Gilderald avanzó unos pasos alejándose de la ventana al Tártaro, dejando que la luz purpúrea de la misma recortara su figura frente a los tres ponis frente a él.

—¡Sabía que me encontraríais! —exclamó—. Si de algo estoy orgulloso, es de que os entrené muy bien a las dos.

Hope se mantuvo agachado en un rincón oscuro, sin entender demasiado bien qué estaba ocurriendo. "Un Arqueólogo jamás es demasiado precavido". Desde su posición estudió uno de los cadáveres cercanos, y no tardó en confirmar que se trataba de un demonologista, a juzgar por las marcas rituales bajo el pelaje.

—Tito, qué… ¡Qué cojones ha pasado! —gritó Aitana—. Recibimos tu pergamino, ¡creímos que habías muerto! ¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Por qué recibimos tu pergamino? Tuviste que engañar al hechizo para que te creyera muerto, o no se habría transportado —observó Daring Do, quien durante un ínfimo instante miró hacia donde se escondía Hope—. ¿Qué está pasando, Gilderald?

—Tan observadora como siempre, Daring Do.

—Es obvio que a estos los has matado tú —continuó la aventurera pegaso—. Son cultistas, todos ellos, y han muerto tanto por magia como por arma blanca.

—¡Por favor, Daring, casi suena como si me estuvieras acusando!

—¡No me toques el hocico! —gritó Aitana—. ¡He corrido aquí pensando que unos bastardos te habían matado, y apareces tan campante! ¡¿Qué demonios es esto, por qué tuviste que falsificar tu muerte?! ¡¿Qué nos estás ocultando?!

Gilderald se detuvo a pocos metros de su sobrina y alzó una garra sobre la que apareció una llama, iluminando la estancia.

—Estamos perdidos.

El gran grifo caminó de lado a lado de la sala, dejando que la luz de la llama iluminara todos los cultistas que, aparentemente, había matado él mismo.

—Explícate, Gilderald.

—¡Ja! ¿De verdad no lo veis? El secreto ha caído, las artes prohibidas vuelven a ser conocidas por más que Luna y Celestia se nieguen a verlo; la Hermandad es mucho más poderosa de lo que creéis, está presente en todo el mundo y los pocos cultos que han sido destruidos no son más que la punta del iceberg. Nuestra lucha se ha vuelto inútil, no podemos ganar.

—¡Eso no es cierto! —gritó Aitana—. Tú mismo nos enseñaste mil veces que siempre hay una forma de vencer al Tártaro, que siempre puede devolverse a cualquier demonio al infierno del que haya salido.

—No podemos ganar luchando igual que hemos hecho siempre —aclaró Gilderald—. Por eso… he pensado en un plan alternativo. Un plan que nos permita frenar al Señor de las Sombras antes de que regrese.

Daring Do notó que pisaba algo pegajoso; en el suelo había restos de sangre que surgían de los múltiples cadáveres y recorrían la sala, trazando un camino hacia la ventana. La pegaso sintió que se le helaba la sangre con la realización.

—¿Qué has hecho, Gilderald? —susurró lentamente.

—¿No lo entendéis? ¡La propia Zecora habló con él, el Señor de las Sombras ya estuvo en este mundo! Y hace muy poco que fue derrotado por última vez, se preparó por si su ultimo retorno fracasaba, la propia Hermandad se preparó para esa eventualidad, ¡y ha allanado su camino para su asalto final al mundo de los vivos!

—¡¿De qué estás hablando?! ¡¿Cuándo apareció el Señor de las Sombras, dónde lo hizo?!

El gran grifo emitió una carcajada grave y divertida ante la confusión de Aitana.

—¡Es un auténtico genio! ¡Un nombre tan evidente que nadie ha sabido ver de quién se trata! Veréis: el Corazón de Cristal no podrá salvarnos otra vez.

Las dos yeguas no dijeron nada durante un instante hasta que Aitana habló.

—¡¿El Rey Sombra?! ¡Tienes que estar de broma!

—¡El Rey Sombra! —confirmó Gilderald—. Un maldito genio: un gran señor de la oscuridad, el terror, la dominación y la tortura; un maestro del engaño que ha hecho creer al mundo que solo es un mago oscuro de excepcional poder. La fachada perfecta para que nadie piense en él, para que nadie vea la verdad.

—¿Qué verdad?

—¡Que sabía que fracasaría en conquistar el Imperio hace unos meses! ¡Sabía que con toda probabilidad el Corazón lo devolvería al Tártaro! ¡Y ahora está preparando su último regreso, aquel con el que el Tártaro conquistará el mundo!

—Pero, ¡podemos evitarlo! —gritó Aitana—. Sabes que es posible, la guardia está entrenando en la lucha contra demonios, el Imperio de Cristal se está preparando para cualquier eventualidad. ¡Podemos evitar su regreso! ¡Tú mismo le has enseñado la verdad a Twilight Sparkle! ¡¿Por qué haces esto?!

—¡Porque tienes razón, la tuviste desde que intentaste contar la verdad sobre la guerra de Unicornia! El mundo debe recordar, pero aunque lo haga… No podemos evitar el retorno de Sombra, no si no cambiamos la estrategia.

Gilderald se alejó de sus dos ex-discípulas para acercarse de nuevo a la ventana. Los susurros de locura que surgían de la misma parecieron volverse más intensos ante su cercanía.

—Todo está preparado, Aitana. La Hermandad lleva años preparándose para esto, tú misma lo viste en los Reinos Lobo. Ahora solo están ultimando los últimos detalles, no podemos evitar su regreso desde este mundo.

—Tú… —continuó Daring Do—. Tú has matado a todos estos cultistas. ¡Los has sacrificado a Baraz!

—¡Baraz es el enemigo de Sombra! —gritó Gilderald con violencia, y las llamas se expandieron desde su garra hasta cubrir todo su cuerpo—. ¡No te atrevas a juzgarme Daring Do! ¡Estoy sacrificando mi propia existencia por este mundo! Dándole poder, Baraz podrá competir contra Sombra, ¡puede evitar el fin del mundo!

—¡Te has convertido en su cultista, en lo mismo contra lo que has luchado toda la vida!

—¡Hay que conocer a tu enemigo y adaptarse a él! ¿Qué mejor forma de acabar con el peligro del Tártaro? ¡Dejar que sus grandes señores luchen entre ellos!

Aitana bajó la cabeza y la sacudió ligeramente, murmurando "no, no, no" cada vez. Las llamas que cubrían a Gilderald se apagaron hasta volver a la misma garra con la que las había convocado.

—¿Cuánto hace desde que… sirves a Baraz?

—¿Servir? No le sirvo, es una colaboración; hemos colaborado desde poco antes de que surgiera el Imperio de Cristal. Ataqué un culto pequeño y Baraz me habló cuando fui a destruir la ventana.

Una risa que bailaba en un delicado equilibrio entre el sarcasmo y la insania surgió de Aitana Pones; esta tardó unos momentos en conseguir pronunciar unas palabras humedecidas por las lágrimas.

—Eres tú… Maldito estúpido, eres tú.

—¿Qué estás diciendo?

—¡Tú eres el topo!

—¿Qué?

—¡Tú eres el infiltrado! ¡Has fallado a todo lo que nos enseñaste, a todo lo que una vez supiste, a todos nosotros! —gritó la yegua marrón fuera de si—. ¿No lo ves? ¡La Hermandad sabía quién era yo y dónde encontrarme en los Reinos, sabía que teníamos contactos con los ciervos y se adelantaron a nuestros movimientos! ¡Tu señor Baraz es un servidor de Sombra, y tú le has dado todo lo que necesitaba saber!

—¡Eso no es cierto!

—¡Sí que lo es, joder, piénsalo por un puto momento! —respondió la yegua marrón a gritos—. ¡Tú mismo lo has dicho, llevan mucho tiempo preparando esto! ¡Qué conveniente que atacaras un culto vulnerable y te dieran la información que necesitabas, que te hablaran de Sombra antes de su regreso! ¡Qué conveniente que un señor del Tártaro aceptara hacer tratos con un Cazador de Demonios!

—Eso no es así…

—¡Cómo explicas si no el ataque que recibí yo anoche mismo! ¡O que supieran que Daring Do iba a estar en el Imperio de Cristal y montaran toda una operación solo para que creyéramos que habíamos arrebatado un pergamino a la Hermandad, solo para que nosotros mismos lo descifráramos por ellos! ¡Tu señor ha sacado la información de tu mente, le has dado a la Hermandad todo lo que necesitaba!

Gilderald se giró alternativamente a las dos yeguas y a la Ventana a su espalda.

—Eso no… no puede ser cierto, Aitana. Baraz ha prometido que…

—Te ha engañado, Gilderald —interrumpió Daring Do—. Ha usado tu miedo y tus esperanzas contra ti, como hacen todos los demonios. Te ha hecho traicionarnos y ni siquiera te has dado cuenta.

—No… ¡No, no! ¡NO! —exclamó el gran grifo, llevándose una garra al rostro—. ¡Eso no es posible, no lo es! ¡Os equivocáis, estoy salvando el mundo, os estoy salvando a todos!

—¡Cálmate, Gilderald! —gritó Daring Do—. ¡Te está volviendo contra nosotras, no se lo…!

—¡Vosotras os habéis vuelto contra mi! —gritó el viejo cazador de demonios, y sus ojos brillaron por la magia que tomó su ser—. ¡Os iba a ofrecer ayudarme, uniros a mi causa, pero sois parte del problema!

—Solamente un cultista habla en términos tan absolutos.

El crujir de la madera y la cuerda al tensarse subrayó aquellas palabras; Aitana había sacado su ballesta plegable de las alforjas y ya la tenía preparada para disparar. Su rostro estaba desencajado, la ira, el dolor y la incredulidad pugnando por ganar terreno el uno sobre el otro. Gilderald observó a su sobrina y todo sonido proveniente de la ventana al Tártaro desapareció, sumiendo la sala en un tenso silencio.

—¿Tú vas a hablar de absolutos, Dawn Hope? —susurró, un susurro que resonó en la mente de los mortales presentes—. ¿Tú que asesinas a todo aquel que se cruce en tu camino, cultista o no?

—No he matado jamás si no era necesario.

—¡Sigues engañándote a ti misma! Tarde o temprano lo verás, Dawn Hope, comprenderás a cuántos inocentes has asesinado, y eso te destruirá.

—Ya no me llamo así.

—Yo estuve ahí…

—¡Cállate! ¡Nos has traicionado, has traicionado a todo por lo que luchamos!

Daring Do avanzó junto a Aitana y apartó la ballesta que esta ya estaba levantando.

—Aún estás a tiempo —dijo—. Reniega de tu señor, evita caer en sus garras. Todavía podemos detener a la Hermandad, pero este no es el camino.

—Te equivocas, Darin Do, este es el camino. Voy a usar a Baraz para que compita contra Sombra, evitaré que regrese al mundo y así salvaré millones de vidas. Uníos a mi, ¡o apartaos de mi camino! Yo mismo os entrené: conozco vuestras capacidades, vuestras técnicas y estrategias, ¡y soy mucho más poderoso de lo que he sido jamás! ¡Baraz me ha hecho mejor, pero sigo siendo libre, no soy un simple cultista! ¡Soy YO el que salvará al mundo del Rey Sombra!

El gran grifo rugió mientras se ponía sobre dos patas y echaba ambas garras a los lados, llamando a todos los poderes con los que había hecho un trato. El fuego innatural del Tártaro acudió a su llamada y lo rodeó; cuando echó las garras hacia adelante, una columna de llamas se formó frente a él y engulló la zona donde estaba su sobrina. Solo pudo ver a Daring Do saltar hacia un lado para esquivar el ataque...

...y algo le hizo impacto en el torso, lanzándolo hacia atrás. Sintiendo un profundo dolor miró confundido a su pecho, donde el asta de madera de un virote sobresalía. Frente a él, el fuego mágico se extinguió y pudo ver que, junto a Aitana, un unicornio de pelaje verde menta estaba en pie. Incluso estando tan cerca de la ventana al Tártaro, pudo sentir el calor de la magia blanca.

Aitana bajó la ballesta.

—Nunca dejes que vean tus intenciones —susurró ella con la voz trémula—. Es la primera lección que me enseñaste.

En el silencio que siguió a esas palabras, una risa oscura resonó desde detrás del grifo que ya caía sobre sus patas delanteras, luchando por respirar. Gilderald se quedó paralizado frente al arco de obsidiana, su cuerpo empezó a temblar y el terror tomó su rostro. Los susurros que surgían de la ventana al Tártaro se volvieron más violentos por momentos, y la luz purpúrea del interior del arco pareció cubrirse con una sombra que observaba desde el otro lado.

Me has servido bien, mortal.

Una voz imposiblemente grave sonó desde todas partes al mismo tiempo.

Y ahora me servirás una vez más, siendo el huésped de mi súbdito, Baraz.

—¡Tito, no!

Aitana intentó galopar hacia Gilderald, pero no llegó lejos. La ola de poder demoníaco recorrió la estancia como un viento aterrador, empujando a la yegua de tierra hacia atrás y obligando a Daring Do y Hope Spell a ponerse a cubierto. El gran grifo cayó completamente al suelo con un silencioso grito de terror y dolor, llevándose las garras a la cabeza.

—¡Gilderald, resiste!

El gran grifo alcanzó a levantar la vista hacia su sobrina para gritar algo que solo ella entendió. Con un nuevo grito y una nueva ola de poder demoníaco, el pelaje de Gilderald se empezó a volver completamente rojo; un fuego impío cubrió toda la sala y se lanzó contra las dos yeguas, consumiendo los cadáveres de los cultistas en el proceso. Pero las llamas se detuvieron abruptamente cuando chocaron contra la magia blanca de Hope Spell.

—¡Tenemos que salir de aquí! ¡Marcháos, yo lo contengo!

—¡No! —gritó Aitana—. ¡Tenemos que ayudarlo!

—¡No podemos hacer nada por él!

Mientras Hope detenía el infierno frente a él, una deflagración de llamas se produjo a su espalda; una monstruosidad deforme de fuego, piedra y carne surgió del suelo rugiendo. Daring Do reaccionó al instante, atacándolo con algún arma que sacó de su chaleco y devolviéndolo al infierno del que había salido.

Pero entonces una nueva deflagración se produjo en las cercanías, otro demonio apareció de entre las llamas… y Hope supo lo que estaba viendo. Sus hechizos gritaron que cada vez había más demonios en la cercanía, que sus números aumentaban rápidamente.

—¡ES UN PORTAL! ¡Baraz ha abierto un portal, tenemos que salir de aquí!

—No —murmuró Aitana incoherentemente—, no podemos…

—¡Tenemos que matar a Baraz, es la única forma! —gritó Daring.

—¡No podemos con él! ¡Hay que volver, hay que advertirles! ¡SACA A AITANA DE AQUÍ!

Daring Do asintió y tomó a su compañera la cual, tras unos instantes, galopó tras ella hacia la salida. Hope las escuchó alejarse y, por el sonido, dedujo que estaban abriéndose paso a espadazos contra algún demonio. Frente a él, hubo movimientos entre el fuego, enormes criaturas que surgían del mismo e intentaban atravesar su barrera mágica para atacarlo.

Un enorme rugido retumbó por toda la estancia, haciendo temblar la propia tierra bajo los cascos del semental. Allá donde antes estuviera Gilderald un mar de llamas se alzaba y, sobre el mismo, un ser descomunal anunciaba su llegada al mundo. Hope Spell apreció los grandes cuernos que cubrían su cabeza, así como los enormes brazos que podían abarcar toda la estancia de lado a lado; todo el lugar empezó a temblar y el techó se resquebrajó.

Hope Spell concentró toda su magia; su barrera defensiva se rompió y el mar de llamas empezó a cerrarse sobre él; justo antes de ser devorado por el mismo, hubo una detonación mágica y el semental se teletransportó.


Lo primero que se escuchó que alterara la animada celebración de la ciudad fue la advertencia de un guardia sobre la muralla oeste. Las órdenes siguieron al mismo, llamando a equipos de sanitarios y demás, y pocos minutos después fueron los gritos alarmados de ponis y grifos que se acercaron a ver qué ocurría. El capitán de la guardia Golberk voló hacia la salida oeste de la ciudad. En la oscuridad podía ver cómo una granja a pocas millas de la muralla estaba en llamas, y que el fuego se estaba expandiendo mucho más rápido de lo normal.

Tres ponis llegaron a la entrada de la muralla y Golberk bajó a recibirlos inmediatamente.

—¡Vosotros tres! ¡¿Qué está pasando, qué ha ocurrido?!

—¡Cuidado!

Algo enorme se echó sobre los recién llegados: cuadrúpedo, fuerte… y no era de ese mundo, con grandes colmillos que cubrían una boca desproporcionada que emanaba fuego con el rugido que emitió. Aitana Pones se giró rápidamente y su espada brilló en la oscuridad cuando trazó un amplio arco con la misma; el demonio de la destrucción cayó pesadamente al suelo, se sacudió durante unos instantes y, finalmente, se consumió en un charco de llamas.

—Que… ¡¿Qué es eso?! ¿Qué ha pasado?

—Es un… un demonio del fuego —murmuró Daring Do—. Un gran señor del Tártaro, Baraz, está invocando un ejército, es… Es muy poderoso.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Qué ha pasado ahí, qué podemos hacer?!

Al ver que ninguna respondía, Hope se adelantó, hablando entre jadeos. Un corro de gente se reunió en torno a la conversación, tanto ciudadanos como miembros de la guardia.

—Un gran señor del Fuego y la Destrucción ha engañado a Gilderald para volver al mundo; ahora mismo está invocando un ejército para alimentar a sus huestes y afianzar su poder en el mundo.

—¿Alimentarlas con qué? ¿Con carne?

—Con miedo, muerte y destrucción. Y Germarenia es el único objetivo a su alcance.

Hubo gritos de miedo y confusión entre la muchedumbre, y el pánico hizo presa de los presentes. Gritos, órdenes e histeria se convirtieron en una cacofonía ensordecedora mientras Golberk intentaba poner calma. Hope miró a su alrededor: Aitana y Daring parecían intentar decir algo, pero la situación las superaba.

Tomando una decisión, Hope se teleportó a lo alto de una muralla y usó su magia para amplificar su voz.

—¡Escuchad! La situación es mala, pero no está perdida. ¡No son inmortales, acabáis de verlo, y podemos aguantar! ¡Esta ciudad tiene grandes murallas, tendremos que resistir hasta que el demonio Baraz salga a la luz! ¡Cuando lo devolvamos al infierno todos sus demonios se irán con él!

—¡Tiene razón! —Daring Do alzó el vuelo y se puso junto a Hope Spell, levantando algunos comentarios sorprendidos por ver al personaje de novela—. Tenemos que obligarlo a salir, acabar con él y esta pesadilla terminará.

—¡¿Y cómo vamos a hacerlo?!

Desde la muchedumbre varias personas gritaron.

—¡Hace siglos que la guardia no planta batalla!

—¡El Tártaro arrasó con los Reinos Lobo y ellos son guerreros! ¡No tenemos posibilidades!

—¡Tenemos que huir, tenemos que escapar!

Una tercera figura voló y se posó junto a Daring Do y Hope Spell. El capitán de la guardia Golberk hizo que la muchedumbre le prestara atención con su sola presencia.

—¡Basta! ¡En terreno abierto seremos presas fáciles! ¡Tenemos que aguantar, hay que defender Germarenia! ¡¿Acaso habéis olvidado qué día se celebra hoy?! ¡Hace siglos, contra todo pronóstico, una ciudad más pequeña de lo que hoy somos y menos defendida, resistió el asalto del ejército de Griffonia! ¡Durante una semana resistió, durante una semana luchó, y eso es lo que celebramos hoy!

Golberk caminó por la muralla mientras hablaba. Más y más ponis y grifos se arremolinaron para escucharlo.

—¡¿Y qué recordamos hoy de ese día?! ¿Recordamos la muerte, el sufrimiento, el miedo y la duda? ¡No! ¡Hoy recordamos dos palabras: "Germarenia resistió"! ¡Y hoy volveremos a hacer historia! Porque dentro de cien años, cuando contemos a nuestros nietos lo que pasó esta noche, solo diremos: "¡Germarenia resistió, una vez más!". ¡Guardias, organicen el reclutamiento y formación de milicias, y que todo el mundo acuda a las casas de la guardia donde os darán instrucciones!

Mientras el gentío empezaba a seguir las instrucciones, Golberk se giró hacia Hope spell y lo tomó por la cabeza con una garra.

—Y tú vas a explicarme cómo vamos a sobrevivir a esto —susurró—. ¿Dices que si aguantamos, el demonio que dirige todo esto saldrá y podremos matarlo? ¿Cuánto tardará en atacarnos?

—Solo sé que si conseguimos matarlo, no podrá invocar más demonios —explicó, apartándose del grifo—. Creo que esperará a tener bastantes demonios como para asaltar la ciudad, quizá tengamos un par de horas.

—Pero no es fácil matarlo —interrumpió Daring Do—. Se regenerará demasiado rápido para que las heridas normales le afecten; hay que acabar con él de un golpe rápido y decisivo.

—Encargáos vosotros de eso —ordenó Golberk—. Hay algunas familias fuera de la ciudad, tenemos que traerlas, y yo tengo que organizar la defensa. Que Celestia nos proteja...

—Daring Do, ayuda a traer a los granjeros —dijo Hope con un tono mucho más autoritario del que pretendía—. La guardia necesitará ayuda si aparecen demonios.

Sin esperar respuesta, el unicornio verde bajó la muralla hasta encontrarse con Aitana; la yegua marrón estaba caminando en círculo, murmurando para si misma y mirando al suelo.

—Aitana, quiero que vayas al cuartel y enseñes a los guardias cómo matar demonios, ¿de acuerdo?

—...por qué cojones lo hizo...

—Aitana, necesito que te centres, escúchame.

—Él pudo decírnoslo, pudo advertirnos... No lo entiendo, no... Joder, ¡Joder! No lo entiendo…

—¡Escucha, tienes que parar, sé que tu tío acaba de morir, pero…!

—¡¿Muerto?! ¡Lo he tenido que matar! Era un demonologista, él ha causado todo esto… ¡¿Por qué no nos dijo nada?! ¡Joder, por qué no…!

El semental verde llamó a la magia y un golpe telequinético impactó a Aitana en la cara.

—¡Escúchame! ¡Si quieres llorar o gritar, si quieres maldecir al mundo hazlo, pero no ahora! ¡Mira a tu alrededor, aquí hay miles de personas que necesitan ayuda! ¡Corre a la guardia y enséñales a luchar contra el Tártaro! ¡No puedo hacer esto solo, te necesito haciendo lo que mejor sabes hacer!

Aitana se llevó un casco a la mejilla donde la había golpeado y una ligerísima sonrisa cruzó su rostro.

—Je… No hace tanto le dije eso mismo a una amiga.

—Entonces entiendes por qué lo digo —Hope puso un casco sobre el hombro de su compañera—. Vamos a patear a esos demonios, demostremos a Baraz que este es nuestro mundo.

—Vale… vale —asintió la yegua haciendo esfuerzos por seguir calmada—. Ese bastardo hijo de mil infiernos se arrepentirá de haber venido.

Aitana galopó hacia una calle cercana pero, antes de perderla de vista, Hope la llamo

—¡Oye! Cuando esto acabe, invito yo a la primera ronda.

—No llegarás a la tercera, chaval.

Diciendo eso, la yegua marrón echó a correr y se perdió por una calle cercana. Hope pudo ver a través de la puerta oeste cómo el fuego que había empezado en la granja donde estaba el culto se expandía y se… movía. En la oscuridad era difícil ver qué estaba ocurriendo exactamente. En ese instante de soledad sintió cómo el miedo lo invadía, y notó que le temblaban las patas. A su alrededor, los civiles corrían a sus hogares, y otros lo hacían hacia las murallas.

—Yo no debería estar dando instrucciones...

El semental verde se quedó varios minutos intentando calmarse, sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. Se percató de que el movimiento que le rodeaba había pasado del caos a la coordinación: Varios ponis subieron a las murallas con maderas y muebles para construir puestos de tiro para los ballesteros; un carpintero grifo, ayudado por dos unicornios, colocó una mesa de trabajo cerca de la muralla y empezó a afilar los virotes romos que hasta entonces se usaban solo en las fiestas populares; algo más lejos, un grupo de soldados de tierra organizaba a varios voluntarios en una milicia improvisada; sobre sus cabezas, grupos de pegasos y grifos volaron al exterior a toda velocidad para rescatar a los que intentaban llegar a la seguridad de las murallas.

—Celestia bendita... Es la guerra, realmente es la guerra... ¡Oh, maldita sea!

Hope Spell usó su magia de golpe al recordar algo; un pequeño bote salió de sus alforjas y levitó hasta estar frente a sus ojos, momento en el que quitó el tapón de corcho que lo sellaba. Un humo verdoso y negro surgió del mismo y se arremolinó frente a él.

—Que lo abra y hable… —recordó—. Rise Love, soy Hope Spell. Germarenia está bajo ataque, un gran señor del Fuego y la Destrucción ha surgido en las granjas del oeste. La población se está refugiando en la ciudad, vamos a resistir. Necesitamos ayuda, no sé cuánto tiempo aguantaremos.

La nube mágica se arremolinó una vez más y salió volando hacia la oscuridad del cielo. Hope se quedó quieto, sin saber qué más hacer; los guardias corrían hacia la muralla, reforzando puertas y subiendo ballestas y otras armas a distancia; muchos ciudadanos parecían haber tomado armas para unirse a la defensa, y pudo ver a sanitarios correr o volar hacia distintos puntos de la ciudad.

Súbitamente alguien se acercó galopando hacia él. Se trataba de una yegua regordeta de pelaje naranja y crines naranjas y amarillas; llevaba unas extrañas alforjas al lomo, y sobre su cabeza destacaban unas gafas de soldador. Su marca era una hélice.

—Aff… aff… Oye… tú… ¿tú sabes qué está pasando, me han dicho? ¿Dicen que hay un bicho gordo viniendo?

—Sí y sí. Un gran demonio que hay que destruir rápido.

—¡Vale, perfecto! Me llamo Foolhardy Gears*, no preguntes por qué pero... ¿ves esa catapulta de fuegos mágicos? —dijo, señalando a una en la muralla oeste—. Puedo convertirla en una balista.

—¿En una qué?

—¡Una balista! ¡Una ballesta muy grande que dispare lanzas con mucha fuerza! ¿A que es útil? Ya lo sé, es que soy la mejor inventora que existe, ¡y eso que improvisé el prototipo a partir de un lanza-redes que llevé para luchar contra una reina oscura!

—¿Qué? ¿Cómo que…?

—¡Sí, sí, como lo oyes! Es que primero inventé una catapulta portátil para la fiesta del Solsticio de verano, pero entonces apareció mi amiga Grauj que no es una poni, es una loba, y la profesora encontró un libro oscuro que le sorbió el seso...

—Eh… vale, pero…

—...el caso está que después de hacerle tragar ciencia con mis linternas de los Pony-Scout, pero me desmayé por culpa de su magia de esa bruja, pero mi amiga Ivy Leaf dijo que teníamos que ser una manada, así que fuimos con Grauj al norte donde había una vieja salvaje que le dio una poción que…

—¡Ya, vale, ya lo entiendo! —gritó Hope Spell para parar la verborrea de la hiperactiva yegua—. ¿De verdad puedes convertir esas catapultas en balistas? ¿Te dará tiempo?

—¡Por supuesto! —afirmó sacando pecho—. Además he traído mi equipo portátil de carpintería y metalurgia, ¡sabía que me sería útil!

—¿Que sabías que te…? Mira, da igual, ¡es útil, por favor, hazlo! ¡Empieza con la de la muralla oeste! Ahí hay un carpintero, quizá él pueda ayudarte.

—¡Sin problema! Si tengo tiempo de montar otra, ¿dónde lo hago? ¿En otra muralla?

—¡No! No… hazlo…

Hope se quedó en silencio un momento viendo cómo los soldados de tierra enseñaban a un grupo de voluntarios formaciones básicas de falange. Estaban en la calle principal, y su linea cubría casi todo el ancho de la misma; al mismo tiempo, un grupo de ciudadanos construía una barricada en la entrada de la calle.

—Al final de la calle principal. Móntala al final de la calle principal.

Foolhardy Gears pareció confusa por un segundo, pero finalmente se encogió de hombros y dijo:

—Bueno, tú cazas demonios, yo soy inventora. ¡A tus órdenes! ¡Me pongo a ello!

Mientras la extraña yegua echaba a correr hacia las murallas, Hope Spell se permitió dejar un hueco a la esperanza. Quizá todavía pudieran salir victoriosos de la batalla por Germarenia. No muy lejos de ahí vio a un pequeño grupo de unicornios.

—¡Vosotros, venid aquí! ¿Sabéis algo de magia rúnica?


NOTA DEL AUTOR:

*Foolhardy Gears es un personaje de los fanfictions "Los peligros de la civilización" y "La maldición de Mountain Peak", escritos por Unade como secuelas a mi fic "Hermanas de la tormenta". Podría haberme inventado que tenían ya las balistas como un mero espectáculo y tal, pero me pareció más gracioso sacar a esta inventora loca. Además de que me iba a dar más juego.

También hay dos guiños a unas novelas poco conocidas llamadas "La Llamada de Isthelda", escritas por Eugenia Gala.

Y por cierto, en este capítulo he metido un guiño enorme a Star Wars. ¿Quién lo ha visto? :D

Un saludo y gracias por leer.