Dos días después de las ceremonias funerarias, Cadence, ya descansada tras tantos días de arduo trabajo ayudando a las víctimas supervivientes de las Fatas Negras a recuperarse, tenía mucho mejor aspecto. Su pelaje estaba bien cepillado, así como su crin, y solo aquellos que la conocían muy bien podían intuir todo el estrés con el que todavía cargaba.
Nada que le impidiera seguir adelante. Ella era la Princesa de Cristal, después de todo, y había entrenado desde que se convirtió en Alicornio para un día dirigir un reino.
—Que pase —ordenó a la asistenta que le había informado de la llegada de su visita.
Una yegua entró en la sala del té y se inclinó respetuosamente ante la alicornio; Sparkling Destiny lucía un vestido simple pero radiante, y ningún detalle en la unicornio de cristal daba a entender que ella misma hubiera dirigido a sus guardias para rescatar a Cadence. Su pelaje, ligeramente anaranjado, estaba perfectamente cepillado, y su crin azul oscuro caía en un delicado peinado a ambos lados de su cara, dejando el cuerno al descubierto. La habilidad de la noble para mantener la elegancia y compostura, así como realzar su propia belleza natural a pesar de haber dejado atrás su lozana juventud era digno de admiración.
—La reverencia no es necesaria, lady Sparkling Destiny —dijo Cadence con una amplia sonrisa—. Os debo mi vida, y la de los valerosos guardias que lucharon por mi.
—Era mi deber como ciudadana del Imperio de Cristal, majestad.
Cadence apartó uno de los divanes para invitar a la unicornio cristalina a tumbarse junto a la mesa; inmediatamente, un asistente sirvió sendas tazas de té humeante junto a unas pastas para acompañar.
—Dígame, Sparkling, ¿cómo vivió usted el ataque? Lamento que no hayamos podido hablar en todos estos días.
—No es molestia, majestad, sé que ha estado usted ocupada. Nos refugiamos junto a varios amigos y civiles en el sótano de nuestra mansión. Los batponies poseídos no llegaron a atacarnos, por eso cuando sentimos la llamada de auxilio del Corazón de Cristal di armas a todos los que quisieron acompañarme a ayudar.
—Debió ser duro llegar hasta el palacio —observó Cadence—. El enjambre de las Fatas Negras había tomado la ciudad, y muchos ciudadanos fueron poseídos. Por no mencionar a la Guardia Lunar poseída.
—Tuvimos algo de suerte, debo reconocerlo. Esos lobos gigantes despejaron el camino hasta el palacio y el combate se centró en otro lugar.
Ambas yeguas sonrieron cortésmente y bebieron un largo trago de sus respectivas tazas.
—Por favor, dejadnos a solas —ordenó Cadence a sus asistentes.
Obedientes, estos abandonaron la elegante habitación. La posición de ambas yeguas cambió al instante, y lady Sparkling Destiny habló con un tono que rozaba la jocosidad.
—¿Cansada de aparentar, princesa?
—Dejémonos de la retórica y el juego de la nobleza—respondió la alicornio—. Creo que imaginas por qué la he invitado a venir.
—Lo imagino, pero dejaré que sea usted quien lo diga, princesa.
—Tutéame si quieres. Sé que tú y tu marido habéis estado detrás de los ataques al Imperio, pero sé que esto no es ninguna sorpresa para ti.
—Es una acusación… atrevida, princesa —respondió Sparkling mientras meneaba su té—. ¿Qué te hace pensarlo?
—Es obvio. El primer demonio que nos atacó apareció, justamente, dentro de vuestra casa. Y, casualmente, tanto tu marido como tú conseguisteis salir indemnes del mismo.
—Quizá es porque soy una gran duelista, ¿no crees?
—¿Contra un demonologista que se transforma en sombras frente al cual ni siquiera Shining Armor fue rival? —añadió con una sonrisa adornada con educado sarcasmo—. Lo dudo.
A pesar de las acusaciones lanzadas, la actitud de la noble y de la princesa era relajada, cortés y educada.
—Eso por no mencionar —continuó la alicornio— que no me creo que las Fatas Negras sencillamente os ignoraran, unos objetivos fáciles en aquella batalla que estaban perdiendo a pasos agigantados contra los Lobos Invernales. O el hecho de todas las excavaciones cercanas al mausoleo de Weischtmann estaban financiadas por vuestra familia, salvo la del propio mausoleo. Una gran operación de distracción, ¿no crees?
Sparkling Destiny dejó su taza de té en la mesa.
—Impresionante —añadió la noble—. Cuando os saludamos en Ca na Griffonia me di cuenta de que sospechabas algo, pero has superado mis expectativas. Es obvio que no me quieres muerta, o no estaría aquí.
—No. A mi marido le encantaría actuar sobre vosotros, ya sabes... Guardias —añadió con un toque de humor al que Sparkling Destiny respondió con una breve risa—. Quiero proponerte algo.
El cuerno de Cadence se iluminó al tiempo que unos documentos levitaban desde un mueble cercano y se desplegaban frente a lady Sparkling Destiny. La unicornio de cristal los tomó con su propia magia, y de no ser por sus dotes diplomáticas la sorpresa se habría notado al instante en su rostro.
—Todo lo que habéis hecho los Diamond ha sido para mantener vuestro rango, vuestras riquezas, y vuestras propias vidas. Tú misma conseguiste sobrevivir incluso cuando el Rey Sombra ordenó ejecutar a todos los unicornios de cristal, lo cual demuestra que eres una maestra en el el campo de batalla de la nobleza.
Cadence tomó un sorbo de té, dejando su taza en un tiempo calculado para que su mirada se cruzara con la de Sparkling Destiny cuando esta dejó de mirar el documento.
—Os ofrezco todo eso sin el contratiempo de servir a un señor del Tártaro y los riesgos que ello entraña.
—Candenza, ¿es una...?
—¿Broma? No, no lo es, señora Diamond —respondió Cadence inmediatamente—. Está todo detallado en ese documento, solo falta el sello real y mi firma. Facilitaremos vuestra recolocación en otro lugar, una colonia Equestre en Cebrania; abandonaréis el Imperio de Cristal y se recordará el servicio de tu familia en pos de la libertad. Por una parte, me encargaré de que la historia olvide que los Diamond que lucharon contra sombra, en realidad, renegaron de vuestro apellido; por otra, tus gestas tanto en el ataque del demonologista como durante el asedio al Imperio serán cantadas por todos los trovadores. De cara al público, tu familia será honrada en la historia del Imperio de Cristal, y tú, Sparkling Destiny, serás loada como una heroína.
Lady Sparkling Destiny dejó el documento sobre la mesa y se acomodó en el diván mientras pensaba su respuesta. Cuando Cadence la invitó a tomar el té con ella imaginó que iba a mostrar sus cartas: confirmar que sabía que ella y su marido habían usado el primer ataque para volverse intocables de cara al público, y así estar en la posición perfecta para ayudar al retorno de Sombra. Esperaba que aquella merienda acabara con alguna amenaza vacua, pues la princesa de Cristal sabía que, de atacar a los Diamond, podía desencadenar una revuelta social.
Pero, desde luego, no se había preparado para semejante oferta.
—Es una oferta altamente generosa, princesa. Sin embargo, sabrá usted que cómo seamos recordados por la plebe me es indiferente: ya sea como dictadores o héroes, lo único que me importa es mantener mi estatus, títulos y posesiones. Yo no soy una mera pueblerina y pretendo seguir alzándome por encima de la escoria hasta el fin de mis días.
—Seréis nombrados duques de las colonias Equestres en Cebrania, y me encargaré personalmente de que toda vuestra riqueza y aquellas posesiones que deseéis os sean enviadas. Si lo deseas, también os ayudaremos a cambiar de nombre para despistar cualquier intento de retaliación por parte de las fuerzas con las que hayáis pactado, y un grupo de guardias entrenados en la detección de artes oscuras serán asignados para vuestra protección. Además —añadió con una sonrisa—, disfrutaréis de un clima envidiable.
—¿Y qué quieres de nosotros, princesa?
—Todo.
Cadence hizo una pausa un poco dramática que no afectó en absoluto a lady Sparkling Destiny. Era una treta diplomática muy básica.
—Todo lo que sepáis —aclaró al poco la alicornio rosada—. Qué planes tiene la Hermandad de la Sombra, quién es el demonologista que os contactó, por qué querían liberar a Weischtmann, todo lo que sepáis del Rey Sombra y cómo planean traerlo de vuelta, cómo lo ayudásteis a capturar a la resistencia, qué familias nobles le ayudaron y cuales se opusieron a su dictadura,... Toda información o documento que tengáis. Dame eso, Sparkling, y te juro que nadie volverá a amenazar vuestra posición jamás.
La noble no respondió inmediatamente, mirando su té mientras lo removía con una cucharilla de plata.
—No tienes que responderme ahora, lady Sparkling, te dejaré a solas para...
—No es necesario. Te ofreceré ahora mismo una parte de información, en concreto cuál era el objetivo de la Hermandad de la Sombra al liberar a Weischtmann. Acto seguido, sellarás esta orden —añadió, alargando el pergamino oficial que antes le diera Cadence— para empezar nuestra mudanza. Habrá otras dos partes de información: una cuando ya hayamos abandonado la ciudad, y otra cuando estemos instalados y seguros en Cebrania. Y abandonaremos el Imperio de Cristal en menos de dos meses, antes de la gran Feria Cristalina.
—¿Antes de la feria? ¿Por qué?
—Esa información, Princesa Cadence, será proveída una vez abandonemos el Imperio —respondió la yegua de cristal con una sonrisa de suficiencia—. ¿Tenemos un trato?
Cadence no tardó en volver a sentarse en el Diván.
—Hay trato. ¿Qué querían conseguir con Weischtmann?
—Liberarlo y dejar que sembrara el caos, una distracción más para Equestria. Como objetivo extra, querían liberarlo cuando Aitana Pones se presentara en el mausoleo para matarla. Esa yegua es, o mejor dicho, era el mayor obstáculo en los planes de la Hermandad de la Sombra. Por lo que he oído, no sobrevivió.
—¿Es cierto que la hermandad busca traer de vuelta al Rey Sombra?
—Lo es. Hubo algo, sin embargo, con lo que la Hermandad no contaba: la Guardia Lunar —la noble hizo una pausa para servirse otra taza de té—. Las Fatas Negras debían rodear a Shining Armor y los Caballeros de Cristal cuando salieran a detener a Weischtmann; una vez sucumbieran debían ser poseídos y usados para asaltar el Imperio y robar el Corazón de Cristal.
La Princesa de Cristal tomó aire profundamente por el hocico y resopló poco a poco y en silencio.
—¿Qué cambió la Guardia Lunar?
—Eran un objetivo fácil —explicó Sparkling—, sin defensas contra la magia de las Fatas. Los batponies viven en la oscuridad, cierto, pero las fatas son oscuridad. No he hablado con nadie de la Hermandad desde esa noche, pero es lógico y tanto los periódicos como mis propios contactos lo confirman: las Fatas se alejaron del Mausoleo, dejando que Weischtmann combatiera a solas a los Caballeros, poseyeron a los batponies y asaltaron a toda prisa el Imperio de Cristal.
—¿Por qué viniste a salvarme, entonces? —preguntó Cadence—. Las Fatas iban a vencer, estábamos acorralados.
La noble de cristal pareció rumiar su respuesta durante un instante.
—Porque no quiero morir —respondió—. El plan de la Hermandad era liberar a Weischtmann y dejar que sembrara el terror, pero no pretendían destruir el Imperio de Cristal. Las Fatas Negras no eran capaces de entrar en el Imperio por si mismas, pero con los batponies… Creo que sencillamente el hambre les pudo al ver tantas almas incapaces de protegerse contra ellas. Son seres insidiosos y astutos, pero no son grandes estrategas.
—Sigo sin comprender por qué me rescataste.
—No te salvé a ti, salvé el Corazón de Cristal —exclamó Sparking Destiny—. Si Weischtmann vencía a Shining Armor, sin la protección del Corazón todo el mundo en el Imperio habría caído bajo sus garras, incluida yo. Ese artefacto era lo único que podía protegerme, las Fatas Negras no debían atacarlo. No tuve otra elección.
—¿Cómo pretende la Hermandad traer de vuelta al Rey Sombra?
—Esa, majestad, es una información que todavía no voy a revelar.
Dando punto y final a aquella conversación, lady Sparkling Destiny acercó el documento a Cadence.
A los pocos segundos, esta lo rubricó con el sello Real.
Hope Spell leía un gran libro pasando sus hojas a toda velocidad. Frente a sus ojos pasaron nombres ilustres e infames, hechos históricos y épocas funestas. La información que buscaba estaba muy bien guardada, tanto que ni siquiera el profesor Pones la había podido encontrar. Si había algún lugar donde poder encontrar la respuesta que buscaba era, sin duda, la pequeña biblioteca Golden…
—¡Ay! —gritó cuando un nuevo libro le cayó en la cabeza. Sobre él, el búho asistente de la biblioteca lo miró con sus grandes ojos y ululó—. Gracias, muy amable.
Abrió el nuevo tomo y, al instante, supo que tenía muchas posibilidades de hallar respuestas ahí. Recorrió las páginas hasta que una frase le llamó la atención: "...el lugar de eterno encierro de aquellos demasiado poderosos para ser desterrados del mundo, de aquellos incapaces de abandonar el mundo físico..."
—¡Eureka! ¡Gracias, amiguito! —exclamó, tomando notas rápidamente—. Por favor, saluda a Twilight de mi parte.
—¡Uhu!
—Bueno… eso. Algún día tengo que preguntarle cómo te ha enseñado a leer. ¡Adiós!
El unicornio verde salió de la biblioteca de Golden Oaks y trotó directamente hacia la salida de Ponyville… pero se detuvo al notar que Twilight Sparkle regresaba a su casa junto a Spike, la primera con una expresión tan triste que parecía a punto de echarse a llorar. El cielo mostraba un curioso patrón a cuadros y los fenómenos meteorológicos se alternaban en una caótica y desagradable danza, un grupo de ponis abucheaba a una azorada Fluttershy que hacía lo posible por entretenerlos, y también pudo ver a Big Macintosh y Applebloom acompañando a una muy triste Pinkie Pie que parecía haber decidido tomar el trabajo de Applejack.
Tras unos segundos, Hope Spell sacudió la cabeza y siguió su camino. Eso parecía un problema de amistad, sin duda Twilight encontraría la forma de solucionarlo. Él tenía otras preocupaciones en mente.
"De uno a otro, de otro a uno. La marca de un destino propio brilla por si mismo, completo"*
Ese hechizo había sido el mayor error de su vida.
Twilight Sparkle perdió la cuenta de cuánto tiempo pasó en su habitación llorando sin consuelo, pensando que su hechizo había hecho que perdiera a sus amigas para siempre; no solo habían intercambiado sus marcas de belleza, habían intercambiado algo muy íntimo y ligado a sus almas: sus emociones, sueños y aspiraciones. Todas ellas estaban sufriendo, atrapadas en un destino que no disfrutaban por su culpa. Y, aunque en menor medida, no podía evitar pensar en las consecuencias de aquello: si sus amigas perdían sus propias aspiraciones, ¿seguirían siendo los paragones de los Elementos de la Armonía?
Hasta que tuvo una iluminación. No podía arreglar el conjuro incompleto de StarSwirl "El Barbudo", pero quizá sí podía hacer que reconectaran con sus "yos" interiores.
La más cercana y, sin duda, más fácil de manejar era Fluttershy. Nada más verla, Twilight quiso explicarle lo que pasaba pero, en vez de ello, se puso a cantar. No era la primera vez que experimentaba la magia de la música, dejándose arrastrar por una canción que no había oído jamás pero que conocía a la perfección, y su amiga la siguió cantando también.
Cuando llegaron a la cabaña de Fluttershy, Rainbow Dash estaba a punto de ser cocinada por una turba de enfurecidos animales, y la pegaso amarilla solo necesitó un empujón emocional para que ayudara a su amiga. En menos de un minuto, Fluttershy había calmado a los animales, atendido sus necesidades y devuelto la cabaña a la normalidad.
Y recuperó su Marca.
La siguiente fue Rarity, quién intentaba controlar el clima a causa de la Marca del rayo multicolor que ahora tenía. Rainbow Dash en seguida fue a ayudarla, despejando el cielo en "10 segundos exactos" y recuperando su marca.
Rarity ayudó después a Applejack, la cual sufría intentando crear vestidos. Al recuperar la normalidad, la blanca unicornio exclamó varias veces que había tenido una pesadilla o "quizá todavía la estoy sufriendo" al ver los vestidos de su amiga granjera.
La granja Apple estaba hecha un desastre a pesar de los intentos de Pinkie Pie por manejarlo todo; Applejack pronto mostró su pericia en el trabajo de campo dejándolo todo impoluto.
Y, finalmente, Pinkie Pie estuvo libre para ir a animar a los habitantes de Ponyville, todavía enfurruñados por la pobre actuación cómica de Fluttershy. ¡Y de pronto todo el pueblo estaba cantando! Y, mientras las seis se abrazaban, arropadas por la gente de PonyVille, Twilight Sparkle comprendió, finalmente, qué había salido mal.
—¡Lo tengo! ¡Ya sé lo que le falta al hechizo!
—Euh… ¿estás segura, azucarillo? Mira lo que ha pasado…
—¡Lo estoy! —exclamó la unicornio púrpura, sacando un pergamino y una pluma —. "De uno a otro, de otro a uno. La marca de un destino brilla completa por si misma". ¡Esto es lo que falta, la parte fundamental de la magia, la amistad! ¡La retroalimentación necesaria a través de los vínculos espirituales y psicológicos que unen a los…!
—¡Twilight! ¡Tierra a cabezahuevo! —la interrumpió Rainbow, causando algunas risas—. ¿En un idioma que comprendamos todas, por favor?
—Perdón, me he emocionado… Quiero decir que a este hechizo le falta la magia de la amistad.
La unicornio escribió en el pergamino a toda velocidad y, finalmente, lo leyó en voz alta.
—"De uno a otro, de otro a uno. La marca de un destino brilla completa por si misma… por todos nosotros juntos, juntos somos amigos. ¡Con las marcas de nuestros destinos hechas una, la magia no tiene fin!"
Cuando pronunció la última palabra, todos los Elementos de la Armonía brillaron al mismo tiempo y la envolvieron en una burbuja mágica y brillante.
El camino era escarpado, la senda tortuosa y los desvíos numerosos, pues aquel lugar no debía ser encontrado por casualidad.
El unicornio verde se detuvo en una zona donde el camino se difuminaba hasta el punto de no saber por dónde ir. Sacó un mapa y, tras estudiarlo unos minutos, escogió una dirección y empezó a andar hasta que dio camino que se adentraba entre dos montañas escarpadas. Su caminar le llevó hasta un valle en el que el camino giraba y subía una rampa hasta una pared… y ahí la vio. Una gran losa negra como el azabache sobre la que había tallados varios símbolos de color rojo oscuro, cubriendo toda su superficie y enmarcando la puerta sellada mágicamente.
La prisión del Tártaro.
Hope Spell estudió los símbolos y conjuró: las runas aparecieron a toda velocidad en torno a los mismos y, al poco, un crujido atravesó toda la estructura. La puerta se hizo visible en la placa negra y se abrió poco a poco, dando paso a una gran caverna. No logró dar más de cinco pasos en su interior antes de escuchar un gruñir grave y profundo… multiplicado por tres. El mago blanco no se alteró, esperando que la criatura apareciera.
El Can Cerbero apareció al fondo de la gruta, corriendo hacia él, sus tres cabezas ladrando, gruñendo y mordiendo el aire. Hope esperó a que estuviera lo bastante cerca, sacó un largo objeto de su alforja y silbó. Al instante, Cerbero se detuvo y sentó, sus seis ojos siguiendo hambrientos el enorme hueso que el unicornio meneaba frente a ellos.
—¿Lo quieres muchacho, lo quieres? ¡Sí que lo quieres! ¡A por él!
Siguiendo el suculento manjar, Cerbero salió galopando del lugar y Hope trotó hacia el fondo de la gruta. Al final, esta se agrandaba en una gran caverna que daba a una construcción, una gran plataforma. Y, sobre ella, vio la jaula y una criatura solitaria aguardando en ella. El unicornio tragó saliva al verlo y avanzó poco a poco; ahora que lo veía entero se dio cuenta de que tenía el cuerpo de un centauro. Su cuerpo inferior era negro y cuadrúpedo, pero sobre el mismo se alzaba un tronco que le recordó al cuerpo de Weischtmann. Casi todo este era de pelaje negro también, salvo sus hombros, brazos y rostro que carecían de pelo y eran completamente rojos. Su melena era larga, blanca y descuidada, y dos pupilas amarillas brillaban sobre sus ojos negros.
—Has venido. Creí que te echarías atrás.
—No es fácil encontrar este sitio. ¿Recuerdas las condiciones de nuestro pacto?
—Tu alma te pertenecerá a ti y solamente a ti, y cuando cumplas tu parte serás un poni libre. ¿Es correcto?
—Sí.
Hope Spell estudió la jaula durante unos instantes, reconociendo los hechizos que la sellaban. Le costó varios intentos hasta que la puerta de la misma crujió y se abrió poco a poco. El demonio caminó poco a poco hacia su libertad, se detuvo frente a Hope Spell… y abrió la boca. El unicornio retrocedió al notar cómo algo lo abandonaba rápidamente, intentó conjurar pero la magia le falló… Y de hecho, toda su magia abandonó su cuerpo como una luz blanca que fue absorbida por la boca del demonio que acababa de liberar.
Un instante después, Hope Spell cayó al suelo, sintiendo una debilidad que jamás había experimentado. Sobre él, el centauro se relamió, su primer manjar en siglos.
—Un placer hacer negocios contigo, Hope Spell.
—Me… me dijiste….
—Que serías libre —repondió, su grave y raspada voz bailando con la burla—. De tu magia no acordamos nada.
Sin añadir nada más, lord Tirek abandonó la prisión del tártaro hacia su venganza.
La apacible pegaso amarilla observó con una cándida sonrisa cómo la familia de ratones que vivía bajo el entarimado de su cabaña se lanzaba hacia la comida con divertidos y casi inaudibles chillidos. Después fue al sofá donde se sentó en silencio y con expresión agotada; Ángel, el malhumorado conejito blanco, saltó sobre ella y se tumbó entre sus patas delanteras, mirándola con preocupación a los ojos.
—Oh, no es nada Ángel, gracias por preocuparte. Es que… no quiero hablar de lo que ha pasado en el Imperio.
El conejito refunfuñó en su propio idioma, giró sobre si mismo haciendo aspavientos y cruzó las patitas delanteras, mirando otra vez a Fluttershy mientras golpeaba el sofá rápidamente con una de sus patas traseras.
—Por favor Ángel, no digas palabrotas… ah, pero sí, tienes razón —suspiró Fluttershy—. Es que… sé que no tengo razón para estar enfadada, porque Luna salvó el Imperio de Cristal con su plan. No debería sentirme así…
El conejito alzó una ceja.
—Han muerto tantos ponis… tantos —susurró—. Ojalá hubiésemos podido hacer más, si hubiésemos sabido qué iba a pasar… Ojalá, pero nadie lo podía saber.
Ángel intentó alzar tanto la ceja que esta empezó a temblequear por el esfuerzo.
—Pero eso no cambia nada, fue algo inevitable y Luna lidió con ello como mejor pudo.
—Pero si Celestia hubiese contado lo que sabía a su alumna predilecta, podríais haber estado preparadas. Y si Luna os hubiese dicho qué planeaba, habríais buscado otra forma de usar los Elementos de la Armonía.
La voz que habló era grave y hacía grandes altibajos, arrastrándose con cada sílaba. El draconequus apareció junto a Fluttershy, aparentemente descolgándose desde el techo hasta quedar su cara junto a la de la pegaso amarilla. Ángel lo señalo con las dos patitas vociferando algo ininteligible y dirigiendo frustrados aspavientos a su dueña.
—Hola, Discord. Por favor, llama antes de entrar la próxima vez, ¿quieres bajar del techo y tomar una taza de té?
—En realidad eres tú la que está en el techo.
Un segundo después, una muy confundida pegaso y su conejo caían inofensivamente desde el techo sobre el sofá. El señor del Caos chasqueó los dedos, haciendo que una tetera, su juego de porcelana y unas galletas sacaran patitas y empezaran a preparar el tentempié por si mismas. Fluttershy rió al ver las galletitas marchar en formación hasta un plato; hacía solo unas semanas que Celestia le encargó rehabilitar a Discord, y aunque seguía siendo un bromista incansable, la pegaso reconocía que era el amigo más divertido que jamás había tenido.
Un poco cansino en ocasiones, todo hay que decirlo. Aunque desde que se dio cuenta de su error al helar la granja Apple hacía unas cuantas semanas, se estaba moderando mucho.
—Quizá… quizá sí que podríamos haber hecho algo si Twilight hubiese sabido qué esperar. Es solo que… Luna y Celestia tenían motivos para hacer lo que hicieron, ¿verdad?
—Si te digo la verdad, querida, no entiendo a nuestra estimada princesa Luna —expuso el draconequus mientras mojaba un platito de porcelana en una galleta—. Organizar algo así sin buscar información antes, sin explorar el terreno, sin reconocer al enemigo… ¡Bah! Novata.
—Discord, no seas así. Era una situación muy difícil, creo que lo hizo lo mejor que se pudo.
—Fluttershy, Fluttershy, Fluttershy… —dijo con tono condescendiente—. Solo por edad, soy la única criatura viviente con derecho a llamar "novatas" a Luna y Celestia. Además, ¿cómo es que no supo de las Fatas Negras? ¿Por qué no había más unicornios con los batponies? O, mejor todavía…
Discord sacó una pipa de la gabardina marrón que hacía un momento no vestía y se la llevó a la boca con gesto pensativo. Una ristra de burbujas salieron de la misma mientras el draconequus se ajustaba un gorro a juego.
—¿Por qué no me llamó a mi?
—Porque… ah… ¿quizá no lo vio necesario?
—¡Una maravillosa observación, Discord! —exclamó un segundo draconequus que apareció en otro diván.
—Elemental, mi estimado Discord.
—¿No estás celoso, verdaaaaad Discord? —exclamó la copia de este.
—¡Claro que no! —exclamó el original, chasqueando los dedos para que su copia y el disfraz de detective desaparecieran—. Total, ¿qué iba a poder hacer un dios del Caos en una situación así? ¡Soy débil e inofensivo!
Discord se sonó la nariz dramáticamente y lanzó el pañuelo por la ventana. En el exterior hubo una explosión y una estampida de de marmotas.
—¡Discord! Podrías, por favor… si no es mucha molestia… ¿no asustar a mis animalitos?
—Oh, lo siento, Fluttershy.
—¿Tú podrías… hacer algo, Discord? ¿Evitar que algo así vuelva a ocurrir? O quizá, ¿ayudar a Aitana Pones?
Discord adoptó una pose pensativa mientras devoraba al revés un trozo de tarta. Con cada mordisco, una porción de la misma fue formándose de la nada y cuando la devolvió al plato central se volvió a fundir con la tarta como si nunca la hubiese cortado antes.
—A Aitana Pones no la puedo ayudar. Soy el señor del Caos, Fluttershy, intentar atravesar el Muro de los Sueños sería… una mala experiencia para mi. Y, ¿cómo quieres que ayude, querida? Aunque a veces lo parezca, no estoy en todas partes.
—¡Pero algo habrá que puedas hacer! —sollozó Fluttershy—. Ha… ¡ha muerto mucha gente, Discord, mucha! ¡Y tú no sabes lo que le ha pasado a Aitana, no lo entiendes! ¡Y eso podría pasarles a muchos otros y… y…!
La pegaso sorbió por la nariz y se frotó un ojo.
—No quiero que vuelva a pasar… no quiero. No estamos preparados para esto…
Ángel acarició la cabeza de Fluttershy con preocupación. Discord se bebió una galleta y comió la taza de té mientras observaba a su amiga, pensativo y con una extraña expresión en el rostro.
—De acuerdo, Fluttershy. Haré algo al respecto. Tendrás que disculparme, pero Luna y Celestia me han llamado a palacio. Au-revoire, cherie!
Y, con un chasquido de dedos, del señor del Caos desapareció. Fluttershy lanzó un gritito cuando la taza a medio devorar de Discord cayó al suelo y se hizo añicos. Al instante, como si una cremallera invisible hubiese rasgado el aire, un pequeño portal apareció y Discord se asomó por el mismo.
—¡Ups! ¡Culpa mía! —dijo, y chasqueó los dedos para arreglar el estropicio antes de volver a marcharse.
—Este… yo… tú… —Fluttershy suspiró con frustración—. ¿Qué crees que se le ha ocurrido, Ángel?
El conejito blanco se encogió de hombros y siguió intentando responder a una de las grandes incógnitas del universo: ¿Cuánta tarta podía comer un conejito como él antes de explotar?
UNA SEMANA DESPUÉS:
Hacía solo diez días que el unicornio verde había estado en aquel mismo lugar, buscando información en la preciosa biblioteca Golden Oaks construida en el interior de un árbol hueco. Ahora observaba un impresionante castillo de cristal y diamante surgido de la nada. A su lado, una yegua unicornio observaba divertida al boquiabierto semental.
Mejor dicho: la última vez que la vio era todavía una unicornio. Ahora Twilight Sparkle había adquirido alas e, incluso sin que ella llamara a la magia, Hope Spell podía notar cómo el potencial mágico de la nueva Princesa Alicornio había aumentado notablemente.
—Twilight, a ver si lo he entendido: Tirek absorbió el poder de toda Equestria y de Discord, a ti te dieron toda la magia de las princesas Celestia, Luna y Cadence, te enfrentaste en un duelo mágico contra Tirek, al final le entregaste tu magia para que soltara a tus amigas y a Discord y, abristeis un "cofre de la amistad" con varias llaves que os dio poderes para vencerlo… ¿lo he entendido bien?
—Sí, es bastante correcto.
—¿Soy yo o parece un golpe de suerte?
—No lo creo, más bien me parece que el Árbol de la Armonía predijo que algo así podía pasar y se preparó. No creo en las casualidades. ¿Quieres ver mi nueva casa?
—Claro. Por cierto, ¿cómo enseñaste a leer a tu búho?
—¿A Howlicious? No es "mi búho", solo vivía en Golden Oaks porque le apetecía. Y yo tampoco sé bien cómo lo hacía para encontrar el libro perfecto cada vez.
—¿Hacía? ¿Quieres decir que ha…?
—¡No, qué va! —corrigió la nueva princesa alicornio con una sonrisa—. Lo saqué de Golden Oaks antes de que Tirek lo destruyera. Howlicious se ha ido a vivir al bosque. Hecho de menos mi biblioteca —añadió con aire mohíno mientras entraban en el gran palacio.
Recorrieron las grandes estancias bastante rápido: el palacio aún estaba muy vacío y poco personalizado, y a decir verdad a Hope le pareció un poco frío. Su madre diría que le hacían falta unas cortinas y algunos cuadros para ambientar. Finalmente llegaron a una gran sala: Seis tronos, cada uno adornado con una imagen de las marcas de las seis Portadoras rodeaban una gran mesa, sobre la cual había una representación muy fiel del mapa de Equestria.
—¡Vaya! ¿Qué es este lugar?
—Un mapa vinculado a los Elementos de la Armonía —explicó Twilight—. Todavía no estoy segura de cómo funciona, pero creo que nos señalará problemas de la amistad cuando surjan para que los arreglemos.
Hope se acercó al mapa para estudiarlo de cerca y, cuando estaba distraído, escuchó cómo la puerta de la sala se cerraba y el cerrojo era echado. Frente a él y junto a su propia silla, Twilight Sparkle lo miraba con el cuerno todavía brillando.
—¿Twilight?
—Hope, ¿has pensado en cómo se liberó Tirek?
El semental verde hizo su mejor esfuerzo por disimular.
—Eh… no, realmente no, Twilight. ¿Por qué?
—Porque alguien tuvo que liberarlo, es la única forma. Hace falta magia para abrir la puerta de la prisión o para abrir la jaula, ¡es imposible lo hiciera sin ayuda!
—Y… ¿sospechas de alguien?
La nueva alicornio lavanda miró fijamente a Hope Spell. Este, si bien hizo lo imposible porque no se notara, planeó qué hechizos usaría para defenderse si esa conversación tomaba el peor camino posible.
—No lo sé —dijo Twilight, finalmente, para alivio del semental—. Pensé que quizá había sido Discord, pero después de ayudarnos y de darme la última clave para abrir el cofre… no lo sé. Quizá alguien de la Hermandad. ¿Y si lo vuelven a intentar?
—Lo dudo, Twilight. Antes la prisión del Tártaro estaba escondida y poco vigilada, ahora Celestia ha establecido guardias permanentes. No se arriesgarán a descubrirse. Además, parece que Tirek actuaba por libre, sin relación con la Hermandad o sus objetivos.
—Pero alguien lo ha liberado, Hope. Esperaba que tú quizá tuvieras una idea de quién fue, o por qué lo hizo. Puso a todos en peligro, ¡mis amigas podrían haber…! No quiero ni pensarlo.
El aludido bajó ligeramente la cabeza y cerró los ojos, pensativo.
—Yo… lo siento, Twilight —murmuró en voz baja—. Siento no poder ayudarte.
—No te preocupes, Hope, sé que si supieras algo me lo dirías —respondió ella con una sonrisa—. Mi hermano me dijo una vez que "no hay mayor confianza que la que une a dos soldados".
—Tú no eres una soldado, Twilight.
—No. Pero hemos luchado juntos contra Weischtmann. Creo que ahora entiendo lo que Shining quería decir.
El semental forzó una sonrisa.
—Tengo que irme, Twilight. El profesor Pones me ha señalado una posible actividad nigromántica cerca de Appleloosa, tengo que investigarla.
La alicornio trotó hasta Hope Spell y lo abrazó efusivamente.
—Ten cuidado, Hope, y avísanos si necesitas ayuda.
—Sí… os avisaré, Twilight. Lo mismo digo, avísame si me necesitáis.
El semental no añadió nada más cuando se separaron, solo un escueto "hasta pronto" mientras abandonaba la estancia. Ya en la calle caminó hacia la estación de tren, intentando ignorar a todo el mundo a su alrededor, temiendo que cualquier cosa que dijera denotara lo que había hecho en realidad. Era absurdo, por supuesto, no había forma de que nadie, absolutamente nadie supiera que él había liberado a Tirek, o que había traicionado la confianza de la Princesa Alicornio de la Amistad. Necesitaba calmarse y seguir su camino como si nada hubiera pasado, y nadie averiguaría jamás qué….
—¡Hooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooola Hope Spell! —gritó una yegua de voz chillona que saltó frente a él como una exhalación rosa y esponjosa. Antes de que él respondiera, un muffin apareció de uno de los densos rizos de Pinkie Pie—. ¿Quieres uno? ¡Los acabo de hornear!
—¡Oh! ¡Hola Pinkie! Gracias, me encantará comerme uno…
Antes de que pudiera cogerlo, la yegua tuvo un espasmo que le echó la cabeza hacia atrás. Luego su pata trasera izquierda golpeó tres veces el suelo, su crin vibró, guiñó los dos ojos alternativamente y estornudó. Hope observó sorprendido todo el fenómeno sin entender nada.
—Ooooooh… —exclamó la yegua—. ¡Le has dicho una mentirijilla a alguien! —súbitamente le castañetearon los dientes— Oh, oh, esta me la sé, ¡a un amigo que cree en ti! —dos saltitos y una sacudida de cola—. Oh… También yo soy su amiga… ¿Twilight? ¿Le has dicho una mentirijilla a Twilight?
La expresión de Pinkie Pie se volvió algo más tristona.
—Pinkie… yo…
—¡Huh! —exclamó esta sobresaltada cuando sus cuatro patas la propulsaron al aire involuntariamente—. ¡Oh, ya entiendo, lo has hecho porque crees que es lo mejor para ella! Pero Hoppy, los buenos amigos se dicen la verdad, no está bien mentir.
—Es que… no puedo decírselo porque es… difícil, Pinkie, muy difícil. Hice algo malo.
—¿Fue por algo "buenobueno", solo bueno, o "buenomalo"?
—Eh… este… —el semental meditó un instante la respuesta—. Creo que bueno pero… no calibré bien las consecuencias.
La yegua rosa abrió muchísimo un ojo con el que miró fijamente a Hope Spell.
—Quiero que "Pinkie-Prometas" que le contarás la verdad a Twilight.
—A… ¿Ahora?
—¡No, tontín! Twilight está muy estresada, ahora necesita "Twiliquear"* un poco y acostumbrarse a ser princesa de la amistad, y yo tengo un montóooooooooooooooooooooooon de muffins que hornear, y tú tienes que marcharte. Pero cuando vuelvas, se lo contarás. ¿Pinkie-Promesa?
Hope Spell no tardó en hacer la retahíla: "Cross my Heart and Hope to fly, stick a cupcake in my eye". Pinkie Pie sonrió.
—¡Muy bien! Pero recuerda: ¡nadie rompe una Pinkie-Promesa! —dijo eso con la voz grave, señalando acusadoramente a Hope Spell con una pezuña, pero al instante sonrió y se relajó—. ¡Buen viaje, Hoppy!
De un salto, Pinkie Pie se perdió entre el gentío de Ponyville, asomándose por encima de todas las cabezas unos segundos después para gritar "¡Nadie!".
Ya llevaba una hora de viaje cuando, traído por el viento y mezclado con el silbato de la locomotora, Hope escuchó el eco de la voz de la yegua rosa gritando "Nadie". El semental tragó saliva e intentó ignorar la creciente sensación de estar siendo observado, agradeciendo que Pinkie Pie estuviera del lado de Equestria.
NOTA DEL AUTOR:
Lo reconozco, este es un capítulo raro y, en cierta medida, no totalmente necesario. Necesitaba avanzar un poco en el tiempo para la "Alicornización" de Twilight y la principal razón de ello es que… hay varios personajes con los que querré jugar en el futuro. Por ejemplo, con la Gran y Poderosa Trixie, o con Starlight Shimmer. No planeo llegar hasta la fundación del colegio de la amistad, más o menos la historia dejará de avanzar con la serie a partir de la caída de Tirek.
Un saludito y gracias por leerme, ¡Brohoof!
*Si habéis visto la novena y última temporada, en los primeros episodios acuñan el verbo "Twiliquear" (Twilighting en inglés). Me hizo muchísima gracia.
