El tren llegó a la estación de Manehattan y abrió sus puertas, dejando salir a los agotados pasajeros que habían escapado del infierno del Imperio de Cristal. Entre los mismos dos yeguas, una de cristal y la otra de tierra, caminaron al exterior. Golden Sheaf alzó la vista, impresionada ante los enormes edificios de cemento, metal y cristal.

—Bienvenida a Manehattan —exclamó Lovely Rock, agotada—. Mis amigos deben haber llegado hace unas horas. Nos ha hecho perder mucho tiempo el cambio de tren en Trottingham.

—Yo… ¿Dónde vamos?

—No te preocupes, iremos a mi casa. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—No hace falta que…

—Sí, sí hace falta —respondió la cantante, falsamente ofendida—. ¡Por favor, no sabrías dónde ir, no tienes ni un bit, y además te debo la vida! Quédate en mi casa todo el tiempo que necesites.

Golden, finalmente, asintió con una sonrisa que no se reflejó en sus ojos ni su cuerpo. Lovely reconocía muy bien los signos de alguien que había sufrido una enorme pérdida, tan grande como la suya propia hacía ya más de una década. Pero, aunque sabía que hablar de la misma era necesario para que Golden siguiera con su vida, también sabía que no podía forzar las cosas. Volver a preguntarle al respecto no conseguiría efecto alguno o, aún peor, haría que la yegua de cristal se alejara de ella.

—Te explico el plan: vamos a mi casa, nos pegamos una buena ducha, nos echamos a dormir y esta noche te enseño la ciudad.

—De acuerdo...

A Lovely Rock no le pasó desapercibido el gesto con el que Golden se ajustó la gran bufanda roja que siempre llevaba, siempre temerosa de perderla.

—Tiene un gran valor para ti, ¿verdad?

—Sí —afirmó la yegua de cristal con tristeza—. Mucho —añadió esquivamente.

—No te preocupes —respondió Rise, colocándose a su lado y rozándola con el lomo—. Celestia y Luna no permitirán que tu casa caiga, echarán a esos demonios, ya lo verás.

Golden no respondió. Ambas yeguas salieron de la estación y tomaron camino a través de las grandes avenidas de Manehattan.


En el campus universitario, el profesor Pones, Aitana y Rise Love aparecieron entre nubes de sombras en el despacho del primero. Padre e hija gastaron unos segundos en recuperarse del salto a través de las sombras.

—Ya estamos aquí. ¿Cuál es el plan?

—Todavía no sabemos ni lo que va a ocurrir exactamente, Aitana —respondió el profesor—. Hay que buscar información.

—Yo me encargo de ello —informó la batpony—. Los Cazadores tenemos contactos por todo, investigaré cualquier movimiento fuera de lo normal.

—¿Estás segura? Aún estás herida, Rise, ahora mismo hasta yo podría derrotarte a pezuña plana —rió Aitana.

—¿Quién te crees que eres, tu madre? —respondió, alzando una ceja divertida y ofendida—. No te preocupes por mi, sé mantenerme fuera del peligro.

—Yo buscaré signos de actividad… —Aitana se detuvo a media frase al mirar por la ventana hacia el campus—. ¿Papá, has visto esto?

Sobre el césped del enorme espacio entre los edificios de la universidad un gran grupo de ponis de todas las razas, grifos y otras criaturas entrenaban juntos. Los tres reconocieron en seguida que estaban ensayando una formación básica de picas y escudos y que dirigiendo la instrucción estaban tres Guardias Solares que recorrían la formación corrigiendo errores de los universitarios.

Al poco, los tres guardias se juntaron y cargaron contra la formación; esta se abrió en un amplio semicírculo, los pegasos y grifos volaron sobre los guardias y al poco los tres se encontraron rodeados. Vitoreando, todos golpearon el suelo por haber ejecutado la maniobra a la perfección.

—¡Están practicando para luchar contra grandes demonios! ¡No me lo creo!

—No es todo, mira al otro lado: esos unicornios están practicando hechizos protectores y barreras mágicas.

—Y mirad arriba.

En el aire, grupos de pegasos y grifos saltaban de edificio en edificio, claramente tomando posiciones de tiro, antes de saltar a una nueva posición. Era una táctica básica de guerra de guerrillas: posicionarse, disparar, retroceder y repetir. Aitana abrió la ventana para mirar las maniobras cuando un pegaso se pegó a la pared junto a ella, apoyándose en una ventana y levantando una ballesta que estaba descargada.

Este se giró al verla.

—¡¿Aitana Pones?!

—Sí… ¡eh, cuidado!

Al distraerse, el pegaso perdió el equilibrio y cayó, pero no tardó en remontar el vuelo.

—¡Eres tú, estás viva! ¡Aitana Pones está viva! —exclamó, apasionado, y pronto los más cercanos al edificio se agolparon en torno al mismo—. ¡Pensábamos que habías muerto! ¡Tienes que bajar!

—Eh… vale, ya voy.

Aturdida por lo que acababa de pasar, Aitana salió del despacho y bajó hasta la entrada principal del edificio de Historia y Arqueología. El griterío creciente en el exterior fue haciéndose hueco a través de las escaleras y pasillos del viejo edificio, pero no fue hasta que llegó a la puerta que Aitana entendió lo que le esperaba. No eran docenas, ¡ahí había cientos de ponis, todos galopando hacia ella vitoreando su nombre! Boquiabierta, no llegó a decir nada hasta que tres guardias solares se abrieron paso hasta ella.

—¡Doctora Pones! ¡Ha vuelto!

—Eh… sí. Estaba viva, casi me muero pero… ¿qué es todo esto?

—Los estudiantes pidieron ser entrenados —explicó un de los guardias, un cabo—. Querían aprender cómo combatir contra los demonios si llegaran hasta aquí.

—¡Aitana!

Un trío de enormes sementales placaron, levantaron y abrazaron a la Arqueóloga con fuerza.

—¡Steady Rock, joder, que me aplastáis! ¡Soltad!

—¡Y una mi…!

Aitana se revolvió, golpeó a Steady en la articulación de la pata e intentó liberarse... sin éxito. Este observó la maniobra y, finalmente, indicó a sus compañeros que la soltaran.

—Estás floja. ¿Qué ha pasado?

—Estuve en coma cinco meses, me estoy recuperando o ya os habría pegado una paliza. Ahora, por favor, disculpadme, hay algo que necesito hacer. Mi ritual, ya sabéis.

—Claro, pasa.

En silencio, caminó entre la multitud que se abrió a su paso hasta llegar a la fuente del centro del lugar; metió la cabeza dentro y, tras unos largos segundos, la sacó rápidamente creando una cascada de gotas sobre su cabeza. Con la melena chorreando, se giró a todos los que la miraban.

—¡Esos demonios se van a cagar si vienen a nuestra ciudad!

Uno de los guardias se acercó a la Arqueóloga, y le indicó que la guardia de la ciudad agradecería su experiencia profesional para luchar contra el Tártaro. En torno a ellos, los estudiantes de Manehattan estallaron en gritos y vitoreos.

Era la misma yegua que había detenido la Fiebre Infernal, la que capturó y derrotó a Manresht. La misma yegua que desafió a Celestia y a unos historiadores corruptos con su tesis, la que luchó contra los no-muertos en Lutnia, la que defendió Germarenia y la que había luchado casi hasta la muerte por defender el Imperio de Cristal.

Alguien fue hasta la bandera que había sido plantada donde Manresht fue derrotado y tomó un objeto que descansaba contra el mástil. Al poco, la botella de sidra cuya etiqueta decía "Para Aitana" alcanzó, tras meses de espera, a su legítima dueña, quien la abrió y bebió de un amplio trago.

Aitana Pones había vuelto a casa.


En la terraza de un elegante restaurante situado en el centro de Manehattan, Rarity tomó un diminuto tenedor con su magia, cortó un pedacito del pastel"semi frío de frambuesa y chocolate blanco con coulis de frutos del bosque" y se lo llevó delicadamente a la boca, degustando el sutil equilibrio del dulce chocolate con el ácido de la frambuesa y lo frutos del bosque.

Por contra, Pinkie Pie se llevó un enorme pedazo de Croquembouche a la boca, masticándolo con enormes bocados e igualmente enorme alegría. Rarity sonrió, rodando los ojos divertida antes de hablar.

—Pinkie, querida, te pediría que te moderes, pero si me hicieras caso asumiría que has sido poseída por un demonio, o dominada por un mago negro.

—Nah-hah —negó ella, tragando el enorme trozo de tarta y caramelo—. ¡Los dulces hay que disfrutarlos así!

—Me alegra de estar aquí contigo —rió Rarity ante la esponjosísima melena llena de manchas de caramelo de su amiga. Al poco, su rostro reflejó preoupación—. Tengo miedo, Pinkie.

—Pero eso es normal. Es bueno.

Rarity miró confundida a la poni rosa.

—Discúlpame, Pinkie, pero no te entiendo. Tener miedo no es bueno.

—¡Claro que sí! A ver… —la alegre poni miró a su alrededor—. ¡Mira allí!

Donde señalaba Pinkie, había un potro de tierra haciendo pucheros mientras miraba arriba, porque se le había escapado un globo rojo.

—¡Ay, pobrecito!

—¡Mira arriba!

Un pegaso taxista que pasaba por la zona se desvió y tomó el globo, bajando para devolvérselo al pobre potrillo y ganándose mil gracias por parte de la madre del mismo.

—¿Ves? Si siempre estuviésemos felices, ¡nunca sabríamos cuándo lo estamos! Es bueno tener miedo, o estar triste, porque así sabremos darnos cuenta cuando todo vaya bien.

—Eso… es muy profundo, Pinkie.

¡Duh! —exclamó—. ¡Soy la portadora de la Risa Elemental! Yo sé mucho de tres cosas: de potros, de postres y de risa.

Acabó aquella explicación con una gran sonrisa y acabándose su postre con otro enorme bocado. Rarity tomó otro pedacito de su tarta mientras hablaba.

—¿Crees que todo saldrá bien?

Las orejas de Pinkie se encogieron alternativamente tres veces y le tembló la melena; su rostro se entristeció y su melena perdió esponjosidad.

—Vamos… creo que vamos a pasarlo mal. Muy mal. Pero luego, ¡luego será la mayor fiesta que habrás visto jamás, te lo prometo!

—Espero que tengas razón en eso último —respondió Rarity con un susurro—. De verdad que lo espero.


El viento y el frío del norte arreciaban contra casi un centenar de pegasos que se habían congregado, ocultos entre las nubes que cubrían la región en aquel momento. Al frente de los mismos, la capitana de los Wonderbolts, Spitfire, revisó que todos estuvieran en posición. Tras ella, dos escuadrones completos de la Guardia Solar aguardaban, preparados para lanzarse al combate.

—¡El plan es sencillo! ¡La Guardia Solar cargará primero, apartarán a todo demonio volador que pueda ser un problema y nos abrirán camino! ¡Luego iremos nosotros: nuestro objetivo es limpiar la niebla para que podamos ver qué diantres está pasando! ¡Pero no sabemos qué pasa, los soldados pegaso que lo han intentado no han salido de ella, así que probaremos otro plan! ¡Rainbow Dash!

La aludida se adelantó, vestida como Wonderbolt.

—¡Sí, capitana!

—¡Quiero que vayas detrás nuestro y que hagas un Arcoíris Sónico tan cerca del suelo como puedas!

—Esto… será… ¡Increíble!

Un silbido se escuchó, y los Guardias Solares picaron hacia el suelo como uno solo. Spitfire levantó una pata y gritó "¡Esperad!". Pocos segundos después se escucharon los primeros gritos y el chocar de metales a muchos metros por debajo de las nubes.

—¡Ahora!

Rainbow plegó las alas y cayó en picado siguiendo la estela de humo negro de los Wonderbolts; a su lado, un centenar de pegasos hicieron lo propio, y ella se obligó a frenar para poder hacer su papel en el momento adecuado. Súbitamente, los Wonderbolts rompieron su perfecta formación para esquivar algo: un guardia solar pegaso que estaba trabado en combate con un monstruo; varios resplandores anaranjados se vieron a través de las nubes, definiéndose en el último segundo como proyectiles de fuego ipío. La yegua azul voló a tanta velocidad que en ningún momento estuvo ni siquiera cerca de ser impactada, pero a su espalda varios compañeros no corrieron la misma suerte.

El cambio en la presión del aire le hizo saber que era el momento: plegó las alas y estiró las patas tanto como pudo, sintiendo cómo sus cascos delanteros se calentaban mientras una onda de choque se formaba con el ángulo justo sobre los mismos cascos. Frente a ella, Soarin giró sobre si mismo y coceó a un demonio con las patas traseras; a su lado, Thunderlane golpeó a otra criatura y remontó el vuelo, y Spitfire dirigió a varios miembros del mítico equipo aéreo para despejar el camino a Rainbow Dash.

La pegaso azul se encogió tanto como pudo, acelerando hasta que sus cascos delanteros empezaron a arder, giró hasta volar en paralelo con el suelo a pocos metros por encima de la cabeza de los demonios más grandes… y una deflagración de colores acompañó al estallido sónico.

Mientras el fenómeno se expandía, el resto de pegasos se afanó en patear nubes y jirones de niebla para agrandar el área despejada. Rainbow alzó el vuelo y dejó que la gravedad la frenara mientras miraba al suelo bajo ella, revelando a varios cientos de demonios del fuego y la destrucción. Miró a su alrededor mientras las nubes y la niebla eran arrastrados por el arcoíris sónico; a cientos de metros, otro equipo de pegasos había hecho su trabajo, descubriendo otro trozo de suelo. Los seis equipos de pegasos que habían acudido habían tenido éxito, revelando por fin a qué se estaba enfrentando el Imperio de Cristal, y al hacer cuentas, Rainbow sintió un creciente temor. No era miedo por ver un gran monstruo, o comprender que no podían proteger al imperio: acababa de darse cuenta de que algo no cuadraba, y que fuera cual fuera el plan de los servidores del Rey Sombra, ella no podía comprender.

Porque sabía que, aunque había muchos demonios, los suficientes para mantener el sitio al Imperio de Cristal... en realidad no eran tantos.


Un trío de batponies se acercaron a un poblado cercano al linde de Hollow Shades tras unos pocos minutos de vuelo. Como era costumbre desde que se unieron a Equestria, volaron en círculo tres veces para anunciar su presencia antes de aterrizar; las viejas costumbres y leyendas son difíciles de abandonar, y el pueblo de Hollow Shades había sido temido por los ponies de Equestria durante generaciones. Era mejor evitar tentar a la suerte.

Cuando aterrizaron, los tres notaron que algo andaba mal. Al principio creyeron que no había nadie, que habían abandonado el pueblo… pero entonces vieron que lo que parecía un maniquí, en realidad, era un semental. El silencio era absoluto en el pueblo, y los tres batponies prepararon sus armas antes de acercarse.

—¡Hola! ¿Me escuchas? ¿Qué ha pasado?

No hubo respuesta. El semental era gris y no reaccionó a la presencia de los ponis de la noche; uno de ellos se acercó, mientras sus compañeros preparaban las ballestas.

—Por la diosa…

El semental era gris en su totalidad. Gris su pelaje, grises sus cascos y crines, grises sus ojos, pupila y esclerótica. Podría pasar por una estatua o por un maniquí… pero respiraba. El gris miraba al infinito, hasta que se percató de la presencia del batpony. Cuando clavó su mirada en él, alzó la cabeza y emitió un grito raspado antes de saltar sobre el poni de la noche.

Dos virotes de ballesta lo derribaron al instante, y el atacado se sacudió el cadáver de encima.

—¡¿Qué ha sido eso?! ¡¿Qué era esa cosa?!

—¿Oléis eso?

Sangre. Olía a sangre. Los tres ponis dirigieron la mirada a una casa cercana, viendo que la ventana estaba manchada con el líquido vital por fuera.

Gritos. Primero uno, luego dos, luego muchos: gritos raspados precedieron al ruido de golpes contra madera, pasos y criaturas galopando. Más ponis grises surgieron de los edificios y galoparon enloquecidos hacia los tres batponies.

—¡Volad, volad!

A los pocos segundos estaban fuera de peligro, ya que incluso los pegasos grises no intentaban usar sus alas para perseguirlos. Cuando se alejaban escucharon cómo una puerta se abría de golpe y una voz gritando; un adolescente y un potro galoparon con todas sus fuerzas aprovechando la distracción de los grises, pero estos se giraron hacia ellos e iniciaron la persecución.

Los tres batponies no lo dudaron: recargaron sus ballestas y se lanzaron hacia los supervivientes.


Menos de una hora después, Moonlight Sonata llegó volando lo más rápido que pudo al puesto fronterizo desde el que habían enviado el informe. Los guardias del mismo guiaron al Líder de Guerra de su nación a la enfermería, donde encontró a un semental adolescente y un potro, cubiertos con sendas mantas, bebiendo temblorosamente un té.

—Soy el sargento primero Moonlight Sonata, estoy al mando de Hollow Shades en esta época de crisis. Necesito que me expliquéis qué ha ocurrido.

Niebla. Ha sido la niebla.

—¿Qué?

—La niebla llegó anoche. Muchos estaban fuera, reían y… luego hubo silencio. Y gritos.

—Chicos, habéis pasado algo horrible, pero necesito detalles. ¿Qué ha ocurrido exactamente?

Esta vez fue el potro quien habló. Lo hizo con la simpleza, la sinceridad y la lógica de un niño.

—La niebla se llevó sus colores. Luego intentaron entrar, pero nos escondimos.

—¿Quiénes intentaron entrar?

—Papá y mamá. Pero ya no eran papá y mamá.

Moonlight se giró hacia la patrulla que había rescatado a los dos jóvenes. De los dos que habían regresado, uno llevaba varios vendajes en las patas y el cuello.

—Guerrero —preguntó tentativamente—, ¿te encuentras bien?

—Yo también lo he pensado, señor —dijo el aludido, mostrando los grilletes que le ataban las cuatro patas y una cuerda que le mantenía también las alas plegadas—. Me encuentro bien, pero las mordeduras duelen. He pedido a todos que si me transformo en una de esas cosas me maten.

—Esperemos que no sea necesario.

Diciendo esto, Moonlight Sonata salió al exterior y se dirigió a otro batpony a su mando.

—Averigua cuántas poblaciones han sido afectadas, y que alguien me traiga fuego alquímico. Debemos informar a Canterlot de inmediato.


El tren al sur iba repleto de ponis que huían de la guerra. El asalto abierto por segunda vez en tan poco tiempo al Imperio de Cristal había animado a muchos a buscar suerte fuera de las fronteras Equestres; la mayoría bajaron en la estación de Appleloosa, pero no se quedaron demasiado tiempo, encaminándose al oeste hacia Cebrania.

Applejack se separó del grupo que huía y se dirigió al asentamiento; pronto vio a varios ponis trabajar incansable y desesperadamente en la construcción de una empalizada y obstáculos construidos con afilados troncos. La última vez que Appleloosa estuvo cerca siquiera a combatir fue cuando entraron en conflicto con las tribus Búfalo, y su táctica de defensa había sido lanzarles tartas a la cara.

Pero, en aquella ocasión, iban todos armado con ballestas y arcabuces.

—Por todas las manzanas, ¡esto parece un puerto pirata sin agua!

—¡Prima!

Braeburn galopó hacia Applejack y la abrazó con fuerza, gesto que ella devolvió con alegría.

—¿Estás bien? ¡En los periódicos dicen que estuviste en el Imperio! ¿Te han hecho daño?

—¡Nah, nada de nah! ¡Estamos to'as bien! —respondió—. ¿Y vosotros qué tal?

—Muchos han huido también, Applejack. Hay demonios en el desierto, no son muchos pero ya nos han atacado varias veces. Y no vamos a huir —añadió con determinación.

—¿Habéis visto algún demonio mu grande y mu feo?

—Eh… sí, todos lo son, prima.

—¡No! Quiero decir MÁS grande y feo que el resto. Es el portal.

—¡Ah! Pues no, no lo hemos visto.

—¿Pero por qué atacan Appleloosa? Twilight dice que no es tan importante…

—¡Oye!

—¡Estrategia! Digo estrategia militar, azucarillo. Pero hay que hacer algo, eso está claro.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Honestamente… no tengo ni idea.


Tres potrillas se reunieron, para variar, en su casita del árbol en Sweet Apple Acres. Applebloom estaba en el estrado, pero miraba a sus amigas con la misma cara de confusión que ellas le devolvían.

—¿Pero por qué nos lo pide a nosotras? ¡Esto es demasiado grande!

—¡No tengo ni idea! —respondió la potra de tierra—. ¡Sus razones tendrá!

—¡Es tu hermana! —añadió Sweetie Belle alzando las dos patas delanteras—. ¿No te ha dado ninguna pista, cualquier cosa?

—¡¿Cómo va a darme alguna pista sobre esto?! Es decir, volvemos del concierto, encontramos el pueblo lleno de lobos de madera y otros animales mu…. Urg —la palabra se le atragantó a la pequeña—. ¡Y luego esta nota en mi habitación! "Quiero que os preparéis por si vienen los demonios". ¡¿Pero cómo nos vamos a preparar para eso?!

Scootaloo se levantó y tomó la susodicha nota para releerla… cuando se percató de que la mitad inferior estaba doblada. Al desplegarla vio una segunda frase escrita:

—"PD: Preguntad a Granny Smith".

Las tres Cutie Mark Crusaders se llevaron el casco a la cara a la vez antes de salir corriendo de su casita del árbol. Pocos minutos después llegaron frente a la abuela Smith. Cinco minutos después lograron despertarla, y uno angustiosos treinta y siete segundos después consiguieron hacerle entender lo que Applejack les estaba pidiendo.

—¡Aaaaah, ya entiendo! —exclamó la anciana—. Assssí que Applejack quiere que os explique cómo nos escondíamos de los lobos de madera cuando llegamos aquí.

—¿Lobos de madera? ¡No, de los demonios, abuela!

—Lobos, demonios… ¡es lo mismo! ¡No le repliques a tu abuela! Id a vuestra cabaña, buscad el árbol de las raíces raras ahí cerca y mirad debajo.

—¿Mirar debajo? ¿Y qué hay?

—¡Id a mirar, jovencillas impertinentes, por todas las manzanas!

Las tres potras salieron corriendo del salón. Pocos minutos después volvieron a su casita del árbol. Diez minutos después localizaron seis árboles con "raíces raras" cerca. Unos angustiosos treinta y siete minutos después, Scootaloo gritó:

—¡Chicas, mirad! ¡Lo he encontrado!

Bajo el susodicho árbol, había un gran agujero que conectaba con un largo túnel. Y, al final del túnel, una cueva se abría. Las CMC exploraron el lugar impresionadas, iluminadas por el cuerno de Sweetie Belle: había restos de cajas enmohecidas por los años, montones de paja podrida que debieron servir de camas, y estanterías medio derrumbadas donde se almacenó, tiempo atrás, conservas de comida y otros víveres.

—Chicas… tenemos trabajo. ¡Este lugar podría albergar a medio Ponyville! —exclamó Apple Bloom.

—¡Necesitaremos ayuda con esto!

—No Sweetie —respondió Scootaloo—, no tenemos que decirlo a nadie más. Applejack nos lo ha pedido a nosotras por algo…

—¿Por qué?

—Para que… ¿no lo sepan los demonios? Supongo que es eso.

Las tres potras se miraron entre si durante unos segundos.

—Supongo que podemos pedirle ayuda a Granny Smith —afirmó Sweetie Belle—. Solo necesitamos comida, mantas, paja para hacer de cama, unas estanterías, luz, agua… ¿algo más?

—Si nos ha pedido esto no es solo para que nos escondamos, ¿verdad? —inquirió Scootaloo—. Es decir, si solo nos escondemos tendríamos que salir a por comida y agua tarde o temprano. ¡Esto no puede ser solo un escondrijo!

Las tres amigas se miraron y sus ojos brillaron con la realización de lo que Applejack esperaba de ellas. O quizá no era eso lo que esperaba exactamente, pero la decisión ya había sido tomada, y la hermana mayor de los Apple estaba demasiado lejos para parar el tren descarriado que ya corría a toda máquina por sus jóvenes mentes.

—¡CUTIE MARK CRUSADERS LÍDERES DE LA RESISTENCIA! ¡YEAH!


Fluttershy no se asustó cuando vio la puerta de su casa rota y derrumbada. La tierra y las hierbas arrancadas en torno a la entrada, el olor inconfundible de varios animales que conocía bien, y el silencio que reinaba por todo le eran indicativo suficiente para entender lo que había ocurrido. Y es que, desde que combatieran contra Kolnarg, ella no había podido volver a su cabaña.

—Podéis salir, amiguitos —susurró cálidamente—, ya ha pasado.

Escuchó un gran ruido en el interior del edificio y, en seguida, un oso salió de la casa y se acercó a ella con las orejas gachas. La pegaso lo acarició en la cabeza con una triste sonrisa.

—No pasa nada, sé que tenías miedo y no me encontraste. Y has ayudado a todos ellos a esconderse también.

De la casa, multitud de animalitos empezaron a salir: cabras, conejos, pajaritos y otra fauna del bosque. No tardó en encontrar a Angel, montado sobre la cabeza de una cabra y dirigiendo a los asustados animalitos para que salieran; cuando estuvo satisfecho con que nadie quedaba dentro, el conejito alcanzó a Fluttershy de tres grandes saltos, cogiéndolo esta con sus patas delanteras.

La joven pegaso abrazó al conejito y se quedó así unos largos segundos. El oso, y otros muchos animales, se acercaron a consolar a la cuidadora antes incluso de que esta sollozara el dolor de todo lo que había presenciado los últimos meses. Tiempo después, cuando ella estaba terminando de desahogarse con los animales que en muchas ocasiones la comprendían mejor que los propios ponis, sintió que el oso y un zorro se separaban de ella con el pelo erizado. Los vio mirar hacia el bosque, al tiempo que otros animales más pequeños y vulnerables retrocedían y se escondían detrás de ella.

Un trío de lobos negros como la noche la miraban desde el linde de los árboles; eran grandes, sus bocas grandes y coronadas por una hilera infinita de colmillos, sus ojos rojos y salvajes. Tras los tres depredadores, los ojos de toda su manada refulgían sumidos en la espesura del bosque Everfree.

Fluttershy dejó a Angel en el suelo y avanzó poco a poco hacia los terroríficos animales. Pocos ponis, cebras o ciervos habían que comprendieran a las criaturas del bosque tan bien como ella: Los worgs nunca se aventuraban al sur del bosque Everfree, jamás se arriesgaban a atacar a los ponis, y si quisieran hacerlo no se habrían mostrado de aquella manera. La pegaso notó en seguida cómo el lobo negro más grande tenía grandes quemaduras en el pelaje; el gran animal se acercó a ella, sus garras dejando marcas con cada paso en la tierra y la hierba, y se tumbó en el suelo en un gesto que denotaba que no pretendía atacarla. Al tumbarse, permitió también que Fluttershy pudiera mirarlo a los ojos sin tener que alzar la mirada.

Los Worgs, los lobos de la noche, los rivales de los Lobos Invernales y la razón por la que nadie, ni siquiera Fluttershy, se adentraba hasta el centro del Bosque Everfree, pedían ayuda.


La única de las portadoras que no había acudido a donde le indicara el Mapa de la Amistad conjuró e hizo que medio centenar de libros que acababa de revisar levitaran por si mismos hasta sus posiciones exactas en la inmensa librería del castillo de Ponyville. Twilight Sparkle dejó un único junto a los otros que había seleccionado y dejado sobre una mesa.

Con un nuevo conjuro, docenas de libros salieron de los estantes y pasaron frente a la alicornio, la cual los fue seleccionando uno a uno para leer más a fondo en su investigación. "Magia blanca", "Rituales ancestrales", "Sanación de las mentes mágicmante alteradas", "Las huestes del Tártaro", ente otros muchos.

Finalmente, de toda su biblioteca, había seleccionado unos veinte tratados que deberían contener toda la información que pudiera ser de utilidad. No sabían exactamente lo que estaban tramando el Rey Sombra y la Hermandad, pero estaba convencida que debía tratarse de un ritual de una envergadura inimaginable. Aunque a veces lo pareciera, no existía magia invencible, solamente magia que no se sabía cómo superar todavía, y ella estaba preparada para romper cualquier hechizo que fuese necesario.

Se sentó frente a los libros y conjuró nuevamente: El contenido de los mismos pasó a toda velocidad por su mente y, al mismo tiempo, una pluma empezó a escribir sin cesar en un enorme pergamino aquellos puntos que Twilight encontraba realmente interesantes. Cuando tuviera todo listo, partiría hacia Canterlot y completaría su conocimiento con la gran biblioteca de la capital.


Hope Spell acababa de llegar a Canterlot y, sin saber bien qué hacer ni a dónde dirigirse, acabó sentándose en la terraza de un restaurante para comer un sandwich. La capital Equestre estaba con mucha actividad: la Guardia Solar recorría las calles y vio a varias patrullas de pegasos salir regularmente para patrullar los alrededores. Observó también cómo los comerciantes y artesanos ofrecían sus servicios a la Guardia, y también enviaban cargamentos de víveres hacia el Imperio de Cristal; un poni de tierra se colocó en una plaza y anunció a gritos que la Guardia buscaba nuevos reclutas..

Equestria en guerra. Jamás esperó ver algo así.

Después de que este se marchara, una yegua que conocía subió a la misma plaza y, de la nada, montó un escenario con su cortina y todo. Trixie no había perdido tiempo en abandonar Ponyville tras enfrentarse "valerosamente" a Kolnarg y seguir con sus espectáculos. Para su sorpresa, otra yegua apareció: de pelaje lavanda claro y crines lilas con un mechón turquesa, tenía por marca de belleza una estrella con un aura mágica. Claramente, una maga nata.

Trixie anunció el espectáculo que, como siempre, consistió en una sucesión de trucos de magia que creaban la ilusión de ser una maga a la altura del mismísimo Starswirl "El barbudo". Especialmente impresionante fue el truco en el que Trixie fue disparada contra una mantícora, desapareciendo en su boca para reaparecer después tras el escenario.

Claramente, un hechizo de teletransporte ejecutado por su ayudante. Pero no por ello había dejado de ser impresionante.

—¡Bravo! —gritó Hope cuando Trixie pasó el sombrero para recaudar. Esta se acercó al reconocerlo.

—¡Gracias! ¡La GRAN Y PODEROSA TRRRRRIXIE agradece su donativo!

—Y yo que nos ayudaras en Ponyville —añadió Hope, echando unos bits—. Veo que tienes una ayudante.

—¡Por supuesto! Esta es Starlight Glimmer, la ayudante de la GRAN Y PODEROSA TRRRI...!

—Trixie, por favor, ya me presento yo. Soy Starlight Glimmer —la recién llegada frunció el ceño al notar que Hope la reconocía—. Sí, yo soy la que dominó y robó las marcas de belleza a todo un pueblo. ¿Contento, quieres salir corriendo ya?

—Oh.

Hubo un silencio algo incómodo que ni siquiera Trixie intentó romper.

—Yo liberé a Tirek. Tanto gusto. En mi defensa diré que lo hice para salvar a la yegua que quiero.

Silencio.

—Esta es la conversación más extraña que he tenido nunca. ¿Tú no eres el mago que dirigió a los defensores de Germarenia? ¿Hope Spell?

—El mismo. Hace algo más de medio año solo estudiaba, ahora cazo demonios. Háblame a mi de giros extraños de la vida.

—Al menos tú tenías una buena motivación para... liberar a un demonio —respondió Starlight.

—Eres una maga muy hábil. Creo que tendrás muchas oportunidades para redimirte dentro de poco.

—¿Qué crees que va a pasar?

—Ojalá lo supiera. Pero algo grande, estoy convencido.

Trixie carraspeó.

—Starlight, deberíamos movernos a la plaza mayor para repetir el espectáculo. "Manti" se está poniendo nerviosa —dijo, señalando a la mantícora que las miraba con cara de pocos amigos.

—Claro. Encantada de conocerte, Hope.

—Buena suerte con el espectáculo.

Ambas yeguas se alejaron, pero a los pocos pasos Starlight se detuvo.

—Espero que te equivoques y jamás tenga una oportunidad como esa.

Hope se quedó, viendo como aquella maga y Trixie se alejaban. Para sus adentros, deseó fervientemente que se hubieran equivocado y que nada más ocurriera.

Pero sabía que no era así.