"Pronto entraremos en combate. Esta será la última batalla contra el Señor del Dolor. Si nuestro enemigo no perece, el mundo lo hará. Hemos reunido a los mejores […], gran muerte. Somos los últimos.

Hablé con el unicornio, heredero de Unicornia, Molgan, sobre el destino del Señor del Dolor. Convergemos en la necesidad de que repose eternamente sin ser perturbado.[...] semanas de trabajo para crear las runas que mantendrán el mausoleo cerrado. […] cuando nada entre, nada saldrá. La unión de dos lineas espirituales alimentará por siempre la magia de las runas y las ocultará, […] es la voluntad de Gaia.

Propuse que el mausoleo se construyera al norte […], reino del eterno hielo. Ocultar el lugar exacto, protegerlo a cualquier precio.

Los cuernos de los lobos suenan. Gaia […] criaturas más débiles, inspira a las más poderosas. Un dragón ha acudido. Los Maestros del Invierno aúllan a la tormenta. Los mercenarios lobo forman, y los ponis preparan su magia. Ha llegado la hora.

Espíritus de mis ancestros, que mi muerte sirva para encerrar al demonio por siempre.

Hijo, no llores por mi, pues Gaia acoge mi espíritu y el de tu madre en su seno. Sé fuerte, sé valiente, sé sabio. Te quiero."

Aquella sala del castillo Umbra parecía un despacho antiguo. El anciano batpony ciego se sentaba tras una mesa, pasando una pata sobre el manuscrito de Asunrix mientras Hope Spell, Aitana y Rise Love aguardaban.

—¿Qué opina, anciano?

—Tengo otra fuente que complementa este texto, si es que es cierto. La ha encontrado uno de nuestros agentes en un escondrijo abandonado del culto a Baraz en Germarenia.

Cuando el anciano batpony sacó un nuevo pergamino muy antiguo, Aitana y Hope Spell se lanzaron a leerlo. Rise voló sobre ellos para hacer lo propio. Estaba escrito en el idioma rúnico de los Reinos Lobo, por lo que Aitana lo tradujo en voz alta para Hope Spell y Rise Love.

"El frío del norte hiere a mis guerreros.

Hemos aprendido a adaptarnos: evitar que el hielo atrape nuestras espadas, proteger nuestros cuerpos con pieles, calentarnos en la noche.

Nada nos preparó para los seres que nos atacarían aquí: monstruos surgen de la nada y cazan a los trabajadores ponis y ciervos. Espectros que en la noche asesinan y poseen a mis guerreros. Sombras que absorben la voluntad de vivir de sus víctimas. Creímos que tras atrapar a Weischtmann la lucha acabaría, nos equivocamos.

Nos protegemos, pero ha habido muchas bajas. Pregunté a uno de los brujos ponis la razón de escoger esta inhóspita tierra, y dijo que la magia del mausoleo lo requiere. No entiendo, pero entiendo que es necesario.

Una manada local se ha unido en la lucha: son lobos salvajes, animales. Pero son inteligentes y ayudan a proteger a los herbívoros de los seres que nos asedian. Uno de los lobos, el macho alpha, tiene el ojo derecho azul, y creo que es tan inteligente como yo. Sé que nadie me creerá, pero he visto a estos lobos llamar al rayo con sus aullidos, y he visto rayos caer en nubes de sombras que gritaban en mi mente.

Muchos de mi compañía han caído, solo quedamos los más fuertes. Ya no gritamos por el terror que las sombras traen a nuestros espíritus, este ahora nos sirve de aviso ante la inminencia de un nuevo ataque. He dicho a los hechiceros poni que no gasten su magia protegiéndonos. No necesitamos más la ayuda de ningún herbívoro.

Algunos de mis lobos irán a la ciudad de cristal. Espero que encuentren un comerciante de nuestras tierras y traigan carne. Detesto la comida poni"

—Las fechas coinciden con el pergamino de Molgan*. Si es una falsificación, es una extremadamente buena.

—"Sombras que gritaban en mi mente", y las atacaban con rayos —comentó Hope Spell—. Suena a algún tipo de fata, o quizá un tipo de demonio del terror.

—No es una falsificación: es una trampa.

Hope Spell miró a Rise, expectante. Aitana, mientras tanto, volvía a leer los dos pergaminos con detenimiento.

—De acuerdo a los informes de la guardia grifo de Germarenia, las desapariciones empezaron poco antes de tu viaje a los Reinos Lobo, Aitana. Si entonces ya sabían de los Arqueólogos, si os tendieron la trampa para que tradujerais el pergamino Ciervo, si os utilizaron para encontrar y capturar a Manresht, el que dejaran esta información vital tan cerca de Gilderald no pudo ser un accidente. Ellos ya sabían que el Weischtmann estaba cerca del Imperio de Cristal, ha sido el pergamino ciervo el que les ha dado la localización exacta.

—"Dos líneas de espirituales"… Corrientes mágicas, ¡claro! ¡Lineas Telúricas**! ¡La unión de dos corrientes mágicas del mundo! —dedujo Hope Spell—. Solo necesitan saber dónde se cruzan dos líneas cerca del Imperio de Cristal. Pero han pasado semanas, ¡sea lo que sea que querían…!

—Os quieren muertos.

Rise caminó por el despacho mientras hablaba. Su voz era firme y algo pausada, pronunciando cada palabra con claridad.

—Si quisieran simplemente liberar al demonio, ya lo habrían hecho y nos habríamos enterado. Os han intentado matar en el pasado, pero no pueden hacerlo abiertamente, no se arriesgarán a mostrarse en una ciudad, o a atacar directamente a un Arqueólogo. Sois peligrosos, sabéis demasiado, ¿qué habríais hecho de haber encontrado vosotros el pergamino?

—Segúramente estaríamos ya de camino —aventuró Hope Spell—, para detenerlos cuanto antes. Pero no podemos descartar que quizá todavía no hayan sido capaces de localizar el mausoleo. ¿Qué piensas, Aitana?

La aludida estaba sentada, releyendo los dos pergaminos una y otra vez. Cuando los dejó, parecía lívida.

—¿Aitana?

—Las leyendas Germarenias del Weischtmann hablan de un monstruo que mora los páramos entre las montañas —explicó la yegua marrón con voz neutra—. Un ser que acude en las noches a las ciudades, nadie está a salvo de él, y captura a yeguas, sementales, potros y ancianos por igual. Aquellos que sobreviven pierden la razón y, en su locura, llegan a matar a sus propias familias. Y de los muertos solo se sabe que no muestran herida alguna, pero todos ellos mueren gritando por un sufrimiento inimagiable. Todos ellos mueren por un dolor atroz, capaz de destruir el alma de un mortal.

Primero señaló el pergamino ciervo descifrado.

—En este documento, el Weischtmann todavía estaba libre. Necesitaron a los ejércitos de la mitad del mundo conocido, y ya sabían que no iban a matarlo. Ya sabían que solo podían capturarlo. Lo llaman El señor del dolor.

Después señaló el pergamino del mercenario lobo.

—"Nubes que gritan en mi mente". En ese momento, meses después, Weischtmann ya estaba capturado, estaban solo reteniéndolo para encerrarlo, quizá mientras construían el mausoleo. Y, aún así, seguía atacándoles: espíritus, espectros, sombras, fatas… Criaturas que atacan a la mente, a los sentimientos y al espíritu. Posiblemente muchas de ellas íntimamente ligadas al Tártaro.

Aitana no miró a nadie en concreto al acabar su razonamiento, hablando casi en un susurro.

—Weischtmann es un gran señor del Terror y la Tortura.

Rise Love se acercó a ella.

—Pues lo mataremos, como hicimos con Baraz. Que aparezca en el mundo si se atreve: lo mataremos. El Imperio de Cristal está mucho mejor preparado para resistir un ataque que Germarenia.

—Rise Love, tú eres una Cazadora Batpony y mucho mejor combatiente que nosotros, pero aquí la cazadora de demonios soy yo.

Tras el corte verbal, Aitana se levantó, dando peso a sus palabras.

—No existen reportes de un gran señor del Terror y la Tortura en toda la historia escrita. Los Arqueólogos y otras órdenes se han enfrentado hace siglos a señores de la Oscuridad y la Dominación, o nosotros mismos nos enfrentamos al ejército de Baraz. Pero no a esto: hay informes de demonologistas que sirven a estos demonios, de pequeños espectros del dolor o el terror, e incluso Star Swirl El Barbudo teorizaba que Luna llamaba "espíritus de la pesadilla" a pequeños demonios del Terror y la Tortura. Pero no hay informes de algo como lo que describen estos pergaminos, ni forma de enfrentarnos a ello. No sé si hay forma de vencerlo si llega a ser liberado. No lo sé.

Hubo un silencio en la sala. El anciano lo rompió.

—¿Qué propones entonces, Dawn Hope?

—Llámame Aitana, hace demasiado que abandoné ese nombre —respondió ella—. Si nos ven llegar preparados y pueden hacerlo, lo liberarán antes de que tengamos ninguna posibilidad. Si ven que las princesas alicornio o un ejército avanza hacia el Imperio también lo liberarán. No podemos dejar que nos vean.

—Quieres que encontremos el Mausoleo y nos infiltremos en él.

—Exacto —afirmó Aitana, respondiendo a Rise—. Hay que acabar con ellos y volver a sellar el templo antes de que sea demasiado tarde.

—Esperad, hay un problema con esto. ¿Qué pasa si fallamos? —preguntó Hope—. ¿Qué pasa si el Weischtmann es todo lo que dices y acaba liberado? El Imperio de Cristal está protegido por el Corazón, pero no las poblaciones al sur. O las tierras salvajes del noreste. Si le damos oportunidad de empezar a alimentar su poder...

Rise Love murmuró algo usando su idioma ultrasónico.

—Hay que preparar un plan B. Llamaré a mi tropa.

—¿Tu tropa?

—Soy capitana de la Primera Compañía de la Guardia Lunar —aclaró Rise—. Mis soldados son capaces de moverse sin ser vistos; les ordenaré ocultarse en los alrededores del Imperio y acudir si reciben mi señal. Además, una de las sargentos enviadas a reforzar la guardia del Imperio de Cristal es de mi confianza. Ella se encargará de organizarlo todo manteniendo un perfil bajo.

—Yo avisaré a la Diosa.

Rise Love se giró rápidamente hacia el anciano.

—¿Está seguro, Anciano? La Diosa…

—La Diosa Luna es nuestra creadora, la Diosa de la noche, las estrellas y la protectora en las sombras. Si Weischtmann es tan peligroso como creemos y es liberado, tu tropa no tendrá ninguna posibilidad, Rise Love. Necesitaréis ayuda, y también de los Caballeros de Cristal. La mejor forma de advertir a la Corona de Cristal sin llamar la atención es que sea la propia diosa Luna quien se encargue de ello. Partid ya, no perdáis tiempo.

—Un momento, ¿dónde está mi espada? —preguntó Aitana.

—En la armería.

Pocos minutos después, los tres llegaron hasta la armería del castillo Umbra. Era una sala bastante bien iluminada, para los estándares de los Batponies, y en su interior trabajaban sobre todo unicornios. A Hope y Aitana les sorprendió que todos parecían compartir los colores pardo, grises y oscuros de los batponies, así como algunas características físicas como las orejas peludas y los ojos afilados.

Uno de estos, de pelaje gris y pelo canoso, se acercó al grupo.

—Tenemos vuestras armas preparadas.

El unicornio conjuró y la primera espada que voló fue la de Aitana. Al tomarla notó que esta brillaba ligeramente.

—Es un conjuro que hemos adaptado de la época en que servíamos a Nightmare Moon —explicó el forjador mágico—. Originalmente estaba pensado para arrancar el espíritu del cuerpo de sus enemigos.

—¡¿Qué?!

—Tranquilos, no es eso lo que hace. Lo hemos adaptado para intentar que afecte a seres espirituales como si fueran tangibles, pero no te puedo jurar que funcione a la perfección. Úsalo como último recurso. Y para ti, Hope Spell…

Todos los presentes también reconocieron la espada que el unicornio gris trajo con un hechizo.

—¡Esa es la espada del profesor Pones!

—Lo es —afirmó—. Nos la ha enviado él, ya no la necesita.

—Así que también sabía de los Cazadores… —gruñó Aitana—. Nada, continúa.

—Está equilibrada para ser usada por un mago. Por lo demás, es una espada corriente, pero de gran calidad. Rise Love, tu equipo habitual está preparado.

—Bien. Lleva a Aitana y Hope Spell al portal y mándalos a la estación más próxima al Imperio de Cristal dentro del alcance del castillo, encárgate de que lleguen sin llamar la atención —ordenó. Después se giró hacia los dos Arqueólogos—. Averiguad dónde está el mausoleo del Weischtmann exactamente, y no os dejéis descubrir. Esperad a que estemos todos en posición antes de actuar, eso será dentro de aproximadamente veinticuatro horas. ¿Entendido?

—Sí —respondió Hope Spell—. Ojalá tuviera más tiempo para investigar. No te retrases, Rise.

—No lo haré —respondió—. Que la Luna guíe vuestro vuelo.

Rise Love se desvaneció en una nube de sombras.


Tres horas después, Hope Spell y Aitana aguardaban en silencio en un amplio camarote de primera clase del tren que llevaba al Imperio de Cristal. Desgraciadamente, desde el castillo Umbra solo pudieron aparecerse un poco al norte de Canterlot, por lo que les esperaba una noche entera de viaje.

Los dos habían propuesto meterse en tercera clase, entre los muchos viajeros que iban al norte, para pasar desapercibidos. El unicornio que los acompañó fuera del castillo Umbra solo respondió: "no viajéis como esperan que lo hagáis" y los hizo pasar a un vestidor donde fueron recibidos por todo un equipo de batponies, ponis de tierra y unicornios. Para horror de Aitana, eran modistas, peluqueros y maquilladores, pero su trabajo fue impecable.

Hope vestía un sencillo traje de dos piezas: camisa blanca, esmoquin gris oscuro y una pajarita azul. Para rematar el disfraz, había añadido un monóculo sobre su ojo izquierdo y removía parsimoniosamente una taza de té con una cucharilla de plata.

—Pardiez, querida —dijo, forzando un acento extranjero y ajustándose el monóculo—. Estás realmente hermosa hoy, si me permites la observación.

—No había tenido la crin tan suave en la… Vete a la mierda.

Aitana no pudo evitar acompañar a Hope en la carcajada que siguió a su respuesta. La yegua conjuntaba una blusa turquesa con una falda larga y rosa que ocultaba su marca. También llevaba un gran sombrero a juego con la blusa, aunque en aquel momento lo había dejado a un lado; sus crines caían lánguidamente a un lado de su cara, habiendo sido tratadas y alisadas en un tiempo récord, considerando los años de falta de cuidados especializados. Los estilistas de los Cazadores Batpony se habían esmerado para asegurarse de los dos, ahora famosos, cazadores de demonios no fueran reconocibles a simple vista. Las alforjas que siempre portaban con todo el material, armas y herramientas de Aitana habían sido cargadas por un diligente encargado del tren, el cual había sido recompensado con una generosa propina. Entre las alforjas, un largo fardo de tela portaba las espadas de los dos Arqueólogos.

—¿Qué tal la pata, Hope?

—Bien. La herida no era grave, he podido acabar de sanarla con un poco de magia. ¿Y tú qué tal?

—Pensando en qué hacer si fallamos.

—¿Y qué has pensado?

—Que si todo se va al carajo, tú corras y me dejes ganar tiempo.

Hope se incorporó ligeramente.

—¿Qué estás diciendo? ¡No voy a dejarte atrás! Luchamos juntos, para bien y para mal.

—Escucha, esto no es sentimentalismo estúpido, joder —respondió Aitana—. En Germarenia has demostrado ser un gran líder. Lograste dirigir a unos defensores novatos, y dar instrucciones a unicornios que no tenían ni idea de magia rúnica o del Tártaro. Si todo falla y ese monstruo se libera, tú serás mucho más útil en otro lugar que no muriendo contra él.

La luz anaranjada del atardecer iluminó el elegante camarote cuando el tren tomó una curva. Llegarían al Imperio a primera hora de la mañana. Hope miró a su compañera, intentando dilucidar cuánta verdad había tras aquellas palabras. En los últimos dos días, el cambio de actitud de Aitana había sido… increíble. Recordaba de los escritos de Sinveria cómo un ser, tras sufrir un gran trauma, requería cierto tiempo para procesarlo y reaccionar al mismo. Él mismo no estaba seguro de si Aitana ya lo había hecho cuando le gritó en el hospital, cuando lloró tras saber lo de su madre, o cuando lo besó.

El semental verde rememoró lo que había ocurrido aquella mañana después de que Rise los acompañara a la sala de invitados. Él estaba entonces agotado, física y emocionalmente, pero recordaba momentos sueltos: el beso humedecido por las lágrimas, el abrazo más cercano que nunca, el roce de sus pelajes, el momento en que…

Hope intentó alejar su mente de ciertos recuerdos inapropiados para la situación.

—Hoy han pasado… demasiadas cosas. Demasiadas.

—Estás queriendo hablar del polvo que echamos —aclaró Aitana sin dejar de mirar el atardecer—. Joder, que hemos pasado mil putadas, la timidez sobra.

—Si todos hablaran con tanta sinceridad de estas cosas… —comentó él con una risa—. No sé, no me esperaba que ocurriera.

—Creo que a los dos nos hacía falta. Después de tanta muerte, tanto dolor y… —se quedó callada durante un instante—. Nos hacía falta después de tanta mierda.

—Sí, puede. Solo que fue... extraño.

Aitana se incorporó ligeramente y acercó a Hope con una sonrisa divertida en la cara.

—No jodas, ¿acaso fue tu primera vez?

—¡No! No… la tercera… Segunda y media.

La yegua marrón volvió a carcajearse durante unos segundos ante el avergonzado Hope Spell.

—¡Me parto! Fue casi como acostarme con una yegua.

—Eh… ¿Cómo se supone que debo tomarme eso?

—Bien, créeme, muy bien. Y eso que estábamos los dos hechos mierda. Aunque claro, quizá yo estaba siendo poco exigente —añadió, rodando los ojos en un fingido gesto de hastío.

Hope, entre divertido y algo azorado por la conversación, rió ligeramente.

—En ese caso quizá podríamos…

—¿Qué, acaso quieres repetir? —dijo Aitana, completando la intencionada pausa de Hope.

—¡Por favor! ¿Dónde ha quedado el romanticismo, querida? —respondió, forzando de nuevo el acento extranjero—. Estamos en primera clase, con todos los gastos cubiertos por los Cazadores Batpony. Aprovechemos la ocasión.

—¿Estás planeando cargar tus caprichos a una hermandad de asesinos sedientos de sangre?

—¿No había dicho que cuando acabara la batalla invitaba yo a la primera ronda?

Hope usó su magia para hacer sonar una campana que había a la entrada del camarote. A los pocos segundos apareció un diligente y elegante camarero.

—Por favor, tráiganos una botella de Chateau d'Ychiev, una botella de su mejor cava y un variado de sus especialidades. La señora y yo cenaremos a continuación. Cárguelo todo a mi cuenta.

—Inmediatamente, lord Richer.

En cuanto la puerta se cerró, Aitana miró a Hope fingiendo una falsa ofensa.

—Disculpa, ¿señora?

—Por favor, "queruida" —respondió él, aguantándose la carcajada—. A pesar de tu pasmosa juventud, técnicamente eres mi señora, la señora Richer, te recuerdo. Esa es la coartada para el viaje.

—¡Ja! —rió ella—. Pues esta señora te va a tumbar bebiendo.

—No llegarás a la tercera copa, chavala.


Una yegua unicornio de pelaje azul marino y crines plateadas entró en la sala del Trono de Cristal escoltada por una guardia Lunar a primeras horas de la noche. De hecho, la acompañante era la sargento Midnight Slash, quien propuso la creación de las milicias en la ciudad. Cadance parecía cansada, aunque algo curiosa, mientras que Shining Armor estaba ligeramente molesto ante la inoportuna visita, ya que esperaba pasar la noche con su esposa. Un elegante unicornio se adelantó a los dos monarcas.

—Señorita Moon Beam, sea bienvenida al Palacio de Cristal. Soy Zaphire Assistant, asistente de sus majestades Mi Amore de Cadenza y Shining Armor. Esperamos una explicación para tan prioritaria recepción, firmada por la asistente de la princesa Luna en persona.

—Majestades, agradezco su recepción, mas debo solicitar que los Caballeros de Cristal nos dejen a solas, si no es molestia.

—Creo que esa petición sobrepasa los permisos otorgados por la carta que justifica su presencia aquí, Moon Beam —respondió Shining Armor—. Mis guardias son de mi absoluta confianza.

—Entiendo eso, majestad. Mas nós no podemos permitirnos riesgos.

El cuerno de la invitada se iluminó y auras mágicas cubrieron las cabezas de los Caballeros de Cristal presentes y, al instante, todos ellos cayeron profundamente dormidos. Shining Armor se puso en pie, pero Cadance lo detuvo al reconocer el patrón mágico de la visitante.

—¡¿Tía Luna?!

La yegua recién llegada volvió a conjurar y la magia cubrió su cuerpo; su tamaño aumentó al momento, y las alas surgieron de debajo de su pelaje como si siempre hubieran estado ahí. Su melena pronto se volvió insustancial, como una representación de las estrellas que ella misma ponía en el firmamento. Midnight Slash, a su lado, se alejó unos pasos e inclinó respetuosamente ante la Princesa Luna. Antes de que pudiera decir nada, Cadance se adelantó y la abrazó efusivamente.

—Os pedimos perdón por el secretismo, sobrina —explicó Luna—. Mas el tema que nos trae aquí es de vital importancia y requiere que nadie sepa de nuestra presencia.


El bosque de Hollow Shades crecía a los pies de la montaña que compartía el mismo nombre, un lugar todavía cargado de historias de terror. Aunque la incorporación de los batponies a la sociedad Equestre había ayudado a acabar con gran parte de las leyendas acerca de esta raza, la parte más profunda del bosque seguía siendo, en su mayoría, desconocida al poni corriente. En parte, porque es muy difícil eliminar completamente el temor a un territorio, alimentado durante milenios por cuentacuentos y dramaturgos. Por otra parte, porque en esa zona había peligros que escapaban al control de los propios batponies.

Una compañía de la Guardia Lunar formaba en un claro. Todos ellos vestían armaduras de color azul marino, y estas mostraban sobre sus pechos la letra I, identificándolos como miembros de la Primera Compañía Batpony de la guardia lunar. Los primeros reclutas en ser entrenados como parte del ejército de Equestria. Un batpony, con armadura de oficial, se adelantó a la tropa: tenía el pelaje gris oscuro, y su melena azul eléctrico caía a ambos lados de su rostro por debajo del casco. Una cicatriz recorría su cuello y la parte baja del rostro, aunque estaba bastante disimulada bajo el pelaje.

—¡Tropa, capitán en el campo! ¡Firmes!

Mientras la cacofonía de los soldados formando moría, Rise Love aterrizó en el pasillo que estos habían abierto y caminó hacia el semental.

—Sargento primero Moonlight Sonata, ¿cómo está la tropa?

—Animada y saludable, capitán Rise Love—respondió—. Hemos tenido pocos problemas con un feral y algún depredador.

—¿Y cómo están los niños?

—¿Permiso para hablar extraoficialmente?

La yegua azulada sonrió y se adelantó, alzándose levemente para besar a su marido.

—Concedido.

—Te echan de menos —respondió—. Emerald sufrió la Sed hace una semana, estaba conmigo.

—¿Está bien?

—Sí, se recuperó en seguida. Los dos están con mi madre.

—Si la ves antes que yo, dale un beso de mi parte. Y dile que lamento no estar ahí para ayudarla.

Rise Love se alejó unos pasos de Moonlight Sonata, recuperando el porte marcial, y se giró hacia los soldados.

—¡Descansen! —toda la tropa cumplió la orden, posando los cuatro cascos en el suelo—. Soy feliz de volver a veros. Es gracias a vosotros que soy quien soy, vosotros seguisteis mis órdenes a ciegas, aún en situaciones desesperadas, aún en momentos de gran duda y terror. ¡Nosotros detuvimos la traición de los seguidores de Nightmare Moon, un grupo de novatos por los que nadie daba un bit de oro! Y aún con todo el horror que sufrimos entonces, aún con toda la muerte que vivimos, hoy debo pediros que me sigáis a un destino todavía peor.

La yegua caminó por el pasillo abierto hasta salir de él. Automáticamente, todos los batponies de la compañía cambiaron de posición para formar una línea frente a ella, con una coordinación casi perfecta.

—El potro de una amiga lee un cómic de súper héroes en el que vi una frase. Decía: "Dadme mil ponis lo bastante locos como para conquistar el infierno, y lo conquistaremos"***. Vengo de Germarenia, he luchado contra las huestes del Tártaro, y os digo que esto es solo el principio. ¡El Tártaro está intentando llegar a este mundo, y necesito soldados valientes dispuestos a combatirlo hasta el fin! ¡¿Sois vosotros esos ponis?!

—¡Sí, capitán!

—¡Te seguiremos, Rise!

—¡Por la Diosa Luna! ¡Por Equestria!

Rise sonrió mirando a los ponis, la gran mayoría compañeros de instrucción. Conocía aquella tropa a la perfección, sus debilidades y puntos fuertes, y siempre lamentó haber tenido que abandonarla por los Cazadores Batpony. Pero sabía que para lo que podía desencadenarse en el Imperio de Cristal, esos batponies eran los únicos a los que confiaría su vida ciegamente. Además, no podía volver a convocar a los Cazadores Batpony en tan poco tiempo.

—¡Sargentos, organicen a la tropa! Esta es una misión de infiltración, nos esconderemos cerca del área caliente y, si hay suerte, no tendremos que intervenir. ¡Partimos en quince minutos!


Aitana se despertó con un sobresalto, ahogando el nombre que había estado a punto de gritar.

Jadeó ruidosamente, intentando controlarse; el sudor cubría su pelaje, y un temblor tomó todo su cuerpo. A su espalda, Hope seguía durmiendo, siendo él quien pasaba una pata sobre ella en esta ocasión.

Con mucho cuidado para no despertar al semental, Aitana se apartó de él y salió del camarote. El vagón estaba prácticamente vacío, salvo por una pareja de ricachones que tomaba una copa entre las sombras del bar. La yegua marrón entró en el baño del mismo, a pesar de que había uno en su propio camarote. Cuando se encendió la luz -un práctico hechizo de la sala que automatizaba las lámparas, lujos de nobles y burgueses-, Aitana se vio a si misma reflejada en el ornamentado y dorado espejo.

La yegua que le devolvió la mirada al otro lado del mismo lloraba y jadeaba; Aitana cerró los ojos con fuerza y se frotó la cara, maldiciendo en voz baja. No conseguía enfocar su mente en un único lugar, vagando entre los recuerdos de su familia, de una amiga ahora perdida, de su tío, de Hope… de su madre. Y todo ello se mezclaba con todas las vidas que intentó formar en el pasado y que tuvo que abandonar, huyendo de los cultistas de Hellfire. Todos aquellos que dejó atrás, todos los sueños que una vez se atrevió a tener...

¿Por qué seguir adelante? ¿Por qué sigo luchando? ¡Otros deberían hacerlo, otros deberían sufrir! ¡Yo no soy quién…!

Aitana notó que esos pensamientos, de hecho, no eran suyos. Colgando de su cuello, la brújula rota brillaba con su enfermiza aura purpúrea. Con la cara compungida por la rabia y las lágrimas, tomó el objeto y lo lanzó con todas sus fuerzas al suelo.

La pareja en el bar se sobresaltó al escuchar el violento grito de la yegua marrón.

—¡Vete a la mierda!


El sol todavía no había salido cuando el primer tren hacia el Imperio de Cristal partió desde Ponyville. Los viajeros, cansados, subieron al mismo y se dispusieron al momento a echarse una cabezada con el tranquilo traqueteo de los vagones. Si no había retrasos, llegarían a su destino a última hora de la tarde.

Había, entre los viajeros, ponis de todas las razas e, incluso, un par de perros joyeros. La renovación de las técnicas de minería impulsada por Shining Armor y Cadance había atraído a esta raza normalmente poco amistosa con los pequeños ponis. Unos ponis de tierra cargaron varias cajas al vagón de mercancías. La última caja fue subida por un apuesto, fuerte y hercúleo joven que, al colocarla, hizo revolotear un poco de polvo que fue a dar con su hocico, haciéndolo estornudar. Fue entonces cuando la caja habló.

—¡Salud!

—Gracias… ¿eh?

—¡Spike, que no nos tienen que oír!

—¡Ups! Lo siento, ¡es la costumbre!

—¡¿Pero quién hay ahí?!

Una de las cajas se abrió y la cabeza de una poni de pelaje lavanda apareció.

—Usted disculpe —dijo Twilight, sonriendo avergonzada—, pero es que estamos de incógnito.

Un hechizo después, el joven semental miró al infinito y se marchó como si no se hubiese percatado de nada. Twilight suspiró abiertamente y se secó el sudor de la frente. A su lado, otra caja se abrió y apareció Rarity.

—Twilight, querida, podría discutir largo y tendido sobre tu inapropiada actitud al usar un hechizo desmemorizante en ese pobre, fornido y apuesto joven. Ahora, creo que es inaceptable, ¡inaceptable!, obligar a una dama como yo a viajar en estas condiciones insalubres. ¡Oh, mi pobre crin ya está sufriendo las consecuencias!

Una caja un poco más apartada, más que abrirse, estalló separando sus cuatro paredes y la tapa al mismo tiempo.

—¡Ah! ¡Yo no puedo estar encerrada más tiempo! —exclamó Rainbow Dash—. ¡Yo me ato con una cuerda al tren y lo sigo planeando detrás!

—Ah no, ¡eso sí que no! —respondió Applejack, asomándose de su propia caja—. ¿Qué pasa cuando crucemos un túnel, azucarillo?

—¡Pues me agacho!

—¡Eres capaz de quedarte dormida mientras vuelas como una cometa!

—¡No, no lo haré!

—¡Sí, sí lo harás!

—¡No, no lo haré!

—¡Uuuuuuh! ¡Pues debe ser muy divertido ir en tren como una cometa! —gritó Pinkie Pie, apareciendo de la nada—. ¡Yo también quiero ir con Rainbow Dash!

—¡Chicas, debemos pasar desapercibidas!

Súbitamente, Pinkie Pie estaba disfrazada de pollo. O quizá era un águila calva con crin rosa y esponjosa.

—¿Así?

—Eh, este, yo… —Twilight titubeó ante el disfraz instantáneo de Pinkie—. ¿Alguien ha visto a Fluttershy?

Hubo un golpecito en la madera que llamó a la atención a las yeguas y el dragoncito. Tras unas cajas, Fluttershy estaba tumbada junto a una gata que amamantaba a sus crías. La propia pegaso estaba acunando a un gatito en sus patas.

—¡Ooooooooh…! —exclamaron todos al mismo tiempo.

—Yo, este… yo estaré bien aquí.

—Twilight, azucarillo, ¿por qué nos ha pedido Luna que vayamos tan rápido y en secreto al Imperio de Cristal?

—No lo sé, Applejack, pero nos ha pedido que llevemos los Elementos de la Armonía. Algo malo debe estar ocurriendo.

El encargado de la estación hizo sonar su silbato durante unos largos segundos. La bocina del tren respondió y, al momento, el traqueteo de los vagones indicó que se habían puesto en marcha. Habiendo decidido no seguir su plan de viaje (todavía), Rainbow rebuscó entre las cajas para entretenerse. Al poco encontró unos periódicos, abrió uno al azar y encontró un reportaje sobre la batalla de Germarenia.

Y no tardó demasiado en encontrar la foto de Daring Do.


NOTA DEL AUTOR:

Ostras, con la tontería me he retrasado asi dos meses en actualizar. Vamos bien :P

* El pergamino de Molgan Karg es el que le muestra el profesor Roy Pones a Aitana cuando esta está en la cárcel.

** Líneas telúricas o líneas Ley: Es un concepto pseudocientífico que nació en 1921 como la teoría de que había caminos (o líneas) que unían sitios con importancia religiosa o histórica. Claro que luego se introdujeron conceptos como energía espiritual y demás… Como sea, es una teoría bonita para usar en la narrativa fantástica.

***Recuerdo que leí esa frase o una similar en alguno de los códex de Warhammer 40k años ha (dejé de jugarlo hace más de quince años, pero hay que reconocer que el trasfondo maravillosamente horrible).

Me temo que alguno os habéis tragado un poco un spoiler de "La Maldición del Batpony" con este capítulo. Pero era o seguir adelante o dar una pausa a esta historia para completar la otra, y lo cierto es que ahora estoy inspirado con esta.

Estamos llegando a un momento clave de "La guerra en las sombras", un momento que tenía en mente desde la propia concepción de Aitana Pones, aunque ha ido cambiando con el tiempo. Por cierto, accidentalmente (y gracias a una observación de UnIngeniero) resulta que en el capítulo anterior escribí sin darme cuenta el "retoce" entre Aitana y Hope. Aunque originalmente tenía una idea distinta de cómo iba a ocurrir, resulta que ese era el momento perfecto, tal y como se ha narrado al principio de este capítulo. ¡Gracias, unIngenieromás! :).

Por cierto: Originalmente quería escribir una saga de varios fanfictions sobre La Guerra en las Sombras. El primero iba a ser "La Guerra en las Sombras", el segundo, "La Tumba del Norte", y el tercero, "El alzamiento del Rey". Bien, el próximo capítulo será "La Tumba del Norte", ahí os lo dejo todo :P

¡Un saludo a todos y gracias por leerme!