Con simple impulso de su voluntad, la densa vegetación que trataba de detenerle se marchitó frente a ella. A la espalda de Kolnarg, el cadáver de un enorme oso se sacudió y alzó, iluminados de plata rojiza sus ojos muertos. Cuando los últimos arbustos desaparecieron, Kolnarg pudo ver con claridad el cielo estrellado.

La lich caminó hacia la salida de aquel maldito bosque. A su izquierda dejó una cabaña construida en un gran árbol que parecía haber sido abandonada a toda prisa ante su llegada. Antes de llegar al pequeño puente que cruzaba el río, pudo escuchar las voces de cientos de ponis congregados frente a un gran escenario., ya que algún tipo de celebración había coincidido con su regreso. Kolnarg se detuvo al sentir la consciencia de Aitana Pones intentar escapar de su control y se regodeó, sabiendo que pronto no sería capaz siquiera de intentarlo. Ni siquiera alguien con una voluntad tan dura como aquella Arqueóloga podría expulsar por si misma a un espíritu una vez poseída.

Y menos cuando ella misma le había permitido hacerlo.

En el centro del pueblo, una gran tarima se alzaba. Frente a la misma, todos los habitantes de Ponyville se reunían, aguardando que empezara el espectáculo, y ninguno se percató de la presencia de la Lich. El cuerno translúcido que flotaba sobre la frente de la yegua poseída se cubrió con un aura negra, mientras se preparaba para liberar una oleada de muerte.

—Paladina Aura, ¿qué es esa niebla? —preguntó Shining Armor por el comunicador—. ¿Es parte del espectáculo?

Desde el balcón del Palacio de Cristal, Cadence miraba preocupada el fenómeno. Una niebla blanca y densa había aparecido desde el noreste, recorriendo las calles y cubriendo poco a poco la plaza central donde todos los habitantes del Imperio, y muchos turistas, esperaban que empezara el concierto que cerraría la Feria de Cristal.

—¿Paladina? —Shining guardó silencio mientras escuchaba una respuesta—. ¡Pues vaya usted y averigüe qué es esta niebla, sargento!

—Shining, escucha.

El blanco unicornio se acercó a su mujer viendo al instante a qué se refería: La gran plaza estaba guardando silencio a medida que avanzaba la niebla. El parloteo, los vítores y risas sonaban cada vez con menos fuerzas.

—¿La niebla está haciendo esto?

—¡El Corazón no ha notado nada! ¿Cómo es posible, estaba ya aquí dentro?

—¡Sargentos, respondan!


En el escenario, una tenue luz iluminó a Steel Note.

Todavía en la penumbra, Lovely Rock se quedó de piedra al ver a los miles de ponis y otras criaturas que habían acudido observarla sin reaccionar. Una especie de neblina blanca había cubierto toda la plaza, dándole la impresión de que eran un montón de zombies que pronto se lanzarían a por ella.

Demasiadas novelas de terror.

A los lados del escenario, cuatro unicornio conjuraron a la vez; en aquel mismo instante, lo que ocurría en el escenario estaba siendo repetido en forma de hologramas mágicos en escenarios de toda Equestria. Solo imaginar la cantidad de ponis que la estaban mirando en aquel instante era mareante, y se quedó en blanco: ¿Qué tenía que tocar, cuál era la primera canción? Ella nunca había tenido miedo de subir a un escenario, ¡pero jamás de aquella forma! Para más preocupación, la niebla se hizo más espesa y opaca, ocultando a todos los asistentes de su vista y empezando a ascender al escenario.

Un rítmico bombo sonó desde la batería y, al tercer golpe, una luz iluminó a Dawn. El Batpony miró directamente a Lovely rock, con aquella sonrisa, pasión y confianza en si mismo que lo hacían un digno miembro de Steel Note.

"Oh, sí. Veintitrés yeguas, la primera canción es 'Veintitrés yeguas'".

A su izquierda, Greta tocó el rift tan caracerístico de aquella gamberra canción, y a su derecha Lucen acompañó el bombo con su contrabajo de forma casi imperceptible. Contó los compases sin ni siquiera pensarlo, y en el último tiempo del cuarto compás se puso en pie, tomó el micrófono y gritó:

—¡Huah!

La música estalló, las luces se iluminaron y la joven banda se mostró en todo su esplendor.


Una ola de muerte se extendió por Ponyville.

Allá donde pasaba, las flores se marchitaban y la hierba moría. Kolnarg observó cómo los pequeños ponis eran engullidos por el terrible hechizo, sonriendo por adelantado al ejército que iba a empezar a levantar.

Pero ningún poni cayó. Incrédulo, el ancestral lich lanzó un hechizo a una yegua cercana… que la atravesó limpiamente sin afectarla siquiera.

—¡¿Ilusiones?!

Al decir eso, los cientos de ponis que había se deshicieron en volutas de colores y solo quedó al final de la plaza una yegua azul de crines blancas que vestía un ridículo traje de mago. Esta gritó al verse descubierta y galopó alejándose de la nigromante.


A varios kilómetros de Ponyville, los últimos ponis de una igualmente kilométrica conga llegaron frente a un improvisado escenario, donde se unieron a los tres mil doscientos sesenta y ocho ponis (contando a Cheese Sandwich) que habían acudido. Varios unicornios en torno al entarimado conjuraron al mismo tiempo y, como un espejismo, el gran escenario del Palacio de Cristal apareció translúcido y brillante. Los habitantes de Ponyville vitorearon a los magos responsables de tal hazaña

A un lado del gentío, Cheese Sandwich observó su obra, satisfecho.

—Pan comido, ¿verdad, Deshuesao segundo?

Con un casi imperceptible movimiento de grupa, el pollo de goma asintió. Después, como si tuviera vida propia, giró la cabeza hacia una yegua roja que llegó a todo correr.

—Oh no… ¡no, no, no!

—¡Hola! —saludo Cheese, jovial como siempre—. ¡Tienes razón, todavía NO ha empezado! ¡Llegas a tiempo, ¿no es genial?!

—No… no es eso. Por favor, no otra vez.

Confundido, Cheese siguió la mirada de la yegua. Vio cómo una extraña niebla blanca se extendía por la llanura, acercándose al escenario.

—Uy, qué raro. Los pegasos no iban a poner niebla esta noche.

Macdolia se giró al escenario desde el cual empezó el rítmico golpeteo de un bombo, siendo en seguida coreado por los gritos del público.

—¡Por favor, por favor, hacedlo! ¡Hacedlo, por favor!


—¡Huah!

Al principio, nada ocurrió.

Después de que entrara toda la música, la extraña niebla detuvo su avance; con cada golpe de la batería se encogió y volvió más ligera, y cuando Lovely Rock acompañó con su guitarra a Greta, la niebla retrocedió formando un amplio semicírculo en torno al escenario. A medida que esto ocurría, el público que se veía libre de su influjo estalló en vítores y golpes de casco contra el suelo, algunos mirando alrededor con gesto confundido pero bien pronto uniéndose a la algarabía general.

"Joer, ¡cómo se lo curran en el Imperio de Cristal!"

Lovely Rock pareció prepararse para cantar pero, en una coreografía muy ensayada, Lucent se adelantó con un micrófono propio.

"¡Me tiré veintitrés yeguas del tirón,

y ningún colega me creyó!"

Muchos entre el público guardaron silencio, intentando entender lo que creían haber escuchado. Porque total, nadie se atrevería a cantar una canción tan subida de tono en un concierto retransmitido a toda Equestria, ¿verdad?

Lovely Rock tomó su micrófono y respondió.

"¡Es que todos me escuchaban a mi,

porque lo hice mucho mejooooooor!

¡Sí señor!"

Las risas y los progenitores tratando de tapar los oídos a sus potros fueron omnipresentes entre el público. De poco servía esto último, ya que Lovely Rock, aparte de tocar la guitarra, bailaba sobre dos patas y movía la cadera de una forma que a cualquiera podría enloquecer. Greta cantó y, mientras lo hacía, remarcó sus palabras enseñando tres dedos de sus garras y haciendo un gesto que poco lugar dejaba a la imaginación.

"Lo siento señora, si digo la verdad,

las garras de grifo son algo sensacional.

Tendrías que ver lo que se puede hacer,

un, dos, tres, pronto lo veréis.

¡Me tiré a veintitrés…!

¡...Veintitrés yeguas del tiróóóóóón!"


En el palacio de cristal, Shining Armor empezó a escuchar de nuevo las voces de sus oficiales a través de los cristales que usaban para comunicarse.

—¡Paladina Aura, esa niebla no era normal, quizá era magia negra! ¡Revisen todo el perímetro, comprueben todas las patrullas!

—¿Qué? Sí, ¡sí, entendido, majestad!


Cerca de Ponyville, a pesar de las miradas extrañadas, divertidas y escandalizadas, la mayor parte del público saltaba al ritmo de la potente música de Steel Note.

—¡Lo han hecho! —gritó Macdolia sacudiendo a Cheese Sandwich—. ¡Lo han hecho, lo han hecho! —volvió a gritar, viendo cómo la niebla blanca retrocedía.

—¡Claro que lo han hecho, Pinkie Pie los recomendó, son geniales!

—Vale, ¡me tengo que ir! ¡Chao!

Dejando a Cheese con la palabra en la boca, Macdolia echó a correr hacia Ponyville. El segundo mejor poni fiestero de toda Equestria no pudo evitar admirar cómo esa yegua rojiza era capaz de correr casi tanto como Pinkie Pie.


La gran lich llamó a la magia, lanzando un oscuro rayo contra la impertinente ilusionista que se había atrevido a engañarlo. Ella sería su primera víctima, la primera incorporación a su ejército de no muertos. Pero algo interceptó su hechizo.

Un unicornio verde de crines marrones iluminado por la intensa luz de la magia blanca se interpuso entre la ilusionista y la yegua poseída. Hope Spell retrocedió cuando Kolnarg le lanzó una andanada de hechizos; un instante antes de que su barrera cayera, otro poni se situó a su lado y lo ayudó a mantener la defensa mágica. El cuerno del profesor Pones brillaba con una fuerza que jamás había visto, pero aún así no fue suficiente: las defensas combinadas de los dos magos cayeron rápidamente. En el último instante, Hope Spell se teleportó junto al profesor.

Kolnarg gritó, un largo corte abierto sobre su cabeza allá donde surgía el fantasmagórico cuerno. Al tiempo que la herida sanaba a toda velocidad, cubierta por magia oscura, se encaró a un nuevo adversario. Rise Love bufó violentamente, sus ojos afilados y brillantes y mostrando sus colmillos.

—Fútil…

Alzando un casco, la yegua poseída conjuró hacia la batpony, un hechizo que sencillamente detendría su corazón. Pero al instante notó una magia que protegía a esa asesina, una magia que arrastraba consigo una chispa que no había sentido en milenios.

Divinidad. Esa magia contenía una diminuta parte del poder de los mismos Dioses, de los Titanes. Con una orden mental llegó un estrépito de criaturas galopando: el gran oso que matara antes Kolnarg cargó, rugiendo y con la magia que animaba su cadáver iluminando su rostro. Tras él, otros animales del bosque le seguían igualmente muertos: lobos oscuros, serpientes, zorros…

La batpony desapareció en una nube de sombras; una barrera se formó en torno a Kolnarg, protegiendo el cuerpo de la yegua que poseía de la espada de la asesina. La lich conjuró al instante y una nube violeta tomó los ojos de Rise Love. Al instante, esta cayó al suelo agarrándose la sien, hundida sin remedio en sus pesadillas. Los animales zombificados ya se adentraban en el pueblo. La pareja de magos que antes salvaron a la ridícula ilusionista empezaron a lanzar hechizos al todavía pequeño ejército de Kolnarg, pero este no los atacó. No, sabía que había más ponis en aquella emboscada, aguardaría a que…

Un potente haz de pura energía mágica cayó desde el aire, recorriendo un gran área y destruyendo a más de una docena de los cadáveres reanimados.

...se mostrara.

Frente a ella, posicionándose entre los dos unicornios, descendió una criatura que Kolnarg no había visto jamás, una poni que tenía las alas de un pegaso y el cuerno de un unicornio. Todavía era joven, muy joven, pero podía sentir claramente el potencial que irradiaba. Solo sabía de criaturas así descritas en las leyendas de los sabios de su época, y de los antiquísimos tratados que hablaban de los dioses y su descendencia.

Twilight Sparkle estudió a su adversario con detenimiento, usando la magia para detectar todos los hechizos y defensas que llevaba conjurados. Se sorprendió al ver que la poseída Aitana llevaba sus inconfundibles alforjas.

¿Acaso eres descendiente de un titán?

—Vas a liberar a mi amiga, Kolnarg. Tu época ya pasó, ¡libérala!

No vas a darle órdenes a la Faraona, mortal.

—¿Faraona?

Kolnarg avanzó poco a poco y, con cada paso, la magia acudió al mundo que la rodeaba. La oscuridad la rodeó, destacando en su centro como si una luz la iluminara; el cuerno fantasmal sobre su cabeza refulgió y pronto la poseída Aitana empezó a levitar. Fue entonces cuando todos pudieron ver la imagen de otra yegua superponiéndose a la de Aitana: pelaje anarnajado, crines espesas y negras se desplegaron tras su cabeza como una corona. Y a su alrededor, la oscuridad adquirió forma: miles de formas de espíritus retorcidos que volaron a su alrededor con gestos de terror, ira, agonía y venganza en sus rostros deformes.

¡Hinca la pata ahora, mortal, jura lealtad a la Faraona Kolnarg y te permitiré vivir!

Twilight Sparkle tragó saliva. "Ceñiros al plan", pensó antes de responder.

—Jamás. No permitiré que desates una era de oscuridad y sufrimiento sobre mis amigos.

Entonces has escogido muerte.

Con un gesto de la lich, los espectros de lanzaron contra la alicornio lavanda. Estos eran invisibles, en verdad, pero no para ella y sus amigos que se habían preparado para esa eventualidad. Conjurando rápidamente, un círculo de runas se formó en torno a Twilight, parando a todas las criaturas que arañaron la invisible protección.

"El primer paso es detener al espectro atacante", rezaba el tratado que Twilight había leído diez veces las últimas doce horas. "El segundo paso, devolverlo al flujo de las ánimas".

Tras un instante de acumular la magia, la discípula predilecta de Celestia lanzó una bola blanca al aire; cuando esta estuvo a bastante altura, una tromba de rayos de luz cayeron sobre cada uno de los espectros, inclusive aquellos que no estaban en torno a Twilight, como si cada rayo supiera dónde encontrar un objetivo. En cuestión de segundos, los espectros que rodeaban a la alicornio desaparecieron, roto su vínculo de sumisión con Kolnarg y capaces ahora de volver al ciclo natural de las almas.

No llegó a ver a la lich conjurar hasta que el primero de sus hechizos golpeó violentamente la defensas de Twilight, rebotando en una barrera invisible con un sonido metálico. Retrocediendo mientras conjuraba, la alicornio alternó el desviar los hechizos de su atacante con lanzar los suyos propios. Podía escuchar, por encima del ruido de la magia desatada, los gritos desesperados de Rise Love y el combate del profesor Pones y Hope Spell contra los animales no-muertos. Alzó el vuelo y rodeó a Kolnarg mientras lanzaba sus ataques y, para su propia sorpresa, disfrutó esa sensación: No era como el combate contra Tirek, basado en la fuerza bruta, ahí era un duelo de habilidad y conocimiento mágico. Kolnarg era increíblemente poderosa, por lo que ese duelo lo ganaría la maga más hábil...

...salió de su error cuando, con un grito en un idioma muerto, una gigantesca bola de oscuridad y muerte fue lanzada por Kolnarg. Twilight tuvo solo el tiepo justo para teleportarse al mismo tiempo que sus defensas caían como un castillo de naipes ante un vendaval. Gritando, cayó aparatosamente al suelo y tardó unos segundos en levantarse. Su pelaje estaba oscurecido en muchos puntos, y Kolnarg rió.

Eres poderosa, pero una novata. Debiste aceptar mi oferta, hija de los titanes. Nunca tuviste una posibilidad, pero no desesperes: tras tu muerte pasarás a formar parte de mi ejército de muertos.

Twilight alzó la vista pero no miró a Kolnarg, si no detrás de ella, a dos ponis que le hacían gestos.

La lich lanzó un hechizo contra la alicornio, un rayo blanco y negro al mismo tiempo. Twilight conjuró por encima del dolor y un disco púrpura se formó frente a ella, absorbiendo el hechizo nigromántico. Un segundo disco apareció, devolviendo el hechizo a Kolnarg quien lo desvió con rabia.

—¿Novata? ¿Qué te parecen estos hechizos básicos "Disco de Nilssen" y "Portal de Golden Sun"? ¡No eres quién para llamarme novata!

Kolnarg, notablemente ofendida, comenzó un largo hechizo… que fue interrumpido. Escondidos tras casas cercanas, el profesor Pones y Hope Spell salieron y conjuraron a la vez. La magia blanca cubrió la cabeza de la yegua y esta gritó llevándose un casco al rostro.

Cuando alzó la cabeza, los ojos verdes y confundidos de Aitana Pones miraron alrededor.

—¡Aitana, corre al bosque, corre! —gritó Twilight.

—¿Qué…?

—¡Todavía estás poseída! ¡Corre al bosque para que podamos ayudarte, corre y aguanta todo lo que puedas!

El miedo en seguida tomó el rostro de Aitana, y esta hizo como le decían, galopando con todas sus fuerzas hacia el bosque Everfree, siguiendo la senda de destrucción que ella misma había abierto.

Hope Spell, Roy Pones y Twilight se tomaron un segundo para recuperar el aliento y sanar mágicamente sus heridas. Rise Love se levantó, libre su mente de la magia nigromántica y luchó por controlar los temblores de su cuerpo. Después la alicornio lanzó un hechizo que estalló con luces púrpura a gran altura sobre el pueblo. En distintos puntos del bosque Everfree, los amigos de Aitana Pones supieron que esa era la señal.


Cerca de la cabaña de Zecora, la portadora del elemento de la Bondad sintió un nudo en el estómago cuando vio la señal que habían acordado con Twilight. Después se giró hacia Discord, quien flotaba a poca distancia de ella.

—Fluttershy, Fluttershy, Fluttershy —respondió el dios del Caos con su habitual tono paternalista—. Créeme, si hay algo que no queréis es que un lich consiga devorar mi espíritu. Un ser tan cruel con mis poderes… En serio, no quieres que eso ocurra.

—Pero… tú eres el dios del Caos…

—¡Y Kolnarg la nigromante más poderosa de la historia! ¡Ni siquiera el Rey Sombra en su apogeo podía compararse!

Fluttershy suspiró lastimosamente.

—Lo entiendo. Por favor, cuídate Discord. Y ayuda a nuestros amigos si nosotras…

Sin acabar la frase, Fluttershy echó a volar a través de los árboles del bosque. Tras unos segundos, Discord lanzó una queja al cielo.

—¡Vaaaaaale! Estos pequeños ponis y su dramatismo, ¡así nunca aprenderán!

Después chasqueó los dedos y desapareció.


"¡Cuando acabé todas pedían aún máááááááááááás!"

El público del Imperio de Cristal reía a carcajadas, bailaba y cantaba a partes iguales, los progenitores ya rindiéndose y cejando en el intento de proteger a sus jóvenes de esa descocada banda. Por indicación de Lovely Rock durante un solo de Greta, exactamente veintitrés yeguas de cristal habían subido al escenario, bailando a coreografía una danza típica del Imperio que, extrañamente, no hacía más que acompañar a la picante letra de la canción.

"Me tiré a 23 yeguas en un parque ayer, en Manehattan capital.
Levanté la cola y cayeron de rodillas, como si fuesen a rezar.
La verdad no sé si esto está mal, solo el diablo decidirá
pero sé que si me viene a buscar, es porque algo le he de enseñar.

¡Me tiré a veintitrés! ¡Veintitrés yeeeeeeeeeeeeeeeeeguas….!
¡...DEL TIRÓÓÓÓÓÓN!"

Desde el balcón del palacio de cristal, Shinning Armor, habiéndose asegurado de que la guardia estaba investigando el asunto de la extraña niebla, observó la situación con un tick en el ojo.

—Cariño, no sé si fue la mejor idea contratar a Steel Note, sus temas son un tanto… ¿amor?

Pero Cadence no pudo responder, aquejada por un ataque de risa histérica.

La música no cesó: enlazadas como si fuesen una única pieza, el último acorde de "Veintitrés yeguas" dio lugar a la siguiente canción: Lovely colgó su guitarra a la grupa dejando que los poderosos acordes de Greta exaltaran al público. La joven yegua recorrió el escenario de lado a lado, trotando y saltando al ritmo de la batería y enloqueciendo al público. Si en algún momento había sentido miedo escénico por cantar ante toda Equestria, este había sido aplastado por su sentido del espectáulo; con el gesto y la confianza de una reina del rock, tomó el micrófono y se alzó sobre dos patas cuando cantó.

"No se te ocurra firmar,
ni ningún contrato acordar,
de elegir entre tú y tu alma inmortal,
sé muy bien lo que escogerá.

Te prometió fama y gloria,
amor, dinero y un muffin colosal,
pero no te dijo que a la hora de pagar,
serás su putita personal

¡Porque es una zorra infernaaaaaaaaaaaaal! ¡Yeah!"

Y ahí sí, los príncipes regentes del Imperio de Cristal no supieron qué cara poner al escuchar a todos sus ciudadanos corear esas últimas tres palabras.


Una precipitada carrera por el bosque.

La joven arqueóloga podía sentir la presencia intrusa en su mente, cerrándose sobre su espíritu como una tenaza implacable. Aceleró su desesperado galope, con el instinto animal de dejar atrás el peligro que amenazaba acabar con ella.

No supo cuánto tiempo había pasado pero, cuando se encontró a solas y no pudo oír a ningún otro poni a su alrededor, Aitana se dejó caer al suelo, cerrando los ojos con todas sus fuerzas, luchando contra lo inevitable. La creciente presencia maléfica en su mente se estaba tornando insoportable por momentos; lo sentía, como una respiración en la nuca, presionando poco a poco contra su maltrecha voluntad.

No aguantaría mucho más.

Kolnarg se regodeaba, sabiendo que pronto superaría a Aitana en la lucha por su mente; la torturaba, introduciendo pequeñas imágenes de lo que haría una vez volviera a caminar por el mundo. Manehattan seria la primera en caer, y su padre se convertiría en un espíritu a su servicio. Después acabaría con los ejércitos que enviaran, y así engrosaría sus filas de no-muertos...

—¡No! —gritó Aitana, metiendo un casco en las grandes alforjas que siempre llevaba y que, por alguna razón, la lich había decidido recoger al despertar—. ¡No lo permitire!

La daga salio rápidamente de su escondite, asida mediante una correa a la pata de la yegua marrón, la cual la giro hacia su propio corazón. Durante un instante pensó en todo lo que había hecho mal, todo lo que podría haber cambiado la historia que la había llevado hasta ahí: Debió suicidarse mucho antes; debió haber enterrado la maldita brujula en un bloque de cemento y despues lanzarla al fondo de océano; debió hablar con su padre, decirle que lo perdonaba; debió hablar con Daring Do para que pudieran gritar juntas el dolor por la traición de Gilderald...

Debió haberle dicho a Hope que le había mentido.

Durante un minúsculo instante, notó a Kolnarg encogerse en su mente. Era la ultima salida de Aitana, su ultima posibilidad.

No puedes hacerlo, Arqueóloga—susurró la yegua con la voz de Kolnarg.

Aitana quiso responderle algo, pero sentía que el menor esfuerzo podía suponer su victoria. Alzó la daga, pensando en todos los errores que cometió en su vida y que ya no podría subsanar; en muchas ocasiones se había enfrentado a la muerte, y todavía recordaba el dolor que siguió al combate en la tumba del norte, de la que había pensado que moriría de forma atroz. Y, sin embargo, en todas esas ocasiones no se había parado a pensar en su vida como lo estaba haciendo en aquel momento. Quizá, por una vez, sentía que estaba dejando demasiado atrás. Había tanto que le habría gustado hacer...

Un golpe seco. Un gemido ronco. El silbido de una respiración fallando.

Antes de que las patas la dejaran caer, retiró el cuchillo que se había clavado en el pecho; el sonido del aire entrando a través de la herida se juntó con el calor de la sangre empapando su pelaje. Erró y no logró atravesarse el corazón, pero sabía que no tardaría en morir cuando los pulmones le fallaran.

Se desplomó contra el suelo cuando le vino un ataque de tos acompañado por un sabor metálico; poco a poco, a cada inspiración, el dolor y la presión sobre el pecho crecían exponencialmente. Empezó a respirar cada vez mas rápido y superficialmente, mientras su cuerpo luchaba por reparar un daño que estaba muy por encima de sus capacidades naturales. En la mente de Aitana, Kolnarg luchaba por liberarse; si lograba aguantar un poco más, si conseguía mantener el control sobre su cuerpo hasta el final, pronto todo acabaría. Se llevaría a la bastarda a la tumba...

Sintió un amargo sabor en la boca. No sabia bien qué era exactamente, pero imaginó que así es como sabía la muerte. La vista se le nublaba a pesar de sus esfuerzos por seguir despierta y luchando contra el Lich. Diez años.., diez malditos años manteniendo a raya al nigromante mas poderoso de la historia (y que había resultado ser una yegua). Aitana sentía que, finalmente, había ganado, arrebatándole su retorno al mundo, su venganza contra los vivos. En parte, para la yegua, era un alivio saber que al menos una poni, una alicornio nada menos, la recordaría, y también todo por lo que luchó. ¿Amiga? No lo creía... pero ella había entendido, había visto todo lo que la había llevado a luchar con tanto ahínco desde que era una adolescente...

Ojalá pudiera volver a verla. En otras circunstancias quizá la habría cortejado, aunque fuera solo por una noche...

Los sonidos del bosque se empezaron a apagar, y Aitana dejó de escuchar el silbar de su propia respiración moribunda. El mundo se sumió completamente en las tinieblas... pero no. Frente a ella apareció un túnel negro y,al final del mismo, una cálida luz dorada.

Se pregunto si estaría su madre al otro lado, tenía muchas cosas que contarle... y otras muchísimas más que preguntarle. Pero notó que algo no iba bien. No lograba alcanzar la paz, no lograba atravesar el túnel y llegar a la luz. Sentía que... que no se moría.

Aitana volvió a respirar.

Escucho en su mente la victoriosa risa de Kolnarg e, instintivamente, llevó la vista hacia la herida que debería haberla matado. Una magia oscura la había cubierto, los músculos cerraron la herida y, en un segundo, nuevo pelaje creció sobre la misma, como si nunca hubiera estado ahí. El dolor en el pecho murió junto a la presión que le impedía respirar.

—No... ¡No!

Los ojos de la Arqueóloga se tornaron grises, y una cruel sonrisa atravesó su rostro.

Quizá no me expliqué bien: Quería decir que no puedes morir si yo no lo deseo, Arqueóloga.

Aterrorizada, Aitana se levantó y corrió a ciegas a través del Everfree, buscando un barranco, un rio, ¡cualquier cosa que le permitiera matarse! Pero, al instante, la voluntad de Kolnarg se hizo mas fuerte que nunca. Aitana se detuvo en seco, gritando, al tiempo que un fantasmagórico cuerno negro aparecía en su frente.

Habiendo regresado el color gris a las pupilas de la poseída yegua, Kolnarg se alzó e inspiró profundamente. Era un placer volver a sentir el aire en los pulmones de un mortal; en su mente, sintió la voluntad de la Arqueologa dar unos últimos estertores agónicos antes de quebrarse.

—¡No! —gritó Aitana, recuperando momentáneamente el control durante los que serían sus últimos instantes de libertad—. ¡No puedes hacerlo!

La yegua giro la cabeza en dirección contraria a la que miraba, esbozando una cruel sonrisa y hablando con la voz del espíritu que la poseía.

Tengo todo el tiempo del mundo, Dawn Hope. Tu solo eres una mortal.

La Arqueóloga se lanzó al suelo, cubriéndose la cabeza con las patas y gritó con todas sus fuerzas, como si así pudiera espantar al espíritu que la atormentaba, o como si alguien fuera a responder a sus súplicas. Fue entonces cuando sintió la magia congregarse a pocos metros de ella; la primera voz fue de una yegua.

—¡Doctora Pones!
—Twilight... —acerto a susurrar la aludida—. ¡Vete! ¡No puedes ayudarme, no mueras por mi!
—¡AITANA!


En el gran escenario de cristal, todos los integrantes de Steel Note cantaban las mismas palabras deletreadas, marcando el ritmo para Lovely Rock.

"S-O-U-L S-U-C-K-I-N-G W-H-O-R-E!"

"¡Te amo, nena!

Tooodos saben que es una zooooorra infernal,

¡una zoooorra infernal!

¡Una zorra inmortal que al infierno te llevará

y no solo tu alma chupará!"

—¡Eso es, dejadme oíros cantarlo ahora! "S-O-U-L S-U-C-K-I-N-G W-H-O-R-E!"

Probablemente, solo los que hablaban Germarenio pudieron comprender el significado de esas últimas palabras. Eso no impidió que los ponis de cristal, y los otros ciudadanos de Equestria que estaban viendo el concierto transmitido mágicamente, saltaran, vitorearan y rieran a carcajada limpia. En el gran balcón del palacio, el príncipe regente observaba el espectáculo con un tick en el ojo.

—Eh… cariño, ¿tú sabes lo que quiere decir…? ¿Cariño?

Cadence, una vez más, estaba riendo a carcajadas. Y quizá como respuesta a ese estallido de alegría de la Princesa y de todos sus ciudadanos, el Corazón de Cristal lanzó un haz de magia que estalló contra la cúpula como unos impresionantes fuegos artificiales.


La yegua marrón reaccionó a la segunda voz de un semental; desde su posición solo pudo ver sus patas y el pelaje verde menta cuando se acerco a todo galope; notó cómo la tomaba en sus cascos y, en seguida, observó sus inconfundibles ojos castaños cuando se agachó sobre ella con gesto aterrorizado.

—¡Aitana, tienes que aguantar!
—¡Hope! —exclamó ella, sin poder creerse que lo estuviera viendo—. ¡Hope, no puedo! ¡Kolnarg ya ha...!

Terminó la frase con un rugido sobrenatural; la oscura magia de la nigromante la cubrió durante un segundo.

—¡Hope lo siento! —gritó Aitana—. ¡Te mentí! ¡Te mentí! ¡Debí decírtelo, no dejar que vinieras a buscarme! ¡Lo siento!
—¡Eso ahora no importa! ¡Tienes que aguantar! ¡Aguanta, por lo que más quieras!

A la espalda de Hope, Twilight Sparkle observó la escena con la consternación reflejada en su rostro. Sin embargo sabía que no debía perder la calma: Solo tendría una oportunidad de ayudar a Aitana Pones, y no pensaba desaprovecharla.

Después de todo, el plan ya estaba en marcha desde antes de que la lich despertara.

Su cuerno brillaba levemente, ya que estaba cargando con su magia un enorme libro; lo hizo levitar frente a ella y lo abrió, pasando las páginas a toda velocidad. Cuando encontró el texto que buscaba lo empezó a recitar en voz baja, mientras el resplandor sobre su cuerno se volvía más intenso. Pronto, un amplio círculo rodeó a la poseída yegua y a Hope Spell, siendo rodeado después por un otro círculo concéntrico ornamentado por una serie de runas mágicas que se iluminaron al canalizar la magia de la alicornio.

Ella era una princesa de Equestria, y no podía permitir que el regreso de Kolnarg pusiese en peligro a todos los pequeños ponis que debía proteger. Pero, por encima de todo, Aitana Pones era su amiga.

Y Twilight Sparkle jamás abandona a sus amigos.

—¡Hope, atrás!

El semental miró una última vez a Aitana y se teleportó junto a Twilight; el profesor Pones llegó de la misma forma casi a la vez y entre los dos alimentaron el hechizo de la alicornio lavanda. Las runas que rodeaban a Aitana se iluminaron con tanta intensidad que su luz pareció formar un muro en torno a la yegua poseída. En el centro del mismo, Aitana se alzó sobre los cuartos traseros, llevándose los cascos a la sien y lanzando un grito desesperado con los ojos cerrados. Cuando los volvió a abrir, las pupilas grises de Kolnarg estudiaron a los mortales que la rodeaban.

—Esta es magia antigua, joven diosa —dijo, la voz de Aitana y la de Kolnarg superpuestas mientras esta avanzaba—. Una protección contra no-muertos, nigromancia y espíritus. Inteligente, pero hay algo que no has tenido en cuenta.

Diciendo eso, Kolnarg avanzó hasta que su rostro atravesó la barrera luminosa. Twilight, Roy y Hope retrocedieron rápidamente.

—Yo ya no estoy muerta.

—¡Uh, pero eso ya lo sabemos, tontita!

Un cañón cabalgado por una poni rosa cayó frente a ella y disparó una espesa carga de confetti. El impacto no le hizo daño, pero la empujó hacia atrás de nuevo al centro del círculo. Rugiendo de rabia conjuró y una tromba de proyectiles mágicos saltó contra Pinkie Pie, pero esta no se movió… porque la magia nigromántica no pudo atravesar el círculo de runas.

—¡Malditas seáis! ¡O mataré a todas!

Galopó de nuevo, esta vez hacia otro lado del círculo para evitar a Pinkie, pero en el último instante vio que algo se echaba sobre ella desde el cielo. Preparándose para el tremendo impacto, Kolnarg alzó las patas y, para su propia sorpresa, detuvo fácilmente a una pegaso celeste que pareció contrariada al ver la inercia de su maniobra tan fácilmente contrarrestada.

—Esta yegua es formidable, ¡mucho más fuerte que yo en vida!

—¿Sí? ¡Pues para esto! —respondió Rainbow Dash.

Cuando la pegaso celeste saltó a un lado, lo primero que vio Kolnarg fueron los fuertes cuartos traseros de una poni de tierra. La coz de Applejack lanzó a la lich de nuevo al centro del círculo.

—¡Ja! ¡Come coz, cretina!

—¡Deja a nuestra amiga ahora mismo! —ordenó Applejack—. ¡No tienes derecho a hacer esto! ¡Ningún poni debe vivir tanto, anciana!

Kolnarg estudió la situación a su alrededor. Cada vez más ponis llegaban a la zona.

—¡NECIAS! —gritó—. ¡No podréis separarme jamás de esta mortal, nuestras almas están ahora ligadas! ¡Ni siquiera la muerte la librará de mi dominio!

Mientras decía eso se percató de algo:el círculo de runas había adquirido un resplandor amarillo y su magia venía acompañada de… paz. Tranquilidad. Amor y bondad. Y entonces la vio: una pegaso amarilla se había situado en un lado del círculo y una gema que vibraba en sintonía con su propia alma imbuía al círculo con su esencia. En su época, la magia de la Amistad era tan solo un mito, una teoría menospreciada.

Kolnarg no iba a permitirles mostrarle cómo funcionaba, y la muerte acudió a ella.

Rainbow tuvo que aletear con más fuerza para mantenerse en el aire.

Rarity, que acababa de unirse al círculo junto a Fluttershy, miró sorprendida el vaho que su respiración formaba.

Applejack retrocedió y miró a su alrededor, dándose cuenta de que algo extraño estaba pasando con la luz.

Fluttershy tiritó de frío.

Pinkie Pie tembló, dio un saltito, parpadeó los ojos alternativamente y gritó:

—¡Algo terrible va a pasar!

—¡TODOS LOS PONIS DETRÁS DE MI!

Las sombras cayeron sobre toda la zona, solo el círculo rúnico destacó en su lucha contra la magia nigromántica. Tras ellas llegaron los espíritus atrapados y convocados por Kolnarg, que volaron sobre ella como una bandada de buitres fantasmagórios; todo se oscureció poco a poco mientras los mortales se agolpaban tras Twilight, el profesor Pones y Hope Spell lanzaban sus protecciones sobre el grupo, y la princesa alicornio intentaba descifrar los ancestrales conjuros que la lich estaba convocando.

Cuando nada más podía verse, cuando solo los ojos grises y antinaturales de Kolnarg brillaban en la oscuridad, la muerte, la locura y el terror se lanzaron contra los mortales como un maremoto. A la espalda de Twilight sus amigas cayeron al suelo entre espasmos; Hope Spell a duras penas aguantó gracias a las protecciones que la magia blanca le brindaba, y el profesor Pones miró a su alrededor viendo fantasmas que solo estaban en sus ojos. Llamó a Midnight Shield. Llamó a su hija.

Twilight concentró todas sus protecciones, escudando a todos los que dependían de ella; el hielo se formó sobre su pelaje y la vegetación a su alrededor se tornó negra y marchita en segundos. El bosque Everfree gritó de dolor. El círculo rúnico fue destruido al instante, y Twilight se encontró retrocediendo paso a paso, concentrando toda su magia en ese translúcido escudo violeta que detenía la ola de muerte. Cada segundo se convirtió en una eternidad, ni siquiera en el combate contra Tirek había sentido semejante diferencia de poder, ¡aún muerta y poseyendo una poni de tierra, aquella unicornio era ostentaba más poder mágico que una alicornio!

Cuando finalmente el hechizo paró, Twilight tuvo que gastar unos segundos en recuperar el aliento mientras la luz regresaba al bosque Everfree. A su alrededor, grandes árboles habían caído marchitos y arrancados de sus raíces, y el suelo mostraba un enfermizo color gris como si toda forma de vida hubiese muerto en la zona. Una profunda herida se abría en el cuello de la lich y la magia ya estaba cerrándola como si nunca hubiese estado ahí. Kolnarg sonreía con suficiencia, mirando al suelo a su lado donde Rise Love se agarraba el pecho con la mandíbula desencajada por el dolor y el terror.

—¡Rehaced el círculo! —gritó Twilight al tiempo que conjuraba.

A ojos de todos, la alicornio se teleportó junto a Kolnarg y, a continuación, ambas desaparecieron. En el aire, a cientos de metros de altura, se materializaron. La lich no tardó ni un segundo en conjurar una levitación; cubierta por la magia de color negro, miró con suficiencia a Twilight Sparkle… y esta hizo un esfuerzo consciente por ignorar sus instintos: El rostro de Aitana era monstruoso, las sombras remarcando sus rastros y sus ojos como si ya estuviese muerta. Sonrió lentamente, mostrando las decenas de dientes afilados como colmillos que ahora poblaban su mandíbula.

—¿Lo comprendes ya, joven diosa? No tienes ninguna posibilidad contra mi —diciendo esto, Kolnarg metió una pata en las alforjas de Aitana; sacando la espada de Midnight Shield enganchada a su pata—. Ríndete.

—Nunca —respondió ella, tragando saliva—. Libera a Aitana, Kolnarg. Tu época pasó hace mucho tiempo.

—No, ¡mi reinado empieza ahora!

Varios hechizos fueron lanzados e interceptados por Twilight; aprovechando la distracción Kolnarg cargó contra ella y, de no ser por una barrera conjurada en el último instante por la alicornio, el espadazo habría sido mortal. Twilight se teleportó a distancia y, al momento, tuvo que esquivar una enorme proyección de energía; voló rápidamente alrededor de la misma acercándose a su lanzadora y en el último instante lanzó un haz de energía mágica pura hacia la lich. Ambos hechizos chocaron, pero Twilight no intentó vencer a la lich en un duelo de potencia mágica que sabía que no iba a ganar. Lo esquivó y, al hacerlo, una voz se coló en su mente. "¡Twilight, querida, ya está! ¡Date prisa!", gritó Rarity telepática y frenéticamente.

Frente a la jadeante Twilight, Kolnarg levitó sin esfuerzo; el cuerpo que poseía estaba rodeado de espíritus y sombras imposibles, sus ojos grises brillaban imbuidos por la magia prohibida, y sonreía con la seguridad de la que ya se sabe ganadora. Con un gesto muy casual, heredado de la mente de Aitana, sacudió la pata hacia atrás retrayendo la espada batpony sobre su codo.

—Creo que ya es hora de morir, joven diosa.

—No soy una diosa.

—Lástima. Habría sido todo un hito para mi matar a una.

Desde el suelo, en el claro abierto por el terrible hechizo de Kolnarg, llegaron varios gritos. La yegua poseída rió.

—¿De verdad creíste que tus amigos estarían a salvo por traerme aquí? Patético.

—¿Qué? ¿Qué has…?

Kolnarg no respondió; en su lugar, se lanzó contra Twilight espada en ristre. Esta preparó sus defensas para detener el ataque como hizo antes… pero la lich desapareció frente a ella. Y solo comprendió lo que había pasado cuando la espada batpony atravesó el punto más débil de sus protecciones mágicas; Twilight no pudo gritar porque le faltó el aire y al mirar pudo ver la sangre recorrer el filo plateado que sobresalía de su vientre. Lentamente, dejando que el dolor y el terror llenaran la mente de la alicornio, Kolnarg levitó frente a ella, la tomó suavemente por la cabeza y conjuró un hechizo.

Twilight lo reconoció: La iba a devorar. Quería devorar su esencia, sus recuerdos, su alma y su magia. Quería esclavizarla por toda la eternidad, como había hecho con los miles de espectros que aquella cruel nigromante había convocado aquella noche. La vista se le nubló y tuvo la impresión de estar en un túnel cuyo final eran los crueles ojos de la lich. Levantó las patas como si quisiera empujar a aquel monstruo a pesar de que carecía de fuerzas para hacerlo, pero en vez de eso la abrazó por el cuello.

La joven princesa conjuró, se estrelló contra el suelo y sus sentidos se fundieron en una amalgama de sombras, estallidos, gritos y dolor.

—¡Twilight!

El mundo se desenfocó para la yegua lavanda y perdió la noción del tiempo. Intentó levantarse pero las patas no le respondieron; miró alrededor, pero las imágenes que percibía eran confusas: La magia estallaba por doquier: magia elemental que era repelida por hechizos impuros, nigromancia siendo desviada a duras penas por la magia blanca, y la furia de los elementos estallaba por todo. Vio a Rainbow volar y chocar contra algo, fuese lo que fuese era nauseabundo y volaba. Vio a Applejack lanzar coces contra cosas que no deberían estar vivas. Fluttershy retrocedía pero el ser que se echaba sobre ella tropezó en el último segundo. Pinkie Pie, con el pelo lacio, saltaba de abominación en abominación; Rarity corría e intentaba lanzar su magia contra las abominaciones, y algo más lejos pudo percibir las inconfundibles llamaradas verdes de Spike.

Un poni, proyectado por alguna fuerza que Twilight no consiguió distinguir, cayó aparatosamente al suelo; Hope Spell luchó por ponerse en pie, apoyándose en la misma espada que blandía con su magia.

Algo saltó a su lado. Una batpony. Rise Love a duras penas conseguía sostenerse en pie, su aspecto era el de un enfermo empuñando un arma y tenía heridas por todo el cuerpo; su aspecto era salvaje, bufaba a las abominaciones que se echaban sobre ella. Tenía que levantarse. Tenía que ayudarla antes de que perdiera la cabeza. La alicornio miró hacia sus cuartos traseros y vio el problema: tenía una herida, una herida enorme, y había mucha sangre. Tenía que curarla, ¿pero qué hechizo usar? No le vino ninguno a la mente, y cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos.

No supo bien lo que había pasado, pero de repente Rise Love ya no estaba peleando contra los esqueletos. Se fijó en otro lugar donde un esqueleto explotó por un gran impacto, y también reparó en algo rojo, pero no consiguió ver qué era.

Alguien se agachó sobre Twilight y le dijo algo que ella no entendió. Hope Spell, jadeante y herido, llamó a la magia blanca y la alicornio notó los efectos al instante: volvió a sentir las patas, sus sentidos se aclararon y recuperó parte de su fuerza mientras que el corte en su vientre, todavía lejos de sanar, dejó de sangrar. Cuando miró a su alrededor pudo apreciar mejor lo que estaba ocurriendo: Kolnarg levitaba a pocos centímetros del suelo y giraba sobre si misma, lanzando su magia hacia algo que se movía muy rápido; al poco adoptó pose de combate, desplegó la espada batpony y lanzó un tajo hacia el aire.

Fue entonces cuando la vio.

Su pelaje era rojo granate, negra su crin recogida en dos coletas y aparentaba tener la misma edad que Aitana. Galopó hacia Kolnarg a una velocidad que rivalizaría con la de Rainbow Dash, saltó esquivando el ataque de la lich y, en un movimiento digno del mejor de los artistas marciales, le encajó una patada giratoria en la mandíbula que mandó a la poseída yegua al suelo a varios metros de distancia. Más en concreto, al interior del círculo de runas que sus amigos habían vuelto a trazar.

La recién llegada se giró, y Twilight pudo apreciar que tenía un gran reloj de plata por marca de belleza.

—¡Soy amiga de Aitana!

—¡Macdolia! —gritó el profesor Pones.

—¡Ayudadla, no la dejéis morir! ¡Os daré tiempo, ella no debe morir hoy!

Twilight intentó levantarse sin éxito, por lo que Pinkie Pie la ayudó mientras la alicornio intentaba decir algo sin fuerzas. Hope Spell gritó que siguieran con el plan. Pinkie dejó a Twilight en el suelo junto al círculo y le dijo, desde detrás de su melena lacia y con una sonrisa que no acompañaba a sus ojos, que estuviera tranquila que todo iría bien. En mitad del helor de la noche y la nigromancia sintió el calor acogedor de la magia blanca, y a algo de distancia apreció al profesor Pones convocando a los elementos para combatir a las criaturas. Frente al anciano el fuego y el rayo estallaban por doquier.

Sus amigas corrían y gritaban, Applejack coceaba toda criatura a su alcance y Rainbow volaba a toda velocidad. Quería ayudarlas, convocar su magia, pero sencillamente no podía, era como si su cuerno se negara a gastar las pocas fuerzas que le quedaban. La alicornio escuchó maldiciones en un idioma antiguo y golpes: frente a ella, dentro del círculo de runas, Macdolia combatía contra Kolnarg... y lo hacía a una velocidad imposible. Al principio Twilight creyó que era una alucinación, o quizá su mente agotada que no podía apreciar bien lo que ocurría, pero no era el caso.

Tan pronto como atacaba por un lado, la yegua roja de las coletas aparecía al lado contrario para atacar nuevamente. Allí donde Kolnarg lanzaba sus mortales hechizos, Macdolia los esquivaba tan rápido que costaba seguirla con la mirada. Cuando la nigromante intentaba galopar, Macdolia, decidida a salvar a su amiga, se interponía en su camino.

Durante un instante, Twilight pensó que estaba bizqueando, pero en seguida supo que sus ojos estaban bien. Lo supo porque veía a dos Macdolias, pero solo a una Kolnarg. La Macdolia a la izquierda de la nigromante esquivó un hechizo, la de la derecha golpeó y lanzó a la lich al suelo. Los relojes de plata que llevaban por marca de belleza brillaron a la vez y, entonces, la de la izquierda se desvaneció en el aire.

Aquello había ocurrido más rápido que un parpadeo, y ahora que se fijaba pudo ver que el fenómeno se repetía. Aún agotada como estaba, pudo sentir en su cuerno el cosquilleo de un tipo de magia que a ella le había costado toda una vida llegar siquiera comprender sus usos más básicos.

"Tiempo. Magia temporal. ¿Cómo...?"

Algo saltó sobre la alicornio, sacándola de sus pensamientos; una espada cubierta por un aura verde menta había ensartado a una criatura repugnante y sin pelo. Hope Spell, protegiendo a Twilight, desclavó el arma y remató al necrófago lanzando un tajo a la cabeza con más adrenalina que habilidad, conjurando al mismo tiempo una barrera que detuvo otra abominación que yegua no pudo identificar. Una pequeña criatura se puso junto a ella, y la reconoció antes de que su inconfundible llamarada de color esmeralda iluminase la noche.

—¡Twilight, el elemento! —gritó Spike, asustado. Discord, a su espalda, chasqueó los dedos y una enorme bola de helado cayó sobre varias criaturas nigrománticas—. ¡Usa tu elemento, rápido!

Alrededor del círculo, cinco gemas se iluminaron y sus portadoras miraron ansiosas a Twilight. Ella cerró los ojos y alzó la cabeza, sintiendo al momento las presencias de sus amigas; aún sin que su cuerpo se moviera, pudo sentirlas cada vez más cerca, como si se volviesen una sola, como cada vez que usaba los elementos de aquella forma; sintió cómo empezaba a levitar mientras la magia tomaba cada fibra de su ser.

Después le faltó el aire y todo se volvió negro.


"Zorra Infernal" acabó con un impresionante acordes que se fundió con el interminable corear del público. "¡Steel Note, Steel Note, Steel Note!". Cuatro toques del hi-hat marcaron el ritmo para que el poderoso guitarreo y el contrabajo de Greta y Lucent respectivamente.

—¡Sois increíbles! —gritó una exultante Lovely Rock al micrófono—. ¡Qué pedazo de público!

Al tiempo que decía esto, miles de ponis y otras criaturas por toda Equestria estaban ya saltando al ritmo de la incipiente canción.

—¡Gracias por habernos acogido! Y para los que nos veis desde otras ciudades gracias a la magia de Luna, dejadme deciros algo: ¡Bienvenidos a la Feria de Cristal!

Cuando Lovely Rock unió su guitarra a los instrumentos de sus compañeros, muchos se preguntaron cómo lo hacía para mantenerse de pie, tocar y cabecear al mismo tiempo sin perder el equilibrio.

A la espalda de la banda, el haz del Corazón de Cristal emitió un pulso en sintonía con las emociones de los ciudadanos del Imperio. Lejos de aquel epicentro de alegría, amor, paz y armonía, la niebla blanca no atravesó nuevamente la cúpula que protegía la ciudad. Un Caballero de Cristal no pudo evitar mirar a su alrededor inquieto al ver el fenómeno, sintiendo que algo lo observaba.


—¡Twilight! ¡Twilight!

—¡Twilight, querida, despierta!

La alicornio abrió los ojos poco a poco. Rarity, Pinkie Pie, Fluttershy y Applejack la miraban, y Rainbow se limpió una lágrima con una sonrisa de alivio. Sobre ellas, Discord observaba la escena y aunque no parecía preocupado, se alegró sinceramente cuando Twilight recuperó la consciencia.

—Creí que... ¡estás bien! —concluyó la pegaso azul—. Nunca más, Twilight, nunca más.

—Ha sido terrible, ¡peor que en el Imperio!

—¿Dónde...? —habló Twilight, pero un ataque de tos la interrumpió. El dolor del abdomen le recordó qué es lo que la había herido—. ¿Dónde está...?

Ninguna poni o dragoncito respondieron, mirándose entre ellos incómodamente. Discord lanzó una exagerada exclamación.

—¡Por favor! ¿Voy a tener que decírselo yo? ¿Sí? Vale.

Con un chasquido de su garra, Discord vistió una extraña y muy usada camisa de color beige y una peluca canosa apareció sobre su cabeza. Cogiendo un enorme cigarro habano con los dientes, exclamó:

—¡Me encanta que los planes salgan bien!

—¿Qué quieres decir?

—¿No es evidente?

Discord se echó a un lado.

Allá donde Macdolia librara un duelo singular contra Kolnarg, un perfecto círculo de hierba verde destacaba en medio de la muerte que la nigromancia había traído al bosque Everfree. El profesor Pones y la yegua roja permanecían quietos, sin saber bien qué hacer. Algo más alejada, Rise Love se apoyaba de espaldas contra un árbol, tapándose las heridas y con una expresión que nadie supo identificar.

En el centro de aquel círculo de vida, Hope Spell decía algo a la yegua que tanto había luchado por salvar, esperando que la respuesta surgiera, de alguna forma, de la estatua de Aitana Pones.


NOTA DEL AUTOR:

Primero tengo que disculparme mucho y muy mucho por atrasarme tanto. He estado con mil cosas: una mudanza, dos cambios de empleo, viaje, y un proyecto de un audiolibro en el que estoy trabajando con un músico profesional. Pero os he metido una pedazo referencia ochentera, ¡para que veáis que os quiero mucho!

El título de este capítulo NO tiene nada que ver con un capítulo de título muy similar de "Las desventuras de Volgrand en Equestria". Pero no me he dado cuenta ni de la casualidad ni de que casualmente el plan también sale de la mente de Twilight, hasta que he acabado de escribirlo.

Por cierto, las dos canciones que cantan Steel Note son: "17 girls in a row" y "Gold digging whore", ambas de la banda "Steel Panther". La tercera, que solo acaban de empezar, sería "Burn it to the ground" de Nickelback.

He decidido, aunque no recuerdo si lo comenté antes, que el idioma "Germarenio" voy a representarlo como inglés. Sencillamente es más sencillo, y yo no soy Tolkien para inventarme idiomas nuevos, me temo.

Y bueno, espero que sepáis disculpar el retraso en actualizar.

¡Gracias por leerme y un gran saludo!