El poder es la moneda de cambio en el Tártaro. Los demonios más poderosos establecen caóticas estructuras jerárquicas, en las que los seres más débiles obedecen con la esperanza de obtener una fracción del poder de su señor. Demonios con un poder similar competirán activamente por superar al otro y someterlo, haciéndose de esta forma con el control sobre las huestes infernales de su adversario.
Sin embargo, existe otra forma por la que un demonio podría aumentar su rango: a través de las almas de los mortales. No es una tarea fácil, pues el Muro de los Sueños impide que los demonios, sean del tipo que sean, se manifiesten en el mundo material para interactuar con los seres vivos.
Hope levantó la vista del enorme tomo que estaba leyendo y se estiró. Llevaba varias horas estudiando, y la mayor parte de conceptos eran nuevos para él. El "Muro de los Sueños" era algo mencionado escuetamente en la mitología antigua, pero fue en los tomos de los Arqueólogos en los que encontró su explicación exacta.
Esto le había levantado ciertas cuestiones sobre cómo la princesa Luna lograba viajar entre los sueños.
Al estirarse, el joven semental notó el dolor de las agujetas y los golpes que había recibido en el entrenamiento del día anterior con el profesor Pones. Ignorando el mismo y el cansancio visual que empezaba a notar, Hope Spell volvió a centrarse en la lectura.
Existen métodos por los que el Tártaro puede acceder al mundo físico. El principal de ellos es a través de los tratos con los seres vivos: A través de los mismos el demonio obtendrá control del alma del mortal tras su muerte, lo que lo alimentará y lo hará más poderoso. Las criaturas que acceden a este tipo de tratos no suelen mostrar signos de afectación demoníaca aparente, pues sus recompensas suelen ser poderes sutiles. El conocimiento, o un aumento del poder mágico innato en el caso de los unicornios y otras criaturas con capacidades mágicas naturales, e incluso la obtención de algunos poderes no comunes en su raza, como el control mental. El demonologista está condenado a perder su alma tras su muerte, y su única salvación sería obtener más poder que el demonio con el que ha pactado en primer lugar y, de esta forma, someterlo a su voluntad.
El segundo método es menos común, pero fácil de identificar: El demonologista acepta ser poseído parcialmente por el demonio con el que ha hecho un trato. De esta forma obtiene un gran poder rápidamente, pero sus alteraciones físicas son evidentes: capacidades mágicas manifiestas en seres no mágicos, aumento de las aptitudes físicas, alteraciones del comportamiento... La posesión es controlada por la voluntad del propio demonologista, el cual permitirá que el demonio lo posea en mayor o menor medida. Cuanto más poder permita al demonio canalizar a través de él, mayores serán sus beneficios. Sin embargo, llegado cierto punto, el demonio poseerá completamente al mortal, y podrá manifestarse físicamente en el mundo, matando a su huésped y consumiendo su alma en el proceso.
Una tercera forma por la que un demonio, mayor o menor, puede manifestarse físicamente en el mundo es a través de un ritual de invocación. Estos rituales suelen ser usados por cultos diabolistas para llamar a poderosas criaturas para combatir a sus enemigos, pero lo bastante débiles para que el culto no pierda el control sobre las mismas. El principal peligro de estas invocaciones es que, de traer a un Señor o un Gran Señor demonio al mundo, podría desencadenarse la apertura de un portal al Tártaro, el cual atraería a una legión de demonios al servicio de su señor. Algunos demonologistas especialmente poderosos son capaces de crear dichos portales, contando con decenas o cientos de demonios menores a su servicio.
Los escritos de Starswirl El Barbudo, tras el destierro de Nightmare Moon, hablan de un cuarto tipo de posesión por la cual un ser vivo se vería totalmente sometido a la voluntad y el poder de un gran demonio en contra de su voluntad. Sin embargo, no se tiene constancia de que se haya producido una posesión como la descrita en el mundo conocido.
Hope Spell recordó al leer esas líneas al grifo que casi lo mató en Cérvidas. Obviamente, se trataba del segundo caso, como había supuesto, una posesión consentida. Le resultaba terrorífico pensar en cómo ese grifo había perdido la razón y se había vuelto tan poderoso solo a través de un pacto con el Tártaro pero, al mismo tiempo, Aitana había logrado acabar con él en segundos. En aquel momento estaba asustado y solo recordaba el hecho como una explosión de sangre; sin embargo estaba seguro de que la arqueóloga debía haber atacado con precisión en un punto vital del diabolista. A eso se refería el profesor con que, conociendo las técnicas adecuadas, es posible combatir a los practicantes de las artes oscuras.
El unicornio verde se volvió a estirar y, al hacerlo, pasó la mirada por el reloj que tenía encima de la mesa. Las cuatro y media.
—¡Ostras! Se me hace tarde.
Se levantó de golpe y, con su magia, cerró el libro y lo metió en sus alforjas al mismo tiempo que levitaba todo el conjunto y lo asía sobre su lomo. Salió de su dormitorio, impolutamente recogido, y bajó las escaleras hacia el comedor.
—¡Al fin sales, cariño! —exclamó su madre al escucharlo bajar.
La misma surgió por la puerta de la cocina, portando un delantal. Por el olor estaba preparando muffins para el desayuno del día siguiente, como era costumbre. A Hope siempre le sorprendía que su madre pudiera mantenerse, en cierta medida, elegante a pesar de estar cocinando. Había música de violoncello sonando en la planta baja que, si no le fallaba la memoria, era de una joven artista llamada Octavia Auditor. Aunque podía reconocer el virtuosismo de la misma, Hope prefería melodías algo más animadas.
—¿Ya has terminado de estudiar?
—Sí mamá —respondió el aludido, acercándose para besarla en la mejilla. Con la tontería se había pasado todo el día en su cuarto, cuanto menos le debía un beso—. Pero me voy a tener que ir, tengo una... práctica en la universidad.
—¡Vaya! Tú siempre tan aplicado —sonrió Star Wander, devolviéndole el beso—. ¿Y de qué es esta práctica? Desde que volviste de Cérvidas estás muy poco en casa, ¿va todo bien?
—Mamá, ya te dije que sí, que todo perfecto —mintió Hope, con una perfecta sonrisa—. Fue un susto muy grande, pero ya está.
—Bueno, bueno, pero, ¿de qué es la práctica hoy?
—¡Oh! Este... de magia blanca —improvisó Hope—. Poner en práctica algunos hechizos antiguos y tal...
Su madre lo miró durante unos instantes, como si no acabara de creerse la mentira.
—¿Seguro que todo está bien, cariño? Últimamente estás un poco raro.
—Que sí mamá, todo va bien —aseguró Hope, intentando aparentar seguridad—. Seguramente todavía llevo el susto en el cuerpo.
—Bueno, vale cielo —aceptó esta—. Ten cuidado en Manehattan, ¿de acuerdo?
—Claro mamá. Hasta luego.
—Hasta luego.
Hope salió rápidamente de la casa tras despedirse, con un nudo en el estómago. Su madre empezaba a notar que algo no iba bien, y es que... ¿cómo iba a decirles lo que pasaba? ¿Cómo iba a decirles que debían marcharse, olvidarse de él, cambiar de vida? ¿Era un egoísta por haber accedido a las peticiones de los Arqueólogos? Cada vez que lo pensaba dudaba más, y no estaba muy seguro de cómo...
Frente a él, una yegua adolescente de pelaje azul oscuro y ojos violetas le detuvo solo con su presencia. Bajo el sol, las crines de Bright brillaban muchísimo, contrastando con su oscuro cuerpo; sus gafas de lectura colgaban de una simple cadena bajo su cuello, y vestía un abrigo sencillo para protegerse del frío. Sobre el mismo portaba dos alforjas llenas de libros, bastante más pequeños que el que llevaba Hope en aquel momento.
—Hope, tú no estás bien —afirmó su hermana—. Algo te está pasando.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
La joven yegua se acercó unos pasos y señaló con un gesto de la cabeza al libro que sobresalía de las alforjas de su hermano mayor.
—Ese libro es demasiado antiguo para ser de la biblioteca, probablemente sea un incunable.
—Bueno, este... es un tratado de magia antigua, y contra qué se usaba la magia blanca y...
—Además hace frío y ni siquiera has cogido tu chaqueta.
Hope miró su propio cuerpo y rió ridículamente; sin moverse del sitio usó la telequinesis para tomar la chaqueta, sin ni siquiera verla, del perchero y traerla hacia él, para después deshacer las alforjas y ponérsela. Cuando terminaba de ajustarlas de nuevo sobre la prenda de vestir, sintió a su hermana conjurar.
—Bright, ¿qué estás...?
Hubo una ligerísima explosión blanca sobre el cuerno de su hermana pequeña; al instante, una línea blanca se dibujó en el césped. Poco a poco fue agrandándose hasta rodear completamente la casa de la familia y, tras unos instantes, una serie de runas se materializaron en torno a la misma, siguiendo un patrón repetitivo. Hope miró a su hermana, alucinado. A veces olvidaba lo dotada que era Bright para la magia, a pesar de tener solo catorce años.
—Esto... Bright, yo...
—Es un hechizo de protección —continuó la aludida—. Magia blanca, algo avanzada para tu nivel de estudios, debe haberte costado hacerlo. Si he entendido bien las runas, y sé que lo he hecho —aseguró—, te ayudará a teletransportarte de vuelta, y te avisará si entraran... ¿enemigos? Esa última parte no acabé de entenderla. Nos estás protegiendo de algo.
Hope Spell no supo bien qué responder a todo eso. Era una suerte que Bright jamás confrontara a alguien frente a sus padres, si no todo sería mucho más complejo. La joven yegua miró fijamente a su hermano.
—Hope, ¿qué está pasando? Tiene que ver con lo que pasó en Cérvidas, ¿verdad?
—No... no es eso... es que...
—No insultes mi inteligencia. Nos dijiste que te escondiste, pero creo que combatiste contra esos no-muertos, y la lógica me dice que lo hiciste junto a la doctora Pones. Y que todavía hay más, algo que no nos quieres decir.
El semental se quedó sin palabras: no podía creer que Bright hubiera descubierto la mentira.
—¿Cómo supiste del círculo? Lo hice de noche, todos dormíais.
—Soy sensible a las corrientes mágicas —explicó ella— y noté que había más magia en el jardín de lo normal. Un hechizo para ver lo invisible me bastó para descubrir el círculo. No se lo he dicho a nadie, si vas a preguntarlo.
—Bright, yo... no es... no es fácil, ¿vale? Papá y mamá no lo entenderían, ¿sabes? No se lo puedo decir.
—Entonces dime lo que necesito saber. No se lo diré a ellos.
Hope miró a su hermana, la cual seguía aparentemente impasible frente a él, seria, pero con un gesto de preocupación en su rostro. ¿Cómo decirle todo lo que había pasado? ¿Lo que había decidido hacer? Debía darle, al menos... una pista. Hope se sentó en el césped, y Bright hizo lo propio a su lado, rozándolo ligeramente con el lomo.
—He... tomado una decisión, Bright. Una que os puede poner en peligro.
Su hermana, aparentemente, no reaccionó ante la noticia, y tardó unos segundos en responder.
—Entonces... ¿vas a tener que marcharte?
—No. Me conocen, Bright, me conocen. No funcionaría.
Bright solo tardó un instante en levantarse y, tras unos segundos, besó a su hermano en la mejilla. Después se encaminó hacia la entrada de su casa.
—Entiendo. Ten cuidado, Hope. No diré nada.
El unicornio verde se quedó sentado en el sitio, viendo a su hermana alejarse y entrar en la casa, pasmado por lo rápido que esta había entendido lo que ocurría. Pero, especialmente, le sorprendía la serenidad con la que había tratado el asunto. Bright siempre había sido una yegua calmada y brillante, pero jamás la había visto ante algo tan... serio. Jamás dejaría de sorprenderlo.
Los años le habían enseñado que si Bright decía que no iba a decir nada, es que no lo haría. Suspirando para si mismo, Hope se levantó y se encaminó a la estación del tren que lo dejaría cerca de la universidad.
Dentro de la casa, Bright no había acabado de quitarse la chaqueta cuando su madre salió a recibirla.
—¡Hola, Bright, cielo! ¿Cómo te ha ido?
—Mucho estudio, como siempre mamá —respondió ella con una ligera sonrisa.
—Oye, os he visto por la ventana, ¿qué hablabas con Hope? Parecía muy preocupado.
—No es nada, mamá —respondió Bright quitándole hierro al asunto—. Es que está intentando hacer un hechizo más complicado de lo que esperaba como trabajo de fin de curso y está de los nervios.
La madre guardó silencio durante unos segundos y después resopló con una sonrisa.
—¡Este hijo mío, siempre tan aplicado!
—No tiene remedio —sonrió la adolescente de pelaje oscuro—. Voy a imitarlo y encerrarme a estudiar un rato.
—¡Hija! ¡Qué ganas tengo de que lleguen tu padre y tu hermana para que armen un poco de jaleo!
Siguiéndole la risa en voz baja a su madre, Bright tomó sus alforjas y se dirigió a su cuarto. El interior del mismo, adyacente al de Hope, parecía una biblioteca en miniatura; todas las paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de libros de todo tipo. La joven tenía exactamente doscientos treinta y siete tomos, y mantenía su colección actualizada a base de intercambiar sus libros más antiguos por otros nuevos. De hecho regresaba de hacer algunos de estos intercambios; usando su magia sacó todos los volúmenes que llevaba en las alforjas y los hizo levitar, casi sin mirar, hasta el sitio que iban a ocupar en las estanterías.
Hubo uno, sin embargo, que lo dejó sobre el escritorio. Tras abrir las ventanas para que entrara el sol se sentó frente al mismo y ojeó la tapa. Le había costado conseguirlo, según le habían contado había una orden real que prohibía su posesión, y ella entendía bien la razón. Pero no se había equivocado respecto a su hermano y, si de verdad estaban en peligro, ella quería estar preparada. Le iba a costar estudiarlo, ya que el idioma ecuestre antiguo no era precisamente su asignatura favorita, sin embargo esperaba estar a la altura.
Abrió el libro y leyó las primeras líneas; no tardó demasiado en traducirlas.
La nigromancia: el arte de dominar la muerte, los espíritus y el terror.
Sorprendentemente, el tren de cercanías fue puntual, por lo que Hope llegó a las cinco en punto a la casa de Aitana. Entró sin llamar, como ella le había dicho, y se dirigió directamente al jardín trasero. Cuando atravesó la puerta trasera pudo ver a la arqueóloga en el mismo, sobre la misma hamaca del día anterior. No llevaba sus alforjas, pero sí que portaba el colgante de la brújula rota alrededor del cuello.
—Buenas tardes, Aitana.
Como respuesta, la yegua marrón se levantó y tomó dos objetos alargados que tenía en el suelo, lanzándole uno a Hope a continuación. El unicornio lo tomó en el aire con su magia, descubriendo que se trataba de una lanza.
—Justo a tiempo, chaval —dijo esta—. Hoy vas a aprender a pelear. Suelta las alforjas y ponte en guardia.
Hope hizo lo propio y, tras desembarazarse tanto de las alforjas como de la chaqueta, tomó la lanza con su magia y la mantuvo levitando cerca suyo. No sabía cómo pelear en absoluto, ¡jamás le había pegado una coz a nadie! Por suerte observó que aunque la punta de la lanza era de metal, no estaba afilada en absoluto.
—Vale, ¿cómo empezamos? ¡Pero qué...!
Sin darle un instante para prepararse, Aitana cargó contra él; Hope no llegó siquiera a acercarse a interceptar el ataque de la yegua; la lanza de esta le golpeó en las patas delanteras, haciéndole perder los dos puntos de sustentación. Cuando intentó recuperar el equilibrio, el arma de Aitana se posó sobre su cuello y lo empujó violentamente contra el suelo, acabando con Hope completamente derrotado.
Para él, una prueba de la habilidad de Aitana es que, a pesar de la violencia del movimiento, no había llegado a golpearlo en el cuello. Primero posó la lanza y después lo empujó, aunque todo ocurrió en un instante.
—Levántate —ordenó la Arqueóloga—. Los ponis no estamos hechos para defendernos frontalmente, somos herbívoros, estamos hechos para correr. Vas a tener que mejorar tus reflejos para esquivar la mayor parte de mis ataques, y después centrarte en cómo bloquearlos y devolverlos.
Hope, al ponerse en pie, se fijó en cómo sostenía Aitana su lanza: la llevaba sobre la pata delantera derecha, pasando el asta bajo la axila, después sobre el codo y, finalmente, la sostenía con la articulación de la primera y la segunda falange de la pata. Como no tardó en comprobar en los siguientes minutos, le permitía una gran movilidad al tiempo que le dejaba tres patas libres para moverse con soltura.
Aitana bajó bastante el ritmo de sus ataques, dando tiempo a Hope para ver por dónde iba a ir; aún así el joven semental se llevó varios y dolorosos golpes que le sirvieron como recordatorio de un fallo en su defensa. Tal como ella le había dicho, primero se centró en intentar esquivar todos los lanzazos, dejando su propia arma a un lado. La yegua marrón, al ver poco a poco la mejoría de su pupilo, aceleró el ritmo del entrenamiento, poniéndoselo cada vez más y más difícil.
Hope Spell notó que pronto iba a fallar, que cada vez estaba más cerca de recibir otro golpe; cuando notó que no podía esquivar el siguiente ataque, usó su magia por puro instinto. El chocar de la madera contra la madera fue como un canto victorioso, había logrado interceptar con éxito el ataque de su maestra en el combate.
La alegría le duró poco tiempo. Aitana se deslizó a un lado, bajo la defensa de Hope, y giró sobre sí misma para volver a golpearlo en las patas delanteras. Al igual que hizo antes, al volver a su posición inicial, usó su lanza para lanzarlo al suelo empujándolo del cuello.
—Tu guardia es malísima, Hope —apuntó Aitana sin burla, antes de retirar la lanza y permitirle levantarse—. Nunca dejes de moverte, y jamás dejes que una pequeña victoria te haga comportarte como un idiota.
—Ya... vale, lo haré —murmuró él, levantándose—. Pero esto es solo un entrenamiento, ¿no? Déjame un poco a mi ritmo y ya iré...
Se dio cuenta en el último momento de que Aitana se estaba girando, atacando con su lanza en una amplia parábola. Esta vez Ho pe estuvo ágil e interpuso su propia arma, pero descubrió dos cosas rápidamente: La primera, que su magia no era rival para la fuerza de Aitana, que hizo que ambas armas le golpearan en la cara.
Lo segundo es que un golpe así dolía mil infiernos; el unicornio retrocedió unos pasos, soltando su agarre mágico y llevándose una pata a la cara. Aitana lo observó, severa.
—Si esto no fuera un entrenamiento ahora estarías muerto. Aquí no tienes años para entrenar, así que no me toques el hocico y tómatelo en serio. Con la Hermandad moviéndose por delante de nosotros no puedo permitirme llevar a un lastre.
La Arqueóloga entró en su casa, caminando sin prisa. Poco después salió con una jarra de agua, de la que bebió un largo trago antes de hacerle un gesto a Hope para que se sirviera. Este, recuperándose del dolor, pegó un largo trago a la jarra y se sentó en el césped. No era la primera vez que observaba que, a pesar de las palabras que había usado, Aitana no parecía realmente enfadada. Más bien parecía... ¿estricta? No sabía si esa era la palabra adecuada que lo definiera, pero no se le ocurrió otra cosa mejor. Aun así, Hope aprovechó ese tiempo para preguntar algunas dudas que tenía.
—Aitana, una cosa de lo que he estado leyendo. Un gran diabolista o un señor de los demonios pueden abrir una "puerta al Tártaro", ¿verdad? Pero no entiendo a qué se refiere el texto exactamente, yo tenía entendido que estos portales se encontraban en templos... Ya sabes, arcos de obsidiana y esas cosas.
La Arqueóloga se giró sobre la hamaca para mirar a Hope.
—En la cultura popular se confunde el término "ventana" con "puerta". Una ventana al Tártaro es lo que estás describiendo: tiene una localización física clara parece un portal a simple vista; muchas veces se construyen con obsidiana, y suele requerir muchos sacrificios y ofrendas reunir el poder para abrirlas. A través de una ventana al Tártaro un culto o un gran demonologista puede obtener poder directamente del Tártaro, saltándose el muro de los sueños. Así es como Manresht pudo resucitar en los Reinos Lobo; una ventana al Tártaro hizo que su cuerpo volviera a la vida con todo su poder.
—¿Y no pueden atravesarla los demonios?
—No directamente, aunque es más fácil invocarlos en su cercanía.
—¿Y qué es una puerta al Tártaro? —preguntó Hope.
—Una putada.
La yegua marrón volvió a meterse en la casa y salió con varios papeles y un lápiz; colocó uno sobre el suelo y, en primer lugar, dibujó dos círculos concéntricos.
—Este es nuestro mundo —indicó señalando el círculo central—. Y, protegiéndonos, tenemos el Muro de los Sueños —señaló el hueco entre los dos círculos.
Hope no dijo nada, atendiendo bien a la explicación. Aitana dibujó un poni en el círculo central y, fuera del mismo, una burbuja ovalada en la que escribió "Tártaro".
—Para contactar con el Tártaro la magia de un ritual debe atravesar, por así decirlo, el Muro. A medida que un demonologista adquiere poder, este agujero se va haciendo más grande, permitiéndole ganar más poder, y al demonio aumentar su influencia en el mundo. ¿Me sigues?
—Perfectamente.
—La gran mayoría de demonologistas mueren antes de alcanzar el culmen de su poder. Los que lo consiguen son capaces de canalizar las energías del Tártaro a través de su ser con total libertad y crear lo que llamamos un "Portal". Este portal permite a los demonios pisar este mundo libremente, pero el creador del mismo decidirá quién puede atravesarlo o no. En otras palabras, los demonios que lo atraviesen servirán irremediablemente al demonologista.
El semental verde comprendió pudo hacerse una imagen mental de lo que eso supondría.
—Entonces el portal es el propio demonologista, ¿verdad?
—Exacto —asintió Aitana—. A través de un portal pueden aparecer cientos, sino miles de demonios menores al servicio del demonologista.
—Pero se pueden matar, ¿no?
—No.
Hope miró a Aitana sin creerse lo que había oído. Esta, por su parte, dibujó dos flechas en el papel, una que señalaba del mundo material al Tártaro y viceversa.
—Los demonios nunca mueren, solo podemos matar su forma física para devolverlos al infierno del que han salido, pero si hay un portal que puedan atravesar volverán en cuestión de minutos. La única solución es matar al bastardo que ha desatado el infierno en la Tierra. Solo así se cierra un portal demoníaco.
—¿Y esto... es muy común?
—Mi padre acabó con un demonologista capaz de abrir y cerrar el portal a su antojo sobre sí mismo, hace casi treinta años, quedando paralítico en el proceso. Y si yo no hubiera parado a Manresht, tarde o temprano habríamos tenido un ejército de demonios en los Reinos Lobo. Así que no, no es muy común, pero porque nosotros hemos estado ahí para evitarlo.
Aitana dio por terminada la lección levantándose y tomando su lanza. Hope fue a hacer lo propio con la suya, usando su magia, pero la yegua lo paró.
—No. Esta vez quiero que aprendas a manejarla con las patas, como hago yo, te ayudará a entender cómo la utilizan la mayoría de los cuadrúpedos.
Hope Spell intentó tomar el arma de la misma forma que Aitana y adoptó posición de guardia. Un instante después cayó al suelo, desarmado y con un fuerte golpe en el costado. La yegua marrón se retiró de nuevo, suspirando entre dientes.
—Disculpe, princesa —murmuró sarcástica—, ¿demasiado duro para usted?
—No, no, espera.
Hope se levantó de nuevo, aunque esta vez el golpe le había dolido bastante. A pesar de la rápida y humillante derrota, había apreciado en seguida a qué se refería Aitana al hacerle luchar con los cascos.
—Vamos otra vez, pero ve un poco más despacio. Que pueda entender tus movimientos.
Aitana se puso en guardia de nuevo con una ligera sonrisa en la cara. Hope no se rendía fácilmente, y eso era algo indispensable para cualquier Arqueólogo.
—Los faraones de Egiptrot aspiraban a proteger sus mausoleos por toda la eternidad. Es por ello que, además de las impresionantes Pirámides que nos dejaron como legado para la posteridad, utilizaron distintas trampas y hechizos como protección.
El profesor Pones caminó por el estrado de la clase, acompañado por el chirriar de su silla de ruedas. Casi medio centenar de alumnos, principalmente de Historia de Arqueología y algún interesado que escogió la asignatura "Arqueología práctica" como optativa, prestaban atención. Las clases del profesor eran famosas por ser de las más entretenidas, a la par que muy instructivas. Este se puso al lado de la pizarra y, usando su magia, desenrolló una lámina blanca que la cubrió por completo. Con un nuevo hechizo las luces de la clase se apagaron y el proyector se puso en marcha.
—Los primeros intentos de acceder a las pirámides acabaron en un desastre. Hace 150 años, sir Deep Dig encontró la cámara funeraria del faraón Im-halten, a la cuál accedió por la fuerza. Sin embargo, antes de hacerlo tomó esta instantánea que nos da una buena pista de lo que iba a ocurrir.
La fotografía, en blanco y negro y con muy baja calidad, mostraba bastante claramente una puerta de piedra rodeada por un marco con múltiples jeroglíficos tallados. El profesor se tornó hacia sus alumnos.
—¿Algún estudiante de arqueología o de magia antigua puede leer lo que dice?
Pronto se alzó la pezuña de una yegua de tierra de espesas crines marrones y rizadas y pelaje amarillo.
—¿Sí, señorita Hoof Granger?
—Dice "los espíritus habitan este hogar de reposo. Que el amigo entre acompañado por mi guardián y obtenga parte de mi conocimiento; que el ladrón entre y me acompañe por toda la eternidad. Mi alma guarda este lugar".
—Muy buena traducción, gracias señorita. Sir Deep Dig no se molestó en intentar traducir el escrito, rompió la puerta y entró con todos sus acompañantes. Ninguno de ellos volvió a ver el sol.
Pones pasó a la siguiente diapositiva; en ella se podía apreciar a un grupo de ponis de tierra armados y algunos unicornios posando en el desierto, frente a la que parecía la misma pirámide.
—Unos meses después, Celestia envió a varios soldados a investigar qué había ocurrido. Lo que encontraron fue que, literalmente, el espectro de Im-halten guardaba la cámara y atacó a los arqueólogos en cuanto entraron.
El sonido de una campana resonó por el campus. El profesor usó su magia para encender las luces y parar el proyector, y concluyó la clase mientras sus alumnos empezaban a recoger sus pertenenccias.
—Si participan ustedes en excavaciones arqueológicas recuerden que las maldiciones pueden ser muy reales. Por favor lean el tema dieciséis del tratado sobre Egiptrot para la próxima clase.
Como era su costumbre, el profesor Pones se situó junto a la puerta de salida para despedir a sus alumnos. Muchos de ellos se detenían un instante para darle las gracias por la clase o despedirse a su vez. En esa ocasión ninguno le preguntó ninguna duda o recomendación de lectura, por lo que en menos de un minuto la clase se había vaciado.
El unicornio en las puertas de la anciandad se encaminó a su propio despacho, saludando a algunos conocidos y deteniéndose de tanto en tanto a charlar con alguno. Aquel día no iba a entrenar a Hope Spell, necesitaba algo de tiempo para encargarse de otros asuntos de los Arqueólogos, pero eso no era excusa como para no ser cortés, o para negarse a tomar un café con un conocido. Eran esas pequeñas cosas las que le ayudaban a sobrellevar el gran estrés de coordinar a la orden de la que formaba parte.
Finalmente llegó a su despacho, cerrando la puerta a su espalda, y se dirigió al escritorio. Se sentó frente al mismo e hizo un conjuro que iluminó uno de los cajones, hasta que este hizo un extraño ruido similar al del papel arrugado. Cuando lo abrió, como si se tratara de una bomba de confetti, un montón de pergaminos fueron lanzados al aire en medio de una llamarada verde. Ágil a pesar de la edad, el profesor usó su magia para atraparlos en el aire y acumularlos en una montaña a un lado de su escritorio.
Se trataba de los informes que le mandaban a diario sus contactos; la gran mayoría eran personas que habían tenido contacto con los practicantes de las artes prohibidas y que, aunque no luchaban activamente contra las mismas, servían como ojos y oídos de los Arqueólogos. El profesor se encargaba de darles información sobre qué pistas debían observar: pesadillas recurrentes para la nigromancia, desapariciones y sensación de terror para el diabolismo, lagunas mentales para la magia negra... Con todo ello obtenía una gran cantidad de información que le servía para hacerse a la idea de lo que estaba ocurriendo en Equestria.
También había algunos pergaminos de los Arqueólogos en si, pero se dedicaría a ellos al final.
El profesor fue leyendo cada informe y tomando nota mental de lo que podían significar. Parecía haber algo nigromántico en Trottingham, pero nada mayor. Habían sido denunciadas algunas desapariciones más en Baltimare, y la guardia solar había hecho presión para encubrir el hecho. Pero, de todos estos informes, el más preocupante llegó Fillydelphia.
"Operación de agentes Batpony en Bloster Ville. Los vecinos hablan de terror, pesadillas durante semanas. Han aparecido muertos muchos ponis y potrillos. Rituales al Tártaro, más de veinte cultistas muertos. La guardia lunar ha cerrado la zona."
El profesor Pones notó un ligero cambio en el pulso al comprender todo lo que su contacto había observado. Más de veinte cultistas muertos, eso era un gran culto. Un gran culto que había sido destruido por nada menos que los Cazadores Batpony, solo ellos podrían enfrentarse con tanto sigilo a un enemigo tan grande. Y si habían aparecido tantos ponis muertos, no tenía duda de que estaban haciendo un gran ritual.
Sin perder tiempo tomó otro de los pergaminos, esta vez de un Arqueólogo que firmaba como DD.
"P.P.:
Movimiento en la selva. Dos hermanas han atacado a nuestro amigo el mono, y lo han hecho con fuerza. Robaron el bastón de los Aydara para drenarlo de magia para el Señor de las Sombras.
D.D."
El segundo pergamino, también de un Arqueólogo que firmaba como Z.
"P.P.:
Ataque a la naturaleza, ha sido rechazado con presteza. He logrado hablar con el Señor de las Sombras; los mortales conseguimos rechazarlo en el pasado. Está preparando su regreso con sumo cuidado.
Z."
Y aún había un tercero, y por el sello reconoció enseguida que se trataba de un viejo amigo, también Arqueólogo.
"P.P.:
Amigo, algo ocurre todavía en Germarenia. Sigue habiendo desaparecidos, y no hay casi pistas de quién está detrás de esto. He encontrado varios demonologistas, pero creo que hay magos negros por en medio. Si dices la verdad, deben ser parte de la hermandad de la que hablas.
Twilight Sparkle ha descubierto los símbolos de los demonologistas en las armaduras de Unicornia. Es posible que esta estudiante acabe siendo de ayuda.
G."
El profesor Pones apartó los tres pergaminos mientras procesaba la críptica información. La hermandad había atacado la selva de occidente, combatiendo directamente a Ahuitzol y sus seguidores para recuperar algún tipo de objeto. Mientras que, casi a la vez, lanzó un ataque al bosque Everfree, y era de sobra conocido que el bosque no era una fuerza con la que jugar, probablemente fue ese combate el que desató la tormenta que cubrió buena parte de Equestria. ¿Por qué se arriesgarían a entrar en el Everfree?
Y, finalmente, más desaparecidos en Germarenia. Si su buen amigo le informaba de los mismos es que se trataba de diabolistas, probablemente. La Hermandad de la Sombra estaba jugando con demasiado ventaja, demasiado extendidos y actuando de demasiados lugares al mismo tiempo. ¿Cómo era posible? Los Arqueólogos monitorizaban todo signo de las Artes Prohibidas en Equestria y alrededores. Incluso si tenían un topo infiltrado, ¿podía eso ser suficiente para que la Hermandad pasara inadvertida durante tanto tiempo?
—Algo se me está escapando...
Roy Pones caminó hasta la ventana de su despacho; a través de la mismo vio cómo los alumnos del campus caminaban, charlaban y reían, disfrutando de su juventud, ajenos al mal que quizá se les estaba echando encima. El cielo adquirió tonos anaranjados a medida que el sol desaparecía.
—¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Has organizado un asesinato en masa a mis espaldas!
—¡¿ASESINATO?! ¡¿Habéis perdido la razón, hermana?! ¡¿Acabar con todo un culto responsable del sacrificio de cientos es un crimen a vuestro juicio?!
—¡No estamos hablando de que tus agentes acaben con un grupo de locos en el otro lado del océano, o de algún descarriado dentro de Equestria! ¡Han matado a veinticinco ponis de todas las razas! ¡¿Cómo puedes justificar eso?!
A pesar de que habían ordenado dejarlas a solas en la sala del trono, los guardas que protegían la puerta de la misma podían oír los gritos de las hermanas alicornio. En su interior, Luna y Celestia se encaraban mutuamente; a ojos de un extraño parecería que iban a iniciar un combate en cualquier momento. En una esquina de la sala, una batpony de pelaje gris y crin violeta aguardaba sin alterarse, sosteniendo un gran mapa enrollado bajo un ala, y portando un montón de papeles en sendas alforjas sobre su lomo.
La discusión entre las dos hermanas había servido para despejar a la cabo Midnight Blossom; aquel día se había visto obligada a despertar a media tarde -muy temprano para el batpony medio- para recoger los informes de los analistas y los Cazadores y analizarlos antes de presentarlos a Luna. En cuanto lo hizo, la Diosa de la Noche quiso mostrarle los resultados a su hermana... pero esta última empezó la discusión nada más verla aparecer por la puerta de la sala del Trono.
—¡¿Ponis?! —gritó Luna, fuera de si—. ¡Eran unos diabolistas! ¡Unos monstruos que han secuestrado a inocentes, los han torturado y los han sacrificado, condenando sus almas a ser presas del Tártaro! ¡¿Estáis diciendo que nós hemos actuado en error, que debimos dejarlos ir?!
—¡Debiste habérmelo hecho saber! ¡Debiste decirme qué ocurría para que pudiéramos actuar!
—¡Vuestros agentes jamás actúan a tiempo, Celestia! ¡Esperar a que decidiérais dar la orden habría supuesto condenar a decenas de almas más! ¡Nós dimos la orden para actuar, y creemos estar en lo...!
—¡No me importa lo que creas! ¡No cuando tus agentes han hecho esto en un centro urbano! ¡¿Qué crees que pasaría si se descubriera?!
Luna se alzó sobre sus cascos traseros y golpeó el suelo con los delanteros, al tiempo que su melena mágica se agitaba violentamente.
—¡¿Os preocupáis por las apariencias, Celestia?! ¡Cómo os atrevéis!
—¡Me preocupo de que pueda cundir el pánico después de que soltaras a unos psicópatas en Bloster Ville!
Aunque no dijo nada, Midnight Blossom alzó ligeramente la ceja izquierda.
—¡Los Cazadores Batpony han encontrado la pista de un gran culto! —respondió Luna— ¡Mis agentes han sabido encontrar indicios allá donde los vuestros han fallado!
—¡¿Indicios de qué, Luna?! ¡No está pasando nada extraño, todo estaba en orden hasta que Aitana Pones liberó al hechicero lobo en Manehattan! ¡Desde entonces pareces haber perdido el juicio!
—¡A eso mismo venía hasta que habéis empezado a gritar! —después se giró hacia la batpony —. ¡Cabo, los informes!
—Sí, mi diosa.
La cabo Midnight Blossom avanzó hasta el centro de la sala, posó el mapa de Equestria que portaba sobre la mesa y lo desenrolló. Sobre el mismo se podían ver cientos de marcas, identificadas por distintos códigos, repartidas por todas partes. Celestia se acercó y estudió las mismas; a primera vista parecería que estaban repartidas uniformemente, pero en realidad se acumulaban más en las zonas con una mayor densidad de población.
—Princesa Celestia, cada una de estas marcas identifica una desaparición ocurrida durante el último año. En su mayor parte se ha tratado de yeguas jóvenes y potros, aunque se han dado casos también de sementales y algunos grifos, ciervos, e incluso un perro joyero.
—Cabo Midnight —respondió la princesa del Sol, intentando mantener la calma, ya que no quería pagar su enfado con alguien que solo seguía órdenes —, Equestria tiene, según el último censo, un total de setenta millones de habitantes. Esas desapariciones son, estadísticamente...
—Más numerosas de lo habitual.
La batpony, que no había dudado en interrumpir a Celestia, se giró y sacó varios papeles de sus alforjas, los cuales tendió a las princesas. Mientras los estudiaban, siguió explicando.
—Las últimas décadas, el número de desaparecidos rondaba entre cuatrocientos y seiscientos ciudadanos al año; pero hace cinco años este número empezó a aumentar. El año pasado ocurrieron un total de novecientas desapariciones. Este año ya llevamos casi mil, y el porcentaje de desapariciones sin resolver ha aumentado de un ocho a un sesenta y cinco por ciento.
A medida que hablaba, Midnight empezó a extraer varias fotografías de los desaparecidos, acompañadas por los informes de la investigación.
—Las desapariciones han seguido un patrón constante desde hace cinco años: En las zonas rurales, el desaparecido sencillamente no vuelve a casa tras salir a solas; en las grandes urbes, normalmente han sido jóvenes que han acabado la noche en compañía de un desconocido.
—¡Eso es imposible! —exclamó Celestia—. Un aumento de crímenes en semejante proporción habría sido notado por la guardia solar.
—Las estadísticas oficiales se tratan a nivel local, hermana, vos misma lo sabéis —añadió Luna—. Nós misma no notamos la diferencia hasta que un analista estudió las mismas a nivel nacional, notando el incremento.
—¡Pero aún así, algo debería haberme llegado! Tendré que hablar con el jefe de la guardia...
—Si me lo permite, princesa Celestia: La guardia solar evita escalar los eventos salvo que sea necesario. Y una desaparición o dos en un pequeño pueblo no son algo que deba llegar a palacio, o al menos así lo tratan sus guardas. Nuestros analistas piensan que los responsables de estos actos conocen la forma de actuar de la Guardia.
La blanca alicornio se sentó en el suelo e hizo un gesto a la cabo Batpony para que siguiera. Esta hizo lo propio sacando varios dosieres de desaparecidos de su alforja.
—En la operación de anoche, además de los... un segundo —dijo, leyendo uno de los informes—. Además de los veinticuatro diabolistas con los que los Cazadores acabaron anoche, se han encontrado los cuerpos de cincuenta y siete sacrificios realizados durante la última semana, solo hubo un superviviente. Hasta el momento se han identificado treinta y cinco cuerpos, y todos ellos corresponden con ciudadanos desaparecidos durante los últimos tres meses, inclusive el potrillo de cristal que se está recuperando en el hospital. Este último formó parte del progama de adopciones impulsado por la princesa Mi Amore de Cadenza, pero jamás llegó a su nueva familia. Su desaparición fue denunciada, pero la investigación no logró encontrar ninguna pista.
Midnight fue marcando en el mapa los lugares donde se reportó la desaparición de cada muerto identificado, mostrando que procedían de distintas regiones de Equestria; los asesinos se habían tomado la molestia de trasladar a las víctimas hasta el lugar del sacrificio. Celestia se levantó y caminó por la sala del trono mientras hablaba en voz alta.
—De acuerdo, perfecto, has detenido a un grupo de locos que estaban secuestrando y sacrificando a inocentes. Pero eso todavía no indica que haya una gran trama como tú dices, Luna.
—Aún hay más, princesa.
Ambas alicornios miraron a la batpony mientras esta leía un informe reciente.
—El culto de Bloster Ville tenía información de gran importancia. Hubo un solo superviviente entre los diabolistas que ya ha sido interrogado por...
—¿Cómo? ¡¿Cómo que ya ha sido interrogado?! ¡La guardia nocturna debía esperar a la guardia solar para proceder al interrogatorio!
—Nuestros agentes son muy eficientes, hermana —explicó Luna con calma—. El interrogatorio empezó mientras tus guardias asimilaban lo que había ocurrido, para cuando disteis la orden, ya teníamos las respuestas.
—¿Pero cómo han obtenido las respuestas tan pronto? ¡No me creo que ese cultista traicionara...!
—Nós desconocemos los procedimientos que siguieron los Cazadores, hermana. Y es mejor que siga siendo así.
Celestia iba a replicar, pero la cabo Midnight Blossom carraspeó ruidosamente, atrayendo la atención hacia ella. No deseaba faltar al respeto, pero sentía que si dejaba que empezara una nueva discusión se pasaría toda la noche ahí.
—El poni capturado era uno de los líderes del culto. Según su testimonio, se coordinaban con otros grupos para conseguir los sacrificios, los cuales les eran enviados para hacer un único gran ritual durante dos semanas. El objetivo del mismo era otorgar poder a través de las almas de las víctimas a un gran señor del Tártaro, al cual se refirió como "El señor de las Sombras".
La princesa del Sol disimuló el estupor que le causó al escuchar, nuevamente, el nombre que le mencionara su hermana hacía algunos días. Frente a ella, la cabo Midnight señaló varios puntos.
—Existen por lo menos otros tres grandes grupos diabolistas en Equestria, pero no llegó a especificar en qué ciudades se hallaban exactamente, sin embargo todos ellos sirven al llamado "Señor de las Sombras". Algo remarcable hallado en la investigación del culto de Bloster Ville es que uno de los miembros del culto era, de hecho, un nigromante. Alzó bastantes zombies en el combate y llegó a atacar a los Cazadores Batpony con hechizos de terror. Además, el potrillo que rescatamos tenía restos de algún tipo de hechizo desconocido; un médico con conocimientos de magia blanca reconoció la magia negra en él. El pequeño fue dominado. Con toda probabilidad fue secuestrado a plena luz del día, caminando dócilmente junto a un adulto.
Antes de que Celestia llegara a decir nada, la cabo se levantó y recogió sus documentos.
—Princesa Celestia, mi Diosa, estos son todos los informes para hoy. ¿Desean ustedes algo más?
—No, cabo Midnigh Blossom, nós agradecemos su trabajo. Retírese, por favor.
—Gracias, mi Diosa —se despidió la soldado haciendo una pronunciada reverencia, antes de salir de la estancia.
Ambas alicornios se quedaron a solas y en silencio durante unos instantes.
—Magos negros, nigromantes y diabolistas... ¿trabajando juntos?
—Algo más grande de lo que imagináis está ocurriendo, hermana —respondió Luna—. Necesitamos encontrar a los responsables y...
—Luna, no. No podemos repetir lo que tus agentes hicieron en Bloster Ville. Hay que encontrar a los responsables y eliminar toda prueba de su existencia. Debemos...
—¡Celestia, no seáis necia! ¿No veis que ya es tarde? ¡No podéis seguir ocultando que las artes prohibidas de la magia siguen en activo!
—¡Debemos hacerlo! Luna, esas artes permanecen mejor en el olvido, mientras nadie las recuerde...
—¡El mundo las está recordando, Celestia! El alzamiento de hechicero diabolista, Manresht, fue solo el principio, ¡la primera vez en siglos que el mundo entero ha sido testigo de la manifestación del Tártaro en la tierra! El ataque no-muerto a Cérvidas ha sido solo la continuación.
—¡Estos eventos solo pueden quedar como una mera anécdota si actuamos a tiempo, Luna!
—¡Es tarde para eso!
Luna caminó por la estancia hasta detenerse frente a un inmenso mapa de Equestria que colgaba de una pared.
—¿No lo veis, hermana, de verdad sois tan ciega? La Hermandad de la Sombra es mucho más poderosa de lo que pensáis. Han logrado atacar con éxito la capital de Cérvidas y ponerla bajo sitio, han organizado el secuestro y sacrificio de cientos de personas a lo largo de toda Equestria, y estuvieron presentes en el alzamiento de Manresht en los Reinos Lobo. ¡Su plan está en marcha! Debemos seguir las pistas y acabar con cada grupo hasta llegar a las auténticas cabezas de la trama, ¡solo así evitaremos el desastre!
—¡Ni siquiera sabes qué están preparando! —respondió Celestia, exasperada—. ¿Por qué debería cambiar una táctica que ha funcionado durante setecientos años? Desde que di la orden de acabar con las Artes Prohibidas, solo tuvimos la guerra contra Unicornia... ¡y cinco siglos de paz!
—Los tiempos cambian, Celestia. Haced caso a vuestra hermana en esto, yo misma estuve a punto de derrocaros hace casi mil años.
—A veces creo que me estás amenazando, Luna.
—No es una amenaza, hermana —explicó la aludida—. Es una advertencia: si no actuamos a tiempo los planes de la Hermandad de la Sombra se revelarán ante nosotras cuando ya sea demasiado tarde.
Celestia iba a replicar pero, para su sorpresa, Luna de teletransportó fuera de la habitación. La princesa Lunar parecía haber tenido suficiente cháchara con su hermana, por aquella noche.
Aquella noche Twilight fue consciente, por primera vez en mucho tiempo, de lo muchísimo que roncaba Spike. Principalmente, porque ella misma no podía dormir.
Por enésima vez desde que se fue a la cama, la unicornio se giró entre las sábanas, con la mente dando vueltas en torno a la misma información todo el rato. Todo lo que le había contado aquel grifo, Gilderald, era sencillamente... imposible. Una locura, ¡un desvario conspirativo!
Pero...
Frustrada, se sentó en la cama ahogando un gruñido para no despertar al dragoncito. Se quedó en la penumbra durante unos minutos antes de decidir levantarse y bajar al salón principal; una tila y un buen libro, eso, sin duda, la ayudaría a conciliar el sueño. Evitando hacer cualquier ruido, salió de la habitación y esperó a cerrar la puerta antes de conjurar luz con su propia magia. Aquella noche era mucho más tranquila que la anterior, parecía mentira que no hubiera pasado ni un día desde la extraña y violenta tormenta. Las ramas que había perdido el árbol biblioteca durante la misma habían provocado un cambio en las sombras que proyectaba la luna en el interior, dando la extraña sensación de que era un lugar diferente. Twilight descendió por las escaleras, observando este fenómeno con más curiosidad que temor, y se dirigió a la cocina. Pocos minutos después el agua había sido hervida con un simple hechizo, y el aroma de la tila endulzada con miel (que Fluttershy le había traído a última hora de la tarde) embriagó la estancia.
Con la humeante taza levitando frente a ella, se dirigió a la estantería más cercana buscando algún volumen que volver a leer. Por todo lo ocurrido se sintió tentada a tomar algún tratado sobre historia antigua de Equestria, pero sabía de sobras que no conseguiría respuesta alguna respecto al misterio de las armaduras de Cebrania y Unicornia.
Su mirada se desvió hacia un cajón en concreto.
Se quedó quieta en la misma posición, iluminada por su propia magia y escuchando solo su propia respiración. Se acercó al mismo y, aparentemente acongojada, lo abrió. La blanca bola que dejó Gilderald brillaba ligeramente en la oscuridad, signo de la magia que la habitaba. Twilight la observó largamente, intentando decidirse, hasta que finalmente la tomó con su propia magia y se dirigió a su escritorio. Dejó el objeto mágico sobre la misma y tomó un sorbo de la infusión, sin quitar la vista del pensadero.
Al observarlo y contemplar las posibilidades que implicaba el contenido del mismo, la unicornio lavanda sintió un nudo en el estómago. Pero había tantas cosas que no encajaban... Las pruebas de una guerra que Celestia siempre negó, la información que le había ocultado de forma evidente... y el hecho de que la teoría de Gilderald, aunque retorcida y terrible tenía sentido.
Twilight se sumió en sus pensamientos, y no fue consciente del tiempo que estaba dejando transcurrir hasta que notó que su tila se estaba enfriando. Tragó saliva con dificultad, el nudo de su estómago cerrándose con más fuerza y, finalmente, bajó la cabeza y dirigió su cuerno al pensadero. Jamás había usado uno anteriormente, pero había leído al respecto, y en principio debería experimentar los recuerdos del creador como si...
Súbitamente, el mundo desapareció a su alrededor. Se sintió arrastrada por una corriente mágica increíblemente poderosa y, durante unos instantes, se encontró en medio de la nada. De hecho, al mirar alrededor fue incapaz de percibir nada, ni siquiera su propio cuerpo. Sintió la necesidad de hiperventilar durante unos interminables segundos.
Pero un nuevo mundo empezó a formarse a su alrededor; edificios altos, con estandartes blancos y naranja aparecieron. Los sonidos hicieron acto de presencia, al principio como si estuviera bajo el agua, y pronto se volvieron fuertes e inteligibles: Gritos, órdenes militares, y explosiones. Había una sensación irreal en el aire, el terror de un poder que no debería estar presente en el mundo físico... como el que había sentido surgir del bosque Everfree hacía unas pocas noches. Tal era su intensidad que Twilight quiso salir corriendo, pero se dio cuenta de que no era dueña de sus acciones, no era más que una mera espectadora.
Cuando su huésped echó a correr, Twilight sintió -con algo de vergüenza- que estaba en el cuerpo de un semental unicornio. A su lado corrían otros soldados, también unicornios, y todos ellos vestían armaduras del ducado de Unicornia; mientras ellos avanzaban, preparados para combatir, decenas, cientos de civiles huían en dirección contraria.
Hubo una explosión en una calle más adelante, y el grito de uno de los soldados hizo que la formación se detuviera. Todos empezaron a conjurar al mismo tiempo, pero lo que sintió Twilight no era nada como cualquier magia que hubiera practicado en su vida: Un poder inmenso recorrió cada fibra de su ser, pero su propia alma pareció encogerse ante su presencia; su huésped debería haber sentido temor, pero en lugar de eso rugió un grito de batalla junto a sus compañeros cuando la magia se hizo más poderosa que nunca. Miles de susurros y rugidos sonaron en la parte trasera de su cabeza, y sintió una presencia tan poderosa que amenazó con hacerle perder la cabeza. Una presencia de pura maldad, destrucción y sufrimiento.
Y, frente a ella, mientras Twilight intentaba gritar en su mente, uno de los soldados empezó a cambiar: su pelaje, antes marfil, se tornó rojizo; sus crines se cubrieron con un fuego impío y, mientas el desgraciado gritaba, su cuerpo se transformó. Sus patas se volvieron grandes y fuertes, y grandes garras aparecieron en lugar de sus cascos; la carne se rasgó cuando algo inmensamente grande reclamó su lugar en el mundo, y su cabeza se transformó en una horrible parodia de la misma: Deforme, con grandes colmillos y crueles ojos.
El mundo pareció gritar ante la presencia de ese ser, el cual se alzó sobre sus patas traseras y rugió. El rugido llenó cada recoveco de la mente del huésped de Twilight con terror, pasión y poder por igual, llevándolo a un estado de euforia. Al mismo tiempo, hubo deflagraciones de llamas alrededor del ser, de las cuales surgieron más monstruosidades. Y Twilight reconoció lo que estaba viendo: demonios, como las leyendas que había leído de niña, los monstruos que no deberían existir en el mundo físico, pero ahí estaban. Seres elementales del caos y la muerte, seres cuya mera presencia hacía que Twilight quisiera huir, cerrar los ojos y dejarse caer: Los señores del fuego y la destrucción.
Pero su huésped no lo hizo.
Monstruos y ponis galoparon al unísimo en dirección a la batalla; los demonios llegaron en primer lugar, saltando sobre el enemigo. Una línea de escudos dorados se alzaba, haciéndolos frente, y frenaron el ataque mientras proyectiles mágicos impactaban contra las monstruosidades. El huésped de Twilight y sus compañeros llamaron a sus impíos poderes al mismo tiempo, lanzando una tromba de proyectiles infernales contra los soldados que estaban demasiado ocupados defendiéndose de los demonios.
Pero una barrera dorada apareció frente a la Guardia Solar, deteniendo todos los ataques.
Una figura radiante surgió tras los soldados: Alta y estilizada, desplegó sus alas y alzó el vuelo mostrándose frente a las tropas de Unicornia; su magia brillaba con fuerza, y donde debería estar su crin una ola de llamas blancas y doradas ondeaba. Ganó altura y, al mismo tiempo, el sol descendió y aumentó su brillo, casi yendo a su encuentro, hasta que la princesa de Equestria desapareció tras el halo cegador del astro rey.
Y un instante después, el propio sol pareció descargar su furia sobre Unicornia.
Un inmenso haz de luz y fuego cayó desde el cielo sobre los demonios; todos ellos parecieron morir al instante, desintegrándose en bolas de llamas, unos pocos parecieron resistir la acometida durante unos segundos. Libres del ataque de las monstruosidades, los escudos fueron retirados y las lanzas aseguradas sobre sus arneses.
Una orden dio inicio al contraataque.
Los hechiceros infernales no tuvieron tiempo a conjurar antes de que los soldados de tierra, con furia y sin dudar un solo instante, llegaran al cuerpo a cuerpo. Los que no lograron retroceder a tiempo fueron ensartados sin compasión por la violenta carga, y aquellos que sobrevivieron pronto fueron arrollados por los fuertes cascos de los ponis de tierra.
Twilight sintió la sangre de los soldados de Unicornia salpicar el pelaje de su huésped, pero este logró conjurar a tiempo. El mundo cambió rápidamente cuando se ejecutó el teletransporte, echando a correr a continuación a través de las calles de Unicornia, uniéndose a un grupo de civiles que huía por sus propias vidas. Una yegua frente a él fue atrapada por un pegaso, después fue alzada a decenas de metros de altura hasta que la soltaron hacia una muerte segura.
A su alrededor, más civiles sufrían esa misma suerte. Un nuevo conjuro y el huésped de Twilight se teletransportó de nuevo, esta vez al exterior de la ciudad, echando a galopar con todas sus fuerzas. Sobre el horizonte, un remolino de nubes se acumulaba, pues otra batalla se estaba llevando a cabo.
Con un sobresalto y con la sensación de sacar la cabeza del agua tras una eternidad, Twilight abrió los ojos y respiró a grandes bocanadas, echándose atrás y lanzando el pensadero al suelo en el proceso. El corazón golpeaba su pecho con fuerza, y sentía el terror y la adrenalina en el cuerpo. Pasó unos segundos intentando calmarse, en los que pudo escuchar el débil ronquido de Spike en la habitación superior.
Miró al objeto que había rodado por el suelo hasta detenerse en el centro de la biblioteca, todavía intentando asimilar lo que acababa de presenciar. Y sobre todo reconociendo que lo que había sentido en el bosque Everfree la noche anterior era magia demoníaca.
—No puede ser... ¡no puede ser!
NOTA DEL AUTOR:
Bienvenida al mundo real, querida Twilight.
Espero que os haya agradado, ¡un saludo!
