Daring do, vestida nuevamente como A. K. Yearling, fue la primera en salir de la taberna que daba acceso a la casa de Gilderald, seguida por Hope Spell. En la calle el festejo seguía, y un creciente clamor ensordeció cualquier otra conversación. El semental verde escuchó el pesado galopar de dos ponis; uno de los mismos, embutido en una ornamentada armadura de metal y oro, pasó frente a él lanza en ristre y, con un impresionante choque, impactó contra otro poni de tierra igualmente equipado.

Uno de los contendientes se vio incapaz de mantener el equilibrio tras el golpe y, tras unos instantes de dar traspiés, cayó violentamente al suelo. Los ponis y grifos que observaban la justa ovacionaron, aplaudieron y golpearon el suelo ante la impresionante demostración, mientras algunos se acercaban a ayudar al caído a levantarse.

Daring Do llamó la atención a Hope, y ambos rodearon a los ponis para seguir a Aitana, que se dirigía hacia el oeste.

—¿Qué piensas de Aitana?

—Es una yegua difícil de tratar. Creo que… pretende estar sola incluso cuando necesita ayuda. Y usa su mal genio para protegerse.

Hope temió haber dicho algo algo incorrecto, pero no apreció ningún tipo de enfado bajo las estrafalarias gafas que disfrazaban a Daring.

—Ella y su padre fueron perseguidos por un gran culto diabolista durante años, intentaron huir muchas veces pero siempre los atrapaban. Cuando tenía dieciséis años, Aitana decidió no volver a correr, y su tío Gilderald accedió a entrenarla como cazadora de demonios. Por aquel entonces yo ya estaba siendo entrenada por él.

—¿Y por qué decidiste tú…?

—No estamos hablando de mi —cortó la yegua tajantemente.

—Perdona. Sigue, por favor.

Mientras caminaban y se alejaban del gentío, Hope pudo apreciar mejor la arquitectura del lugar: Una perfecta combinación de los estilos grifo y poni, con multitud de monumentos que conmemoraban eventos históricos y bélicos. De hecho las estatuas de la avenida principal narraban la historia de la ciudad sin palabras.

—¿Sabes el significado de su marca?

—Sí —respondió Hope—. Es un antiguo símbolo arcano, "El ojo llameante" o "Sello Arcano"; se puede utilizar para proteger lugares de la influencia de seres malvados, o para atrapar a estos.

—Protección, perfecto. Después de entrenar durante un año con Gilderald y conmigo, ella y su padre volvieron a Manehattan para instalarse y volver a hacerse visibles.

—¿Hacerse visibles? No te sigo.

—Dejó que los diabolistas volvieran a encontrarla.


Un semental se arrastraba por el suelo, gimiendo y aterrorizado. Sus patas traseras se negaban a responder, pues el virote de una ballesta se hallaba incrustado en la base de su columna; sus patas delanteras acababan en unas garras infernales que usaba para intentar salvar la vida mientras murmuraba plegarias a su oscuro señor.

No muy lejos de él, uno de sus compañeros emitió un grito ahogado cuando un nuevo virote le arrancó la vida. Otro diabolista invocó los poderes de su señor, pero algo se acercó rápidamente. No llegó a apreciar lo que ocurrió, sí que pudo ver cómo una joven yegua marrón giraba sobre sí misma y hundía una daga en el corazón del servidor del Tártaro.

El semental siguió arrastrándose, e hizo lo imposible por huir cuando escuchó a la yegua acercarse a él sin prisa. Sintió un golpe en el costado que lo obligó a girar y, sobre él, pudo verla: Era una poni de tierra realmente joven, a duras penas acababa de abandonar la adolescencia. Tenía la pata delantera derecha cubierta de sangre, y un fuego mágico había calcinado parte del pelaje sobre su lomo, sin llegar a herirla. Su morro era más oscuro que el resto de su pelaje y sus crines tenían mechones grises y púrpura. Lo que más le chocó es que aquella yegua ni siquiera tenía Cutie Mark.

tú no puedes ser Dawn Hope, ¡no es posible! ¡Solo eras una potra, no sabías luchar!

La aludida bajó la cabeza hasta mirar al diabolista directamente a los ojos.

Las tornas han cambiado —dijo—, y tú, bastardo hijo de mil infiernos, vas a decirme quién os ha enviado.


—Buscaba venganza… —concluyó Hope Spell.

—No del todo. En realidad buscaba acabar con la persecución, detener a los diabolistas. Pero la cosa fue mucho más allá.

A medida que se alejaban del centro las calles se volvieron más silenciosas y menos concurridas, y las construcciones bajaron varios pisos de altura, dejando pasar el relente que bajaba de las montañas cercanas. Hope es encogió por el súbito frío.

—Supongo que Aitana ya te habrá comentado algo como que no hay salvación posible para los diabolistas, ¿verdad? —Hope asintió—. Esa es… su forma de lidiar con lo que ocurrió después.

—¿Qué?

—Mira, solo un diabolista que ya haya vendido su alma está perdido. Antes de eso, tienen salvación, se puede evitar que caigan; puedes hacerles ver en qué mundo están cayendo y evitar que hagan un pacto en primer lugar.

—Espera… ¿qué hizo Aitana?

—Los mató a todos, Hope —respondió Daring Do en voz baja—. A todos.

El semental verde balbuceó al intentar encontrar unas palabras, por lo que la yegua a su lado añadió:

—Yo estuve ahí, los mató a todos: A los líderes del culto, a los cultistas, a los que ya habían recibido poder desde el Tártaro… y también al resto. A todos, incluso cuando ya se habían rendido, incluso a los que no habían llegado a hacer un pacto con el Tártaro. Uno a uno, no dejó a nadie con vida.

Hope Spell sacudió la cabeza, intentando asumir lo que eso significaba. ¿Aitana había asesinado a inocentes? ¿Por qué clase de persona había renunciado a su familia?

—Creo que Aitana perdió la cabeza cuando encontró el último reducto de aquel culto —explicó Daring Do—. En algún momento de aquella matanza obtuvo su cutie mark.

—Por favor, para —pidió Hope Spell—. ¿Por qué me estás contando esto? ¡Yo me he unido a vosotros para luchar contra…!

—Baja la voz.

—Perdón… —continuó Hope en voz baja—. Me he unido a vosotros para luchar contra las artes prohibidas, para evitar el retorno del Señor de la Sombra. ¿Me estás diciendo que he dejado a mi familia por… esto?

—No. Aitana luchará contra la Hermandad, dará su vida por detenerla si hace falta. Te digo todo esto por una razón: ¿Qué crees que ocurrirá aquí cuando encuentre al culto que ha asesinado a Gilderald?

Ambos guardaron silencio al ver que Aitana, varios metros por delante de ellos, se había detenido. Estaban frente a la muralla que rodeaba toda la ciudad, justo en la salida occidental.

—¿Ya os habéis puesto al día? —murmuró Aitana agriamente—. Necesitamos un plan para acabar con este culto.

—Podríamos vigilar la zona, ver cómo se mueven y decidir luego.

—No, no tenemos tiempo para eso —atajó Hope Spell—. Gilderald ha escrito que este culto se mueve mucho, si esperamos perderemos la pista. Necesitamos información.

La yegua marrón bufó y rodó los ojos.

—¿Y cómo propones que la consigamos?

—Tu padre dijo que, en una de sus cartas, Gilderald explicaba que había habido desapariciones y que habían llamado la atención de la guardia. Empecemos por ahí: descubramos dónde han ocurrido las desapariciones exactamente. Tenemos hasta la noche, no se arriesgarán a capturar a alguien de día.

—¿No dices que no hay que perder tiempo? ¡Ahora dices que perdamos varias horas!

Hope se detuvo un instante y miró a Aitana fijamente.

—Estás ofuscada por la muerte de tu tío. Sabes perfectamente que meternos a ciegas en la guarida de unos diabolistas está destinado al fracaso.

—Estoy con Hope Spell en esto —añadió Daring Do—. Necesitamos información.

—¡Pues vosotros dos haced lo que queráis! —gritó Aitana—. Voy a meterme ahí dentro sola si hace falta y mataré hasta el último miserable diabolista que encuentre.

La yegua de tierra se giró y echó a caminar hacia la muralla, pero no llegó a andar mucho. Daring Do trotó a su lado y la tocó en el costado; cuando Aitana se giró, la pegaso le pegó un preciso casquetazo en la mandíbula. Aitana se echó hacia atrás, aturdida, pero antes de que llegara a defenderse un segundo golpe le hizo perder el sentido.

Probablemente la imagen habría sido menos impactante de no ser porque Daring Do todavía portaba su disfraz de A. K. Yearling. Esta miró a ambos lados para ver si la habían visto, recogió a Aitana sobre su flanco y echó a andar por un callejón secundario, seguida por Hope Spell.

—Pero… ¡Daring, cuando Aitana despierte va a estar fuera de si! Cuando te vea…

—Que lo intente —sentenció la pegaso amarilla—. Ella será mejor investigadora que yo, pero jamás me ha podido en una pelea, ni me podrá ahora. Escucha Hope, a mi se me da mal la ciudad, demasiados años en la selva. Encárgate tú de encontrar la información.

—No será fácil, no tengo mucha idea de leyes y no creo que me den los datos fácilmente.

—Recuerdo que Gilderald era muy amigo de un sargento de la guardia Grifo de la ciudad. Golberk creo que se llamaba, pregunta por él.

—Entendido, volveré antes de que anochezca.

—Te esperaremos en aquella taberna de allí —dijo Daring Do señalando un edificio con la cabeza.

Hope Spell asintió y echó a correr hacia el centro de la ciudad.


Aitana abrió los ojos sintiendo el dolor sordo del golpe en la mandíbula y se levantó rápidamente. Estaba sentada en una taberna bastante cutre, donde ponis y grifos bebían y charlaban sin alzar demasiado la voz.

Frente a ella vio a una yegua embutida en un disfraz estrafalario.

—¡¿Qué cojones has hecho?!

—Salvarte la vida —respondió Daring Do, arrojando algo sobre la mesa. Una jarra de sidra se deslizó sobre la misma hasta detenerse frente a la yegua marrón—. Bebe.

—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

—Hora y media, más o menos.

Aitana miró incrédula a su amiga. Esta rió en voz baja.

—Puede que te haya drogado con cierta planta selvática que conozco.

—¡Podríamos estar ahí ya, podríamos haber…!

—Muerto por seguir a una estúpida que no está pensando con claridad. Hope Spell tiene razón y lo sabes.

—¿Dónde está?

—Consiguiendo información. Relájate y echa un trago, tenemos que esperar un poco más.

Aitana acabó cediendo y bebió intranquilamente. Daring Do la observó por encima de sus gafas falsas; de un hueco de los enganches de sus alforjas había salido la maldita brújula rota que albergaba al lich, quedando esta colgando al cuello de Aitana.

—Me enteré de lo de Lutnia. ¿No van a dejarte volver a intentarlo?

—No. Ese idiota de Solnes me ha echado bajo amenaza de muerte.

—Buff… tú mejor baza en años arrebatada. Quizá deberías buscar la forma de esconderlo.

La yegua marrón sacudió la cabeza y bebió un trago antes de responder.

—No. Es demasiado peligroso, si lo encuentra alguien…

—Aitana, maldita sea, estuviste a punto de caer en los Reinos Lobo. Tuviste muchísima suerte de que esa pirata supiera reconocer una posesión y cómo liberarte.

—Cometí un error, ¿vale? Lo liberé varias veces para combatir, y luego perdí el control.

Daring Do negó con la cabeza.

—Ni siquiera tú puedes resistirlo para siempre, Aitana.

—No voy a arriesgarme a dejarlo por ahí y que alguien lo encuentre. No puedo arriesgarme.

Daring Do no añadió nada más. Poco después la puerta se abrió y al momento reconocieron a Hope Spell; la luz anaranjada del exterior era signo de que estaba atardeciendo. Tras el semental verde apareció también un grifo vestido con galas de la guardia. De pelaje y plumas blancas y azuladas, no era demasiado alto ni grande, pero sí que se le notaba entrenado. Hubo varios de los clientes de la taberna que observaron sorprendidos al guardia.

—¡Hola! Este de aquí es el capitán Golberk, de la guardia grifo.

—A ti te recuerdo —dijo, señalando a Aitana—. Tú eres la sobrina de Gilderald. Y tú…

Daring Do miró a ambos lados antes de retirarse ligeramente el sombrero y las gafas para que el capitán la reconociera. Este se sentó, emitiendo una queda carcajada.

—Sabía yo que no podía ser casualidad que compartieras nombre y aspecto físico con el personaje. ¿Estáis seguras de que Gilderald está muerto? —todos asintieron—. Maldita sea… Sabía que estaba persiguiendo a los responsables de las desapariciones, pero no esperé que pudieran con él.

—¿Qué sabes de las desapariciones, Golberk?

—Que un grupo de locos ha estado secuestrando y asesinando a gente; según Gilderald podría tratarse de un culto demoníaco. No sé demasiado del tema, Gilderald prefirió mantener a la guardia al margen. Solo le di datos de las desapariciones para que pudiera encontrar a los responsables.

—¿No le ayudasteis más? ¿No fuisteis a la guarida del culto? —dijo Aitana con más violencia de la necesaria.

—No. No somos soldados, solo guardias de ciudad. Por más tradiciones militares que tengamos, somos una ciudad pacífica.

—Nosotros iremos tras ellos —aclaró Daring Do—. ¿Sabéis cómo o por dónde han estado actuando?

—Desde que Gilderald desapareció no han vuelto a actuar.

Hubo un instante de silencio en la mesa.

—¿Significa eso que ya se han marchado?

—Lo desconozco —respondió Golberk—. Es la primera vez en décadas que algo así ocurre en Germarenia, nunca antes había ayudado a Gilderald con sus investigaciones.

—¡Entonces ya podríamos estar ahí! —exclamó Aitana levantándose—. No hemos hecho más que perder tiempo.

—Aitana, espera —la interrumpió Hope—. ¿Cómo ocurrieron las desapariciones exactamente?

—Todas igual: Un joven, grifo o poni, macho o hembra, saliendo de fiesta por cualquier taberna. Conocían a un desconocido y decidían irse por voluntad propia y nunca se les volvía a ver.

—¿Algo extraño en los testimonios?

—Sí, sí que lo había. Varios amigos de las víctimas decían haber olvidado parte de la noche, y no fueron capaces de darnos demasiada información.

—Magos negros —murmuró Hope Spell—. ¿Algo más?

—Sí. Un guardia grifo apareció muerto hace varias noches. Fue como si…

Hope esperó pacientemente a que el capitán encontrara las palabras. Parecía visiblemente afectado.

—Es como… si hubiera envejecido varias décadas en una noche. No pudimos ni enseñarle el cadáver a la familia

—Nigromancia.

Aitana tardó pocos segundos en hablar.

—Golberk, vamos a ir a por esta gente.

—¿Necesitáis algún tipo de ayuda?

—No —atajó Aitana—. Alguien que no esté entrenado contra estas cosas puede volverse en nuestra contra en el peor momento. Si necesitamos tu ayuda te avisaremos.

—Bien. La guardia vigilará la ciudad, si no volvéis en unas horas iremos a investigar. Buena caza.

Con esas palabras, Golberk se levantó y salió de la taberna. Las dos yeguas esperaron unos segundos antes de hacer lo propio.


La salida oeste de la ciudad daba directamente a una gran explanada que llevaba, tras unos pocos kilómetros, a la ladera de las grandes montañas que servían como frontera de Griffonia. Las granjas se alternaban, cada cual especializada en un tipo de cultivo: Cereales, frutas, hortalizas… En conjunto creaba un bonito contraste de colores con el atardecer, ya que el sol ya se estaba ocultando tras la cordillera.

—Daring, Aitana, vosotras conocéis mejor que yo esta zona, ¿qué otras ciudades cercanas hay?

—Ninguna —respondió Daring Do—. Germarenia está bastante aislada del resto de metrópolis de Equestria, la ciudad más cercana sería montaña arriba, adentrándose en Griffonia. ¿Por qué?

—En otras palabras, si la situación se saliera realmente de control, Germarenia sería el objetivo del Tártaro, ¿verdad?

—No se saldrá de control —respondió Aitana—. Vamos.

Siguieron andando en dirección de la granja que dejara Gilderald señalada pero, al poco tiempo, Hope se detuvo al sentir un cosquilleo mágico.

—¿Qué te pasa ahora?

—Mis hechizos de detección, estoy… sintiendo algo.

El semental verde se concentró en lo que su magia trataba de decirle; era todavía un novato en ese tipo de hechizos, pero había estudiado mucho al respecto. La sensación que lo embargo fue de temor acompañada por el olor de la tierra quemada.

—Demonios del fuego —susurró.

—¿Te refieres a un portal?

—No. Hay demonios físicos por aquí.

—¿Estás seguro?

El semental titubeó un par de veces antes de responder.

—Creo que será mejor que asumamos que tengo razón y nos preparemos para lo peor.

Aitana, finalmente, metió su pata derecha en un hueco de sus alforjas y la sacó con la espada de su madre asida a la misma. Daring Do se quitó el disfraz de A.K. Yearling aunque, sorprendentemente para Hope Spell, esta no tomó ningún tipo de arma.

La granja a la que llegaron no parecía abandonada, como habrían esperado, si no todo lo contrario: Estaba bien cuidada y limpia. Los tres Arqueólogos se ocultaron entre las plantas cultivadas y observaron durante unos minutos, sin llegar a ver movimiento alguno. Cuando la noche empezaba a caer notaron que nadie encendió ninguna luz dentro de la casa.

Daring Do fue la primera en avanzar, volando a baja altura hasta llegar a la puerta. La abrió sigilosamente y, tras unos segundos de escrudiñar el interior, indicó a Hope y Aitana que era seguro. La ilusión de que era una simple granja murió al instante cuando entraron al recibidor.

—Celestia bendita… ¿sentís eso también?

—Sí. Magia demoníaca. Hay una ventana al Tártaro aquí dentro.

—Deben haber hecho un ritual ocultador para que no pudiéramos notarlo antes —señaló Aitana—. Es casi tan fuerte como la que se abrió en los Reinos lobo.

Hope Spell levantó una pata pidiendo silencio; a los pocos segundos pudieron oír movimiento y un sonido metálico en una sala contigua. Aitana hizo indicaciones para que Hope la acompañara mientras Daring vigilaba. La sala a la que entraron era la cocina, desordenada y saqueada, pero relativamente intacta, y no tardaron en volver a oír movimiento tras los armarios y muebles de la despensa.

Tras intercambiar una mirada, Hope conjuró en silencio mientras Aitana se preparaba para combatir; todos los muebles se abrieron de golpe, y en seguida se escucharon unos gritos histéricos sobre los que resonó la voz de un semental joven.

—¡Por favor, no! ¡Por favor!

—¡Salid de ahí si queréis vivir!

Una yegua y un semental obedecieron la orden de Aitana y salieron de sus escondites; eran jóvenes, no mucho más que Hope Spell, y parecían realmente aterrorizados, mirando en todas direcciones buscando más peligros. Hope Spell notó con su magia que irradiaban una ligera aura demoníaca.

—Quiénes sois, qué hacéis aquí y qué ha pasado.

—Nosotros….

—¡Hablad!

El grito de Aitana seguido del amenazador sonido de su espada al recolocarse hizo que los dos retrocedieran.

—¡Soy Dapper Mark y él es Onix Pot! —gritó la yegua al ver que su compañero se bloqueaba. Se trataba de una pegaso gris de crines verdes—. Por favor, solo queremos volver a casa, no somos…

—¿Mis enemigos? —concluyó Aitana por ella—. Eso lo decidiré yo, no tú. Empieza a hablar.

Dapper Mark fue la que pareció mantener la suficiente calma para hablar con Aitana; Hope pudo observar cómo su compañera y maestra parecía desquiciada, casi como si fuera a saltar sobre los dos en cualquier momento.

—Fuimos… Un adorador de Baraz nos contactó y nos ofreció ayuda. Nuestro amigo está enfermo, muy enfermo, y nos ofreció salvarle la vida a cambio de que creyéramos.

—¿Baraz? ¿Es el demonio al que adoran en este culto?

—Sí —respondió a la pregunta de Hope—. Solo sé su nombre.

—¿Aceptásteis salvar a vuestro amigo a cambio de sacrificar a otros inocentes?

—¡Aitana, tranquila!

La aludida avanzó unos pasos hacia Dapper Mark, la cual retrocedió hasta topar con un mueble con sus flancos traseros.

—¡Eso es lo que no sabíamos, lo juro! ¡Sólo nos hablaron de creer, no sabíamos lo que pasaría después!

—Puedo sentir el Tártaro en vosotros.

Onix Pot, el semental unicornio de pelaje blanquecino y crines azules saltó y se puso frente a su compañera.

—¡Por favor, escucha! ¡Hicieron un ritual para que habláramos con Baraz, por eso debes sentir lo que sea que sientes en nosotros! ¡Él nos prometió salvar a nuestro amigo, pero no aceptamos el trato!

—¡Oímos los gritos, las almas atrapadas! —gritó Dapper con lágrimas en los ojos—. Y él… Celestia… ¡nos susurró en la mente, nos ofreció poder, inmortalidad y salvar a nuestro amigo! Pero tenníamos que… que…

—¡Que matar! —concluyó Onix—. ¡Teníamos que matar a alguien, y no aceptamos! Los seguidores de Baraz nos atraparon y encerraron, ¡íbamos a ser sus siguientes sacrificios!

—Pero fueron atacados, no sabemos por quién, estábamos encerrados. Y cuando llevábamos mucho tiempo en silencio conseguimos escapar, pero llegásteis vosotros y nos escondimos.

Hubo un instante de silencio en el que Aitana dejó de avanzar.

—¿Cuándo ocurrió eso? ¿Cuándo fueron atacados?

—No… no estoy segura —respondió Dapper, dubitativa—. Estábamos en el sótano, creo que debió ocurrir hace un día o así. Hemos escapado hace muy poco, pero os vimos llegar y nos escondimos.

—¿Visteis a alguien cuando escapásteis?

—No… pero oímos movimiento en la sala de la ventana —explicó Onix—. Así la llamaban ellos, es donde… hablamos con Baraz.

—Y no había nadie.

—¿Había algún cadáver?

Onix y Dapper intercambiaron una mirada antes de negar a la vez.

—Ninguno —respondió el semental—. Pero salimos directamente, quizá estaban en otra estancia…

—Hay… tres estancias en el sótano: La principal es el altar, donde… creo que ahí hacen los sacrificios. Luego está la mazmorra, justo al lado, y al fondo está la sala de la ventana. Es donde hablamos con Baraz.

—¿Llevan mucho tiempo aquí?

—Creo que sí —respondió Capper—. Han agrandado el sótano ellos mismos, es bastante obvio, tienen que haber tardado bastante. El dueño de esta granja es parte del culto, por eso nadie notó nada raro.

Hope Spell miró de reojo a Aitana, dándose cuenta de la contradicción respecto a las notas de Gilderald. Sin embargo, si la yegua marrón se percató del hecho, no lo hizo evidente. El semental verde sintió una punzada en el estómago cuando vio la mirada cargada de frío odio en los ojos de su compañera, y cómo esta avanzaba hacia los dos desdichados.

—Gracias por la información, cultistas.

—¡Aitana, no, son inocentes, para!

—¡Por favor, solo queremos salir de aquí, no aceptamos ningún trato! ¡Nos engañaron!

En un instante, Aitana estaba sobre tres patas y la espada de su madre se desplegó hacia adelante con un terrible chasquido metálico; una detonación mágica de Hope Spell empujó a la Arqueóloga hacia atrás, alejándola de sus víctimas.

—¡Daring, ayuda!

Antes de que Hope gritara, la intrépida exploradora ya había acudido. Cargó contra Aitana y, tras un instante de forcejeo, la acorraló contra una pared. Era evidente que, a pesar de todo, la yegua marrón no quería dañar a su amiga.

—¡¿Qué cojones haces?! ¡Son demonologistas, tú también lo sientes!

—Hope Spell, lanza un exorcismo o algo así. Si dicen la verdad, debería limpiar todo resto de magia demoníaca de ellos.

El aludido asintió y empezó a conjurar al instante. El calor de la magia blanca combatió la sensación de temor e inquietud propias de la magia del Tártaro, y una luz blanquecina cubrió a Capper y Onix durante unos segundos. Cuando el hechizo finalizó, la presencia de la ventana al Tártaro volvió a hacerse presente, pero todo resto de magia demoníaca desapareció de la pareja.

A su espalda, Daring Do dejó a Aitana, la cual miró a un lado mientras murmuraba "serán la excepción".

—Escuchad, quiero que volváis a Germarenia —dijo Hope dirigiéndose a Onix y Capper—. Encontrad al capitán de la guardia Golberk y explicadle lo ocurrido aquí. No se lo digáis a nadie más.

—Sí, ¡sí, lo haremos! Gracias, ¡gracias!

Ambos salieron corriendo de la casa, manteniéndose alejados de Aitana en todo momento. Esta salió de la cocina y se dirigió a las escaleras que daban al sótano sin dar tiempo a los otros Arqueólogos a confrontarla por lo ocurrido.

—¿Qué esperamos? Vamos.

A medida que bajaban la presencia de la Ventana la Tártaro se hizo más fuerte, pero el sótano al que llegaron parecía simplemente una despensa típica de una granja. Tuvieron que buscar un poco para hallar una puerta escondida tras unas cajas.

—¡Por Celestia! —exclamó Hope al abrirla—. ¿Qué es ese olor?

—Muerte. Cadáveres. Vamos.

Las escaleras descendientes se abrieron a una estancia mucho más grande; tal como habían explicado Capper y Onix, era obvio que esa sección había sido excavada hacía relativamente poco. En el centro del lugar había un pentagrama tallado en el suelo y, en el interior del mismo, un altar negro se alzaba; a un lado había una puerta abierta. Hope se asomó a una pesada puerta que había abierta a un lado de la sala, descubriendo la celda que habían mencionado Capper y Onix. En el interior, dos pares de grilletes encadenados a la pared habían sido forzados, y los restos de magia de la cerradura indicaron que fue el unicornio quien abrió la puerta.

—Algo no va bien… —murmuró Aitana mientras Hope regresaba—. ¿Dónde están los sacrificios?

—Esto no cuadra con lo que decía Gilderald —observó Daring Do—. Si se movían tan a menudo, ¿cómo tuvieron tiempo de preparar esto? Un altar así no se prepara a toda prisa.

—Quizá tenían varios refugios preparados, y se iban moviendo entre...

Daring Do desplegó un ala, indicando a los otros dos que se detuvieran y guardaran silencio. Sin decir una palabra, señaló hacia una apertura en una pared; Hope Spell tragó saliva y se situó tras Aitana cuando esta tomó posición. Agachados y casi en total silencio, los tres se deslizaron a la sala que se abría frente a ellos.

Hope Spell hizo un auténtico esfuerzo por no hacer ningún ruido cuando vio el primer cadáver.

Había ponis por todas partes y algún grifo; todos en el suelo, inmóviles, y tanto el olor de la muerte como el poder del Tártaro embargaban el lugar. La sala era ancha y alargada y, al final de la misma, un coro de susurros imposibles sonaba, deslizándose como una corriente de locura desde un arco de obsidiana.

Una figura imponente se alzaba frente al mismo. Hope Spell sintió la adrenalina en el estómago. La visión del gran grifo frente a la Ventana la Tártaro le trajo recuerdos del demonologista que casi lo mató en Lutnia, pero en esa ocasión estaba mejor preparado para enfrentarse a un hechicero infernal.

Decidido a dar lo mejor de si mismo miró a sus dos compañeras… que, para su sorpresa, se levantaron con la confusión reflejada en el rostro.

—¿Qué? ¿Qué haces aquí?

—Tú… ¿no estás…?

El gran grifo se giró hacia las dos yeguas; su pelaje era marrón, y sus plumas de un imponente degradado marrón y dorado; una gran cicatriz cruzaba su rostro de pico aguileño, y portaba una ristra de pergaminos asidos en una correa sobre el pecho. El grifo puso una garra a la que le faltaba un dedo sobre la ventana al Tártaro, y habló con una voz grave y potente.

—¡Sabía que me encontraríais! ¡Ha pasado mucho tiempo, querida sobrina!


NOTA DEL AUTOR:

Sorpresa.

Aquí he puesto un pequeño guiño a Star Wars: "Otra patética forma de vida". La expresión "bastardo hijo de mil infiernos" y el nombre del demonio "Baraz" son mi guiño a unas novelas algo desconocidas: 'La leyenda de Isthelda', escritas por Eugenia Gala. Si no me equivoco se pueden encontrar gratuitamente por Internet.

Un saludo y gracias por leer, como siempre :)

Respuestas a los reviews:

SR. Atomo: Jeje, la buena de Gentle Colors también juega en una liga completamente diferente. El mundo de Parallel Stories es muy distinto del del Aitana, creo que esta no tendría muchas posibilidades contra la unicornio bicolor :D

Fhix: ¡Y a ti por leerme, otra vez! "The shit is about to hit de fan", como vas a ver :)

UnIngenieroMas: No estés triste, hombre. ¿Ves? Y no estaba muerto, no, no... ¡Estaba de parranda!