Aura golpeó con un revés a un poni de cristal poseído. Algo cayó sobre su espalda y la Caballero saltó al suelo, obligando al enemigo a soltarla para defenderse. Un gran lobo gañitó cuando fue herido de muerte, Grauj corrió para socorrerlo. La yegua de cristal, jadeando, se levantó para enfrentarse a otro enemigo… pero algo apareció tras el mismo. Algo con los ojos afilados y brillantes que, con un movimiento imposiblemente rápido, degolló al poseído.

La Batpony que apareció frente a él miró a su alrededor, su espada todavía goteante y el enemigo agonizando a sus cascos; abrió la boca, mostrando unos colmillos imposiblemente grandes y bufó hacia los enemigos, desvaneciéndose entonces en una nube de sombras. Mientras Aura se preparaba para recibir en combate a otros, se escuchó un aullido y todos los lobos echaron a correr en una única dirección.

—¡¿Qué hacéis, dónde váis?!

Pero no obtuvo respuesta, la propia yegua que acompañaba a los lobos se perdió en la distancia y la oscuridad. Aura retrocedió, sin saber bien a dónde ir, hasta que un poni poseído cargó contra ella. La Caballera se preparó para recibirlo en combate, pero una batpony apareció.

Una que no tenía los ojos completamente negros, si no grandes, verdes, brillantes y afilados.

Un instante después, el poni poseído yacía en el suelo.


Luna se posó en el suelo y observó cómo la batalla se desarrollaba a su alrededor. Los Elementos habían rechazado la magia demoníaca, tal y como esperaba. Había visto además cómo Hope Spell huía del mausoleo y que, de no ser por la habilidad de Applejack, sin duda también habría caído presa del Tártaro. Supuso que esa era la suerte que Aitana Pones había corrido y que, por lo tanto, el gran demonio estaba al tanto de su plan.

Al menos, de una parte del mismo.

Un par de demonios cargaron contra la Alicornio pero se detuvieron abruptamente y murieron al chocar contra las defensas de la misma.

La princesa sentía, como un cosquilleo en el cuerno, el poder creciente del Tártaro. Fue entonces cuando vio que los demonios habían dejado de cargar al combate; los que habían surgido ya del mausoleo se arrastraron hacia la oscuridad, fuera del campo de protección que otorgaban los Elementos de la Amistad. Otros se colocaron a ambos lados del túnel que llevaba a la ancestral construcción, aguardando algo.

—Atrás —ordenó en voz baja mientras conjuraba.

Al mismo tiempo que la voz de Shinning Armor repetía la orden, Luna voló y se posó frente a la entrada del mausoleo. Twilight, Applejack, Rainbow, Fluttershy, Pinkie Pie y Rarity salieron de la formación y se pusieron a sus lados. El silencio se hizo tan sepulcral que, al poco, pudieron escuchar el eco de unos pasos tranquilos desde el Mausoleo.

La criatura surgió a la burbuja de luz de los Elementos de la Armonía con tranquilidad.

Pálida, sin pelaje que cubriera su cuerpo y con una larga melena negra y lacia. Caminando lentamente sobre sus patas traseras, vestía lo que parecía una antigua túnica negra y gris. Iba descalzo y, si podía sentir el frío de la nieve en sus pies desnudos, no lo mostró. A pesar de lo diminutos que parecían sus ojos, en comparación con otras criaturas, todos pudieron verlos refulgir plateados en la noche.

Luna habló claramente, con fuerza pero sin usar la Voz de Canterlot.

—Nós somos la princesa Luna. Como véis, estamos preparados para vuestro regreso. Nós creemos no hay necesidad para violencia: regresad al Tártaro, Weischtmann.

El aludido respondió con una risa divertida y socarrona. Ni siquiera se molestó en alzar la voz para ser escuchado por todos.

—¿Weischtmann? ¿Así que mi nombre no ha sido olvidado? —dijo y, a continuación, hizo una sutil reverencia—. Vos debéis ser la semidiosa de la que me han informado —dijo, su voz bailando sutilmente entre los modales nobles antiguos y la sorna—. Gran comitiva habéis organizado para mi persona. ¿Y quiénes son estas potras?

—¡Somos las portadoras de los Elementos de la Armonía! —gritó Rainbow—. ¡Y vas a hacer lo que dice la princesa o te cocearemos de vuelta al Tártaro!

—¿De verdad? Bueno, quizá podamos alcanzar un acuerdo, oh Portadora.

El Señor del Dolor se acercó paso a paso con cada palabra. Al hacerlo, los Elementos brillaron más frente al cuello de sus portadoras, obligando al gran demonio a detenerse a pocos pasos de ellas.

—Entiendo… Lealtad, bondad, generosidad, honestidad, diversión y… ¿Magia? —dijo eso mirando directamente a Twilight Sparkle—. Pocos hechiceros de mi época se habrían podido medir contigo, joven maga. Podría enseñarte mucho.

—¡Ya basta! —exclamó Applejack—. Has dicho de alcanzar un trato, ¡dinos qué quieres!

—Cuánto ímpetu —se regodeó—. Llevo más de un milenio encerrado, ¿dónde está vuestra hospitalidad, ponis?

El Weischtmann alzó una garra hacia los Caballeros de Cristal y varios de estos gritaron; un agujero se abrió en la formación, allá donde los soldados habían caído retorciéndose de dolor. El demonio señaló a través del hueco a Hope Spell.

—Su alma me pertenece, hemos alcanzado un acuerdo. Entregadme a ese unicornio y… volveré al Tártaro.

—¡No! —gritó él, mirando alrededor—. ¡Yo no le he ofrecido eso! ¡Miente!

—Si no fuese por ti, yo no habría sabido que me estabais esperando. Debería darte las gracias, Hope Spell, pero firmaste un mal acuerdo.

Weischtmann se regodeó viendo cómo se desarrollaban las reacciones de los mortales: Varios soldados rodearon e inmovilizaron a Hope Spell mientras este intentaba explicarse a gritos, Shining Armor dio una orden para asegurarse de que nadie dañaba al unicornio verde, las portadoras miraron atrás mientras murmuraban. Podía sentir los sentimientos a flor de piel, las ideas silenciosas de aquellos que estaban considerando seriamente la oferta, y el deseo de acabar con tanto sufrimiento incluso si eso significaba sacrificar a un inocente al Tártaro.

La voz de Luna sonó atronadora en la planicie.

—¡NO OS ATREVÁIS A INTENTAR ENGAÑARNOS, DEMONIO! ¡NO CAEREMOS A LAS TENTACIONES DEL TÁRTARO, NO ALCANZAREMOS ACUERDO ALGUNO CON VOS! ¡SOLO TENÉIS UNA OPCIÓN: REGRESAD AL INFIERNO DEL QUE HABÉIS SALIDO!

El gran demonio observó largamente a Luna y dio un paso al frente. La oscuridad mágica que había sido echada a un lado se volvió a cerrar sobre los mortales, mientras los elementos luchaban por mantenerla a raya. Un segundo paso, y las seis portadoras fueron empujadas atrás, como si sus propios seres fueran rechazados por la mera presencia del demonio. Luna, por contra, se mantuvo firme mientras Weischtmann se acercaba.

—¿Qué es eso que presiento en vos, princesa? ¿Remordimiento? ¿Odio? Un gran error del pasado, un alma oscura como la mía… Una Reina…

—¡No os equivoquéis, demonio! ¡No equivoquéis quien fui por quien soy!

—¿Acaso teméis reconocer lo que vuestro corazón ansía, mi reina?

—¡BASTA!

Luna lanzó haz de energía azul al demonio; este lo atrapó con una mano y lo deshizo cerrando el puño sobre el mismo, como si fuese una llama inofensiva. Después alzó ambos brazos e hizo un gesto que recordó a un director de orquesta dirigiendo su ópera prima.

Luna cayó al suelo, sus ojos tomados por una magia violácea y gritó, jadeando aterrorizada mientras miraba al suelo.

La barrera mágica que convocaran los unicornios de Shining Armor para proteger a los soldados brilló intensa y brevemente antes de romperse. Decenas de Caballeros de Cristal gritaron con agonía.

Twilight Sparkle intentó auxiliar a Luna, pero tuvo que detenerse cuando sus defensas mágicas, apoyadas por su propio elemento de la armonía, detuvieron un poderoso hechizo demoníaco.

Shining Armor dio una orden y, mientras su formación cambiaba, los demonios salieron de la oscuridad y se lanzaron al ataque.

—¡Princesa! —gritó Twilight, mientras más y más monstruosidades tentaculares se acercaban—. ¡LUNA!

—¡Hay que ayudarla!

Rainbow Dash intentó volar hacia la alicornio, pero pronto varios demonios intentaron atraparla; la pegaso no se rindió, volando a toda velocidad y esquivando mientras intentaba llegar a Luna. Los Elementos rechazaban a casi todos los demonios que intentaban atacar a sus portadoras, pero al poco estas se vieron forzadas a retroceder ante la avalancha de criaturas y conjuros infernales que las asaltaron. La formación de Shining Armor se cerró sobre si misma, resistiendo el ataque e intentando avanzar en vano; varios pegasos cayeron entre gritos, afectados por la magia del Weischtmann, y no tardaron en ser atrapados por los demonios.

El Señor del Dolor caminó entre aquella matanza hacia Luna. Esta seguía en el suelo, jadeando, la magia haciéndola visitar los rincones más oscuros de su propia mente.

—La mente mortal está al borde de la caída hacia la locura. Solo basta un pequeño empujón.

Frente a sus ojos, la alicornio empezó a cambiar: su pelaje se oscureció hasta volverse completamente negro y sus ojos se afilaron, como los de los dragones. Hubo varios gritos llamando a Luna, intentando hacerla regresar.

—Álzate ahora, mi Reina, y doblega este mundo como mi servidora.

Aullidos.

El gran demonio miró alrededor cuando escuchó un aullido bastante cercano… seguido por otros. Después se escuchó el retumbar de los truenos. El Señor del Dolor hizo un gesto y apartó la oscuridad que él mismo invocara para revelar al nuevo enemigo. Una manada de grandes lobos, dirigida por una yegua gris, aullaba al unísono al cielo sin ni siquiera intentar ocultarse. Weischtmann levantó ambas manos y levitó sobre la nieve, su túnica y cabellos alzados por efecto de la magia que estaba invocando.

—¡No otra vez! ¡Esta vez os estaba esperando! ¡Hoy extingo a los Lobos Invernales!

Los rayos saltaron entre las nubes de tormenta y se acumularon en un punto sobre Weischtmann; este levantó una mano cuando un gran rayo cayó sobre él, pero no se inmutó: Los espíritus de la tormenta recorrieron su cuerpo y el brazo contrario que apuntaba a los lobos. El tremendo impacto hizo que aquellos depredadores que no murieron al instante fueran empujados varios metros lejos de la detonación.

Los Lobos Invernales retrocedieron, sus orejas gachas y gruñendo asustados.

Weischtmann notó una detonación mágica sobre él y chasqueó los dedos; Hope Spell, que se había teleportado espada en ristre, gritó cuando la magia demoníaca lo atrapó, levitándolo en el aire y sintiendo cómo era aplastado poco a poco.

—¿Ya has aceptado tu destino, mortal?

Un rayo multicolor atravesó a varios demonios e hizo impacto contra Weischtmann, lanzándolo atrás y rompiendo el hechizo que atrapaba a Hope Spell. Twilight Sparkle, rodeada por sus cinco amigas levitando a poca distancia de ella, volvió a conjurar. Los Elementos de la Armonía brillaron, sus energías convergieron en un único rayo contra el gran demonio. Pero esta vez estaba preparado: deteniéndolo con ambas manos, Weischtmann rompió el ataque en dos y lo lanzó contra el suelo a ambos lados de su cuerpo.

Los Lobos Invernales aullaron de nuevo, y esta vez la tormenta hizo blanco. El Señor del Dolor gritó, encogiéndose por efecto del rayo, y rugió mientras era cubierto por un manto de sombras; los demonios salieron de la oscuridad y se lanzaron contra los hermanos de la tormenta. Un arco ascendente con un brazo lanzó una tromba de muerte y oscuridad contra las Portadoras, las cuales tuvieron que juntarse mientras Twilight conjuraba una barrera para protegerlas. Un enorme demonio cargó contra los Caballeros de Cristal que, incapaces de resistir la embestida, rompieron el muro de escudos que les dando una oportunidad frente a la infinita horda de demonios.

La Reina de la Noche se levantó, y los pocos que llegaron a verla gritaron aterrorizados. Nightmare Moon miró a su alrededor hasta que clavó la mirada en Weischtmann.

—¡Mátalos!

La Reina de la Noche miró al cielo y, cuando volvió a clavar sus ojos afilados en el gran demonio, soltó una carcajada. Después se giró hacia las Portadoras de los Elementos.

—¡Luna! ¡Tienes que luchar, tú no eres Nightmare Moon!

—¡Los elementos, usemos los elementos otra vez! ¡¿Por qué no funcionan?!

—¡No lo sé!

—¡Princesa Luna, esto no es divertido! ¡No hace risa!

—Luna ya no está aquí —se regodeó Weischtmann. A su espalda, los lobos invernales luchaban una batalla perdida contra los demonios—. Ahora solo hay Nightmare Moon.

—¡No!

La Reina de la Noche, la portadora de la oscuridad eterna, avanzó hasta las seis yeguas y, cuando estas estaban a punto de huir, ocurrió algo inesperado.

Nightmare Moon les guiñó un ojo.

Girándose rápidamente, la negra alicornio lanzó un ataque mágico al Weischtmann. Este tuvo pocos problemas para rechazarlo, pero pareció francamente sorprendido por ello.

—Sois un necio. ¡Soy la princesa de la luna y las estrellas, la que lucha contra los espíritus de la pesadilla cada noche, y vuestra magia no es rival para nós!

Hubo un súbito cambio en la iluminación. La oscuridad que lo cubría todo bajó hasta el suelo donde fue consumida, como si hubiera sido aplastada. Las nubes de tormenta parecieron echarse a un lado… y el astro rey apareció, ascendiendo a toda velocidad hasta ocupar el lugar que normalmente le correspondería a medio día, aunque faltaban muchas horas para ello. La mayor parte de los demonios chirriaron ante el hiriente abrazo del sol y, con una orden de Shining Armor gritada desde el cadáver del gran demonio que rompiera su formación, el ejército poni inició un contraataque.

Como una saeta de fuego, algo cayó sobre el Weischtmann. Una deflagración de llamas blancas se produjo en torno al impacto, haciendo que el demonio retrocediera. Blanco el cuerpo, dorada la armadura e incandescente su normalmente insustancial melena, Celestia conjuró y una deflagración de luz y llamas obligó al gran demonio a protegerse. Luna galopó al combate y Twilight, sintiendo la energía que emanaba de la menor de las hermansa alicornio, comprendió: Luna no había perdido la razón, en ningún momento había vuelto a ser Nightmare Moon.

Al igual que Celestia, Luna estaba dando rienda suelta a toda su magia. Por primera vez en más de un milenio, las princesas regentes luchaban codo con codo.

Con una coordinación que pocos alcanzarían jamás, Luna y Celestia asaltaron a Weischtmann sin darle tregua. Allá donde fallaba la espada, llegaba la alabarda; donde una defensa fallaba, otra la suplía; donde fallaba la protección del demonio, la magia estallaba... Twilight notó un cambio en la luz, y fue cuando vio que la luna brillaba junto al sol, creando un cielo que alternaba la noche y el día. Literalmente, un evento astronómico solo conocido por leyendas.

Primero se sintió un temblor de tierra, y luego las dos alicornios fueron repelidas, impactando contra la nieve. Weischtmann levitaba, rodeado por un bosque de tentáculos de oscuridad; sus ojos refulgieron como nunca, sus facciones se oscurecieron y rugió mientras alzaba ambas manos. Sombras, espectros de pesadilla surgieron de la nada y se lanzaron contra las princesas.

Twilight y sus amigas intentaron llamar a los Elementos una vez más, pero no tuvieron tiempo: los tentáculos se alargaron a toda velocidad y las atraparon. Weischtmann avanzó imparable mientras más y más demonios aparecían a su alrededor. A un lado del gran demonio, allá donde no tenía su atención, hubo una carga de caballería: Los Caballeros de Cristal corrieron a través de la manada de Lobos invernales, apartando a los demonios que estaban hostigando a los hermanos de la tormenta y dejándoles vía libre para actuar.

Y estos volvieron a aullar, un único aullido cantado por cien almas al espíritu de la tormenta. Espíritu que respondió descargando toda su furia sobre el Señor del Dolor. Shining Armor avanzó, liberó a su hermana y sus amigas de los negros tentáculos y lanzó sus mejores hechizos al enemigo.

Unos pocos Caballeros de Cristal formaron para frenar a los demonios que aparecían por cientos mientras los magos del ejército concentraban sus ataques en Weischtmann. Los pegasos volaron a los flancos, lanzándose en picado para detener a cualquier precio a los demonios que intentaban rodear la formación.

Luna y Celestia acabaron con el último espectro de pesadilla, juntaron sus cuernos y lanzaron un hechizo que dejó una espiral negra y dorada en su trayectoria.

Hope Spell conjuró saetas de fuego contra el demonio.

Y Weischtmann rugió mientras se protegía de los ataques combinados.

—¡Twilight! ¡Dadnos tiempo!

—¡Sí, princesa!

Uno a uno, cada Elemento de la Armonía se iluminó y, con él, su portadora empezó a levitar. Todas ellas cerraron los ojos y rayos de luz conectaron cada amuleto hasta que todos ellos convergieron en el de Twilight Sparkle. El rayo multicolor impactó contra Weischtmann, rodeándolo por una jaula esférica de energía. El gran demonio embistió la trampa con todo su ímpetu, haciendo que las portadoras gritaran con cada impacto, como si los Elementos se fueran a quebrar en cualquier momento.

Luna y Celestia entonces detuvieron sus respectivos ataques y volaron a ambos lados de Weischtmann; los demonios intentaron atraparlas, pero Lobos Invernales, Caballeros de Cristal y Guardias Solares se afanaron en protegerlas.

—¡Pase lo que pase, no lo dejéis escapar! —fueron las últimas palabras de Celestia antes de que empezara a conjurar.

Las dos hermanas alicornio llamaron a la magia al mismo tiempo. Pronto, una sensación de desasosiego se superpuso sobre el calor de la batalla; los ojos de las princesas brillaron con un aura que poco a poco se tornó verde y enfermiza. Un círculo de fuego se formó bajo Weischtmann mientras luchaba por escapar, y pronto una voz imposible llenó las mentes de los mortales.

Hope casi perdió la concentración para mantener su magia al darse cuenta de que Luna y Celestia estaban hablando infernal.

El círculo de fuego se oscureció y un vórtice de energía apareció en su centro, agrandándose poco a poco. Cuando alcanzó el tamaño suficiente, volvieron a conjurar para forzar a Weischtmann a atravesar el vórtice de vuelta al Tártaro.

—¡NO! ¡Ningún mortal puede abrir un portal así! ¡¿Quiénes sois?! ¡¿Qué sois?!

Ni Luna ni Celestia respondieron, concentradas en sus respectivos hechizos. La magia de todos los magos y artefactos presentes se unieron al poder de la tormenta convocada por los Lobos Invernales. Weischtmann gritó e intentó conjurar, pero nada pudo hacer contra el poder combinado de los mortales. Finalmente cuando este hubo atravesado completamente el vórtice, todos los hechizos se cortaron de golpe y el círculo al Tártaro se cerró sobre si mismo.

No hubo tiempo a celebrarlo, al menos todavía no. Pues los demonios del terror y la tortura que convocara su gran señor siguieron atacando incesantemente a los mortales. Los Caballeros contraatacaron, los lobos gruñeron y se lanzaron contra los enemigos más separados, y los pegasos dieron caza a aquellos que intentaron huir.


Los supervivientes de la Guardia Lunar apuntalaron el tercer y último portón tras el que se habían resguardado. El último Caballero de Cristal se levantó y volvió a aguantarlo después de que un tremendo impacto lo lanzara al suelo e hiciera crujir el portón amenazadoramente. Este, al igual que los otros, podía resistir varias de las cargas explosivas de los ponis poseídos, pero era cuestión de tiempo que cayera.

Moonlight Sonata respiraba pesadamente. Un virote sobresalía de su armadura a la altura del pecho y, de no ser por esta, probablemente no habría sobrevivido. Pero sabía que no podía simplemente arrancarlo, no sin ayuda médica. Lo había partido por la mitad para tener algo más de movilidad.

Los tres Guardias Lunares que quedaban aguardaban con las espadas preparadas para combatir. Rezaban una silenciosa plegaria a la Diosa Luna, suplicando porque los guiara en su última cacería. Moonlight cerró los ojos, orando a su vez pero no por si mismo, si no por sus hijos. ¿Seguiría viva Rise Love? No lo sabía, pero si no era así sabía que sus hijos tendrían una buena familia con sus abuelos. El semental se quitó el casco y lo tiró al suelo, dejando su melena azul eléctrico al aire. A pesar del frío, sudaba a mares.

Cadence estaba en la sala junto al Corazón de Cristal. El frío del norte ya se había colado hasta lo más profundo del Palacio de Cristal, revelando la respiración de los presentes. La alicornio había ayudado a aguantar las otras puertas, y había luchado contra los poseídos cuando fue necesario pero, a pesar de ser una alicornio, no era una combatiente. Estaba agotada, y Moonlight Sonata le había pedido que guardara fuerzas para ponerse a salvo si no llegaban los refuerzos.

En el exterior volvía a haber silencio. Todos sabían lo que eso significaba: los poseídos estaban colocando otra carga explosiva. Era cuestión de tiempo que entraran. Ya no había otro lugar al que retirarse. Todos los presentes se prepararon para combatir hasta el final… pero no hubo una explosión.

Un crujido, como el rugir de un millón de diamantes formándose en un instante resonó en el exterior. Pudieron escuchar gritos, el galopar de un grupo de ponis cargando al combate, un semental gritando órdenes…

—Sargento, ¿qué hacemos?

—Mantened posiciones. ¿Podéis ver algo?

El batpony que miraba desde el puesto de tiro -pues hacía mucho que se habían quedado sin virotes para las ballestas- tardó unos segundos en responder. Pero no habló: hizo un gesto para que todos guardaran silencio y él mismo se apartó de la mirilla para no ser visto. Tras una espera interminable, alguien golpeó tres veces la puerta.

—¿Majestad? —llamó una yegua de voz elegante—. ¿Estáis ahí? ¡Princesa!

Cadence abrió la boca sorprendida y pareció dudar durante unos instantes. No tardó en decidir qué hacer: poniéndose en pie hizo una señal al Caballero de Cristal, y este abrió la puerta.

Al otro lado de la misma había un pequeño grupo de ponis de cristal. Todos ellos parecían civiles, alguno un noble o burgués, y todos iban armados con armas cortas. Y, al frente de la comitiva, una yegua destacaba por su elegante y autoritaria presencia. Una yegua de pelaje anaranjado y crines azul oscuro que vestía una armadura de diamante, claramente tallada por los mejores artesanos que el Imperio había ofrecido en toda su historia.

—Lady Sparkling Destiny. Su llegada no podía ser más propicia.

—Sentimos la llamada del Corazón de Cristal. Debíamos ayudar. No salgan del palacio todavía, hay un… Hay algo en el exterior.

—¿Algo?

—Es una batpony dicen, primero atacó a todos los que tenían los ojos negros pero no se ha detenido ahí. Una Caballera de Cristal ha ido a por ella, pero es muy peligrosa.

Moonlight Sonata surgió entonces de la sala y se dirigió a Cadence.

—Yo me encargo de esto, princesa.

—Soy consciente de que los batponies sois grandes combatientes —replicó lady Sparkling Destiny—, pero creo que has perdido la razón. Estás herido. No tienes ninguna posibilidad contra esa yegua, soldado.

Moonlight Sonata respondió mientras volaba hacia la salida.

—Créame, milady, si mi esposa hubiera querido matar ninguno habríais llegado hasta aquí.


Aura avanzó lanza en ristre por la calle donde había visto a la criatura meterse. El cielo se había vuelto loco. La luna brillaba junto al sol, que había surgido en un segundo desde el horizonte, la tormenta aullaba sobre su cabeza y había visto y escuchado una sucesión imposibles de rayos y truenos en la lejanía. Pero tenía otros problemas más importantes.

Ahora sabía que era una yegua batpony, pero no era normal. La había visto desaparecer en nubes de sombras, aparecer de la nada y matar a todos los batponies poseídos. Fuera lo que fuera también la había atacado a ella, de no ser por su armadura…

Lo primero que vio fueron sus ojos afilados.

La batpony salió de las sombras y avanzó agazapada hacia Aura, como si fuese un gran felino. Abrió la boca y bufó amenazadoramente, mostrando sus inmensos colmillos. Llevaba una espada cubierta de sangre en la pata delantera derecha, y también había restos del líquido vital en sus labios. Su pelaje, de un color azul muy claro, estaba encrespado y la hacía parecer aún más amenazadora. Llevaba una armadura de algún tipo de tela reforzada, pero en aquel momento estaba casi completamente destruida; si bien esa yegua tenía algunas heridas y la sangre cubría gran parte de sus flancos, no parecía inmutarse por ello.

Luego pensó que, probablemente, la mayor parte de esa sangre no era suya. Aura tragó saliva.

—¡Quedas detenida por la autoridad de la Corona de Cristal! ¡Ríndete, yo no soy tu enemigo!

La batpony súbitamente desapareció en jirones de sombra, pero Aura ya había aprendido el truco. Se giró a tiempo para detener el ataque con su casco armado, pero no llegó a contraatacar antes de que la batpony volviera a apartarse.

—¡Basta! —gritó un semental—. ¡Aléjate de ella!

Aura vio al Sargento Primero de la Guardia Lunar, aquel que organizó la defensa del Imperio, llegar volando. Estaba claramente herido y le costaba respirar, pero avanzó hacia la batpony enloquecida sin miedo.

—¡Apártese! —gritó Aura—. ¡Ha perdido la razón, me ha atacado!

—Tú no sabes nada de los batponies, y te juro que te mataré yo mismo si te atreves a ponerle un casco encima.

Moonlight Sonata se posó entre Aura y Rise Love, mostró los colmillos y bufó violentamente hacia la segunda. Esta respondió de igual forma y, tras unos segundos de bufarse como dos gatos a punto de pelear, la yegua saltó sobre él. Aura galopó hacia los dos, pero antes de poder alcanzarlos los dos se fundieron en jirones de sombras y aparecieron unos metros más allá, rodando por el suelo y luchando por placarse mutuamente.

Pero, tras dar varias vueltas en la pelea, se detuvieron. Él quedó bajo ella, inmovilizado, y la yegua se acercó dispuesta a morderlo. Moonlight no intentó defenderse realmente: la tomó por la cabeza y la obligó a mirarlo a los ojos.

—¡Hazlo! —gritó—. ¡Hazlo! ¡Mátame, Rise, sacia tu Sed si quieres, hazlo! ¡Pero luego vé y cuéntaselo a Emerald!

Hubo un estremecimiento en la yegua y un cambio en su expresión enloquecida. El semental no le dio tregua.

—¡Díselo también a Dusk! ¡Díselo a los dos! ¡Dile a tus hijos que tú mataste a su padre! Vamos, ¡HAZLO!

—Moonlight…

Aura bajó el arma; el semblante terrorífico de Rise love se relajó y, de pronto, solo pudo ver a una yegua. Una yegua cuyo rostro se truncó entre lágrimas y un largo sollozo.

—Los he matado… los he matado a todos.

El semental se levantó y abrazó a Rise, quien se dejó arropar por el calor de su pelaje.

—Ya estaban muertos, Rise. Ya estaban muertos.

Aura, que no supo cómo reaccionar ante aquel diálogo, se giró al sentir un súbito resplandor en la ciudad. Con una detonación energética, un rayo blanco y azul surgió de la gran plaza frente al Palacio de Cristal; cuando alcanzó su punto álgido, la energía empezó a extenderse en una semiesfera.

El Corazón de Cristal había sido devuelto a su pedestal.


Cuando el último demonio del terror y la tortura fue devuelto al Tártaro, la planicie vibró con los vítores de los vencedores. Los Caballeros de Cristal y la Guardia Solar gritaron con alegría, los Lobos Invernales aullaron una canción por los hermanos caídos, y las princesas Celestia y Luna recuperaron sus aspectos habituales.

Los oficiales sanitarios, que no habían dejado de tratar a los heridos desde que la batalla les dio una oportunidad, tomaron el mando. Dirigiendo los esfuerzos de evacuación, pronto se desplegaron camillas portátiles y otros enseres para ello. Varios lobos, dirigidos por Sweetie Grauj, se acercaron a los heridos y gruñeron en voz baja. Hizo falta varias explicaciones de la poni-lobo para que los ponis de cristal aceptaran que la manada estaba llamando a la tormenta para "insuflar su espíritu" en los heridos. Fuese lo que fuese, pareció funcionar.

Por otra parte, seis amigas se fundieron en un abrazo y una hermana pequeña galopó para abrazar a su hermano entre lágrimas.

Celestia no dijo nada en principio, aunque miró a su hermana con una enigmática sonrisa que lo dijo todo sin palabras. Aún así, decidió hablar.

—Tu plan ha sido brillante, Luna. Teniendo en cuenta el poco tiempo que hemos tenido de margen...

—Ojalá hubiésemos esperado a las Fatas Negras —murmuró la oscura alicornio—. Ha caído toda la compañía batpony... y muchos en el Imperio.

Celestia rozó con el lomo a su hermana.

—Hace quinientos años que no libro una guerra... pero la guerra nunca cambia. Han muerto muchos, es cierto, pero de no haber detenido aquí y ahora a Weischtmann... Luna, ¿me estás escuchando?

—Hermana, ¿sentís eso?

Celestia guardó silencio y lo notó. Una ligerísima corriente mágica, una sensación de intranquilidad creciente. Miró a su alrededor.

—¿Dónde está Twilight? ¿Dónde están las seis?

Las dos hermanas alicornio se miraron durante un instante y después miraron al mismo tiempo atrás, hacia el túnel de entrada al mausoleo.


Una única luz blanca iluminaba la sala donde por milenios estuvo encerrado el Señor del Dolor. El unicornio verde terminó entonces de dibujar un círculo rúnico en el suelo. Pero este era diferente, pues incluía en su diseño algunos fonemas de idiomas conocidos por pocos. El unicornio volvió a leer un pergamino que había desplegado en el suelo, revisando que no hubiera errado las instrucciones.

Hope se alteró al escuchar unos pasos acercarse; primero apareció una bola de luz, y el semental se tranquilizó al reconocer la controlada magia de Twilight Sparkle. Esta apareció al poco con sus amigas.

—¡Hope! ¿Has venido a por Aitana? ¿La has encontrado?

—No, todavía...

—¡Entonces hay que buscarla! —exclamó Pinkie Pie—. Será como jugar al escondite, ¡soy muy buena!

—Nos podemos repartir, ricura —añadió Rarity—, así la encontraremos antes.

—No la encontraréis. No está... por aquí.

—¿Qué... qué quieres decir? O sea, si no es molestia que pregunte...

—Que no está en este mundo.

Todas lanzaron una exclamación al mismo tiempo.

—Oh, Hope, ¡lo siento! ¡Lo siento tanto...!

—No está muerta.

Esta vez hubo un silencio repleto de confusión.

—Azucarillo, soy una yegua de granja. ¿Qué?

—Weischtmann es un demonio del terror y la tortura. No gana poder matando, si no... torturando. Se llevó a Aitana, pero todavía estaba viva.

—¡Entonces vamos a por ella! —gritó Rainbow Dash—. ¿Dónde está? ¿Cómo podemos ayudar?

—En el Tártaro.

Hope conjuró y una blanca barrera de energía apareció a la entrada de la sala, dejando fuera de esta a las seis yeguas.

—¡Hope Spell! ¡Qué vas a hacer!

—¡No vengáis a por mi! —exclamó mientras desenvainaba su espada—. ¡Pase lo que pase, no vengáis!

Alzando una pata, Hope guió el arma para abrirse un corte en la misma.

—¡Sangre para los dioses de la sangre! —gritómientras la sangre brotaba y empapaba su pelaje—. ¡A vosotros os llamo, señores del caos primordial! ¡Responded hoy a mi llamada!

—¡Hope, es una locura! ¡No lo hagas!

—¡Escuchad mi voz, escuchadme! ¡Responded, pues hoy cumpliré juramento!

La primera gota de sangre cayó sobre el círculo rúnico; esta se expandió como un reguero de fuego impío, delineando cada trazo y cada runa con una estela llameante. Voces imposibles surgieron de todos los rincones del ancestral edificio y Hope gritó: la magia del Tártaro hizo presa de su cuerpo, haciéndolo temblar de éxtasis y terror a partes iguales. Sus ojos se iluminaron con un todo rojizo.

—¡Para, no lo hagas! ¡No lo hagas!

—¡No ignoréis mi súplica, no ignoréis mi llamada! ¡Sentid mi alma mortal y permitidme el paso, oh señores del Tártaro! ¡HERMANOS!

Con ese grito, el mundo guardó un sepulcral silencio, como si la existencia misma estuviese conteniendo la respiración. Hope Spell alzó la vista y miró directamente a Twilight.

—¡No lo hagas!

—Desde...

—¡HOPE, NO!

—Desde las profundidades, yo os invoco.

Allá donde estuviera Hope, un remolino de llamas negras se formó. La barrera que mantenía a las portadoras en el exterior cayó y estas galoparon a por el semental. Pero este ya no estaba ahí.

En su lugar, allí donde había dibujado el círculo, un vórtice negro se abría.


NOTA DEL AUTOR:

Este capítulo... es uno que he imaginado un millón de veces, casi desde que concebí al propio personaje de Aitana Pones. Aunque la escena ha ido variando en mi mente con el tiempo, claro, ahora casi tengo ganas de llorar de verla por fín (¡Por fín!) plasmada en papel. Seguramente cuando me la relea encontraré detalles que mejorar... pero ha quedado mejor de lo que yo me esperaba.

Obviamente, este iba a ser un capítulo largo, de ahí las tres partes. Espero que no os haya importado mucho.

*Este intercambio, cuando Rise se encuentra con Shining Armor, tiene que ver con el final (todavía no escrito) de "La maldición del batpony".

**Los que ya habéis leído "La Maldición del Batpony" sabéis a qué se refiere Rise Love exactamente, y por qué es tan significativo que sea Emerald, su hija, la que sucumba a la Sed en su pesadilla. Los Cazadores Batpony son todo lo contrario a unos asesinos sin compasión.

No lo tenía previsto en un principio… pero me di cuenta que las fatas negras pegaban muy bien en esta escena. Además, son un villano demasiado molón como para no jugar con ellas un poquito más, aunque fuese brevemente. Desgraciadamente, los batponies no tenían ninguna posibilidad contra este enemigo.

Otro detalle interesante: dudé un buen rato sobre cómo referirme a las yeguas que luchan con los Caballeros de Cristal. ¿Damas de Cristal? ¿Las Caballeros de Cristal? Pero claro, dama no tiene el mismo significado bélico y heroico que caballero (no es machismo, es el contexto cultural e histórico que hemos bebido, me temo) y si quisiera crear un contexto histórico/fantástico en el que ambas palabras tuvieran la misma implicación, debería haberlo escrito mucho antes :S. ¡Todo un problema! Así que pregunté a la RAE por twitter… ¡Y sorpresa! ¡Resulta que no hay nada que impida usar "caballera" como sustantivo, y de hecho hay ejemplos en la literatura clásica!

Así que Caballeras de Cristal. Au.

Creé a la Caballera de Cristal Aura con la única intención de que sirviera de conducto narrativo en la escena del refugio… pero es que me encantó cómo quedó. En tan pocas palabras y acciones quedó un personaje tópico pero muy carismático, me parece a mi. Creo que volveré a jugar con ella en el futuro.

Un auto guiño en esta última escena: La invocación de Hope Spell está fuertemente inspirada en la que hace Draco Malfoy en el primer fanfiction que escribí: "Harry Potter 7: Esperanza y Sacrificio". Solo que Draco decía todo esto en latín: 'Sangi, sanginim dei, vos dixi fatres! Esse fidele iuramentum! De profundis invocameritus te!'.

Y espero de verdad que la aparición de Lady Sparkling Destiny para rescatar a Cadence y compañía os haya dejado locos :P.

Me he dado un poco más de prisa de lo normal en publicar esto. Pasa que ahora estoy a mitad de organizar una mudanza internacional (me vuelvo a España) y otras cosas, así que es posible que no pueda dedicarme a escribir en unas cuantas semanas. Por eso quería dejar este capítulo finiquitado. Espero que no se me escapara ningún dedazo demasiado gordo :S

Un saludo y gracias por leer.