La parte trasera de la estación de tren de Manehattan estaba totalmente desierta a aquellas horas; varios carromatos estaban apartados en la estrecha calle, dando al lugar una sensación algo angosta. El viento se levantó poco a poco, primero como una ligera brisa y después como un pequeño vendaval, mandando papeles, hojas y otros pequeños objetos a unirse a su danza. Rayos eléctricos surgieron por doquier, saltando de un carromato a otro, hasta que la magia implosionó, apareciendo de la nada cinco ponis que se habían teletransportado.*
—¡Hope! —gritó Star Wander, lanzándose a abrazar a su hijo con lágrimas en los ojos.
—Está bien, mamá, ya…
—¿Quién era esa gente? ¿Qué querían de ti? —exclamó Silver Lay, todavía en shock por lo ocurrido.
—Es… no es fácil papá pero… ¡ah! ¡Bright! —Hope se desembarazó del abrazo de su madre y se acercó a su hermana de crines rubias, que seguía sentada en el suelo junto a Sunny—. ¿Estás bien? ¿Puedes oírme?
—Yo… he…
Bright siempre había sido una yegua inteligente, algo fría y dura desde potra, hasta el punto de que ninguno de los presentes recordaban cuándo fue la última vez que la vieron llorar.
—Os vi a todos… y estabais… ¡Oh Celestia! —sollozó, hiperventilando—, ¡no puedo dejar de verlo!
—Solo fue una pesadilla, nada más, solo un efecto nigromántico.
Sunny se adelantó y tomó a su hermana mayor por los mofletes para que la mirara a los ojos.
—Estamos aquí, estamos bien, ¿vale? Ya has oído a Hope, ¡solo fue una pesadilla, una ilusión!
—¡Hope! —llamó su padre—. ¿Qué ha pasado? ¡¿Quién era esa gente y qué querían de ti?! ¡Tenemos que llamar a la guardia!
—La guardia no podrá… ayudar, papá.
Hope sintió el peso de las miradas de toda su familia sobre él. Solo Bright sabía ligeramente qué es lo que estaba pasando… y obviamente no sabía la magnitud total de la situación.
—Hay… cosas que no sabéis, papá… Ponis malvados. Quieren atraparme a mi, por eso han ido a por vosotros.
—¡¿Qué?! Pero… ¿por qué? ¡En qué problema te has metido, hijo!
—Lo que ocurrió en Lutnia… no es más que el principio.
Hope sintió un nudo en la garganta.
—Cariño —empezó su madre con un hilo de voz—. Por favor, ¿de qué se trata? Podemos arreglarlo juntos, como siempre.
—Esto no, mamá. Hay algo… muy grande viniendo, algo terrible. Hace mucho que se está librando una guerra en las sombras, y en Lutnia la descubrí. Y esto volverá a ocurrir, mamá, volverá a ocurrir. Tenéis que…
Hope tragó saliva difícilmente y sin contener las lágrimas más tiempo.
—...iros.
—¡¿Qué?! ¡No, eso nunca! —gritó Silver Lay—. Nos vamos todos, ¡y tú te vienes con nosotros!
—No voy a ir papá. Yo he…
—¿Cómo que no vas a venir? ¡Vienes porque lo digo yo, y punto!
—Papá.
Esta vez fue la voz de Bright la que llamó a su padre. La adolescente seguía sentada en el suelo y hablaba con la voz temblorosa todavía, pero habló con toda la claridad que pudo.
—Hope ha decidido luchar contra ellos.
El unicornio verde asintió, y el silencio se hizo sobre la familia.
—Hijo… No tienes por qué… Otros podrían…
—No hay tantos, mamá, y si ocurre lo que sospechamos… No habrá lugar en Equestria en el que esconderse. No voy a huir y rezar por que otros luchen y que nada os ocurra, no mientras esté en mis cascos protegeros, proteger a toda Equestria.
—¡Pero hijo, es una locura! —gritó Silver Lay—. ¡Tú no eres un guerrero, jamás has peleado!
—Ya he comprobado que la magia blanca no es solo una teoría, al final. Y te sorprendería todo lo que he hecho estas últimas semanas —añadió con una triste sonrisa—. Papá, de niño una vez me dijiste que "era tu deber evitar que nada le pasara a tu familia", ¿lo recuerdas?
Tras unos segundos, Silver Lay asintió.
—Sí… habías tenido una pesadilla y estabas asustado.
—Hoy tendrás que volver a hacerlo, todos tendréis que hacerlo —dijo Hope mirando a sus padres y hermanas uno a uno—. Porque mientras sepan dónde estáis volverán a atacaros para llegar a mi. Conozco a alguien que os ayudará a…
Hope no pudo seguir hablando. Su madre, Star Wander, se acercó y rozó su cuello con un casco.
—Hijo…
—Lo siento —susurró sin intentar evitar las lágrimas—. Lo siento, lo que he visto estas semanas, lo que he aprendido es terrible. ¡Lo siento tanto! Ojalá pudiera protegeros, ojalá hubiera otra manera, pero…
—Hope, ¡tiene que haber otra forma! —gritó su padre—. No permitiré que ninguno de mis hijos luche en una pelea de locos, ¡de ninguna forma!
—Papá…
—Cariño, quizá deberías…
—¡No, Star, sé lo que debo hacer! Tú te quedas con nosotros —gritó señalando a Hope—, vamos a la Guardia y denunciamos lo ocurrido.
—¿De verdad crees que eso solucionará nada, papá?
Hope se acercó a su padre hasta tenerlo frente a frente.
—Tú estudiaste magia como yo, y sé que conoces la base. ¿Qué crees que es lo que has visto?
—¡Un par de criminales, hijo!
—¡Mira a tu hija! ¡Mira a Bright, por Celestia, y dime que no reconoces lo que has visto, por más que creas que son leyendas! Si se lo vuelven a proponer, da igual que la Guardia lo sepa, ¡tarde o temprano os encontrarán! ¡Y os harán lo indecible para llegar hasta a mi!
—¡Pues lo dejas! ¡Que luchen otros, tú lo dejas!
—¡Ya es tarde!
El joven unicornio bajó el tono cuando vio cómo le cambiaba la cara a su padre. Jamás le había gritado, de hecho no creía haber alzado la voz jamás ante su familia.
—Escuchad —continuó en voz baja—, tomé mi decisión hace semanas y ya no puedo echarme atrás, porque aunque lo haga seguirán viniendo a por mi. A por vosotros.
—Hope, tiene que haber otra manera.
Esta vez fue Sunny la que se acercó; su energética hermana pequeña jamás había tenido un semblante tan triste, y Hope supo que ya había aceptado lo que iba a pasar. Solo intentaba dar salida a una vaga esperanza.
—No la hay, Sunny. Lo siento muchísimo… si esto se resuelve quizá pueda volver con vosotros, pero no ahora.
—¿Qué es "esto"? —preguntó Bright, que se había levantado, aunque seguía temblorosa—. ¿Contra qué vas a luchar?
Justo cuando escuchó el tren llegar a la estación, Hope sintió una vibración en sus alforjas. Al abrirlas una llamarada verde surgió y de la misma se formaron una nota y un sobre cerrado. En la nota pudo distinguir la letra del profesor Pones: "Dales el sobre y que suban al tren. Dentro encontrarán instrucciones, alguien les estará esperando.".
—Voy a intentar evitar que el Tártaro se desate en el mundo, y si no lo consigo… Todo el mundo lo sabrá —después le tendió la nota a su padre—. Tomad el tren y luego abre el sobre. Seguid las instrucciones, alguien os estará esperando.
La primera en abrazar a Hope fue Sunny, seguida por su hermana Bright. Star Wander les siguió y, finalmente, Silver Lay abrazó a toda su familia, sabiendo que la decisión ya había sido tomada.
Diez minutos después, Hope Spell observó el tren alejarse, todavía con lágrimas en los ojos, y no fue capaz de reaccionar hasta que este se hubo perdido en la lejanía. Había ocurrido. Tal como le habían advertido al unirse a los Arqueólogos, había ocurrido. Le quedaba el consuelo de que sus padres, Bright y Sunny podrían volver a empezar en otro lugar donde estar a salvo. Volver a empezar… por su culpa.
Sintió una presencia a su espalda, que reconoció pronto por el olor a sudor y adrenalina que el viento le trajo. Aitana Pones se acercó hasta rozarlo con el flanco en un gesto de compañerismo poco propio de ella. Portaba la espada batpony de su madre todavía asida a su pata delantera derecha; si había llegado a usarla en combate, había tenido el buen gusto de limpiarla.
—Debí… debí rechazarlo, Aitana… seguir con mi vida. Ellos no merecen esto.
—Estarán a salvo. Además, tú mismo lo dijiste, no tenías otra opción.
—¿Todos los que se unen a vosotros pasan por esto?
—No. No tengo más familia que mi padre. Jamás tuvimos a nadie más.
Aitana miraba hacia el horizonte por donde se había perdido el tren, pero al poco bajó la cabeza ligeramente.
—Yo… —Aitana no fue capaz de encontrar lo que quería decir, realmente—. Ojalá hubiera habido otra manera, Hope.
Ambos escucharon un silencioso aleteo seguido del sonido de cuatro cascos posándose en el suelo junto a ellos. Se alarmaron por la repentina llegada de Rise Love pero, a diferencia de antes, no parecía la misma poni. Su rostro, que en el combate les había parecido terrorífico y agresivo, ahora era… atractivo. Tenía facciones agradables y exóticas, como todos los batponies. Hope se dio cuenta que durante el combate sus afilados colmillos y pupilas junto a la oscuridad creaban un efecto monstruoso, pero viéndola en aquel momento… Hope pensó que Rise Love no era tan diferente de cualquier otro batpony como los que veía a diario en la Universidad de Manehattan.
—El anonimato será su mejor defensa. Alguien te dará medios para contactar conmigo, si sospechas que los tuyos están en peligro nos encargaremos de protegerlos.
—¿Por qué quieres hacer eso?
—Porque yo también tengo familia. También la protejo.
La voz de la yegua batpony era cálida y comprensiva, literalmente parecía otra poni comparado con cómo la habían visto en combate. Por alguna razón, ambos supieron en seguida que Rise Love era madre, que estaba hablando de sus propios potros.
—Doctora Pones, esa es una espada batpony —señaló la yegua azulada.
—Lo sé. Era de mi madre.
—¿Batpony?
—Pegaso.
Rise Love asintió en silencio.
—Debo marcharme, pero sé que en el futuro volveremos a combatir un enemigo en común. Alguien os proveerá una forma de contactar conmigo.
—¿Qué? No, ¡espera!
Rise Love ignoró la petición de Aitana, alzando el vuelo y esfumándose en la oscuridad. Estuvieron unos segundos en silencio cuando alguien carraspeó; Twilight Sparkle se había mantenido al margen de esa conversación. Una improvisada venda le cubría la base del cuerno.
—Perdonad pero… —la yegua parecía estar recuperándose del shock. Una venda le cubría la base del cuerno—. Necesito información, necesito que me contéis lo que ha ocurrido.
—¿Qué quieres saber?
—Todo —respondió con convicción—. Necesito saberlo todo.
Roy Pones salió corriendo de su despacho en la universidad en cuanto recibió el mensaje de Aitana, teleportándose al exterior y dirigiéndose hacia la estación rápidamente; ya había mandado un mensaje a Hope Spell con las instrucciones para que su familia contactara con alguien que les ayudaría a volver a empezar en el anonimato. Pero, especialmente, el anciano necesitaba ver a su hija con sus propios ojos. La calle estaba casi desierta, la luna a duras penas combatía la oscuridad, y por desgracia había bastante distancia hasta la estación para un poni paralítico.
—¿Por qué Dawn Hope no sabe de su madre?
El profesor Pones se detuvo en seco, mirando a la oscuridad solo rota por las farolas del campus de Manehattan. La voz que le hablaba era femenina, ligeramente grave y fría como el hielo. Instintivamente llamó a su magia, invocando sus protecciones de combate.
—¿Quién eres? ¿Te conozco?
—No, no me conoces, Royal Destiny…
Hacía años que nadie, salvo su hija, utilizaba aquel nombre, hecho que hizo que el viejo semental retrocediera sin darse cuenta. Frente a el, una figura equina empezó a formarse entre las sombras al acercarse; la poca luz de las farolas distorsionaba ligeramente los colores, pero reconoció que la yegua tenía el pelaje gris azulado. Sus crines marrones estaban atravesadas por una franja rosa, el mismo color de sus pupilas… grandes y afiladas como las de los dragones. Por Cutie Mark tenía una luna llena, y una reciente herida resaltaba bajo el pelaje de su cara.
—…pero los Cazadores no olvidamos.
Como remarcando aquellas palabras, la batpony desplegó ligeramente sus membranosas alas. Al semental se le erizó el pelaje al volver a ver a una Cazadora Batpony tras tantos años, aunque sabía que si lo hubiese querido matar, ni siquiera la habría visto llegar.
—¿Cómo lo habéis sabido? Han pasado casi treinta años.
—La psicóloga de la cárcel es una de nuestras agentes. Aitana mencionó a Midnight Shield, pero tuve que ver su espada para confirmar que era cierto.
Roy Pones observó a la asesina acercarse paso a paso hasta detenerse a solo un par de metros frente a él; sus pupilas, brillantes y afiladas, eran una prueba de que estaba preparada para abatir a una presa. Él no sabía mucho de los batponies en sí, pero sabía que bajo esa aparente fachada de fría tranquilidad se reprimía una oscura sed de sangre. Tenía que evitar darle una excusa.
—Tuve que huir con mi hija, nos estaban persiguiendo.
—Pudiste acudir a nosotros; protegemos a los nuestros y a sus familias, y tú lo sabías. ¿Por qué no lo hiciste?
—No es tan fácil… Estaba herido, Dawn Hope era muy pequeña y…
—Dime la verdad.
Hubo un imperceptible gesto, un mensaje subliminal en la brillante y amenazadora mirada de la batpony que hizo que el profesor tragara saliva. Era la misma misma mirada cargada de fría ira que su esposa usaba cuando combatía.
—¡Tenía miedo! —exclamó finalmente el semental—. ¿Qué querías que hiciera? ¡Fue mi espada la que la mató, seguro que ya lo sabéis! Tenía que proteger a mi hija, ¿cómo habríais reaccionado al pensar que…?
—¿Que tú la habías matado?
La batpony sonrió, mostrando sus dientes y bajó la mirada emitiendo un escalofriante ruido con la garganta seguida de una fría carcajada. El semental sabía que lo había hecho a propósito, pero el conocimiento no bastó para reducir la impresión que le causó. Los batponies podían emitir sonidos que provocaban escalofríos en las otras razas poni.
—Conocemos las capacidades que tenías, tú jamás habrías podido contra Midnight Shield en combate, y menos aún ser tan hábil como asestar semejante ataque. Es obvio que se suicidó mientras tú luchabas contra ella, o junto a ella… ¿pero por qué? ¿Qué ocurrió?
Si lo hubiera intentado, el profesor no habría encontrado palabras para explicar cómo se sintió en aquel instante. Sabía que los Cazadores habían investigado, y que probablemente sabían más de lo que parecía… ¿pero al punto de saber que se había suicidado?
—Fue… poseída y obligada a atacarme. Tienes razón, yo no era rival contra ella, estaba a punto de matarme y ese demonologista ya había ordenado a su culto ir a por Dawn Hope. Midnight recuperó el control el tiempo suficiente para…
No pudo acabar la frase: la batpony frente al profesor Pones hizo un movimiento tan rápido que no llegó a apreciarlo. Sintió un fuerte golpe y su silla de ruedas volcó, tirándolo al suelo; inmediatamente la fuerte pata de su atacante se posó sobre su cuello, inmovilizándolo.
—¡¿Me estás diciendo que has permitido que la hija de Midnight Shield no sepa de su madre?! ¡¿De la única Cazadora no batpony que jamás ha existido?!
—¡¿Y qué querías que hiciera?! ¿Que le dijera que su madre fue una asesina, que el mismo demonologista que mató a Midnight Shield la quería secuestrar y torturar hasta la muerte?
—Pudiste hablarle de su redención, ¡de todo por lo que luchó! Nosotros cazamos en la noche, ¡solo nuestros hermanos nos recuerdan! Si lo hubiera sabido me habría reconocido al momento, ¡pero no lo hizo! ¡Dawn Hope ni siquiera sabe que los Cazadores existimos!
—¡Creí que querríais matarme, vengar a Midnight, no quería que ella fuera a buscaros! ¡Hice lo que tenía que hacer para protegerla!
—¡Podríamos haberos protegido si hubieras contactado con nosotros como se te dijo!
—¡Lo había perdido todo! ¡Tenía miedo, no podía dejar que la capturaran!
El abatido semental vio cómo la batpony desplegaba una daga que llevaba asida a la pata delantera y la alzaba sobre él; durante un segundo solo pudo fijarse en el rostro de la misma: Sus labios echados hacia atrás, mostrando sus afilados colmillos en una mueca terrorífica; sus ojos, desquiciados y adelantándose al movimiento que iba a hacer el arma con la que le iba a arrebatar la vida y, tras los mismos, el dulce deleite de un cazador nato dando rienda suelta a sus instintos. Y, durante un ínfimo segundo, pudo ver la misma expresión que Midnight Shield adquiría antes de matar.
Una cazadora con alas de pegaso.
La yegua se quedó quieta durante un instante, respirando profundamente y, finalmente, se apartó al tiempo que guardaba su arma. Se quedó en pie junto al profesor Pones, mirándolo con el desprecio grabado a fuego en su rostro.
—Protegemos a los nuestros… y a sus familias. Pero espero que jamás encuentres redención para tus crímenes, Royal Destiny.
En el silencio absoluto que siguió a aquellas palabras, Rise Love caminó hasta perderse en la oscuridad. Lo último que se escuchó de ella fue un suave aleteo.
El profesor Pones se quedó quieto durante unos instantes, hasta que finalmente consiguió usar su magia para levantarse junto a su silla de ruedas. Fue en ese momento en que sintió una vibración en el bolsillo de su chaqueta, el cual abrió dejando salir una llamarada verdosa. El pergamino que se formó tenía un escueto mensaje:
"PP: He sido atacada por la Hermandad en la selva. Estoy bien. ¿Vosotros?
DD."
No tuvo tiempo de guardar el mensaje antes de volver a sentir la característica vibración. Una nueva llamarada se formó y de ella surgió un pergamino de un apagado color rojizo. Aguantando la respiración, el unicornio lo tomó con su magia y leyó las primeras lineas de texto, escritas con la inconfundible caligrafía de Gilderald:
"A todos los Arqueólogos:
Si estáis leyendo este mensaje significa que estoy muerto."
NOTA DEL AUTOR:
Sé que estos capítulos han sido largos, pero era necesario. Había mucho que contar y cortarlos por partes no iba a ayudar realmente, en mi opinión. Ya habréis notado que uso los capítulos como una forma de separar escenas, o de dejar una escena en suspense para que se resuelva en el siguiente. Todo esto necesitaba ser contado en pocos capítulos para no perder la agilidad de la narración, no sé si me explico.
Por otra parte, tuve mis dudas sobre este, ya que es un parón bastante grande a la acción que llevaba. Sin embargo, la despedida de Hope y esa pequeña muestra de humanidad de Aitana eran necesarias para ambos personajes.
Por cierto, obviamente el primer párrafo es un guiño muy poco sutil a Terminator.
Espero que os haya gustado este montonazo de texto. Un saludo y gracias por leerme.
