Asunrix observó el amanecer desde estribor del castillo de popa de La Sirena Mutilada. El navío, un antiguo carguero equestre reconvertido, surcaba las aguas a todo trapo, con el viento en su favor. Llevaban cerca de cuatro horas navegando, y había un calmado ajetreo en cubierta. La tripulación, todavía convaleciente de la fiesta de la noche anterior, había hecho turnos para mantener el rumbo mientras la otra mitad descansaba.

Con la luz del sol, el druida ciervo fue capaz de ver mejor las tres naves que les acompañaban en aquella misión. A su derecha, y más cercana a La Sirena, el Viento de Noche hinchaba sus velas negras; era una embarcación bastante pequeña, en comparación, y estimó que la tripulación batpony no debía pasar de veinte individuos. Estos volaban de un aparejo a otro, controlando el oscuro navío con precisión; incluso estando a corta distancia y reconociendo que no eran más que ponis de la noche, Asunrix tenía que reconocer que la pequeña nave era una visión escalofriante, especialmente por el silencio sepulcral de su cubierta. A este efecto no ayudaba la bandera que enarbolaba: un trozo de tela negra recortado como el ala de un murciélago.

Algo más lejos, el Ritual Resonante se mantenía por detrás de la formación; era una nave cebra de poca altura y calado, pero bastante ancha. Según le había comentado uno de los sementales de Poison, no era una nave de combate pero "si se lo proponía podía ser muy rápida", y también que "tenía varios ases en la manga". Lo primero era bastante obvio, ya que el Ritual Resonante no tenía ningún cañón a la vista, a diferencia de La Sirena y el Viento de Noche. Se planteó hasta qué punto una nave así podría ser de ayuda en un combate naval.

Finalmente, a babor, la impresionante nave del capitán Argul, el Relámpago Negro mantenía la velocidad con el resto de la formación aún sin haber desplegado todo su velamen. Se trataba de un navío de maderas oscuras y velas grises, del que se podían contar quince cañones por banda. De todos los barcos pirata en aquella misión, el Relámpago Negro era el único de manufactura evidentemente militar. Su tripulación, compuesta por grifos y lobos por igual, era dirigida por órdenes rugidas por su capitán y contramaestres. Según le habían contado, Poison Mermaid logró vencer a Argul en un abordaje en el río Filho, cosa que explicaba la evidente animadversión entre ambos capitanes.

Tres pegasos despegaron de La Sirena y se dirigieron a los otros barcos cargando con alforjas bastante voluminosas. Asunrix se aproximó a Helm Salt, el cual estaba al mando mientras Poison descansaba.

—Disculpa, contramaestre Helm Salt.

—Solo Helm Salt va bien, druida.

—¿Hay alguna pista de las naves que perseguimos?

El gran unicornio verde de crin pajiza señaló el mapa que estaba mirando en aquel momento.

—Estamos en la zona aproximada donde los encontraron; hemos trazado una ruta de intercepción suponiendo que se dirigen a Taichnitlán. Nos vamos a desplegar en arco, a seis millas náuticas cada embarcación para cubrir más allá del horizonte.

—Anoche, la capitana batpony… ¿Wrath, creo que se llamaba? Dijo que el Venganza era una nave muy poderosa.

—Sí, dijo que era "una mala bestia", y tiene toda la razón. No existen demasiados Man-o-war en manos privadas.

—He oído hablar de los Man-o-war, son naves que vienen del lejano este, de Japonia si no me equivoco. Nunca he visto uno, pero dicen que no tienen rival en el mar.

Helm Salt ahogó una grave risa.

—Créeme, druida, lo reconocerás cuando lo veas. Ve a descansar, incluso aunque los viéramos ahora mismo tardareíamos horas en alcanzarlos. Esto no es como una cacería en tus bosques.

—La verdad es que no tengo sueño.

—En ese caso ayuda. ¡Eh, High Tide, Rhum Coke! Enseñad al ciervo a manejar los aparejos y las órdenes básicas de combate.

Las horas pasaron mientras Asunrix aprendía las bases de la navegación de un barco de ese tamaño, hasta que acabó tan agotado que, por primera vez en muchos días, consiguió dormir del tirón y sin soñar. Pasaron una noche y un día enteros, en los que tanto Poison Mermaid como Helm Salt variaron ligeramente la ruta en su persecución a ciegas; otra noche pasó sin señal alguna ni vela en el horizonte.

Pero al amanecer del segundo día, Asunrix despertó con una detonación lejana seguida de un grito.

—¡Los ha encontrado! ¡El Viento de Noche los ha encontrado!

El ciervo salió a cubierta galopando; casi en el horizonte, el Ritual Resonante lanzó un nuevo conjuro explosivo al aire que detonó con una llamarada azulada. Poison Mermaid voló hasta el mástil superior y sacó un catalejo para observar al navío cebra, leyendo los mensajes por señas que le mandaban. Desde La Sirena Mutilada no podían ver la embarcación batpony, por lo que el Ritual estaba comunicando lo que ellos sí podían ver.

—Maldita sea… ¡Esa loca de Wrath no nos va a esperar! ¡Mandad señal al Relámpago Negro, que intercepte hacia el norte, treinta grados este! ¡A todo trapo!

—¡Sí capitana! ¡Ya habéis oído, marineros!

Asunrix ayudó en lo que pudo, pero pronto se acercó a Poison.

—Capitana, ¿qué posibilidades tiene el Viento de noche contra nuestro objetivo?

—La capitana Wrath Shade podría sin problemas con las dos naves de transporte de esclavos. Pero no tiene ninguna posibilidad contra el Venganza.

—¿Tan poderoso es?

La pegaso hizo una señal al ciervo para que la siguiera a su camarote, cosa que sorprendió a Asunrix. Más sorprendente fue ver que en el interior del mismo había, aparte de la tópica mesa de capitán y su camastro, un laboratorio completo de alquimia. La pegaso se puso de inmediato a trabajar en el mismo mientras hablaba, cosa que dio sentido a la botella de veneno que la yegua tenía por Cutie Mark.

—No he visto la nave en persona, pero he conocido a los pocos que han sobrevivido a un encuentro con ella. Es una nave de guerra enorme, más de treinta cañones por banda de mayor calidad y alcance que los nuestros. Hay quien dice que aloja a más de cien marineros en su interior, y que estos son los más fieros de los siete mares.

El ciervo frunció el ceño ante esa información.

—¿Me estás diciendo, Maestra pirat… ? Ah, perdón. Capitana, ¿me estás diciendo que nos enfrentamos a una nave con más tripulación y cañones que todos nuestros barcos combinados? No me gustaría poner en duda la viabilidad de esta empresa, pero...

—Oh, querido —murmuró la yegua mientras hacía hervir un preparado blanquecino—. En el ejército druida estáis acostumbrados a luchar con los números en vuestro favor. Nosotros tenemos otros ases en la manga.

—¿Por ejemplo? No has sido demasiado abierta conmigo, capitana.

—Todavía no te has ganado nuestra confianza, querido.

A pesar de la dulce voz de la capitana Poison y de que había dicho aquellas palabras si variar un ápice la cadencia de sus movimientos mientras preparaba el compuesto alquímico, la amenaza inherente en aquella frase fue muy evidente.

—No voy a traicionaros, capitana. Sería… muy poco sabio por mi parte.

—Lo sería —confirmó ella.

—Entonces… ¿con qué ases contamos, capitana? Si puedo saberlo.

La pegaso añil no respondió al momento, ya que se estaba concentrando en volcar el preparado dentro de una botella de cristal esférica; tras un largo minuto la última gota fue trasvasada y la botella tapada. Asunrix observó sorprendido que el contenido de la misma fluctuaba, como si no consiguiera decidirse entre el estado líquido o gaseoso.

—Nuestras tripulaciones, querido —respondió Poison—. No hay nada que motive tanto a un pirata como enfrentarse a "los marineros más terribles de los siete mares". Obviamente todavía no han tenido el honor de enfrentarse a La Sirena.

—¿Y…?

—El resto lo verás esta tarde, querido —respondió ella—. Ahora ve fuera y que te expliquen cómo funciona un abordaje y cómo ayudar con los cañones. Dicen que los Maestros de la Guerra ciervo se cuentan entre los mejores guerreros del mundo, espero que estés a la altura de vuestra fama.

Horas después de aquella conversación se escuchó el retumbar de los cañones en la lejanía, resonando por la inmensidad llana del mar. Al norte de la Sirena estaba el Relámpago Negro, siguiendo la ruta de intercepción descrita por Poison; algo más al este el Ritual Resonante había recogido velas para unirse a Poison en formación.

Varios marineros sacaron catalejos y otearon el horizonte en busca del Viento de Noche.

—Los está distrayendo —comentó Helm Salt—. Los está obligando a girarse y disparar, haciéndoles perder tiempo…. ¡Ahí están, ya los veo!

Eventualmente Asunrix logró hacerse con un catalejo y buscó a La Garra roja en el horizonte. Pudo ver una formación de tres naves, una de ellas mucho más grande que las otras, que se hallaba girada y disparando al Viento de Noche que iba a su cola. Aunque no tenía demasiados puntos de referencia, las naves no parecían tan grandes como le habían dicho.

—Los barcos más pequeños son transportes Equestres, más o menos del tamaño de la Sirena Mutilada.

"Oh..."

—Están navegando con el viento a favor —comentó Poison Mermaid—. Indicad a Wrath que se retire a distancia segura y espere para atacar; Santoj y nosotros iremos al este-nordeste y les robaremos el viento —después se giró y tendió varios fardos de tela a sendos pegasos—. Llevad esto al Viento de Noche. Wrath ya sabe lo que hacer.

Después de aquello las naves pasaron cerca de una hora navegando y maniobrando antes de que la flota de La Garra Roja pudiera ser divisada a simple vista. Asunrix se encontró, por primera vez en muchos años, ansioso ante la perspectiva de una batalla. Definitivamente no estaba acostumbrado a tanto tiempo de inactividad antes del combate.

—¡Están virando! —gritó el vigía desde el palo mayor—. ¡Han virado al oeste, vienen hacia nosotros!

—Parece que nuestra fama nos precede, queridos —murmuró Poison Mermaid a los sementales más cercanos—. ¡Preparad todos los cañones y asegurad la zarzaparrilla! ¡Zafarrancho de combate! Fire Roar, querido, ya sabes lo que hacer.

—¡Claro que sí, capitana! —gritó el desquiciado joven de crines chamuscadas—. Pero necesitaré estar cerca.

—Eso déjamelo a mi.

A medida que se aproximaban las naves enemigas, Asunrix se hizo más consciente de a qué se enfrentaban realmente. Evidentemente, las naves de transporte debían ser del tamaño aproximado de la Sirena… y por primera vez pudo observar un Man-o-war en toda su terrorífica gloria. Tan alto que podría albergar tres cubiertas de cañones, enormes velas que, aún inclinadas para aprovechar el viento de través, empujaban la embarcación rápidamente a pesar de su tamaño. Y, sobre su mástil superior, una bandera negra cuyo emblema era una garra de grifo roja como la sangre.

Para el ciervo, desconocedor de los encuentros en alta mar, de pronto le pareció que los eventos se sucedían a toda velocidad. La distancia entre las naves se redujo, La Sirena encaró directamente hacia los esclavistas sin dudar mientras el Relámpago negro y el Ritual Resonante avanzaban por el norte y el sur a la vez. El Viento de Noche cerró posición sobre La Garra roja por el sudeste… y entonces su nave insignia, el Man-o-war Venganza plegó velas y maniobró sobre si mismo.

—¡Se preparan para disparar!

—¡A todo trapo! ¡Timonel, preparado a mi señal!

Asunrix desplegó su catalejo y miró al Venganza; lo logró enfocar en el mismo momento en que el enorme navío abría los ventanucos y descubría, uno a uno, todos sus cañones. "Treinta y cinco. treinta y cinco cañones por banda en tres cubiertas.". El Venganza mostró todo su lado de babor a la Sirena Mutilada ; destonaciones de humo blanco y gris surgieron de todos sus cañones y Poison gritó una orden. Un instante después llegó el sonido de las detonaciones; La Sirena viró violentamente a la derecha y un impacto hizo crujir toda la estructura del barco mientras decenas de columnas de agua se alzaban a su alrededor.

—¡Fuego, babor uno!

Un único cañón fue disparado siguiendo la orden de Fire roar, pero no logró alcanzar a su objetivo, cayendo inofensivamente al mar muy por delante del enorme barco. Por detrás del Venganza se escuchó el tronar de los cañones de varios barcos; la capitana Wrath Shade había entablado combate con los barcos de transporte de La Garra Roja.

—¡Más cerca, Poison, más cerca!

—¡Ya habéis oído, mis valientes! ¡Todo a estribor, preparaos para el impacto!

El Venganza empezó a disparar todos los cañones tan rápido como eran recargados. La Sirena Mutilada describía eses a medida que se acercaba, esquivando la mayor parte de disparos, pero recibiendo muchos impactos por el camino. Los gritos se sucedieron con las explosiones, varios cabos fueron lanzados la agua para recoger a los caídos… Y un tremendo impacto seguido de un crujido sonó sobre las cabezas de los marineros.

Asunrix vio cómo el palo mayor de La Sirena Mutilada se partía en dos y caía poco a poco; los cabos que ataban los aparejos evitaron que el enorme mástil cayera sobre la cubierta directamente, pero el movimiento errático del mastodonte hizo que el timonel perdiera el control de la nave.

La Sirena giró sobre si misma, dando el costado al Venganza y deteniéndose casi completamente; Poison gritó varias órdenes a su tripulación, y la nave insignia de La Garra Roja ajustó su trayectoria, preparando una salva de artillería. Asunrix pensó en saltar al agua durante un instante, pero hubo algo que lo hizo mirar a su alrededor al sentir una presencia conocida.

El mar se embraveció súbitamente; las olas crecieron en torno a su barco y se dirigieron directamente al Venganza. El enorme Man-o-war recibió el embate de las mismas y fue girado ligeramente cuando los cañones dispararon, cayendo todos los proyectiles en el mar, a demasiada poca distancia del barco de Poison Mermaid. Asunrix siguió con la vista una presencia que solo él sentía, y pronto se encontró mirando directamente al Ritual Resonante, donde su capitán, Santoj, estaba en pie sobre las patas traseras y extendiendo las delanteras a ambos lados.

Undêb a Nartur… ¡Gaia!

El gran ciervo marrón se sintió avergonzado de no haber hecho nada él mismo antes. Alzó la cabeza y su cornamenta se iluminó con una luz verde azulada; un súbito viento se levantó y empujó a La Sirena antes de que una nueva salva de artillería acertara a hacer impacto.

—¡FIRE ROAR, ES AHORA O NUNCA!

—¡Oído, capitana! ¡Uno y dos, variad diez grados a proa! ¡Tres y cuadro, disparad por encima del Venganza! ¡Cinco a ocho, diez grados hacia popa! ¡El resto de cañones disparad recto! ¡FUEGO!

Siguiendo las órdenes de Fire Roar, todos los cañones de estribor de La Sirena dispararon trazando un abanico de proyectiles, sin que ninguno hiciera impacto contra el Venganza. Y allí donde cayó cada uno hubo una deflagración de un humo blanco y opaco que se extendió rápidamente con el viento.

—¡Asunrix, impúlsanos a mi señal! —ordenó la capitana—. ¡Ahora!

Con un nuevo golpe de viento, La Sirena Mutilada avanzó unos metros rápidamente, evitando por poco casi todos los disparos del Venganza. El navío se sacudió ante un nuevo impacto en la parte baja, acompañado por los gritos de varios marineros en la cubierta de cañones.

Desde el norte se escuchó el retumbar de cañones. El Relámpago Negro navegaba hacia la Sirena disparando contra el Venganza mientras la niebla alquímica iba extendiéndose y dificultando la visión.

—¡Izad las velas del palo mayor, desplegad las menores! ¡Helm Salt, reparad cualquier fuga de agua! ¡Timonel, todo a estribor! ¡Preparados para el abordaje!

Antes de que la niebla artificial hiciera imposible ver nada más allá de una docena de metros, Asunrix observó que tanto el Relámpago Negro como el Ritual Resonante habían imitado la maniobra de La Sirena Mutilada, girando hacia el este y dirigiéndose directamente contra el Venganza. Y algo que sorprendió al ciervo es que todos los marineros guardaron silencio hasta el punto que lo único que se escuchaba era el sonido del mar al ser cortado por la nave y el sonido no tan lejano ya del combate que estaba librando la tripulación del Viento de Noche.

—Variad rumbo diez grados al sur —indicó Poison con un susurro—. Seguid el ruido.

Durante unos minutos no se escuchó nada más hasta que los cañones retumbaron. Una columna de agua se alzó no demasiado lejos de La Sirena y después se escucharon los gritos de los marineros de otra nave no demasiado lejana, pero oculta por la niebla. Dos pegasos despegaron volaron hacia el origen de esas voces, volviendo en menos de un minuto para informar de la posición del Venganza.

—Qué pena que nos llevemos tan mal, Argul sin duda es un gran estratega —murmuró Poison—. Timonel, todo recto.

—Capitana, los veo —informó un semental—. A proa izquierda, unos cincuenta metros.

—Preparad los garfios.

Entre la niebla, tres naves aparecieron. Una de ellas se estaba defendiendo de un abordaje y, a juzgar por los sonidos que surgían de la misma, los batponies estaban muy lejos de ser derrotados. Los gritos que emitían los ponis de la noche helaban la sangre a cualquiera. Las otras dos naves esclavistas estaban intercambiando fuego de cañones contra otra nave, presumiblemente el Viento de Noche.

Mientras el Relámpago Negro seguía disparando contra el Venganza, la Sirena y el ritual se lanzaron al abordaje contra sendas naves. Sin dar tiempo a los transportes a disparar más que una o dos veces sin llegar a causar daño, la Sirena se puso en paralelo a una de estas y los garfios fueron lanzados.

—¡Al abordaje!

Con un grito de batalla, la tripulación de Poison Mermaid saltó o voló a la nave enemiga. La tripulación de la misma, compuesta por ponis, los recibió con violencia; disparos de pistolas y mosquetes iniciaron el combate, y pronto los metales chocaron. Asunrix fue de los últimos en saltar al abordaje, armado con una lanza, y vio que los marineros de la Garra Roja eran muchos. ¡Muchos! Cargó contra dos que estaban flanqueando a los sementales de Poison, obligándolos a alejarse; un tercer esclavista lo atacó con una espada curva y el gran ciervo marrón lo atravesó antes de que pudiera dañarlo. Cuando los otros dos esclavistas volvieron a lanzarse contra él, Asunrix llamó a Gaia y los elementales de la tormenta cubrieron su cuerpo. Había logrado detener los dos ataques cuando, a su espalda, escuchó el violento choque de dos metales.

Poison Mermaid acabó con el mismo poni que había intentado atacar a Asunrix por la espalda y se encaró contra otros dos. Asunrix esquivó un ataque y cargó cuernos por delante contra otro esclavista, lanzándolo por la borda; después se giró y despachó a otro marinero que atacaba a Poison. La yegua detuvo un espadazo con su propio sable y se tornó, sacando una pistola de entre sus ropajes y disparando por encima de Asunrix, acabando con otro enemigo. El último marinero esclavista no tardó en caer bajo la lanza del druida.

—¡Já!

—¡Al final te convertirás en todo un pirata, querido!

—¡Ni de broma!

—¡Capitana! —gritó un semental—. ¡El barco es nuestro!

—Rescatad a los prisioneros y subidlos a La Sirena. Hundid este barco, no hagáis prisioneros.

El ciervo miró a la capitana con la pregunta grabada en sus ojos. Ella le devolvió la mirada.

—No. Hay. Prisioneros —respondió lentamente—. Ellos sabían a lo que se arriesgaban al comerciar con esclavos cerca de Tortuga. ¿O acaso crees que ellos nos habrían dejado con vida?

La capitana voló de vuelta a la Sirena sin prestar más atención al ciervo. Este observó al poco cómo los esclavos surgían de la bodega de la embarcación; en su mayoría eran ponis jóvenes, machos y hembras por igual, y muchos parecían heridos o enfermos. El druida ayudó a los que les costaba caminar a llegar a la Sirena, y observó como tanto el Ritual Resonante como el Viento de Noche se alejaban de la batalla, dejando los barcos esclavistas a la deriva. De hecho se fijó en que los batponies estaban sacando a los esclavos uno a uno, llevándolos volando hacia su embarcación mientras esta se alejaba.

Desplegaron velas y partieron hacia el este, mientras a su espalda se escuchaban los gritos del capitán del Venganza. La niebla que provocaran las balas de Poison empezó a despejarse, arrastrada por el viento hacia el norte, y el Man-O-War hizo su aparición.

—¡Capitana, el Venganza! ¡Se prepara para disparar!

—Bien. Mantened el rumbo.

—¡¿Qué?! ¡Capitana!

Pero la pegaso no escuchó; voló hacia el palo mayor y se posó en el mismo mientras el Venganza volvía a mostrar todos sus cañones. Poison alzó una pata, sujetando un sombrero pirata con el casco, e hizo un ostentoso y teatral saludo dirigido a su enemigo.

—¡¿Pero está loca?!

La pregunta de Asunrix quedó ensordecida cuando la cubierta de cañones del Venganza explotó.

Mientras todos los marineros de La Sirena gritaban de júbilo por su victoria, y un confundido druida ciervo observaba cómo el fuego se extendía por la cubierta del Man-O-War, la capitana Poison Mermaid bajó del palo mayor y, tras devolverle el sombrero a uno de sus sementales, se dirigió a Asunrix.

—Por favor, querido, ¿de verdad creíste que no teníamos un plan?

Lo que el druida descubriría poco después es cómo, mientras el Relámpago Negro distraía al Venganza a cañonazos, dos batponies del Viento de Noche abandonaron su barco y saltaron al agua portando dos fardos de tela. Después nadaron hasta encontrar la nave insignica de la Garra Roja y se aferraron a su casco esperando una oportunidad, que se presentó tan pronto como la niebla se despejó a causa del viento. Mientras la tripulación del Venganza acudía a babor para disparar todos los cañones, los dos batponies volaron hasta los ventanucos más cercanos y se colaron dentro del Man-O-War.

Después golpearon ambos fardos contra el suelo, rompiendo algo de cristal de su interior y saltaron al mar, pues solo tenían unos segundos. El explosivo de Poison Mermaid no era demasiado poderoso…

...pero los barriles de pólvora del Venganza sí. Y había muchos.

Pero esta es una historia que Asunrix aprendería más tarde. Porque el druida ciervo bajó a la bodegas, donde los esclavos estaban siendo atendidos por el sanador del barco, y se dirigió al fondo de las mismas. Allí, encerrado en el calabozo, un malherido unicornio estaba sentado, y Gaia gruñía a su alrededor.

Asunrix abrió la jaula y se metió en su interior, cerrando la puerta tras él.

—Dime lo que sabes del ataque a Lutnia.

—¿Y por qué te lo iba a decir, ciervo? Voy a morir pronto, eso es un hecho.

El unicornio sintió que algo le rozaba una pata; una liana había surgido de la madera de La Sirena y se enrolló en torno a la misma, tirándolo al suelo y arrastrándolo hasta que chocó contra los barrotes de la jaula. Se escuchó un chasquido y el unicornio gritó de dolor.

—Respuesta equivocada —murmuró Asunrix, mientras Gaia acudía a su llamada.


NOTA DEL AUTOR:

Pues gracias por leerme otra vez. La verdad me hacía mucha ilusión escribir otra escena de combate naval con Poison y compañía. Creo que todavía tendré que escribir una última escena en Tortuga antes de regresar a la historia de Aitana y Hope Spell. ¡Paciencia amigos!

Un saludo a todos :)

Respuestas a Reviews:

FHix: ¡Gracias hermosa! Siempre es una alegría que una autora de tu talento me lea. Sería un puntazo si un día me pego un viaje a sudamérica y nos reunimos varios de la banda de El Mundo del Fic (pienso en voz alta).

UnIngenieroMas: Para mi es una alegría hacer cosas que los lectores no se esperen :P. Y tranquilo, yo tampoco la olvido.

Desconocido invitado: El mundo que intento escribir es grande, y normalmente ocurren cosas fuera de la vista de Aitana y compañía, aunque no siempre las cuento :D. ESta era una excepción, Asunrix y Poison son personajes que me gustan mucho y tenía ganas de seguir jugando con ellos. ¡Gracias por leerme, amigo!