Varias horas más tarde, Aitana Pones abrió los ojos y no reconoció el lugar donde se encontraba. Alguien la había arropado en una cómoda cama y toda la estancia parecía tallada en cristal. Tardó un poco en descartar que se tratara del Imperio, ya que el cristal de aquella construcción no tenía el brillo tan característico de la arquitectura del norte. De hecho, fijándose en los arcos sobre las puertas y ventanas, no tardó en darse cuenta que estaba en un castillo de construcción mágica, a juzgar por las perfectas uniones entre los cristales y la falta de desperfectos, por sutiles que fueran, causados por los constructores.
Cuando fue a levantarse notó un peso en las mantas. Hope Spell estaba sentado en una silla con la parte superior del cuerpo apoyada en la cama y durmiendo. El semental abrió los ojos al sentir el movimiento.
—¿Aitana? —preguntó dubitativamente.
—Estoy... ¿estoy viva?
Hope saltó sobre ella y la abrazó con fuerza. Aitana no esperó un solo instante en devolverle el gesto, sonriendo como nunca había hecho en años.
—¿Cómo lo habéis conseguido?
—Creo que no me creerás cuando te lo cuente.
—Ponme a prueba.
—Hice un pacto con Tirek para que me guiara al plano del Tártaro de Weischtmann y rescatarte. A cambio tuve que liberarlo y un poco más y conquista el mundo.
Tras un instante de silencio, Aitana golpeó a Hope en el hombro. Eso le hizo notar lo débil que se sentía, ¿cuánto tiempo había pasado?
—¡Esto por contarme un chiste tan malo!
—Verás, la verdad es que... —el semental verde se alejó cautelosamente de la cama— …no es un chiste.
—¡¿Qué?!
—¡Lo siento, ¿vale?! Ya me basta con que Twilight casi me haya lanzado a una celda, no empieces tú también.
—¿Que Twilight te qué? ¿Pero cómo va una bibliotecaria a...?
Aitana se incorporó y, al hacerlo, miró por una ventana. Estaba en Ponyville. En un castillo de cristal. En Ponyville. No había castillos de cristal en Ponyville. Pero ahí estaba. En un castillo de cristal en Ponyville.
—¿Pero qué...? ¿Se puede saber cuánto tiempo llevo perdida?
—Casi cinco meses. Y han pasado muchas cosas, ¿por dónde empiezo?
La yegua se intentó levantar pero volvió a notar que, realmente, se sentía débil y entumecida, además de resentir muchos golpes por todo el cuerpo. Se tumbó sobre la espalda para hacer estiramientos mientras hablaba.
—¿Están todos bien? ¿Mi padre, Rise Love, Twilight y compañía?
—Todos bien. Milagrosamente ninguno murió en el asedio al Imperio, pero hubo muchos soldados muertos: toda la compañía Batpony de Rise Love sucumbió a las fatas negras.
—Oh dioses…
—Y luego, gracias al perfecto plan de Twilight y su magia, nadie cayó compatiendo a Kolnarg.
—Es cierto, vinisteis a por mi —recordó Aitana—. Te recuerdo gritándome que aguantara... ¿cómo me liberasteis?
—Dark Art ha devorado el alma de Kolnarg. Ha llegado a algún tipo de acuerdo con Twilight, no ha querido compartir el qué exactamente.
Aitana miró con los ojos abiertos como platos a Hope, quizá esperando que fuese una broma.
—Bueno, tendrá menos poder que esa hija de perra —murmuró mientras estiraba una pata trasera hacia atrás—. ¿Sabías que era una yegua?
—Sí. Se presentó como "la faraona" Kolnarg. Y esta noche ha ocurrido que...
—Hope, —interrumpió—, ¿qué querías decirme en el mausoleo?
El semental se quedó callado con la boca abierta, balbuceó un par de veces y apartó la mirada.
—Yo... este, no te creas, era una tontería, la tensión del momento, yo... yo no..
—"Sabes lo que iba a decir en el mausoleo, y quizá sea cierto, o quizá solo soy un estúpido potro enamoradizo".
Ambos se mirarón. Ella, divertida y relajada, dejó caer la cabeza hacia atrás desde el borde del colchó, estirando las patas traseras. Él, azorado, pues no esperaba que Aitana recordara tan fielmente las palabras que le dijo en el mundo espiritual.
—También te dije en el bosque que te había mentido. Que debí decirte lo que pretendía hacer —girándose sobre las cuatro patas, se estiró como un gato desperezándose, provocando varios chasquidos de su columna—. Ouch. Ah, maldita sea, voy a tener que darle la razón a Cadence.
—Aitana no... no tienes que...
—¿Acaso no me has oído? —dijo y, de inmediato, tomó a Hope por la cabeza y lo atrajo hacia ella—. Te dije "yo no", y te mentí. Y sé lo que ibas a decirme, ¿acaso tengo cara de ser una estúpida potra enamoradiza?
—Ah... este...
—¡Me cago en la hostia! ¿Es que tengo que hacerlo todo yo?
La yegua lo agarró por el hombro, lo atrajó hacia sí y le dio un beso al que él no tardó en responder.
Desde la puerta, una rojísima Fluttershy retrocedió intentando no hacer ningún ruido y fue a la habitación del mapa de la amistad. Sus amigas, así como Macdolia, Rise Love y el profesor Pones la miraron.
—¿Está despierta?
—Ehm... este... —murmuró tímidamente y con las alas muy extendidas—. Se está... desperezando. No tardarán.
—Menos mal —respondió Twilight, mirando el mapa—. No podemos perder el tiempo.
Sobre el mapa de la amistad, un total de diez marcas de belleza señalaban distintos puntos del mapa. La undécima, que solo Macdolia reconoció, señalaba más allá del mapa hacia Tortuga.
Un rato después, Aitana abrazaba a su padre con lágrimas en los ojos. Quizá solo habían pasado cinco meses, pero para el anciano parecía haber transcurrido una década; las experiencias, la lucha contra la nigromancia y casi perder por siempre a su hija en el Tártaro habían pasado factura en el anciano semental.
—Ya estoy bien, estoy bien. Gracias a todas, joder, habéis hecho algo increíble.
—Eres nuestra amiga, Aitana —respondió Twilight con una sonrisa—. No te íbamos a dejar.
Hubo una explosión de confetti y Pinkie Pie abrazó con fuerza a Aitana y a su padre.
—¡Yay, nuevos amigos! —gritó—. ¡Hola, yo soy Pinkie Pie, nos conocimos cuando estabas perdida en el mundo de los espíritus y solo eras una potra que lloraba y no sabía escapar, pero yo te dije que hacías grandes fiestas y que no entendía por qué les gustaba tanto que pelearas pero que seguro que tienes muchos amigos que...!
—¡Lo recuerdo! —suspiró intentando escapar del abrazo—. ¡Lo juro, lo recuerdo! ¡Os recuerdo a todas!
Rainbow Dash tocó por la espalda a Pinkie Pie y le hizo un gesto con una sonrisa, haciendo que la poni rosa los soltara.
—Ay... menudo abrazo, no sé si eres fuerte o es que yo estoy muy floja... —se calló al ver a una yegua al fondo de la sala. Una yegua roja con coletas negras.
—Hola, Aitan..¡Arg!
Esta vez, Macdolia fue derribada por el impetuoso abrazo de la Arqueóloga.
—¡Macdolia! ¡Maldita yegua loca! ¿Cómo te atreviste a escapar de tu ama así? ¡Mira que te pongo el collar!
Las dos rieron a carcajadas hasta que se percataron del incómodo silencio a su alrededor.
—Este... creedme, NO es lo que estáis pensando.
—De hecho es una historia muy larga que incluye lobos esclavistas, demonios, desiertos, carreras, brujas poni, miedo, quemaduras, costillas rotas y muchos gritos.
—Y zombies .
—Y zombies —confirmó Macdolia—. Zombies de fuego. ¡Súper grandes!
—¡Ah vale!
—¡Menos mal! —exclamó Rainbow.
—Qué pena, esperaba detalles picantes.
—¡Rarity! —gritó Applejack!— ¡Contrólate, chiquilla!
—¿Qué? Una dama tiene sus necesidades también.
—Oh, diosa —susurró Fluttershy, roja hasta las orejas.
—Nah, no va conmigo —añadió Pinkie Pie con despreocupación—. Si no hay unas risas no es un buen...
—¡Chicas, por favor!
Las otras cinco portadoras miraron a la vez a Twilight Sparkle; esta parecía algo escandalizada.
—Azucarillo, que ya tienes una edad.
—¡No hay para tanto, Twilight!
—Estoy con Rainbow, querida. ¡Eres una princesa de Equestria, debes poder hablar de todos los temas!
—¡Además es divertido! ¡Un día monto una fiesta y os invito!
Tras eso hubo una pausa incrédula y todos miraron a la poni rosa del pelo abultado. Fue Rainbow quien saltó primero:
—¡¿Pinkie, qué demonios?!
—Oh... diosa...
—No, y luego dicen que yo soy ligera de cascos —murmuró Aitana, y Macdolia intentó aguantarse la risa.
—Discúlpame, Pinkie Pie —interrumpió Rise Love, dolorida todavía pero divertida por la conversación—. ¿Podrías invitarme a esa fiesta? ¿Y puedo llevar a mi marido? ¿Qué? —preguntó al ver que todos, menos Pinkie Pie, la miraban boquiabiertos.
Cuando los ánimos se hubieron calmado, Macdolia y Aitana tomaron asiento junto al gran mapa. Esta no tardó en percatarse de que una imagen de su propia marca de belleza flotaba sobre Manehattan, junto a las marcas de Rise Love, Pinkie Pie, Rarity y de Roy Pones. Después se fijó en el resto de marcas:
La de Fluttershy en el bosque Everfree.
La de Hope Spell y Twilight Sparkle en Canterlot.
La de Applejack flotaba sobre Appleloosa.
Rainbow Dash tenía su marca en Cloudsdale.
Y, señalando hacia tortuga, reconoció la marca de un vial de veneno: La marca de Poison Mermaid.
—Vale. Ahora, ¿podéis explicarme exactamente qué es este mapa, por qué Twilight ahora es una alicornio, qué ha pasado mientras estaba ida y por qué me pica y brilla la marca de belleza?
Casi una hora después, Aitana asintió asimilando toda la información.
—El ataque al Imperio de Cristal es una distracción —dijo—. La Hermandad de la Sombra es sutil y calculadora, lanzar a los demonios de la destrucción contra una barrera casi impenetrable para ellos es absurdo. Están preparando algo más.
—Eso mismo piensa la princesa Luna, y Celestia le ha hecho caso —añadió Twilight—. Han enviado patrullas de pegasos al norte para conseguir información de los atacantes, y están reforzando patrullas en las grandes ciudades. De momento están evitando enviar a toda la Guardia Solar a ayudar.
—De hecho yo tendré que irme pronto —dijo Rainbow—. Spitfire me quiere dirigiendo el equipo metereológico en el Imperio.
—Hacen bien —respondió el profesor Pones con el habitual tono con el que se dirigía a sus estudiantes—. Sabemos que quieren traer de vuelta al Rey Sombra, y sabemos que quieren hacerlo de forma imparable. Yo organizaría un asalto conjunto a los principales focos económicos y sociales de Equestria: Canterlot, Manehattan, Phillidelphia, Cloudsdale, Ponyville, el Imperio de Cristal y Las Pegasus. Si estas caen, cae toda la infrastructura económica de Equestria.
—¿Y qué hay de nuestros vecinos? —preguntó Rainbow—. ¿No vendrán a ayudarnos?
Twilight meditó un momento la respuesta.
—No lo veo tan claro, Rainbow. Si perciben que los demonios son una amenaza inmediata para ellos, sin duda nos ayudarán. Pero si no es así quizá hagan todo lo contrario —la alicornio miró a todas las miradas sorprendidas que le dedicaban—. ¿Qué? ¡Parte de mi formación como princesa es jugar al juego de mesa Imperium! ¡Esto es estrategia básica! Y Luna es invencible, creedme.
—Piensa mal y acertarás —murmuró Aitana—. Ahora, ¿me explicáis lo de las marcas de belleza en el mapa?
Aparte de las marcas de belleza que flotaban sobre distintas ciudades Ecuestres, el Imperio de Cristal aparecía cubierto con una sombra rojiza.
—Este es el Mapa de la Amistad, hasta ahora nos ha mandado a distintos lugares por grupos para arreglar problemas de amistad. Yo fui con Fluttershy a ver a los Kirin, que habían dejado de hablar por miedo a enfadarse, por ejemplo.
—Y ahora quiere que vayamos a todas estas ciudades. El por qué, no lo sabemos.
Aitana se percató de algo.
—¿Por qué no estás tú, Macdolia?
—Porque yo ya no soy parte de esta historia —sonrió la yegua roja. Todos la miraron sin comprender—. Soy una yegua espaciotemporal, viajo a través de las posibles ramificaciones del destino.
—En serio, Macdolia, no me vengas con estas.
—Es cierto —confirmó Twilight Sparkle—. Yo misma la he visto viajar en el tiempo mientras combatía a Kolnarg. Creo que dice la verdad.
Macdolia sonrió y se levantó, sabiendo que toda la atención estaba puesta en ella.
—Aitana, me equivoqué.
—¿De qué estás hablando, Macdolia?
Todos los presentes guardaron silencio, dejando que las yeguas hablaran. La yegua roja de las coletas la observó con paciencia y una enigmática sonrisa.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos, en los Reinos Lobo? Aquella fue una de mis primeras aventuras y, después de aquello, la he vivido muchas, muchas veces.
—Macdolia, no me puedo creer que viajes por el tiempo. Eso es...
—¿Imposible?
Hubo un incrédulo silencio mientras Macdolia se llevaba un casco a su Cutie Mark. Esta se iluminó y tornó física, adoptando la forma del reloj dorado que normalmente representaba.
—¿Pero qué demonios?
—Esto es lo que soy —explicó la yegua roja—. Soy una viajera en el tiempo, y este reloj es el responsable. Me hace aparecer en distintos lugares, épocas y dimensiones, siempre a tiempo para ayudar a alguien, o al menos para intentarlo. Y cuando te conocí, Aitana, pensé que mi objetivo era claro: ayudarte a detener la Fiebre Infernal. ¿Qué otra cosa podía ser?
La yegua roja fue hasta la mesa donde había pergaminos y un lápiz y dibujó una linea recta.
—En vuestra linea temporal, Aitana frenó la Fiebre y detuvo a Manresht y… todas las cosas que ya sabéis. Pero después de ello el reloj me llevó a una línea temporal distinta.
Una linea paralela se desdobló de la primera.
—En mi primer viaje, Aitana había fallecido combatiendo contra Manresht, pero logró detenerlo. Dos meses después la Hermandad de la Sombra culminó su plan y el Rey Sombra mató a Luna y dominó a Celestia —una tercera línea fue añadida—. En otra línea temporal, Aitana sobrevivía muy malherida al encuentro contra Manresht, pero poco después fue poseída por Kolnarg, causando la caída de Equestria y del Imperio Grifo —dibujó una cuarta—. En otra, Kolnarg arrasaba Cérvidas. En otra, el Imperio de Cristal no sobrevivía a Weischtmann. En otra, Hollow Shades ardía y los batponies eran practicamente extinguidos. En otra, Nightmare Moon regresaba y, en medio de la guerra civil, el Rey Sombra no encontró resistencia alguna. Y puedo seguir así decenas de veces.
La expresión de la yegua de las coletas se tornó sombría mientras hablaba.
—He visto… muchos futuros terribles, futuros que no podéis imaginar. Os he visto morir docenas de veces. He visto Equestria, el Imperio de Cristal, Cérvidas, Cebrania, los Reinos Lobo, el Imperio Grifo, Tortuga… cualquier reducto de civilización ser arrasado hasta las cenizas varias veces. ¿Por qué me mostraba eso el reloj?
—Si lo que dices es cierto, Macdolia —argumentó Twilight—, y ese reloj realmente tiene personalidad, había una razón, ¿verdad? ¿Qué tenían en común todas esas líneas temporales de las que hablas?
—Ahí quería llegar yo —exclamó la aludida con la sonrisa de alguien que tenía la certeza de que la pesadilla estaba a punto de accabar—. El denominador común de todas ellas era claro.
Diciendo esto se acercó a Aitana Pones y le puso un casco en el hombro.
—Tú estabas muerta en todos esos futuros.
Aitana se sacudió el casco rápidamente.
—No digas estupideces, Macdolia —respondió—. Yo no puedo ser tan importante, ¡no soy tan buena combatiente! No puedo ser la heroina del mundo.
—Y no lo eres. Puede que no te des cuenta, pero con tus acciones has colocado a muchas personas en la posición indicada para que tengáis una posibilidad contra la Hermandad de la Sombra: Luna está en guardia y hostigando a la Hermandad en todo momento con sus agentes; Asunrix, persiguiendo a los nigromantes que asediaron Cérvidas y ayudando a los piratas; Cadence y Shining Armor han preparado al Imperio para la guerra; tu padre, alerta ante un peligro que, de no ser por ti, no habríais detectado; la Guardia Solar, entrenando en el combate contra las fuerzas del Tártaro gracias a tu demostración en Manehattan, y otras cosas que podrían ocurrir pero no puedo contarte. Y todo esto no habría ocurrido si tú no hubieras hecho… lo que has hecho.
Aitana no respondió en seguida.
—He hecho cosas terribles, Macdolia —susurró—. Cosas terribles. El que pueda... vivir con ello no lo hace mejor.
—Nadie lo niega —continuó la yegua roja al ver que su amiga se quedaba sin voz momentaneamente—. Y no creo que nada pueda arreglar todo el daño que has hecho, Aitana. Pero puedes vivir para hacer del mundo un lugar mejor, para paliar aunque sea un poco todos aquellos que han muerto o sufrido por tus acciones o por tus inacciones.
—...y rezar porque, el día de mi muerte, me haya acercado aunque sea un poco a dejar un mundo mejor del que recibí. ¿En qué novela leí esto*?
—En una muy buena. Siento mucho no poder quedarme más tiempo, Aitana, de verdad que lo siento, pero mi tiempo en esta historia se ha acabado. Ahora que tú estás viva, es vuestro trabajo llevarla a su fin.
—¿Qué? ¿Te vas? —dijo ella, incrédula—. ¡Pero eso es absurdo! ¡Te necesitamos más que nunca, Macdolia! ¡No puedes dejarnos ahora! ¡No otra vez!
Macdolia se acercó a Aitana, abrazándola y apoyando la cabeza contra su cuello, sintiendo que la Arqueóloga temblaba ligeramente.
—Es normal tener miedo.
—No quiero que te vayas.
—Ya no estás sola. Escúchame —dijo, apartándose y mirando a la yegua de tierra a los ojos—: Te juro que, si sobrevives a todo esto, volveremos a vernos. No sé cuándo ni cómo, pero te juro que nos volveremos a encontrar. Y estoy convencida de que me llamarás "zorra" cuando me veas.
—Te lo voy a decir ahora —respondió, intentando reír—, ¡eres una zorra por volver a dejarme después de lo que hemos vivido!
—Has vivido cosas mucho peores con Hope Spell y Rise Love —diciendo esto, le puso un casco en el hombro—. Buena suerte, Aitana, espero volver a verte.
El reloj dorado que todavía portaba en una pata brilló, y pronto bolas de luz y energía empezaron a cubrir a la yegua roja. En pocos segundos todo su cuerpo quedó opacado por una luz blanca cegadora.
—¡Macdolia!
Frente a Aitana quedó la silueta, como una sombra de luz, de la yegua espaciotemporal. Poco a poco se fue deshaciendo, llenando el aire con chispas de aquella energía y bolitas luminosas que quedaron flotando frente al lugar donde Aitana había intentado retener a su amiga. La Arqueóloga se quedó quieta, mirando el lugar donde Macdolia estaba hacía unos segundos.
La había vuelto a dejar, aunque esta vez sí que le había dado una explicación; Aitana había conocido y perdido a mucha gente en su vida, pero Macdolia suponía algo especial para ella, algo que ahora que tenía una paz mental que no había experimentado en décadas, podía comprender: Fue la primera.
La primera en reconocerla sin juzgarla.
La primera en desafiar sus principios y en poner en duda sus convicciones.
La primera en decidir acompañarla incluso después de saber de lo que era capaz.
La primera a quien se había vuelto a arriesgar a considerar una amiga, aparte de Daring Do.
Y la iba a añorar muchísimo. Su amistad había sido corta, pero intensa como cien vidas.
—¿Aitana?
A la llamada de Twilight, la aludida se giró, limpiándose el rostro con una pata. Su rostro cambió en seguida a una determinación absoluta: Acabaría con todos los sirvientes del Tártaro, expulsaría a todos los demonios del mundo, salvaría Equestria y sobreviviría. Y cuando todo acabara, echaría unas cuantas copas con Macdolia para contárselo.
—Necesito una pizarra. Voy a daros una clase magistral para combatir a los demonios, localizar sus portales, neutralizarlos y devolverlos al Tártaro. Voy a enseñaros a detectar la magia negra y la nigromancia, y después, a no ser que tengáis un plan mejor, vamos a ir donde nos señala el mapa mágico.
—Spike, ¿podrías traer la pizarra grande antes de marcharte? —preguntó amablemente Twilight, y el dragoncito fue corriendo a hacerlo—. De teoria, Aitana, no hay mucho que puedas enseñarme, así que si no te importa impartiré la lección contigo.
—Yo os daré una lección de táctica militar y liderazgo —añadió Rise Love—. Sois las seis mayores heroínas de Equestria y de parte del mundo conocido, y muchos esperarán que los guiéis.
Al poco, llegó Spike portando la pizarra que habían solicitado.
—¡Aquí tenéis! Bueno, yo me tengo que ir.
—¿A dónde vas, Spikey-wikey?
—Es… es un secreto. Incluso para ti, Rarity, lo siento.
Twilight se acercó a su hermano pequeño y lo abrazó con fuerza durante unos larguísimos segundos.
—Ten mucho cuidado.
—Tú también —dijo él, sorbiendo por la nariz—. Lo conseguiré, Twilight, te lo juro.
—Lo sé —dijo ella con congoja—. Pero si no puedes o estás en peligro, vuelve.
—Volveré, ¡te lo prometo!
Las demás, aunque no sabían qué tenía que hacer el dragoncito, dedujeron rápido que era algo peligroso. Una a una abrazaron efusivamente a Spike, siendo la última Rarity, que le plantó un gran beso en la frente.
—Mi valiente Spikey-Wikey, ¡ten muchísimo cuidado!
—Lo tendré. Lo prometo
Después cogió su mochila y abandonó la sala corriendo y sin mirar atrás. Viendo que todas las Portadores de los Elementos se quedaban mirando a la puerta y abrazándose, Aitana carraspeó.
—Voy a intentar resumir miles de años de conocimiento, tácticas y estrategias para combatir al Tártaro y las Artes Prohibidas de la magia en poco más de una hora. Así que prestad atención, porque esto podría salvaros la vida. Papá, por favor añade lo que creas necesario añadir.
NOTA DEL AUTOR:
* Esto es un guiño a Fallout: Equestria y Fallout: Equestria project horizons. No recuerdo en cuál de los dos salía la susodicha frase ni si era así exactamente, pero el tema de la redención por errores pasados es una constante de ese fandom.
La inspiración últimamente me acompaña. ¡A ver si no me abandona pronto! Ahora sí, ahora de verdad, ha llegado la hora de decir adios a Macdolia. Fue una gran compañera de viaje, y agradezco a Quisco McDohl por haberla creado y haber roleado conmigo varias escenas de este fanfiction para escribir sus diálogos y acciones.
¡Gracias a todos por leerme! ¡Un abrazo enorme!
