La sala de reuniones del Palacio de Cristal tenía una gran mesa y muchos divanes rodeándola. Sobre la mesa había una caótica alfombra de tazas, tentempiés, pergaminos, mapas, cuentas e informes. Sobre dos de las sillas, la princesa de cristal y su marido lucían grandes ojeras. Ella, algo más compuesta, repasaba una vez más las notas. Él se frotaba las sienes y apretó los dientes hasta que, con un aspaviento, alzó los cascos hacia el techo y gritó.
—¡Esto es horroroso! ¡Solo es una condenada fiesta, ¿cómo puede ser tan complicado?!
—No es solo una fiesta: es la Feria de Cristal, la principal festividad que concentra todos los sentimientos de nuestros pequeños ponis en el Corazón de Cristal, mi amor —explicó ella pacientemente—. Todo tiene que salir perfecto. Y aún más con el riesgo de que algo ocurra, como ha explicado la señora Diamond…
Shining Armor bajó las patas y bufó.
—No me fío de ella. Me da igual lo mucho que le guste tu "oferta", podría traicionarnos en cualquier momento.
—Podría —reconoció ella—, pero ella entiende que si me traiciona te daré vía libre para intervenir al estilo de la Guardia Solar.
—Ya. Tienen suerte de que en el Imperio de Cristal tú tengas la última palabra —notando la ligera molestia de su esposa, Shining Armor se alzó y la besó brevemente en la mejilla—. ¡Es lo mejor, es lo mejor! Ya sabes que no aguanto a los nobles.
—Nadie aguanta a los nobles —respondió la alicornio, quitándole hierro al asunto—. Ni siquiera los propios nobles.
Unos golpecitos en la pared denotaron la presencia de Zaphire Assistant. El consejero real observo a los príncipes con una sonrisa divertida, pero sin llegar a perder la elegancia y las distancias debidas.
—Lamento, majestades, que mi presencia no sea de su agrado. ¿Quizá debería regresar a Canterlot e informar a Celestia de que no soy bien recibido?
—¡Ja, ja, ja! Eso no será necesario, Zaphire, por favor pasa. ¿Qué nos traes?
El elegante unicornio tomó asiento y se sirvió una taza de té, después de usar su magia para recalentar la tetera.
—Bueno, los ciudadanos están emocionados ante una Feria de Cristal sin una amenaza de inminente muerte, esclavitud, y/o tortura eterna. Hoy he recibido respuesta a una carta que envié a la que probablemente sea la mayor experta en celebraciones del mundo.
Diciendo eso, Zaphire Assistant puso sobre la mesa una caja rosa que lucía un estampado de globos azules y amarillos. Cuando la abrió, una explosión de confeti se produjo mientras sonaba una orquesta de tubas a ritmo de Polka. Unida a un muelle, salió una plataforma sobre la que había una banda de música tallada en… ¡Cupcakes!: Una yegua cantando y a la guitarra, un unicornio a la izquierda, una pequeña grifo a la derecha y, a la batería, un batpony.
—¿Qué… qué quiere decir eso, Zaphire?
—Pinkie Pie nos recomienda fervientemente, y cito textualmente —dijo mientras sacaba una carta—: "Llamad a la banda de Lovely Rock, que son super-duper-duper-duper-duper-duper-duper-duper-duper-duper... —Zaphire tomó aire— ...duper-duper-duper divertidos, ¡hablan de demonios pero suena divertido, y hacen chistes sobre charlar con con ellos y cantan porque la gente de Germarenia sobrevivió y porque les gusta la vida y la diversión y porque se quieren mucho, y porque sus canciones suenan enfadadas pero hablan de pasarlo bien y…!" —Zaphire se quedó sin aire—. Bueno, se hacen ustedes a la idea.
—Bueno, si Pinkie Pie dice que los llamemos, ¿quién soy yo para llevarle la contraria? —respondió la alicornio con una risita divertida—. Por favor, encárgate de ello, Zaphire. Y Shining, asegúrate de que los Diamond están siempre vigilados, necesitamos el resto de la información que dicen tener.
—Por supuesto, mi amor. ¿Dónde vas?
La alicornio rosada miró a su marido. Sabía perfectamente que este no era capaz de ver lo desarreglada que tenía la crin, el cepillado que necesitaba su pelaje o la "pezuñocura" por la que sus patas estaban suplicando.
—Al salón de belleza. Por favor, encargaos del resto, voy a tener que abrir la corte esta tarde —añadió con un no-tan-fingido tono de hastío mientras salía de la sala.
En un lugar cercano al bosque Everfree, la enfermera Red Heart retomó su rutina diaria. No era común que le pagaran un muy generoso salario por cuidar, junto a su compañera Roseluck, de una sola paciente las veinticuatro horas. Claro que el hecho de no tener contacto con el mundo exterior, aparte de las periódicas visitas del doctor Horse, justificaba el incentivo salarial. El semental unicornio llegaba siempre de igual forma: mediante un teletransporte inducido por algún tipo de artefacto creado por Twilight Sparkle que lo llevaba siempre frente a la chimenea de esa apartada casa campestre. Ni siquiera el mismo doctor Horse sabía dónde se encontraban, ni tampoco Red Heart o Roseluck. Twilight Sparkle había orquestado una operación de ocultación casi perfecta.
La enfermera de pelaje blanco entró en la habitación de su paciente; sobre la cama, una yegua marrón de crines grises y violeta yacía sobre un costado, su respiración asistida por una gema mágica que se había fundido con su oscuro morro. Una serie de aparatos emitían sonidos y señales regulares y varios tubos infundían distintos líquidos y pociones en la paciente.
—Un día más, una rutina más… ¿Por qué acepté este trabajo, Aitana?
Red Heart cambió varios aquellas perfusiones que estaban a punto de acabar, así como la alimentación enteral* y la bolsa de orina que, sencillamente, hacía su trabajo más sencillo y le ahorraba un gran número de cambios y baños diarios a la paciente.
—Oh, sí, ya me acuerdo, "porque me pagan muy bien y porque nadie más habría aceptado semejante favor". Tienes amigas muy importantes, ¿te ha contado Roseluck que Twilight ahora es una alicornio? La Princesa de la Amistad, nada menos. Los periódicos dicen que su combate contra Tirek fue algo nunca visto.
Aitana Pones no dio muestra alguna de estar escuchándola. Un ligero cambio en su patrón respiratorio hizo que la enfermera la observara durante unos segundos, pero pronto descartó que la arqueóloga estuviera recuperando la consciencia. Red Heart pasó los siguientes minutos examinando a Aitana mientras mantenía una conversación unidireccional con ella, por si existía la posibilidad de que esta estuviera consciente de alguna forma pero incapaz de moverse o dar muestras de ello. Cuando terminó, mientras terminaba sus notas, la enfermera gritó de una forma que normalmente no se le permitiría en cualquier centro médico de renombre.
—¡Rose! ¡Ven a ayudarme! ¡Hay que bañarla!
—¡Ya va!
Poco después, una yegua de pelaje pajizo y crines rosa intenso entró, portando sobre su cabeza un balde de agua con una gracia y equilibrio que solo los ponis de tierra poseían. El proceso llevó el mismo poco tiempo de costumbre: jabón, aclarar, secar, cambio de sábana, vuelta, repetir, recolocar almohadas y aparatos.
—¿Dónde están las sábanas limpias?
—En el armario, detrás de sus alforjas.
Roseluck rebuscó donde le había indicado su compañera, encontrando las sábanas en seguida. Pero, al empujar las alforjas para poder cogerlas, notó que algo se le enrollaba en la pata. La yegua observó sorprendida el pequeño objeto.
—Hey, Red Heart, mira esto —dijo, alzando una pata—. ¿Qué crees que es?
La aludida se acercó para estudiar el objeto: Se trataba de una brújula metálica, con la particularidad de que estaba destrozada y parcialmente fundida, como si la hubiesen atravesado con un hechizo o algo parecido. Lo cierto es que la curiosidad le pudo a la yegua blanca: ¿por qué llevaría la arqueóloga algo así? ¿Qué historia tenía, qué significaba? Tomó la brújula con ambos cascos y la estudió detenidamente durante unos segundos, haciéndola girar frente a sus ojos.
—¿Y bien?
Red Heart alzó la vista y frunció ligeramente el ceño hacia su compañera.
—Ella sabrá. No deberíamos curiosear las posesiones de nuestra paciente. Déjala en su sitio y acabemos, que tengo una novela por leer.
—Serás sosa —rió Roseluck, echando la brújula rota de vuelta a las alforjas de Aitana Pones.
Dos figuras dormitaban sobre una pequeña cama en un oscuro apartamento de Manehattan; a su alrededor, una caótica alfombra botellas de sidra coronada por una guitarra y un contrabajo cubría cada rincón de la habitación. La pareja roncaba suavemente cuando se escuchó el galope amortiguado de alguien acercándose.
La puerta se abrió dejando pasar a una tormenta de entusiasmo y energía en la forma de una grifo adolescente, plumorroja y muy menuda.
—¡CHICOS CHICOS CHICOS! ¡NO OS LO VAIS A…!
—¡No grites, maldita adolescente entusiasta! —respondió el unicornio semental de la cama, levantándose y tapándose las orejas. A su lado, una yegua de tierra se tapó la cabeza con la almohada—. ¿¡Qué quieres, Greta!?
La "maldita grifo adolescente entusiasta de las narices" (cariñoso apodo que le daban sus amigos) saltó frente al semental y le puso una carta frente a los ojos. Este, un unicornio amarillo de crines marrones hizo un esfuerzo inútil por intentar enfocar el muro de letras que tenía delante. Consiguió distinguir las palabras "concierto" y "feria", pero poco más.
—¡Lee, Lucent, lee!
—Greta, por Celestia, tenemos trabajo cada día, ¿hacía falta que nos despertaras a gritos?
—Arrrrrgh, ¿por qué no tienes resaca tú también? —exclamó la yegua de la cama mientras se incorporaba. El pelaje de tono azul perlado y la crin rosa de Lovely Rock estaban hechos un desastre, fruto de una noche de fiesta y desenfreno—. ¡Bebiste más que Lucent y yo juntos!
—Pero vosotros dos fuisteis a dormir mucho más tarde que ella.
Los tres se quedaron quietos ante esa voz y, lentamente, miraron a un lado y arriba: en el techo, un batpony de pelaje gris oscuro y crines negras, el batería del grupo, colgaba de una viga con su cola, envuelto por sus propias alas y mirando al trío mientras reía en voz baja.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí, Dawn?
—El suficiente —el batpony emitió una risita que casi sonó como un ronroneo mientras se cubría un poco más con las alas, dejando solo sus ojos a la vista… hasta que un soberbio guitarrazo lo devolvió al suelo.
—Batponies... —murmuró la yegua de tierra en voz baja y se dirigió a Greta con una expresión a la que solo le faltaría soltar humo por el hocico—. ¿Cuál es la gran noticia?
La grifo puso la carta frente a Lovely Rock, pero esta vez no esperó a que nadie la leyera.
—¡Nos invitan a la Feria de Cristal como artistas principales! ¡Vamos a tocar junto a Vinyl Scratch y Octavia Auditor!
Hubo unos segundos de incrédulo silencio; el batpony Dawn apareció tras la pareja y se apoyó poco sutilmente en la cabeza de Lucent para leer la carta él mismo. Bien pronto, la resaca no fue rival para el entusiasmo de la joven banda.
—¡Tíos, tíos, tíos! ¡Es la feria nacional del Imperio! —exclamó Lovely Rock—. ¡Esto es grande!
—¡Y han sido atacados por demonios también! —añadió Greta—. ¡Y tenemos la canción de los batponies!
—¡Pillad los instrumentos, hay que practicar!
—¡Ohdiosaohdiosaohdiosa…!
—¡Pero antes una aspirina!
—¡Y sidra!
—¡Y desayuno!
—¡...ohdiosaohdiosaohdiosa…!
—¡Y hay que cancelar los bolos!
—¡Tenemos solo dos semanas!
—¡Que alguien vaya a por muffins!
—¡...ohdiosaohdiosaohdiosa…!
—¡Ya voy, traeré sidra también! —gritó Greta mientras saltaba por la ventana.
—¡Tenemos que acabar la nueva canción, es la oportunidad perfecta para hacerla pública!
—¡Y la coreografía de "Veintitrés yeguas"!
—¡...ohdiosaohdiosaohdiosa…!
—¡Y contactar con Vinyl y Octavia, tenemos que hacer algo juntos!
—¡Y preparar atrezzo para ambientar! ¡Algo que hable del asedio que sufrieron hace un mes!
—¡...ohdiosaohdiosaohdiosa…!
—¡Dawn, deja de histerizar!
El batpony aludido dejó de trotar en círculos y se quedó boquiabierto mirando a Lovely Rock. Tras unos segundos, este expiró lentamente para acabar murmurando "¡Oh, diosa!" para si mismo.
Un grito hizo que varios ponis de cristal alzaran la cabeza. La yegua responsable rebotó contra el saliente de un edificio, se golpeó con otra pared, rebotó en el toldo de un tenderete y cayó aparatosamente al suelo entre exclamaciones de los presentes. Varios de estos se acercaron galopando a ella.
—¡¿Estás bien?! ¿Qué te ha pasado? ¿Te has caído de una ventana?
—…maldito reloj de las narices…
—¿Qué?
Aún tambaleándose por el trastazo, la yegua se alzó sobre sus cuatro patas tosiendo patéticamente una nubecilla de arena. De hecho, alguien se fijó que el pelaje de la yegua pelirroja, así como sus coletas negras, estaba cubierto con fina arena del desierto.
—¿Otra vez aquí? —exclamó, girando sobre si misma—. ¡¿Por qué me traes de nuevo aquí?! ¡No entiendo nada! ¡¿Qué más quieres hacerme pasar?!
Sin prestar atención a los que la rodeaban, la yegua roja echó a andar hacia el Palacio de Cristal. Su pelaje y crin estaban despeinados, sucios y revueltos, y podía apreciarse que tenía algunas heridas que poco tenían que ver con la caída; hablaba en voz alta con ella misma, haciendo aspavientos con cada inflexión de voz.
—¡No entiendo nada! ¡Se supone que me llevas allí donde puedo ayudar, pero solo me has llevado a líneas temporales condenadas! ¿Qué va a ser lo siguiente, eh?
—¡Disculpe!
—¡Canterlot derruida! ¡Lutnia en llamas! ¡Los ponis esclavizados y condenados! ¡Y lo último toda Taichnitlán siendo masacrada! ¿Qué demonios quieres de mi? —exclamó mientras se doblaba para mirar el gran reloj de plata que tenía por marca de belleza, cosa que levantó sorprendidas miradas de los transeúntes cercanos.
—¡Deténgase!
Frente a la poni de las coletas una Caballera de Cristal se cuadró, aunque cuando se fijó en su armadura se dio cuenta de que se trataba de una Paladina. El rostro de la yegua de cristal era firme y sereno, pero la recién llegada pudo apreciar una historia mucho más dramática detrás de su porte militar. A su lado, otros dos caballeros aguardaban.
—Soy la paladina Aura, de los Caballeros de Cristal. Pareces herida, ¿estás bien? ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo te llamas?
—Ah sí, sí, Aura, ya es paladina —murmuró para si misma, y continuó hablando antes de que Aura pudiera preguntar al respecto— ¿Que qué ha ocurrido? —la yegua pelirroja rió, llevándose un casco a la cabeza y adquiriendo una expresión desquiciada durante un instante—. ¡Oh, esa es una buena pregunta! Si te cuento lo que he vivido, ¿sabes qué pasará? ¡Que os condenaré a vivirlo también!
—¿De qué estás…?
—¡Pero qué importa! —gritó la poni de las coletas, alzando las patas y girando sobre si misma—. ¡Ya he intentado no decirlo, no forzar el destino, pero de nada sirve! Mira, en algún momento del futuro no muy lejano, Germarenia será atacada y arrasada por un gran demonio que se llama Baraz.
—Creo que te estás confundiendo…
—Y al día siguiente, el Imperio de Cristal será asaltado por un gran demonio llamado Weischtmann, junto a un enjambre de las fatas negras. ¡Y con las fuerzas que gané avanzará a…!
—¡Basta! —gritó la paladina, haciendo que la extraña yegua guardara silencio con una risa que bordeaba el llanto—. Estás confundida, muchos lo han estado después del asedio, es normal, pero tienes que calmarte.
—Confundida, dice… Espera, ¿qué asedio?
Los dos caballeros de cristal que acompañaban a Aura se miraron entre sí mientras uno murmuraba "wow".
—Vale, empecemos por el principio y luego te acompañaremos al hospital. ¿Cómo te llamas?
—Macdolia. Me llamo Macdolia. ¿Qué asedio, qué ha ocurrido?
—Vale, Macdolia, te voy a ayudar a recordar: Hace tres semanas que Weischtmann asaltó el Imperio de Cristal, y vino con un enjambre de Fatas Negras. Devoraron a toda una compañía batpony, pero los Caballeros de Cristal, las Guardias Solar y Lunar, las portadoras de los Elementos de la Armonía, las princesa Luna y Celestia y unos lobos enormes consiguieron rechazar su asalto.
Macdolia se quedó quieta, mirando a su alrededor con los ojos abiertos completamente.
—Eso… ¿ya ha ocurrido? ¿Y habéis aguantado? ¿Estás segura?
—Como si hubiera estado luchando yo codo con codo junto a los Lobos Invernales —respondió la paladina con un toque de sarcasmo—. Y, como decías, Germarenia fue asaltada el día anterior, pero alguien les avisó a tiempo y pudieron organizar una defensa. Aguantaron hasta que llegaron los refuerzos desde Canterlot.
—¿Qué hay de los Arqueólogos? ¿De Hope Spell, Aitana Pones, el profesor, Gilderald? ¿Estuvieron aquí?
—Sí… sí, también estuvieron —respondió Aura, algo confundida—. ¿Por qué lo pregun…?
—¡¿Están vivos?! —la interrumpió—. ¡¿Sobrevivieron a todo esto?! ¡¿Está Aitana Pones viva?!
—Creo que sí, pero…
Súbitamente la yegua roja se acercó a Aura y la tomó por los hombros mientras le preguntaba, pero no tuvo mucho tiempo. Haciendo gala de una gran fuerza y habilidad, la paladina derribó a la alterada yegua y la placó en el suelo.
—¡Cálmate! Estás hablando con una Paladina de los Caballeros de Cristal, ¡no me obligues a detenerte!
—¡Sólo dime dónde está Aitana Pones! ¡Es importante, muy importante, tienes que creerme por favor, no estoy loca!
—Claro, claro, no lo estás, por supuesto. ¡Apresadla!
Un instante después, las patas de Macdolia estaban inmovilizadas por un cristal duro como una roca, y su morro atado por un fino aro del mismo material. La yegua roja se retorció e intentó hablar a través de su mordaza mientras un caballero la cargaba sobre el lomo.
—Esta es la víctima de las fatas negras más rara que he visto.
—¡Ya lo creo! —respondió el otro caballero—. Pensé que tras tres semanas ya no quedaría ninguna. ¿Recuerdas aquel semental que solo caminaba sin mirar nada a su alrededor?
—Silencio, Caballeros —ordenó Aura—. Paso ligero, todavía nos queda una larga ronda por delante.
Finalmente, Macdolia se rindió entrecerrando los ojos con cara de circunstancias mientras era cargada hacia el hospital del Imperio de Cristal.
Al anochecer de aquel mismo día, un carruaje llegó al patio de la mansión Diamond, en el barrio de cuarzo del Imperio de Cristal. Después de que el cochero abriera la puerta, una elegante señora descendió. Lady Destiny vestía, como de costumbre, unas galas que muchos otros ni siquiera podrían soñar con vestir en alguna ocasión. La delicada tela del vestido caía suavemente sobre su pelaje anaranjado, y un broche dorado recogía su crin azul marino con tal precisión que incluso su brillo parecía fundirse con los reflejos de su propio cuerpo cristalino.
La unicornio de cristal se dirigió a la gran mansión de su familia sin ni siquiera dirigir una mirada al cochero; abrió las grandes puertas dobles de la entrada con su magia y, una vez estas se cerraron a su espalda, se quitó el chal y lo echó a un lado para que lo recogiera su mayordomo.
Para su sorpresa, la delicada prenda cayó inofensivamente al suelo.
—Qué servicio más pobre… —murmuró para si misma.
Normalmente, lady Sparkling Destiny habría ordenado a sus sirvientes que avisaran a su marido de su llegada. Supuso que, probablemente, estaban ocupados ultimando los paquetes de la mudanza, pues no era fácil transportar los extensos bienes de la familia Diamond a través de medio mundo. Si bien habían optado por dejar atrás los muebles más aparatosos, había una gran multitud de lienzos, estandartes y otros detalles que iban a llevarse, los cuales se hallaban empaquetados en grandes cajas a lo largo de la mansión. La visión de la madera cruda hacía que la elegante yegua prefiriera pasar gran parte del día en el mercado de la ciudad.
Subió las escaleras de su silenciosa mansión, las cuales carecían de la usual elegante alfombra, y se dirigió hacia el estudio de sir Noble Path. Sabía que su marido no habría salido de ahí todo el día; si bien entendía la necesidad de aceptar la oferta de la princesa Cadence, no conseguía hacerse a la idea de abandonar la mansión donde tantas generaciones de su familia habían nacido, crecido y muerto.
Ella, por contra, era mucho más pragmática al respecto.
La señora Diamond recorrió el largo pasillo y giró para llamar a la puerta del despacho de su marido; algunas de las lámparas mágicas se habían iluminado por si mismas, como siempre, pero ninguna lámpara mundana o candelabro habían sido encendidas todavía, dejando la gran mansión en las penumbras. De hecho, podría ver la claridad surgiendo de la puerta cerrada del estudio.
Sparkling detuvo su casco antes de tocar a la puerta y miró a su alrededor poco a poco. "¿Por qué no hay nadie? ¿Dónde está el servicio?". La unicornio cristalina tragó saliva y aguardó, escuchando con cuidado, pero fue incapaz de oír nada en absoluto. Ni el ruido amortiguado del caminar de un sirviente, ni el tintineo de las bebidas de su marido, nada. Y entonces intentó recordar si había visto algún caballero de cristal en el exterior de su casa, parte de la vigilancia intensiva que había ordenado Cadence.
La elegante yegua giró hacia la salida y galopó con todas sus fuerzas; giró la puerta al final del pasillo que daba a las enormes escaleras y, antes de que hubiera descendido cinco escalones, lo vio. La planta baja se hallaba sumida en la oscuridad más absoluta, todas las luces que había cuando ella llegó apagadas. Pero, en la base de la escalera, pudo ver dos ojos en la negrura: rosas, afilados, brillantes y hambrientos. Sparkling Destiny no lo dudó, llamó a la magia y golpeó el suelo con ambos cascos; el cristal del que estaban hechas las escaleras crujió y se partió hacia arriba, alzándose en afiladas agujas que se lanzaron contra el intruso. No necesitó luz alguna para entender lo que había ocurrido: la criatura saltó, desplegó una espada, partió algunos cristales que casi la habían alcanzado y clavó la mirada en lady Sparkling Destiny. Bajo sus ojos, unos colmillos blancos y afilados aparecieron, y un sonido aterrador llegó hasta sus oídos: a caballo entre un gruñido, un bufido y un susurro aspirado detrás de la oreja.
La yegua de cristal gritó y galopó por donde había llegado.
—¡AYUDA! ¡SOCORRO!
En seguida supo que nadie iba a acudir, aquella criatura se había encargado de que así fuera. La yegua conjuró a la desesperada mientras galopaba, alzando puntas de cristal a su espalda para intentar detener a quien la perseguía mientras volvía al despacho de su marido. Sabía que en el mismo había una salida secreta, ¡tenía que llegar a ella!
Súbitamente, la criatura estaba delante de ella, su rostro afilado ornamentado por la fría emoción del cazador, sus ojos brillantes clavados sobre su presa, y su espada a punto de arrancarle la vida. Sparkling reaccionó por el instinto de años de entrenamiento como duelista: una estaca detuvo el primer ataque, el segundo lo esquivó echándose atrás, y no permitió un tercero atacando ella misma. Al instante supo que no era rival para la yegua batpony que la estaba atacando. Llamando a toda su magia, Sparkling Destiny conjuró una ola de cristal que obligó a la asesina a alejarse de ella durante un segundo que la noble aprovechó para entrar a trompicones en el estudio de Noble Path, cerrando la puerta a su espalda antes de mirar al frente.
Primero se quedó inmóvil.
Después se llevó los cascos a la boca y gimió, hiperventilando.
La sangre cubría cada rincón del gran estudio, los muebles intactos. En el suelo, junto a la pared, cada uno de sus sirvientes yacía muerto con una expresión de terror y dolor en el rostro. Encima de los cadáveres había un semental sostenido en la pared por tres estacas de metal que lo atravesaban: dos en sus patas delanteras, y la tercera en su abdomen.
Fue cuando el semental alzó la cabeza y le pidió ayuda desesperada y silenciosamente que lady Sparkling Destiny reconoció a su marido. Junto al mismo, un mensaje escrito con sangre sobre la pared:
"Sabemos lo que hicisteis".
La asesina apareció en la habitación en una nube de sombras. La batpony permitió que la luz la iluminara: tenía la espada, el rostro y gran parte del pelaje cubiertos de sangre, ycuando avanzó varias gotas recorrieron sus colmillos y cayeron al suelo, sumándose al gran charco que lo alfombraba. La yegua de cristal retrocedió hasta topar con la puerta a su espalda e, incapaz de huir, habló desesperadamente.
—¡Te conozco, eres la capitana de la Guardia Lunar! ¡Tienes que escucharme, tenemos información que puede salvar miles de vidas! ¡Si me matas no podréis saber los planes de la Hermandad de la Sombra! ¡Perdóname la vida y te lo contaré todo!
Rise Love se detuvo, observando a su presa sin que rostro afilado y terrorífico variara un ápice. A ojos de la noble, pareció que la asesina estaba considerando sus palabras cuando esta alzó la espada… y se laceró su propia pata contraria. Ante la confundida y aterrorizada noble, Rise alzó el apéndice herido y permitió que la primera gota cayera al suelo. Cuando lo hizo, solo susurró una palabra:
—Muerto.
Y, con cada nueva gota que brotaba de su cuerpo y se unía al charco de sangre bajo sus cascos, repitió:
—Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. ¿Puedes disculparte con todos ellos?
—No... no puedo...
—Entonces yo no puedo perdonar.
—¡Pero hacerlo es... es la mejor opción! ¡Os daré información, te daré todo lo que quieras! ¡Oro, riquezas, tierras, títulos, solo pídelo!
—¿Lo que quiera?
Rise Love caminó paso a paso hacia la noble, dejando que sus cascos resonaran en la sangre. La unicornio respiró agitadamente, apretándose contra la puerta mientras la monstruosa yegua se acercaba; podía sentir el olor de la sangre en ella, su espada todavía goteando el espeso líquido rojo y a solo un movimiento de arrancarle la vida. Sparkling cerró los ojos, y tragó saliva mientras rezaba, por primera vez en décadas, una silenciosa plegaria...
… y Rise la besó.
Sparkling abrió los ojos, incrédula; la batpony azulada había cerrado los suyos y su rostro afilado volvía a parecer el de una yegua joven de exótico atractivo. La noble se quedó inmóvil durante unos instantes y, al poco, decidió responder a ese beso de sabor metálico. Si era lo que esa loca quería, lo haría, ¡cualquier cosa para no sufrir el destino de Noble Path! La unicornio cerró los ojos y se concentró para abstraerse del horror que la rodeaba, como había aprendido a hacer durante el reinado de Sombra. Necesitó toda su concentración para obviar el olor de la sangre, el alocado bombear de su corazón y los intintos que la llamaban a hacerse un ovillo y rezar.
Para su sorpresa, descubrió que esta besaba bien… muy bien. La tensión que sentía dejó paso a la curiosidad, y esta al redescubrimiento de sensaciones que no había vuelto a sentir desde que se casara con Noble Path. Su mente se quedó en blanco y solo supo que quería más, sentir más, vivir más, y el beso se volvió más profundo e intenso. Sabía, conscientemente, que no debería estar sintiendo esos deseos, que algo iba muy mal, pero no fue capaz de escuchar a la voz de la razón de su mente. La batpony le puso un caso humedecido sobre la mejilla, Sparkling Destiny respondió de igual manera… y gritó cuando sintió un agudo dolor en la lengua y en los labios, apartándose rápidamente y percibiendo el calor húmedo de su propia sangre en la boca.
—Que… ¿qué?
Rise Love sonrió y se lamió lenta y lascivamente los colmillos, deleitándose con el líquido vital de la noble.
—Ahora conozco tu sabor —ronroneó con un gesto que casi parecía una invitación coqueta—. Empieza a correr, rata.
La aludida miró a su alrededor, miró al semental que seguía agitándose en la pared, abrió la puerta y huyó, intentando abrirse paso a la desesperada a través de los obstáculos que ella misma había levantado antes. Rise Love se giró lentamente hacia el moribundo Noble Path, el cual suplicó con un susurro histérico.
—Por… favor… por favor...
—No se preocupe, Lord Diamond. Su señora lo acompañará muy pronto.
La Cazadora Batpony desapareció en una nube de sombras. Todavía tenía mucho tiempo para jugar con su presa.
En el exterior, un semental batpony giró las orejas al escuchar un grito casi inaudible desde el interior de la mansión Diamond. Escondidos en el jardín de la familia Diamond, un grupo de Caballeros de Cristal yacía inconsciente.
Moonlight Sonata siguió vigilando mientras su esposa traía la venganza a aquellos traidores. Tras la cúpula protectora del imperio, la luna llena brillaba en todo su esplendor.
NOTA DEL AUTOR:
Siempre me ha gustado imaginar a Rise Love cuando se pone en modo "Cazador" como un gato jugando con su presa... pero emocionalmente, entre otras cosas (creo que esto se veía en aquel one-shot "El rescate de Preciosilla"). Y me ha salido sin pensarlo ese pedazo guiño a una de las mejores escenas de la serie Babylon 5 entre Vir Coto y G'Kar. "How do you apologize to them?". "I can't". "Then I can't forgive".
Moonlight Sonata no habría intentado asesinar a los nobles él mismo, no se arriesgaría a sucumbir a la Sed y acabar convertido en un Feral. Pero ese no es un problema para Rise Love… Si alguien se lo plantea: sí, la capacidad de seducción de Rise Love cuando está en modo Cazadora es tan sobrenatural como la de Drácula en la novela de Bram Stocker. Me da cosa que dé otra impresión, ¿me ha quedado bien?
Gracias por leerme. ¡Un saludo!
