El unicornio gritó con todas sus fuerzas y se aferró a su propia conciencia para evitar ser arrastrado hasta el olvido.

Hope se sintió girar en la nada; abrió los ojos, pero no consiguió encontrar el sentido a lo que veía. Millones de imágenes se sucedían a su alrededor: formas, colores, espíritus, ideas y sueños, todo ello convertido en una amalgama que giraba vertiginosamente.

Conjuró y descubrió que la magia acudía a él con facilidad en aquel lugar. Una barrera apareció a su alrededor, dándole tiempo para intentar poner en orden sus pensamientos; durante unos instantes sintió que un millar de ideas ajenas pugnaban por ocupar su mente. Cerró los ojos, respirando lentamente.

—Vale… ¡Vale! Esto es el muro de los sueños, no tengo mucho tiempo… ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien ahí?! ¡Hola!

Nadie respondió. Hope volvió a conjurar para reforzar su barrera al notar cómo esta se resentía ante el ímpetu de las voluntades de todas las criaturas sentientes. De no ser por esta, y por ser él mismo un mortal, ya habría borrado todo rastro de su existencia. Cualquier demonio habría sufrido ese destino al instante de hallarse en su posición.

¿Estás perdido, pequeño unicornio?

Frente a Hope Spell, una distorsión se formó y adquirió forma; era una proyección semi transparente de una criatura, de la cual solo podía ver los hombros y la cabeza. Era delgada, muy delgada y esquelética. Tenía el pelaje de un color rojizo apagado en los brazos y rostro, estando su cuerpo y parte superior de la cabeza cubiertos por un pelaje gris oscuro. Sus ojos eran negros, salvo por las pupilas cuyo color amarillo las hacía destacar sobre los mismos. Enmarcando el rostro por debajo, una larga barba blanca, y por arriba dos diminutos cuernos negros.

—¿Qué… quién eres?

—Oh, ¿esperabas un demonio? ¿Y quién te dice que yo no lo soy? —murmuró la aparición—. Ningún señor demonio será capaz de llegar aquí —dijo, señalando a su alrededor—. Esa invocación que hiciste debe hacerse después de haber alcanzado un acuerdo con uno, no antes. Ahora no tienes escapatoria: tu voluntad será consumida, y todo rastro de tu persona borrado de la existencia misma.

Hope Spell miró a su alrededor, esperando poder ver el portal que lo había transportado ahí. Twilight tenía razón, había sido una locura.

—Pero tú has llegado a mi. ¿Cómo es posible?

—Porque estoy en tu mundo y escuché tu llamada. Normalmente, cualquier otro demonio la habría respondido antes, pero esta vez solo estaba yo. Una suerte que seas un demonologista incompetente.

—No soy un demonologista, pero eso no importa ahora. Tú lo has dicho, necesito ayuda, y si estás aquí será porque quieres alcanzar un acuerdo. Habla.

El ser sonrió pero, antes de que llegara a hablar, Hope alzó un casco.

—¡Espera! Cualquier trato que alcancemos cumplirá dos condiciones: Tú me ayudarás con mi objetivo, yo te ayudaré con otro, pero no te serviré después. No permitiré que me esclavices y uses mi alma a tu antojo: después de cumplir seré un mortal libre, volveré a Equestria y mi alma me pertenecerá a mi y solo a mi. Si no puedes cumplir estas condiciones, prefiero esperar a desaparecer antes que ser torturado por toda la eternidad.

La criatura rió ligeramente. Su voz era raspada, susurrada y parecía débil pero divertida ante la situación.

—Veo que sabes hacer tratos con los demonios. Acepto tus condiciones. Mi pago será que, una vez vuelvas al mundo físico, me liberarás. Estoy preso en la prisión del tártaro, allá donde la princesa Celestia encierra a aquellos enemigos que no puede destruir. A cambio de mi ayuda, vendrás a liberarme, si no lo haces, tu alma me pertenecerá.

—Bien —afirmó Hope sin dudar—. El Señor del Dolor, Weischtmann, ha arrastrado al Tártaro a una yegua llamada Aitana… Dawn Hope. Estaba viva cuando se la llevó, y todavía debe estarlo. Guíame hasta ella y ayúdame a devolverla al mundo físico.

La criatura hizo un sonido con la garganta, como si estuviera pensando, y se giró. De no haberse tratado de una proyección, Hope imaginó que se habría alejado de él mientras hablaba en voz alta.

—Weischtmann, Weischatmann… Invocas nombres muy antiguos, pequeño mortal. Así que por eso los Grandes Señores están tan alterados, ¿habéis conseguido desterrar al Señor del Dolor?

La criatura tornó sobre si misma y miró directamente al unicornio.

—Es obvio que no puedo competir contra Weischtmann por el alma de tu amiga. Pero puedo guiarte a través de los infinitos planos del Tártaro hasta ella y guiarte de vuelta al mundo real, al mismo portal que tú has creado. Pero vas a saltar al plano de existencia del Señor del Dolor: no tengo poder ahí dentro. No podré ayudarte, y tampoco podré traerte de vuelta, solo puedo mostrarte el camino. Puedo hacer esto último ahora mismo si lo deseas; serás libre y vivirás. Tú escoges.

Hope Spell cerró los ojos, y tomó aire profundamente por el hocico… Bueno, si es que era aire eso que respiraba, no estaba muy seguro. Algunas teorías situaban el mundo de los sueños a medio camino entre el plano espiritual y el físico… "No pensemos en teorías pseudoespirituales ahora".

—Me arriesgaré. Muéstrame el camino a ella.

La criatura volvió a girar y alzó una pata que acababa en una garra similar a la de un grifo.

—Como gustes. Sigues siendo la mejor oportunidad que he tenido en siglos.

Y chasqueó los dedos.

Todo se fundió en un torbellino de colores y sensaciones.

Hope se sintió caer a través de un océano infinito y vacío; las miles de ideas y sueños que lo rodearan pasaron a toda velocidad junto a él, podía sentir la sensación en el estómago de estar cayendo pero no podía sentir el aire ni la velocidad. Y pronto se vio rodeado por la negrura más absoluta, pero no se trataba de una mera ausencia de luz: era la ausencia de realidad y de creación. Durante unos instantes solo pudo escuchar su propio aliento y el alocado galope de su corazón en el pecho.

Y entonces cayó en un océano infinito de inexistencia y sufrimiento.

Hope cerró los ojos y gritó. La sensación fue como caer en el agua desde una gran altura, pero no había agua; su pelaje ardió, su alma gritó y todos sus instintos le suplicaron escapar de aquel lugar.

Hope apretó los dientes y abrió los ojos. Las náuseas le sobrevinieron y vio que, evidentemente, su pelaje humeaba sin fuego.

Los artistas representaban el Tártaro como un lugar de pesadilla: un mundo de ariscas montañas, fuegos eternos y almas torturadas. Pero lo que rodeaba al semental no se asemejaba en nada a todo aquello: no había un arriba o un abajo, no había referencia alguna, de hecho el verbo "caer" carecía de significado ahí. Flotaba, si es que eso era posible en aquel lugar, rodeado por objetos y criaturas que se negaban a mantener una forma fija. Demonios que durante un instante adquirían una forma definida para, en un instante, desaparecer en una nueva; burbujas de algo que parecía cristal fundido pasearon por su vista, espíritus que recorrían el lugar a toda velocidad saltando a través de los únicos objetos que parecían mantener algo parecido a una consistencia en aquel mar del Caos primordial.

Hope primero las escuchó… y luego procesó lo que estaba viendo. Ya no eran reconocibles, ya habían perdido todo rastro de lo que una vez fueron, pero no tuvo duda: Aquellos objetos, aquellas criaturas que gritaban desesperadas y sin esperanza eran las almas atrapadas en el Tártaro. Los espíritus que volaban entre ellas, demonios alimentándose de sus esencias. Sabía que no podía ayudarlas, pero también dedujo que ninguna de ellas era Aitana.

Él conservaba su cuerpo físico, después de todo.

Girando sobre si mismo sin saber bien cómo lo estaba haciendo, escaneó sus alrededores. No quería usar la magia, todavía no; en primer lugar, no sabía si funcionaría, y en segundo estaba convencido que llamaría la atención de inmediato al señor de aquel plano del Tártaro. Tenía que haber algo que le indicara dónde estaba Aitana, algo que destacara por encima de lo todo lo demás. La presencia de la Arqueóloga en aquel lugar era una anomalía, de eso no cabía duda.

En la lejanía, vio un grupo de espíritus, o quizá eran demonios, rodeando un punto como un enjambre. El mago blanco pegó una patada a una masa informe que apareció cerca de él, se agarró a una roca flotante que se puso a su alcance, alargó un casco para corregir su trayectoria cuando pasó junto a un alma torturada -y lamentó no poder responder a su silenciosa súplica de ayuda-, y con un último empujón se dirigió directamente hacia su objetivo.

Los espíritus eran oscuros y, a pesar de cambiar de forma constantemente, tenían siempre elementos comunes: tentáculos de sombras, garras, colmillos… Eran demonios de la tortura, como los que acompañaron a Weischtmann al mundo de los vivos. Todos ellos formaban una esfera muy densa, de forma que Hope tardó en ver qué había en el centro de la misma. Fue cuando uno de los demonios se lanzó hacia ahí que un hueco se abrió, permitiéndole echar un vistazo durante un instante.

El demonio atravesó a la criatura que flotaba ahí; la yegua marrón parecía inconsciente y todavía portaba sus grandes alforjas en el lomo y la espada de su madre en la pata delantera derecha. Cuando el demonio se fundió con ella, Aitana Pones abrió los ojos y lanzó un silencioso grito. Después convulsionó durante unos segundos hasta que, finalmente, el demonio abandonó su cuerpo.

Todos los demonios variaron su rumbo rápidamente al sentir la magia. Se apartaron rápidamente de Aitana y aquellos que no lo hicieron retrocedieron cegados por la deflagración de luz que convocó Hope Spell. El semental se empujó con telequinesia y, a toda velocidad, atrapó a Aitana en un abrazo.

—¡Aitana! ¡Te voy a sacar de aquí! ¡Vamos, despierta!

La yegua estaba semi inconsciente, y las pocas veces que parecía recuperar la consciencia se movía erráticamente mirando al infinito. El semental verde volvió a llamar a la magia blanca para alejar a los demonios que ya se arremolinaban en torno a él y se buscó cómo regresar. Podía sentirlo, como una guía en su mente, como una idea fija que le permitiera volver al mundo de los vivos. Se concentró en esa idea y llamó una última vez a la magia, intentando teleportarse…

...pero no funcionó.

En un instante, esa información que debía permitirle volver desapareció de su mente. Hope volvió a conjurar, pero la magia abandonó su ser, absorbida por una voluntad tan antigua como la creación misma.

—Vaya, ¿qué tenemos aquí?

Desde su punto de vista, el Weischtmann estaba en una posición incorrecta, cabeza abajo y en diagonal, pero en aquel lugar aquello era irrelevante. La blanca criatura, el Señor del Dolor, se acercó levitando poco a poco a los dos mortales que había en su reino.

Hope abrazó a Atiana y pataleó buscando algo con lo que empujarse lejos de Weischtmann. No lo encontró.

—Al final hemos completado el pacto tal y como acordamos.

—¡Yo no acordé esto!

—¿Acaso importa? Ahora estás en mi reino.

Los demonios de la tortura volaron en torno a Hope y Aitana; este intentó llamar desesperadamente a la magia mientras el gran señor demonio se regodeaba en su terror. Cada vez más cerca, los demonios esperaron para que el primero se lanzara a alimentarse del miedo y el sufrimiento de los mortales. Y Hope, finalmente, solo atinó a rezar por una muerte rápida…

...cuando algo los golpeó con gran fuerza.

Una pegaso de humeante pelaje azul y crin multicolor los agarró a los dos. Con los ojos lagrimeando por la velocidad y la impresión de haber llegado al Tártaro, intentó desplegar las alas y maniobrar pero descubrió que en aquel reino el vuelo no funcionaba como ella estaba acostumbrada. Flotaron sin control a través del caos que los rodeaba, los demonios siguiéndolos de cerca… hasta que se detuvieron con un violento y doloroso tirón. Rainbow Dash gimió por el golpe.

—¡Rainbow!

—¡No la sueltes!

La portadora de la Lealtad tomó la cuerda que llevaba atada a la cintura, cuyo extremo se perdía en la infinidad del Tártaro, y tiró dos veces de ella. La cuerda se tensó y, en un instante, empezaron a desplazarse a una velocidad imposible, dejando atrás al enjambre de demonios. Después vino la oscuridad del vacío y la inexistencia, después la amalgama enloquecedora de ideas y sueños…


Unos minutos antes.

—¡Tenemos que ayudarlo! ¡Hay que hacer algo!

—¡No sé qué hacer! —gritó Twilight—. Puedo usar el vórtice para seguirlo, ¡pero no para volver! ¡A duras penas he empezado a aprender sobre estas cosas!

—¡Applejack, la cuerda!

La poni granjera, entendiendo lo que pretendía Rainbow, no dudó un instante en sacarla y atarla rápidamente a su cintura.

—¡No sé si podrás volver! ¡No sé si la cuerda ayudará!

Pinkie Pie dio un saltito, se le atufó -todavía más- la melena, tuvo dos tics y medio en la cola y le aletearon las orejas tres veces.

—¡Mi Pinkie-sentido me dice que si intentamos algo difícil conseguiremos un graaaan regalo!

—Pero chicas…

Twilight sintió que se calmaba cuando notó el roce de Fluttershy a su lado. La dulce pegaso amarilla estaba aterrada, pero no era difícil saber que no temía por su propia seguridad.

—Twilight, yo también tengo miedo, pero… están atrapados en el Tártaro y… Hay que ayudarlos

—Además, cariño —añadió Rarity al otro lado—, lo que ha hecho Hope Spell es la mayor muestra de amor que hay. Y el amor no es más que la amistad llevada un paso más allá, si me preguntas a mi.

Twilight no tardó demasiado en dejarse convencer. Conjuró e hizo levitar el pergamino que usara Hope para hacer su ritual, leyéndolo a toda velocidad a pesar de los distintos idiomas olvidados usados en el mismo.

—¡Usaremos los elementos como ancla! —gritó—. Nos ayudarán a mantener el vórtice abierto. ¡Rainbow, ven!

La yegua lavanda se manchó el casco con una gota de la sangre de Hope Spell que había caído fuera del círculo; después conjuró, haciéndola brillar y tocó a Rainbow Dash, transmitiéndole el brillo.

—¡Woah! ¿Qué es esto?

—Una guía, te llevará directamente a Hope Spell. Sí, lo sé, la magia de sangre da repelús —Twilight volvió a conjurar y una barrera mágica se formó en torno a Rainbow.

—¿Y la barrera esta?

—Para que puedas atravesar el Muro de los Sueños.

—¿El qué?

—Primero atravesarás un plano lleno de ideas y sueños; no te quedes mucho tiempo en él o podrías desaparecer. Luego deberías llegar a donde esté Hope Spell pero… es muy arriesgado, Rainbow. No sé qué va a pasar, ¡no sé si volverás!

Hubo un silencio en la sala. El vórtice crepitó. Rainbow bajó la vista al mirar al mismo y su voz no perdió un ápice de determinación, pero en ella se reflejaron un profundo respeto y una igualmente profunda tristeza.

—Aitana luchó junto a Daring Do en Germarenia, Twilight. Y si ella… estuviera viva, no dejaría sola a Aitana. Aunque decía que trabajaba sola, ella era...

—Azucarillo…

—¡No voy a quedarme quieta, voy a ir a por ellos con o sin vuestra ayuda! —exclamó, encarando a sus cinco amigas—. Por favor, ¡por favor no os culpéis si sale mal! ¡Esto es algo que tengo que hacer!

Fluttershy se acercó y la abrazó con fuerza.

—Vuelve, por favor —le suplicó.

—Eres la portadora de la Lealtad —murmuró Applejack mirando a un lado, sabiendo que no podía detener a su amiga—. Aguantaremos la cuerda por ti, tira dos veces de ella y te sacaremos.

—¡Oh, Rainbow! —sollozó Rarity dramáticamente—. ¡Ten mucho cuidado!

—¡Y cuando vuelvas haremos una fiesta!

Rainbow se sacudió a sus amigas de encima con una sonrisa. Todas sabían lo asustada que estaba la aspirante a Wonderbolt, pero también sabían que era demasiado orgullosa como para mostrarlo y demasiado leal para fallar al que seguramente sería el deseo de su difunta amiga y heroína.

—Ya puede ser una gran fiesta, Pinkie. ¡Una digna de alguien que bajó al infierno mismo!

Dicho esto, Rainbow dio un aleteo y saltó hacia el vórtice, desapareciendo a través del mismo. Applejack corrió a coger el otro extremo de la cuerda.

—Por todas las manzanas, ¡esta potra inconsciente!

—Siempre le ha gustado dar el espectáculo.

—¡Agarrad las cuatro la cuerda y esperad! ¡Yo mantengo esto abierto!

Twilight Sparkle conjuró; los cinco elementos de la Armonía se iluminaron y sus haces se concentraron en el cuerno de la unicornio lavanda al mismo tiempo que esta entonaba un antiguo hechizo ritual. Sus ojos, tomados por la magia, se tornaron completamente blancos e incandescentes, y pronto un círculo rúnico apareció en torno al vórtice.

—T… ¿Twilight? Estás… ¿estás bien?

—¡Está bien, Fluttershy! ¡Sabe lo que hace!

—¡Pero nunca la había visto así, ni siquiera cuando me dio alas de mariposa para ir a Cloudsdale!

—¡Yo tampoco! —chilló Pinkie—. ¡Seguro que es divertido! ¡Le tenemos que preguntar!

—Pinkie… no sé si… ¡Ay!

Las cuatro gritaron cuando la cuerda dio un súbito tirón en sus cascos. Solo la tozudez de Applejack unida a sus fuertes patas acostumbradas a derribar manzanas a coces evitó que perdieran agarre.

—¡Se ha acabado la cuerda! ¡Sujetadla fuerte!

—¡Tenemos que sacarla de ahí!

—¡Todavía no! —gritó la poni granjera—. ¡Todavía no, confiad en Rainbow! ¡Esperad a su señal!

El incesante recitar se volvió dubitativo durante un instante y Twilight gruñó, sudando por el esfuerzo. El círculo de runas que convocara se volvió más pequeño y el vórtice empezó a cerrarse con un violento crepitar.

—¡Twilight! ¡Aguanta un poco más!

Hubo dos detonaciones mágicas en la sala, y dos alicornios aparecieron al mismo tiempo. Luna fue la primera en reaccionar: miró durante un instante la escena y, al momento, conjuró y su magia se unió a la de Twilight Sparkle.

—¡Qué estáis haciendo! —preguntó Celestia—. ¡Es un portal dimensional, un punto de entrada a nuestro mundo! ¡Hay que cerrarlo!

—¡No! ¡Hope ha ido a por Aitana, y Rainbow también!

—¡¿QUÉ?! ¡¿Pero en qué estábais…?!

—¡Cállese y ayúdenos! —gritó Fluttershy, recuperando al momento su tímida compostura usual—. Es decir… por favor, princesa.

Quizá el ímpetu de Fluttershy, visto por muy pocos, fue suficiente para convencer a Celestia; quizá esta decidió que no podía dejar a una de las grandes heroínas de Equestria sufrir una eternidad de torturas en el Tártaro; o quizá supo ver que las consecuencias de romper la unión de los Elementos de la Armonía serían mucho más funestas que cualquier criatura demoníaca que pudiera llegar al mundo a través de ese vórtice. Celestia se posicionó junto a Twilight y, tras echar un vistazo al pergamino y reconocer el ritual que estaba haciendo su alumna, unió su voz y su magia al mismo. El vórtice crepitó violentamente, pero dejó de contraerse.

Un nuevo tirón hizo que las cuatro amigas gritaran y se acercaran peligrosamente al vórtice. Applejack, al final de la cuerda, hincó sus cascos con fuerza y se negó a dejarse arrastrar.

—¡¿Qué ha sido eso?!

—¡Esperad!

Pasaron varios segundos hasta que hubo un nuevo tirón, exactamente igual que el anterior.

—¡Es la señal! ¡Todas a una, tirad! ¡Tirad!

Al principio, lo cascos de las cuatro resbalaron infructuosamente en el embaldosado; tras unos segundos, la cuerda cedió y, lentamente, empezaron a hacer progresos. Parecía como si estuvieran arrastrando algo muy pesado desde el fondo de un pozo de alquitrán. Tirón a tirón, la resistencia pareció ceder y el trabajo se volvió mucho más simple. Se quedaron atascadas durante un instante, como si Rainbow (o lo que fuera que arrastraban) se hubiera topado con algo. Las cuatro se detuvieron un segundo para recuperar aire y, coordinadas por Applejack, dieron un último tirón con todas sus fuerzas.

Todas ellas perdieron el equilibrio, cayeron al suelo, y tres figuras equinas surgieron del vórtice, cayendo aparatosamente al suelo. Twilight, Celestia y Luna cambiaron su hechizo rápidamente y el vórtice se selló en un instante.

Rainbow Dash temblaba violentamente fruto de la adrenalina, y su pelaje humeaba. Sin embargo no parecía estar herida en absoluto, al igual que Hope Spell. Todas las amigas se abrazaron con alegría, y las princesas se acercaron a los recién llegados.

—¡Hope Spell! —llamó Celestia—. Eso que has hecho ha sido insensato, ¿en qué estabas pensando?

—¿Que en qué…? —la voz de Hope tembló ligeramente, pero pronto el temor ante la princesa del sol se tornó en enfado—. ¡¿Cómo que en qué estaba pensando?! ¡En salvar a Aitana del Tártaro!

—¡Ha sido una imprudencia, podrías haber abierto un nuevo portal!

—¡Por si lo ha olvidado, princesa, de no ser por Aitana Pones NADIE habría sabido que iban a liberar a Weischtmann! ¡Le debemos mucho!

Twilight, Applejack, Pinkie Pie, Rarity y Rainbow se alejaron de Celestia y Hope. Estos ya estarían apretando el hocico el uno contra el otro de no ser porque Celestia no se había dignado en bajar la cabeza para estar a la altura de Hope. Ajena a la discusión, Fluttershy se agachó junto a la yegua marrón.

—¡La misma yegua que liberó a un demonologista en Manehattan!

—¡Y la misma que luchó por Germarenia hasta el fin, y que solo dos días después vino a luchar aquí! ¡¿Dónde estaba usted?! ¡¿Ocultando información importante?! ¡¿Comiendo pasteles?!

—¡¿Cómo te atreves?!

—¡¿Crees que me das miedo? He bajado al infierno mismo!

Esta vez sí, Celestia bajó la cabeza y clavó la mirada en Hope; el silencio, que solo duró un instante, fue roto por un agudo sollozo que hizo que todos reaccionaran. Fluttershy estaba sentada sobre sus cuartos traseros y había tomado a Aitana con las patas; la apacible pegaso lloraba a lágrima viva, abrazando a la yegua marrón con fuerza, viendo algo que nadie más podía ver. Esta última estaba inconsciente y se contraía de forma espasmódica.

—No está bien. ¡No está bien! Está sufriendo… Pobre criaturita...

Hope Spell, Twilight, Celestia y Luna conjuraron a la vez, buscando restos de magia o de posesiones en Aitana Pones. Todos ellos mostraron su confusión por el resultado.

—No es un hechizo.

—Ni una posesión.

—Mas nós sentimos algo en ella, un resquicio del poder infernal.

—¡Necesita un hospital!

—¡No podemos meterla en el Imperio en esta condición! —argumentó Celestia— Si está poseída…

—¡Pero no es una posesión!

—¡No sabemos qué puede ser!

Se escuchó un golpeteo de unos cascos en el pasillo que iba a la salida. Una yegua gris de ojos ambarinos y crines blancas y celestes apareció. Sweetie Grauj saludó a los presentes con un gruñido y miró directamente a Luna.

—Vidente de las Estrellas, mi madre ha aullado para ti.

—¿Que ha aullado…? Oh, claro. ¿Qué dice su aullido?

—Dice: "El cazador ha sido derrotado y suplica por su muerte".

Tan rápido como había llegado, la poni Loba Invernal abandonó la estancia y se dirigió a la salida. Al igual que todos los hermanos de la tormenta, Sweetie Grauj era un poco claustrofóbica. Rainbow resumió el sentimiento general en una palabra:

—¿Qué?

—Luna, ¿qué sabes que yo no? —preguntó Celestia.

La alicornio de la noche miró largamente a Aitana Pones que seguía teniendo espasmos entre los cascos de Fluttershy. La bondadosa pegaso, entre lágrimas, hacía lo imposible por calmarla con dulces palabras y caricias.

"Puede que se convierta en uno de tus mayores aliados, vidente de las estrellas... o en tu peor enemigo".

—Una posible senda del destino, hermana. Eso es lo que sabemos.

—¿Y tiene que ver con Aitana Pones?

—Es… es posible. Nós no sabemos bien cómo proceder. Llevarla a la civilización es arriesgado.

—¿Y si es un truco de Weischtmann? ¡Ha estado en su plano existencial, Luna! Ha pasado mil años atrapado, hará lo imposible por regresar si puede.

—Hermana, ¿no estaréis proponiendo…?

—¡No, claro que no! Digo que deberíamos tenerla apartada hasta que podamos observar qué ocurre, entonces decidir.

—Mas si no recibe ayuda es posible que jamás lleguemos a entender qué tipo de magia la ha...

Hubo una detonación mágica… y las dos princesas regentes se encontraron solas en la ancestral cámara. Las portadoras de los Elementos de la Armonía habían decidido por ellas.


Twilight, Rainbow, Fluttershy, Applejack, Pinkie Pie, Rarity, Hope Spell y una insconsciente Aitana Pones aparecieron en el valle, a varios kilómetros del mausoleo y a medio camino del Imperio de Cristal. Nada más aparecerse, Hope Spell conjuró un hechizo de sueño sobre Aitana y ayudó a Applejack a cargarla sobre su grupa.

—¡Twilight! ¡Es una gran falta de protocolo dejar así a la realeza, querida!

—Ya me disculparé con Celestia, pero creo que hay cosas más importantes. Chicas, ¿soy la única que siente que los elementos están… molestos?

Todas se miraron entre sí antes de confirmar que Twilight no era la única que lo había sentido.

—Lo suponía. Pero ahora paso a paso: tenemos que ayudar a Aitana. No sé qué le pasa: Si fuese magia, una maldición o una posesión, tanto Hope como yo lo sabríamos. Esto es algo más.

—No es una enfermedad o una herida que no se ve —afirmó Fluttershy. Aunque seguía hablando en susurros, su voz tenía más firmeza de lo habitual—. Es decir… he tratado a muchos animalitos enfermos o heridos, y Aitana no lo está.

—Pero Luna y Celestia tienen razón en algo —intervino Rainbow Dash—. ¡Pensadlo! Imaginad que es un truco de ese monstruo para volver al mundo real, e imaginad que lo hace cuando está en una gran ciudad. ¡Sería un desastre!

—Entonces… Va a necesitar un hospital, un médico, alguien que sepa de magia que nadie más conoce y protección —resumió Rarity—. ¿Falta algo?

—¡Esconderla! —añadió Rainbow—. No sabemos cuánto estará así, ¡los malos podrían ir a por ella cuando es vulnerable, como en la cuarta novela de Daring…! —la pegaso se calló a media frase—. Hay que mantener en secreto dónde la esconderemos.

—¡Uy, eso puedo hacerlo yo! ¡Como una gimcana, pero al revés, llevando a los malos a donde no esté Aitana! Además, a lo mejor a las princesas no les gusta lo que hacemos e intentan llevársela. ¡Tiene que ser un gran secreto!

—¿Por qué?

Las seis yeguas se giraron hacia Hope Spell. El semental parecía realmente abatido.

—¿Por qué estáis ayudándola? Os lo agradezco muchísimo, pero os estáis enfrentando a las princesas. ¿Por qué…?

—Porque eso es lo que hacen los amigos.

Twilight mantuvo la mirada durante unos instantes en Hope Spell, aunque acabó apartándola y mirando a la nada sin darse cuenta. Su fuero interno seguía debatiéndose entre las posibilidades: estaba traicionando a sabiendas a Celestia, su amiga y mentora, yendo en contra de sus deseos e instrucciones. Pero las últimas semanas habían echado por tierra toda concepción previa que tenía del mundo, y tras lo que acababa de ocurrir, tras haber sido forzada a usar los Elementos de una forma tan contraria a la naturaleza de los mismos… Además, una parte de ella temía profundamente lo que Celestia pudiera hacer respecto a Aitana. La vía más rápida no suele ser la correcta.

—Twilight, querida, tu cara habla por si misma.

—¿Oh? ¿Y qué dice mi cara?

—"Tengo un plan y me falta papel hacer una lista" —recitaron las cinco amigas a la vez.

—Os equivocáis en lo segundo —respondió ella entre risas, sacando varios pergaminos y una pluma de su alforja—. Pero no es solo una lista: tengo que escribir varias cartas ahora mismo. Rainbow, localiza el punto de referencia más cercano, un lugar deshabitado. Fluttershy, si ves algún animalito por aquí, intenta preguntarle si hay gente en nuestro camino, nadie nos puede ver. Hope Spell, y tú también Flutteshy, encargáos de Aitana y avisad si empeora. Pinkie, avísanos si tu Pinkie-Sentido te avisa de algo. Rarity, nadie mejor que tú para hacer una camilla para Aitana. Y Applejack...

La unicornio se quedó en silencio con la boca abierta unos segundos.

—Este… ¿puedes seguir llevando a Aitana, por favor?

—No hay problema, azucarillo.

—¡Yo te acompaño! —exclamó Pinkie—. ¡Puedo cantar una canción para divertirnos!

—Azucarillo, tenemos que evitar que nos oigan o vean.

—¡Entonces será una canción silenciosa!

Pinkie Pie empezó su alegre y silenciosa melodía; Rainbow Dash despegó y, a los pocos minutos, regresó para informar de la localización de una formación rocosa cercana. Twilight escribió cartas a toda velocidad y, nada más terminarlas, las quemó con un hechizo.

Sobre el grupo, el sol y la luna regresaron a la posición que les correspondía. Estaba amaneciendo, y la luz anaranjada del astro rey bañó la estepa. La tormenta, habiendo acabado la batalla, se había retirado junto a los Lobos Invernales.