares como puntos de evacuación —añadió Cadence—. Guardar suministros y armas, por si acaso fuera necesario proteger a la población. Si es necesario pueden usarse los túneles para sacar a la población del Imperio.
El elegante unicornio púrpura estudió la representación en tres dimensiones frente a él mientras planeaba sus siguientes palabras.
—Me es un gran alivio confirmar que tienen un plan de contingencia, majestades. Una sargento de la Guardia Lunar me pidió que les transmitiera otra idea, pero creo que será mejor que ella misma lo haga. Si me lo permiten, la haré pasar.
El unicornio conjuró, haciendo que la puerta se abriera; tras ella, a ambos lados de la misma, podían verse a los dos sementales de cristal que la custodiaban. En medio del pasillo frente a la sala había una yegua batpony en pie y con los ojos cerrados; su pelaje era rojo oscuro, y sus crines azul marino. Portaba una armadura de la Guardia Lunar que dejaba al descubierto su cutie mark: dos líneas paralelas atravesando unas nubes.
—Sargento Midnight Slash, pase por favor.
Pero la aludida no se movió. Zaphyre pareció confuso.
—¿Sargento? ¡Sargento!
Con el grito, la batpony despertó de golpe, sobresaltada. Al instante caminó y entró en la sala.
—Sí, voy voy… Disculpen, majestades, suelo estar asignada a las patrullas nocturnas.
—No se preocupe, Midnight —respondió Cadence con una sincera y divertida risa—. Zaphyre Assistant nos informa que tiene usted una idea respecto a la defensa del Imperio, ¿podría exponerla?
—Por supuesto, es fácil: Enseñen a la población a defenderse.
Hubo unos instantes de silencio en la sala, mientras los príncipes intentaban deducir si era una broma. Zaphyre Assistant, por su parte, se echó atrás en la silla y bajó ligeramente la mirada con una resignada sonrisa, imaginando que la reacción de sus Majestades no iba a ser muy diferente a la suya propia.
—Sargento, ¿pretende usted que enseñemos a toda la población a combatir? ¿A seguir un protocolo militar?
—Sí, por supuesto —la batpony parecía ligeramente confusa ante la reacción de Shining y Cadence.
—No sé qué le explicarían en la academia, Midnight —respondió Shining con un ligero sarcasmo—, pero la guardia es la encargada de proteger a la población. ¿Qué pretende, que los propios civiles combatan a nuestros enemigos?
—¿Qué? No, señor, pretendo que si fallamos la población no esté indefensa. Que si superan nuestras filas la población sepa cómo actuar, cómo defenderse.
—Podría entender el entrenar milicia, pero usted está proponiendo entrenar a la población en su totalidad. Es una locura.
La batpony miró a los regentes con los ojos entrecerrados, ya que había demasiada luz para sus sensibles retinas, intentando comprender las dudas que planteaba Shining Armor.
—Majestades, las lecciones del profesor Pones enseñan que los demonios se alimentan del miedo, el sufrimiento y la muerte de los seres vivos, ¿verdad? —todos los presentes asintieron— Bien, ¿y qué puede dar más miedo que ver cómo un monstruo ataca a un ser querido? No saber cómo defenderlo.
Hubo una sombra de comprensión en la forma en cómo los presentes observaban a la sargento.
—Ah, se me da mal explicar estas cosas… Miren, nuestras culturas son muy diferentes. Equestria es extremadamente pacífica, pero la raza batpony no lo es, sabemos lo que es el miedo y… defendernos de nuestros propios monstruos —añadió con una triste emoción en esas últimas palabras—. No existe ni un solo batpony que no sepa combatir, todos aprendemos.
—¿Todos los batponies son alistados en el ejército? ¿Un servicio militar obligatorio, entiendo? —preguntó Shining Armor—. No estoy de acuerdo con ello.
—No, no, no es eso —respondió Midnight Slash—. Cuando digo "todos" me refiero incluso a los potrillos.
Pudo ver rápidamente la cara de alarma en la princesa Cadence, por lo que la batpony siguió hablando rápidamente.
—¡No, no! ¡No se alarme, no es lo que parece! Cuando los potros batponies cumplen seis años reciben sus primeras lecciones de combate sin armas; normalmente, como parte de juegos infantiles que luego van evolucionando a clases más serias. Con diez años todos los potros conocen las bases del combate con lanza, tanto en tierra como en el aire, y para cuando cumplen quince todos saben utilizar mínimamente las dagas de casco y las espadas batpony. Yo tenía nueve años cuando dejé fuera de combate a ese prepotente de Wandering Wing**, no se atrevió a volver a… —la batpony se interrumpió rápidamente, azorada—. Perdonen, eso no viene al caso…
La idea no es obligar a nadie a servir en el ejército —continuó—, si no que cuando este no sea capaz de detener el peligro, cuando el peligro llegue a nuestros seres queridos, estos sepan cómo actuar. Enseñemos a los ponis de cristal a defenderse, a protegerse mutuamente, a apoyar a la guardia si la ocasión se presenta, y a asistir en una evacuación si es necesario. Y si vuelven a verse inmersos en una dictadura como la de Sombra, que tengan los medios para resistir en vez de someterse otra vez a la esclavitud.
Cuando terminó su exposición, nadie respondió en seguida. Shining Armor fijaba la vista en la representación de la ciudad frente a él, negando con la cabeza. Cadence parecía pensativa.
—No lo veo claro, de siempre ha sido la Guardia quien ha protegido a la población, no al revés.
—Los tiempos cambian, majestades.
—No podemos obligar a todo el mundo a hacerlo pero sí ofrecer la oportunidad —añadió Cadence a la observación del consejero real—. ¿Quizá podríamos formar una milicia defensiva?
Tras unos instantes, Shining murmuró "de acuerdo". Después se dirigió a la sargento Midnight Slash.
—Gracias por su aportación, sargento. Por favor, vaya a descansar.
—Señor, sí señor. Majestades…
—Por cierto, sargento… Tengo la impresión de que nos conocemos —señaló Shining Armor—, ¿nos hemos visto antes?*
—No lo creo, Majestad.
—Bien, retírese.
La batpony giró sobre si misma y salió de la habitación, sin poder disimular un sonoro bostezo. Una vez más, Cadence no intentó contener una risita divertida; resultaba curioso ver que una raza rodeada de tanto misterio y leyendas oscuras pudiera ser, a fin de cuentas, tan… normal como cualquier otro poni.
—Quizá… no sea tan mala idea —reconoció Shining—. Especialmente si establecemos este plan de evacuación —añadió señalando a los túneles de la representación—. Contar con miembros de la comunidad entrenados en una milicia, sabedores del protocolo a seguir, puede ser de gran ayuda.
—Entonces… ¿una milicia? Bien, pero quiero que quede muy claro que formar parte de la misma será algo voluntario —añadió Cadence, esta vez mirando a Zaphyre Assistant—. No habrá penalizaciones contra aquellos que decidan no participar, y los que lo hagan serán pagados por las horas de entrenamiento que reciban. Y se explicará que solo serán llamados a servicio en casos de extrema necesidad. ¿Podrás encargarte de ello, Zaphyre?
—Sí, majestad. Mañana mismo puedo hacer el anuncio en todo el imperio.
—Yo organizaré los programas de entrenamiento. No espero que se apunten demasiados ciudadanos, pero cuando sepamos números exactos házmelo saber, Zaphyre.
—Así se hará, majestad.
Dando por concluida la reunión, sus majestades y su consejero se levantaron y abandonaron la sala.
Zaphire assistant, diligente y efectivo como de costumbre, hizo el anuncio al día siguiente de aquella reunión, obligando a Shining Armor a perfilar el programa de entrenamiento en solo unos pocos días.
Cuatro días después alguien llamó a la puerta de los aposentos de la Princesa de Cristal y su marido. Estos acostumbraban a madrugar, pero no les agradó ser despertados nada más perfilar el alba. Intentando luchar contra las legañas, Cadence dio permiso para que accedieran a la habitación.
—Sus majestades, me disculpo por importunarles tan pronto, pero tenemos un problema.
Zaphire Assistant estaba extrañamente… despeinado. El elegante unicornio siempre vestía impolutamente cuando estaba en palacio, por lo que ese ligero detalle no pasó desapercibido para Cadence. Para los ponis entrenados en el trabajo de corte el aspecto y el buen vestir eran algo fundamental.
—Explícate, Zaphire.
—Es por el programa de entrenamiento, majestades. Han venido…
—Oh, ¡por Celestia! —gruñó Shining enterrando la cabeza en la almohada—. ¿Vienes a decirnos que no han venido demasiados? ¡Eso no es una urgencia!
—No, no es eso su majestad, usted perdone. Ha venido una cantidad... considerable de ciudadanos.
El extraño silencio que siguió a esas palabra se sintió como un presagio de que el consejero iba a soltar una bomba informativa.
—¿Cuántos han venido exactamente, Zaphire?
—Si mis cálculos son correctos…
El consejero real usó su magia para abrir las cortinas y la puerta que daba al balcón. Luchando contra el súbito resplandor, Cadence y Shining salieron al exterior.
—Creo que han venido todos, majestades.
—¿Todos?
En cuanto los príncipes regentes se asomaron al balcón se produjo un griterío en la calle. La gran plaza frente al palacio estaba llena a rebosar de ponis. Estos habían formado varias filas que daban hacia el cuartel de los Caballeros de Cristal, pero cuando esta se tornaba demasiado larga para mantener la cohesión los ciudadanos simplemente esperaban allá donde encontraban un hueco… Pero no había casi espacio hasta donde la vista se perdía tras las calles paralelas.
—¡Por Celestia!
—No hemos podido determinar números exactos, majestades —señaló Zaphire—, pero mi estimación es que la práctica totalidad de los ciudadanos en edad laboral han acudido.
—Tengo que bajar ahí.
Shining iluminó su cuerno, obviamente para teleportarse, pero un rápido hechizo de su esposa frustró el intento. Esta lo miró con fingida seriedad; no se había enamorado de su marido solo por sus virtudes, también por sus muchos defectos.
—Shining, mírate al espejo anda. Lávate la cara y arréglate un poco, ¡y deja de teleportarte! Caminar no te hará daño.
—Ehm… vale, cariño —dijo, leyendo entre líneas la lección "compórtate como un príncipe para variar"—. Zaphire avisa que en diez minutos bajaré para hablar con los ciudadanos.
—En seguida, majestad.
Poco después Shining Armor salió al exterior del palacio escolado por un pequeño grupo de Caballeros de Cristal. El gentío del exterior estalló en un vítor al verlo acercarse. El unicornio blanco vio que había ponis de todas las edades, desde jóvenes que a duras penas habían superado la adolescencia hasta ponis que debían estar cerca de la edad de jubilación. Shining Armor se acercó a los primeros ponis que esperaban en la fila, que probablemente llevaban aguardando desde la noche.
—¡Majestad!
—Buenos días —respondió el príncipe a la emocionada yegua de cristal que había delante suyo—. No esperaba semejante afluencia.
—¡No podíamos no venir! —respondió ella, agarrando a un semental que había a su lado.
—¿Por qué?
Shining había deducido él mismo la respuesta al observar mejor a los dos jóvenes frente a él. Ambos mostraban obvias señales de aquellos que habían sido obligados a trabajar en las minas durante la dictadura del Rey Sombra: muy delgados, aunque obviamente recuperados de la experiencia, y el semental en concreto tenia problemas evidentes para respirar. Pulmón de Cristal, lo llamaban los médicos.
—Porque no volveremos a escondernos, ni a rendirnos —respondió con convicción—. Nunca más, majestad.
El príncipe regente asintió y fue recorriendo la fila, recibiendo respuestas similares: "no volveré a ser un esclavo", "no supe cómo protegerlos", "sólo unos pocos luchaban, yo solo podía esconderme", "Sombra se llevó a mis hermanos, nunca volví a verlos". Shining se detuvo al ver una criatura que no era un poni de cristal.
—Yo a usted lo conozco, usted es el propietario de Ca na Griffonia.
—Sí, ¡sí, lo soy, majestad! —exclamó el ruidoso grifo, apartándose para que Shining pudiera ver también a su hija.
—¿Por qué han decidido venir?
—Oh, ponis… —murmuró antes de corregirse rápidamente—. ¡Perdón, no quiero ofender! Los grifos decidimos dónde establecemos nuestro hogar y lo protegemos, así que si puedo aprender la forma de hacerlo en el Imperio de Cristal, mejor.
—Además yo fui una de las mejores en artes marciales de mi escuela —señaló la joven grifo sin disimular el orgullo inherente de su raza—, y mi padre aquí es veterano del ejército. Nos necesitan.
Shining Armor decidió que ya había visto suficiente y miró hacia el palacio a su espalda; ignorando lo que Cadence le había dicho hacía pocos minutos, conjuró y se teleportó hasta un balcón elevado, donde hizo un nuevo hechizo que hizo brillar su cuello.
No fue hasta aquel preciso momento que Shining entendió, al fin, por qué Luna había insistido tanto en que aprendiera a usar la Voz de Canterlot.
—¡Mis queridos ciudadanos! —exclamó, su voz haciendo eco por las calles del Imperio de Cristal—. Cuando decidimos empezar la milicia jamás habríamos esperado tal respuesta. Esto nos obliga a replantear cómo llevaremos a cabo el entrenamiento, y por ello os debo pedir que regreséis a casa.
Al instante hubo voces de desaprobación y decepción que ensordecieron la voz d Shining. Este alzó una pata, sabedor de que lo que iba a decir calmaría los ánimos.
—¡Lo sé, lo sé! Algunos lleváis muchísimas horas esperando, y lo siento mucho. Pero si mis cálculos no fallan, ¡está aquí todo el Imperio! No podemos dejar nuestros puestos para entrenar todos a la vez; alguien tendrá que comerciar, que cuidar de los enfermos, que enseñar a los potros, que cultivar… ¡Por no hablar de que ha cerrado el único restaurante grifo, Ca na Griffonia! ¡Por Celestia!
Los ciudadanos soltaron una carcajada ante el comentario.
—Por eso tenemos que organizar esto mejor. Por favor, volved a casa y durante la próxima semana proporcionaremos medios para que podáis registraros. Después seréis llamados poco a poco para formar parte de las milicias. Os aseguro que todo aquel que lo desee podrá participar en el programa de entrenamiento. Gracias por venir.
Shining observó durante un par de minutos cómo los ciudadanos empezaban a abandonar poco a poco la gran explanada del Palacio antes de volver al interior del mismo. Cadence ya lo estaba esperando con una sonrisa.
—Muy bien hablado, mi amor.
—Gracias cariño —respondió él dándole el beso que había olvidado aquella mañana—, es que si no la economía del Imperio iba a sufrir mucho.
—Hay algo más que has hecho y ni siquiera te has dado cuenta.
El semental blanco miró a su esposa con la confusión grabada en el rostro.
—Hay sectores del Imperio que no están a favor de nuestra Corona, no solo los Diamond. Con el registro que vamos a hacer de la milicia y un poco de demografía podremos acotar mejor estos sectores.
—Cadence, eso es… no sé…
—¿Retorcido? —rió ella—. Cariño, tú eres un soldado nato, pero yo soy una princesa. Llevo toda la vida entrenando para reinar, y a veces hay que jugar un poco sucio para proteger a tus pequeños ponis. Vamos a desayunar amor, que todavía tenemos todo el día por delante.
NOTA DEL AUTOR:
A decir verdad este capítulo no estaba planeado hasta hace un par de días, pero al leer la fluidez de la lectura me di cuenta que hacía falta cerrar el arco iniciado por el Profesor Pones en el Imperio de Cristal. Espero que lo hayáis disfrutado :)
*Midnight Slash es un personaje de mi fanfict "La maldición del Batpony". Como siempre no hace falta leerlo antes (de hecho todavía no lo he acabado), ya que no voy a profundizar mucho más en la historia de Midnight. Tomadlo como un autoguiño.
**Wandering Wing es un guiño al antiguo nombre del autor "Folkmetal Alchemist", autor de, entre otros fics, "Romance de la Luna, luna". Muy recomendado.
