Dos días después de la batalla naval, cuatro barcos en formación divisaron la isla Tortuga y el puerto que todos los piratas apodaban "Libertad". Las banderas de los navíos ondeando y la tranquila precisión con la que plegaron velas para acercarse con seguridad al muelle mandaron un mensaje claro: Habían salido victoriosos.

Cuando la primera nave de velas negras atracó, la capitana Wrath Shade descendió seguida de cerca por ponis extranjeros, en su mayoría unicornios y ponis de tierra. Hubo una exclamación y vítores entre los habitantes de Tortuga, los cuales escoltaron a los esclavos rescatados a través del puerto; pero hubo un grito y una yegua salió del gentío gritando algo en su idioma natal. Un potrillo galopó hacia ella desde una taberna cercana y ambos se fundieron en un abrazo empapado en lágrimas.

Appet se acercó a los dos y se agachó, susurrando unas palabras; la madre, al principio, abrazó a su hijo aterrorizada, exclamando algo que, aunque no muchos podían entender, era una desesperada súplica. Appet respondió con una cálida sonrisa, y la madre se deshizo en agradecimientos.

Escenas similares se repitieron en torno al puerto a medida que los liberados descubrían que, realmente, volvían a ser libres, que la pesadilla había acabado. Asunrix descendió de La Sirena junto a Poison Mermaid, después de que el último esclavo abandonara el navío.

—Creo que… he aprendido mucho de vosotros, capitana.

—No creas que somos unos héroes, querido. No lo somos.

El druida miró a la elegante pegaso a su lado.

—Los piratas somos gente que cree en la libertad por encima de cualquier cosa. Despreciamos a los esclavistas, a reyes y a tiranos; creemos que todo el mundo debe ser libre para hacer lo que le plazca y asumir las consecuencias de sus actos.

—¿La ley del más fuerte? No puedo estar de acuerdo con eso, esta gente no tiene nada.

—Tienen sus vidas. Además, ¿quién eres tú para criticar, Asunrix? —respondió la capitana con un aspaviento—. Quizá vuestra magia os permita la ilusión del orden y la paz, querido, pero no te engañes: Sois los más poderosos en vuestro pequeño rincón del mundo. Tortuga no es tan diferente.

—¡Cérvidas es una nación pacífica, Poison!

—Con uno de los ejércitos más eficaces del mundo. ¿Te has planteado alguna vez por qué los piratas no solemos atacar vuestras naves, querido?

Ambos se quedaron en silencio; no muy lejos de ahí, la tripulación del Relámpago Negro desembarcó cuando el último esclavo lo hubo hecho. El capitán Argul observaba la situación en silencio desde el castillo de popa.

—Entonces, ¿qué será ahora de los que hemos liberado?

—Ellos decidirán. Si quieren quedarse, deberán buscar una forma de ganarse la vida en Tortuga o de que un capitán los acepte en su tripulación. Si deciden marcharse, cualquier embarcación que pase cerca del puerto que quieran intentará llevarlos cuando sea posible. Vamos a la taberna, querido, nos hemos ganado unas copas. Y tenemos que brindar por los caídos.

Ambos atravesaron el puerto y, en el camino, los capitanes Wrath Shade, Argul y Santoj se unieron a la marcha; muchos marineros se acercaron para tocarlos, chocar un casco y felicitarlos por su victoria. Pero, frente a la taberna, junto a Appet y Bayhas, un gran grupo de los liberados se habían reunido y los miraron directamente. Un semental se adelantó.

—Nosotros —empezó con un acento muy fuerte y gran dificultad para encontrar las palabras—. Nosotros, gracias. Vosotros… Capitanes, salvar a nosotros.

Por fortuna para todos, los grandes aspavientos y el uso de la mímica del semental ayudaba a compensar su falta de soltura en el idioma Equestre.

—Nosotros juramos pago.

—No quiero tu dinero, poni —gruñó Argul con algo de violencia.

—No. No dinero: ayuda. Nosotros, pescadores —dijo señalando a varios sementales detrás suyo—. Nosotros construir barco, nosotros aprender a pelear. Si vosotros…. Ehm… —Appet se acercó y le susurró algo al oído—. Si vosotros en peligro, nosotros ayudar. Eso juramos, Ka-tila Poison, Argul, Santoj, Wrath. Nosotros juramos. Esclavo Liberado.

—¿Esclavo liberado?

—Nombre de barco. Nombre de barco. Nuestro barco.

Los cuatro capitanes se miraron entre ellos hasta que, finalmente, Wrath Shade se acercó al futuro capitán de una nave todavía inexistente y le tendió un casco.

—Bienvenido a Tortuga, capitán. Necesitarás recursos para construir tu nave, y yo podría ofrecer trabajo a algunos de tus unicornios.

—Yo no quiero ningún maldito poni en mi barco —bramó Argul—. Pero mis muchachos pagarán bien por incluir más pescado en el rancho.

—Para el contrabandista, hablar muchos idiomas es importante. Puedo ofrecer un puesto en el Ritual Resonante.

—Mi barco está completo, me temo —informó Poison Mermaid—. Pero podríamos conseguir materiales y cañones para el Esclavo Liberado.

Mientras los capitanes hablaban con el futuro capitán del Esclavo Liberado ayudados por Appet, Asunrix se retiró a la taberna. Tenía intención de retirarse a dormir pero, nada más poner un casco en el interior, un unicornio de crines naranjas lo interceptó y le puso una bebida en la pata.

—¡Majestad! —gritó Fire Roar, y luego se dirigió a los presentes—. ¡Este tipo, este, el puto amo! ¡Tendríais que haberlo visto, peleando junto a Poison! ¡El puto amo!

Asunrix no pudo evitar soltar una queda carcajada y brindó con el unicornio.

—Pues claro que soy bueno, plebeyo. Un respeto.

Hubo una carcajada generalizada por la respuesta y, al poco, la música empezó a sonar. Fire Roar se quedó parado un segundo y, airado, respondió:

—¡Oye! ¡Plebeyo lo serás tú!


El paisaje pasaba frente a la ventana del tren a toda velocidad, acercándose ya al medio día. El camino hacia el suroeste de Equestria atravesaba varias colinas y pequeñas cordilleras, cambiando el paisaje de los verdes campos de los alrededores de Manehattan a tomos más pardos y amarillentos. A pesar de que el paisaje se tornaba más seco con los kilómetros la temperatura no aumentaba, ya que las grandes montañas coronadas por nieve perenne regulaban el clima a su propia manera.

Aitana y Hope Spell a duras penas habían dicho ninguna palabra en todo el trayecto, y a pesar de que el silencio se hacía bastante pesado por momentos nadie se dignó en romperlo, cada cual enfrascado en sus propios pensamientos. Las últimas doce horas habían sido más difíciles de lo que podían expresar con palabras, y las horas confinados en el camarote del tren no ayudaban. Llegó el momento en que Hope habló casi sin pensar.

—Me sorprende que Rise Love quiera ayudar a mi familia. No tiene razón para hacerlo.

La yegua marrón frente a él no respondió, aparentemente concentrada en trastear con todos los cachivaches y mecanismos mecánico-mágicos que formaban sus alforjas.

—Supongo que ella también tiene que haber sufrido algo similar y por eso me ayuda. Es una suerte poder contar con un plan "b".

—Me alegro por ti.

La respuesta tosca y áspera de Aitana no sorprendió en absoluto a Hope Spell. Empezaba a conocerla.

—Aitana, quizá deberías hablar conmigo.

—¿Por qué iba a hacerlo?

—Porque ayuda.

Hope esperó unos segundos pacientemente, en los que Aitana pareció finalizar con sus alforjas. Tras cerrarlas y dejarlas sobre el suelo a su lado Hope tuvo la esperanza de que la yegua dijera algo… pero se tumbó sobre el diván y cruzó las patas, mirando a través de la ventana distraídamente. Hope suspiró en silencio y buscó en sus propias alforjas un pequeño tratado de magia para leer. A duras penas había leído unas pocas líneas cuando la Arqueóloga habló.

—Mi madre era… una asesina.

Hope bajó el libro que levitaba frente a él y miró a Aitana intentar decir algo. La yegua cruzó la mirada brevemente con Hope antes de volver a desviarla; parecía costarle un mundo pronunciar cada palabra.

—Cuando murió yo tenía cuatro años; ella cazaba demonios con mi padre y… Luego nos persiguieron.

—¿Por qué?

—Venganza. El líder de ese culto descubrió que yo existía y ordenó ir a por mi. Huimos, muchas veces. A muchos sitios.

Pareció que Aitana iba a decir algo más pero, finalmente, guardó silencio. Mantenía una expresión seria y dura, al menos aparentemente.

—Tu madre… Lo descubriste el día que volvimos de Lutnia, ¿verdad? —Aitana no respondió, no era necesario hacerlo—. ¿Por eso estabas enfadada con tu padre?

—¿Y tú qué vas a saber?

—Desde el día que me reclutasteis no habéis estado juntos en ningún momento. Y ni siquiera te has despedido de él antes de subir al tren.

Aitana pareció molesta que el joven unicornio se hubiera dado cuenta de ello, por lo que giró la cabeza y volvió a mirar por la ventana. Hope esperó unos minutos.

—¿Quién era Gilderald?

—Un Arqueólogo, un cazador de demonios. Uno de los mejores.

—¿Y qué era para ti?

—Era…. —Aitana tardó unos segundos en responder—. Un amigo, mi maestro… mi tío.

Hope se quedó sin palabras.

—Aitana…

—Viví con él muchos años, aprendí a cazar demonios con él...

La yegua marrón descargó una pezuña sobre el diván que, por suerte para ambos, estaba acolchado.

—Y ahora esos hijos de puta lo han matado, ¡joder!

Aitana, súbitamente, se encontró rodeada por las patas de Hope que la había abrazado. La yegua se quedó inmóvil y, durante un instante, devolvió el gesto. Sin embargo al poco empujó al unicornio, apartándolo de ella.

—¡Déjame tranquila, hostia!

—No tienes por qué estar sola.

—¡Pues quiero estarlo!

Aitana se levantó de golpe y salió de la habitación, dejando a solas a Hope. Este hizo un ademán de levantarse tras ella, pero lo volvió a pensar y se sentó, suspirando. Rebuscó en sus alforjas y sacó el pergamino rojo que les entregó el profesor Pones por la noche. Aitana lo había leído rápidamente y reaccionó con una inusual calma: no gritó, no maldijo, simplemente murmuró "Voy a matarlos", recogió sus alforjas y volvió a la estación para esperar al primer tren.

"A todos los Arqueólogos:

Si estáis leyendo este mensaje significa que estoy muerto.

He estado siguiendo la pista de la Hermandad, y creo haber hallado uno de sus escondites. Ha habido sacrificios en la zona, numéricamente bastante pocos, pero no han sido demasiado sutiles y han llamado la atención a la guardia. He encontrado varios objetos antiguos drenados de magia, apuesto a que es la razón por la que intentaron robar al gran mono azul.

Apruebo la teoría de P.P.: Creo que la Hermandad está preparando el retorno de su señor junto a algún gran efecto mágico que le dé ventaja en este mundo. Hay que frenar a estos descerebrados a cualquier precio. Hay que asumir cualquier riesgo para acabar con ellos. Cualquier riesgo para evitar el retorno del Señor de las Sombras.

Luchad bien, luchad juntos.

Gilderald."

El mensaje estaba fechado la mañana anterior. Según le habían explicado, los Arqueólogos poseían unos "pergaminos rojos" como ese, en el que mantenían al día lo que estuvieran haciendo o investigando. En el caso de fallecer, esos pergaminos se transportaban al instante hasta otros Arqueólogos. Era el mejor sistema que tenían para saber de la muerte de otros, y también de asegurarse poder continuar con la misión de ser necesario.

El profesor Pones, al entregarles el mensaje, no fue capaz de pronunciar palabra alguna. Twilight Sparkle no llegó a saber lo que decía el pergamino, por indicación expresa de Aitana ("¡No es su puto problema!"). Pero tras saber un poco más de lo que había ocurrido aquella noche con Rise Love, la portadora del Elemento de la Magia les dejó claro que les ayudaría en todo lo que pudiera. Sin embargo, Hope pudo ver en su forma de hablar que todavía estaba procesando lo que había descubierto, intentado cuadrarlo en una explicación que no desafiara todo lo que había dado por cierto durante su vida.

Hope Spell volvió a leer el pergamino rojo… y después lo hizo una vez más, frunciendo el ceño. Había algo extraño en la forma en que estaba redactado. "Hay que asumir cualquier riesgo para acabar con ellos"… ¿A qué se refería exactamente?

Aproximadamente una hora después el sonido de una campana anunció que el tren se estaba acercando a su destino. No tardó demasiado Aitana en volver a la sala y recoger sus alforjas en silencio.

—Gracias.

El semental verde se sobresaltó al oír esa palabra y miró a Aitana algo confundido.

—Por intentarlo. Vamos.

El tren frenó en la estación de Germarenia, y nada más abrir las puertas el frío se hizo evidente. Hacía sol, pero el viento arrastraba el frescor de la imponente cordillera sobre la que se alzaba Griffonia, tierra madre de los grifos. Hope se había quedado parado un instante, mirando el paisaje, y cuando quiso darse cuenta Aitana lo había dejado atrás. Era obvio que la yegua sabía exactamente a dónde se dirigía.

—Aitana… ¿sabes dónde vamos?

—Sí. Viví en Germarenia durante cinco años con Gilderald.

La yegua marrón no se mostró demasiado proclive a hacer de guía turístico, pero sí que habló con Hope de algunos detalles que le ayudaron a completar lo que había leído sobre esta región de Equestria.

Germarenia, originalmente, era una región de Griffonia fronteriza con Equestria. A medida que esta última se expandía, la ciudad se convirtió en una mezcla de las culturas poni y grifo, habiendo habitantes de ambas razas coexistiendo con armonía. Con cada generación, los Germareanos adoptaron más el punto de vista pacífico de Equestria y, eventualmente, solicitaron formalmente pasar a ser parte del principado, entonces regido por la princesa Celestia en solitario.

Esa mezcla cultural se dejaba ver en la propia arquitectura del sitio: Los edificios blancos, reminiscentes de la majestuosidad de Canterlot, se combinaban con altas torres con puertas y balcones destinados a sus habitantes voladores. Además, al adentrarse en la ciudad atravesaron unas imponentes murallas; sus torres eran altas, de planta redonda, y en cada una podían observarse grandes catapultas. Hope se escamó al ver a varios ponis operar una apuntando… ¡al interior de la ciudad!

El artilugio fue disparado y varias bolas brillantes volaron sobre la ciudad, estallando al poco en unos impresionantes fuegos artificiales.

En la ciudad había mucho movimiento: puestos de comida, mercados y espectáculos varios. La guardia, compuesta a partes iguales por ponis y grifos, patrullaba las calles, y sus miembros iban equipados con ornamentadas armaduras adaptadas a las necesidades de cada raza. Los voladores portaban armaduras mucho más ligeras, una combinación de fibras vegetales y metal, mientras que los ponis de tierra y los unicornios portaban armaduras metálicas que poco tenían que envidiar a la guardia real de Canterlot en protección u ornamentación.

Hope Spell se detuvo un instante mirando hacia una gran torre como hacían todos los presentes; varios ponis y grifos se asomaron al borde de la misma y, con un grito, se lanzaron al vacío. Cayeron a plomo, sin hacer intento alguno por controlar su caída hasta el último instante, cuando desplegaron sus alas y pasaron a poca distancia sobre la multitud en una formación perfecta, levantando gritos sorprendidos y vítores.

—¡Guau! ¡¿Has visto eso?! ¡Ni los Wonderbolts! Aitana, ¿qué se celebra?

—"Germarenia Resistió" —respondió la yegua marrón—. Cuando Germarenia se anexionó a Equestria, Griffonia no lo aceptó y lanzó un ataque. La ciudad resistió durante siete días con sus noches hasta que la Guardia Solar acudió. Hacen espectáculos basados en las unidades militares que conforman la guardia de esta ciudad. No perdamos más tiempo.

A pesar de la petición de Aitana, en la calle frente a ellos había un poco de alboroto provocado por unos potros. Iban "armados" con lanzas de caballería de madera que acababan en bolas acolchadas, y asidos frente a sus pechos tenían escudos que emulaban a los de la guardia solar. De hecho el alboroto vino cuando los dos potros más grandes cargaron contra otros cuatro más pequeños, derribándolos uno a uno y declarándose victoriosos. Por supuesto, los vencidos protestaron que había sido injusto.

Para sorpresa de Hope, notó que Aitana avanzaba con media sonrisa hacia ellos.

—Nada de que ha sido injusto, ¡es que esto ha sido un desastre! A ver, vosotros, haced una línea de escudos aquí…

En unos pocos minutos, la yegua marrón había organizado a tres de los más pequeños con una táctica básica de falange, dejando al cuarto encargado de flanquear al enemigo. Cuando dio la señal para que empezara el combate, el resultado fue muy diferente: los escudos lograron frenar a los dos potros más grandes, y el flanqueador dio buena cuenta de ellos en un momento. Por supuesto, el turno de protestar fue para los mayores en aquella ocasión, pero Aitana no se quedó más tiempo, retomando su camino.

—No sabía que te gustaran los potros, Aitana. Se te da bien.

—Sí —La yegua marrón guardó un extraño silencio durante un instante—, sí que me gustan. Vamos.

Aitana echó a caminar de nuevo pero, cuando Hope intentó seguirla, algo lo golpeó en las patas delanteras. Frente a él, un potro de tierra alzaba la cabeza para mirarlo a la cara.

—Perdone señor, ¿es usted Hope Spell?

—Este… Sí, lo soy, ¿cómo sabes mi nombre?

—Tengo algo para usted.

El potrillo giró la cabeza y sacó un pequeño bote de cristal que le tendió a Hope.

—Rise Love dice que, si necesita ayuda, lo abra y hable.

—¿Qué? ¿Cómo que…? ¿Rise Love está en Germarenia?

Pero el potrillo, antes de escuchar la pregunta, ya había echado a correr, perdiéndose entre la multitud. El unicornio miró a su alrededor, visiblemente inquieto, y guardó el bote en sus alforjas antes de seguir a Aitana.

Esta dirigió a Hope hacia una zona comercial de la ciudad, donde había mucho alboroto y la fiesta continuaba, y entraron por una puerta bastante pequeña. El ruido enseguida cubrió cualquier otro sonido: se trataba de una taberna que estaba llena hasta los topes de ponis y grifos, bebiendo y celebrando a voz en grito. La yegua marrón se abrió paso entre la multitud hasta llegar a una puerta trasera, sacó una llave de sus alforjas y la abrió, indicando a Hope que la siguiera.

Tras ellos quedaron los gritos y la música de la fiesta a medida que descendían unas escaleras hasta el sótano. Una nueva puerta fue abierta por Aitana y entraron en una estancia oscura. La yegua buscó en sus alforjas y sacó yesca y pedernal para encender una vela que había cerca de la entrada. El semental verde se sobresaltó cuando, tras encenderla, decenas de velas y lámparas se encendieron a su vez por si mismas por todas partes. Aitana soltó una risa breve y nostálgica.

—Gilderald es… era un experto en magia rúnica. Siempre le gustaron los objetos mágicos simples.

La casa subterránea en la que entraron era bastante grande, pero parecía angosta debido a la gran cantidad de libros y pergaminos que copaban casi todas las paredes, ordenados a la perfección. Hope no pudo evitar silbar de admiración ante algunos de los tomos que vio a un simple golpe de vista; era obvio que muchos debían ser incunables y algunos formarían parte de bibliotecas de las artes prohibidas de la magia.

—Desde luego no aprendiste a ordenar tu casa de Gilderald, ¿eh? —bromeó él.

La yegua se dirigió a una habitación donde destacaban la gran cantidad de mapas que cubrían todas las paredes. El principal era uno de Equestria, pero también los había del resto del mundo conocido, así como mapas de lugares geográficos concretos: Cérvidas, Germarenia, Canterlot… Aitana los estudió durante unos minutos, fijándose en las distintas marcas dibujadas en los mismos y también en los papeles que había sobre varias superficies. Hope tardó un rato en conseguir averiguar lo que estaba viendo su compañera: Era un sistema de triangulación.

—Parece que Gilderald usaba su magia para estimar las fuentes de poder demoníaco en distintos puntos geográficos y así calcular el origen de las mismas.

—Sí, era su procedimiento más efectivo —añadió la yegua marrón—. Pero parece que este culto cambia de lugar regularmente.

—Además… Parece que estaba preparando un hechizo más potente —comentó Hope al ver unas notas cargadas de runas—. Quizá este culto solo hacía sus rituales durante poco tiempo, por lo que los hechizos rúnicos no tenían mucho margen para estimar la distancia con precisión.

—Debió agotar todas las posibilidades mágicas y luego recurriría a contactos.

Aitana siguió recorriendo la zona buscando más pistas, pero Hope la interrumpió.

—Aitana, algo no encaja aquí.

—Explícate.

—No me hables en ese tono, hazme el favor —respondió Hope antes de continuar—. Según tu padre, Gilderald solo había informado de que tenía "sospechas" de actividad diabolista en Germarenia, pero lo que veo aquí es que ya había confirmado este hecho. ¿Por qué no dijo nada antes? Y su pergamino...

—¿Qué pasa con el pergamino?

—Que suena como si supiera que iba a morir.

—¿Es que no has entendido el objetivo del pergamino rojo?

Aitana le dio la espalda a Hope secamente. El semental no se dejó amedrentar.

—¡Escúchame! Por supuesto que lo entiendo: Un pergamino que se transmite a todos los Arqueólogos si su portador muere, y lo usamos para informar de lo que estemos haciendo para que otro pueda seguir con la misión. Se supone que en ese pergamino debe darnos la suficiente información, pero casi no nos ha dado pistas.

La yegua se giró bruscamente hacia Hope.

—¡¿Y qué demonios quieres decir con eso?!

—¡Que algo se nos está escapando, Aitana!

Tres golpes en la puerta principal interrumpieron la discusión. Los dos ponis se miraron entre sí; Aitana sacó una daga de sus alforjas que asió a su pata delanera derecha, y Hope cargó sus defensas mágicas. Cuando estuvieron preparados, la yegua marrón fue a abrir.

Al otro lado pudieron ver a una poni de tierra que parecía bastante mayor; a Hope, de hecho, le resultó familiar y no supo decir por qué. Tenía el pelaje amarillo, vestía ropas bastante estrafalarias y unas enormes gafas de montura roja cubrían sus ojos. Pudo notar que al instante Aitana se relajaba y se echaba a un lado para dejarla pasar. En cuanto cerró la puerta, Aitana dio un efusivo abrazo a la recién llegada.

—Cuántos años.

—Muchos —respondió la estrafalaria yegua, antes de mirar hacia Hope Spell—. ¿Así que esta es la patética forma de vida que hemos adoptado? Encantada, muchacho.

—Este… encantado —respondió él—. ¿Y usted es…?

Como respuesta, la yegua se quitó las gafas y la ropa que portaba de un solo movimiento con una pezuña; Hope descubrió sorprendido que en realidad era una pegaso. Bajo la ropa portaba un chaleco verde que le cubría la mitad superior del tronco y, de algún lugar, surgió un sombrero salacot que tras dar dos vueltas en el aire, cayó con precisión sobre su cabeza. El semental verde abrió desmesuradamente la boca al reconocerla.

—Da… da… ¿¡Daring Do!?

La aludida sonrió, riendo en voz baja y le tendió una pezuña a Hope.

—La misma, muchacho. Aitana me ha hablado bien de ti. Vaya, no suelo poder descubrirme ante un desconocido, últimamente lo hago demasiado.

—Espera… ¡Claro, tú eres Dobledé! Pero… ¿cómo es que…?

—No tenemos tanto tiempo —atajó Daring Do—. Escribo mis novelas para contar al mundo una parte de las cosas a las que nos enfrentamos, y también para no tener que preocuparme por el dinero mientras investigo. ¿Qué habéis averiguado?

Aitana gastó unos minutos en mostrar a Daring Do lo que habían descubierto en la casa de Gilderald. Al acabar la explicación, ambas yeguas se quedaron en silencio hasta que Aitana sentenció:

—Hope tiene razón: se nos escapa algo.

—Tiene que habernos dejado algo más —sugirió la pegaso—. Busquemos algún ritual oculto.

—¿Tú también conocías bien a Gilderald?

—Claro que sí, Hope —afirmó Daring, dando un empujón confidente a la yegua marrón—. Gilderald fue nuestro maestro, entrenamos juntas.

Antes de que Daring acabara esa frase, Aitana ya había empezado a buscar por cada recoveco de la casa, a lo que pronto se unió la exploradora. Hope lamentó profundamente no poder preguntar más al respecto… ¡Daring Do era real! Sunny alucinaría si lo supiera…

El rostro del semental se oscureció ante el pensamiento.

Pasaron casi veinte minutos buscando, y ni siquiera los hechizos de detección eran útiles debido a la carga mágica de la casa. Finalmente, Aitana lo encontró: Un pequeño cofre con una inscripción rúnica en su tapa.

—Es imposible abrirlo a la fuerza sin romper el contenido —explicó Daring Do tras examinarlo—. Aitana, tú eres mejor que yo en este tipo de hechizos.

—Es una cerradura mágica, Gilderald repetía siempre: "Una cerradura rúnica no es estúpida, potra. Dile quién eres y qué haces aquí y si debe abrirse, se abrirá".

Aitana usó una voz grave y potente para remarcar las palabras de su tío, lo cual provocó una carcajada melancólica tanto en Daring Do y en ella misma. Aitana posó un casco sobre la tapa del cofre y murmuró:

—Me llamo Aitana Pones; soy hija de Roy Pones, y discípula de Gilderald. Y estoy aquí… porque Gilderald está muerto.

Las runas sobre el recipiente brillaron y, al momento, la tapa se levantó. Dentro del pequeño cofre había un pergamino que Aitana tomó y desplegó sobre una mesa para que todos pudieran leerlo.

"Al que haya acudido:

Apuesto a que eres Aitana y, probablemente, Daring Do. Si estáis leyendo esto es que estoy muerto. Os entrené bien.

El culto que se ha instalado cerca de Germarenia no es de la Hermandad: Es un culto que sirve a otro señor del Tártaro, parece ser un adversario del Señor de las Sombras. No quise compartir esto por los medios habituales; entre el engaño del pergamino ciervo y el ataque a Aitana en los Reinos Lobo… Es posible que estemos siendo espiados.

He ido a investigar. Se mueven mucho, pero he averiguado que su actual escondite está en la zona rural de Germarenia, en una granja situada a tres kilómetros al oeste de la salida occidental.

Hasta siempre,

Gilderald."

Nadie dijo nada durante unos instantes tras leer la nota. Aitana, finalmente, recogió sus alforjas y sentenció:

—Amigos de la Hermandad o no, voy a matarlos a todos.

La yegua marrón se dirigió hacia la salida sin invitar a Daring Do o a Hope a seguirla. La pegaso se quedó en silencio durante unos segundos.

—Hope Spell, hay algo que debes saber de Aitana —dijo Daring cuando estuvieron a solas.

—¿El por qué es como es?

—Sí. Especialmente, debes saber cómo obtuvo su Cutie Mark.

Ambos echaron a caminar tras la yegua marrón, sabedores de que esta no iba a esperarlos.


NOTA DEL AUTOR:

Me ha costado sentirme satisfecho con este capítulo: Han sido muchos cambios de escena y ambiente, y en este la historia se ha vuelto bastante tristona y melancólica.

En el fondo me gustaría perder un poco más de tiempo explicando cómo es Germarenia y demás, pero es que aquí no hay un tiempo de descubrimiento como pasara en los Reinos Lobo o en Cérvidas: Aquí están yendo al grano, y desviar la vista de este hecho me parece contraproducente.

Desde luego, escribir toda la historia de Aitana Pones me está suponiendo un reto creativo excepcional.

Un abrazo y gracias por leerme y dejar vuestros comentarios :). Y un saludo muy grande a UnIngenieroMás, a Typezoolid y a Fhix, que no hay un solo capítulo en que no me dejen un comentario.