El primer cargamento de ayuda llegó tan solo dos horas después del ataque, enviado desde el asentamiento más cercano al Imperio de Cristal. A este lo siguieron muchos más proveniente de todos los rincones de Equestria: Trottingham, Manehattan, Ponyville, Canterlot, Appleloosa… Al igual que ocurriera tras el asedio de Germarenia, toda la nación se volcó en enviar ayuda. Esta no se había limitado únicamente a materiales, comida y medicamentos: muchísimas criaturas se ofrecieron voluntarias para ayudar con su trabajo, hasta el punto que hubo que determinar qué profesionales eran necesarios para evitar que el Imperio fuese inundado por una marea de ponis más bienintencionados que preparados para la tarea.
Sorprendentemente, respondió un grupo que nadie habría esperado: Una pequeña manada de perros joyeros proveniente de las cercanías de Ponyville. Muchos ponis de cristal habían quedado atrapados cuando se vieron forzados a derrumbar las entradas de los refugios para evitar el asalto de los batponis poseídos, por lo que el trabajo de esta normalmente hostil raza fue muy bien recibido. Por supuesto, exigieron un pago adecuado por sus servicios.
El hospital del Imperio, así como otros improvisados centros médicos, estaba desbordado. Se contaban más de un centenar de heridos entre los Caballeros de Cristal, muchos de ellos de gran gravedad. La magia del Tártaro afectaba a los ponis a nivel físico, psíquico y espiritual, y los doctores equestres no sabían cómo tratarlos exactamente. Todo ello por no contar a aquellos que, si bien habían sobrevivido al ataque de las Fatas Negras, jamás habían recuperado la voluntad por seguir adelante, sentándose inexpresivos y sin interactuar a pesar de los intentos de sus cuidadores.
Solo dos días después del ataque, un grupo de sanadores ciervo se personaron en el hospital del Imperio. Ese mismo día, también, la princesa Mi Amore de Cadenza salió de palacio para asistir a las víctimas de las fatas. Si alguien podía combatir la magia de unos seres que se alimentan de los sentimientos y las almas de los mortales, esa era la princesa alicornio del Amor.
Cuatro días después de la batalla por el Imperio de Cristal, Aura escoltó al último grupo de ciudadanos atrapados. Incluso con la ayuda de los perros joyeros había sido una tarea compleja: desesperados al ser la entrada tomada por los batponies poseídos, los ciudadanos derrumbaron parte del refugio; esto desestabilizó la integridad estructural de los túneles, dando lugar a una operación de rescate muy compleja.
La Caballera de Cristal no se quitó el casco hasta que el último de los rescatados entró en el hospital. Se despidió y agradeció a todos sus compañeros por la ayuda y se sentó, agotada. Llevaba todos esos días trabajando sin cesar y durmiendo muy poco, comiendo aún menos. En un principio tuvo que ayudar a dar caza a algunos demonios que habían sobrevivido en los alrededores del Imperio, o a evitar robos y saqueos de gente desesperada, y eso cuando no estaba asistiendo con las tareas de rescate.
Aún así, no sentía sueño ni tenía hambre. Se sentó sobre sus cuartos traseros, mirando la ahora tranquila actividad del hospital mientras una ligera brisa le sacudía la melena rubia. El pelaje de la poni de cristal, normalmente de un brillante color perlado, estaba apagado y sucio. Aura no se movió ni pensó en nada, ni siquiera planteándose qué hacer a continuación. No le habían dado órdenes después del último rescate y, sin un objetivo claro, se quedó ahí dejando pasar el tiempo. Hasta que alguien se detuvo frente a ella.
Cálida y protectora, Princesa de Cristal miró piadosamente a la yegua de cristal; esta alzó la vista hasta encontrar los ojos de Cadence, a los que miró impasible, como si se tratara de una poni completamente desconocida. Tampoco sintió nada al reparar en la mirada agotada y dolida de la princesa, o las ojeras que denotaban la misma falta de sueño que ella misma sufría. La alicornio rosa sonrió y se tumbó frente a la Caballera para estar ambas a la misma altura.
—¿Órdenes, majestad?
—No estás bien, Caballera.
—Estoy perfectamente, majestad —murmuró esta con voz monótona—. Solo estoy cansada, pero si necesita mis...
La princesa le puso un casco en la boca con suavidad, haciéndola callar. Cadence parecía agotada también, pero su eterna y afable sonrisa, capaz de traer la paz y la esperanza a un océano de muerte y desesperación, seguía presente.
—Has hecho frente a las Fatas Negras y a todos los que cayeron contra ellas. Te han robado algo muy íntimo, algo que has olvidado y no te has dado cuenta. Sé que devolvértelo te hará sufrir, pero es la única forma en que podrás volver a ser tú misma.
—Majestad, no entiendo. Si desea encontrar a un ladrón solo dígalo y...
—Permíteme.
Sin esperar respuesta, la alicornio rosa alzó los cascos delanteros y los posó sobre Aura, uno en la sien y el otro sobre el corazón; bajando la cabeza, el cuerno de Cadence se iluminó con un tono verde y brillante como la primavera. La yegua de cristal observó confundida a la alicornio sin entender qué estaba haciendo.
Una luz anaranjada iluminó el pecho de Aura, transmitiéndole una sensación de calor y extendiéndose poco a poco por su pelaje. Una sucesión de recuerdos pasaron por su mente, como si alguien hubiese abierto una ventana a los mismos: su juventud antes de la llegada del Rey Sombra, su entrenamiento con los Caballeros de Cristal… ¡Sus padres estuvieron tan orgullosos cuando dejó de ser escudera para convertirse en Caballera!
Mil años antes, Aura ignoró al Paladín que la ordenaba ir al refugio. Galopó a través de civiles desesperados, Caballeros de Cristal cuyos ojos refulgían en tonos verdes, y algún demonio. Cargó contra un demonio que se interpuso en su camino y se metió en un edificio residencial. "¡Papá, mamá, huir! ¡Tenéis que huir!", pero era demasiado tarde.
Luchó en la resistencia del Imperio durante semanas; ahí conoció a Ruby y ambas lucharon como una sola: Para conseguir información, para rescatar a civiles esclavizados, para acabar con algún demonio o secuaz de Sombra… Pero todo fue inútil, todo era inútil. Poco a poco perdieron la esperanza hasta que ya nadie sintió la necesidad de seguir luchando. Todo estaba perdido, y muchos se entregaron voluntariamente a la esclavitud de Sombra. Pero algo ocurrió, las princesas acudieron y, de pronto, todo se sumió en la oscuridad. Cuando se hizo la luz, habían pasado mil años y un grupo de yeguas, una alicornio y su marido luchaban por evitar el retorno de Sombra.
Aura y Ruby miraron observaron la Feria Cristalina que aquellas seis ponis habían organizado. El Rey Sombra no estaba, pero podían sentirlo llegar, podían ver su oscuridad cerrándose sobre la ciudad. Aquella alicornio no había podido mantener su propia protección sobre el Imperio. Todo estaba perdido, y muchos ni siquiera mostraron miedo o impotencia: simplemente observaron, resignados, cómo su última esperanza moría tan rápido como había llegado.
Entonces lo vieron: el Rey Sombra se materializó y se lanzó contra una pequeña criatura que bajaba desde lo más alto del palacio portando algo brillante en sus garras. Súbitamente la criatura, un pequeño dragón, cayó hacia el vacío pero algo voló a toda velocidad y lo interceptó. Aquella alicornio voló tan rápido que el Rey Sombra no tuvo tiempo a atacarla, y un instante después el Corazón reposaba en su pedestal.
No llegaron a escuchar lo que ella dijo, estaba lejos, pero todos supieron qué hacer. La esperanza era mínima, como una vela frente a un vendaval, no así como los sueños de los ponis de cristal: Sueños de libertad, de paz, de amor y esperanza, el recuerdo de una época mejor. El Corazón de Cristal brilló y se activó, el Rey Sombra gritó cuando fue desterrado de aquel lugar y la gran cúpula se formó a toda velocidad.
Aura miró a Ruby y pudo ver a la fogosa yegua de pelaje blanco y crines rojas y negras sonreír. Pudo ver claramente cómo la sombra que la había cubierto la abandonaba, cómo sus colores empezaban a brillar nuevamente. Aura abrazó a su amiga y compañera de armas, y las dos rieron y lloraron mientras se abrazaban y besaban.
Ninguna lo esperaba, ninguna lo planeó, simplemente ocurrió cuando, por fin, supieron que la paz iba a regresar. Fue el momento de dejarse llevar por sus espíritus.
Solo duró unos meses, un tiempo demasiado corto antes de que la pesadilla regresara.
"¡No pares, corre! ¡Protege el refugio!"
"¡No puedo!"
"¡Sí que puedes Aura! ¡Ha sido un honor!"
Honor. Dijo "honor". Y Aura sabía por qué: cualquier otra despedida, cualquier palabra sobre lo que ella era para Ruby y no hubiera podido irse. La hizo correr, para salvarle la vida y que Aura protegiera a los civiles del refugio; civiles que acabaron encontrando la muerte... por su culpa. Por haberlos llamado a salir al exterior, por haberlos hecho correr hacia lo desconocido… La abandonó por nada...
Cuando Cadence quitó las pezuñas, el pelaje y la crin de Aura habían recuperado sus colores refulgentes… y las lágrimas se acumularon en los ojos de esta. Antes de que emitiera sonido alguno, la Princesa abrazó a la Caballera de Cristal hasta que Aura ya no tuvo lágrimas que llorar.
—Princesas, su visita ha llegado.
—Hacedlas pasar.
Luna y Celestia aguardaban en la sala del trono de Canterlot. Solo dos días después de la batalla por el Imperio de Cristal, la princesa del sol mandó una carta a su pupila pidiéndole que ella y las demás portadoras de los elementos fueran a verla cuanto antes. La respuesta no se hizo esperar, concertando una cita una semana después. Celestia no pudo hacer más que aceptarlo: enviar a la guardia a traer a la Portadora del elemento de la magia a la fuerza no era una opción. A pesar del desencuentro y el plantón que las Portadoras habían dado a las princesas regentes, seguían siendo unas heroínas Equestrianas, más todavía desde su excelente actuación en la batalla contra Weischtmann. Esperaban poder hacerlas entrar en razón.
Quizá por eso las hermanas alicornio parecieron confundidas al ver a Twilight Sparkle entrar en solitario en la sala del trono.
—Princesa Luna, princesa Celestia, gracias por recibirme.
—Bienvenida, Twilight.
Celestia notó en seguida que algo iba muy mal. Twilight se había criado en su escuela, su relación con ella siendo solo ligeramente inferior a la de una madre y su hija. Pero en aquella ocasión la unicornio lavanda no se acercó a abrazarla, como de costumbre, y su voz no mostró su habitual alegría y respeto al verla.
—¿Dónde están tus amigas?
—No quisieron venir, princesas —las caras de las aludidas hicieron que Twilight fuese más explícita—. Applejack dice que "hay verdades que no se pueden tirar como fardos de paja"; Rarity se excusa porque "hay cosas que no deben decirse a la realeza"; Pinkie Pie está montando una gimcana y Fluttershy no quiere dejar a sus animalitos.
—¿Y qué hay de Rainbow Dash?
—A ella la hemos tenido que convencer para que no viniese antes de que acabase detenida.
—¿Qué? Twilight, nós no entendemos —intervino Luna—. ¿Qué ocurre?
La unicornio lavanda se sentó en el suelo y miró acongojada a un lado. Aún así no dudó al decir sus siguientes palabras.
—Debió hablar con nosotras, princesa Luna. Debió advertirnos cómo quería utilizar los Elementos de la Armonía.
—Twilight, entendemos que estés molesta mas, la verdad sea dicha, la estrategia resultó exitosa. Weischtmann, el gran señor del Tártaro, fue devuelto al infierno.
—Princesa Luna, nos pedisteis usar los Elementos en un contexto...
—Sencillamente era necesario, Twilight —interrumpió Celestia—. Era una situación desesperada, y apruebo completamente la decisión de mi hermana.
La joven unicornio clavó sus ojos en la blanca alicornio, poniéndose en pie de nuevo.
—¿Que apruebas...? ¡Celestia, nos llevó a un campo de batalla sin avisar! ¡Cuando nos dio la señal para ir hacia ella, ni siquiera sabíamos qué estaba pasando!
—Twilight, nós comprendemos vuestra frustración. Mas debéis entender que, en aras del mal que se echaba sobre el Imperio, el uso de los Elementos de la Armonía era imperativo, así como el secreto más absoluto sobre la estrategia a seguir.
—¡Nos pusisteis a todas en…!
—Basta, Twilight —ordenó Celestia—. Fue una decisión dura pero necesaria, pero sabíamos que todas vosotras estaríais a la altura de la situación. Ahora, necesitamos que nos digas dónde está la doctora Pones. Entiendo que queréis protegerla: te prometo que me encargaré de su seguridad personalmente. Pero hasta que no sepamos qué le ha ocurrido exactamente en el Tártaro, hay que tenerla vigilada.
La unicornio miró alternativamente a ambas princesas, sin responder durante unos segundos. Bajó la cabeza, y cuando la alzó habló con mucha más fuerza de la que jamás había usado frente a Celestia.
—Yo no soy vuestro peón —dijo, mirándolas— Mis amigas no son juguetes que podáis arriesgar, ¡no somos vuestros peones!
—¡Twilight! —exclamó Celestia, alarmada— ¿Cómo puedes decir eso?
—¡No somos soldados, Celestia! ¡Ni yo ni mis amigas lo somos!
—Twilight, ¡la situación requería una actuación inmediata! —exclamó Luna—. Debíamos mantener en secreto la llegada de los Elementos, su presencia era...
—¡Los Elementos de la Armonía no son un arma!
El grito de Twilight así como la forma en que avanzó hacia las escaleras que daban al trono casi hizo que los guardias solares presentes avanzaran para detenerla.
—¡No solo soy tu alumna predilecta, Celestia, también soy la investigadora de la magia de la amistad! ¡Mis amigas y yo somos las únicas que hemos conseguido entender sus secretos, las portadoras de sus elementos esenciales! ¡Y tú, Luna, me has engañado, me has hecho llevar a todas mis amigas a una batalla! ¡Me has hecho arriesgar sus vidas!
—Muchos murieron aquel día, Twilight Sparkle —replicó Luna con seriedad—. Nós deseamos que no fuera así, deseamos no haber tenido que llevaros al Imperio en secreto, pero debíamos hacerlo. Los Elementos eran esenciales en aquel momento.
—¡Los elementos no son un arma!
Nadie respondió a aquello, por lo que la unicornio lavanda siguió hablando rápidamente.
—¡Los Elementos de la Armonía son todo lo contrario a una guerra o a la lucha! ¡Son la armonía y la paz hechos magia, y nosotras somos sus representantes! Nos habéis hecho actuar en contra de su naturaleza y de la nuestra. ¡Haciéndonos ir a esa batalla, Luna, podrías haber destruido los Elementos para siempre!
—Pero… ¡Los Elementos funcionaron, Twilight! Su mera presencia pudo frenar a Weischtmann, lo inmovilizó, y protegieron a los soldados de su magia. Funcionaron.
—¡Protegieron a todos los que pudieron, como habría hecho yo! ¡Protegieron a todo el mundo yendo en contra de su propia naturaleza!
Ni Luna ni Celestia encontraron palabras para responder a aquello. Twilight respiró profundamente para intentar calmarse, había otro mensaje que necesitaba darles.
—Luna, Celestia, yo… —Twilight tragó saliva—. Mis amigas y yo hemos decidido que… no más.
—¿No más?
—No más misiones secretas. Si nos necesitáis para resolver cualquier problema, queremos toda la información antes de decidir. Y también… os tengo que preguntar algo. A las dos.
Con un sutil gesto, Celestia invitó a su pupila a formular su pregunta.
—Weischtmann dijo que ningún mortal puede abrir un portal como el que vosotras hicisteis.
El silencio se volvió tan intenso que Twilight tuvo ganas de salir de aquel lugar; no solo pudo notar las miradas de Luna y Celestia clavadas en ella, también las de todos los guardias que, sin mover un músculo, estaban atentos a la respuesta.
—Mi estimada discípula, aprecio tu espíritu, siempre dispuesta a aprender algo nuevo desde la más mínima pista —respondió Celestia con tono condescendiente—. Sin embargo debo aconsejarte que no escuches a los habitantes del Tártaro por más convincentes que suenen: Weischtmann sin duda quiso sembrar la semilla de la duda en todos, no le permitas hacerte dudar de nosotras.
Twilight observó a las dos princesas alicornio largamente hasta que, tras unos segundos, asintió con la cabeza sin decir una palabra.
—Twilight Sparkle, habiendo resuelto vuestra cuestión nós debemos insistir en la razón última de haceros venir hoy: Requerimos saber dónde se encuentra la Arqueóloga Aitana Pones. Es un asunto de seguridad nacional, nós sabemos que comprendéis. Estará segura bajo nuestro cuidado, os lo garantizo.
—Aunque quisiera responder, Luna, no podría. No lo sé.
—¡¿Qué?!
—No se alteren, princesas —expuso Twilight con un ligerísimo regocijo—. La doctora Pones está en buenas manos, vigilada y segura.
—¿Cómo es entonces que no lo sabes?
—Me he vuelto muy buena con los hechizos desmemorizantes. Ninguna de mis amigas, Spike, el profesor Pones o Hope Spell recuerdan dónde está, solo que está a salvo y siendo cuidada. Las personas encargadas de cuidarla nos informarán si hay algún cambio en su condición.
—¿Quiénes la están cuidando?
—Princesa Celestia, también he eliminado esa información de nuestras memorias —respondió la unicornio lavanda, alzando una ofendida ceja—. No iba a cometer un fallo tan evidente.
—¡Twilight Sparkle! —exclamó Celestia, levantándose—. ¡Estás siendo obtusa! ¡Debe haber una manera en que puedas averiguar dónde está la doctora Pones! ¿No confías en nosotras? ¿En mi?
—No.
El silencio cayó como un jarro de agua fría sobre la blanca alicornio.
—Puedo entender que no me contaras nada sobre tus decisiones en todos estos años... pero no que me mintieras directamente cuando te pregunté acerca de la guerra de Unicornia. Pero más grave es que hayas dado la razón a Luna por ponerme a mi y a mis amigas en peligro.
Celestia observó a su discípula largamente y, finalmente, dejó escapar un largo suspiro.
—Twilight, créeme que lamento muchísimo lo que voy a hacer, pero me obliga la necesidad de proteger Equestria. Ningún hechizo desmemorizante es perfecto, acabaremos averiguando dónde está Aitana Pones. Guardias, detengan a Twilight Sparkle.
Los dos guardias solares más cercanos se acercaron prestos a la yegua. Esta sonrió extrañamente, mirando al suelo y negando con la cabeza.
—No me puedo creer que Pinkie Pie estuviera en lo cierto. Nunca encontraré una explicación para su Pinkie-sentido, ¡pero tenía razón!
—¡Basta ya! ¡Guardias, acompáñenla a sus aposentos!
Twilight no se movió cuando ambos guardias se pusieron a sus lados para evitar que intentara huir. Un unicornio cercano estaba atento para disipar cualquier hechizo que la yegua lanzara, pero esta no se movió.
—Creo que es justo que sepas que, en realidad, todavía no he venido a palacio —la yegua sonrió ligeramente e hizo un divertido gesto con la cabeza mientras hablaba arrastrando un poco las palabras—. Pueeeede que haya necesitado toda la semana para preparar un hechizo de viaje en el tiempo, y que dentro de unas horas lo use para viajar al futuro y acudir aquí. Y si mis cálculos son correctos, y suelen serlo, el hechizo debería acabar en tres, dos, uno...
Y la unicornio lavanda desapareció con un estallido mágico de intensa luz blanca. Tras unos segundos de incrédulo silencio, uno de los unicornios de la Guardia Solar murmuró "¡Bra-vo!" antes de volver a formar.
Aquella misma tarde, el Imperio de Cristal estaba de luto.
La gran plaza del Palacio estaba llena de ponis de cristal que guardaban un silencio sepulcral. La voz de Shining Armor lo rompía, narrando la valentía y el sacrificio de todos aquello que habían hecho posible la victoria frente a un enemigo tan formidable. La tuba de cristal cantó una elegía en su honor y miles de voces entonaron un himno por los que habían perdido. Ponis de todas las edades y condiciones lloraron, miles de flores fueron depositadas en el cementerio exterior de la ciudad, y los druidas que acudieron para ayudar a los heridos hicieron florecer un gran árbol en el centro del camposanto como homenaje para los espíritus de los muertos. Una señal para recordar que no hay vida sin muerte, ni esperanza sin sacrificio.
En el lado opuesto de la ciudad, otra ceremonia más solemne tuvo lugar un poco más tarde. Solo había unos pocos batponies junto a un pequeño grupo de ponis de cristal y Guardias Solares que habían decidido asistir a sus compañeros de armas. Frente a todos ellos, figuras hechas con ramas y troncos emulaban a ponis en distintas posiciones y actitudes. Ciento trece figuras, una por cada soldado de la Primera Compañía Batpony caído en aquella batalla, formando una laxa formación militar.
Moonlight Sonata alzó una antorcha desde un lado de las mismas y su esposa, Rise Love, hizo lo propio desde el contrario. Al unísono, lo dos batponies prendieron fuego a la primera figura y avanzaron hasta la siguiente. Una a una, cada representación del lado exterior empezó a arder y sus llama se extendieron poco a poco hacia las figuras interiores. Cuando llegaron al frente de todas las figuras, dejaron la antorchas en el suelo y formaron junto a los pocos supervivientes de la Guardia Lunar, mas aquellos que habían decidido rendir su homenaje a la misma en ese lugar.
En la primera fila de aquellas figuras había una que representaba a una yegua. Su pose era agresiva, como si hubiese aterrizado y ya estuviese girando para atacar a otro adversario. La espada batpony que habría portado en vida estaba representada con una tabla larga y fina sobre la pata delantera derecha.
—¿Crees que lo volverá a ver?
—Sí —respondió Rise a su marido—. Nadie más podría aguantar a Midnight Slash, en este mundo o en la gran montaña de Selene.
Una larga y grave nota sonó, tocada por un batpony con una larga flauta travesera de madera. A la misma se unieron las voces de dos ponis de cristal que crearon una armonía disonante, incómoda y algo enervante. Pero una de la voces cambió, ascendiendo ligeramente hasta que toda la armonía pareció cobrar sentido. Uno a uno, cada batpony presente se unió a la canción, y los miembros de otras razas que no la conocían la acompañaron con un lento y rítmico golpeteo de sus cascos contra el suelo.
"Gira y gira, amigo,
y pronto aprenderás que no hay nada
como un amigo fiel.
Gira y gira, amigo,
y pronto aprenderás que no hay nada
como un amigo fiel.
Y vivirás la mayor historia,
y llegarán tus días de gloria.
Vuela libre hoy,
tu historia continuará
en quienes nunca te dejen de amar"
La canción continuó repitiéndose en bucle, y con cada repetición más ponis se unían al canto. La música creció en intensidad, así como lo hacía el fuego que consumía las representaciones de cada soldado muerto. Moonlight Sonata no intentó ocultar o detener las lágrimas, despidiéndose con la música de los compañeros con los que tanto había compartido los últimos años; Rise Love guardaba silencio, ahogando su propio dolor en lo más profundo de su ser.
Poco a poco, aquella lenta elegía se volvió más rítmica: alguien unió percusión a la melodía, una guitarra marcó los acordes y toda la canción se volvió más rápida. Dos batponies salieron frente a la llamas y bailaron una danza rápida sobre dos patas, girando sobre si mismos y alrededor de su pareja cada vez más rápido; una yegua batpony sacó a una sorprendida yegua de cristal para unirse a sus compañeros.
Como marcaba la tradición, los soldados de mayor rango de la ahora destruida unidad esperaron antes de unirse al baile. Rise Love y Moonlight Sonata se tomaron de la pata y volaron sobre los presentes, haciendo una versión aérea de la rápida danza; ya no quedaba nadie que no se hubiese unido a ese funeral tan distinto de las tradiciones Equestres o del Imperio de Cristal, y pronto se escuchó la primera carcajada cuando alguien, incapaz de seguir el ritmo, cayó al suelo.
Pocos minutos después, más gente se unió a la celebración. Los vecinos que regresaban del homenaje a los caídos celebrado frente al Palacio de Cristal se acercaron extrañados a ver qué ocurría, pero no tardaron en comprender. Aquella gente había perdido mucho: a seres queridos, hogares y posesiones, pero aún así se acercaron para dar un último adiós a aquellos batponies que se habían sacrificado para protegerlos de un destino inimaginable.
Los tambores llenaron la joven noche con su ritmo mientras la luna creciente ascendía en el firmamento. El duro clima del norte había decidido tomarse un descanso, dejando un cielo estrellado sobre la fiesta, e incluso la cúpula energética que protegía el Imperio de Cristal pareció menguar su brillo ligeramente. Los instrumentos iban y venían, pasando de casco en casco pues ya no era importante la calidad de la música, si no el espíritu que con ella se arrastraba. Alguien colocó una mesa que pronto empezó a llenarse con fruta y varias botellas de bebidas y licores circularon de poni en poni.
En algún momento de la noche un batpony gritó: un aullido ululado al que respondieron el resto de sus hermanos, un canto hacia los caídos, un grito de dolor por todos ellos y una celebración a la vida al mismo tiempo. La segunda vez que esto ocurrió, muchos miembros de las otras razas poni respondieron a su vez.
El sonido de los timbales guardó silencio súbitamente. Un grupo de Caballeros de Cristal llegó hasta la explanada, sus armaduras reflejando las hogueras que ya ardían como una sola. Cuando se apartaron, Cadence y Shining Armor avanzaron hasta encontrarse con Rise Love y Moonlight Sonata, quienes fueron a recibirlos. La alicornio rosada solo saludó brevemente y se dirigió a la mesa para servirse un poco de ponche. Aquél era trabajo de su marido.
Shining no vestía ni armadura o galas reales, pero portaba su espada colgada en un flanco.
—Gracias por venir, majestad —dijo Rise Love, inclinándose ligeramente.
—No hace falta que seas tan formal, Rise —respondió Shining Armor—. ¿Qué tal la herida, Moonlight?
El semental de pelaje gris oscuro tenía una venda sobre el pecho ahí donde un virote a punto estuvo de arrancarle la vida.
—Mejor, pero duele —respondió con una risa.
—Tenéis que explicarme por qué queréis retarme a un Agni-kai.
El unicornio blanco sabía de los duelos rituales de los batponies, aunque no acababa de comprender todas sus implicaciones. Se libraban para iniciar uniones, zanjar disputas, por simple diversión y, en ocasiones, por honor o a muerte. Cuando recibió el mensaje de la capitana Rise Love pidiéndole unirse al funeral para librar uno, no tuvo duda en que era importante, aunque los detalles se le escapaban.
—Es tradición —explicó Rise Love—. Un funeral debe sellarse con un Agni-Kai entre los combatientes más hábiles; es un duelo a primera sangre, para que los muertos sepan que sus espíritus siguen vivos en nuestras tradiciones. Una gota de sangre del perdedor se deja caer en la tierra y se ofrece a la Diosa Luna para que los guíe a la montaña de Selene, y después el ganador hace lo mismo.
Shining Armor asintió en silencio.
—¿Alguna norma especial?
—El duelo acaba cuando una de nuestras armas pruebe la sangre, y nadie debe rendirse o dejar ganar al rival. Usa todas tus artes, porque yo también lo haré. No es un duelo a muerte y tampoco es necesario herir de gravedad al adversario.
—¿Todas? Rise, hay mucha gente mirando, no sé si es sabio que te muestres como una Cazadora Batpony.
—Sinceramente, Armor, me da igual.
La Cazadora Batpony tomó una espada y se colocó en posición, haciendo Shining Armor lo propio. Los presentes formaron un círculo en torno a los dos duelistas y los tambores sonaron lenta y rítmicamente. Rise Love se dejó llevar por la Sed, sus ojos se afilaron, sus colmillos crecieron y emitió un bufido que heló la sangre de todos salvo de Shining Armor y los pocos batponies presentes.
Rise cargó contra el blanco unicornio, en el último instante desapareció en una nube de humo y sombras y reapareció a toda velocidad tras él, pero su ataque fue bloqueado por una barrera mágica. La Cazadora volvió a saltar, y esta vez fue la espada de Armor la que la obligó a retroceder; una nueva carga, esta vez con la espada dirigida a un flanco expuesto del unicornio, no encontró objetivo: la magia de Armor tomó la espada de Rise Love y la desvió a un lado, arrastrando a la batpony con ella. Esta respondió al instante, girando y dando una coz en la patas traseras de su rival, derribándolo al suelo, pero cuando intentó saltar sobre él fue rodeada por un aura mágica y lanzada a un lado. Alzó la espada para bloquear el ataque el semental, saltó a las sombras para evitar un proyectil mágico, se agachó para lanzar un tajo ascendente… y gritó cuando notó un impacto en la pata delantera izquierda. Se giró rápidamente preparada para seguir el combate, pero en seguida notó la sangre escurrir por el apéndice herido.
Shining Armor presentó el arma frente a su adversaria y saludó, guardándola ceremoniosamente.
Nadie aplaudió. En un completo silencio, Rise Love se giró hacia el calor y la luz de las llamas y levantó la pata, esperando pacientemente. Una gota de sangre se formó en la puta de su casco y cayó al césped.
El príncipe regente caminó a su lado y alzó una pata también permitiendo que Rise le hiciera un pequeño corte en la misma con su espada. El unicornio aguantó las ganas de quejarse, y dejó que la sangre cayera a través de su pelaje hasta acumularse en la punta del casco, igual que hizo la Cazadora Batpony. Su sangre se unió en la tierra a la de Rise Love.
Al momento, Rise se sentó sobre sus patas traseras e hincó una pata en el suelo, bajando la cabeza en una oración silenciosa, y Shining Armor hizo exactamente lo mismo. Mientras la gran hoguera empezaba a morir, los últimos restos de las representaciones de los caídos siendo consumidos, Moonlight Sonata caminó junto a su esposa y se unió a ella en su oración.
Hubo un silencio asombrado cuando la Princesa de Cristal caminó ceremoniosamente hasta colocarse junto a su marido, rezando también por las almas de los caídos.
Y uno a uno, todos los presentes se unieron a aquella ceremonia. Los batponies primero, y después todos los demás se unieron en aquel último adiós a los Guardias Lunares que habían entregado sus vidas para salvar el Imperio de Cristal. Durante unos minutos, hasta que la última llama de la hoguera se hubo apagado y de esta solo quedaban las brasas, el silencio fue el único regente de aquel descampado.
Un batpony se levantó y chilló hacia el cielo, una llamada a la que todos respondieron. Al instante los timbales empezaron a sonar y una alocada danza tuvo lugar. Ahora que ya habían cantado a la muerte, tenían toda la noche para cantar a la vida.
NOTA DEL AUTOR:
Me ha tenido un tiempo atascado el pensar qué información iba a publicar en este capítulo. La eterna duda entre dejar que el lector sepa cosas, o que no las sepa. Os fastidiais, no lo sabéis, todavía :P.
Tenía ganas de escribir acerca de los batponies y sus costumbres. A veces me planteo cómo podría escribir todos los conceptos de estos fanfictions en una historia original; es fácil escribir sobre orcos o elfos (¡todos los conocemos!), pero llevar a los batponies a un universo original sería todo un desafío.
Ya lo advertí antes: Estoy preparando oposiciones (un examen muy grande en España del que depende poder tener un trabajo estable en el futuro) por lo que no puedo escribir tanto como me gustaría. Lamento el retraso.
Gracias por leerme, un abrazo.
