Guiados por las dos yeguas de cristal, los seis músicos galoparon a través de una multitud que, lejos de dejarse llevar por el pánico, reaccionó con una inusitada calma y coordinación, como si la mayoría supiera exactamente a dónde dirigirse y qué hacer: Un grupo de ponis de cristal abrieron camino para evacuar a los visitantes hacia la estación mientras otros dirigían a los ciudadanos a través de las calles y salidas de la gran plaza.

Llegando a la calle principal que atravesaba la inmensa ciudad, Octavia observó cómo esta pasaba en un instante de la fiesta al estado de sitio con una velocidad impensable. Las casas de la guardia se abrieron para permitir que los milicianos tomaran armas, los refugios abrieron sus puertas para dejar pasar a aquellos que no podían o querían luchar, y patrullas de Caballeros de Cristal galoparon hacia la periferia de la ciudad haciendo retumbar el suelo con sus pasos.

—¡¿Cómo vamos a llegar a la estación del tren?! ¡Está fuera de la cúpula!

—¡Galopando! —respondió una de las yeguas de cristal a la apurada pregunta de Greta—. ¡Los Caballeros os darán tiempo, solo no dejéis de correr!

—¡¿Pero por qué no está dentro?!

—¡El escudo es más pequeño de lo habitual para evitar que entren otra vez las Fatas o demonios parecidos! ¡Normalmente habría estado protegida!

Llegando a los barrios periféricos de la ciudad, la gran cúpula de energía emitió un nuevo pulso que cargó el aire con energía estática. El fenómeno se repitió varias veces y, al llegar al límite de la protección de Corazón de Cristal, vieron lo que lo producía: había docenas de demonios golpeando la cúpula, algunos intentando atravesarla. Uno de ellos, grande y deforme como la fusión de un gran felino y un volcán, logró traspasar la protección entre rugidos de dolor, su piel humeando ante el contacto con la barrera. Al momento, una pareja de Caballeros de Cristal cargó contra la monstruosidad.

—¡No os detengáis, seguid! —cuando estuvieron frente a la barrera, junto con otras docenas de ponis, grifos y otras criaturas visitantes, los hicieron detenerse. Otros dos milicianos llegaron a todo galope y lanzaron sendas ballestas a las dos yeguas que habían guiado a los músicos—. ¡Cuando salgáis al exterior galopad siempre hacia la luz de la estación! ¡No paréis por nada!

—¡¿Y qué hay de vosotras?!

—No abandonaremos nuestro hogar —respondió, cargando la ballesta—. Os daremos tiempo, ¡corred!


La Princesa Celestia supo que algo iba mal desde el mismo momento en que el escenario ilusorio se tiñó de rojo. Poco después los músicos miraron confundidos a su alrededor hasta que la comunicación mágica con el Imperio de Cristal se rompió y el escenario se esfumó.

Solo un minuto después, dos notas se materializaron a su lado. Una surgió de una llamarada verde, la otra apareció con un agradable aura mágica rosácea.

"Princesa:

quizá sepa que ha habido una alarma en Ponyville. No se alarme, todo está en orden.

Twilight Sparkle."

La segunda estaba escrita a toda prisa y portaba el sello de la casa real del Imperio de Cristal.

"Tías Celestia y Luna:

estamos bajo ataque. Demonios del fuego y la destrucción. Evacuamos a los visitantes, todavía no sabemos las fuerzas del enemigo.

Cadence."

—¡Convocad a la Guardia Solar! —ordenó Celestia a un sargento cercano—. ¡Debemos defender el Imperio!

—Hermana... ¿puedo hablar con vós?

Sin dejar tiempo a que Celestia replicara, Luna conjuró un teletransporte y ambas se aparecieron en los aposentos de la hermana menor. La mayor pareció contrariada.

—¡Luna, no hay tiempo para esto! ¡Debemos...!

—Ser precavidas —interrumpió la alicornio de la noche—. Escuchadme, Celestia, si algo sabemos ya de la Hermandad de la Sombra es que nunca actúan al azar, y este ataque lo parece.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que no debemos enviar a toda la Guardia. Pensad en cómo ha actuado la Hermandad hasta ahora: ha levantado ejércitos demoníacos sin que lo supiéramos, alzado a demonologistas ancestrales, asesinado a cientos de inocentes durante años. Su estilo es sutil, calculado y frío, este ataque no comparte estas cualidades.

Celestia miró a su hermana con la incredulidad reflejada en su rostro.

—¿Estás diciendo que dejemos sola a nuestra sobrina y a todo el Imperio de Cristal?

—¿Qué? ¿Cómo decís que...? ¡Arg! —la oscura alicornio bufó con frustración y luego gritó—. ¡¿Pero cómo podéis ser tan necia, hermana?! ¡Yo jamás abandonaré ni a nuestra sobrina ni a ninguna criatura! Pero decidme, qué pensáis hacer, ¡¿vaciar todas las ciudades de guardias y enviarlos a todos al norte?! ¡¿Vais a dejar desprotegidos a vuestros súbditos?!

—¡Esa no es mi intención!

—¡¿Entonces por qué vuestra orden ha sido "convocad a la guardia, hay que defender el Imperio"?!

Luna conjuró y un gran mapa de Equestria salió de una estantería y se desenrrolló frente a las dos princesas.

—La Hermandad hasta ahora ha tenido la ventaja de la sorpresa. Nos ha faltado información en todo momento, no sabíamos lo que pretendían. ¡Ahora sabemos que pretenden resucitar al Rey Sombra! Sabemos también que Sombra no va a repetir los mismos errores del pasado: cuando regrese lo hará intentando derrocarnos a las dos, no se conformará únicamente con el Imperio de Cristal. Necesitamos información, Celestia, de lo que está haciendo la Hermandad en realidad, porque te aseguro que el ataque al Imperio es una distracción.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—¡Porque lo han atacado mientras el mundo entero miraba! ¡Han llevado el miedo y la ira a toda Equestria con un movimiento bien calculado! ¡Por favor, pensad un poco por una vez!

Luna señaló varios puntos del mapa mientras explicaba.

—Enviaremos a la Guardia Solar a las poblaciones del norte para recibir a los evacuados y asegurarse de que no haya nada demoníaco entre ellos. Equipos mixtos deben patrullar todas las grandes ciudades, si es que no lo están haciendo ya, y reportar cualquier actividad inusual. Y debemos enviar a nuestros mejores pegasos a despejar el clima de la zona para poder valorar las fuerzas del enemigo.

—¿Y qué hay de la Guardia Lunar?

—Patrullarán las fronteras durante la noche y buscarán pistas de magia prohibida en nuestras urbes principales. Escúchame, Celestia —suplicó, intentando dejar atrás el deje milenario de su habla—: Ahora necesitamos información. No podemos enviar a toda la guardia a ciegas al norte. El Imperio resistirá el tiempo suficiente hasta que actuemos; cuando lo hagamos tiene que ser con toda la información de nuestro lado. Solo así podemos detener al Tártaro.


Cuando atravesaron la barrera mágica que emitía el Corazón de Cristal, todos se detuvieron abruptamente al hundirse en la nieve virgen hasta el pecho. Los ponis de cristal que los escoltaban, por contra, galoparon encima de la misma con la misma facilidad con que lo harían sobre una calle asfaltada.

A duras penas podían ver a su alrededor: la ventisca arrastraba el frío con tanta fuerza que costaba mantener los ojos abiertos, pero podían percibir el fuego brillando en la oscuridad y los rugidos de los demonios. Desesperadamente se abrieron camino a través de la nieve y el hielo mientras los ponis de cristal les afanaban en darse prisa. Lovely Rock alzó la vista al escuchar un grito: Una de las guías disparó su ballesta hacia la oscuridad y retrocedió, su compañera hizo lo mismo y un pequeño demonio de fuego cayó frente a ellas consumiéndose en un charco de llamas.

Hubo un choque a su izquierda y Lovely vio a un caballero de cristal entablando combate contra un monstruo; miró a su frente pero la espesa niebla solo le permitió ver cómo Lucent, que iba delante suya, se perdía en la distancia. Intentó saltar encima de la nieve sin éxito, varias saetas de fuego pasaron sobre su cabeza y a su derecha una yegua gritó de dolor.

Entonces el fuego estalló a su lado.


Docenas de metros más adelante, los evacuados empezaron a llegar a la estación. Dos trenes habían sido puestos en marcha a toda prisa y se afanaron en ocuparlos.

—¡Chicos! —gritó Lucent—. ¿Estáis todos?

Frente a él fueron pasando Greta, Dawn, Octavia y Vinyl Scratch.

—¿Dónde está Lovely Rock? ¡Lovely!

Una yegua de cristal se detuvo junto junto a él al oírlo; Golden Sheaf miró al frente, uno de los trenes se estaba llenando y ya anunciaba su salida. Luego miró atrás mientras se enrrollaba la gran bufanda roja que siempre llevaba.

—¡Vé al tren! ¡No salgas fuera, yo voy a por ella!

—¡Voy contigo!

—¡No, tú no puedes correr en la nieve, los ponis de cristal sí! ¡Vé al tren, ahora!

Sin dejarle replicar, la yegua aturquesada volvió a salir a la oscuridad, la niebla, la nieve y el fuego.


Lovely rock alzó la cabeza con un agudo pitido en los oídos.

No podía ver nada a su alrededor. Había nieve, y una niebla cada vez más espesa. Hacía frío. Tenía que correr, ¡sabía que tenía que correr! Pero no conseguía recordar a dónde o... por qué. A poca distancia de ella, un Caballero de Cristal se quitó el casco con la mirada perdida, y no llegó a reaccionar cuando un enorme demonio saltó sobre él.

Lovely tampoco reaccionó cuando el monstruo rugió victorioso, cubierto por la sangre y las vísceras de aquel poni.

Algo se movió frente a ella, algo rojo que se acercaba. Era como un trapo flotando en el viento, y no consiguió identificar cómo. Cuando estuvo frente a ella escuchó una voz y algo le tocó la pata. Era un casco de color turquesa que tiró de ella, haciendo que se levantara; como el choque de las olas contra un acantilado, los colores y las emociones volvieron al mundo con la misma intensidad que una bocanada de aire al sacar la cabeza del agua.

—¡Corre! —gritó Golden Sheaf.

Ayudada por la yegua de Cristal, y usando el sendero que docenas de criaturas habían abierto frente a ella, galoparon con todas sus fuerzas. El gran demonio rugió a su espalda y se lanzó a la caza, y las yeguas corrieron sin mirar atrás. Cuando llegaron a la estación uno de los trenes ya había partido; desde el otro, que ya estaba arrancando, varios ponis les hicieron señas para que corrieran. Tras ellas, el demonio atravesó la pared lanzando gravilla en todas direcciones y rugió. Lovely giró tras una columna, haciendo que el monstruo se estrellara, y Golden Sheaf la tomó de un casco para hacerla girar hacia el andén. Galoparon tan rápido como pudieron, pero el tren ganaba velocidad y empezó a alejarse poco a poco.

—¡No! ¡No!

Cuando llegaron al final del andén y descubrieron que no tenían donde huir, ambas yeguas se giraron; el monstruo las miraba en la distancia y rugió, lanzando grandes llamaradas hacia el techo del gran edificio. Después galopó hacia las mortales que no habían conseguido huír... cuando dos criaturas cayeron sobre ellas. Lovely Rock y Golden Sheaf gritaron al sentir el impacto y que algo las abrazaba por la espalda.

—¡Ya os tenemos!

Un pegaso y un grifo alzaron el vuelo a toda prisa, cargando con las dos. El demonio les lanzó una bola de fuego que fue interceptada por el hechizo de un unicornio desde el tren. Otros tantos unieron su magia e hicieron retroceder a la monstruosidad con una lluvia de hechizos variopintos.

Mientras esto ocurría, la paladina Aura saltó a través de la barrera protectora del Corazón cargando con un compañero cuyo pelaje se había tornado gris y apagado. El propio tono perlado de Aura había perdido parte de su brillo.

—¡Caballeros, milicia, atrás! ¡Volved a la ciudad, es una orden, no os acerquéis a esa niebla! ¡Que los Meisters atiendan a los afectados de inmediato!

Con una detonación mágica, Shining Armor se apareció junto a ella. Portaba su armadura de Capitán de la Guardia Solar.

—¡Paladina Aura! ¿Qué ocurre?

—Majestad, tenía razón. Esa niebla no era normal.

El unicornio analizó con su magia al Caballero de Cristal afectado, y sus peores suposiciones se confirmaron.

—Magia negra, y magia del Tártaro. Por Celestia, ¿a qué nos enfrentamos esta vez?

Las gemas que usaban para comunicarse pronto se llenaron con decenas de mensajes solicitando la ayuda de los Meisters. A la espalda de Aura, un demonio consiguió atravesar la barrera que brindaba el milenario artefacto, gritando, rugiendo y llamando al Tártaro con él.

—¡Quiero equipos patrullando el perímetro, no salgan de la cúpula! —gritó Aura, usando el comunicador—. ¡Que los milicianos bloqueen las calles principales y preparen barricadas! ¡Ballesteros en todos los edificios elevados! ¡Devolved a todos los demonios que entren en la ciudad al Tártaro! ¡Por el Imperio!


Apenas había pasado media hora desde que todos los habitantes de Cloudsdale presenciaran el inicio de otro asedio al Imperio de Cristal. La ciudad de las nubes estaba en una tensa calma mientras, una vez más, voluntarios reunían todos los víveres que podían para ayudar a sus hermanos del norte.

Más sorprendente era ver como una gran multitud de pegasos se habían reunido frente al edificio de la guardia para alistarse. La ira contenida era fácil de percibir en los comentarios y las serias expresiones de una población habitualmente orgullosa y jovial. Los guardias, sin embargo, no habían respondido a las peticiones aguardando a las órdenes de Canterlot. Cuando estas llegaron, el sargento de la guardia hizo llamar a Spitfire, líder de los Wonderbolts; tras hablar unos minutos en privado, la carismática pegaso amarilla voló frente a la multitud congregada.

—¡Quieren que despejemos la tormenta alrededor del Imperio de Cristal! ¡La Guardia Solar nos abrirá camino entre los demonios voladores, y nosotros nos encargaremos de luchar contra el clima del norte! ¡Necesito a los voladores más rápidos, a todos los que puedan mantener el ritmo de los Wonderbolts! ¿Quién va a venir?

La mayor parte de los ponis reunieros alzaron las patas y gritaron "yo". Spitfire miró al gentío orgullosa, pero también buscando a alguien en concreto.

—¡Que alguien vaya a buscar a Rainbow Dash!


Hizo falta una orden firme de Moonlight Sonata para poner calma entre los batponies que habían visto el final del concierto. Al contrario de lo que dicen las leyendas, los ponis de la noche son criaturas altamente pasionales; debía poner freno a una escalada emocional antes de que esta pusiera en pie de guerra a todo Hollow Shades.

Moonlight había aprendido mucho de su esposa desde su instrucción como Guardias Lunares: sabía la importancia de ocultar los verdaderos objetivos, de conocer las debilidades propias y reconocer las fortalezas enemigas. La Hermandad de la Sombra era sutil, insidiosa y muy inteligente, y con toda probabilidad aquel ataque no era más que el inicio de sus planes.

—¿Papi?

Los dos potros, Emerald y Hawk, se sentaban sobre la grupa de su padre con el miedo reflejado en sus jóvenes rostros. No habían comprendido bien lo que había pasado, pero el súbito cambio de la fiesta desenfrenada a la tensa espera los había asustado. Les susurró que estuvieran tranquilos, que pronto llegarían los abuelos, cuando un recluta batpony llegó volando a toda prisa, saludó marcialmente y le entregó un pergamino enrollado y sellado con el sello real de la princesa Luna.

"A quien esté al mando de la Guardia Lunar de Hollow Shades en el momento de abrir este comunicado:

Por la presente, nós declaramos el estado de guerra inminente. Inicien los procedimientos para la misma y aguarden instrucciones; en la eventualidad que la cadena de mando con Equestria quedara rota, se le otorga la autoridad para actuar como sea preciso para garantizar la paz y la libertad del pueblo Equestre."

Al pie del comunicado, justo debajo de la firma de la princesa Luna, había una lista de capitanes y generales batpony: Los dos primeros estaban retirados, el tercero había fallecido hacía poco, y el cuarto lo conocía bien: Capitana Rise Love. El quinto batpony, la quinta opción para liderar los ejércitos de los ponis de la noche en tiempos de guerra y supervivencia, era él.

Tuvo que leer varias veces la lista para convencerse. Sargento Primero Moonlight Sonata. Cuando alzó la vista, cientos de batponies lo observaban: Guardias Lunares, guerreros, protectores, artesanos, jóvenes y ancianos... El pueblo batpony era guerrero en su propia naturaleza y cultura; durante siglos defendieron su hogar de ejércitos y monstruos, alzándose todos en armas como uno solo. Ahora, habían pasado más de cien años desde la última vez que Hollow Shades había visto la necesidad de volver a luchar como uno solo, y la expectación, el miedo y la Sed bullían entre la multitud.

Sobre su grupa, Emerald tapó la boca a su hermano pequeño, comprendiendo por fin lo que estaba ocurriendo. Moonlight los bajó delicadamente al suelo y voló para dirigirse a todos los presentes.

—Se me ha ordenado tomar el mando de Hollow Shades, y lo haré con mis mejores habilidades hasta que salgamos victoriosos o Selene me reclame.

Se quedó en silencio un instante, pensando en qué debía hacer a continuación. Información, reagruparse, actuar. Ese debía ser el plan.

—Todos aquellos que no puedan luchar deben evacuar ahora hacia Lunaria; los Protectores deben organizar patrullas fronterizas y organizar las milicias de cada pueblo. ¡A partir de este momento, declaro el estado de guerra inminente! Y si osan atacar nuestro hogar, ¡haremos justicia a todas las leyendas que cuentan sobre nosotros!

Los batponies gritaron, muchos de ellos en su propio idioma ultrasónico, antes de dispersarse por el bosque hacia los distintos pueblos y asentamientos de Hollow Shades. A su espalda, una representación de la diosa Selene tallada en la montaña donde estaba asentada la capital Batpony pareció oscurecerse cuando una nube tapó la luna llena.

Moonlight Sonata hizo un esfuerzo por mantenerse estoico. Acababa de poner a todo Hollow Shades en pie de guerra, y lo último que necesitaba era hacer patente lo asustado que estaba.