El clamor de un público entusiasmado llenó cada rincón del Imperio de Cristal y de las principales ciudades ecuestrianas. La grifo de Steel Note se adelantó al resto de la banda y empezó su solo; la canción hablaba de algo tan simple como salir de fiesta y "quemar la noche" con los colegas, pero aquel solo sonó como un evento épico capaz de cambiar el curso de la historia. El Corazón de Cristal emitió un pulso de luz al tiempo que Greta acababa su interpretación con una aguda nota sostenida y las luces en el escenario se apagaron.

Una gran mole apareció, su silueta destacando contra el resplandor que emitía el Corazón de Cristal. Durante un instante la música se detuvo, sonando solo la nota casi inaudible de la grifo; con un redoble y un cambio en el tempo, un instrumento que ningún miembro de Steel Note tocaba continuó la pieza en un nuevo solo. Parecía un violoncelo, pero muy distorsionado.

Los fans de Vinyl Scratch y Octavia Auditor vitorearon por toda Equestria incluso antes de poder verlas.

Como si todas sus vidas hubieran sido dirigidas a aquel preciso instante, las dos artistas se mostraron ante el público. Octavia subida a uno de los enormes bafles del equipo de Vinyl, la segunda sentada tras los controles del mismo. Eran los extremos opuestos de su campo: Octavia, una instrumentista clásica formada en las artes más rígidas y dogmáticas de la música; Vinyl, una DJ autodidacta cuyas prácticas horrorizarían a muchos maestros clásicos. Era precisamente esta unión de dos estilos tan bastamente dispares lo que había creado algo tan único que, súbitamente, provocó que toda Equestria centrara su atención en ellas.

En Germarenia, un gran escenario se había levantado sobre la muralla todavía en reconstrucción. Ponis y grifos por igual se alzaron sobre dos patas y gritaron de alegría al reconocer a la prodigiosa celista natural de su ciudad.

En Canterlot hubo un silencio impresionado al ver a Vinyl y Octavia hacer una rápida e impresionante coreografía; la primera hizo girar un plato sobre su casco mientras la segunda hacía lo propio con el arco de su Cello aprovechando un solo de batería.

En Cloudsdale, los Wonderbolts no perdieron oportunidad en hacer uno de sus espectáculos al ritmo de la música, levantando gritos de admiración en la comunidad pegaso.

Y en Hollow Shades, tanto en el suelo como en el aire decenas de batponies chocaron entre si en una alocada y violenta danza.

El impresionante dúo dejó boquiabiertos a todos los miembros de Steel Note quienes, por un instante, olvidaron que ellos también tenían que tocar. Dawn dio una entrada con su batería para recordárselo, haciendo que Lovely Rock saltara al micrófono al instante. Y, a pesar de estar frente a dos de las artistas más grandes de Equestria, Lovely hizo gala de una voz impresionante cuando cantó:"We're going out tonight!"

Y todo el público respondió alzándose sobre dos patas y gritando "¡Yeah!".


En el balcón del Palacio de Cristal, Shining Armor escuchaba atentamente por el comunicador.

—Majestad, no sé qué decirle —interpeló la paladia Aura—, pero parece solo niebla. Está fuera de la ciudad, el Corazón la mantiene fuera como al eterno frío de estas tierras.

—No entiendo nada, Paladina, ¡cubrió toda la ciudad y luego se retiró! ¿Por qué no contestaba nadie?

—Lo desconozco, pero he ordenado patrullar la periferia y posicionado varios vigías en posicoines elevadas. Si vuelve a ocurrir algo extraño le avisaré inmediatamente, príncipe.

—Entendido.

Desconectando la gema mágica con la que se comunicaba, Shining se acercó a su esposa.

—Hay algo extraño con esa niebla, amor. Pero ningún mago ha conseguido identificar de qué tipo de magia se trata. ¿Cómo ha podido entrar?

—No lo sé —reconoció Cadence—, el Corazón no ha detectado nada extraño, mi amor. Quizá ha sido parte del espectáculo. Relájate y disfrutemos del concierto, todo el Imperio lo necesita.

Como confirmando esa afirmación, el milenario artefacto brilló con fuerza con el final de la canción.


Un batpony gris oscuro de crin azul eléctrico observaba algo apartado la algarabía que los batponies más jóvenes habían organizado con un "muro de la muerte" frente al escenario holográfico convocado por unicornios de la Guardia Lunar. Sonrió sorprendido al reconocer a los jóvenes de la banda Steel Note: eran los mismos que habían puesto la música la noche que la Primera Compañía acabó el entrenamiento, y los que tocaron el tema al ritmo del cual libró el Agni-Kai contra Rise Love, declarándose así su amor.

A su espalda, la capital batpony Lunaria se alzaba, construida sobre la ladera de la gran montaña del centro de Hollow Shades.

Moonlight Sonata se sumió en sus pensamientos; afirmar que Rise Love "podía defenderse sola" sería menospreciar ampliamente sus habilidades. Pero después de lo que vivieron en la batalla contra Weischtmann... habían pasado muchos años desde la última vez que Rise perdió el control. ¿Y si volvía a ocurrir y él no estaba cerca para hacerla volver en si?*

La pérdida de la Primera Compañía había sido un duro revés para toda la comunidad batpony. Ellos eran algo más que el símbolo de la unión de Hollow Shades a Equestria: eran también los valientes que lucharon contra los seguidores de Nightmare Moon hacía ya cuatro años. Ahora muchos jóvenes se habían alistado a la guardia, siguiendo el ejemplo de los "héroes caídos" como los llamaban. Esos iban a ser tiempos complicados para Hollow Shades.

Sobre su grupa, un jovencísimo potro batpony de pelaje gris y negro se unió al clamor del público con un grito cuando acabó la canción. Una potra algo más mayor voló y abrazó a su padre por el cuello con amor. Moonlight Sonata sonrió y le devolvió el gesto.

—¿Te gusta, Emerald?

—¡Mucho! —respondió la potra de pelaje anaranjado y crines azul eléctrico. Sus ojos eran grandes, rosas y brillantes como los de su madre—. ¡Ojalá mamá estuviera aquí!

—Volverá pronto —dijo, acercándola y acariciándola con el morro en el cuello—. Te quiero mucho, hija.

—Y yo a ti.

—¡Yo tambén! —exclamó Dusk desde la grupa de su padre.

La situación era delicada, podía presentirlo. Había muchas posibilidades de que, en cualquier momento, su esposa o él mismo recibieran el abrazo eterno de Selene. Los batponies viven siendo conocedores de la posibilidad de morir o de convertirse en un monstruo desde que adquieren el uso de la razón; su filosofía se basaba en vivir el presente, en vivir cada día como si fuera el último.

Y en aquel preciso momento, Moonlight Sonata, el sargento primero de la Guardia Lunar de Hollow Shades, solo deseaba a disfrutar del concierto y asegurarse que sus hijos supieran cuantísimo los amaba.


Mientras la canción acababa con una repetición de la última estrofa, la pequeña grifo de Steel Note voló y se posó frente a un piano que habían subido al escenario. La siguiente pieza empezó muy suave, con cuatro sutiles acordes de piano a medida que las luces se apagaban hasta dar la impresión de que toda la banda se hallaba en una habitación a oscuras.

El equipo de Vinyl brilló y, súbitamente, todos los instrumentos sonaron con una nitidez y un brillo imposibles. El piano sonó más poderoso que nunca, el cello de Octavia como toda una sección de cuerda. Pero todo ello quedó eclipsado cuando Lovely Rock empezó a cantar.

Sé lo que sientes
al encontrarte en la oscuridad
y no ves salida
más que saltar y dejar todo atrás

El público, ensimismado, observó a la yegua sin decir palabra. Ya desde la primera canción de la noche, Lovely Rock había demostrado poseer una voz espectacular digna de una reina del rock. Pero en aquella pieza su voz adquiría un tono distinto, único: sonaba rota, desgarrada, sanada, suplicante y comprensiva. Cada nota casi gritada, cada susurro, cada pausa... eran la voz de un alma empática que sabía por lo que había, y por lo que estaba pasando aquel ente roto por la pérdida al que cantaba.

Era la mano amiga que te mantiene a flote en una tormenta. La diosa bondadosa que sonríe a un alma deseperada. La caricia de una madre, el toque sanador, el abrazo que pone fin a la angustia.

Déjame decir: todo irá bien
escucha a quien estuvo en tu lugar.
Porque tocando fondo, no sabes si
aguantarás mucho más.

Vinyl bajó la cabeza lentamente mientras su cuerno brillaba; los focos se giraron y, en una pausa de la música, se encendieron. El público quedó momentáneamente cegado; algunos creyeron, durante un instante, estar viendo a una personificación de Mater Luminis en persona: Destacando sobre las potentes luces blancas, Lovely Rock se acercó al borde del escenario y se agachó, alargando una pezuña hacia los espectadores. Los ojos de un joven poni de cristal se cruzaron con los de la cantante, pudiendo apreciar el tono azul de los mismos durante una fracción de segundo.

Él alargó un casco y, justo cuando iba a rozar el de la yegua, esta se levantó sobre dos patas y cantó al tiempo que la música alcanzaba su clímax.

¡Dale otra oportunidad
escucha mi canción
y busca la luz de un nuevo sol!

¡Si me puedes escuchar
te canto a ti para decir
que solo no estás!

Y debes saber
cuán asustada estoy por si has dado el paso final.

Ahora escúchame:
porque amor, esta es tu canción,
oh sí, esta es tu canción.


Agotadas física y emocionalmente, las Portadoras de los Elementos de la Armonía regresaron a Ponyville. A lo lejos podía escucharse la música del concierto, así como miles de ponis cantando a la vez. En seguida notaron movimiento: dos ponis equipados con armaduras doradas observaron al grupo acercarse, caminando entre los cadáveres de los animales resucitados que convocara Kolnarg.

—¡Alto! ¿Quién...? ¿Princesa Twilight?

—Soy yo —confirmó la aludida —. Ya no hay peligro, bajen las armas.

—Princesa, ¡estáis herida!

Twilight caminaba apoyándose en Fluttershy y Pinkie Pie. Junto a ella, Applejack llevaba sobre su grupa a Aitana, quien había vuelto a quedarse inconsciente. Rarity y Rainbow Dash iban inmediatamente detrás, junto a otros ponis; todos estaban magullados, sucios y cansados, pero solo Twilight Sparkle y una batpony habían sido heridos seriamente.

—Princesa, ¿qué ha ocurrido? —preguntó uno de los guardias, alarmado—. ¡Oímos los hechizos y el combate, pero cuando llegamos solo había estos animales muertos! Y algo terrible ha ocurrido en el bosque, hemos mandado un mensaje al cuartel de la guardia en Canterlot.

—Todo está bien ahora. Spike, envía un mensaje a Celestia y dile que ha habido un malentendido, que estamos bien.

—Hope Spell ha hecho buen trabajo con su magia —susurró Fluttershy—. Te vendaré la herida.

—Gracias, Fluttershy. Guardias...

Twilight dejó la orden en el aire, girándose para mirar a los ojos a Hope Spell. Este supo lo que iba a ocurrir antes de que lo dijera.

—Arresten a ese unicornio. Llévenlo a mi castillo.

Para cuando los guardias se acercaron para cumplir la orden, Hope Spell ya había dejado su espada en el suelo y se rindió sin ofrecer resistencia.


Bajo los potentes acordes y la impresionante voz de Lovely Rock, una joven yegua de tierra de pelaje azul claro y crines amarillas se llevó un casco a los ojos. Frente a ella, la práctica totalidad de Trottingham estaba frente al escenario mágico viendo el concierto transmitido desde la Feria de Cristal. Su hermana la rozó con la grupa en un gesto de apoyo.

—Lo siento —dijo Sunny, controlando un sollozo—. No sé por qué, pero he pensado en Hope Spell.

—Yo también —reconoció Bright, si bien su rostro no reflejó ese sentimiento—. Esta canción habla de eso: de la pérdida, la depresión y el suicidio.

—Pero él está vivo.

—Pero no está con nosotras.

Las dos adolescentes se abrazaron otra vez.

—Ojalá pudiera estar con él —se lamentó la hermana de pelaje casi negro. Al bajar la cabeza sus crines blancas le cubrieron el rostro—. He aprendido mucho.

—Las dos lo hemos hecho. Si el Tártaro aparece por aquí, que se prepare.

El estribillo de la canción terminó y la intensidad de la luz del concierto descendió. Tras el ilusorio escenario el mar estaba en calma.


Déjame guiarte
lejos de la oscuridad y hacia la luz.

Tengo fé en que
encontrarás el amor una vez más.

No pienses más en ese último adiós,
no te dejes llevar por la desesperación.

Este no es el fin, eres joven y
lo mejor aún está por llegar.


Desde Ponyville la música del concierto llegaba muy distorsionada; aún así el profesor Pones llegó a distinguir algunas palabras. "Luz", "Fé", "Amor", "Último adiós". Hacía ya un rato que los guardias solares habían llevado a Hope Spell al castillo de la princesa Twilight; no estaba preocupado, esa joven princesa no le parecía alguien capaz de hacer nada malvado.

—Así que nuestra hija está a salvo.

El anciano llevó la vista a un lado donde una yegua de pelaje azul marino se había sentado. Midnight Shield, joven como él la recordaba, sacudió sus crines violeta para mirar a su marido con aquella mirada seductora que siempre le había regalado. Roy Pones sonrió levemente.

—Sí. Ha sido gracias a Hope Spell, lo arriesgó todo por ella.

—Como tú.

—Pero él la salvó.

Los dos se quedaron escuchando en la lejanía el griterío del público y la poderosa música. La pegaso se acercó al anciano y apoyó la cabeza en su cuello, sintiendo él el calor que ella desprendía.

—Esto no ha acabado. Lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé. Nos enfrentamos a la próxima gran invasión del Tártaro. Tengo...

—¿Hmm? —inquirió ella con un ronroneo.

—Tengo miedo, Midnight. Hellfire está... vivo. No quiero creerlo, yo lo maté, ¡lo hice!

—Te creo, mi amor. Pero cuesta bastante mantener muertos a algunos de esos bastardos. Y él hizo poderosos pactos con grandes demonios.

—Pactar con un señor del Tártaro para no morir, con otro para que no puedan cobrarse su alma... ya conocemos la cantinela, Midnight. ¿Qué vamos a hacer?

—¿Vamos?

La joven pegaso rió en voz baja, pero pronto soltó una sonora carcajada y el profesor Pones sintió que se le encogía el corazón. Era la misma risa que recordaba: casi burlona, divertida, cálida y pasional.

—¡Ja! ¿Cómo quieres que yo haga nada, Royal Destiny? —inquirió ella con una sonrisa que bailaba entre la burla y la comprensión—. Estoy muerta. Soy una tulpa y solo existo en tu mente.

—Lo sé —reconoció él mientras miraba a la alucinación—. Pero desearía poder perderme en esta locura.

—Pero no puedes.

—No debo. Pero tú puedes quedarte un poco más.

Midnight Shield volvió a apoyarse en Royal Destiny, dejando que el frescor de la noche enfriara sus pelajes. A lo lejos, la intensidad de la canción bajó, preparándose para acabar el tema con energía.

—Midnight, ¿cómo es el más allá?

—Ah, Royal —respondió ella con un suspiro— Si te lo dijera, ¿qué gracia tendría emprender ese viaje?

La pegaso abrazó a su marido y lo besó en los labios. Él no lo sintió; sabía que aquello era solo una locura de su mente, un signo de que empezaba a estar senil, pero deseaba tanto, ¡tanto que fuera real!

—No te preocupes, viejo tonto —replicó ella—, que yo estaré esperándote. Pero no te atrevas a morirte sin ayudar a tu hija. Sabes que necesitará tu ayuda.

—Te lo juro, Midnight. Lo juro.


En un momento que toda la música murió salvo por el piano de Greta, que repitió el mismo acorde varias veces, Lovely Rock paseó su vista por las primeras filas del público. Quizá, desde que llegó a aquella ciudad aquejada por la guerra contra el Tártaro, no se había parado a mirar realmente a los ponis de cristal, o no había conseguido comprender realmente todo aquello por lo que habían pasado. Las noticias son lejanas e impersonales, después de todo.

Y es que, observándolos en aquel instante, la cantante de Steel Note sintió, como si fuera propio, el dolor de lo que habían pasado los habitantes del Imperio de Cristal. En su experiencia, su canción podía emocionar a cualquiera, pero solo alguien que de verdad hubiera sufrido la pérdida podía empatizar de aquella manera con la misma.

En el momento en que vio los ojos de una yegua de cristal, Lovely Rock sintió que el tiempo se congelaba. No la conocía de nada, no sabía ni su nombre ni su historia, pero la reconoció. Reconoció el gesto de alguien hundido, de alguien que había perdido todo junto a su amor a la vida. Cuando escribió aquella canción lo hizo cantando a una joven que, tras haber perdido a su alma gemela, se planteó seriamente el suicidio. Era un mensaje que mandaba a su propio yo pasado, a la Lovely Rock adolescente, rota y desesperada que a punto estuvo de arrancarse la vida.

Pero ya no era esa adolescente. Ahora, aquel mensaje, aquella canción, era para esa yegua y para todos los que tanto habían perdido en tan poco tiempo. Se agachó y le tendió un casco; la yegua de cristal la miró sorprendida y dubitativa antes de aceptarlo. Ayudada por la propia Lovely Rock, subió al escenario.

Se trataba de una joven de mediana edad; su pelaje translúcido era aturquesado y sus crines adquirían varios tonos de malva en un degradado. Su marca de belleza era una espiga de trigo dorada y, en torno a su cuello, llevaba una bufanda roja que le iba bastante grande.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Lovely, apartando el micrófono para que esa conversación solo quedara entre ellas dos.

—Golden sheaf.

—¿Y cómo se llamaba...?

Golden abrió bastante los ojos y no respondió. Lovely Rock sonrió.

—Satin —dijo la cantante, y ante la mirada de la yegua de cristal aclaró—. Mi primer amigo, mi gran amor, se llamaba Satin White.

—Créeme... no es lo mismo.

—Pero en el fondo, lo es.

Al ritmo del piano de Greta, Lovely Rock cantó en solitario.

Todos hemos tocado fondo,
y a todos nos han olvidado,
ahogados en la soledad,
sentimos haber sido abandonados,
en busca de algo a lo que aferrarnos,
Resiste, resiste, escúchame...

Un aura mágica conjurada por Vinyl Scratch rodeó a Golden Sheaf, devolviéndola levitando entre el público. Y, por última vez, la música estalló con toda su fuerza.

¡Dale otra oportunidad
escucha mi canción
y busca la luz de un nuevo sol!


La música no llegaba al interior del palacio de la princesa Twilight Sparkle, en Ponyville. Los guardias solares habían llevado a Hope Spell a una sala grande y vacía, a excepción de una mesa y unas pocas sillas. Pasaron varios minutos antes de que la propia princesa se personara; tenía grandes ojeras y un vendaje le cubría el vientre. La joven alicornio se sentó frente a Hope sin intentar parecer amenazadora. Eso no tranquilizó al mago blanco.

—¿Por qué?

—Creo que lo sabes.

—¿Que lo sé? ¿Lo sé? —Twilight se levantó con un aspaviento—. ¡Pusiste a todos en peligro, a toda Equestria, al mundo entero! ¡Las princesas cayeron, tuvieron que darme a mi toda su magia para tener una oportunidad! ¿Por qué liberaste a Tirek?

Hope intentó hablar lo más calmadamente que pudo.

—Llegué a un trato con él para poder llegar a Aitana. Estaba desesperado, Twilight, hice lo que debí.

—Eso lo puedo entender, créeme —replicó—. ¡Lo que no entiendo es por qué no nos dijiste nada, por qué liberaste a ese centauro sin avisarnos!

—¡Porque tenía miedo! ¿Entiendes?

Hope se intentó levantar, haciendo sonar la cadena que le unía los cuartos traseros para que no pudiera correr. Un anillo de metal le impedía usar su magia también.

—No sabía que era tan poderoso, ni que podía absorver la magia. Ojalá lo hubiera sabido, ojalá os hubiese preguntado. Jamás me lo habría perdonado si tú no hubieses conseguido pararlo.

—¿Y qué se supone que debo hacer ahora, Hope Spell?

Twilight miró al infinito. Hope sabía a qué se refería: ella era una princesa de Equestria, la princesa de la Amistad. Se encontraba enfrentada entre su deber de entregarlo a la justicia, la corta amistad que los unía, y el hecho de que Hope era uno de los principales cazadores de demonios del país.

—¿Y tú no lo hiciste, acaso? —inquirió Hope—. Cuando Tirek te ofreció a tus amigas a cambio de tu magia no lo dudaste: lo diste todo por salvarlas. Yo hice lo mismo por Aitana, Twilight.

La alicornio lo miró durante unos segundos.

—¡Guardias!

Los aludidos llegaron al galope.

—¿Majestad?


El público se alzó sobre las patas traseras cuando Octavia dejó el micrófono y galopó por el escenario para saltar sobre el piano de Greta e interpretar su solo de violoncello. Tras la canción de Lovely Rock, y para sorpresa de todos, Octavia Auditor había tomado el micro para cantar ella misma el siguiente tema.

Era una canción animada que hablaba sobre lo efímero de aquello que damos como cierto y de aceptar los cambios según se presentan. No era un tema realmente triste, tampoco realmente alegre, era una simple lección de vida: "Has perdido mucho, acéptalo y sigue adelante". Fuese como fuese, el griterío del público con el fin de la pieza no dejó lugar a dudas de que el tema había calado.

El entusiasmo fue sustituido por una tensa expectación, pues el escenario se quedó en completo silencio y cuando se apagaron las luces no hubo ni rastro de los músicos. Una niebla traída y controlada por un equipo de pegasos para la ocasión recorrió el entarimado, y finalmente una luz tenue y plateada iluminó a una única poni.

Cuando alzó sus cascos sobre las cuerdas de la guitarra, el mundo contuvo la respiración. Al principio solo sonó un largo Sol, y no sonó la siguiente nota hasta que la anterior empezó a morir. Fue a la tercera que todos reconocieron la melodía que aquella reina del rock estaba interpretando en solitario; nadie osó hacer ningún ruido, nadie osó atreverse a mancillar el himno que Lovely Rock estaba interpretando.

Pues era el himno de Germarenia.

Pero no era el que todos conocían e hinchaba de orgullo a una nación: donde debía ser rápido y poderoso, la canción de Lovely Rock era lenta y ceremoniosa; donde debía ser épico y patriótico, su versión era triste y desgarrada. Allá donde debía cantar a una nación orgullosa de su historia, la guitarra de Lovely Rock cantó a la pérdida, al dolor y a los caídos.

Cuando la última nota se alargó hasta donde le permitió el instrumento, la luz iluminó poco a poco el escenario, mostrando a docenas de ponis. La orquesta del Imperio de Cristal hizo acto de presencia, los miembros de Steel Note ocupaban los lados del escenario, y en el centro, el equipo de Vinyl Scratch destacaba. A los platos estaba la mítica DJ y, sobre uno de sus grandes altavoces, Octavia Auditor no hizo gesto alguno, habiendo desaparecido de su lenguaje corporal la alegría, el desenfado y la despreocupación que había mostrado los días antes del concierto.

Dawn dio entrada a la orquesta con un redoble de batería. Octavia alzó su arco, y súbitamente, durante un instante, no hubo nada más en el mundo para miles de ponis: Solo una virtuosa a punto de interpretar una pieza que el mundo, sencillamente, necesitaba escuchar.

Un corto solo de batería de Dawn introdujo a la orquesta. Los violines dieron la base adornados por una sutil nota del cuerno de cristal y enmarcados entre los compases de un lento vals. Octavia no se movió hasta el cuarto compás; cuando alzó el arco y tocó, la primera frase de la melodía arrastró con ella las almas de todos los presentes.

En Cloudsdale, los pegasos guardaron silencio y, en algunos lugares, el público formó militarmente casi sin percatarse de ello. Quizá el pasado guerrero de su pueblo les había hecho sentir la historia que Octavia contaba sin palabras, o quizá el escuadrón de la Guardia Solar que formaba frente al escenario creado con magia les había llevado a imitar su formación. Después de todo, eran los mismos pegasos que habían llegado con Celestia para defender Germarenia.

En Trottingham, dos jovenes hermanas se abrazaban bajo los poderosos acordes de la orquesta de los ponis de Cristal. Sabían a qué estaba cantando aquella virtuosa con su violoncelo, y comprendían la expresión de infinita tristeza que de pronto había tomado su rostro. Pero, sobre todo, sabían que su hermano mayor había sido instrumental en conseguir que Germarenia resistiera una vez más. Para ellas, aquella canción hablaba de Hope Spell.

En Manehattan el escenario se había convocado magia delante en el centro del campus universitario. Varios jóvenes alumnos gritaron el nombre de Aitana, sabiendo que su compañera de juerga, peleas y borracheras había estado en primera linea en las batallas por Germarenia y por el Imperio de Cristal. Allí donde la Arqueóloga confrontó a Manresht, una bandera de Equestria había sido plantada; a los pies de la misma, una gran botella de sidra había sido etiquetada como "para Aitana".

En Canterlot, las hermanas Alicornio guardaron un silencio maravillado ante el virtuosismo de aquella yegua de Germarenia. Desde la biblioteca principal, no muy lejos del escenario mágico, el profesor Trottinghoof observó el espectáculo brevemente antes de continuar su investigación. En las murallas de la ciudad a duras penas podían oír el concierto, pero eso tampoco importó a la cabo Violet, quien estaba patrullando junto a sus compañeros en busca de cualquier signo de presencia demoníaca.

En Lunaria, la capital de Hollow Shades, miles de batponies guardaban silencio, muchos de ellos llevados por las lágrimas. Sus pasionales corazones no podían expresar lo que sentían: orgullo por saber que los suyos fueron los primeros en llegar a Germarenia, dolor por todos los que habían caído en el Imperio de Cristal. Normalmente cantarían, bailarían, gritarían y celebrarían la vida, pero en aquel instante guardaban silencio al haber conseguido Octavia expresar lo que sentían mejor que un millón de palabras.

En Germarenia el escenario se había improvisado sobre una sección derruida de las murallas. Ponies, unicornios, pegasos y grifos por igual se abrazaban. Un soldado grifo tomó una bandera de su nación y la ondeó sobre su cabeza, gesto que fue imitado por muchos otros. Una de estas banderas fue colocada sobre una plataforma en la que descansaba un improvisado letrero: "En memoria del capitán Golberk. Germarenia resistirá, una y mil veces más".

En el Imperio de Cristal, Shining Armor abrazaba a su esposa sin intentar ocultar él mismo su congoja. Entre las sombras del escenario, Lovely Rock aguardaba su turno mientras veía, por primera vez, a la auténtica Octavia Auditor: Una artista tan grande, tan terriblemente emotiva que no era capaz de expresarse con palabras. Comprendió que aquella yegua desenfadada, risueña y que fumaba porros no era más que la mentira de alguien que no podía ni quería dar voz a lo que su corazón lloraba. Comprendió en ese preciso instante la profunda culpa y pérdida que experimentaba la celista, pero sobre todo se sintió conmovida no por lo que expresaba la canción… si no por lo que no decía.

Esa canción lo tenía todo: una orquesta, la batería de dawn, la guitarra rítmica de Greta, el contrabajo de Lucent y el increible cello solista de Octavia. Y aún así lo que destacaba no era la melodía, sino los silencios: Las preguntas que no obtenían respuesta, las pausas como inspiraciones entrecortadas que clamaban por ser consoladas. Aquel vacío era un canto a la pérdida, un homenaje a los caídos, pero que al mismo tiempo suplicaba por una nota de esperanza, por la promesa de que todo iría bien a pesar de todo. Quizá por eso Octavia había insistido tanto en que no ensayara la canción, que "siguiera su corazón"; en un ensayo nunca habría podido comprender lo que Octavia quería decir en realidad, porque ella solo lo habría mostrado en riguroso directo.

Con la mente en blanco, Lovely Rock subió oculta entre las sombras; rememoró con la claridad del sol de medio día la ocasión en que conoció a Vinyl hacía ya varios años, cuando cantó a un poni muy querido que ya no estaba en aquel mundo. Y en él volvió a pensar.

Al tiempo que tocaba una luz la iluminó, haciendo que para el público solo estuvieran ella y Octavia. Para Lovely Rock el mundo se fundió en una amalgama de recuerdos de un tiempo pasado: del recuerdo de un ser querido, de una época de felicidad perdida, de una sensación de cariño y hogar que jamás regresaría. Octavia, al principio, solo acompañó mientras la orquesta ponía toda la base harmónica.

Las preguntas obtuvieron respuesta, las entrecortadas inspiraciones fueron consoladas, y entre las dos construyeron aquella nota de esperanza por la que suplicaba toda la pieza: Un mensaje sin palabras, una promesa implícita, una esperanza que jamás moriría. Y, finalmente, la pieza llegó a su fin con una larga nota tocada a dúo por Octavia Auditor y Lovely Rock.

Arropadas por el clamor de un público emocionado hasta las lágrimas, las dos virtuosas se abrazaron.

—Octavia... dioses, ha sido increíble.

—Gracias, ¡gracias! —exclamó la celista, resaltando su acento germarenio—. Ha sido...

No le salieron las palabras. Lovely Rock no se atrevió a intentar imaginar lo que estaba pasando por la mente de Octavia: saber que su ciudad natal había sido asediada, los cientos de muertos y desaparecidos... y aún así había mantenido la compostura para hacerles el mejor homenaje que ningún ser podía desear.

—¿Puedes hacerme un favor?

—Lo que quieras.

—Canta a los que salvaron mi ciudad. Por favor —dijo con una sonrisa triste.

—Será un honor.

Con un gesto teatralmente lento, Lovely Rock se colgó la guitarra a la grupa y caminó lentamente hacia el frente del escenario. A su espalda, todos los músicos se recolocaron: La banda Steel Note avanzó junto a su cantante, Vinyl a un lado con el equipo; frente a la sección de cuerda de la orquesta Octavia se colocó, destacando como la solista. Al otro lado, el coro de ponis de cristal tomó posiciones.

Hubo tres toques de batería; Lovely tomó el micro y cantó al mismo tiempo que la música sonaba casi como una explosión.

When the batponies arrived!

A cry for help in fire and smoke,
await relief from Canterlot...
Just a night of siege,
outnumbered and blocked.

Sent a message to the sky,
civilian ponies about to die...
They will hold the wall,
or Germarenia falls!

Más que cantar, Lovely Rock parecía estar narrando una épica historia al ritmo de la música.

Dedication
Dedication
They're outnumbered one hundred to one!
And the battle's begun!

Then the batponies arrived!

Con aquellas palabras, el coro del Imperio de Cristal entró, llenando de epicidad aquel estribillo.

Flying from the night sky!
Then the batponies arrived!
Flying down they turned the tide!

La canción, intensísima, intercaló momentos en los que Lovely Rock hizo gala de su prodigiosa voz, junto a un solo de Greta y Octavia que inspiró un profundo respeto a aquellos héroes que habían acudido en primer lugar a defender Germarenia del asalto de las fuerzas de Baraz. Hicieron ver en todo momento la dureza y crueldad de la lucha, así como el valor de todos los que defendieron Germarenia durante toda una noche, y el sacrificio de los batponies.

Aquella canción, como su propio nombre decía, no hablaba del asedio a Germarenia: hablaba del momento en que los batponies llegaron para defenderla. Era una oda a esos héroes que, hasta hacía pocos años, eran aún un pueblo aparte, desconocido y temido por la sociedad Equestre.

We remember!

In September!

When the batponies arrived!

Todos los músicos acabaron con una única y corta nota, quedando quietos y posando para el final del concierto mientras una potente luz roja bañaba todo el escenario. En Germarenia, Trottingham, Manehattan, Canterlot, Cloudsdale, Las Pegasus, Ponyville y otras muchas ciudades el público estalló en vítores, gritos y aplausos.

Pero no en el Imperio de Cristal. El público se quedó completamente callado y miraron a su alrededor. Una extraña inquietud atenazó el estómago de los presentes.

—¿Qué está pasando?

Fue entonces cuando miraron arriba. La cúpula que protegía el Imperio de Cristal se había tornado roja. El rayo que emitía el Corazón se intensificó, como si estuviera enviando más energía al escudo protector.

—¡Atención, ciudadanos! —sonó la voz de la princesa Cadence en las mentes de todos los presentes—. Estamos siendo atacados. Milicias, plan de contingencia, evacúen a los civiles a los refugios. Todos los visitantes deben acudir inmediatamente a la estación para evacuar.

El público empezó a moverse de forma curiosamente organizada, a pesar de la situación. Todos los músicos se quedaron en el escenario sin saber bien qué hacer cuando dos yeguas de cristal saltaron al mismo.

—¡Somos de la milicia! ¡Ya habéis oído, seguidnos, os llevaremos a la estación!

—Pero... ¿por qué? ¿No hay refugios?

—¡Los hay, pero no cabemos todos! ¡Tenéis que volver a Equestria, si nos asedian no tendréis dónde esconderos! ¡Vamos!

Guiados por las dos milicianas, Greta, Dawn, Lucent, Lovely rock, Octavia y Vinyl galoparon con todas sus fuerzas.


Nota del autor:

*Historia contada en "La Maldición del batpony", que todavía tengo que acabar.

El orden de las canciones que, en mi mente, suenan en este concierto, es:

-17 girls in a row, Steel Panther.

-Gold Digging Whore, Steel Panther

-Burn it to the ground, Nickelback

-Lullaby, Nickelback (traducida como "Tu canción" o "Escúchame" en este capítulo)

-Dust in the wind, versión acústica de The Scorpions (en ese solo de Octavia sobre el piano de Greta).

-The Loner, Gary Moore (dioses, lo que me ha costado describir todos los sentimientos que me causa esa pieza. Gary Moore es un auténtico artista).

-Winged Hussars, Sabbaton (Traducido como "When the Batponies Arrived").

Quiero mandar un saludo grandísimo a UnIngenieroMás2 que ya hace casi dos años me envió una letra para esta canción inspirada por el asedio a Germarenia. Toda la letra de "When the Batponies Arrived" que habéis visto la escribió él, y como yo ya tenía en mente este concierto en aquel entonces le prometí que la incluiría.

Gracias, Ingeniero :). ¡Eres grande!

Un saludo y gracias por leerme.

Un gran concierto de rock puede cambiar el mundo.

Dewey Finn, "School of Rock"