La llegada al Imperio de Cristal no se retrasó un ápice. A primera hora de la mañana, el tren proveniente de Canterlot hizo su última parada, aunque este no se detenía en el interior del Imperio. Justo en el exterior de la cúpula que proyectaba el Corazón de Cristal había un pequeño pueblo donde se hallaba la estación del tren. A decir verdad, más que un pueblo en sí se trataba de un conglomerado de casas que alojaba a los trabajadores de la estación y que, con el tiempo, había visto el nacimiento de varios negocios y el asentamiento de varias familias.

El por qué algunos ponis decidirían asentarse en medio del frío invernal del norte, teniendo el propio micro-clima artificial del Imperio a tan solo un paseo, era algo que no muchos comprendían. O quizá era porque los ponis de cristal estaban tan aclimatados al frío que no notaban demasiado la diferencia.

En la estación aguardaban un buen número de carruajes preparados para llevar a los pasajeros. La mayoría eran simples transportes para llevar rápidamente a los pasajeros al calor del Imperio, aunque había algunos que eran extremadamente elegantes y climatizados. Fue precisamente el conductor (o, mejor dicho, el tirador) de uno de estos últimos que se acercó a Aitana y Hope cuando estos bajaron del tren, ambos perfectamente disfrazados como elegantes nobles. El viento sacudía sus melenas y vestimentas, obligando a Aitana a sujetar el increíblemente hortera sombrero para no perderlo. Hope, por su parte, no tardó en perder el monóculo.

—¡Sean bienvenidos, lord y lady Richer! —gritó el conductor por encima del viento—. Hay una tormenta en ciernes, les acompañaré a sus aposentos. Suban.

—¿Quién te env…?

—¡No recuerdo haber contratado un carruaje, caballero! —gritó Hope, interrumpiendo la barbaridad que, con toda probabilidad, iba a decir Aitana con la pregunta.

—La Diosa —respondió, en una voz a duras penas audibles para los dos—. ¡Suban, lord y lady Richer!

El semental fue a engancharse a la parte delantera del carruaje. Hope y Aitana se miraron y, tras un gesto del primero, subieron. El carruaje en si era un derroche de elegancia, tanto por dentro como por fuera, combinando artesanías en madera con incrustaciones de cristales y diamantes. Incluso tenía un diminuto mueble-bar en el interior.

—Podría acostumbrarme a vivir así.

—Yo no —respondió Aitana—. No me gusta que me lleven arriba y abajo.

El carruaje se desplazaba sobre la nieve con unos esquíes. La cúpula turquesa del Imperio cubrió toda la perspectiva, aunque era difícil ver detalles a través de la misma debido a la nevada y el viento. El conductor no aminoró la marcha un ápice y, en cuanto atravesaron la barrera mágica, los esquíes se convirtieron al instante en ruedas.

Ambos Arqueólogos bajaron las ventanas y miraron a su alrededor, impresionados. El clima perfecto del Imperio, en comparación con el invierno perpetuo que lo rodeaba, era lo de menos. Los edificios eran impresionantes, incluso en las periferias menos favorecidas de la ciudad. Cada casa estaba tallada en puro cristal, como si este hubiera crecido del suelo con el único propósito de convertirse en un edificio. A medida que se adentraban hacia el centro de la ciudad, los edificios aumentaron en tamaño y altura, convirtiéndose en auténticos palacetes. Y, en el corazón mismo del Imperio, el impresionante Palacio de Cristal se alzó en toda su deslumbrante gloria.

—No me lo creo… ¿Y este sitio ya era así hace mil años? ¡Hace la competencia a la mismísima Canterlot!

—¿Has visto los ponis de cristal? ¿Por qué podemos ver a través de ellos, pero no sus órganos internos?

—No seas desagradable.

El conductor dirigió el carruaje durante unos minutos hasta detenerse frente a la puerta de uno de los edificios que rodeaban el Palacio de Cristal. Se desató y, siguiendo perfectamente el protocolo, abrió la puerta a sus "lords" para que bajaran cómodamente.

—Hemos llegado, señores. Pónganse cómodos en el interior, los asistentes atenderán todo lo que ustedes requieran.

—Este… gracias.

—Vamos, querida —dijo Hope Spell tendiendo una pata a Aitana. Sin duda el semental era muchísimo mejor actor que ella.

El interior del lugar delató que se trataba de una casa de acogida para visitas oficiales de la corona. La entrada daba paso a un salón que, sin ser desproporcionadamente grande, poco tendría que envidiar a los hogares de muchos burgueses. Los muebles también estaban construidos con cristal y adornados con tapetes blancos y azulados.

—¿Dónde están esos… "asistentes"?

—No lo sé.

Escucharon el golpear de cuatro cascos a su espalda y se giraron a tiempo para ver a una batpony todavía recuperándose del aterrizaje. Era obvio que había estado oculta en el techo del edificio. Su pelaje era rojo oscuro, y sus crines azul marino. Portaba una armadura completa de la Guardia Lunar que la identificaba como sargento. Lo primero en lo que se fijó Hope Spell fue en sus pupilas, que no eran afiladas. O no era una Cazadora Batpony, o bien todavía no les estaba dando caza.

—Soy la sargento Midnight Slash, de la Guardia Lunar. ¿Cuál es vuestro nombre, el verdadero?

—No sé quién eres, ¿por qué debería decírtelo?

—Porque estáis rodeados por mis batponies, y si hacéis alguna estupidez os aseguro que será la última. Así que decidme quiénes sois.

Hope Spell se adelantó, alzando ligeramente el esmoquin que le cubría la marca de belleza.

—Yo soy Hope Spell, y ella es Aitana Pones. Una batpony nos habló de una sargento "de su confianza" en el Imperio.

—Esa batpony, ¿era una buena combatiente?

—La mejor. Una cazadora.

—¿Cómo se llamaba?

—Rise Love. Vive… lejos de aquí.

—¿Cómo de lejos?

—No lo sé. Ningún tren lleva a ese lugar.

Midnight Slash asintió y se llevó una pata a la oreja. Fue entonces cuando vieron que, oculta entre el pelaje de la misma, había una gema que tocó con el casco.

—Son ellos, vía libre. Asegurad el perímetro.

Pasaron menos de cinco segundos cuando hubo cuatro deflagraciones mágicas en la sala. Los príncipes regentes Mi Amore de Cadenza y Shining Armor aparecieron junto a un elegante unicornio de pelaje púrpura muy claro y crines naranjas. La cuarta poni en aparecer no era otra que la mismísima princesa Luna.

—¡Majestades! —exclamó Hope Spell, haciendo una pronunciada reverencia.

—¡Ahí va la hostia!

—Hay que apreciar la sinceridad —reconoció Shining Armor.

—Nós esperamos disculpen el celo de la sargento Midnight Slash —expuso Luna, adelantándose—, mas tras el mensaje que recibimos supimos que la Guardia Lunar era la indicada para llevar este asunto con sigilo.

—Bueno, los Caballeros de Cristal también podrían… —Shining se calló al ver que su mujer, Luna y Zaphire Assistant lo miraban con gesto condescendiente—. ¿Qué?

—Majestades, ¿puedo proponer que pasemos a hablar del tema que nos atañe? —preguntó Zaphire—. Por favor, por aquí.

El elegante unicornio guió al grupo hasta una gran mesa de cristal, en la que había una tetera y ornamentados vasos de cristal tallado para todos. Lo que hizo que tanto Aitana como Hope abrieran la boca fue que, al conjurar Zaphire, una proyección en tres dimensiones de todo el Imperio de Cristal se formó sobre la mesa. Hope pasó una pata a través de ilusión, constatando que era insustancial, como un espíritu.

—El cristal de las minas del Imperio tiene este tipo de propiedades —explicó Cadence—. También es muy útil para hacer artesanías.

—Doctora Pones y señor Hope Spell, ¿podrían exponer lo que saben? Por seguridad.

—Claro —respondió Hope—. El Weischtmann, creemos que un antiguo gran señor del Terror y la Tortura, se halla encerrado en algún lugar cercano al Imperio. Creemos que está atrapado en un mausoleo, probablemente oculto en el hielo, en la convergencia de dos líneas telúricas, y tenemos muchos motivos para creer que la Hermandad de la Sombra, la misma tras los ataques a Cérvidas, Germarenia y el alzamiento de Manresht, así como el intento de asesinato de la doctora Pones, pretende liberarlo. Desconocemos los motivos.

Shining Armor habló con firmeza.

—Vale, decís lo mismo que la carta. Pero por lo que a mi respecta podríais estar vosotros mismos detrás de lo de este demonio, si es que existe. ¿Por qué debería creeros?

—¿Qué? Joder, lo que me faltaba… ¿Te crees que una tipa como yo ha engañado a todo el mundo, incluido pasando tres meses de cárcel, para llegar hasta aquí y ahora? ¡Tienes que estar de broma!

—¡Tú misma, doctora Pones, liberaste a un hechicero infernal en Manehattan!

—¡Usted disculpe por haber puesto a toda la Guardia Solar en alerta! ¡Que no tenían ni idea de cómo enfrentarse a algo así!

—¡Un respeto, que a muchos de esos guardias los entrené yo mismo y sirvieron conmigo!

—¡Pues eso no…!

—¡Aitana, por Celestia, cállate!

La discusión fue coreada por la risa divertida de Cadence.

—De tal palo tal astilla, veo —dijo la princesa del amor—. Tu padre tampoco se deja impresionar por la corona, Aitana. Me trató a mi misma como una alumna más, pero evitemos discusiones, por favor. Te voy a pedir que moderes tus modales aquí, y más aún con mi marido.

—Shining Armor, olvidáis que nós ya sabemos de Aitana Pones y Hope Spell —añadió Luna—. Confiamos en ellos, por favor, haced lo mismo.

—¿Ya sabe de nosotros? —preguntó Hope, con los ojos abiertos como platos—. Cómo… ¿por qué…?

—Los detalles carecen de importancia en estos momentos. Zaphire Assistant, por favor, exponed lo que habéis averiguado.

El elegante unicornio conjuró y la representación del Imperio de Cristal se redujo de tamaño hasta mostrar todos los territorios circundantes. Sobre los mismos, dos brillantes líneas de un grosor que en el mundo real abarcaría varios kilómetros aparecieron, cruzándose en un punto al noroeste.

—He aquí las líneas telúricas más cercanas. El problema es que, como verán, su cruce técnicamente abarca una zona de casi veinte kilómetros cuadrados. Y ese no es el único problema: Este es el cruce más cercano, pero si ampliamos el área a veinte kilómetros cuadrados, nos encontramos con otros cuatro.

El mapa holográfico mostró un área aún más grande, así como todos los cruces localizados. Aitana Pones se inclinó sobre el mismo y lo estudió durante unos instantes.

—Bien, tiene que haber algo más —explicó—. Habiendo pasado más de un milenio, no puede ser fácil acceder a él. Si yo intentara ocultar algo así en esta zona, lo ocultaría bajo el hielo. Incluso si conocen su localización exacta necesitarán empezar una excavación, y eso requiere movilizar equipos, herramientas y maquinaria.

—Eso mismo pensé yo. —intervino Cadence—. Hemos localizado al menos cinco excavaciones. Zaphire, ¿has podido averiguar quién las financia?

—Sí, majestad. Los fondos llegan a través de un entramado de empresas e intermediarios, pero no hay duda: Esta excavación —dijo señalando una en concreto— está financiada por la familia Diamond. Estas otras tres, si bien no están financiadas directamente, reciben fondos de alguna de las compañías controladas por la familia.

—¿Y esta última?

—Financiada por fondos privados y por la Universidad de Trottingham.

—Entonces es ahí.

Shining Armor miró a su esposa, con la duda reflejada en el rostro.

—Amor, ¿estás segura? Esa no está financiada por ellos.

—Claro. Ya sabes que los Diamond están detrás del ataque, y que Lady Diamond sabe que yo me di cuenta. Sabiendo eso intentará lo imposible por engañarme, por lo que usarán varias excavaciones falsas y una que parezca la correcta, pero ahí habrá una trampa.

—Pero Cadence…

La alicornio del amor guiñó un ojo a su marido.

—Déjame la política y el juego de los nobles a mi, cariño. Es ahí, confía en mi.

—¿Quién demonios son los Diamond? —preguntó Aitana.

—Una familia noble que, sabemos, sirvió la dictadura del Rey Sombra, aunque la falta de pruebas nos ha impedido actuar contra ellos —explicó Zaphire Assistant—. También creemos que están tras el ataque al Imperio hace unos meses.

—¿La familia Diamond servía a Sombra? —intervino Hope—. Entonces… hay algo más que deberían saber, sus majestades.

Todos se quedaron mirando a Hope Spell.

—En Germarenia hemos averiguado el nexo de unión entre todos los ataques. La auténtica identidad del demonio al que sirve la Hermandad.

El señor de las Sombras —intervino Luna—. Nós hemos oído ese nombre varias veces el último mes.

—Es el Rey Sombra.

Los tres regentes, el consejero real y la sargento batpony se levantaron al mismo tiempo.

—¿Qué?

—Es él. Se preparó por si no conseguía controlar el Imperio, se preparó por si el Corazón de Cristal lo devolvía al Tártaro. Corrompió a otro cazador de demonios y desencadenó el ataque de Baraz sobre Germarenia. No sabemos su plan, pero su objetivo es regresar al mundo de los vivos.

—¿Por qué quiere liberar el Weischtmann entonces? ¿Qué gana con ello?

—A saber —dijo Aitana, respondiendo a la pregunta Zaphire Assistant—. Quizá pretenden esclavizarlo para que alimente a Sombra, o liberarlo o qué sé yo. Lo único que sé es que debemos detenerlo a toda costa.

—Es estrategia.

Todos miraron a Shining Armor, quien miraba el mapa como si hubiera comprendido algo.

—Van a liberarlo. Según vosotros, este gran demonio conquistó casi toda la extensión de Equestria, desde aquí hasta Germarenia. Tuvieron que aliarse los ejércitos de Unicornia, Cérvidas, los Reinos Lobo… Si este ser se libera tan cerca del Imperio de Cristal, tendrán vía libre para actuar donde les venga en gana.

—Pero, este gran señor de la Tortura, ¿no se volvería en contra de Sombra también?

—¿Y eso qué importa? —esta vez fue Midnight Slash quien habló—. Podrían atacar el sur de Equestria, u otros países mientras nosotros estamos demasiado ocupados defendiéndonos.

La sargento batpony dejó de hablar de golpe y se giró, pero se calmó en un instante, bajando la daga que ya había desplegado de un enganche de sus cascos. Un instante después, otra batpony apareció caminando desde una habitación cercana.

—Disculpen el sigilo —se excusó Rise Love—, pero no quería perder tiempo.

—¡Capitana Rise Love! —exclamó Shining Armor, levantándose—. Han pasado años. No la esperaba aquí.

—Capitán Shining Armor, ¿se ha retirado a una vida más tranquila?

—Ahora es "Príncipe regente" o "majestad". Pero reconozco que prefería las maniobras. Por ejemplo, aquella en la que mis soldados y yo te salvamos el flanco, Rise.

—Disculpe usted —respondió ella bromeando evidentemente—, pero la Guardia Solar no habría tenido ninguna posibilidad si mi compañía no les hubiera allanado el camino.

Shining Armor y Rise Love chocaron un casco, tras lo cual él murmuró "te dije que no me equivoqué al darte el rango" con una sonrisa*.

Tras aquel intercambio, Rise Love saludó a Cadence y la princesa Luna con respetuosas reverencias, y dirigiéndose a la segunda como "mi Diosa". Hope Spell encontró muy curioso ver cómo, tras el saludo militar reglamentario, Rise Love y Midnight Slash se fundieron en un abrazo. Finalmente, la Cazadora batpony se dirigió al resto.

—Mi compañía está a seis horas de distancia de aquí y acercándose. Agradecerían un lugar cálido donde descansar antes de la batalla.

—Lo tendrán —aseguró Armor—. Discutamos el plan.

La capitana de la Guardia Lunar y el príncipe del Imperio de Cristal pasaron los siguiente minutos discutiendo la estrategia. La excavación objetivo estaba situada al noreste del Imperio, y las montañas que rodeaban el Imperio bloqueaban las rutas hacia cualquier dirección que no fuera el sur, el oeste o el noreste. Ambos capitanes se pusieron de acuerdo rápidamente sobre cómo usar el terreno a su favor.

Los Caballeros de Cristal, apoyados por los miembros de la Guardia Solar enviados por Equestria, cubrirían el flanco oeste. Los batponies de Rise Love aguardarían ocultos en el sur y avanzarían para hacer atacar al enemigo por el flanco si se habría un portal al Tártaro. En el peor de los casos, protegerían la frontera sur para evitar que una invasión demoníaca avanzara hacia Equestria.

—¿Y qué hay del noreste? —objetó Aitana Pones—. Si los demonios avanzan hacia las tierras salvajes encontrarán poca resistencia.

—No tenemos las fuerzas necesarias para evitarlo —respondió Shining Armor—. El asentamiento salvaje más cercano está a varios días de camino, nos dará tiempo a hacer algo mientras lo alcanzan.

—Pero eso será solo si consiguen liberar a Weischtmann. Tenemos que detenerlos.

Aitana miró a Hope Spell y asintió; el joven semental no podía ocultar completamente el temor que sentía, pero en sus palabras había decisión. Todavía no era un gran combatiente ni un experto cazador de demonios, pero Aitana sentía orgullo por él. Cómo había cambiado, cómo se había adaptado al desastre de Germarenia, cómo la había…

La yegua marrón notó que Cadence la estaba mirando fijamente, pues se había quedado callada durante unos segundos.

—Sí. Tenemos que ir ya.

—Iremos nosotros tres —intervino Rise Love—. Cuantos menos mejor, cuanto más sigiloso mejor. Midnight Slash, encárgate tú de los guardias lunares del Imperio, los conoces mejor que nadie. El sargento mayor Moonlight Sonata dirigirá mi compañía si se le da la señal.

—Yo apoyaré a la Guardia Lunar en el sur —señaló Cadence—. A falta de unicornios, mi magia podrá protegerlos.

—Cadence, amor, sé que no voy a poder convencerte de que no vayas, pero…

—No. No puedes, Shining —dijo ella con media sonrisa—. Además, puedo controlar el Corazón desde fuera del Imperio también, podría ser de utilidad.

El blanco unicornio asintió, mirando a su esposa, antes de continuar.

—Está de más decir que yo dirigiré a los Caballeros de Cristal desde el oeste.

—Nós estaremos atrás. Si Weischtmann es liberado, nós entablaremos combate con él y lo devolveremos al Tártaro.

—Princesa Luna, escuche —dijo Aitana, hablando a alguien respetuosamente por una vez en su vida—. No sabemos bien a qué nos enfrentamos, o si ni siquiera es posible matar a Weischtmann.

—No olvidéis, Aitana Pones, que soy una Diosa. Soy aquella que vela por los sueños y lucha contra las pesadillas. No soy invencible, pero no podrá usar el terror contra mí, eso os lo garantizo.

Zaphire Assistant, viendo que el plan estaba trazado, se adelantó.

—Las milicias a duras penas han empezado su entrenamiento, pero podrán encargarse de evacuar a la población a los refugios de ser necesario. Me encargaré de ello.

—La guardia Batpony del Imperio permanecerá atrás para proteger a la población. De ser necesario avanzaremos para apoyar en la batalla.

—Bien —sentenció Cadence—. Preparémonos. He ordenado traer equipo de la armería, tenéis mi permiso para coger lo que necesitéis.

—Todavía no, sobrina.

Todos los ojos se giraron hacia la Princesa de la noche. Luna hablaba con mucha calma y lentamente.

—Nós no podemos explicar por qué, mas hay más piezas en juego en este momento. Debemos aguardar a que todas estén en posición esta noche.

—¿Qué? ¿Quiere que esperemos? ¡Princesa, no hay tiempo que perder, podrían liberar a ese monstruo en cualquier momento!

—Debemos tener paciencia en estos momentos, doctora Pones.

—¡Y un cuerno! ¡Tenemos que ir ya, si usted no va a ayudar…!

Aitana tuvo tiempo a ver cómo la magia surgía del cuerno de Luna antes de caer profundamente dormida. Hope Spell rió en voz baja.

—Princesa, tiene usted que enseñarme a hacer eso. A veces es difícil parar los cascos a esta yegua cabezota.

—No es más que un sencillo hechizo adormecedor —explicó la alicornio—. Mas la doctora Pones demuestra gran fortaleza mental. Yo de usted no lo intentaría.

—Tía —interfirió Cadence—, ¿cuál es el plan?

—Exactamente el que hemos decidido. Mas esperaremos a esta noche para atacar, confiad en nós.


El sol ya estaba ocultándose cuando Luna permitió que Aitana despertara. La yegua maldijo en todos los idiomas que conocía, pero ante la amenaza de ser encerrada si intentaba ir a solas acabó desistiendo de su actitud. En lugar de ello puso su atención el equipo que Cadence había ordenado traer de la Armería.

Aitana, junto a Hope Spell y Rise Love, revisó las armas disponibles, poniendo atención a los virotes de ballesta: sus puntas eran de cristal, y era obvio que tenían propiedades mágicas. Descubrió pronto que podía imbuir estos virotes con pequeños hechizos rúnicos. Se preguntó si podría usarlo para inmovilizar a un demonio…

—Me he fijado en cómo miras a Hope Spell, Aitana.

La aludida encontró a la princesa Mi Amore de Cadenza justo a su espalda. Miró alrededor, viendo que Hope Spell estaba lejos. A Rise no pudo verla, aunque eso no significaba nada en el caso de la batpony.

—No sé de qué hablas y tampoco es asunto tuyo, princesa.

—Es normal temer volver a amar cuando perdemos a algo o alguien querido. Y tú has perdido mucho, Aitana.

—¿Pero de qué demonios estás…? —la yegua marrón puso cara de circunstancias al atar cabos ella misma—. Aj, esa condenada psicóloga de pacotilla.

—Bueno, una princesa como yo debe mantenerse bien informada —bromeó Cadence.

—¿Y qué diantres quieres de mi, princesa? ¿Que corra a darle un morreo? ¿O prefieres que…? Agh, mejor me callo, que estoy ante la realeza.

—Que no pierdas la esperanza.

Aitana no respondió a eso, centrándose en coger dos dagas de cristal y añadirlas a sus alforjas, preparadas para ser usadas en cualquier momento.

—Cuando el Rey Sombra apareció, yo pude mantener a raya su magia y el embate del clima de norte durante días. Y no fue porque yo sea especialmente poderosa: fue el amor de Shining Armor lo que me dio fuerzas, lo que me permitió resistir.

—No soy una potra enamoradiza, princesa.

—Pero has estado sola tanto tiempo que ahora no sabes lo que sientes.

La Arqueóloga detuvo su búsqueda al oír eso.

—No sé lo que vais a vivir ahí dentro, pero quizá vuestros sentimientos sean vuestra mejor protección. Amor, amistad… Realmente no importa, solo importa no negarlos.

Aitana rió tristemente en voz baja.

—No sabes nada, princesa —respondió—. Los demonios usan todo lo positivo que tenemos contra nosotros: tus esperanzas, tus sueños, aquellos a los que amas y tu propia mente y espíritu. Me encanta poder luchar junto a alguien como Hope, joder, ¡claro que sí! Pero no es amor.

—El amor raramente es el flechazo que describen en canciones y poemas. Tú te preocupas por él, y no me mires así. Lo sé, soy la princesa del Amor.

—¿Y qué quieres que haga, Princesa? —Aitana dijo el título con algo de sorna—. ¿Si tengo que escoger entre ayudarlo a él o evitar miles de muerte? ¿O si él tiene que dejarme atrás para parar al Weischtmann? Esto no es amor, Cadence, deja de meterte en mi vida. ¡Hope, Rise! ¿Estáis listos?

Cadence no dijo nada más, viendo cómo el trío se enfundaban sus abrigos y se dirigían al exterior. La alicornio hizo entonces un conjuro que mientras pronunciaba unas palabras. Un corto mensaje que sabía solo sería escuchado por la doctora Aitana Pones.

"La respuesta es 'sálvalo'. No te conviertas en aquello contra lo que luchas".


A pesar de que les proporcionaron el equipo necesario y les dieron indicaciones sobre cómo llegar, el viaje fue arduo. Aunque la ventisca no les molestaba demasiado para avanzar, tardaron varias horas en atravesar la nieve virgen y blanda. Para cuando consiguieron llegar a la excavación ya casi era media noche. Hope, Aitana y Rise iban cubiertos con abrigos de color blanco que les ayudaban a camuflarse en el entorno; la batpony, en concreto, llevaba un práctico atuendo que le permitía liberar fácilmente las alas. El viento arreciaba con fuerza, arrastrando la nieve consigo y dificultando la visión, cosa que tampoco significaba mucho al ser ya noche cerrada. Hope se llevó un casco a la oreja, donde llevaba una gema como la que había usado Midnight Slash. Según le explicaron, era un artefacto relativamente nuevo en el imperio y permitía comunicarse a unos pocos kilómetros de distancia.

—Estamos en posición —murmuró, y luego escuchó lo que le respondían—. Entendido. Todos están en su sitio —explicó a sus acompañantes—, y tu compañía ha llegado también. Tenemos luz verde.

—Esperad aquí.

Diciendo eso, Rise Love echó a volar hacia la tormenta. Aguardaron durante bastantes minutos hasta que la Cazadora regresó.

—He visto a varios guardias unicornio y algún poni de tierra.

—Espera, ¿visto? —preguntó Hope—. ¿Cómo puedes ver nada en esta oscuridad.

Las dos yeguas miraron al semental con cara de circunstancias. Rise Love señaló sus propias orejas.

—Oh… Eco localización, como los murciélagos, claro —dijo este, sonrojándose—. Perdón. Sigue.

—Hay varios unicornios y algún poni de tierra; todos llevan armas ocultas. Más adelante he detectado algo de metal y madera, máquinas de construcción creo, y hay una cueva excavada en el hielo. Debe ser ahí.

—No detecto rastros de magia infernal —informó Hope—. Tampoco de magia negra o nigromancia. ¿Seguro que es aquí?

—Solo hay una forma de averiguarlo. Vamos.

—Os guiaré para esquivar a los guardias.

El grupo fue avanzando poco a poco, hasta que Rise Love les ordenó detenerse. La Cazadora Batpony trotó hacia delante, agazapada como un gran felino, hasta que se perdió en la oscuridad. Pasaron varios minutos en los que los truenos resonaron entre las nubes y la nieve siguió cayendo con fuerza.

Cuando Rise regresó, lo hizo a todo correr.

—¡Se repliegan! —exclamó en un susurro gritado—. No lo entiendo, ¡no me han visto, no he alcanzado a ninguno, pero están retirándose hacia la excavación! ¡Es como si supieran que estamos aquí!

—¡¿Cómo es posible?!

—Oh no… Hope, ¿Has escaneado a Rise con tu magia desde que la liberaste?

—¿Qué? ¡No, rompí la magia de Sharp Mind!

—¡Solo rompiste la dominación! ¡Busca magia en Rise, ahora!

El unicornio conjuró y la magia blanca bañó a la alicornio azulada. Hope inspiró sonoramente.

—No… ¡Hay algo, un rastro de magia negra!

—¡Es un rastreador! ¡Te han detectado, saben que estás con nosotros! ¡Saben que estamos aquí! ¡Ese hijo de puta de Sharp Mind nos la ha vuelto a jugar! ¡Hope, dame el comunicador y disipa la magia de Rise!

Mientras Hope empezaba a conjurar, Aitana tomó la diminuta gema y se la puso en la oreja.

—¡Nos han detectado! ¡Vamos a entrar!


—¡Sargentos, adelante, mantengan formación! ¡Escuadrón aéreo, despejen el clima!

Los Caballeros de Cristal avanzaron. A pesar de sus pesadas armaduras del mismo material, algún tipo de magia en esta especie de poni hacía que pudieran caminar por encima de la nieve virgen sin que ni esta ni el frío les inmutara lo más mínimo. La Guardia Solar, más ligera, tomó los flancos de la formación mientras los unicornios formaban una linea tras todos los soldados.

Los pegasos hicieron su trabajo y, al poco, una zona de clima suave se formó. La nieve dejó de caer y el ejército del Imperio de Cristal pudo empezar a ver a algo de distancia, ayudados por grandes orbes de luz que los magos conjuraron. Ello los salvó de la emboscada.

—¡Movimiento!

La nieve frente al ejército se removió cuando algo surgió de la misma. Demacrado, con heridas incompatibles con la vida, el cadáver de un poni de cristal se levantó y marchó erráticamente hacia los vivos. Como él, otros muchos, docenas, se alzaron, unos pocos de ellos apareciendo detrás o entre el ejército del Imperio de Cristal. Algunos todavía tenían pelaje, otros muchos eran meros esqueletos, y todos ellos marcharon contra el ejército de Cristal.

Pero Shining dedujo inmediatamente que el peligro no era tan evidente.

—¡Magos, Barrera y Revelación!

Los unicornios siguieron las órdenes de Shining Armor con coordinación; una barrera semitransparente se formó frente a la formación y, al momento, algo invisible la golpeó. Con un segundo hechizo, los espectros se hicieron visibles: transparentes, negros como la sombra de una pesadilla y deformes; solo tenían un brazo que acababa en una alargada cuchilla de sombras.

—¡Escuadrón aéreo, usen las puntas de cristal!

Los pegasos, que ya se habían adelantado a la orden que iba a dar el príncipe regente, dispararon a las apariciones. Los virotes las atravesaron limpiamente, pero ahí donde lo hicieron los espectros empezaron a consumirse como si fueran devorados por algún tipo de fuego mágico.

—¡Caballeros, demuestren estar a la altura de sus leyendas! ¡Acaben con ellos!

Con un rugido, los Caballeros de Cristal galoparon al encuentro de los zombies que intentaban demorar su marcha. Los no muertos no tuvieron ninguna posibilidad, siendo ensartados y aplastados bajo los pesados cascos armados de los soldados. Shining Armor tocó la gema de su oreja mientras los seguía.

—¡No muertos, tenemos no muertos y espectros! ¡Avanzamos!


La cúpula del Corazón de Cristal se tornó roja, iluminando la ciudad a pesar de ser noche cerrada.

Una pareja de grifos, un macho adulto y una hembra adolescente volaron entre los altos edificios que formaban su vecindario, viendo a los ciudadanos correr por sus vidas. Sin siquiera mirarse, picaron hacia el suelo y aterrizaron rápidamente en un punto visible por todos.

—¡Tranquilos, ponis! ¡Por aquí, al refugio, recordad los protocolos! ¡Al refugio!

Mientras los ciudadanos seguían las instrucciones dirigiéndose a los refugios más cercanos, Zaphire Assistant llegó, galopando a toda velocidad, al noreste del Imperio. Los cabos de la milicia observaban aterrados las apariciones al otro lado de la barrera que protegía su hogar: unas figuras fantasmagóricas negras volaban en el exterior, golpeando la cúpula con una única garra larga y afilada. Los chirridos que emitían al ser repelidas por el Corazón de Cristal heló la sangre del elegante unicornio.

Con un hechizo, abrió todas las puertas de las casas cercanas cuyos habitantes no se habían atrevido a salir.

—¡Todos fuera, sigan a la milicia a los refugios! ¡A los refugios, ahora! —mientras las milicia sacaba a los aterrados ciudadanos de sus casas para protegerlos, Zaphire se llevó una pata a la oreja—. ¡Hay espectros, están golpeando la cúpula! ¡Los ciudadanos van a los refugios!

Zaphire galopó de vuelta al centro de la ciudad, siguiendo a los ciudadanos que buscaban refugio a su vez.


—¡Avanzamos! —gritó el sargento Moonlight Sonata—. ¡Princesa Cadenza, manténgase detrás!

El ejército batpony volaba a poca altura, avanzando hacia el norte rápidamente. Varios soldados se adelantaron para explorar por delante de la formación. Moonlight Sonata encabezaba a los batponies y podía sentir la inquietud de su compañía. La estepa era todo lo contrario a los espacios cerrados y la oscuridad de los bosques en los que eran fuertes. Por si eso no fuese suficiente, la tormenta solo permitía la visión a unos pocos metros por delante, pero por suerte los batponies podían usar sus ultrasonidos para "ver" sin demasiados problemas.

Los truenos sonaron entre las nubes; un batpony gritó una alarma antes de que un rayo iluminara la escena.

Todos los batponies se detuvieron al ver a uno de sus compañeros, un explorador que había sido enviado por delante, quieto sobre sus cuatro cascos. Este se encaraba hacia la formación con los ojos cerrados sin reaccionar a nada. El sargento Moonlight Sonata se acercó al soldado.

—¿Qué haces, soldado?

En la distancia, Cadence observó la escena (gracias a un sencillo conjuro para ver en la oscurida) sintiendo que faltaba algo en la misma. Tenía una sensación de irrealidad, como si fuese un dibujo hecho por un artista desprovisto de emociones.

—¡Soldado, responde! —gritó el semental gris oscuro—. ¡¿Qué ocurre, qué has visto?!

El aludido alzó la cabeza y abrió los ojos. Unos ojos negros como la noche en su totalidad, tan oscuros que parecían carecer de pupila. Y Cadence sintió un vacío. Allá donde debería poder sentir el alma del batpony había ausencia: ausencia decariño, de amor, de miedo… o cualquier otra cosa. No había sentimiento alguno en aquel batpony, como si fuese un juguete abandonado.

Cadence hechizó y apartó al Sargento Primero de la criatura. Con un segundo conjuro, un aura rosácea se acumuló en su cuerno y estalló en una deflagración energética. Una multitud de luces multicolor cubrieron el campo de nieve a pocos metros de altura e iluminando en un gran área en torno al ejército. En un principio, la princesa vio a más de los batponies que se habían adelantado regresar con las armas desenvainadas. Al principio pensó que se alejaban de una sombra que reptaba por el suelo como una mancha de tinta..

Pero las sombras reptaron al lado de esos batponies… y sobre ellos. Todos ellos caminando como un único ser hacia la Guardia Lunar.

—¿Qué es eso? En nombre de la Diosa, ¡¿qué es eso?!

—¡Atrás, atrás!

Cadence tomó al sargento Moonlight Sonata, cuyos ojos habían empezado a oscurecer, y lo estudió brevemente. Sintió el mismo vacío en él, pero mucho menos intenso. Amor. Le habían arrancado el amor… y el miedo, el dolor, la alegría, la tristeza… La princesa tocó la cara del batpony mientras conjuraba. A los pocos segundos, el semental dio un respingo y gritó.

—¡Rise! ¡Emerald, Dusk! Qué… ¿princesa?

El semental miró alrededor, recordando dónde estaba. Observó la aparición que se acercaba a ellos, como una sombra de muerte. Un violento rayo iluminó brevemente, tiempo suficiente para que el sargento estudiara al enemigo.

—¡Son criaturas, miles de ellas! ¡Dejan marcas en la nieve! ¡No dejéis que os toquen, no dejéis que se acerquen! ¡Ballestas! ¡Romped la formación! ¡Princesa, mantenga a estas cosas lejos de mis soldados! ¡Disparad!

Cientos de batponies dispararon sus armas al mismo tiempo. El enjambre de sombras reptó a toda velocidad al encuentro con los batponies… y los virotes fueron inútiles. Allí donde caía uno, la sombra abría un agujero para esquivarlo. Allá donde un virote alcanzaba su objetivo, el enjambre parecía ignorarlo. Cadence vio que el primer batpony poseído llegaba al encuentro con sus compañeros, siendo recibido por una yegua. La alicornio quiso conjurar y apartarlo antes de que pudiera poseerla como había intentado con el sargento.

Pero esa yegua detuvo el ataque y, con un grito de ira y lágrimas, no dudó un instante en arrancarle la vida a su compañero. La princesa apartó la mirada y se concentró en crear una barrera para detener el avance del enjambre de sombras. Moonlight Sonata gritó una orden ultrasónica, y todos los disparos de ballesta se concentraron en una pequeña zona por la que la sombra estaba rodeando la barrera de Cadence… y la sombra gritó. Gritó y retrocedió. Con una nueva orden, los disparos de ballesta empezaron a abrirse en un arco cada vez mayor, y el enjambre siguió retrocediendo. Cadence concentró su magia en un rayo de luz que usó contra ese insustancial enemigo, consumiéndolo allá por donde pasaba. Los cadáveres de los batponies que habían sido poseídos pronto fueron dejados atrás.

—¡Avanzad! ¡Acabad con esas cosas! ¡Devolvedlas al infierno del que hayan salido!

La Guardia Lunar empezó a avanzar paso a paso, aleteo a aleteo, mientras la sombra retrocedía y gritaba ante sus ataques. Cadence los apoyó, convocando barreras para frenar los ataques de los seres antinaturales, o lanzando brillantes rayos de luz para acabar con los mismos. Pocos minutos pasaron cuando el último reducto del enjambre de sombras desapareció bajo los proyectiles de los batponies.

Cuando ello ocurrió, los Guardias Lunares formaron en círculo, dejando a la princesa Cadence en el centro del mismo. Vigilaban alrededor en un silencio solo roto por el aullar del viento.

—Algo no va bien, sargento primero —susurró una yegua—. Esto ha sido demasiado fácil.

—Guarda silencio, Whisper —respondió Moonlight—. Permaneced atentos.

A oídos de los batponies, no había silencio: todos ellos, casi un centenar, estaban usando ultrasonidos para escanear los alrededores. Incluso con la luz convocada por Cadence, era difícil ver nada más allá de unos pocos metros.

Algo se mueve ahí fuera.

Yo también lo siento —respondió Moonlight en su idioma ultrasónico—. Elévate y observa, Ruby…

Moonlight Sonata no sintió a su compañera elevarse como había ordenado. Y esta tampoco respondió, a pesar de que estaba seguro de que lo había oído. Giró una oreja hacia ella y lo que no escuchó hizo que se le helara la sangre:

Su compañera no respiraba.

Se giró rápidamente, justo a tiempo para detener el ataque de la misma. La yegua tenía los ojos completamente negros y su rostro estaba relajado, como si fuera ajena a todo lo que ocurría. Y, por sus cuartos traseros, una mancha oscura se extendía.

Entonces vio la sombra surgir de la nieve bajo sus mismos cascos.

—¡Volad, volad!

La unidad respondió rápidamente, pero era demasiado tarde. Los batponies gritaron aterrados cuando el enjambre de sombras extendió sus tentáculos al aire. Uno a uno, los soldados fueron atrapados y engullidos por la sombra, otros corrieron la misma suerte cuando intentaron ayudar a un compañero caído. En cuestión de segundos, cada vez hubo más silencio, cubierto por una risa desprovista de toda emoción: la risa del enjambre dándose un festín con las almas de aquellos mortales.

Una luz detonó encima de la formación.

La sombra se encogió durante un instante; fue solo un momento, pero el suficiente para que la princesa del Amor pudiera conjurar una segunda vez: Los batponies más cercanos, aquellos que aún no habían sucumbido, fueron levitados hasta ella y una burbuja de energía se formó a su alrededor.

Las luces que había convocado antes se apagaron, y todo quedó sumido en la más absoluta oscuridad. Moonlight Sonata golpeó infructuosamente la barrera que le había salvado la vida a él y a unos pocos de sus soldados.

—¡¿Whisper?! ¡¿Dawn?! ¡¿Ruby?! ¡Que alguien responda, soldados, respondan!

Moonlight Sonata emitió también un grito ultrasónico mientras golpeaba la cúpula para intentar salir. Dentro de la misma casi no se oían los sonidos del exterior, y los gritos del Sargento Primero resonaban en el interior. El resto de soldados miraban alrededor alterados, emitiendo sonidos que poco tenían que ver con cualquier idioma conocido alternados por llamadas a la Diosa Luna.

—¡Princesa, déjenos salir! ¡Debo ayudarlos!

—No puedo… ¡nos ha engañado! ¡Nuestras armas no les afectan!

—¡Abra la barrera! ¡Ábrala!

—¡Si la abro vosotros también…!

—¡Sargento, mire!

Fue entonces cuando descubrieron que la oscuridad… no era tal. El enjambre de Sombras había cubierto por completo la burbuja protectora de Cadence, opacándola. La luz que el escudo emitía pareció frenar a la masa antes de que lo tocara, pero fue entonces cuando las vieron: alguna de las miles de criaturas negras que formaban el enjambre se dejó ver cuando salió del mismo; pequeña, oscura y semitransparente, los miró con unos diminutos ojos plateados. Enseñó unas fauces, como las de un gato adornadas con colmillos afilados como agujas, y volvió a fundirse con el resto del enjambre.

—¿Qué son esas cosas? ¡¿Qué son esas cosas?!

—¡No lo sé, mantened la calma!

Algo más se movió en el exterior.

Un batpony, un semental, caminó entre el mismo hasta llegar al escudo. Su expresión era neutra, como si absolutamente nada pudiera inmutarlo. Sus ojos eran pozos de oscuridad, negras sus pupilas y escleróticas. Varios de los supervivientes susurraron su nombre; el poseído batponi tomó su arma y golpeó el escudo con todas sus fuerzas. Tras él, más y más guardias lunares caídos surgieron y se unieron al ataque. Cadence conjuró con más fuerza y gimió, sintiendo la protección resentirse ante los repetidos ataques.

Los soldados supervivientes gritaban en su propio idioma, viéndose rodeados por los títeres que eran ahora sus antiguos camaradas y la sombra. Pero fue una orden ultrasónica de Moonlight Sonata la que hizo que todos guardaran silencio, un silencio roto por los golpes amortiguados de las armas contra la protección de Cadence.

—¿A cuánto estamos del Imperio de Cristal?

—A… una quince minutos de vuelo, sargento primero.

Moonlight no respondió, haciendo esfuerzos por respirar profundamente y tranquilizarse, a pesar de los amenazadores golpes que estaba recibiendo el escudo. Necesitaba pensar, entender a su enemigo. Faltaban muchos batponies, demasiados... y él mismo había sentido cómo el enjambre, a través de su compañero, se alimentó de algo enterrado muy hondo en su consciencia. Solo la intervención de la alicornio del amor lo había salvado.

—Princesa —empezó Moonlight—, tiene que sacarnos de aquí.

—Yo… —Cadence respiraba rápidamente y trataba de contenerse—. Lo siento, no sabía lo que… no pude protegerlos.

—Eso ahora no importa. Princesa, escúcheme: sus ciudadanos están en peligro. Debemos ir al Imperio de Cristal.


Las runas mágicas que protegían el lugar brillaban con tal intensidad que no era necesaria otra fuente de luz en el interior. Cuatro ponis de tierra entonaron un cántico en el oscuro idioma del Tártaro, y un círculo de fuego se formó entre ellos; varios pequeños demonios de la destrucción aparecieron a través del mismo y se prepararon para el combate.

Un poni corrió a quitar el freno de la gran puerta circular y dejar que esta sellara la entrada ante de que llegaran los Arqueólogos. Pero tanto él como un compañero murieron antes de que llegaran a reaccionar, pues jamás vieron llegar a la Cazadora Batpony.

Aitana saltó contra otro demonologista, despachándolo rápidamente y esquivando la garra antinatural del segundo. Rise Love acabó con la vida de este.

Hope Spell llamó a la magia blanca y esta empujó a los pequeños diablos contra un muro, acabando con ellos espada mediante.

—Runas de contención —informó Aitana tras retirar la espada del cadáver de un demonologista—. Todavía aguantan.

—Y tanto si aguantan. ¡No puedo teleportarme aquí dentro! —comentó Hope.

—Algo está conjurando ahí dentro. Es un idioma que no entiendo, pero... —la batpony giró las orejas en otra dirección con gesto de disgusto—. Dicen algo terrible.

—Infernal. ¡Vamos!

Los dos arqueólogos galoparon al interior del ancestral mausoleo, seguidos de cerca por Rise Love que volaba a poca altura del suelo con gran agilidad. Aitana no tardó en adelantarse en la carrera, sin detenerse a observar los cadáveres que había por todo el pasillo. Las trampas que protegían el mausoleo habían funcionado a la perfección con los primeros desafortunados que se atrevieron a intentar acercarse a la tumba de Weischtmann.

Súbitamente los sonidos se apagaron junto con la luz, y Hope Spell se encontró sumido en una oscuridad tan absoluta que ni siquiera la luz de su cuerno parecía capaz de atravesarla. El semental se detuvo para intentar encontrar a sus dos compañeras.

—¡¿Aitana?! ¡¿Rise?! ¡Contestad!

Pero solo hubo silencio. Hope Spell se obligó a respirar varias veces, convocando con ello otra vez sus protecciones mágicas. Había leído sobre esto en los libros del profesor Pones, tenía que mantener la calma. Solo necesitaba…

Una figura avanzó frente a él.

—¿Hope?

La voz era seria, de una yegua joven y adolescente. De pelaje azul marino casi negro y crines amarillas tan claras que casi parecían blancas. De hecho de niña se metían con ella por parecer una anciana… Bright sonreía, cosa extraña en ella, pero su sonrisa era diferente. Era una sonrisa hambrienta, hambrienta de poder y conocimiento, y su cuerno brillaba con una enfermiza aura verdosa. Hope Spell retrocedió.

—Debiste saber que era yo, hermanito.

—Bright… qué… ¡¿Qué haces aquí?!

—Acabar lo que he empezado. Pronto, el Rey Sombra será libre. Debo darte las gracias, hermanito, por haber dejado a la vista ese tratado tuyo de demonología. No habría desarrollado todo mi potencial por mi misma, y ahora nadie, ni siquiera tú, podrá pararme…

La joven yegua avanzó amenazadora hacia Hope Spell mientras la magia demoníaca acudía a su cuerno. Pero el semental amenazado no conjuró. De hecho, empezó a reír en voz baja. Bright se detuvo y lo miró.

—¿De qué te estás riendo?

—¡Hay que ser inútil! —exclamó él—. Mira que me gusta poco que se metan en mi mente, ¡pero me ha tocado el demonio más incompetente de la existencia!

Bright rugió y saltó hacia Hope Spell, pero jamás llegó a tocarlo. De un solo hechizo, un campo de levitación la detuvo en el aire y la lanzó de espaldas contra el suelo. Un segundo conjuro creó un arco eléctrico que hizo gritar a la potra con una voz antinatural.

—Bright raramente sonríe, jamás me ha llamado "hermanito", y el libro que vio no explicaba cómo contactar con el Tártaro.

La potra rugió de nuevo y sus ojos se tornaron rojos. Su cuerpo se deshizo en una masa informe de tentáculos y garras, de algún lugar indeterminado de esta surgieron unas fauces pequeñas y de colmillos afilados como alfileres, y los tentáculos se extendieron a su alrededor, fundiéndose con la oscuridad que rodeaba a la criatura infernal. Hope desenfundó su espada.

—Eres un Faust, un demonio del engaño. ¡Vuelve al Tártaro y déjame pasar, o te devolveré yo de una coz!

Hope pensó que mejor dejaría el tema de intimidar al enemigo a Aitana, porque el Faust se lanzó al ataque.

Alrededor del semental, decenas de tentáculos acabados en afiladas garras surgieron de la oscuridad y se lanzaron sobre él. Los impactos hicieron que la barrera mágica que lo protegía se resintiera e implosionara rápidamente. Hope conjuró de nuevo mientras retrocedía; un escudo de energía apareció levitando frente a él, desviando los ataques de su enemigo. Durante un instante Hope sintió pánico, e intentó pensar alguna forma de escapar o de acabar con su enemigo. Algún hechizo que conociera, ¡algo! Pero solo logró rememorar su carrera a través del ejército no-muerto en Lutnia y el consejo que le dio Aitana:

"No pienses, ¡actúa!"

El unicornio observó los ataques de su enemigo y, cuando vio la oportunidad, atacó con la espada. Un tentáculo cayó al suelo y se fundió en una nube negra; con el siguiente corte otro tentáculo acabado en una afilada garra fue cortado de cuajo; otro ataque y el Faust rugió de dolor. El semental notó que la cadencia de los ataques de la criatura disminuía, y que esta se mantenía a la defensiva; llamó a la magia y, a pesar de estar atrapado en el campo de oscuridad del demonio, los elementales del aire seguían ahí y respondieron a su llamada. La electricidad recorrió su cuerpo y saltó por el aire hasta el campo de levitación, cubriendo la espada con violentos chispazos.

El deforme demonio retrocedió ante la amenazadora arma… hasta que topó con algo. Una barrera mágica se formó a su espalda, cortándole la retirada. Cuando intentó avanzar, el mago blanco ya estaba lanzándose contra él: Un nuevo tentáculo fue cortado, y la energía hizo chillar al demonio; este vio a su enemigo y se lanzó a por él fauces por delante, en un intento desesperado por sobrevivir. Pero su ataque chocó contra el escudo mágico de Hope Spell. Este alzó y apuntó la espada chispeante a la boca abierta frente a él.

Como una explosión, se hizo la luz. Hope estaba en pie, sosteniendo con su espada los restos del demonio del engaño que ya estaba abandonando el mundo. A su lado, Aitana miró alrededor confundida, con la espada todavía desenvainada; Rise Love, por contra, había retrocedido como si algo la hubiese aterrorizado.

—¡Coño, Hope! ¿Lo has matado tú?

—Sí, he sido yo. ¿Eso era un Faust, verdad?

—Joder que sí, siempre me cuesta la vida acabar con estos. Nunca saben cómo atacarme y se esconden. ¿Rise?

—¡¿Qué ha pasado, dónde está mi hija?!

Hope Spell guardó la espada y se acercó a la alterada batpony.

—Era un engaño, Rise. Tus hijos nunca han estado aquí, era una ilusión.

La batpony miró unos instantes al semental, buscando mentira en sus palabras. Al no encontrarla asintió y observó los alrededores. Estaban en una sala bastante grande, cubierta en su totalidad por símbolos rúnicos; muchos de ellos eran evidentemente signos de contención, pero había otros que ni Aitana y Hope pudieron identificar. Era una magia antigua e increíblemente poderosa, cuya luz palpitaba en cada una de las runas.

Hubo un estremecimiento, como si el aire se hubiese cargado con estática, seguido de un chisporroteo. Una de las runas de contención se rompió en una lluvia de chispas mágicas.

—Oh no… ¡Las están rompiendo, están liberándolo!

—¡Vamos!


El interior del Imperio de Cristal estaba extrañamente silencioso. La cúpula que proyectaba el corazón era todavía rojiza, y en la lejanía se podían escuchar los chillidos de los espectros al golpearla en un intento infructuoso por atravesarla.

Los ciudadanos habían alcanzado los refugios, y solo un pequeño contingente de los Caballeros de Cristal, así como los Guardias Lunares asignados a defender la ciudad, vigilaban las calles desde puntos estratégicos.

Los batponies fueron los primeros en girarse y prepararse para el combate, aunque no fue necesario; la magia se acumuló en el aire, junto al Palacio Real, y una implosión ocurrió a continuación. Ahí donde antes solo había aire, una burbuja rosada de energía apareció. Cuando esta se rompió, de su interior aparecieron una docena de batponies junto a la Princesa de Cristal Mi Amore de Cadenza.

La sargento Midnight Slash voló hacia los recién llegados.

—¡Princesa! ¡Moonlight Slash! ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Dónde está el resto?!

—Han caído.

La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre Midnight Slash. Habría esperado un silencio, una analogía o algo para suavizar la noticia… pero la claridad y honestidad con la que Moonlight Sonata dijo esas palabras eran indicativos de que las malas noticias no habían hecho más que empezar.

—Hemos sido atacados por unas sombras… creo que eran espectros, o algo parecido. Han acabado con todos, no pudimos hacerles nada, solo la princesa consiguió salvarnos.

—¡¿Por qué no os retirásteis?! ¡¿Qué demonios estabas pensando, Moonlight?!

—Sargento Midnight Slash, estás hablando con un sargento primero, un superior. Contrólate.

—¡Pero…!

—Silencio, sargento. Estamos bajo ataque, si debo responder por mis acciones será cuando esta ciudad esté a salvo —después Moonlight se giró hacia Cadence—. Princesa, venga con nosotros, debemos hablar con los caballeros que quedan en la ciudad.

El grupo descendió hasta la plaza frente al palacio, donde varios caballeros de cristal se habían reunido también. Moonlight no perdió el tiempo con presentaciones.

—Mi compañía ha sido atacada por unos espectros que se ocultaron en la nieve. No tuvimos ninguna posibilidad, casi todos mis soldados cayeron —Moonlight hizo una pausa tras decir eso y tragó saliva—. Pero eso no es todo: esas sombras poseyeron los cadáveres. Se alzaron después y nos atacaron. Princesa Mi Amore de Cadenza, según he oído, un demonologista consiguió atravesar la cúpula de protección, ocultando su poder. ¿Cree usted que esas criaturas podrían hacer lo mismo mientras poseen a mis camaradas?

Todas las miradas se posaron sobre Cadence. La princesa asintió.

—Sí… Sí, es posible.

—Me lo temía. Por lo poco que pude observar, no eran zombies, eran criaturas vivas. Usaban las armas con la misma soltura que cualquier soldado.

—¿De cuántos estamos hablando? —inquirió un soldado de cristal—. ¿Cuántos de los suyos cayeron, sargento primero?

—Ciento cinco. Y son soldados altamente entrenados, son la compañía que venció a los seguidores de Nigthmare Moon hace cuatro años junto a la Guardia Solar*.

Hubo un tenso silencio entre los militares.

—Somos solo veinte guardias lunares y treinta caballeros de Cristal —informó la batpony rojiza, Midnight Slash—. Si luchan como… solíamos luchar —dijo con una nota de dolor en la garganta—, no combatirán directamente contra los Caballeros. Este será un combate aéreo.

—¿Qué hay de los espectros, de las sombras?

Casi como respondiendo a esa pregunta, el Corazón de Cristal palpitó y con él lo hizo la cúpula; Cadence alzó la cabeza y cerró los ojos brevemente mientras su cuerno se iluminaba durante un instante.

—Las sombras no podrán atravesar las defensas del Imperio —informó—. Pero no estoy segura de si podré apoyaros, es posible que deba concentrarme para repeler a esas cosas.

—Muy bien. ¡Caballeros! —gritó Moonlight—. Los batponies somos fuertes en combate cerrado y en la oscuridad. No cometáis el error de perseguir al enemigo cuando este huya, os conducirá a emboscadas; no confiéis si parecéis llevar la ventaja, os atacarán por la espalda. Usad ballestas y armas a distancia, derribadlos en el aire, y si tenéis que luchar en un espacio cerrado hacedlo en uno tan estrecho que no puedan saltar a vuestra espalda.

—¡Señor, debemos pedir ayuda! ¡Son demasiados para nosotros!

—No, no vamos a pedir ayuda.

Todos los presentes se giraron hacia Cadence. La alicornio rosada estaba haciendo auténticos esfuerzos por controlar sus propios nervios y miedo. Pero sabía que en aquel momento necesitaba demostrar mayor entereza que nunca.

—Mi marido está a punto de enfrentarse a uno de los mayores demonios de los que se tiene constancia. No podemos pedirle que regrese ahora, o todo el mundo podría caer, no solo el Imperio de Cristal.

—Esta es nuestra batalla —dijo Moonlight, subrayando las palabras de Cadence.

—¿Dónde está la Diosa? ¿Dónde está Luna?

Nadie respondió a aquella pregunta.


Aitana fue la primera en entrar, seguida de cerca por Hope Spell. Rise Love no se dejó ver.

Entraron en una sala de planta circular; en el centro de la misma, un gran altar sostenía un enorme sarcófago cubierto por runas arcanas. Estas palpitaban con la magia creciente, al igual que todas las que cubrían cada rincón de las paredes y el techo. La luz que estas emitían dejaban el lugar levemente iluminado, alternándose con fogonazos de chispas cada vez que una runa se rompía y estallaba. Y, sobre el sarcófago, una figura se giró; era un unicornio negro como la noche de cuerno retorcido, y su magia destilaba el poder de los demonios de la Oscuridad y del Dolor. Aitana no dudó un instante en cargar contra él mientras Hope conjuraba… cuando algo placó a los dos y los lanzó al suelo.

Tentáculos de oscuridad surgieron de todas partes y atraparon a los dos ponis; hubo un bufido furioso cuando Rise Love fue atrapada de igual forma en algún lugar junto al techo. Aitana luchó con todas sus fuerzas por liberarse mientras el demonologista frente a ella reía lentamente.

—No esperaba que me encontrarais este lugar tan rápido… Una lástima, me habría gustado conservar el cetro un poco más. Nos sería de mucha utilidad en otras batallas...

En la oscuridad hubo un objeto que destacó; era un alargado cetro de oro macizo, acabado en un ornamentado cabezal que representaba un alicornio con las alas extendidas. Aitana murmuró algo al reconocer el artefacto que ella misma había puesto en manos de la Hermandad.

—Debería darte las gracias, Arqueóloga, por habernos facilitado el Cetro Dorado del Alicornio, fue muy fácil bloquear los rastreadores que pusisteis en él. —murmuró; el gran cetro brilló y los tres mortales sintieron cómo eran aplastados todavía más—. Era la única forma que teníamos de destruir este lugar sin sacrificar a miles de personas para ello. No teníamos tanto tiempo.

—¡¿A qué te refieres?! ¡¿Qué pretendes hacer?! ¡No podréis controlar al Weischtmann, os destruiréis a vosotros mismos!

—¿Controlarlo? No has entendido nada. ¿De verdad todavía no os habéis enterado?

El unicornio alzó la cabeza y clavó la vista en los ojos afilados de Rise Love, que seguía revolviéndose contra los tentáculos de sombras.

—Todos los tuyos han caído. Ahora son títeres de las Fatas Negras.

—¿Qué?

—Has llevado a tus hermanos a la muerte, Batpony. Sus almas alimentarán el enjambre por toda la eternidad gracias a ti.

La mirada de incredulidad de Rise se convirtió rápidamente en un semblante terrorífico: Sus facciones se contrajeron y mostró todos los dientes con un bufido furioso; sus colmillos habían crecido una barbaridad y todo resto de cordura abandonó sus ojos. La Cazadora se fundió en una nube de sombras y apareció al instante frente al oscuro unicornio, desplegando su espada y atacándolo, pero jamás hizo blanco: Como si de un espejismo se tratara, la batpony lo atravesó limpiamente sin dañarlo. Un aura negruzca cubrió a Rise Love y la lanzó contra una pared, donde una sombra sólida la cubrió. La cazadora gritó mientras trataba de liberarse de la magia que la estaba aplastando.

—Esperaba más de una asesina de Nightmare Moon.

—¡Déjala, hijo de puta!

—¿Y por qué iba a hacerlo?

El unicornio se acercó a la atrapada Aitana, y esta aprovechó para observarlo mejor. Su pelaje era negro azabache y sus ojos brillaban ligeramente con un tono rojizo, señal del poder que lo embargaba. Su cuerno estaba torcido hacia arriba y acababa en una punta anaranjada, y por marca tenía el inconfundible símbolo que representaba a los demonios de la Oscuridad y la Dominación.

Súbitamente, el demonologista se giró y conjuró. Hope Spell respondió gritando de dolor.

—No te atrevas a conjurar, mago blanco —advirtió—. Sharp Mind me ha hablado de ti, no cometeré el error de menospreciarte.

—¡¿Entonces qué quieres de nosotros?!

—¿Tan rápido buscas la muerte, Arqueóloga? —rió él—. Verás, varios de los señores con los que he alcanzado tratos se alimentan del dolor de los mortales. Y además tengo una gran curiosidad.

El unicornio se agachó para mirar a Aitana directamente a los ojos, echando su fétido aliento sobre ella. Habló lentamente, saboreando cada una de las palabras que había reservado durante tres décadas.

—Tengo curiosidad por saber si gritarás igual que la zorra de tu madre.

El mundo guardó silencio a oídos de Aitana; solo escuchó los latidos de su propio corazón, ralentizados, y sintió una opresión en la parte trasera de su mente. Su conciencia quiso negar lo que acababa de escuchar, o quién era el oscuro poni frente a ella.

"...un de poderoso diabolista que había hecho un pacto con dos grandes señores de los demonios: Uno del fuego y la destrucción, y otro de la oscuridad y el terror".

"Solo eran títeres, ni siquiera sabían por qué te perseguían...".

"La había dominado, Aitana".

"No podía contarte que un grupo de locos quería capturarte y torturarte hasta la muerte".

Pero hubo una imagen que se superpuso a todos los pensamientos que se agolparon en la mente de la yegua marrón. La de un poni anciano de pelaje gris oscuro que usaba silla de ruedas; la del profesor Pones, cabizbajo y con el surco de las lágrimas en el rostro; observaba sin mirar realmente un vaso a medio beber de licor mientras contaba a su Aitana cuál fue el destino de su madre.

"Yo no maté a tu madre: ella se suicidó contra mi espada para protegerte".

La ira tomó todo rincón del a consciencia de Aitana; esta se revolvió contra las ataduras mágicas con todas sus fuerzas, gritando fuera de sí ante el regocijo del demonologista.

—¡Hellfire, hijo de puta, te mataré! ¡Te juro que te mataré, hijo de puta!

—Tu padre ya lo hizo una vez… después de matar a su propia esposa, claro.

Hope Spell volvió a intentar conjurar, y fue respondido con una magia que le provocó un dolor tan terrible que todo intento por concentrarse se fue al traste. Rise Love intentó teleportarse otra vez, pero fue atrapada contra el techo al instante y gritó de dolor; la única pata que había conseguido liberar se doblaba en un ángulo incorrecto, retorcida por uno de los oscuros tentáculos. En el suelo, Aitana seguía gritando… y los demonios empezaron a aparecer.

Saliendo de esquinas oscuras, eran criaturas pequeñas que se arrastraban por el suelo. Demonios menores del dolor, de la tortura y de la oscuridad, atraídos por los sentimientos negativos de los mortales de aquella sala. Hellfire sonrió, sintiendo la satisfacción de sus señores, y conteniendo a los demonios menores que estaban apareciendo a través del portal al Tártaro que él mismo estaba abriendo. Los podía sentir, deseosos de lanzarse sobre los mortales, de hacerlos sufrir hasta la locura… pero deseaba esperar un poco más. Solo un poco más.

—He estado esperando treinta años este momento —murmuró—. Podría haber ido a por Royal Destiny en persona, pero eso no me habría satisfecho, no —después volvió a agacharse sobre Aitana—. Midnight Shield solo tardó cuatro horas en suplicarme que la matara. Me pregunto cuánto aguantarás tú.

Sobre sus cabezas, Rise Love empezó a gritar y convulsionar; un pequeño demonio de la tortura había reptado hacia ella y tan solo la había rozado. La batpony se sacudía, atrapada y con los ojos desorbitados, mientras más demonios de la tortura se acercaban a ella para saciar su hambre. Hope Spell conjuró rápidamente una defensa para ganar tiempo mientras intentaba teleportarse, pero no tuvo oportunidad. Primero sintió el roce ardiente de una de las criaturas infernales, y luego llegó el dolor: Todos los nervios de su cuerpo gritaron al mismo tiempo, como si le hubieran clavado miles de dagas ardientes en cada centímetro de su ser. El semental perdió rápidamente control de la realidad y ni siquiera atinó a intentar liberarse, por inútiles que fueran sus esfuerzos.

Hellfire se acercó de nuevo a Aitana mientras los compañeros de esta gritaban.

—Te mataré, hijo de puta —gruñó—. Juro que te mataré y esta vez será por siempre.

—Sigue odiando, sigue deseando mi sufrimiento. Mis señores se darán un festín con tu alma mortal.

En la lejanía, a través de los pasillos, se escuchó una explosión seguida por el rugir de algún demonio. Hellfire se puso en pie y sonrió; varios demonios del fuego y la destrucción surgieron de deflagraciones de llamas, corriendo inmediatamente a través de los pasillos que llevaban a la salida.

—Ojalá pudiera quedarme para ver cómo pierdes la cabeza, pero me temo que no estamos solos.

Los sonidos se fueron aproximando rápidamente: detonaciones mágicas, ruido de metales chocando y los gritos y rugidos de demonios de todas las clases. Rise Love, entre gritos, intentó decir algo. Solo se llegó a entender una palabra: "Diosa".

—Oh, sí, Luna viene en persona. Y creedme, no soy rival para ella. Esperaba que viniérais y liberar a Weischtmann para que murierais contra él; pero gracias a vosotros, con un poco de suerte, el mundo perderá hoy a una semidiosa. Solo habéis allanado para la Hermandad.

Hellfire subió sobre el enorme sarcófago y alzó el Cetro del Alicornio mientras pronunciaba unas palabras en el idioma del Tártaro. Rise Love bufó e intentó escapar infructuosamente una vez más. El ancestral artefacto brilló, iluminando el rostro de Hellfire con un aura dorada; miles de sombras y haces de energía surgieron de la nada y danzaron en torno al cetro; entre las sombras y las nubes que se unieron a la danza podían distinguirse los rostros de almas torturadas alimentando el hechizo.

Rise Love consiguió gritar "¡No!".

Unos rayos de energía impactaron a los pequeños demonios que estaban torturando a los mortales y los consumió hasta las cenizas, su poder pasando a reforzar el torbellino mágico. Hellfire colocó el Cetro en vertical y se puso él mismo sobre sus patas traseras; el poder mágico hizo que el demonologista empezara a levitar unos centímetros sobre la superficie del sarcófago.

Y con un golpe tan débil que no debería haber hecho tanto ruido, toda la magia fue liberada en una deflagración; los tentáculos de oscuridad que atrapaban a Aitana, Hope y Rise desaparecieron como estatuas de arena al viento y cualquier rastro de la magia demoníaca que torturaba a los vivos fue disipado.

El cetro se tornó negro rápidamente y tembló dentro del campo de levitación de Hellfire; un aura verdosa rodeó el artefacto y un poderoso zumbido ensordeció cualquier otro sonido. Hasta que, finalmente, el Cetro Dorado del Alicornio se consumió en cenizas que cayeron sobre el sarcófago.

Y todas las runas de contención del mismo estallaron en deflagraciones de magia arcana. Con una sonrisa cruel, Hellfire vocalizó "adiós" y su cuerpo se fundió en una niebla de oscuridad que abandonó la sala.

Hubo unos segundos de intenso silencio… hasta que las runas que cubrían techo y paredes empezaron a estallar. Primero una, un segundo después otra… y pronto la destrucción de las runas ancestrales se convirtió en una cacofonía de estallidos, destellos y chispas. Aitana se puso en pie y observó cómo la tapa del sarcófago se agrietaba rápidamente; un poder infernal más poderoso de lo que jamás había experimentado llenó cada recoveco de su ser, y al momento empezaron a formarse sombras en todos los lugares. Sombras desde las cuales grandes demonios oscuros como la muerte surgieron poco a poco. Demonios que, a pesar de no tener una forma física clara, tornaron sus crueles y hambrientos ojos hacia los tres mortales.

—¡CORRED!


El enjambre de Fatas Negras cubrió el flanco este de la cúpula que protegía el Imperio de Cristal. Este ni siquiera trató de atravesarla, no así como los batponis muertos y poseídos. Los antiguos servidores de Luna, la ahora destruida Primera Compañía de la Guardia Lunar, se detuvieron a escasos centímetros de la barrera ahora rojiza.

Al otro lado de la misma, una pequeña escuadra de Caballeros de Cristal apuntaba sus ballestas. Sus armaduras reflejaban la luz del sol y el tono rojo del artefacto que protegía su hogar. La sargento, una yegua veterana de la resistencia contra el Rey Sombra, susurró "tranquilos, esperad a que entren". Detrás de ellos, entre los edificios, había ponis de cristal armados con ballestas, miembros de la milicia que, una vez supieron lo que ocurría, se ofrecieron voluntarios para ayudar en la defensa.

El primer poseído avanzó y, con un chisporroteo mágico, atravesó la barrera. Un virote fue disparado, pero el batpony retrocedió de nuevo para evitarlo, usando la protección del corazón de cristal en su favor. Esa extraña danza se repitió varias veces, a medida que los batponies intentaban entrar: Algunos lograban disparar alguna ballesta que impactaba inofensiva contra los escudos de los Caballeros de Cristal, o sencillamente erraban el tiro por la falta de tiempo para apuntar. Enfocados en resistir, en rechazar a los atacantes frente a ellos, ningún defensor vio venir el peligro hasta que una lluvia de proyectiles cayó sobre ellos. La mayor parte de los poseídos habían atravesado la cúpula a gran altura sin ser vistos.

Los batponies poseídos avanzaron imparables hacia el centro de la ciudad, la milicia que había en las calles y edificios exteriores sencillamente no fue rival para ellos. Volando tras un edificio alto, Moonlight Sonata observó a sus antiguos camaradas acercarse; el sacrificio de los valientes que los habían recibido había servido para confirmar sus temores: esas criaturas habían adoptado el entrenamiento y las tácticas de los soldados de su raza. Los pocos Caballeros de Cristal y los Guardias Lunares de la ciudad no serían rival para ellos.

Sin embargo, a pesar de que cada batpony poseído combatía con la misma destreza que tenía en vida, había algo extraño en las tácticas de grupo. Eran más lentas de lo normal, como si todos los poseídos conocieran la teoría a la perfección pero les faltase práctica. Todo ejército tiene sus debilidades, y es trabajo de todo oficial reducir las de su propia compañía... y explotar las del enemigo.

Moonlight alzó una pata encima de la cabeza; ocultos detrás de ventanas, muros, puertas y edificios, docenas de milicianos armaron sus ballestas. Los batponies supervivientes elevaron una plegaria silenciosa a la Diosa Luna.


Los tres mortales galoparon tan rápido como el entumecimiento que aún adormecía sus músculos les permitió.

—¡El demonio está libre, el demonio está libre! ¡Contestad! —tras unos segundos, Aitana tiró la gema de comunicación al suelo—. ¡Ese estallido lo ha roto! ¡Rise, vuela fuera, avisa a Shining Armor!

—¡No puedo, esos tentáculos me han roto el ala también!

Ayudando a Rise a galopar por culpa de la pata también rota, atravesaron los pasillos que llevaban a la salida tan rápido como pudieron. Las runas que sellaban el templo brillaban con violentos destellos en cada pared, techo y esquina; una a una, fueron rompiéndose en deflagraciones de chispas mágicas al azar a medida que el señor del dolor se liberaba. Podían sentir el inconmensurable poder infernal desatándose tras ellos, y los demonios que con él llegaban persiguiéndolos.

Si Luna había entrado realmente en el mausoleo, no la encontraron.

Un temblor sacudió la totalidad de la construcción, y fue seguido por un sonido agudo y desesperante, como si un rugido y un chirrido se hubiesen fusionado. Con él, hubo movimiento entre los destellos de las runas: pequeños demonios surgieron de cualquier esquina oscura y se lanzaron contra los mortales. Hope fue rápido en convocar una barrera y echarlos a un lado; Aitana empujó a todos para evitar una pared que se desmoronaba; Rise alzó la ballesta de pata y acabó con una criatura informe antes incluso de que esta fuera visible.

Finalmente, llegaron a la salida donde todavía estaban los cadáveres de los demonologistas que intentaron parar a los Arqueólogos. Hope Spell conjuró una vez más, creando una barrera luminosa que selló el pasillo por el que llegaban los demonios. Pero, cuando cruzaron la puerta, se dio cuenta de que faltaba alguien. Aitana lo miraba desde el interior del mausoleo.

—Marchaos. Ganaré tiempo.

—¡¿Qué estás diciendo, Aitana?!

—¡Avisad a Shining Armor, y si no podéis volved al Imperio! ¡Tienes que ayudarlos, Hope!

—¡Aitana, no te voy a dejar atrás! Yo... ¡Yo te...!

—Yo no.

Ambos se miraron durante un instante, tan efímero como la linea que separa el pasado del futuro, y a la vez tan largo como una eternidad. Con una coz, la yegua marrón quitó el freno de la puerta circular y esta cayó rápidamente en su sitio. Tan perfectamente selló la salida que, si Hope gritó algo, ella no pudo oírlo.

Respiró hondamente, buscando calmarse a si misma, frenando el torrente de sentimientos, miedo e inseguridad que intentó ahogarla con su ímpetu. Las runas cada vez estallaban con más frecuencia, mientras que en el interior del mausoleo cada vez había más oscuridad. No tenía mucho tiempo.

Lentamente sacó varios artefactos de sus alforjas: varias dagas de cristal, unas gemas mágicas, dagas de metal con runas inscritas y dos pociones, una de ellas de color violáceo. Habló en voz baja, casi susurrada.

—Titanes, no os suelo rezar. No sirvo para ello. Pero hoy voy a vuestro encuentro, y si no lo hago ahora, nunca lo haré.

Aitana trazó una runa en el suelo sobre la que puso todas las dagas, rompiendo una gema a continuación. Todas las armas brillaron ligeramente con el hechizo rúnico.

—He vivido una vida huyendo o luchando contra el Tártaro. He imaginado mi muerte de muchas maneras, y esta… esta era una de ellas. Por eso os pido vuestra bendición, a pesar de todas las veces que os haya ofendido. Ya sea por lo que dije o no dije, por lo que hice o no hice, por lo que pensé o no pensé... No soy una yegua bondadosa y no sé si merezco vuestro favor; aún así hoy lucho por salvar vuestra creación. Espero que eso valga de algo ahí arriba.

Un nuevo rugido agudo llenó cada recoveco del mausoleo, y los demonios lo corearon. Y, a pesar de ello, una extraña paz invadió a Aitana Pones.

Imperator Stellarum, señor de la creación y las estrellas, dame hoy tu entereza para enfrentar mi final con rectitud. Dame el valor para mirar mi final sin dudar.

Mater Lúminis, señora de la luz y la paz, dame hoy tu sabiduría para que pueda ver a través de las tinieblas de mi mente, y abre mi ojo epiritual para que pueda ver a través de las mentiras del Tártaro.

Zmeu, padre de los dragones y señor del fuego, dame hoy la fuerza y la fiereza de tus hijos para llevar el terror al corazón de mis enemigos.

Enlil, dorado padre de los grifos, dame hoy el honor de tu raza para afrontar mi fin con dignidad; y dame también el orgullo para no dudar cuando esté a punto de caer.

Pte-Ska-Win, blanca madre de los búfalos... para ti tengo dos peticiones.

Las últimas runas que quedaban en la estancia parpadeaban moribundas. Aitana se tomó la primera poción, que le permitiría ver mejor en la oscuridad. Y, mientras sacaba de sus alforjas los cascos armados que comprara en Lutnia, hacía lo que parecía ya una eternidad, siguió implorando a los titanes.

—Dame hoy tu bendición para atrapar una vez más al Weiscthmann. Dame hoy tu bendición y favor para poder atar a los enemigos de la creación en la prisión de Gea como tantas otras veces hice antes.

Aitana tomó la otra poción con un casco y la miró unos instantes, concienciándose sobre lo que estaba a punto de hacer. Recordaba también las palabras de la yegua que hizo aquel preparado alquímico.

"Sirve para proteger la mente y el cuerpo de una posesión. En otras palabras, te hace consciente de que estás siendo poseída".

—Y, por favor, dale la claridad a Hope Spell para que sepa que le he mentido. Que… me he mentido.

La yegua se bebió la poción de un solo trago.

Casi al instante, la brújula en la que reposaba el alma del lich Kolnarg salió de su escondrijo y empezó a brillar con un aura enfermiza y purpúrea. Aitana cerró los ojos y, cuando los abrió, su esclerótica se había vuelto verde.


Frente al ejército de Caballeros de Cristal, apoyados la Guardia Solar, el clima se despejó. El incansable trabajo de los pegasos había dado sus frutos, echando a un lado la inclemente tormenta de nieve que caía en la zona, aunque solo fuera por un rato.

En la distancia, podía verse la excavación. Había grúas y material de construcción cubierto por la nieve, así como montañas del hielo que había sido excavado.

—¡Soldados, avancen, si no es de este mundo no lo dejen vivir! ¡Acabemos con este…! ¿Qué está pasando?

Shining sintió un intenso cosquilleo en la base de su cuerno, seguido del inconfundible sentimiento de terror que caracterizaba a la magia demoníaca. Pero había algo diferente a lo que él sintió cuando combatió a aquel señor del Fuego y la Destrucción, ya que en esta ocasión la sensación venía acompañada por una promesa sin palabras pero que todos comprendían: Promesas de muerte, de sufrimiento, de soledad y de pérdida. Era como si alguien estuviera alimentando los más horribles sentimientos que alguien podía sentir en los peores momentos de su vida.

Varios soldados miraron alrededor, asustados, y muchos murmuraron aunque fuera en sus mentes los nombres de sus seres queridos.

—¡Tranquilos, mantened la formación! ¡Es solo una ilusión, no dejéis que os domine!

La tormenta, súbitamente, volvió a cerrarse sobre la construcción y los truenos resonaron amenazantes.

Una cúpula de oscuridad surgió de la excavaciones, expandiéndose rápidamente sobre el terreno como una avalancha de muerte. Shining Armor gritó una orden, la unidad se cerró y los unicornios convocaron una gran cúpula protectora sobre sus compañeros.

Y entonces todo se sumió en la oscuridad más absoluta.


En una cabaña semienterrada por la nieve hubo un sutil cambio en los patrones mágicos naturales. Era un cambio nimio, casi imperceptible para las criaturas sensibles a la magia que no supieran qué debían buscar. Una alarma tan sutil que su receptora tuvo que pasar las últimas horas meditando sin descanso, haciendo gala de una concentración entrenada tras años de estudio. Todo para saber el momento en que debían actuar.

La puerta de la humilde construcción que, cabezotamente, resistía contra el durísimo clima del norte, se abrió.


—¡AITANA!

Hope golpeó una vez más la pesada losa que había sellado la entrada al mausoleo del Weischtmann. La oscuridad había tomado toda la región, opacando las estrellas si estas nunca se hubiesen hecho presentes aquella noche; la tormenta empezó a arreciar con fuerza, clavando fríos y afilados copos de nieve en el pelaje del semental.

—¡Rise, tenemos que entrar, esta loca se va a matar en vano! ¡Tenemos que…! ¿Rise?

Hope se encontró completamente a solas. Cuando volvió a girar sobre si mismo, tampoco pudo encontrar la entrada al mausoleo. El semental llamó a la magia blanca.

Rise Love solo se había girado durante un instante. Solo un instante, mientras escaneaba los alrededores por si algún demonio los atacaba… y dejó de escuchar a Hope Spell. La Cazadora no lo llamó en voz alta: sabía que podría encontrarlo fácilmente incluso si él intentara esconderse. Había magia involucrada.

Por primera vez, la yegua batpony comprendió lo que quería decir Aitana cuando dijo que no sabía si podrían matar a Weischtmann.

Herida como estaba no podía volar, ni tampoco galopar demasiado rápido. Su huida del mausoleo había sido tan precipitada que no había pedido al mago blanco que intentara sanarla. Craso error. Rise alzó la pata rota y, apretando los dientes para no gritar, ajustó los enganches de su armadura tan firmemente como pudo para inmovilizar la extremidad. No era un buen trabajo, ella no era curandera, pero consiguió reducir un poco el dolor; al menos podría trotar un poco más rápido de ser necesario. Cerrando los ojos y usando sus ultrasonidos, giró las orejas lentamente, escaneando cada rincón a su alrededor. Sintió una punzada de terror cuando ser percató de que no podía detectar nada. Era como si estuviera en una vasta extensión de nieve, cuando debería estar cerca de la entrada al mausoleo. No podía detectar tampoco la maquinaria de construcción que vieron al llegar, o ningún tipo de movimiento, ¡nada!

Un potro gritó en la oscuridad.

Fue un grito corto, seguido de unas palabras ininteligibles. Todo el mundo ha escuchado a jóvenes gritar por un fingido miedo, o tras un susto corto seguido de una carcajada, mas no muchos han tenido el horror de escuchar a un potrillo gritar de auténtico terror ante una muerte inminente. Era un sonido capaz de sacudir el alma de cualquier ser, un grito visceral que solo un auténtico monstruo sería capaz de ignorar. Rise corrió al instante hacia el origen del mismo, sin pensar en los peligros que pudiera encontrar, ni siquiera intentando descubrir qué peligro atacaba al pequeño...

...Porque aquel era el grito de su propio hijo.

—¡DUSK!

Rise Love galopó y tropezó a través de la oscuridad, siguiendo los sonidos que sus agudos oídos captaban: Algo volando rápido, el desesperado galopar del potro; hubo un grito de dolor seguido del olor de la sangre, un golpe, algo cayendo al suelo, un grito ahogado y débiles coces contra pelaje…

La yegua azulada captó dos bultos en el suelo frente a ella; cargó hacia ellos tan rápido como pudo y apartó a uno de ellos golpeándolo con todo su peso. En el suelo, un potro batpony de pelaje gris y negro yacía sobre la nieve que, rápidamente, iba tiñéndose de carmesí. Tenía dos marcas en el cuello, dos heridas punzantes en la yugular.

La feral que había atacado a Dusk Hawk se puso en pie; era pequeña, muy pequeña, de pelaje anaranjado y crines azul eléctrico como su padre. La joven potra abrió unos ojos de pupilas afiladas y miró a Rise, mostrando unos largos colmillos manchados con la sangre de su hermano. Rise Love retrocedió, temblando incontroladamente, al mismo paso que avanzaba su hija pequeña.

—Emerald… no, tú no… ¡No! ¡NO, NO, NO, POR FAVOR DIOSA, NO! ¡NO!


NOTA DEL AUTOR:

Todavía me queda la mitad del capítulo por publicar. Quería escribirlo todo antes para publicar ambas partes... pero es que hoy el Halloween, y cuando escribí la parte de Rise Love supe que tenía que publicarla.

¡Feliz Halloween!