Tres días habían transcurrido desde que Twilight le envió una carta a su mentora Celestia, inquiriendo acerca de la supuesta guerra entre Unicornia y Cebrania. La escueta respuesta recibida, más que resolver sus dudas, alzó nuevas preguntas.

"Mi queridísima Twilight:

Todavía no puedo darte una respuesta acerca de los hallazgos de la doctora Pones. Créeme que estoy trabajando para poder ofrecer una explicación satisfactoria a los mismos, y a por qué no se supo de la guerra entre Cebrania y Unicornia hasta ahora.

Respecto a los símbolos hallados en las armaduras: Desconozco el significado de los mismos, mas no creo que debas preocuparte. A lo largo de la historia han existido una infinidad de casas nobles, cultos, creencias y etnias, cada cual con su propia peculiaridad. Estoy convencida que, en este caso, estos símbolos no revisten mayor importancia que la curiosidad de una estudiante como tú, y el afán investigador de historiadores y arqueólogos."

Si bien Twilight confiaba ciegamente en su maestra y amiga, se hallaba profundamente afectada por el hecho de que Celestia le estuviera ocultando información de forma tan evidente. ¿De qué podía tratarse? ¿Por qué no podía darle una repuesta al respecto? Si esas pruebas eran falsas estaba convencida de que Celestia podría desmentirlas fácilmente; si no lo eran, podría decir sencillamente que no había sabido de la guerra -aunque la propia Twilight reconocía que eso era improbable, en el mejor de los casos-. Pero, ¿qué significaba esa carta? ¿Que Luna y Celestia necesitaban trabajar en una respuesta convincente? ¿Por qué motivo? Algo, sencillamente, no cuadraba.

Sin embargo en algo sí que tenía razón Celestia: Twilight se había marcado, como objetivo personal, averiguar el significado de los misteriosos símbolos que los arqueólogos habían hallado en las armaduras de Unicornia. Ese era el motivo por el que, por segundo día consecutivo, la unicornio lavanda había pasado toda la mañana en la biblioteca, dejándola solo un par de horas para ir a comer con sus padres para luego regresar a la tarde.

Twilight Velvet, encantada de volver a contar con Spike en su casa, al que siempre había tratado como a su propio hijo o nieto, bromeaba que era casi como si Twilight hubiera vuelto a la escuela de magia.

El primer día de trabajo no había dado más fruto que el constatar que no existía referencia alguna a esos símbolos en las enciclopedias especializadas. Pudo encontrar, sin embargo, algunas referencias iconográficas. El fuego, el tridente y la serpiente solían usarse como referencia al Tártaro o a ciertas artes mágicas que, sin estar prohibidas, eran consideradas inmorales, tales como hechizos destructivos o alteraciones mentales. La espiral de humo recordaba levemente al símbolo que identificaba la rama de la magia blanca especializada en la protección espiritual. Sin embargo, ninguna de esas referencias la había llevado a averiguar el origen de los grabados en las armaduras.

Por eso, el segundo día decidió enfocarse en las pocas referencias que había encontrado. Haciendo gala de sus impresionantes dotes de lectura y comprensión, dos montañas de libros se acumulaban a cada lado de la yegua, una creciendo al mismo ritmo que la otra reducía su altura. Siendo capaz de revisar completamente una enciclopedia en cuestión de minutos, la unicornio solo se detenía a leer a fondo aquellos tratados que parecían contener alguna información relevante. Con el que tenía abierto frente a ella en aquel instante, ya iba una docena de tratados de magia blanca que había revisado. Los conceptos del mismo -un libro enfocado al uso teórico de la magia blanca para liberar el espíritu de una criatura atrapada por el Tártaro- pasaron a toda velocidad frente a sus ojos. Sentimiento de paz... Guiar el espíritu del afectado... Calor de la vida... Una cabeza de serpiente entre dos garras...

Twilight tuvo que detenerse y procesar durante un instante lo que había visto antes de retroceder varias páginas. ¡Ahí estaba! En un recuadro adjunto, el símbolo que habían descubierto los arqueólogos. ¡Al fin! Dibujado al carbón y copiado por la imprenta, se trataba del dibujo de una serpiente sostenida entre dos garras monstruosas. Era mucho más detallado que el que habían conseguido los restauradores con las armaduras de Unicornia, pero no para ella no cabía duda alguna de que era el mismo. Bajo el mismo había un pequeño recuadro de texto que, para frustración de la unicornio, era una cita en el idioma antiguo de Unicornia.

Suspirando, usó su magia para tomar de la estantería a su espalda un diccionario Unicornio-Equestriano sin nisiquiera mirar. Jamás se le habían dado bien los idiomas antiguos, siempre pensó que tenía cosas más interesantes que estudiar (aunque en su momento, por supuesto, aprobó las asignaturas al respecto con la máxima calificación posible). Tras unos minutos de recordar las normas básicas de las declinaciones, y un poco de búsqueda de ciertas palabras que desconocía, logró traducir el texto con bastante exactitud:

"Recuerda, practicante de la magia de vida: Puedes liberar el espíritu de un ser atrapado contra su voluntad. Mas aquellos que ofrecen su servicio a poderes infernales jamás podrán librarse de su pacto. Aquel que practica el horror y la dominación del fuego impío es un ser impío a ojos de la creación, y no debe ser salvado. Pues no hay salvación posible para su ser, más allá de la voluntad de finalizar el mal que su mera existencia aporta al mundo."

Twilight revisó dos veces su traducción, por si había olvidado algo, y miró la página por ambos lados. Frustrada pasó a revisar todo el libro sin poder creer su suerte. ¿Eso era todo? ¿Solo un críptico aviso para los practicantes de una magia teórica sin ninguna aplicación útil, más allá de la sanación? Tenía que haber algo más, sin duda se estaba dejando algo. Aunque le resultaba lago ridículo e irónico, acabó optando por la opción alternativa:

Preguntar al bibliotecario.

Cierto es que ella misma era bibliotecaria, y que conocía cada rincón de la biblioteca de Canterlot como si se hubiera pasado toda la juventud encerrada en la misma por propia voluntad (nótese el sarcasmo). Pero también era cierto que en la misma había una cantidad tan ingente de tratados y de información que no sería de extrañar que, sencillamente, hubiese buscado en la sección equivocada.

Tras el mostrador de la entrada había un poni de tierra de mediana edad: Pelaje anaranjado, de crines negras con algunas canas, y el aspecto frágil de un semental cuya pasión no eran precisamente ni la actividad física ni las comidas copiosas. Twilight se puso frente a él pero, absorto como estaba en su lectura, no percibió la presencia de la yegua hasta que esta decidió toser tras una pezuña para llamar su atención sutilmente.

—¿Qué desea, señorita Sparkle?—preguntó. Conocía a Twilight desde potrilla, pero jamás había dejado de tratarla de usted.

—Estoy tratando de averiguar el origen de un símbolo hallado en una excavación arqueológica, pero me temo que necesito ayuda. Solo he encontrado esta referencia —expuso Twilight, sacando el tratado de magia blanca abierto por la página adecuada—. Me preguntaba si podría usted indicarme en qué sección puedo profundizar en este tema.

El bibliotecario observó el dibujo y, si se sorprendió, no dio ninguna muestra de ello. Tras unos segundos alzó la vista y volvió a mirar a Twilight.

—¿Dónde dice que se halló este símbolo?

—En la excavación arqueológica de la doctora Aitana Pones. Estoy segura que ha oído usted hablar de la misma.

—Oh, sí, sí, sin duda. Déjeme pensar, señorita Sparkle... sí. Me temo que en esta biblioteca no hallará más información. Sin embargo es posible que pueda ponerla en contacto con un experto en la materia.

—¿Qué? —preguntó ella, perpleja—. ¿Ponerme en contacto con alguien? Disculpe que me sorprenda pero no me esperaba algo así.

—Nos conocemos de toda la vida, señorita Sparkle, y sé lo importantes que son sus estudios —respondió con una mirada de soslayo—. Sin embargo no puedo asegurar que mi contacto esté disponible. ¿Se hospeda usted en casa de sus padres mientras esté en Canterlot? —Twilight asintió—. En ese caso le haré llegar un mensaje para concertar una cita. Le advierto que mi contacto es una persona ocupada, y es posible que no disponga de gran flexibilidad en la hora concertada. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarla, señorita Sparkle?

—Este... no. Supongo que no, muchas gracias.

—Un placer. Por favor coloque los libros en su sitio antes de partir —añadió mecánicamente antes de regresar a su lectura.

La unicornio lavanda rodó los ojos con media sonrisa; ella siempre había colocado todo tomo que consultaba en su sitio sin excepción durante más de una década, pero comprendía que el bibliotecario tenía esa coletilla tan asimilada que la usaba sin darse cuenta. Así pues, en vista de que ya estaba claro que no iba a encontrar más información, Twilight recogió sus cosas y partió hacia su casa. Para unos días que iba a pasar en Canterlot, a sus padres les haría ilusión que cenara con ellos, aunque fuera una sola noche.


—Hey Dusht, ¿has visto que Aitana Pones ha vuelto?

—Sep. Pero está rara, ¿no? No ha montado fiestón como otras veces.

—Hombre, solo ha estado algo más de dos semanas fuera. Aunque según los periódicos estuvo en Lutnia cuando ocurrió el ataque.

—Ya, ¿pero te has fijado en cómo bebía? Es raro, ¿no crees? Parece que lleva todo el día haciéndolo.

Hope Spell no había podido evitar escuchar la conversación entre dos estudiantes pegaso que pasaron volando a poca altura por encima suyo. Había vuelto a media tarde al campus, pero ahora ya estaba anocheciendo y no había conseguido encontrar a Aitana.

—¡Perdonad! —les llamó—. ¿Sabéis dónde está la doctora Pones?

—Claro, en la taberna, ¿dónde si no?

—Cómo no habré buscado ahí antes... ¡Gracias!

El semental verde se encaminó hacia el lugar de ocio y fiesta no oficial del campus, donde Aitana siempre organizaba sus legendarias juergas. Después de lo ocurrido, lo último que Hope esperaba es que la arqueóloga tuviera ganas de la misma, sin embargo le extrañaba lo que había oído, y no pudo evitar preocuparse. Además, sus padres y hermanas habían tenido casi cuatro horas para agobiarlo a besos, abrazos y preguntas; necesitaba despejarse.

Nadie recordaba el nombre de la taberna, ya que el letrero original se había perdido muchos años antes de que Hope entrara en la universidad, y el barman daba una respuesta diferente cada vez que le preguntaban. Sin embargo, la eterna oferta anunciada en la entrada era responsable de su éxito: "Descuento en los combinados para estudiantes y profesores". Por ello, a ese establecimiento se le conocía como "la taberna", porque no existía estudiante alguno que pudiera considerar otro establecimiento como una alternativa plausible para salir de fiesta.

Y lo cierto es que los últimos dos meses, el local estaba más concurrido que nunca, en gran parte gracias a la cantante Lovely Rock y su banda. Lovely Rock era una joven estudiante universitaria, una poni de tierra de pelaje gris ligerísimamente azulado y crines rosas que siempre formaban un curioso arco sobre su frente; tras ganar un concurso de jóvenes talentos, en los que la conocida DJ-Pon-3 improvisó sobre su actuación*, ganó algo de notoriedad y fue invitada a cantar junto a su banda en más locales.

Sin embargo, el gran cambio llegó a duras penas tres meses después de que Aitana soltara a Manresht en Manehattan. Mientras la prensa comentaba indignada el hecho, los ciudadanos pedían explicaciones y los tertulianos debatían sin descanso, la banda Lovely Rock señaló el lanzamiento de su nuevo espectáculo, "Diabulus in música", el cual fue un éxito desde su estreno. Cada canción hablaba sobre la mitología que envolvía al Tártaro, y en cada actuación los miembros de la banda adoptaban el rol de demonios, súcubos y diabolistas, mientras otros adoptaban el de sus víctimas o el de los mortales con los que alcanzaban distintos pactos. Canciones que hablaban con arte de la condenación eterna, amor, placer carnal y otros muchos temas tabú en la sociedad poni con maestría y buena música, para horror de los sectores más conservadores y admiración para los jóvenes.

Aquella noche, el escenario de la taberna estaba a oscuras, con una única lámpara que iluminaba a la joven yegua crines rosas; Lovely Rock llevaba su guitarra colgada sobre la grupa y, al mismo tiempo que sonaba un acorde en dulcífono, tomó el micrófono frente a ella, susurrando el inicio de la canción:

"Duermo en un acorde mágico, y despierto al oírlo tocar

Yo soy la esencia del alma mortal...".**

Hope Spell, sin embargo, ignoró el espectáculo, abriéndose paso entre el gentío hasta llegar a la barra. No tardó demasiado en encontrar a la yegua marrón que buscaba, aunque le chocó verla sin sus eternas alforjas. El unicornio se acercó y no tardó en oír la voz de la cazadora de demonios.

—Barman, ponme otra.

—Aitana, ya has bebido bastante.

—¡Yo decidiré cuándo... he bebido bastante! ¡Sirve otra!

El joven semental observó en el cambio tan drástico que había dado Aitana desde que la dejó hacía solo unas horas; entonces la dejó con su habitual mal humor, pero ahora parecía... mal. ¿Qué había ocurrido?

—Jefe —llamó, sentándose al lado de Aitana y sacando unos bits—, sírvanos lo mismo a los dos, invito yo.

La aludida miró a Hope durante un segundo. El violento olor a alcohol le indicó que la yegua había bebido lo suficiente como para tumbarlo a él dos veces. No supo descifrar la expresión de Aitana, pero era demasiado obvio que algo la había afectado.

—¿Qué quieres, Hope?

—¿Qué te ha pasado?

—Joder, ya está el psicólogo —exclamó ella con ironía—. No es asunto tuyo, ¿por qué no te vas a casa, chaval?

—Es asunto mío si así lo decido, Aitana. No sé qué te ha ocurrido, pero beber hasta perder el sentido no te va a hacer sentir mejor.

—¿Y qué te hace pensar que me ha pasado nada más? ¿No es suficiente con lo de Lutnia?

—¿Para ti? —rió él—. No insultes mi inteligencia, te he visto en el barco y no estabas como ahora en absoluto. Algo ha ocurrido esta tarde, desde que te dejé, puedes contármelo si quieres.

—¡Joder, es que no te queda claro que no es tu puto problema! ¿Qué tengo que hacer para que me dejes tranquila?

—Me preocupo por ti, Aitana.

—¿Desde cuando un NIÑATO tiene que preocuparse por mi?

A pesar de que Aitana estaba alzando la voz, haciendo que varias cabezas se giraran hacia ellos, Hope trató de no alterarse, cogiendo con su magia el chupito de licor de manzana frente a él y bebiéndolo de un solo trago.

—Mira, el chico que me acompañó a una expedición y ya se cree arqueólogo —exclamó con cruel sarcasmo—. Haznos a todos un favor y vete a dormir.

El semental verde miró a Aitana a los ojos durante unos segundos, y se sorprendió por lo fácil que entendió lo que estaba ocurriendo. Se sintió ofendido de que, tras lo que habían pasado, tras haber luchado junto a ella, la yegua marrón intentara una treta tan infantil con él; aunque, bien pensado, era posible que ella misma no se estuviera dando cuenta de lo que hacía. Con aire de orgullo herido, Hope Spell se levantó y se alejó unos pasos. Aitana, a su espalda, tomó como pudo el vaso con ambas pezuñas y se lo acercó a la boca.

Pero un resplandor blanco seguido de una pequeña detonación arrancó el recipiente de su agarre, lanzándolo sobre la barra y derramando el licor. La arqueóloga, algo ralentizada por el alcohol que había consumido, tardó un instante en entender qué había ocurrido.

—Eres patética.

Ante esas palabras, Aitana se giró con la ira irradiando de su mirar. Los pocos los bastante cercanos como para apreciar lo que estaba ocurriendo, se alejaron unos pasos. Ajeno a lo que estaba ocurriendo, el espectáculo visual y musical creció en intensidad.

—Sí, Aitana, eres patética —repitió Hope Spell, desafiante, gritando por encima de la música—. Te las das de dura, de intocable, pero en realidad no eres más que una potra asustada incapaz de aceptar que tiene problemas.

Aitana se levantó y trastabilló hacia Hope Spell, pero este decidió presionar todavía más. En un acto excesivamente teatral, se giró hacia un inexistente público y exclamó:

—"Oh, miradme, soy la dura, solitaria y aguerrida Aitana Pones, no necesito ayuda de nadie y ahora ahogo mis penas en alcohol" —después se tornó hacia el otro lado, actuando para varios de los alucinados clientes de la taberna—. "Oh, mirad cómo me oculto tras una gruesa capa de estupidez y mal humor". ¡Eres realmente patética, actuando así, sin poder aceptar tus...!

El monólogo de Hope Spell fue acallado por un soberbio casquetazo que Aitana le propinó en la cara. Aunque le dolió, y mucho, la arqueóloga no había podido usar ni la mitad de la fuerza y la habilidad que había demostrado en Lutnia. En circunstancias normales, Hope ya estaría inconsciente, pero con la yegua embriagada, era otra cosa, y eso por no contar la herida pata trasera de la arqueóloga. Sentía que debía sacarla de ahí para evitar que, fuera lo que fuera lo que había ocurrido aquella tarde, le dejara una huella aún peor de la que estaba mostrando en ese momento. Sobreponiéndose al golpe, Hope alzó la vista haciendo un gran esfuerzo por mostrar una sonrisa fanfarrona.

—¿Tan rápido y ya me ha dado la razón, doctora Pones? ¿Así es como logró que aceptaran su tesis?

—¡Vete a la mierda!

La yegua alzó una pata nuevamente y descargó un golpe, pero hubo una detonación blanca y este no encontró blanco, lo que hizo que Aitana se desequilibrara por la inercia del movimiento. Sintió el agarrón mágico de un hechizo de levitación que trató de tirarla al suelo, pero ella logró afianzar las patas sanas y aguantar en pie. A algunos metros, junto a la puerta, Hope seguía mirándola con la burla reflejada en su rostro.

—¿Y tú eres la que podía mantener una pelea con Steady Rock y los suyos? ¡Ja! Deben haberse dejado ganar, si no, no lo entiendo, ¡cobarde!

Aitana avanzó hacia Hope pero este formó una barrera frente a él para detenerla, esperando poder seguir provocándola. Pero descubrió que ya no era necesario: la yegua marrón se encabritó y descargó ambos cascos sobre la barrera, rompiéndola y cargando contra Hope a continuación. Este, gracias a los segundos que le proporcionó la cojera de Aitana, llegó a conjurar en el último instante, teletransportándose fuera de la taberna justo antes de ser golpeado. Frente a él, la puerta del establecimiento se abrió y a través de ella salió una furibunda y, ciertamente, ebria doctora Pones, acompañados por los intensos acordes de la actuación que estaba ocurriendo en el escenario.

—¡Ven aquí, capullo!

Durante varios minutos, esta extraña danza se repitió: Hope hacía lo posible por frenar a Aitana con su magia y, cuando esta llegaba a él, se teleportaba varios metros, alejándose de la taberna. Poco a poco fueron adentrándose en la zona de aulas del campus, en ese momento muy poco concurrida. El semental verde giró una esquina, seguido de cerca por Aitana. Cuando ella hizo lo propio se encontró al semental inmóvil, por lo que no dudó en avanzar para golpearlo. Pero, cuando lo hizo, la figura de este se deshizo como si fuese humo; al instante la arqueóloga miró alrededor, buscando a Hope Spell.

—¿Una ilusión? ¿Y tú me llamas cobarde? ¡Ven aquí, si eres un semental!

Aitana dio caminó por la zona, buscando dónde se había escondido el aludido. Al poco tiempo el agotamiento empezó a vencer a la ira: la cabeza le daba vueltas cada vez más rápido, y fue consciente del amargo sabor que sentía al fondo de la garganta. Acabó apoyándose contra una pared, mientras pensaba cómo ir a casa, que ya le arrancaría la cabeza al unicornio verde al día siguiente.

—Qué, ¿ya hemos terminado de hacer el payaso?

La yegua marrón alzó la vista hacia el origen de la voz; encima de uno de los pequeños edificios de aulas estaba Hope Spell, tumbado y lanzándole una mirada que no supo entender. El enfado la hizo recuperarse ligeramente y caminó hacia el centro de la calle.

—¡Baja aquí si lo que buscabas era pelea!

—¿De verdad crees que la buscaba, Aitana?

—¡Pues la has encontrado, niñato!

—¡Deja de gritar de una vez, estúpida! ¿De verdad crees que no se nota que estás destrozada?

Aitana no dijo nada, pero no por sus palabras, sino porque estaba buscando una forma de subir a partirle la cara a Hope. Este aprovechó ese momento para seguir hablando.

—Mira, no sé qué te ha pasado en la vida, pero hoy me lo has demostrado: Te intentas alejar de todos, no quieres acercarte a nadie y lo puedo entender.

—¡Tú qué vas a saber!

—Me basta con lo que hemos vivido en Lutnia para saber que debes haber visto morir a mucha gente. Si me ocurriera a mi yo también querría estar solo, pero...

—¡¿Pero qué?! ¡Tú qué coño vas a saber sobre mi!

—¡Que no puedes enfrentarte a todo sola, Aitana! Los ponis somos animales de manada, nos protegemos mutuamente, y suplimos entre todos nuestras debilidades.

—¡¿Me estás llamando débil?!

—¡No, te estoy llamando imbécil!

Hope se sintió algo violento por usar un insulto por el que su madre lo habría castigado una semana sin muffins pero, viendo que la arqueóloga parecía haber reaccionado al mismo, decidió que quizá era la mejor forma de hacerla recapacitar.

—Hay muchas formas de ser débil. En Lutnia eras imparable, la cazadora de demonios que anunciaste hace meses. ¿Y ahora, qué eres? ¡Una simple borracha!

—Tú... —Aitana hablaba despacio, como si no supiera qué decir—. No sabes... no sabes qué es lo que...

—Lo que sí que sé es que en Lutnia tú me ayudaste. Si no me hubiera matado aquel grifo diabolista, habría muerto intentando detener a Asunrix. Si los dos seguimos vivos fue gracias a tu ayuda, porque ahí eras la que sabía qué hacer, la que me hizo reaccionar. Mi madre siempre dice que los ponis debemos ayudarnos y protegernos, que es la forma de vivir en paz, de vivir en familia. Que todos somos débiles, de una forma u otra, y que entonces hay que tener un amigo cerca que te ayude.

Aitana bajó la cabeza ante la mención de la madre de Hope, mientras un montón de ideas se le agolpaban en la mente. Recuerdos, la conversación con su padre, sentimientos... una amalgama de pensamientos que estaba sobrepasándola.

Toda una vida huyendo...

"No podía contarte que un grupo de locos quería capturarte y torturarte hasta la muerte."

Su madre, cantándole cuando era una potra.

"Ella había aprendido a usar su don por un bien mayor."

Tenía una voz dulce y cálida que la ayudaba a dormir.

"Era el tipo de poni que podía asesinar a alguien con una sonrisa."

Era una guardia de Equestria.

"Su Cutie Mark representaba su talento especial."

Era una asesina nata.

" Era una gran madre, y te amaba."

Era una asesina.

Tenía una sonrisa preciosa.

Sonreía mientras mataba a sus víctimas...

Con un resplandor blanco, Hope se teletransportó junto a Aitana, la cual estaba jadeando, y se puso junto a ella en un gesto de apoyo.

—Déjame ayudarte esta vez, Aitana.

Esta no miró al unicornio, y parecía estar a punto de gritar, de llorar, de golpear a alguien... o todo a la vez. Al poco trató de caminar unos pasos, con Hope a su lado.

—Fue... todo es mentira. Todo es mentira.

—¿El qué, qué es mentira?

—Mi... mi madre. Todo mentira ella... no era...

Aitana fue interrumpida por una arcada, tras la cual galopó hasta un árbol tras el que se agachó para vomitar ruidosamente. Hope se acercó, rodó los ojos y usó su magia para levantarle la crin a la arqueóloga. Esa iba a ser una noche muy larga.

Un par de horas después, Hope consiguió que Aitana le indicara el camino hacia su casa, mientras alternaba cargar con ella con su magia o ayudarla a caminar apoyándose en él. La yegua estaba en un estado de semi inconsciencia, por lo que no intentó volver a hacerla hablar. Además, sería mucho mejor si ella decidía hacerlo cuando estuviera en un mejor estado.

La casa de Aitana estaba en las afueras, no demasiado lejos del campus: una pequeña construcción en madera, de una sola planta, y un amplio jardín que, obviamente, no era cuidado como requería. Sin saber dónde guardaba las llaves de la casa Aitana, acabó optando por teleportarse con ella al interior de la misma. Tuvo que reconocer que explorar una casa ajena a oscuras, mientas portaba a una yegua inconsciente levitación mediante tras él, fue una experiencia cuanto menos curiosa. Por suerte, al entrar en el único dormitorio del edificio, pudo ver las alforjas de Aitana descansando en una mesa, confirmando que estaba en el lugar adecuado. Suspirando por el esfuerzo, depositó a su compañera en la cama.

—Al fin... me debes una, Aitana.

Pero esta no contestó, pues empezó a roncar inmediatamente. A Hope Spell le dio un poco de risa, y pensó en dónde podría dormir, ya que no quería despertar a sus padres tan de madrugada. La cama de Aitana era individual y el instinto de supervivencia del semental le decía que era una idea horrible dormir con ella, aún cuando no tuviera ninguna intención. Optó por dirigirse al salón donde, tras un poco de búsqueda, encontró un viejo sofá... enterrado entre cachivaches, objetos, libros y pergaminos.

—Demonios, si mamá viera esto... luego dice de mi cuarto.


A la mañana siguiente, la luz del sol filtrada a través de la ventana despertó a Aitana; lo primero que escuchó fue el inconfundible chirrido que emitían los Canturos. Tenía un dolor de cabeza horrible pero, ciertamente, había pasado resacas muchísimo peores. La boca le sabía a rayos, por lo que supo que había vomitado y que eso le había evitado las peores consecuencias de una noche de borrachera.

Se levantó, confirmando que se encontraba en su casa y en su cama, ¿en qué momento había vuelto, y cómo? Ya en pie fue a la cocina para prepararse un muy necesario café pero, nada más entrar en el salón, escuchó un ronquido. Extrañada, que no asustada, miró al sofá donde vio a un unicornio verde menta que conocía bastante bien. Entonces recordó varios momentos de la noche: Hope insultándola en la taberna, la carrera, y su intento por ayudarla. ¿Cuánto le había contado de lo de su madre? No estaba demasiado segura.

Además, notó algo extraño en el salón: hacía un par de años que no veía el sofá, ¿dónde...? Sintió que la sangre le bajaba a los cascos cuando vio que la pila de pergaminos y cachivaches había sido movida sobre las varias mesas y muebles que tenía.

—Ah.. ¡ah! ¡AH!

—¿Eh? ¿Qué...?

—¡Hope, dónde está todo!

—¿De qué hablas? —preguntó el aludido, somnoliento.

—¡Todo lo que había en el sofá!

La yegua marrón ya estaba yendo de una mesa a otra, tratando de localizar los objetos como una loca.

—Pues por ahí, Aitana, necesitaba dormir...

—¡Esos pergaminos son incunables, valen una millonada! Mierda, mierda... ¡¿dónde está el tratado de Anexión de Kukalamago a Cebrania?!

—Bueno ahora lo encontramos Aitana... —Hope se quedó parado ante lo que había oído, y después se levantó de un salto—. ¡¿Que tienes una copia de la Anexión de Kukalamago?!

—¡Una de las originales!

—¿Una de las...? ¡¿Y POR QUÉ LA TIENES EN EL SOFÁ?!

—¡CÁLLATE Y ENCUÉNTRALA!

Ambos ponis corrieron de un lugar a otro de la casa, buscando el susodicho pergamino y otros objetos entre las montañas de cosas que Hope había movido la noche anterior.

—¡Aquí está, el tratado de Kukalamago!

—¡El cetro, busca el cetro con un rubí en la punta e iconos cebra! —respondió Aitana.

—¿Qué es ese cetro?

—Un objeto vudú para controlar los espíritus. ¡Aquí está la daga ritual de los Maponuches!

—¡Aquí está el cetro, en este montón de pergaminos! Un momento... —dijo el semental mientras ojeaba uno—. ¡¿Esto es el tratado de unificación de Equestria?!

—¡Una de las doce copias que se hicieron, firmada por Celestia y Luna!

—¡¿QUÉ?! ¡¿Pero por qué no vendes todo esto a un museo?!

—¡Luego te lo explico, ahora busca el tomo de tapa roja, pero no se te ocurra abrirlo!

—¡Vale, vale!

Cosa de media hora después acabaron de localizar todos los objetos que Aitana pidió. Esta, ya más calmada, miró a Hope sin poder decidirse entre reír o enfadarse.

—¡Demonios! ¿No te han enseñado a no tocar nada en casas ajenas?

—Aitana, era esto o meterme en la cama contigo. Y me parece que me habrías pegado una paliza si lo hubiera hecho.

—No lo dudes, especialmente si eres de esos que les gusta dormir abrazadito. ¿Café?

—Por favor, porque menuda noche me has dado.

Un rato después los dos se sentaron en la mesa de la cocina para tomar sus cargados cafés. Por desgracia Aitana no tenía nada fresco de comer en su casa, aunque una lata de fruta en conserva hizo el apaño.

—¿Me explicas lo de las reliquias que escondes aquí?

—Venga, no me arriesgo por hacerlo.

—¿Qué quieres decir?

—Nada, nada. Mira, en muchos objetos antiguos y reliquias hay escondidos poderosos hechizos de magia negra, nigromántica o diabólica. Cuando descubro que reaparece algún objeto sospechoso voy a estudiarlo y, si es peligroso, o lo destruyo o lo escondo.

—¿Y no es peligroso guardarlo aquí?

—Guardo los trastos que me son útiles por la razón que sea, no es un capricho. No es asunto tuyo, de momento. Sin ofender.

Bebieron en silencio sus cafés. Hope tenía hambre, ya debía ser cerca de medio día.

—Oye Aitana, ¿has pensado en lo que te pregunté?

—Sí. Ven esta tarde a las seis, hablaremos aquí mismo.

—¿Entonces podré unirme a vosotros para...?

Aitana le lanzó una mirada que lo hizo callar.

—Esta. Tarde. A. Las. Seis.

—Eh... vale. Esta tarde. Mejor voy a ir a comer con mis padres, nos vemos luego.

—Venga.

El unicornio se levantó y fue a la puerta pero, antes de salir, Aitana le preguntó:

—Oye Hope, ¿qué te conté anoche?

—Que soy el poni de tus sueños, obviamente.

—Muy gracioso —dijo ella—. Ahora en serio.

—Mira que eres sosa, ¿eh? Pues no llegaste a decirme nada, te dio por vomitar cuando ibas a hacerlo.

—Bien. Nos vemos esta tarde.

Hope se despidió y salió, cerrando la puerta tras él. Aitana se quedó en la misma silla, mirando su taza de café. Por alguna razón sentía la palabra "gracias" en la punta de la lengua... pero no llegó a pronunciarla, ni siquiera para si misma.


—Hija, ¿seguro que comes bien en Pony Ville? Mira que te veo desmejorada.

—Que sí mamá, que comemos los dos muy bien.

—¡Pero siempre podríamos comer más empanadas de heno!

Las dos yeguas miraron fijamente a Spike; la más mayor le dedicó una cariñosa y divertida mirada, mientras que la joven lo regañaba con los ojos. El dragoncito miró a su hermana mayor.

—¿Qué? Tú no sabes cocinar, Twilight, y a mi no me salen las empanadas como a tu madre.

—No está bien abusar de la hospitalidad, Spike.

Se escuchó el ruido de un periódico al combarse hacia abajo. Detrás del mismo, sentado en un sofá, apareció el señor Sparkle, Night Light. El unicornio azul miró a su hija jocosamente.

—Si nos ponemos así, Twilight, puedo asegurar que abusaste de nuestra hospitalidad durante dieciséis años —bromeó—. No seas tan correcta con tus padres, y deja que tu madre os mime un poco.

—No se hable más, os lleváis una bolsa entera de empanadas para el viaje esta tarde.

Con su habitual velocidad, antes de que Twilight Sparkle pudiera decir nada, Twilight Velvet tomó su monedero con magia y se teleportó fuera de la casa. La unicornio lavanda suspiró.

—En fin, tú ganas Spike. Supongo que podría echar un último vistazo a la colección de Unicornia antes de la hora de comer.

—¿Todavía esperas encontrar alguna incongruencia?

—Bueno, no, pero sigue siendo un hallazgo arqueológico impresionante. Habrá que encontrar una mejor explicación a la teoría de la doctora Pones.

Alguien llamó a la puerta con el casco. Servicial como siempre, Spike corrió a abrirla y, tras unos segundos, regresó con un sobre en la mano.

—Era el cartero, trajo una carta urgente para ti, Twilight.

—¿Para mí?

Twilight abrió el sobre con impaciencia, revelando el escueto mensaje del interior. Pareció, ciertamente, sorprendida por el mismo.

"Señorita Sparkle:

He contactado con un conocido que podrá arrojar luz sobre los símbolos hallados en las armaduras de Unicornia. Por desgracia es un grifo ocupado, por lo que se presentará mañana a medio día en la biblioteca Golden Oaks de Ponyville. Su nombre es Gilderald."

La firmaba el bibliotecario de la bibliteca de Canterlot.

—¿A qué hora es el último tren a Ponyville, Spike?

—A las ocho y media de la tarde.

—Vale, así mamá tendrá tiempo a preparar las empanadas.


NOTA DEL AUTOR:

*Esto es referencia a mi one-shot "Cantar con el Corazón".

**La canción, si no la conocéis, es "Diabulus in Música", de Mägo de Oz. Ya no soy muy amigo de escribir la letra de canciones en mis fics (aunque lo hice en el pasado), pero la letra de esta pieza me encanta. 'Oh, señor / rey de la tristeza. / Ángel del dulce dolor, / bebe la hiel de mi boca. / ¡Blasfema, ven y hazme al amor!'. Podéis imaginar que Rise Love y su banda están haciendo un pedazo de espectáculo blasfemo siendo esta canción el momento cumbre de la actuación :). Entre las muchas ideas que tengo está que Rise Love y su banda tengan un papel más importante en la historia... Todo se verá.

Ale, espero que os gustara el capítulo. ¡Un saludo y gracias por leerme!