El brillante sol de Celestia se coló por los resquicios de las cortinas que cubrían el ventanal de la habitación superior de Golden Oaks; el rayo de luz avanzó poco a poco por el suelo hasta acertar, exactamente, en la cara de Spike. Este interrumpió sus ronquidos, luchando a ciegas e infructuosamente por quitarse aquello que lo importunaba de la cara hasta que abrió los ojos. El dragoncito lila se estiró sobre su pequeña cama y se levantó frotándose un ojo con la garra.
—Buenos días Twilight... ¿Twilight?
Spike se extrañó al no encontrar a su hermana mayor en la cama; el reloj marcaba las ocho de la mañana, la hora a la que esta solía levantarse. Probablemente había madrugado más de lo normal, por lo que se levantó y se dirigió al piso inferior, bostezando ruidosamente.
—¿Twilight? ¿Ya estás despierta? ¡Twilight!
—¡Huh!
Spike gritó y se giró para toparse con Owloliscious. El búho miraba al dragón con sus enormes ojos desde lo alto de una estantería.
—Estoy buscando a Twilight.
—¡Huh!
—¡Twilight! ¿La has visto?
El ave aludida desplegó las alas y voló hasta otra estantería, desde la que se quedó mirando fijamente a una nota que había sobre una mesa.
—¡Huh!
—Oh, vale, gracias —respondió Spike antes de tomar la misma.
"Querido Spike,
por favor perdona que me vaya tan de improviso, pero tenía que hacer un viaje urgente a Manehattan. Necesito comprobar algo. ¿Podrías por favor encargarte de la biblioteca por hoy? Te traeré un regalo de la gran ciudad como compensación.
Con cariño,
Twilight."
Spike se extrañó de que Twilight hubiera marchado tan de improviso, y más aún de que ni siquiera le hubiera dejado una lista de tareas por hacer. Suponía que lo que le dijo Gilderald sobre el pasado oscuro de Equestria le había afectado bastante más que a él, pero habría agradecido que lo despertara para avisarlo de que se iba. Probablemente su hermana adoptiva no lo había intentado con demasiado ahinco.
El dragoncito se sirvió el desayuno y limpió rápidamente la biblioteca, dejándola lista para el público. A las ocho y media en punto fue a abrir la puerta… y una avalancha de potrillos apareció tras la misma, apartando a Spike a un lado. A la cola de la estampida estaba la señorita Cherilee, que saludó con una amplia sonrisa.
—Oh, ¡buenos días Spike! Hemos venido por la actividad de cuenta cuentos que organizó Twilight.
—Así que por eso no me ha dejado tareas... —murmuró Spike con frustración.
—¿Disculpa?
—Oh, nada nada. Pasa, Cherilee, a ver qué cuentos puedo contar a la tropa. Es que Twilight ha tenido que viajar a última hora...
Varias horas después, el tren que unía Ponyville con Manehattan llegó a la estación de la gran ciudad, pero Hope Spell no prestó atención al hecho. Él mismo caminaba de vuelta a la estación; hacía rato que había atardecido, y la noche no tardaría en llegar; a pesar de que ya tenía una edad, su madre prefería que volviera pronto a casa, al igual que su padre, aunque este no lo expresara con tanta intensidad.
Había estado entrenando con Aitana por segundo día consecutivo, pero a decir verdad se sentía muy frustrado, a pesar de que él mismo notaba mejoría en su técnica. Lo cual no era difícil, teniendo en cuenta que su experiencia al combate era casi nula. Por la mañana había estado centrado en estudiar magia blanca y memorizar algunos hechizos útiles, especialmente aquellos que le permitirían detectar las artes prohibidas o liberar a alguien de una posesión. Después de lo ocurrido en Lutnia...
A medida que bajaba el sol tras el horizonte, la mayor parte de ponis empezaron a regresar a sus hogares. Era un día entre semana, después de todo, y no había demasiada fiesta.
Hacía un rato que Hope Spell había abandonado la casa de Aitana tras otro día de entrenamiento. A pesar de que no era de noche todavía, la luz empezaba a escasear, por lo que las velas iluminaban el interior del hogar de la doctora, la cual se encontraba estudiando una gran cantidad de pergaminos y mapas que había desplegado sobre la mesa del comedor. Principalmente estaba estudiando documentos respecto a invocaciones demoníacas y distintos rituales para contactar con el Tártaro.
Si las fuentes de su padre no se equivocaban -y raramente solían hacerlo- solo con el ritual que habían llevado a cabo hacía unos días en Bloster Ville, la Hermandad debería ser ya capaz de invocar a un gran señor de los demonios. Y, por más que investigaba, Aitana no conseguía llegar a una teoría convincente sobre lo que podrían estar preparando.
Algo frustrada se echó hacia atrás, quitándose las diminutas gafas de lectura que llevaba.
—¿Qué estás planeando, bastardo?
La yegua marrón se levantó y, al hacerlo, notó el resentimiento de un golpe reciente en el costado. Mientras se dirigía a la cocina para servirse una sidra sonrió; en solo unos días, Hope Spell había mejorado de forma impresionante. Seguía aún muy lejos de ser un rival a la altura de Aitana Pones, pero hacía unas horas había logrado sorprenderla y superar su defensa... durante un instante, antes de que ella lo derribara y venciera nuevamente.
Todavía quedaba el tema de la familia de Hope. Este no se había atrevido a confrontarla y explicar lo que ocurría. Si no lo hacía pronto, Aitana temía que tuvieran que tomar alguna medida drástica que ella misma no deseaba. Su semblante se ensombreció ante la perspectiva de lo que ello podía suponer. Tendría que hablar con Hope sobre ello...
Súbitamente, alguien llamó a la puerta con tres pausados golpes. Aitana se quedó quieta durante un instante en el que solo se escuchó el canto de los Canturos. Al no escuchar ningún ruido sospechoso, se acercó a abrir, manteniendo un ojo en dónde se encontraban sus alforjas.
Una unicornio de pelaje lavanda aguardaba impaciente tras la puerta. Aitana estaba segura de que no la conocía, pero de alguna forma le resultaba familiar. Demasiado familiar. Sin duda la había visto anteriormente, y esa marca...
—Buenas noches, doctora Pones. Lamento venir a visitarla tan tarde, pero realmente...
—¡No fastidies! ¡Tú eres Twilight Sparkle! ¡La estudiante de Celestia y portadora del elemento de la Magia!
—Eh... pues sí, lo soy —respondió la visitante, algo más relajada ante la sincera reacción de Aitana—. Lamento venir a visitarla tan tarde, pero no podía esperar.
—¿Cómo has sabido dónde vivo? Si hubieras preguntado en la universidad me habrían avisado.
Twilight conjuró y, de las alforjas que portaba, salió una revista.
—De la revista "Cascos y Corazones", contactos de mi amiga Rarity... y un hechizo para localizar al Paparazzi que ha publicado que usted y un joven semental mantienen una relación amorosa.
Hubo un instante de silencio en el que Aitana mostró un ligerísimo tick en el ojo, mientras miraba el número publicado el día anterior.
—¿Puedes decirme dónde está ese fotógrafo de pacotilla?
—Este... sí, claro. Está justo en aquél arbusto de ahí —respondió la unicornio lavanda, señalando con la cabeza—. Hechizo de camuflaje, no es fácil verlo.
—Gracias. Pasa y ponte cómoda, vuelvo en seguida.
La arqueóloga se hizo a un lado, invitando a Twilight a pasar y, cuando esta lo hubo hecho, salió fuera al encuentro del susodicho fotógrafo. La unicornio se quedó sola en la casa, algo incómoda por ello; la estancia encendía su Transtorno Obsesivo Compulsivo debido al desorden y el caos reinantes. Allá por donde paseaba la vista encontraba pilas de artefactos, libros y pergaminos que, a primera vista, debían tener un valor considerable. Destacaba en medio de toda esa vorágine de antigüedades un objeto metálico: una exótica espada que la unicornio no subo reconocer se hallaba apoyada en una esquina de la sala. Apreció que toda la hoja estaba cubierta de pictogramas ciervo y runas lobas, pero se asustó al ver que estaba perfectamente afilada.
Al mirar de nuevo el desorden reinante, sintió la imperiosa necesidad de hiperventilar, por lo que centró su atención en el único rincón de la casa que no era un desastre: una estantería llena de libros. Paseando la vista por los volúmenes vio muchos que ya conocía, principalmente de la biblioteca de Canterlot, mas algunos de los que solo había oído hablar. Sintió la tentación de sacar un libro de su sitio el cual, a juzgar por el título y el aspecto de la tapa, tranquilamente podría tratarse de un incunable. Decidió no hacerlo para no revolver una casa ajena, por lo que siguió caminando por la estancia hasta llegar a una mesa donde había un montón de papeles desplegados.
En los que, sin realmente pretenderlo, reconoció varios de los símbolos que había visto hacía unos días. Los textos estaban en el idioma antiguo Equestre y en unicornio. No había conseguido traducir demasiado cuando la puerta se abrió y Aitana volvió dentro de la casa.
—Bueno, asunto arreglado —dijo, alisándose la melena que tenía ligeramente despeinada—. ¿Qué te trae tan lejos de Ponyville, Twilight Sparkle?
—Llámeme solo Twilight, doctora Pones, por favor.
—Llámame Aitana, nada de doctora.
—He venido por... esto.
Twilight señaló uno de los papeles sobre la mesa; Aitana se acercó para ver que se refería a un símbolo en concreto: el de los demonios del terror y la dominación. La yegua marrón miró a la unicornio.
—¿Qué quieres saber exactamente?
—¿Por qué estaban en las armaduras que encontraste? No tiene sentido.
—¿Cuál es tu teoría?
Aitana esperó a que Twilight respondiera. Dudaba de cuáles eran las intenciones de la unicornio.
—Yo... no lo sé —respondió—. He oído una teoría que... sencillamente, es una locura. No es posible, tiene que haber otra explicación.
—¿Y qué dice esa teoría?
—Que son símbolos de seres del Tártaro. ¡Pero eso no es posible! No existen documentos en cualquier biblioteca de Canterlot que lo prueben, los arqueólogos están confundidos y no logran descifrarlos... Tiene que haber otra explicación. Quizá usted tenga una teoría al respecto.
—Oh, la tengo, desde luego —respondió Aitana—. Que Celestia ha ocultado la verdad durante quinientos años. Esa es mi teoría.
—¡No puedo creer esa teoría de la conspiración! —respondió Twilight, visiblemente alterada—. Por lo que a mi respecta, me parecería más lógico que sea usted y su equipo quienes hayan urdido semejante trama.
—¿Disculpa? ¡Lo que me faltaba! ¡Me creería una posición así por parte de esos estúpidos doctores de mi universidad, pero no de la que se supone es una de las mayores magas e investigadoras de Equestria! ¿Has visto las pruebas tú misma? ¡Pues usa tus ojos y saca conclusiones!
—¡¿Y qué quiere usted que deduzca?! —respondió la unicornio lavanda— ¿Que Celestia dirigió la guerra contra Unicornia y ordenó un genocidio?
Las dos se quedaron en silencio durante un instante, solo roto por el continuo cantar de los canturos.
—Lo has visto, ¿verdad?
Twilight bajó la mirada ligeramente y asintió; después miró hacia sus alforjas y conjuró, haciendo que la pequeña bola blanca y brillante levitara hasta posarse sobre los papeles de la mesa. Aitana reconoció el pensadero al instante, el mismo que ella misma había hallado en el yacimiento. Por alguna razón, en aquel preciso momento la arqueóloga sintió la presencia del lich que habitaba en su brújula con más fuerza que antes. Sin embargo, lo ignoró.
—No sabía que Gilderald te lo había entregado.
—¿Lo conoces? Oh, es cierto, se refirió a ti como su… ¿sobrina?
—Es mi tío… ya sabes, mi tito. Fue él quien me entrenó, quien me enseñó a combatir a las fuerzas del Tártaro y a perseguir a magos negros, nigromantes y demonologistas.
—Eso... eso no es...
—¡Cállate ya, joder! —gritó Aitana—. Has venido a mi casa sin avisar, te recibo y voy a darte respuestas. ¡Pero si vas a llamarme mentirosa ya te puedes ir marchando!
La violenta reacción de la yegua marrón pareció surtir efecto, haciendo que la unicornio se quedara en silencio y asintiera. Tras unos segundos, Aitana apartó dos divanes de la mesa y la invitó a tumbarse, haciendo ella lo mismo.
—¿Dónde... encontraste el pensadero, Aitana?
—Al sur de Trottingham, en el campo de batalla de donde saqué las armaduras
—Pero... podría ser un ardid, una prueba falsa creada por un mago muy hábil para confundirnos.
—¿Así que un mago muy hábil creó un pensadero falso tan convincente que te ha llevado a venir a visitarme, localizó los restos de una batalla que no figura en ningún libro de historia conocido, y lo enterró a la suficiente profundidad para que, justamente, yo lo encontrara al hacer una excavación y dedujera que cuadra con el momento temporal de acuerdo a los estratos geológicos?
—¿Pero por qué no lo has hecho público? —preguntó Twilight—. Se te ha tomado por una embustera, tu reputación como arqueóloga fue destruida. ¿Por qué no sacaste esta prueba desde el principio?
—¿Si lo hubiera hecho, me habría creído alguien?
Aitana se levantó y fue a la cocina, sin que Twilight llegara a responder a aquella pregunta. Claro que nadie la habría creído, ¡era una locura! La anfitriona preguntó si quería beber algo, y la unicornio lavanda pidió un té. Un par de minutos después, la poni de tierra volvió con dos tazas y una tetera; puso las primeras sobre la mesa y se giró para poner la tetera al fuego.
—No será necesario, permíteme.
Twilight tomó el recipiente metálico con su magia y conjuró, haciendo que este empezara a calentarse hasta que el agua alcanzó la temperatura adecuada.
—Muy útil —reconoció Aitana mirando la humeante tetera—. ¿Qué conoces de las artes prohibidas de la magia?
—Ya no se practican —respondió la aludida rápidamente—. Eran el diabolismo, el arte de obtener poder a través de los demonios; la magia negra, que consistía en la dominación de la mente; y la nigromancia, el poder de la magia sobre la muerte y el terror. Pero hace casi setecientos años que Celestia las prohibió, y no se han visto desde entonces.
—Claro, hasta hace unos meses que justamente surgió un hechicero diabolista en los Reinos Lobo, o hace un par de semanas que hubo un asalto no-muerto en Cérvidas.
—Pero eso... ¡podría ser una excepción! El primero un hechicero que de alguna forma se mantuvo con vida todo este tiempo, y el segundo un par de locos. ¿Cómo te lleva eso a... defender que Celestia hubiera dirigido un genocidio contra Unicornia?
—Por lo que veo Gilderald te ha contado la historia de La gran purga, o "El exterminio", ¿verdad? —sonrió Aitana—. Entonces ya conoces la respuesta: La guerra de Unicornia fue la última gran guerra entre los mortales y las fuerzas del Tártaro.
Mientras explicaba esto, la arqueóloga se levantó para encender más velas y alguna lámpara de la casa. Acababa de anochecer.
—Es que no me lo puedo creer, Aitana.
—Pero las pruebas encajan, ¿verdad? Los símbolos en las armaduras que ningún arqueólogo o historiador ha sbido identificar, las obvias medias verdades que Celestia está diciendo a la prensa, el pensadero... Apuesto a que además has encontrado referencias escasas y sutiles en libros de magia blanca, ¿a que sí?
Twilight se quedó sosteniendo la taza con su magia, incapaz de encontrar una explicación mejor que la que Aitana Pones y Gilderald le habían dado pero...
—Sencillamente no puede ser. No me lo puedo creer, tiene que haber otra explicación.
—El problema es que el mundo no recuerda los horrores del Tártaro, de la nigromancia o de perder la voluntad por culpa de la magia negra. Y, ahora nos estamos enfrentando a algo mucho más grande.
—¿Algo más grande?
—Sí. El alzamiento de Manresht y el ataque a Cérvidas están relacionados, así como varios cultos diabolistas en Equestria. Están preparando algo grande, Twilight, el retorno de algún gran señor del Tártaro, pero todavía no sabemos quién ni cómo.
—Vosotros… ¿quiénes sois?
—Entre nosotros, nos llamamos "Arqueólogos". Somos los últimos descendientes de una orden de cazadores de demonios que han ido pasando sus conocimientos generación tras generación. ¿Por qué te crees que estaba yo en los Reinos Lobo? Detectamos actividad demoníaca, dedujimos que podía tratarse del retorno de Manresht y viajé ahí para encontrarlo y detenerlo.
—¿Pero por qué lo trajiste y liberaste luego en Manehattan?
—¿No he respondido a esa pregunta mil veces con la prensa también? —respondió Aitana—. Para que el mundo recuerde, que la guardia se diera cuenta de lo indefensa que estaba ante los poderes del Tártaro y se prepararan para ello. Además, ese cretino de Trottinghoof merecía una lección —añadió con una carcajada.
Twilight ahogó una risita ante ese comentario.
—¿De qué te ríes?
—¿No lo sabes? Trottinghoof es quien ha organizado la excavación, clasificación e investigación del yacimiento arqueológico de tu tesis. De hecho ha abandonado la universidad.
—¿Cómo? —preguntó Aitana, boquiabierta—. ¿Por qué? Fue él mismo quien desmintió mis teorías hace años.
—Parece ser que los rectores le… encargaron revisar tu tesis y le dieron las pruebas que necesitaba para ello. No las revisó demasiado a fondo, creyó en ellos.
Aitana tomó su propia taza de té y pegó un trago pero, al hacerlo, se percató de que había algo extraño en el ambiente.
Silencio.
—¿Por qué debe prepararse la guardia? ¿A qué te...?
—¡Calla!
Aitana giró lentamente ante la sorprendida Twilight, mirando cada rincón de su casa; no se oía un solo ruido, los Canturos guardaban silencio. Sin dudarlo un instante se levantó y saltó hacia sus alforjas, hundiendo ambos cascos en las mismas y sacándolos con dos dagas asidas a los mismos. Twilight se levantó y retrocedió, asustada.
Hope caminaba por el oscuro camino hacia la estación con el corazón en un casco. Cada vez que regresaba a su casa recordaba la ingrata tarea que tenía por delante: intentar convencerles de que tendrían que cambiar de nombre… Pero, ¿a quién quería engañar? Jamás lo harían, salvo que no tuvieran más remedio. No comprenderían las razones de Hope para unirse a los Arqueólogos, para arriesgar su propia vida luchando contra unos locos…
Habría sido más fácil unirse al ejército. Eso lo puede comprender cualquiera.
El semental verde se detuvo de repente, mirando a su alrededor con la alarma reflejada en su rostro. Los auténticos arqueólogos jamás son demasiado precavidos. Esa lección se había grabado a fuego en la mente de Hope, motivo por el que desde hacía un tiempo siempre llevaba activos sus conjuros de magia blanca para detectar las artes oscuras. Y lo que había sentido era… frío. Al instante llamó a la magia, convocando las protecciones de combate que había perfeccionado desde su entrenamiento con el profesor Pones.
—Parece que Sharp Mind tenía razón contigo, Hope Spell. Solo alguien realmente preparado podría haber sentido mi presencia.
El semental que le habló desde la oscuridad tenía la voz grave y fría. Adentrándose en el halo de luz de una farola, apareció un unicornio de pelaje azul oscuro y crines completamente blancas. Hope Spell retrocedió unos pasos, notando el poder de la nigromancia en el mago.
—¿De… de qué estás hablando?
—Oh, por favor, evitemos jugar al "yo no he sido" —respondió el oscuro unicornio con un aspaviento—. Tú eres Hope Spell, el estudiante que logró rechazar un conjuro lanzado por un maestro de la magia negra, el mismo que rechazó unirse a la Hermandad de la Sombra. Lo sabemos todo sobre ti, incluido que has estado visitando a menudo a Aitana Pones.
Hope Spell no se movió de su posición, dudando qué responder.
—¿Tienes enviados en Manehattan, acaso? Si hubiera habido algún mago oscuro cerca de su casa no habría vivido mucho tiempo.
Como repuesta, el nigromante conjuró y un objeto fue lanzado a los pies del semental verde. Una revista de prensa amarilla, "Holi!", abierta por la página en la que un astuto fotógrafo había retratado a Hope entrando en casa de Aitana.
—Es la ventaja de que nuestra enemiga sea una infame celebridad, hacen el trabajo por nosotros —rió el nigromante.
—¿Quién eres?
—¿La doctora Pones no te ha hablado de mi? Me siento insultado, casi nos matamos mutuamente en los Reinos Lobo.
—Tú eres…
Fue entonces cuando Hope Spell se fijó en la marca del nigromante: Una daga sobre la que se reflejaba un ojo verde. Dark Art, el mismo nigromante que intentó robar el sarcófago de Manresht. El joven semental llamó a la magia.
NOTA DEL AUTOR:
El mundo no es tan brillante como te hicieron creer, ¿verdad, Twilight?
Fun Fact: En el juego de rol foral donde nació Aitana Pones, esta se curraba un romance con Twilight (que, mirándolo ahora con los años, me doy cuenta de lo ridículo que era xD) y solía llamarla "pequeña". Tranquilos, no pienso hacer eso... o sí. Eso sí que daría miedo, ¿verdad?
Un gran saludo a todos por vuestros reviews:
Uningenieromás: Sí, sí que tienen algo de sectarios los Arqueólogos, pero me parece que no les quedó mucha más opción que hacerlo así :P.
FHix: Sep, lo destruyeron. El oso estelar lo destruyó a garrazos cuando Zecora estaba atrapada. Y sí, me imagino la casa de Aitana y me río yo solo :D.
Typezoolid: ¡A ti por leerme, majo! Si te ha gustado "Lo que fuimos", UnIngenieroMás y yo estamos escribiendo spin offs, ¡échales un ojo si te apetece!
